LA AGENDA DE DIÓGENES: NEUROMANCER (MÁQUINAS Y HOMBRES)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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El distópico libro 1984 de George Orwell (quizá el título por antonomasia del género) finaliza con los principios de una neo lengua: «La intención no era solamente proveer un medio de expresión a la cosmovisión y hábitos mentales, sino también imposibilitar otras formas de pensamiento». La visión del totalitarismo a partir de una ficción de carácter político.

Al llegar el concreto año de 1984, muchas cosas resultaron así, otras no, sino  tiempo después (como ahora). Por ejemplo, las formas de pensamiento y sus modos de trasmitirlo. Ese año trajo consigo la aparición de la novela Neuromancer que creó un nuevo género literario: el cyberpunk.

Tras publicarse arrasó con los premios del género: Nebula, Hugo y Philip K. Dick. Hollywood ha trabajado en los planes para una versión cinematográfica desde hace varios años, sin conseguirlo.

William Gibson (nacido en Carolina del Sur, en 1948) es el autor de dicha novela –así como de la antología de cuentos Burning Chrome y otros escritos– y con ella declara que lo más importante para él es que el libro habla sobre el presente. No trata de un futuro imaginado y es una forma de manejar la admiración y el terror que inspira el mundo en que vivimos. «William Burroughs tuvo una profunda influencia sobre mí. Él tomó la ciencia ficción de los años cincuenta y la usó como un abrelatas oxidado en la yugular de la sociedad», ha comentado.

William Gibson, escritor de ciencia ficción, quien a comienzos de los 80 vivía lejos de la fama, había entrado en simbiosis con su máquina de escribir Hermes, fabricada en 1927, para crear un texto que comenzaba así: «El cielo sobre el puerto tenía el color de una pantalla de televisor, sintonizado en un canal muerto».

De los años veinte era esa máquina mecánica, cuyo uso era exótico mientras en todas partes brotaban las computadoras, que escribió por primera vez una palabra de este fin de siglo: ciberespacio.

El espacio cibernético (un nuevo espacio), es en donde transcurre gran parte de la trama, una matriz donde convivían las bases de datos de las corporaciones y donde la información se había convertido en un verdadero tesoro. Un lugar a través del cual los mejores navegantes eran conocidos como cowboys que se conectaban a esta red mediante consolas fabricadas con alta tecnología.

Más de una década después de la aparición de Neuromancer, (o Neuromante, como se titula en español), se produjo la expansión de una Red de redes conocida como Internet. Y comenzó a materializarse aquella visión literaria: ahora la información circula a toda velocidad con atributos multimediales que la dotan de texto, imagen y sonido.  Por cierto, que a ese lugar etéreo donde se producen las navegaciones, difícil de definir y aún más complicado de palpar, lo llamamos con la misma palabra nacida en esa vieja máquina de escribir Hermes, ciberespacio.

«Es una alucinación consensual experimentada diariamente por billones de legítimos operadores en todas las naciones… una representación gráfica de la información proveniente de todas las computadoras del sistema humano. Una complejidad inimaginable…», advierte un programa para niños activado en una escena de la novela.

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El cyberpunk es, pues, una forma de ver al mundo que une el enamoramiento hacia las herramientas de alta tecnología con el desdén hacia las formas convencionales de usarlas. Este último representado por la cultura subterránea, la fluidez visionaria y la anarquía callejera. Tal integración se ha erigido en la fuente crucial de energía para la literatura cyber y la era finisecular.

En forma paralela a esta literatura también se ha desarrollado una cultura con el rock y sus videos, el underground de los hackers (aquellos que dominan los códigos de acceso a las máquinas para circular su información de forma clandestina, antisistema o mercenaria) y la apabullante tecnología callejera del hip hop y el scratch (cuyo centro de recuperación está en las compañías disqueras independientes y los clubes de baile avant-garde).

La literatura cyberpunk de Neuromancer es ciencia ficción bien hecha, contiene mucha información y habla sobre las nuevas formas de pensar que se derivan de la evolución cibernética. El medio de las computadoras implica un desafío a la mente humana y para tratarlo en forma literaria hay que improvisar y desarrollar un estilo libre y capaz.

Gibson, sin embargo, no es el único autor importante del género. Así como otros inventos han tenido diversas paternidades, el cyber las tiene igualmente. Entre sus escritores primigenios y siempre vanguardistas se encuentran John Shirley, autor que examina las ramificaciones políticas de la manipulación de los medios, los mensajes subliminales, el control visual de la mente, los aparatos capaces de extraer información de ésta, etc., en su célebre trilogía Eclipse, Eclipse Penumbra y Eclipse Corona.

Asimismo, está Bruce Sterling, el cual se interioriza en las profundas cuestiones teóricas y de conflicto axiológico de la cibernética en Schismatrix, Crystal Express e Islands in the Net, entre otras obras, y Steve Roberts, quien es autor de la versión original de Max Headroom, la creación cyberpunk presentada en la televisión comercial.

Ellos y otros aún poco difundidos han previsto el presente inimaginado, difundido la imaginería e implantado en los lectores ángulos de visión distintos, para descubrir el acceso al nivel del conocimiento tecnológico como forma de resistencia al poder del sistema, para adquirirlo, hacerlo caer, conservarlo, tergiversarlo o para venderlo al mejor postor, así están las cosas casi 40 años después de la publicación de Neuromancer.

VIDEO: Billy idol – Cyberpunk – YouTube (MarkvBob)

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LOS EVANGELISTAS: THIS IMMORTAL COIL (INFINIDADES)

Por SERGIO MONSALVO C.

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Las únicas certezas que se tienen al escuchar la obra de This Immortal Coil es que la belleza, por necesidad, tiene ancestros. Y que éstos deben ser arropados con las más diversas utopías. ¿Por qué? Porque sólo con ese concepto se puede definir a un supergrupo.

“Supergrupo” es un término que se utiliza para describir a bandas musicales formadas por artistas que habían obtenido fama y respeto en formaciones anteriores o a nivel individual. Este término, correctamente utilizado y fuera de cualquier estrategia mercantil, se refiere a la «arquitectura» de la banda, a su conformación y andamiaje, a la aportación artística de cada uno de sus elementos.

En la música un supergrupo es una utopía, una idea que en el mismo momento de nacer lleva implícitas la fugacidad y la finitud. Es un punto en el tiempo y en el espacio donde confluyen diversas y poderosas fuerzas que tras conglomerarse ser disparan en direcciones divergentes. En ello siempre se esconde un pequeño drama, pero también un momento sublime.

En el caso de This Immortal Coil hay leyendas, una larga ruta de relevantes ancestros, la devoción hacia ellos de unos cuantos utopistas creadores y un culto restringido. Es, pues, un auténtico exponente hipermoderno.

La historia de este supergrupo comienza con las bandas totémicas Throbbing Gristle y Psychic TV (ambas con obra fundamental e influyente y huellas reconocibles en la historia postrera de la música); bandas de las que emergieron músicos y compositores como Jhonn Balance y Peter Christopherson (este último también diseñador, publicista, director de videoclips y parte de la afamada y mítica compañía de diseño Hipgnosis).

Throbbing Gristle sería no sólo el precursor de una visión de la música como estrategia contracultural, sino también uno de los exponentes más interesantes de la música industrial en su fase experimental. Ellos retomaron con más inteligencia el culto maquinista de principios del siglo XX (estrategia de los futuristas italianos, los constructivistas, los suprematistas rusos e incluso los dadaístas), pero lo impregnaron de un aire mórbido y lúgubre. Pusieron el acento en la degradación humana y en la industrialización del cuerpo.

De ahí salió Christopherson para unirse a Genesis P. Orrige y Jhonn Balance para crear Psychic TV, quienes difundieron en su manifiesto artístico que se equivocaba quien creyera que todo puede absorberse y entenderse con sólo cinco sentidos. “Al cerebro hay que expandirlo para conjuntar información, psicología y mística, para que de algún modo encajen en una sola teoría coherente sobre el universo”. De eso trató la música biodélica de este grupo.

Tras estas experiencias Jhonn Balance y Peter Christopherson se unieron para integrar Coil (espiral o bobina inductora), un aglomerado experimental de membresía expansiva, un supergrupo (el primero en esta cabeza de serie) que cultivó varios géneros (industrial, noise, dark ambient, neo-folk, spoken word y minimalismo) y amistades extremas: William Burroughs, Aleister Crowley y Karl-Heinz Stockhausen, entre otros. Su influencia y legado en todas esas músicas ha sido patente, al igual que en la corriente electrónica.

Su trayectoria fue de casi dos décadas y una docena de discos de estudio y soundtracks (donde dieron rienda suelta al esoterismo pagano que caracterizaba a sus integrantes y a las técnicas de experimentación sonora), hasta la muerte de Balance (quien cayó del balcón de un cuarto piso, sin resolver sus problemas con el alcohol) en noviembre del 2004.

Fecha en que Christopherson declaró que la banda había dejado de existir y se fue a vivir a Bangkok, donde fundó un nuevo proyecto musical; editó los siguientes álbumes póstumos de Coil y se sumó a la reaparición de Throbbing Gristle, con grabaciones y giras, pero la muerte lo sorprendió también una madrugada de noviembre del 2010.

Coil fue tributado en los años ochenta por el sello 4AD, que creó el concepto This Mortal Coil, bajo el cual reunió a integrantes de Cocteau Twins, Dead Can Dance y Colourbox, por mencionar algunos. Fue el tiempo en el que las músicas emocionales, el dream pop y el gótico, le abrieron los brazos a la cultura industrial, donde comenzaba a predominar la música de influencia electrónica.

VIDEO SUGERIDO: This Immortal Coil – Ambar Rain, YouTube (pescasciroppataful)

Durante esta era hubo mucha mezcla entre ambos estilos. La principal diferencia consistía en que el sonido del industrial era más duro, y el del gótico más suave, con menos distorsión de voces y guitarras.

This Mortal Coil fue un supergrupo (el segundo) armado para representar de manera etérea y atmosférica temas de Coil, así como de Gene Clark, Roy Harper o Tim Buckley.

El nombre del proyecto surgió de una referencia shakespereana (Hamlet) como metáfora para la condición humana. Tres discos duró el empeño.

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Ambos e ilustres ancestros (Coil y This Mortal Coil) dieron origen y pusieron el ejemplo para la formación de otro proyecto semejante: This Immortal Coil, el cual ha lanzó el disco The Dark Age of Love.

El activo genio musical del primero (Coil) y la capacidad para producir atmósferas del segundo (This Mortal Coil) se amalgamaron bajo la conducción del músico belga Stéphane Grégoire, quien reunió a destacados músicos y compositores con el objeto de interpretar a su manera las canciones de Coil.

 

Grégoire creó a este nuevo supergrupo (el tercero en línea) para la ocasión, formado por Yaël Naim, Bonnie Prince Billy, Yann Tiersen, Matt Elliott, DAAU, Chapelier Fou, Sylvain Chauveau, Christine Ott, Oktopus (Dälek), Nightwood, David Donatien y Nicolas Jorio.

Todos ellos trabajaron durante cuatro años en el asunto, el cual dio como resultado un fascinante álbum. El cual contiene música que hipnotiza por su abundancia de matices.

El propio Peter Christopherson escribió sus impresiones sobre el trabajo Grégoire y todo ese cúmulo de talento llamado This Immortal Coil: “Es la primera vez que alguien (varios) con sensibilidad musical y talento ha hecho versiones de forma magistral con nuestras canciones. No hubo un solo momento durante la escucha de toda la obra en que haya dejado de tener el pelo de punta por la emoción sentida”. Unos meses después de la salida del álbum el homenajeado había muerto.

 

La delicada capa lírica que compone el disco es perturbadora, de un romanticismo frugal, como postal de Pier Paolo Pasolini, que fluye en planos diversos: unas veces expresada, otras adivinada, las más sólo imaginada.

Irrealidad pura, acompañada de sonoridades ad hoc con dimensiones paralelas. The Dark Age of Love es una rica experiencia finita (como la de todo supergrupo) que habla de compenetración genética, sinceridad artística y afecto por sus ancestros, así como de reverencia por esa música mágica, astral y, esa sí, infinita.

VIDEO SUGERIDO: The dark age of love – This Immortal Coil, YouTube (bkfn)

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BABEL XXI-605

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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GENE VINCENT

PIONERO MALHADADO

 

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

https://www.babelxxi.com/605-gene-vincent-pionero-malhadado/

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LONTANANZA: JACK JOHNSON (EL ARTE DE LA SENCILLEZ)

Por SERGIO MONSALVO C.

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EL ARTE DE LA SENCILLEZ

La historia de Hawai tiene aproximadamente un milenio de existencia. En el siglo XVIII el archipiélago fue “descubierto” por los ingleses y tras muchos vericuetos fue anexado a los Estados Unidos a fines del XIX y pasó a ser parte de éstos en 1959.

Época en que las islas que lo componen comenzaron a ser un atractivo turístico y un deporte practicado por los nativos pasó a conocerse en todo el mundo: el surf.

Todas las islas de Hawai se formaron por la acción de los volcanes que surgieron del fondo del mar en el sur del Océano Pacífico. El archipiélago de Hawai se compone de 18 islas y atolones que se extienden a los largo de 2 mil 400 kilómetros, y en los que se encuentran playas de belleza inconmensurable con un clima maravilloso.

Una de sus islas principales lleva el nombre de Oahu, la más poblada del conglomerado. En Oahu se encuentra la capital del estado, Honolulú, y otros lugares de renombre internacional como Waikiki y Pearl Harbor.

En Oahu también nació en 1975 el que en la actualidad es su mayor representante musical, Jack Johnson.

Este famoso cantautor comenzó como surfista amateur y luego profesional (convirtiéndose en campeón) entre los 12 y los 17 años de edad. Momento en que sufrió un accidente casi mortal al querer montar la ola conocida como “Pipeline”.

Durante el tiempo que estuvo convaleciente aprendió a tocar la guitarra y a componer canciones. Su estilo tiene las influencias que van desde Cat Stevens hasta Fugazi.

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Cuando se recuperó un año después se trasladó a estudiar cine a la Universidad de California. Se graduó con un documental (Thicker Than Water) codirigido y filmado por él en el que habló sobre la belleza del surf.

Para esta película escribió algunas canciones que formaron parte del soundtrack, hecho que provocó la entrada de Johnson en el mundo de la música.

De cualquier manera muchas de sus interpretaciones ya habían circulado en forma de cassette en grabaciones piratas distribuidas entre la comunidad mundial del surf. Eran canciones folk llenas de pasión, con sabor de blues y hip hop.

El también cantautor Ben Harper escuchó algunas de estas cintas y lo contrató para editar su primer disco. En el ínterin ya había filmado y musicalizado otro par de películas de culto surfero.

Fue en enero del 2001 que apareció su primera obra llamada Brushfire Fairytales, con la discográfica independiente Enjoy Records. Dicho debut tuvo repercusiones en muchos niveles.

VIDEO SUGERIDO: Jack Johnson – Sitting, Waiting, Wishing [Reversed], YouTube (eerieperson)

Los sencillos extraídos de él se convirtieron en hits entre los adolescentes gustadores de la playa y las estaciones universitarias de radio. La crítica lo comparó con su mentor Ben Harper y con Dave Matthews. El álbum vendió más de un millón de copias. Las canciones contaban historias simples de amor y desencuentros.

Luego de su primer éxito, Jack Johnson decidió fundar su propio sello discográfico, Brushfire Records, donde editó su siguiente trabajo. El disco incluía la misma alineación del primero con Jack en la voz y la guitarra, Adam Topol en la batería y Merlo Podlewski en el bajo.

Titulada On and On, la nueva antología estaba compuesta de sentidas  baladas y temas donde criticaba el materialismo de la vida actual, la industrialización, las matanzas escolares, el petróleo y la guerra de Bush.

En el 2005 Johnson grabó su siguiente disco, el tercero, al que llamó In Between Dreams, en el que de nuevo convocó a sus compañeros, pero ahora con canciones acústicas llenas de sonidos magníficos de la guitarra y unas líneas de bajo sólidas, para crear un hipnótico blues con ritmos infectados de funk.

Este álbum fue grabado en Hawai y producido por Mario Caldato Jr. Las canciones son románticas y nostálgicas aunque también se pueden encontrar las de crítica social.

Aunque las continuas y largas andanzas para promocionar sus discos le llevaran mucho tiempo, siempre buscó espacios en su agenda para continuar con su trabajo como cineasta. Así que a las aclamadas Thicker Than Water y The September Sessions, se aunó Curious George, en la que contó con la colaboración de sus amigos de siempre, Ben Harper, G. Love y Matt Costa. De ahí se extrajo la banda sonora que se balancea entre el folk, el reggae y el rock.

El hawiaiano Jack Johnson está considerado en la actualidad como el auténtico beach boy del siglo XXI por vincular del surf, del que continúa siendo un gran amante, con la música, lo cual lo ha convertido en un icono de ambos mundos.

La esencia de sus canciones permite relajarse, sentirse cerca de la playa de sus ambientes contemporáneos o incluso encima de una ola, ya que al igual que otros artistas forma parte de la banda sonora de los viajes de cualquier surfero o amante de la naturaleza.

Con el mismo estilo que lo ha caracterizado a lo largo de su carrera, el guitarrista, cantante y compositor, lanzó en el 2008 el disco Sleep Through the Static, con el detalle, aparte de sus destacadas aportaciones musicales, de que fue grabado al cien por ciento por energía solar en su recién inaugurado estudio: The Mangro Tree.

Son catorce canciones con su sello, humor relajado y comentarios en torno al mundo que le ha tocado vivir. Lo mismo que un compromiso a favor del cambio en el gobierno de su país.

Otra de sus películas, A Broken Down Melody, trasmite junto a amigos suyos como Gary Lopez o Kelly Slater, el ocho veces campeón del mundo en la disciplina surfera, el verdadero espíritu de este deporte elevado a la categoría de experiencia religiosa, mediante sus imágenes y por supuesto con su música.

Indudablemente, Jack Johnson en la última década se ha hecho de un hueco dentro del difícil panorama musical y lo ha hecho a base de calidad y autenticidad. Sus más recientes discos: To the Sea, From Here to Now To You, All The Ligh Above It Too y Meet the Moonlight (2022), continúan en esa línea y con su envidiable poética.

VIDEO SUGERIDO: Upside Down Jack Johnson, YouTube (sellyvsroy)

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LIBROS CANÓNICOS: I, ROBOT (ISAAC ASIMOV)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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El futuro tecnológico comenzó como un cortesano divertimento medieval. En el siglo XX tuvo su fijación reglamentaria, y en el XXI la urgencia de un reemplazamiento ético. Hablo de los robots. Lo primero fue un invento de Leonardo da Vinci como entretenimiento palaciego; lo segundo, una meditación científico-literaria del escritor Isaac Asimov y, lo tercero, una urgente necesidad social expuesta, de nuevo, por la ciencia ficción (tanto cinematográfica como televisiva).

En el 2020 se celebraron los 100 años del natalicio del autor ruso-estadounidense Isaac Asimov. De éste sabemos que nació en 1920 en Petróvich, hoy parte de la Federación Rusa y antaño de la Unión Soviética, y que se mudó con su familia a los tres años de edad a Brooklyn, en los Estados Unidos.

En los establecimientos comerciales que fundó su padre aprendió la ciencia ficción, de la que se hizo maestro, leyendo publicaciones pulp. Se hizo bioquímico en la Universidad de Columbia, donde también se doctoró para luego pasar a la prestigiosa Universidad de Boston, donde fue profesor asociado y luego titular. Fue un científico humanista que puso por escrito todos sus intereses en cerca de 500 títulos, entre literatura de ciencia ficción, ensayos científicos y divulgación cultural de diversa índole.

Fundamentalmente, se le recuerda por sus aportaciones y nombre a disciplinas que estudian lo positrónico, la psicohistoria y la robótica. De esta última materia han pasado a la historia sus sagas literarias, en las que quedaron inscritas sus famosas tres leyes (como en el libro I, Robot –Yo, Robot, de 1950), que han dado mucho juego tanto a la investigación tecnológica como a la ciencia ficción.

Dichas tres leyes son:

Primera: Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, tampoco permitirá que un ser humano lo sufra.

Segunda: Un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, a excepción de aquellas que entren en conflicto con la primera ley.

Tercera: Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con las primeras dos leyes.

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Isaac Asimov

Estas leyes son un conjunto de normas elaboradas por Assimov que se aplican a la mayoría de los robots de sus escritos. En ese contexto, son “formulaciones matemáticas impresas en los senderos posistrónicos del cerebro de los robots” (programas con códigos que regulan su cumplimiento y que están instalados en su memoria principal).

Tales leyes surgieron como medida de protección para los seres humanos. Según el propio Asimov, con ellas quería contrarrestar un supuesto “complejo de Frankenstein” (un temor que el ser humano desarrollaría frente a unas máquinas que hipotéticamente pudieran rebelarse y alzarse contra sus creadores). De intentar siquiera desobedecer una de las leyes, el cerebro positrónico del robot resultaría dañado irreversiblemente y el robot «moriría».

A un primer nivel no presenta ningún problema dotar a los robots con tales leyes, a fin de cuentas, son máquinas creadas por el hombre para su ayuda en diversas tareas. La complejidad reside en que el robot pueda distinguir cuáles son todas las situaciones que abarcan las tres leyes, o sea poder deducirlas en el momento. Por ejemplo, saber en determinada situación si una persona está corriendo peligro o no, y deducir cuál es la fuente del daño o la solución.

Las tres leyes representan el código moral del robot. Un robot actuará siempre bajo esos imperativos. Es decir, un robot se comportará como un ser moralmente correcto. Sin embargo, es lícito plantearse lo siguiente:

En la actualidad y ya que la imaginación de Asimov ha cobrado realidad y a los robots los conocemos no sólo por los textos, sino a través de las nuevas tecnologías (como gadgets, juguetes o herramientas domésticas, médicas, laborales, etcétera), se produce la absoluta necesidad de crear un código moral, no solamente para ellos, sino también para quienes los diseñan, fabrican, producen, comercializan y usan.

(El público conoció la palabra robot a través de la obra R.U.R. (Robots Universales Rossum) del dramaturgo checo Karel Čapek, que se estrenó en 1920. El vocablo se escribía como robotnik. No obstante, en una breve carta escrita a la editorial del Diccionario Oxford, el autor le atribuyó a su hermano Josef la invención del término. ​ Éste le sugirió «roboti». La palabra robota significa literalmente trabajo o labor y figuradamente «trabajo duro» en checo y otras lenguas eslavas. Tradicionalmente, por aquellos lares, robota era el periodo de trabajo que un siervo debía otorgar a su señor, generalmente 6 meses del año.)

Un robot, pues, carece de voluntad, intención, conciencia; por tanto, no puede ser agente moral. Al menos, no con el desarrollo actual de la inteligencia artificial. Pero ¿podrán adquirir esas cualidades próximamente? Y mientras tanto, ¿quién será el responsable de sus actos?)

¿Si su evolución resulta en una toma de conciencia? ¿Serán sujetos morales? ¿De qué tipo? ¿Tendrán derechos como los humanos o laborales? ¿Cuáles?

Tal necesidad social de códigos mutuos es una cuestión que las legislaciones globales y de los países en particular, a causa la rápida evolución tecnológica, deben considerar imprescindible y urgente. Los gobiernos deben plantearse hablar de ello. No con un debate teórico ni abstracto, sino como un diálogo sobre algo ya muy muy cercano (la literatura, el cine y las series de televisión ya lo han hecho y lo hacen constantemente) ¿La política, cuándo?

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Algunas de las ideas de la historia assimoviana han servido de inspiración a diversos grupos musicales. En la electrónica al alemán Kraftwerk, por ejemplo, en toda su obra. En el rock progresivo al inglés The Alan Parsons Project para la grabación del álbum conceptual I Robot de 1977.

 

I Robot fue el segundo álbum de estudio del extinto grupo británico (que finalizó sus andanzas en 1990) ​y destaca por la utilización extensiva de las nuevas capacidades del sintetizador Moog, de reciente desarrollo tecnológico de los estudios EMI, sello pionero en el uso de tales equipamientos que ya habían sido utilizados para el disco debut de la misma agrupación, Tales of Mytery and Imagination, de 1976.

El álbum se inspiró en las historias de Asimov sobre los robots. El productor ejecutivo, compositor y vocalista Eric Woolfson habló realmente con el escritor, quien se mostró entusiasmado con la idea. Como anteriormente ya se habían concedido los derechos a una empresa de televisión y cine, el título del álbum tuvo que ser alterado ligeramente eliminando la coma, y el tema y las letras fueron hechas para tratar más genéricamente sobre robots y la relación con el ser humano en vez de las específicas con el universo asimoviano.

En el interior de la portada se podía leer: “I Robot… The story of the rise of the machine and the decline of man, which paradoxically coincided with his discovery of the wheel… and a warning that his brief dominance of this planet will probably end, because man tried to create robot in his own image. (Yo Robot… La historia del ascenso de la máquina y el declive del hombre, que paradójicamente coincidió con el descubrimiento de la rueda… y una advertencia de que su breve dominio de este planeta probablemente terminará, porque el hombre trató de crear el robot a su propia imagen).

Alan Parsons (proyectrón, programación de secuenciador SynthiA, guitarra acústica, vocoder, loops de cinta, efectos de sonido, ingeniero de grabación y productor) y el mencionado Woolfson (clave, teclados, piano Wurlitzer, órgano, piano y productor ejecutivo) fueron los encargados de generar piezas tan eclécticas como originales.

La pieza de apertura del álbum, “I Robot”, ofreció un cuidadoso arreglo de sonidos sintetizados, instrumentos tradicionales y efectos de amplitud espacial manejando el retardo entre los canales estéreo, donde se puede apreciar la maestría de Alan Parsons como ingeniero de sonido.

Otras canciones como “The Voice” hicieron uso del dispositivo vocoder, innovador por aquellos tiempos, y también sonaron como un grupo de rock más convencional en “Breakdown”, esta última terminada con un segmento coral, arreglado por Andrew Powell, que colaboró en los arreglos, la dirección de sesión de cuerdas, en los coros, en el órgano Hammond y la composición del tema “Total Eclipse”.

Este álbum (en el que participó más de una veintena de músicos, además de los señalados) marcó un estilo que se podría rastrear hacia atrás, partiendo desde el hito The Dark Side of The Moon de Pink Floyd de 1973, donde Parsons trabajó como ingeniero de sonido. En cierto modo, la continuidad entre las canciones (gapless) y el uso de tomas múltiples de sonido fue también utilizado en Tales of Mystery…, indicando con todo ello una conjunción de técnicas avanzadas de edición con instrumentos electrónicamente sintetizados.

El sonido de estos trabajos identifica el estilo inglés de esa época acompañado por una sólida formación musical de algunos integrantes como Powell, no dudando en incluir elementos de música clásica como corales y de instrumentos como arpas, y órganos de tubos (en Tales of Mystery… y en Pyramid). Particularmente el sonido del grupo, pulido hasta el extremo del perfeccionismo de Alan Parsons, hizo que I Robot tuviera un impecable registro acústico, seguido de una calidad musical sorprendente.

La influencia del libro de Issac Asimov se nota en canciones como “Breakdown” y “I Wouldn’t Want to Be Like You”, donde se puede entrever la desesperación de la máquina ante la situación de querer ser hombre, vivir y sentir como un ser humano y, al mismo tiempo, rechazar la naturaleza humana, sus debilidades.

Más de 40 años después, el sonido inigualable de la apertura del álbum nos dice que ciertas obras musicales son inmunes al paso del tiempo y se vuelven clásicas: I Robot podría bien pasar por un álbum grabado en el siglo XXI. Isaac Asimov murió en New York el 6 de abril de 1992, donde fue incinerado.

VIDEO: The Alan Parsons Project – I Wouldn’t Want to be Like You, YouTube (The Alan Parsons Project)

 

 

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SONORIDADES: YELLOW SUBMARINE (GEORGE DUNNING)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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Mientras el Dr. Christian Barnard realizaba el primer transplante de corazón y tenía lugar el Festival Pop de Monterey en California (el primer festival masivo del rock), este género y la industria de la alta fidelidad se complementaban para llevar a los álbumes a vender más que los discos sencillos. Al frente de dicha revolución se encontraban los Beatles, quienes con el lanzamiento del Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band habían dado paso al disco conceptual, al rock como arte y al virtuosismo instrumental.

Las secuelas del disco, así como los ecos de su última aparición en vivo, eran el pasto de las informaciones cotidianas durante los años del segundo lustro de la década de los sesenta, años en que el uso de los alucinógenos dio inició el rock psicodélico.

Era de rigor su utilización para todo músico que se preciara de serlo, reflejándose en buena parte del rock que se hacía como una nueva estafeta para la contracultura. La conducta revolucionaria resultó a menudo la más constructiva de todas las conductas, poniendo en tela de juicio al sistema y subvirtiendo a la misma sociedad que cultivaba dicha conducta.

El artista —en este caso el rockero propositivo— presentaba una visión de algo que podía ser mejor de lo que era, sobre la base del respeto a la libertad individual. En ese momento de su historia se encontraban los Beatles con el uso del LSD, mediante el cual buscaban –a través de sus elementos químicos– expandir la percepción de la mente y explorar las posibilidades de los estados alterados para canalizar sus expresiones musicales.

La experiencia la venían realizando desde el tema «Doctor Robert», la llevaron a su clímax con el Sargento Pimienta, y buscaron diversificarla —atendiendo a la libertad creativa— con Magical Mystery Tour (el cual, por cierto, les redituó un fracaso) y con el futuro filme Yellow Submarine.

Cuando en el mundo estallaba la Guerra de los Seis Días entre árabes e israelís; cuando los estudiantes de las más diversas latitudes encabezaban revueltas en sus países; cuando manos reaccionarias asesinaban a Martin Luther King, a los Beatles los absorbían sus nuevos negocios: Apple Records y su tienda de moda.

A lo largo del año (1968) sólo habían pisado los estudios de Abbey Road en una ocasión para grabar un nuevo sencillo («Eleanor Rigby») y ciertas piezas aún tambaleantes para Yellow Submarine, el proyecto de la película de dibujos animados basada en su música.

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El asunto había sido aprobado por Brian Epstein para proporcionar a la United Artists la tercera película de los Beatles que todavía le debían. Sin embargo, la cosa no marchaba, no tenían ánimos para hacerlo, y lo peor de todo, tampoco interés.

Reeditaron el tema principal, «Yellow Submarine», y resucitaron «All You Need Is Love», pero con ello no completaban el material suficiente para el lado A del disco —soundtrack de la cinta—. George Harrison de manera exprés escribió «It’s Only a Northern Song», y el resto de los temas surgió más o menos de la misma manera:  «All Together Now», «Hey Bulldog» o «It’s All Too Much».

El lado B del álbum consistió en canciones del grupo arregladas de forma instrumental por George Martin: «Pepperland», «Sea of Time & Sea of Holes», «Sea of Monsters», «March of Meanies», «Pepperland Laid Waste» y «Yellow Submarine in Pepperland».

Para los Beatles, la música ya no era la prioridad. Al año siguiente de cualquier modo se estrenó la película —especie de summum de la estética pop—, y de manera sorprendente se convirtió en un éxito. El guión había sido escrito por Erich Segal, novelista de enorme popularidad (Love Story, entre otras), y trasladaba la lírica beatle a un reino de auténtica y original fantasía. Las voces del grupo fueron dobladas y la película se estrenó el 17 de julio de 1968.

Los Beatles, como personajes de dibujos animados, se convirtieron así para muchas personas en figuras memorables. El disco, con sólo cuatro nuevos temas, apareció en el mercado el 13 de enero de 1969, y quizá marcó de manera señera el comienzo del fin del Cuarteto de Liverpool. Para ellos ya nada volvería a ser lo mismo, a partir de entonces.

VIDEO: The Beatles – Yellow Submarine, YouTube (The Beatles)

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BLUEMONK: «SUN O RA»

Por SERGIO MONSALVO C.

 

BLUE MONK (PORTADA)

 

(POEMA)*

 

sun o ra

 

 

 

el sol se cierne sobre nuestras cabezas

y avanza

          pisándonos

                    las sombras

es el fuego y la llama

          forastero venido del cielo

las estaciones se ajustan a su carrera

          y no reconoce climas

                                       horas

                                       días

                                       ni meses

                              andrajos del tiempo

juzga sus rayos sagrados y fuertes

          y nada más existe

                    comparado con él toda riqueza

                                                           /es alquimia

 se llama Sol y su deber es calentar al mundo

                    brillar para nosotros

                              estar en todos lados

                                       el jazz

                              en su centro y su esfera

                                                           sin límites

 

Blue Monk

y otras líricas sencijazz

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Palabra de Jazz”

México, 1994 (primera edición), 1997 (segunda)

 

 

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BABEL XXI-604

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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STEVE COLEMAN

LA SONORIDAD DEL MITO (II)

 

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

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ELLAZZ (.WORLD): HIROSHIMA

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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(LIGEREZA Y LEVEDAD)

 

Las últimas décadas fueron el punto histórico más diverso de la cultura popular estadounidense. Esto se debió a que los artistas emanados de las etnias por las que está constituido aquel país voltearon la tortilla y dejaron de interpretar únicamente los ritmos locales de esencia anglosajona, para integrar a sus repertorios los inscritos en el sonido global o en muchos casos el del lugar originario sus antepasados.

Los ecos celtas, africanos, latinoamericanos, caribeños, eslavos, oceánicos y asiáticos, se hicieron sentir como nunca. Es obvio, como siempre, que tal paleta sonora haya tenido una amplitud extensa y las obras, producto de ello, variaran desde entonces en profundidad y calidades. El caso del grupo Hiroshima es ejemplar en este sentido. La música tradicional del Lejano Oriente—ejecutada por la representante femenina del quinteto: June Kuramoto— se fundió con el jazz más ligero; y lo etéreo de sus componentes, con la levedad del new age.

En el horizonte popular de la cultura mundial, en nombre de Japón ha crecido de manera gigantesca. Hoy por hoy, nos sentiríamos intimidados por los incontables restaurantes japoneses que han aparecido en todas las ciudades occidentales, si no fuera por la suavidad de su estilo. Pero ahora mismo, no hay arquitecto, cocinero, diseñador o músico verdadero, que no admita su deuda con el minimalismo nipón. La música académica y de vanguardia en los Estados Unidos, incluso creó un género que ha permeado tanto la propia como diferentes disciplinas: cine, teatro, danza, artes plásticas, literatura…

Hasta los años setenta, la crisis económica había mantenido a Japón bajo el diagnóstico del fracaso y la gravedad, pero en las últimas décadas del siglo XX sus bancos ganaron dinero y las marcas japonesas recobraron entidad en los estampados, tecnologías, futurismo y el misterio que le es inherente. Antaño los japoneses lo absorbían todo, eran la gran aspiradora del mundo que todo lo mimetizaba, todo lo clonaba. Hoy las cosas han cambiado, aunque ser japonés es imposible, no importa lo raro que se sea ni la firme voluntad de borrar la identidad, y ésta es su atracción suprema.

En las ropas y los vuelos, en los platos y en el cine, en la decoración o el coche, Japón resulta difícil de copiar, puesto que su exhaustiva imitación industrial previa ha agotado hasta su mímesis. De este modo, tanto el imperio de sus signos como el sentido de su cultura no se absorbe nunca. Por una parte, Japón opone un blindaje formal y, por otra, un fondo que se desliza veloz como los peces, las perlas o la seda. En los últimos años, las exportaciones culturales japonesas en el mundo se han multiplicado por tres. La música no le ha intentado copiar nada, pero sí integrar su presencia en productos pensados y diseñados para evocarlo. El grupo Hiroshima es una muestra de ello.

El grupo angelino Hiroshima ha explotado las vetas populares del jazz contemporáneo, el rhythm and blues edulcorado, el pop, el new age y los elementos de la música tradicional japonesa. Y lo ha hecho durante los últimos 50 años. El nombre lo tomaron sus integrantes de aquella ciudad representativa de lo que nadie quiere que vuelva a suceder: el uso de armas nucleares. Además, lo hicieron debido al origen paterno de todos sus integrantes, los cuales son descendientes de ciudadanos japo-estadounidenses que estuvieron detenidos en campos de concentración de la Unión Americana durante la Segunda Guerra Mundial.

La cantante original del grupo, Teri Koide, le heredó el puesto a Kimaya Seward, ambas se separon del grupo tras 10 años de pertenecer a él. Se jubilaron, cada una en su momento, en ceremonias muy ad hoc durante algún concierto. Para los discos posteriores, la última cedió el lugar en la voz a Dan Kuramoto (también encargado de los saxofones, flautas y teclados), mientras que la ejecución de las percusiones del ancestral Japón y las cuerdas del koto comenzaron a correr a cargo de otra nueva integrante, June Okida Kuramoto.

June Okida Kuramoto nació en los años setenta en Los Ángeles, California. De niña aprendió a tocar el piano y luego se interesó por los instrumentos autóctonos del Japón. Sus padres la enviaron adolescente a la ciudad de Kobe, para que estudiara música tradicional con los maestros japoneses. En el ínterin adquirió el gusto por el koto y se especializó en su ejecución. Tras cinco años de academia en este sentido, regresó a la Unión Americana. Se involucró entonces en la escena musical angelina de vanguardia y a la postre fue invitada a integrarse al grupo Hiroshima, que ya contaba con una larga trayectoria en el crossover jazz.

El crossover jazz de Hiroshima se ha mantenido tal cual, durante el curso de su existencia de tres décadas, moviéndose de forma creativa en las aguas tranquilas de las corrientes comerciales adecuadas (del smooth jazz al misticismo sonoro de la New age). Con el toque «exótico» de los sonidos del koto, se convirtieron en excelentes vendedores de discos desde su debut con el álbum Golden Age, de 1974. Su música fondea en la actualidad las charlas casuales y los cocteles individuales de clubes de chill-out, y de los desfiles de modas de los salones exclusivos de las grandes urbes.

La Nueva Música Instrumental Contemporánea o new age, como antaño se le conoció, en la que se inscribe el grupo, es tanto una corriente musical como determinada actitud ante la música, con un estilo de vida correspondiente. Así como el punk representa la anarquía y la rebeldía, el género del que se habla encarna la belleza y la armonía. Por subjetivo que pueda ser el concepto, la música aquí es sinónimo de relajamiento. Una droga auditiva prescrita por los médicos del best seller.

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El término «new age» nació a mediados de los años setenta en los Estados Unidos entre la vieja generación hippie de treintañeros que habían alcanzado una «nueva era» en su vida. Sobre todo, en lo que respecta a procesos alternativos dedicados al cuidado de la salud, centros meditativos y alimentación natural, el new age se estableció como estilo de vida, y aumentó la demanda de una música apropiada que no fuera comercial. Aunque la demanda popular luego cambió este último candado.

En primera instancia, las grabaciones se vendían en tiendas de productos naturistas y en las de los campus universitarios, así como por correspondencia, y su promoción se reducía a las recomendaciones orales. No obstante, el comercio al por menor de discos comprendió pronto que estaba surgiendo un nuevo nicho en el mercado y lo ocupó rápidamente. No tardaron mucho en aparecer las primeras mesas marcadas como «new age» en las tiendas mencionadas y en las de discos en general. Dentro de tal contexto fue que nació Hiroshima.

Esta alternativa musical contenía aportaciones de diferentes corrientes musicales, como la música clásica, el jazz, el pop, el folk global, el avant-garde, etcétera. Por lo común se trataba de obras
ambientales en las que el ritmo solía desempeñar un papel menor y rara vez se empleaban instrumentos de percusión. Por lo mismo, la corriente no pudo contar en sus inicios con sencillos exitosos, ya que las piezas eran demasiado largas y rebuscadas.

Todo se reducía en aquellos primeros años a la melodía y a una elaboración (tranquilizante) de diversos coloridos sonoros. El asunto cambió con el paso del tiempo. Las aportaciones del techno, del jazz y de la world music para dimensionar los ambientes fueron decisivas, aunque hay intérpretes, sellos y seguidores inmersos en el misticismo que se mantienen fieles al espíritu original con sus obsesivas particularidades.

Una década después de fundado, Hiroshima, entre otros grupos, se erigió en uno de los mayores promotores del género, y representaba principalmente a artistas con orientación folk. Durante el curso de los ochenta, el mercado del smooth jazz / new age continuó con su crecimiento constante y obtuvo de esta forma una «lista» propia en la publicación especializada Billboard, aunque bautizada con un nombre muy particular: «Nueva Música Instrumental Contemporánea».

Pese a toda la vaguedad en el término y sus descripciones, reclamó rápido y de manera definitiva un lugar en la historia de la música actual. No está á sujeto a modas, como otros géneros, ni se limita a un público específico. Su maleabilidad hizo posible que a partir de los noventa (con el inicio de la tercera década para Hiroshima, a su vez) y por medio del crossover con el ambient house su influencia se haya hecho sentir incluso en las pistas de baile, en los salones chill-out y en las pasarelas más cosmopolitas.

Para celebrar sus muchos años de grabar dicha música, Hiroshima presentó una Colección de Aniversario especial en dos CDs con algunas de las mejores obras compuestas y grabadas por estos artistas entre 1974 y 2004. Dan Kuramoto (saxofones, flautas, teclados y voz), Kimo Cornwell (teclados y Hammond B-3), Danny Yamamoto (batería), Johnny Mori (percusiones), June Kuramoto (koto y percusiones) y Fred Schreuders (guitarra), son algunos nombres, entre otros, de los que han pertenecido a la exitosa formación.

Hiroshima, en los distintos estilos por los que ha transcurrido, ha hecho patente su búsqueda de la pureza sonora. Desde su aparición ha procurado ofrecer algo distinto a los escuchas, una alternativa evocadora y llena de imaginación en las opciones musicales, familiares y disponibles en la música instrumental contemporánea más comercial. Lo cual incluye, también, material para soundtracks y obras de world music.

Durante cinco décadas, los esfuerzos de este grupo se han concentrado en el sentido de la estética que valora la belleza y el colorido de los sentimientos transmitidos (eco de su colectivo antepasado japonés, el cual han mantenido constante y esencialmente). Enfoque articulado por medio de la capacidad diversa y refinada de sus variados componentes. Lo etéreo de la emoción combinado con la ligereza de una música apoyada en la instrumentación tradicional del ya nada Lejano Oriente.

En la actualidad del comienzo de su quinta década, el sampleo de nuevas tecnologías auditivas ha beneficiado al grupo Hirosima sobremanera (desde el sistema Dolby Surround Sound hasta el novedosísimo sistema híbrido del Super Audio CD, pasando por el de remasterización de 20-Bit Mastering, que proporciona la más alta calidad y nitidez) involucra al escucha en los detalles, matices y puntos más finos de su música. El resultado es algo capaz de entretener tanto como de relajar, según las circunstancias del salón, club o evento social, en el que se esté degustando el coctel más cool del momento.

VIDEO: Hiroshima – One Wish, YouTube (HiroshimaVEVO)

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