PLUS: ROCK Y POESÍA (SUSTANCIAS CONCATENADAS/VIII)

Por SERGIO MONSALVO C.

Una vez iniciada aquella construcción, entre rock y poesía, Bob Dylan ascendió por ella y armado del atrevimiento del poeta se puso a llamar a todas las puertas, y una vez frente a ellas escribió y cantó hasta formar un cúmulo de fábulas (“Once Upon a Time…”), de preguntas y de imágenes acordes a sus requerimientos y a los de la época y épica.

El que se adentra en su obra entra de hecho en un poema sin fin (como el nombre de su gira eterna) que sacraliza lo real y lo entreteje con la visión y el sueño —un alto poeta de sueños y símbolos—. En Dylan todo equivale a todo.

Nunca deja de sorprender y siempre estará inaugurando sus caminos, extendiendo o deconstruyendo los ya andados, para cotejar sus propios argumentos, sin importarle nada más, verse reflejado y continuar redefiniéndose como desde el principio.

Porque de eso se trata la carrera y el arte de Dylan: del diálogo consigo mismo. Y no importa en qué fecha se le ubique, en qué género trabaje o el espacio en vivo en el que se le capte –desde las puertas del Cielo al Subterráneo Melancólico–: interpretará quizá una canción familiar, pero ésta será otra porque consistirá en lo que ella diga de él o para él, no al revés.

Mientras Bob, a su vez, ya estará en otro tiempo, el suyo, que también podría ser el nuestro si estamos atentos a sus palabras.

VIDEO: Bob Dylan – Idiot Wind, 1976. New improved…, YouTube (nightly moth)