THE SHAGGS

Por SERGIO MONSALVO C.

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 FILOSOFÍA DEL MUNDO

Había una vez en New Hampshire, en el condado de Coos Country, en el noreste de la Unión Americana, un pueblito nombrado Fremont que tenía exactamente 50 casas, muchos sembradíos con sus respectivos tractores, algunas tiendas en su centro y edificios comerciales de varios tipos (desde donde se dirigía la economía del lugar basada en los granos, la ganadería, la avicultura y la cosecha de manzanas).

La mayoría de las viviendas eran granjas de riguroso color blanco, con anchos porches y ventanas altas y angostas, aunque las había también de otro estilo, con ventanas de color en los descansos de las escaleras y acero forjado por todas partes. Los viejos establos en el momento de esta narración servían de garage para los autos, y los terrenos eran lo suficientemente grandes para contenerlos, así como a las hortalizas y a los jardines llenos de flores.

En ese pueblito la sombra de sus árboles era larga, el pasto verde azuloso y el cielo de un glorioso azul; los manzanos (forjadores de la agricultura local) estaban siempre cargados; el maíz rebozaba en los carros de carga, las camionetas y camiones. Los caminos eran tranquilos y transitables. “Con la bendición de todas estas cosas, sería un tonto aquél que quisiera vivir en cualquier otra parte del mundo”, pensaba Austin Wiggin, aunque él nunca había visitado ninguna otra parte del mundo, ni siquiera la capital del estado o una pequeña ciudad cercana.

Sin embargo, eso cambió el día en que su amigo de la infancia, Tom Curtis, lo llamó por teléfono para invitarlo a ir a su rancho. Quería contratarlo para supervisar algunos negocios que rentaría en el Gulf Stream Park. Austin Wiggin tenía fama entre sus amistades y conocidos  de ser un buen y honrado trabajador (lo mismo entre sus compañeros de la fábrica textil donde laboraba).

El rancho de Curtis se ubicaba en la otra punta del territorio estadounidense, Miami, en un lugar llamado Hallandale. Así que Austin pidió permiso en su trabajo, le dijo a su esposa Annie que le preparara el equipaje, por primera vez en la vida, porque estaría fuera los últimos días de aquel diciembre de 1968. Se despidió de ella, de sus cuatro hijas e hijo, subió a su pick-up y partió hacia lo desconocido.

Volvió en Año Nuevo siendo otro. A su mujer ni la dejó dormir por tratar de contarle sobre las tantas cosas fantásticas que había vivido. Le platicó acerca de los negocios que Tom había montado en aquel parque (venta de comida, de ropa, de souvenirs, durante todo el tiempo que duró el extraordinario evento) y de la solvencia económica que ahora tendrían –eran una familia campesina, relativamente pobre–. Sin embargo, eso no era lo importante. Para él hubo algo más tras ese primer viaje fuera de su terruño. Creía firmemente haber recibido una señal divina y además de una forma insospechada: a través de un festival de música.

Austin nunca había estado con cien personas juntas a la vez antes de ir al rancho de Tom. Pero ahora podía presumir de haber no sólo estado sino compartido todo con más de cien mil de ellas (en el Miami Pop Festival). Durante tres días de aquel fin de año había departido con esa multitud en una comunidad efímera, pero a la vez eterna por lo que él llamaba “su filosofía acerca del mundo”. Estaba realmente exultante, maravillado y con la intención de hacer que su familia participara de aquella abrumadora visión. Ahora quería que sus hijas fueran rocanroleras. Y puso de inmediato manos a la obra.

Lo primero que hizo fue ir a visitar al Pastor de su localidad. En aquella pequeña iglesia protestante expuso lo que para él había significado conocer el rock and roll: el acercamiento, la convivencia, la utopía. “Vi cómo una música, que nunca había escuchado, hacía que todos se tomaran de las manos, se abrazaran, cantaran al unísono, compartieran la comida, la ropa, la vida. Todos querían lo mismo: la paz, el amor, el no a la guerra, la libertad del ser humano. Había espiritualidad e inocencia en aquel mundo. Y estuvo presente todo el tiempo mediante la música. Eso me habló de lo sagrado, de las cosas que gustan, quieren e inquietan a los niños, a los jóvenes. Mis hijas tienen que ser parte de eso, aunque no hayan estado ahí para verlo. Yo me encargaré de que lo comprendan”.

Al Pastor aquello le parecía extraño, más panteísta y pagano que cristiano, pero no le quedó más remedio que ofrecerle ayuda para ver hasta dónde llevaba dicha epifanía, pensó, tratando de convencerse.

Austin compró por correo los instrumentos musicales que consideró necesarios: dos guitarras eléctricas, sus amplificadores y una batería compuesta por dos tambores y un solo platillo. Sus hijas no sabían tocar, jamás habían escuchado el rock ni nada semejante y no tenían ni idea de cómo se hacía la música. “Sólo háganlo con el corazón”, les pidió. Helen, la mayor, tendría a su cargo la sección rítmica; Betty, la guitarra de acompañamiento y Dorothy, el requinto y la voz principal. La menor de las cuatro, Rachel, sólo aparecería fugazmente.

El pequeño instructivo que acompañaba a los aparatos fue la única guía musical que tuvieron. A la mamá, Annie, le correspondió crear el look para el grupo, al que Austin bautizó como The Shaggs (por ser un corte de pelo popular: fleco al frente y largo de atrás y a los lados, y porque era el sobrenombre cariñoso con el que se dirigía a ellas). Así que Annie compró en la tienda general tela y botones y se puso a trabajar en la máquina de coser. Nunca había visto a un rocanrolero, pero con las pláticas de su esposo se imaginó los colores y los atuendos.

Hizo dos camisas largas, verdes y con flores de distintos colores para quienes tocarían las guitarras. El complemento fue una falda tableada en pequeños cuadros en rojo y blanco, este mismo color para los zapatos bajos, con un tacón muy discreto. La baterista, según ella, debía distinguirse de las otras. De tal modo le confeccionó una blusa blanca con adornos en los puños, en la zona de los botones al frente y en los faldones. Esos adornos serían del mismo material con el que se harían los pantalones. Como Helen estaría sentada todo el tiempo no era conveniente que usara falda. Los zapatos, esos sí,  serían iguales a los de sus hermanas. Todas deberían verse semejantes.

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Austin, mientras tanto, con ayuda del Pastor, consiguió algunos lugares para que tocaran sus hijas, The Shaggs, los fines de semana. No cobrarían ni un centavo, pero les serviría para adquirir experiencia. Al viejo establo que había acondicionado como garage, lo adaptó para que ahí ensayaran, ¿pero ensayaran qué?

Como Dorothy era la que mejor iba en la escuela fue escogida como la compositora. Y en base a sus canciones harían la música. Y así lo hicieron. Ellas no podían contradecir a su padre, y tampoco tuvieron ni remotamente esa intención, gozaban de la aventura atípica.

Como al principio les costó mucho trabajo saber qué hacer, Austin les prendía la radio en una estación desacostumbrada, sin country ni bluegrass. Ahí escucharon por primera vez a los Herman’s Hermits, a Ricky Nelson y a los Monkees. Bajo esas grandes influencias les llegó la inspiración a aquel garage.

Sus canciones hablaron del mundo en el que vivían, del coche sport que un día pasó por ahí; de sus padres; de sus mascotas, sobre todo de su gato Foot Foot, del Halloween, de las cosas que deseaban. Los acordes también aparecieron a fuerza de repetir la misma nota, acompañada del elemental tamborileo de Helen.

Debutaron en la iglesia, ante los vecinos y causaron sensación. Austin entonces mandó imprimir unos carteles y programas para anunciar sus apariciones dominicales. Un mes después sintió que estaban listas para grabar un disco. En marzo llevó  en su camioneta a toda la familia a la ciudad de Revere, en Massachusets, donde estaba el estudio más cercano (Fleetwood Studios). Él fue el productor –oficio del que no sabía nada– y pagó el tiempo de estudio y del operador, al que le dio las instrucciones de cómo quería que se oyeran: sin adornos, retoques, trucos tecnológicos, ni nada por el estilo. Todo tal cual era.

Al finalizar y quedar satisfecho con el resultado mandó hacer mil ejemplares del disco al que tituló Philosophy of the World (Filosofía del mundo), que apareció a mediados de ese mismo año: 1969. Con su camioneta repartió los ejemplares en las estaciones de radio de los pueblos y ciudades a la redonda y se quedó con cien para familiares, amigos y para sus hijas.

Las Shaggs no hicieron otra grabación jamás, no se volvieron famosas, los musicalizadores de las estaciones de radio ni siquiera las programaron, pero el papá cumplió con el sueño de que sus hijas fueran rocanroleras. Porque creía que era la música la que las acercaría a lo divino y las haría estar en concordancia con el mundo.

La historia no registra si fueron buenos los resultados en estos sentidos (el contacto con lo divino y la armonía con el mundo). Lo que sí hace es señalar que Frank Zappa pudo conseguir por azares del destino un ejemplar de su LP, y que a partir de entonces las nombrara entre sus diez discos favoritos (el tercero, para ser más preciso); que los investigadores y estudiosos las señalaran como las creadoras del movimiento Outsider, generadoras del aboriginal rock y ejemplares del sonido de garage más primitivo y original. Rubros que alcanzaron, sin proponérselo, inocentemente, en conexión consigo mismas y con su visión del mundo. El papá fue a su vez un profeta pre-punk que terminó iluminando al rock and roll de alguna manera.

VIDEO SUGERIDO: Philosophy of the world – The Shaggs, YouTube (Hoglegvid)

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LONTANANZA: ZAZ

Por SERGIO MONSALVO C.

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LA VOZ FRANCESA DE HOY

Lo primero que hay que saber de mí es que siempre he cantado”. Esta es una de las frases que utiliza la cantante y compositora Zaz para presentarse. Sin embargo, también es clarificador comenzar desde el principio cualquier historia, como la de ella en este caso.

El verdadero nombre de esta joven gala es Isabelle Geoffroy. Nació el 1 de mayo de 1980 en Tours, Francia. Su madre era una profesora de español y su padre trabajaba en una compañía eléctrica. A los cuatro años de edad cuentan que sentenció: “Cuando sea grande seré cantante” y parece que esa frase, dicha con toda la determinación infantil, se ha cumplido.

A los cinco ingresó junto con sus hermanos en el Conservatorio de su ciudad natal y allí estudió violín, piano, solfeo, guitarra y canto coral hasta los once. Entonces la familia trasladó su domicilio a Burdeos.

A los 15 inició sus andanzas académicas más especializadas en el canto, cuya asiduidad combinó con los deportes y con el estudio del kung-fu en específico del que se hizo profesional. Quienes la conocieron por entonces, dicen que en esa época era muy disciplinada a pesar de ser una adolescente.

A partir de los 20 años las cosas empezaron a ir muy deprisa para ella. Consiguió una beca para estudiar en el Centro de Información de Actividades Musicales de Burdeos, donde el canto se lo tomó más en serio. En su solicitud de inscripción escribió que entre sus influencias musicales estaban ‘Las Cuatro Estaciones’ de Vivaldi, cantantes de jazz como Ella Fitzgerald, Bobby McFerrin y Richard Bona, así como los ritmos africanos, latinos y cubanos.

En el 2001 se hizo integrante de un grupo especializado en blues llamado Fifty Fingers. Luego formó parte de un quinteto de jazz (Angoulême) y después se marchó de gira con una orquesta vasca de nombre Izar-Adatz (que en vasco significa “Estrella Fugaz”), compuesta por 16 personas, cuatro de ellas cantantes, que interpretaba todo tipo de éxitos en las fiestas de pueblos y pequeñas ciudades de la zona media de los Pirineos, como Bayona o Carcasona.

Ahí la gente le pedía canciones de Whitney Houston o Beyoncé y ella los complacía. El trabajo era duro y el salario no muy alto pero le sirvió para hacerse de tablas y madurar. También formó parte de un grupo de rap, cantó con unos chilenos en Casablanca, Marruecos, y se ha ido de gira a Egipto y actuado en unas minas de sal en Colombia.

Zaz ha trabajado como corista para grabaciones de estudio en Toulouse y colaborado con muchos cantantes como Maeso, Art Mengo y Serge Guerao.

Igualmente, ha sido la ganadora de concursos artísticos en Francia (la tercera edición del Génération Réservoir) y ha contestado anuncios de ocasión en los periódicos que le han cambiado la vida.

El primero, uno del grupo de variedades Don Diego que buscaba cantante. Ahí acudió ella y se convirtió en Zaz, su seudónimo, al firmar con una Z sus colaboraciones en dicho grupo.

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Con ellos exploró repertorios africanos, árabes y andaluces, brasileños y latinos en general. En el repertorio de la cantante también estuvieron temas de jazz y de blues, así como grandes hits de la chanson française pertenecientes a Jaques Brel, Charles Aznavour o Serge Gainsbourg.

A mediados de la primera década del siglo XXI Zaz decidió irse a vivir a París y comenzó a actuar, junto a sus amigos, Germain y Mister T, en pequeños locales, piano-bares y en las calles de Montmartre, animando a los miles de turistas que acudían a diario a visitar, por ejemplo, el Sacré Coeur o la Plaza del Teatro.

En 2007 contestó otro anuncio de ocasión. Éste buscaba una nueva voz, grave, con toques jazzísticos y un poco rota. Quien puso el anuncio fue Kerredine Soltani, quien tras escucharla se convirtió en el productor de su primer disco, homónimo: ZAZ.

El álbum salió a la venta en Francia el 10 de mayo de 2010 y enseguida se situó al frente de los más vendidos. Permaneció así durante semanas y consiguió discos de oro, e incluso de platino. Muchas de las canciones del álbum fueron compuestas por la propia Zaz pero también contó con varias colaboraciones.

Entre las canciones que recogió el primer trabajo discográfico de Zaz está la versión de un tema de Edith Piaf, “Dans ma rue” (En mi calle), que habla de una prostituta de la colina de Montmartre. De esta manera la joven artista rindió homenaje al gran tótem de la canción francesa, que también comenzó en la calle, y cuyos temas Zaz ha interpretado en multitud de ocasiones en los pequeños locales y en sus actuaciones callejeras. Hoy es la nueva voz de Francia.

VIDEO SUGERIDO: ZAZ – Je veux, YouTube (WeAreHuntedTv)

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EL BEAT DE LA IDENTIDAD

Por SERGIO MONSALVO C.

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(1978)

En 1978 nació en la Gran Bretaña el primer bebé de probeta.

Karol Wojtyla, un polaco, se convirtió en Juan Pablo II, el tercer Papa en funciones en tan solo dos meses.

Anatoly Karpov derrotó al disidente soviético Viktor Korchnoi y conservó el título de campeón mundial de ajedrez.

Se estrenaron las películas Vaselina, El señor de los anillos y Superman.

En 1978, Kiss, un cuarteto de heavy metal formado un lustro antes, adoptó unas señas de identidad inmediatamente reconocibles, usando un maquillaje diferente para cada uno de los miembros del grupo, de acuerdo con sus particulares características faciales. Además, desarrollaron un espectáculo muy elaborado y brillante, posiblemente para compensar el hecho de que su música era de extrema simplicidad. Con estos lineamientos, el grupo se lanzó a la conquista del mundo. El plan les funcionó a las mil maravillas.

Tom Petty Playing Guitar

En ese mismo año, Tom Petty se presentó con una música que tenía sus raíces en los sesenta, con Dylan como su gurú. Pese a ello, el artista había desarrollado un estilo propio y distintivo ya antes de firmar con el sello Shelter Records de Los Ángeles.

Originario de Florida, Petty se trasladó al Oeste de la Unión Americana y los éxitos comenzaron a aparecer junto con los problemas hacendarios, que lo dejaron oficialmente en bancarrota. Sin embargo, fue capaz de reordenar su carrera y encumbrarse a la fama.

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Por otra parte, un grupo del punk primigenio llamado Sham 69 y encabezado por Jimmy Pursey, triunfó con el primero de varios hits populistas: «If the Kids Are United». Un año después, algunos de sus agresivos seguidores crearon auténticas batallas campales invadiendo el escenario durante sus actuaciones y cometiendo actos violentos; Pursey entonces disolvió el grupo y se unió a los supervivientes de los Sex Pistols, pero el fracaso de la mencionada coalición provocó la rápida resurrección de Sham 69 en espera de contar con una audiencia más razonable.

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En 1978, el mejor viaje que se podía realizar era con Nina Hagen; para ello era necesario estar listo para deambular en los abismos del rock, la política, la naturaleza, la energía y el lugar que ocupa el hombre en el sistema divino.

Provocación y fantasía eran las constantes de esta joven alemana de voz descomunal, reina y madre del punk europeo. La lírica de sus composiciones era la muestra pura del avant-garde musical. Nina Hagen era un espectáculo salvaje de brujería electrónica que atraía y excitaba la imaginación. Una rockera esotérica, filósofa y budista-cristiana, que producía la música más excéntrica, pintoresca, vanguardista, audaz y teatral de aquel año.

VIDEO SUGERIDO: NINA HAGEN – Natüretrain “Live” 1978, YouTube (Onkel Michel)

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PULSOR 4x4 (REMATE)

SIDDHARTHA

Por SERGIO MONSALVO C.

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 (HERMANN HESSE)

Fue dos años después de su muerte, en 1962, que el escritor alemán Hermann Hesse alcanzó la divulgación global de su obra (falleció en Montagnola, Suiza, su patria adoptiva). Esta difusión se inició durante la guerra de Vietnam, al convertirse (el autor y sus libros) en un símbolo de identificación para el movimiento juvenil (la contracultura específicamente) que se rebeló contra esa guerra, tanto en los Estados Unidos como en diversas geografías.

Al respecto, Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura, escribió de Hesse que, una vez desaparecido, al autor le sucedió «lo más grande que puede sucederle a un escritor: ser adoptado por los jóvenes rebeldes de medio mundo y convertido en su mentor. Eran los años sesenta, los de la revolución psicodélica, de la sociedad tolerante y la evaporación de los tabúes sexuales, del espiritualismo y la religión pacifista.

“El culto de los jóvenes novísimos por el autor suizo-alemán me intrigó y volví a leerlo –dijo Vargas Llosa–. Era verdad, tenían todo el derecho del mundo a entronizar a Hesse como su precursor y su gurú. Fraguó una fábula contra el pesimismo y la angustia en un mundo que salía de una tragedia y vivía en la inminencia de otra, Hermann Hesse anticipó un retrato con el que iban a identificarse los jóvenes inconformes de la sociedad afluente medio siglo después».

El acicate de Hesse para vivir con autodeterminación (contracultural) y en forma opuesta (contestataria) a la sumisión hacia la autoridad, así como las soluciones ideológicas de corte universal, explican su fuerza de atracción sobre las nuevas generaciones. A la creciente desorientación él contrapuso una imagen global en la que se mezclan tradición y modernidad, ética y estética, de un modo por demás futurista.

A diversos rincones del mundo siguen llegando sus ecos, y con el mismo apelativo de una de sus novelas se han creado grupos de rock y solistas llamados Siddhartha (como su novela de 1922), como reconocimiento al autor de la misma. En España (Asturias) existe Siddhartha  & The Kashmir Band, de rock y balada pop; en los Estados Unidos (Detroit) está el grupo de garage comandado por el cantautor Marlon Hauser, con dos discos en su haber: el homónimo Siddhartha e If It Die; en México (Guadalajara), con el mismo nombre y dos discos instalados en el indie: Why You? y Náufrago y, en las antípodas eslovenas una banda con amplia historia y reconocimiento internacional por su original sonido.

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Siddhartha es un grupo de hard rock y gótico de Eslovenia, considerado como el más importante de aquella joven república centroeuropea (formada apenas en 1991, tras deslindarse de la antigua Yugoslavia), codeándose con Laibach y Magnífico.

Se fundó en 1995 bajo el nombre del libro de Hesse. En sus orígenes fue una agrupación standard, con dos guitarras, bajo y batería, pero luego del agregado de un tecladista y un sax obtuvieron un sonido distintivo. Tras varios cambios en su configuración a lo largo del tiempo, los integrantes actuales son Tomi Meglič (guitarra y voz), Primož Benko (guitarra y coros), Jani Hace (bajo), Tomaž O. Rous (teclados), Cene Resnik (sax) y Boštjan Meglič (batería).

El Siddhartha esloveno se mueve bajo la batuta estética de Tomi Meglič, quien es el autor de casi todas las letras del conjunto. Este escritor pertenece, a su vez, a la selecta asociación de poetas eslovenos. El carácter simbolista de su lírica, cuya evolución se puede seguir a través de los discos ID, Nord, Rh, Petrolea, Saga, VI e infinidad de EP’s y remixes, habla de un mundo extraordinario y complejo, oscuro, con tradiciones ancestrales en las que conviven el horror y la lealtad, la traición y la amistad, el amor, la crueldad, el humor negro y la muerte.

Meglič pertenece a esa clase de autores que busca la eficacia del auténtico fabulador. Fiando la mirada a la imaginería de la palabra tanto para describir como para marcar a los sentimientos y personajes que habitan sus canciones.

El alma ubicua de Hesse está presente, pues, también en la obra de esta banda que ha mostrado desde su fundación un gran poder expresivo.

VIDEO SUGERIDO: Siddharta – Ledena (oficial video) – Album Infra, YouTube (Nika Records)

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MIEDO AL SAX

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL SWING DEL REICH/ 13

En el curso de 1938 surgieron en Alemania dos nuevos grupos que no tardaron en darse a conocer, el Bar-Trio y la Günther-Herzog-Orchester. El trío se hizo de renombre sobre todo por sus muchos discos editados por la Detusche Grammophon.

Los integrantes (el acordeonista Kubi Kretzschma, el pianista Bert Waldemar y el guitarrista Hans Belle) eran buenos solistas, que otorgaron al grupo un estilo propio y tocaban sus propios arreglos de swing y hot. Eran tan buenos como los grupos extranjeros de composición idéntica o semejante. Preferían las composiciones estadounidenses, incluso cuando ya había iniciado la guerra.

Grabaciones como St. Louis Blues, Tiger Rag, Some of These Days, Limehouse Blues y Sweet Sue, muestran a uno de los pocos grupos alemanes de jazz de la época con un estilo original. El trío existió hasta 1943, siendo sustituido en el invierno de 1940 Bert Waldemar por Kurt Basl.

Hasta diciembre de 1940 siguieron grabando composiciones inglesas y estadounidenses, aunque poniéndoles títulos en alemán, como por ejemplo Mach’s doch mal por Wishing; Im Dämmerlicht por Mood Indigo; e Im Takt des Spitzentanzes por Begin the Beguine.

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Puesto que las grabaciones del Bar-Trio gozaron de gran aceptación, la compañía Deutsche Grammophon siguió vendiendo las grabaciones hechas por el grupo antes de la guerra (1938-1939) aún después de estallar ésta, poniendo títulos alemanes a todas las versiones, desde la Tiger-Jagd (Tiger Rag) hasta los St. Louis-Klängen (St. Louis Blues).

Dos grabaciones del Bar-Trio aparecieron con el sello Decca en Inglaterra poco antes de la guerra, formaron parte de su catálogo durante todo el conflicto y podían adquirirse a pesar de tratarse de un grupo alemán.

Günther Herzog, hasta entonces miembro de la Erhard-Bauschke-Orchester, fundó a fines de 1938 su propio grupo mediano que se dio a conocer rápidamente entre los fans del jazz. El conjunto se presentaba principalmente en el Club Dorett de Berlín.

Sus grabaciones hechas en diciembre de 1938 y enero de 1939 muestran a una orquesta bien ensayada pero también de baile, cuyas verdaderas cualidades sólo se apreciaban realmente en vivo, puesto que según las disposiciones oficiales los discos no podían ser muy «calientes».

De cualquier modo, el Limehouse Blues y Flick-Flack contienen buenos solos hot de Herzog (trompeta), Lubo D’Orio (clarinete, saxofón), Kurt Abraham (saxofón tenor), Gerhard Wehner (piano) y otros. En vivo eran más «calientes».

Al avanzar la hora y el ambiente, Günther Herzog se subía en el piano de cola, se abría el saco e interpretaba el Tiger Rag hasta que «temblaban las paredes».  El grupo «rugía» realmente. Música «caliente» en Berlín en 1939: una experiencia inolvidable para todos los que la presenciaron. El trompetista Heinz Burzynski también destacó como buen solista en este grupo, y posteriormente dirigió sus propios conjuntos.

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DEE DEE BRIDGEWATER

Por SERGIO MONSALVO C.

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 CANTAR PARA VIVIR

Dee Dee Bridgewater nació originalmente con el nombre de Dee Dee Garrett el 27 de mayo de 1950, en Memphis, Tennessee. Su talento se descubrió  muy temprano. Cuando ella tenía un año y medio de edad su padre, un trompetista de jazz, se la llevó de gira con Dinah Washington. La pequeña le cayó muy bien a la diva, quien le vaticinó que algún día llegaría a ser cantante. A la larga el pronóstico resultó cierto, aunque el camino al éxito como tal, del que goza actualmente, no fue nada fácil.

Habla Dee Dee:

“Mi desarrollo musical se inició con el jazz clásico, a pesar de que había nacido en Memphis, la capital del blues. Me encanta el blues y me gusta interpretarlo, sin embargo, mis inicios se dieron en otro terreno. Quizá me habría volcado más hacia ese género si no se hubiera considerado en ese entonces, y creo que ahora es lo mismo, que los negros ya no debíamos hacer eso.

“El blues es una música nacida de la pobreza, del sufrimiento, de los malos tratos. Es una música que no le gusta a la mayoría de los negros, sobre todo de la generación de mis padres y de mis abuelos. Mi madre siempre me suplicó que por favor no cantara el blues. Geográficamente mi familia también se alejó de él pues crecí en una ciudad industrial al norte de los Estados Unidos, en Detroit. Ahí la única inspiración era una fábrica de la General Motors.

“Después de varias presentaciones como parte de un grupo de la Universidad de Illinois, con el que viajé a la Unión Soviética en 1969, obtuve al año siguiente mi primer contrato como cantante profesional. Tenía yo 20 años. No me mantuve mucho tiempo soltera, a los pocos meses me casé con el trompetista Cecil Bridgewater. Ambos entramos entonces a formar parte de la orquesta de Thad Jones y Mel Lewis. Ahí aprendí lecciones decisivas, y me alegra que por lo menos algunas de ellas hayan sido de carácter musical.

“Thad Jones me dijo que siempre debía desarrollar primero la melodía y la canción. ‘En primer lugar se lo debes al compositor –señalaba—; y en segundo, eso le permitirá a tu público ver si eres buena para improvisar o no. Si cantas la melodía y luego improvisas, la gente contará con un punto de partida y podrá comparar’. En su opinión lo peor que se podía hacer era empezar con la improvisación cuando uno canta el jazz. Para él eso destruía la composición.

“De cualquier manera siempre fui una pupila atenta y muy pronto me convertí en la estrella del espectáculo. Al mismo tiempo me fui ganando una reputación como cantante sesionista. Entre otros proyectos participé con Stanley Clarke en su debut como solista. El disco se llamó Forever Dreams. Hice lo propio con Norman Connors y Roy Ayers. De esta forma mis intereses musicales se fueron desarrollando cada vez más hacia la fusión y el soul.

“A mediados de los años setenta, al igual que muchas otras cantantes, me atreví a dar el salto al pop, decisión que hasta entrados los ochenta empañó mi reputación entre el público del jazz. Sin embargo, aún los enemigos más acendrados de lo comercial debieron aceptar las razones que argumenté para hacerlo: No quería ser superestrella, sólo vivir de mi música.

“En los Estados Unidos es bastante difícil mantener a tu familia por medio del jazz. Eso lo viví con mi primer marido, Cecil, quien era un purista del jazz y no aceptaba otro trabajo que no fuera ése. Así que sufrimos muchas penurias porque no podía sostenernos. Por lo tanto, yo tuve que hacerlo: en el día trabajaba de secretaria y de noche cantaba.

“Empecé con lo del pop cuando ya no soporté el trato que me daban Thad y Mel en la orquesta. Con ellos tenía una especie de relación de amor y odio. Entre más se fortalecía mi reputación como cantante menos me dejaban cantar. Se convirtió en una competencia muy desgastante. En el Village Vanguard, donde actuábamos, muchas veces ocurrió que la gente se saliera cuando yo no cantaba.

“Entonces ellos comenzaron con cosas como ésta: ‘Muy bien, tú cantas dos canciones en el primer set y dos en el segundo’. No obstante, pasaba el primer set y argumentaban: ‘Oh, se nos olvidó llamarte por completo’. A la postre me permitían cantar una o dos canciones al final cuando ya no había nadie. Por último empezaron con la estupidez de que Cecil y yo trabajábamos en la banda, y que por lo tanto ganábamos demasiado. Así que me recortaron el sueldo. De repente me encontré dando conciertos por los que no recibía nada o quizá diez dólares o algo por el estilo. De cualquier manera nadie ganó ahí nunca más de 25 dólares.

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“En mis giras por Europa llegué a ver que gente como Miles Davis, Dizzy, Max Roach, Sonny Rollins o Dexter Gordon tocaban en los clubes sin ganar nada. No quería pasar mi vida sufriendo, ni ser infeliz o quizá hasta volverme drogadicta. Así que decidí salirme de esa situación. Una vez fuera de la banda lo primero que hice fue teatro.

“El teatro me encanta. En mi infancia muchas veces vi a escondidas las viejas comedias musicales, y soñé alguna vez con bajar de una de esas escalinatas interminables rodeada por cientos de hombres. Hice audición para entrar a The Wiz (una obra hecha totalmente por negros) y después de cuatro intentos me dieron el papel de Linda. Después que obtuve el Premio Tony por esa actuación me ofrecieron contratos para grabar. Acepté la oferta de Jerry Wexler para firmar con Atlantic. Así me pasé del jazz al pop, género en el que también hubo experiencias terribles.

“De hecho, mi debut con Atlantic tuvo muy mala estrella. Las piezas que grabé para este proyecto, con el mismo Wexler como productor, no se editaron. Entre otras razones porque al poco tiempo de su registro Wexler salió de la empresa en no muy buenos términos. Fue mi fin en dicho sello. También en Elektra, mi segunda escala, no tardé en sufrir las grillas internas y otras turbulencias. A pesar de ello por lo menos pude realizar un álbum que aún sigo defendiendo. Lo hice con Stanley Clarke y se tituló Just Family. Fue el único en el que yo misma decidí cómo quería la música. En ese entonces quería dedicarme más al rock. Fue el único de mis discos con Elektra que realmente se convirtió en una declaración musical personal y en el que conté con un productor dispuesto a hacerme caso.

“El segundo acetato lo grabé con George Duke y se llamó Bad For Me. La disquera quería algo más funky. Corrían los tiempos de la música Disco. Me cae bien George Duke y me gusta su música, pero no tenía nada qué ver con lo que yo quería hacer. Tenía ganas de colaborar con los Eagles y con Jackson Browne, con el que pasaba mucho tiempo.

“La música Disco lo invadió todo y yo me harté de eso y de la industria disquera también por otras razones. Me sentía muy amargada y renunciar me pareció lo mejor antes de que empeoraran las cosas. Todo el tiempo recibía ‘invitaciones’. Era joven y me catalogaban como sexy. Me negué a acostarme con el vicepresidente de Atlantic y mi material terminó en la bodega. En Elektra también me negué a acostarme con alguien y el material fue a dar al mismo sitio. Luego me amenazaron con nunca más darme un contrato si hablaba del asunto. Fue lo que sucedió. Me pusieron en la lista negra. Así que decidí dedicarme a otra cosa.

“Comencé a buscar trabajo otra vez en el teatro, pero aparecieron de nueva cuenta los problemas. Según ellos no era lo suficientemente negra, tenía la dicción demasiado clara y no contaba con los rasgos negros típicos que ellos buscaban: labios carnosos, nariz muy grande y unas nalgotas.

“Otros promotores me hicieron la oferta de salir de gira con la obra Sophisticated Lady, lo único que les pregunté fue a dónde iría de gira. Me contestaron que sería por seis meses a Japón y Francia. ‘Vámonos’, fue mi respuesta. En París conocí a algunas personas y una vez que terminó la producción decidí quedarme.

“Durante los años siguientes logré establecerme en Francia como cantante de musicals, y al mismo tiempo fui construyendo una sólida fama como cantante de jazz e intérprete de standards. Aparecí en la obra Lady Day, participé en diversos festivales de jazz europeos y eventualmente armé mi propio grupo.

“Cuando llegué allá llevaba mis propios arreglos. En algún momento pensé: ‘¡Vaya!, nadie está cantando standards. Todos están grabando material original. La tradición vocal va a morir’. Así que decidí quedarme con los temas clásicos y ayudar a conservar esa tradición, la de Ella, la de Sarah. Esta fase la registré en dos discos que fueron muy bien recibidos por la crítica y por el público europeo.

“No obstante, a mí no me gustan mucho esos discos, siento que grito demasiado. Mi voz natural se oye en mis producciones de estudio. Ahí estoy relajada, no hay estrés. Aquellos álbumes los hice con mi productor y mánager de aquel entonces. Su idea del jazz era hacerlo todo en vivo, grabar rápido y gastar lo menos posible en la producción. Yo tenía la ilusión de grabar un álbum de estudio así como los hacen los artistas del pop o del rock, con todo el tiempo y el dinero del mundo para obtener un buen sonido.

“En 1993 por fin pude hacer realidad esa ilusión, dar expresión sonora a mis propias ideas. El disco Keeping Tradition, producido por mí misma, me creó la fama de ‘última diva del jazz’. Desde entonces los standards cobraron auge en todas partes. Yo saqué a la luz un disco titulado Dear Ella, un tributo en tiempo de vida de Ella Fitzgerald. Me parece muy importante honrar a las personas que admiras mientras éstas viven aún. Todo tributo a difuntos me parece espantoso.

“Hoy tengo 70 años. Es una edad en la que estoy dispuesta a defender mi posición en todos los sentidos. Sé que soy una buena cantante, quizá una de las mejores —la modestia no es uno de mis defectos—. No digo que sea LA MEJOR, porque no creo que exista algo así. Pero hago las cosas lo mejor posible y a cambio quiero el apoyo y el reconocimiento que me corresponden. He trabajado duro. Tuve que luchar mucho para llegar a donde estoy. Así que hoy puedo exigir respeto”.

Dee Dee Bridgewater en la actualidad está considerada como la vocalista más importante de su generación. Con un estilo suntuoso y pulido ha conseguido rescatar la tradición del canto jazzístico, en la balada y en los standards. Ha obligado a muchos artistas del género a revisitar los temas clásicos, porque para eso son clásicos: para volver a ellos, retomarlos y enriquecerlos siempre con tratamientos nuevos. Dee Dee lo ha hecho de manera maravillosa.

VIDEO SUGERIDO: Dee Dee Bridgewater – Dear Ella, YouTube (Sidney Nelson)

DEE DEE (FOTO 3)

 

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COMBAT SPORTS

Por SERGIO MONSALVO C.

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 (THE VACCINES)

Para todos aquellos que tenemos muchos años escuchando rock, no resulta difícil emocionarse, y sentir la amplitud de la sorpresa, cuando un grupo que lo ha practicado desde el comienzo de su carrera y de acuerdo a sus principios elementales, los primigenios: actitud, conocimiento y respeto por las raíces, reitera su compromiso con cada nuevo álbum.

El rock de garage al que en esencia pertenece la banda The Vaccines (que cumple una década de existencia), y que lanzó su esperado y determinante cuarto álbum (Combat Sports, 2018), se distingue de cualquier otra música a causa de una ideología compartida que atraviesa todas sus divisiones internas y evoluciones cronológicas, la misma que conocen los aventureros desde las épocas mitológicas: la del Ulises viajero cuyo destino siempre será volver a sus orígenes.

En el rock de garage que interpretan The Vaccines está el germen de la cadena biológica del rock, el que señala su ADN (con alma incluida).

En la actualidad, el género, está en una de sus crestas pinaculares con nombres como Jet, D4, The Retard, The Horrors, Two Door Cinema Club, The Drums, Mona o Surfer Blood (por mencionar unos cuantos), los cuales deconstruyendo sus sonoridades son modelos del hipermodernismo (por sus variados aderezos sonoros de lo más indie, urbanos, eclécticos, en sus diversas tendencias).

Es importante conocer su cosmogonía, su devenir y sus claves, dada la fuerte influencia que ejercen los hacedores de dicha corriente en la música popular en general.

VIDEO SUGERIDO: The Vaccines – Put It On a T-Shirt – Subtítulos en español, YouTube (pperoni playboy)

The Vaccines desde que enfrentaron al difícil reto del segundo álbum con Come of Age y han conseguido, tras su primer y muy exitoso trabajo, What Did You Expect from the Vaccines? (2011), y el tercero (English Graffiti, 2015) una atención mayor de la que muchas otras bandas podrían aspirar a recibir en toda su carrera.

Ellos tienen fuertes lazos de sangre con el género. Comenzaron su escucha oyendo a los Strokes y la continuaron con la influencia directa de The Horrors, uno de cuyos miembros, Tom, es hermano mayor de Freddie Cowan, guitarrista de la banda. También participan en ella Justin (Hayward) Young, como compositor, cantante y líder; Pete Robertson en la batería y el islandés Árni Hjörvar en bajo.

Con The Horrors mantienen un feroz antagonismo (como todos los buenos hermanos ingleses), mientras que de los primeros, los Strokes, que al inicio del siglo redefinieron el sonido de la década siguiente, Albert Hammond Jr. (su guitarrista) ya les produjo algún material.

The Vaccines inició su andar (en el 2010) con una gran carga: la BBC los predijo como triunfadores en el comienzo mismo de la segunda década. Y los nombró como la gran esperanza musical británica.

Es parte de la tradición inglesa del rock hacer que el mundo se enamore de una banda y luego que ésta acapare la atención de todas las revistas –y blogs especializados en la época contemporánea–. El grupo londinense The Vaccines seguió esos pasos, como lo hicieron en su momento otros fenómenos mediáticos como Arctic Monkeys o Kings of Leon.

Fundado al inicio de la segunda década del siglo XX, el grupo parecía tener prisa en convertirse en una de las bandas más representativas de la presente década. En sus primeros dos años ya habían abierto conciertos tan importantes como la reunión de The Stone Roses y la gira de Arcade Fire; también colocaron su primer disco What Did You Expect From The Vaccines? como uno de los mejores del 2011.

En dicho periodo su cantante Justin Young tuvo que ser sometido a tres operaciones para reparar sus cuerdas vocales y, no obstante, la banda grabó un segundo material, Come of Age, que salió prendiendo lumbre y difundiéndose con la gira mundial del grupo.

El sonido de The Vaccines siguió por la línea trazada por grupos como The Hives o The Strokes, un rock de garage con fuertes influencias de épocas pasadas. Sin embargo, al parecer,  rescata sonidos mucho más clásicos del Rock & Roll original. Y eso les ha sentado de lo mejor desde entonces.

En la actualidad es un quinteto londinense que suena a todo lo mejor y reconocible, desde Phil Spector a The Clash y Vampire Weekend (además de sus recurrentes referencias literarias).

The Vaccins in concer at Motherwell Civic Centre Concert Hall, Scotland

Sus temas son cortos, sencillos, directos y pegajosos. Con una clara evolución en el sonido y un salto de los acordes mínimos a otra fase melódica; con infinidad de ganchos vociferables en cualquier lugar y circunstancia; con la debida lírica épica para entablar alianzas tanto en los estadios como en el bar.

Luego de tres años, entre giras y algunas revueltas internas, el quinteto de West London, regresó al estudio con Combat Sports y la firme iniciativa de no converirse en revivalistas de sí mismos, de hecho, el grupo, se planteó resetearse, comenzar de cero y conquistar de nuevo un lugar en todos los festivales musicales del mundo. Combat Sports, fue el arma para conseguirlo.

Con tres años de ausencia en la música, es muy fácil que el público olvide, especialmente en esta era, donde la fugacidad y la fragmentación son la moneda corriente, y donde la industria musical y sus novedades constantes bombardean la misma vida. Consecuentemente The Vaccines se dieron cuenta de ello, y emitieron el manoseado pero efectivo mensaje: “Nuestro mejor álbum está por llegar”.

Tal aviso prendió las alarmas de la crítica especializada, mucha de ella lo condenó per se como un “un regreso más del montón”, a pesar de todos los himnos generacionales que el quinteto había dado con sus discos anteriores. La pausa parece el gran pecado de actualidad, la reflexión y el tiempo para realizarla resultan contraculturales y sospechosos.

En entrevista con los medios, Justin Young (vocalista y guitarrista) dijo que el nuevo material era un “regreso a sus raíces”, por lo que la generalidad creyó que escucharía piezas semejantes a “If You Wanna” o “Wreckin’ Bar (Ra Ra Ra)”; sin embargo no fue así. Combat Sports es la materialización de aquella explicación de los senderos que se bifurcan, pero no se desentienden.

Es un álbum que se comporta lúdico con el sonido del grupo, pero con matices y sofisticaciones que incluyen diversos subgéneros y coros melódicos, que van desde el rock & roll hasta el powerpop, pasando por el rock de garage medular. Esta combinación no les falla, y sí se agudiza en muchos de sus ángulos.

Tras escuchar reiteradamente los tracks que lo componen, Combat Sports convence, gracias a las composiciones de alta calidad. Se tiene la sensación de que han conseguido canciones redondas, tracks eternos, que revitalizan con su vacuna (post-punk) la sangre del género, y con su buffete de afinidades selectivas. Ahí están para mostrarlo temas como “Put it on a T-Shirt”, “I Cant’t Quit”, “Young American”, “Nightclub” o “Someone to Lose”.

En fin, mientras otros entran al garage a regenerarse, ellos salen del mismo con la frescura de lo aprendido y el omnipresente espíritu salvaje y primitivo, con todas las ganas de divertir(se) portando el emblema de un nuevo título en su haber, en un cambio de ciclo.

VIDEO SUGERIDO: Take It Easy – The Vaccines live in Berlin 26.10.2018, YouTube (Susana Boatto)

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JAMES BROWN

Por SERGIO MONSALVO C.

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 LA HERENCIA DEL PADRINO NEGRO

Una de las figuras más destacadas y controvertidas de la música en general, y del soul/funk en particular, fue James Brown (quien nació el 3 de mayo de 1933 en Carolina del Sur). Este artista, que se autodenominó como America’s Soulbrother Nr. 1, The Creator, The Godfather of Soul, Mr. Dynamite y The Minister of the New New Superfunk, fue una encarnación del gran sueño estadounidense.

De lustrador de zapatos a millonario. De paupérrimo lavador de coches, originario del profundo Sur estadounidense, a dueño de estaciones de radio y de televisión, de muchos bienes inmuebles, de una serie de restaurantes de soul food (comida afroamericana), una compañía de producción y una editorial de música. Brown estuvo activo en la música desde principios de los años cincuenta, con más de medio centenar discos (de estudio) en su haber.

Comenzó su carrera con The Three Swanees, una formación de gospel, cuyo nombre luego fue cambiado a The Famous Flames y al estilo del rhythm and blues. En 1956 Brown fue descubierto por Ralph Bass de King Records en Cincinnati, con el que grabó el tema «Please Please Please» para el subsello Federal. La siguiente grabación, «Try Me», al estilo gospel, salió en 1958.

Debido al éxito obtenido, fue contratado por la agencia teatral Universal Attractions. Como resultado de un sinnúmero de dinámicas presentaciones (con todo y varios cambios de vestuario), el cantante se convirtió en el más popular artista de rhythm and blues a principios de los sesenta en los Estados Unidos.

El álbum Live at the Apollo (de 1962), que entretanto se ha vuelto clásico, dio una impresión excelente de cómo eran las presentaciones de Brown en aquellos años. A mediados de esa década, la ruta de Brown sufrió un ligero cambio. King Records lo presionó para grabar música más melodiosa, con todo y cuerdas. Brown no estuvo de acuerdo y como protesta empezó a grabar discos con una música muy rítmica para la Smash Records.

Por la vía legal King Records trató de impedir que Brown grabara para aquélla y al mismo tiempo, contradictoriamente, permitió a Brown plasmar sobre el vinil piezas más progresivas con el director de orquesta Nat Jones, tales como «Papa’s Got a Brand New Bag» y «Ain’t That a Groove». En 1967, Jones fue sustituido por Alfred Ellis y con piezas como «Cold Sweat», «Licking Stick» y «Mother Popcorn» dio inicio el periodo más interesante de Brown en el sentido musical.

Durante este inquieto periodo, en el sentido político, Brown se metió en problemas con los militantes radicales de la causa negra al grabar tanto canciones como «America Is My Home» y «Say It Loud, I’m Black and I’m Proud». Posteriormente volvió a componer sus relaciones con dichas bases y se convirtió en una fuerza impulsora en la lucha por la igualdad de derechos para la población negra de los Estados Unidos.

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En 1971 Brown fue contratado por la compañía Polydor y grabó discos con su grupo permanente denominado Fred Wesley and the JB’s, garantía de un acompañamiento sólido y de ritmos hipnotizadores. Pese a la estandarización y lo predecible de su obra, el street-funk de Brown guardó contacto con los valores más contemporáneos, como lo demuestran claramente los éxitos «Make It Funky» (1971), «Get on the Good Foot» (1972) y «The Payback» (1974). Igualmente, en 1973 se dedicó a grabar soundtracks para películas como Black Caesar y Slaughter’s Big Rip-Off y aceptó un papel en Come to the Table.

Aunque ya no vendía la misma cantidad de acetatos que antes, Brown, después de grabar cientos de sencillos y decenas de discos (entre los que figuran muchos con ventas millonarias), aún era una gran atracción en vivo y debía considerársele una de las figuras más influyentes del soul y el gran maestro del funk.

El maxi Unity, un dueto con Afrika Bambaataa, lo introdujo a la escena del rap y del hip-hop en 1984. Su obra temprana grabada con el sello King fue editada de nueva cuenta y con las fundas originales por Polydor en 1983.

Entre las muchas antologías de Brown, algunas de ellas algo confusas, como Roots of a Revolution (1983), un álbum doble con hits del periodo 1956-1964, y Solid Gold (1976), así como los excelentes discos James Brown (1985) y J.B. II (1987), constituyen buenas selecciones de sus éxitos del periodo 1956-1976.

Después de mucho tiempo «Living in America», del álbum homónimo (1990), producido por Dan Hartman para la película Rocky IV, lo volvió a colocar en el primer plano y James Brown se dedicó a escribir una autobiografía franca, The Godfather of Soul (1987).

Por otro lado, Brown se había convertido en el artista más «sampleado» del mundo. Un sinnúmero de grupos de hip-hop usaban pedazos del viejo James Brown en sus discos (y lo siguen haciendo). También su obra más desconocida, Motherlode (1988), así como sus producciones para artistas participantes en su Revue (Maceo Parker, Fred Wesley, Lyn Collins, Bobby Byrd), de repente se volvieron muy solicitados entre los DJ’s del hip-hop y del house, bajo la categoría de «rare grooves».

Brown empezó a consumir drogas (PCP o bien angeldust) y fue detenido en varias ocasiones por posesión ilegal de armas, tentativa de homicidio y maltrato (de su tercera esposa Adrienne). Finalmente fue condenado a seis años de cárcel en diciembre de 1988.

En los noventa fue liberado de la State Park Correctional Facility por buena conducta, volvió a presentarse en público y lanzó Love Over-Due (1991), un intento por volver al funk y al rhythm and blues que lo había caracterizado.

Todas aquellas maldades que se han contado sobre él están plenamente sustentadas en la realidad de los hechos: fraudulento con los músicos, el maltrato a sus mujeres, la opacidad en los negocios. Sin embargo, aún con todo ese bagaje, ocupó el lugar más importante de la música afroamericana durante casi toda la segunda mitad del siglo XX.

Actualmente, está considerado por historiadores, estudiosos expertos, periodistas y críticos como una de las cinco figuras clave de todos los tiempos, cuya obra determinó el curso de la música durante décadas. Una carrera musical extraordinaria, al margen de la vida de una persona que no lo fue tanto.

Tras su muerte (25 de diciembre del 2006) aparecieron infinidad de biografías con calificaciones ambivalentes. Entre las más informadas está la de Cynthia Rose, Living in America: The Soul Saga of James Brown, y entre las recopilaciones musicales que se han hecho, destaca sobremanera Startime (1991), una caja bien documentada y seleccionada de cuatro discos compactos, quizá la mejor compilación de este artista hasta la fecha, tanto como para haber entrado en el canon rockero más selecto.

VIDEO SUGERIDO: James Brown – I Got You (I Feel Good) – Live At The L’Olympia, Paris (1966), YouTube (James Brown)

JAMES BROWN (FOTO 3)

 

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