GARAGE/43

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL NIHILISMO

El rock de garage, puro y llano, dio una nueva vuelta de tuerca al comenzar el siglo XXI. Y lo hizo en la ciudad cuna de muchos de sus hitos y mitologías: Nueva York. De la Babel de Hierro, no de sus pestilentes calles sino de sus penthouses, escuelas de arte y ambientes bohemios, brotaron los jóvenes adalides. Se hicieron llamar The Strokes y representaron al garage de raíces urbanas perfilado hacia el futuro.

Los Strokes reactivaron la constante modernista del subgénero con inspiradas líricas y sonidos acuñados en el lo-fi. Con su aparición el clasicismo del Uptown se hizo presente. Ritmos poderosos, elementales, melodías haciendo malabares en el swang de las cuerdas, vocalizaciones envasadas en deliciosos monotonos, todo el implícito necesario para el show del nuevo estilo.

Los Strokes ubicaron las raíces del garage en los nuevos tiempos. Los ecos del Velvet Underground y de los ex inquilinos punks del CBGB’s reververaron en la Sala Lounge de Manhattan donde los Strokes sentaron sus convicciones “políticamente incorrectas”. Con ellos se dieron cita la tradición y el hipermodernismo justo en el preludio de una era diferente, la cual  enfrentaba al rock a inéditos retos existenciales.

Comienzos del siglo XXI. Año 2001. Un nuevo orden mundial acompañado de nuevos léxicos y nuevos miedos. El 11-S —la referencia histórica a los atentados de extremistas islámicos contra las torres gemelas de Nueva York—  queda impreso en la conciencia de todos. La tenaz lucha del grupo sueco International Noise Conspiracy por los cambios sociales le imprime al género su sello garage-punk.

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El garage-punk de estos suecos, que no quitan el dedo del renglón sobre su activismo comunista, llama en su apoyo al destacadísimo e importante productor Rick Rubin para continuar con sus críticas radicales al sistema capitalista, enmarcadas con el sonido Lo-fi que los ha caracterizado. Música y política se entrelazan con letras contundentes, ritmos frenéticos y actitudes reivindicativas no sin contradicciones.

Dentro del mismo país escandinavo, otra banda sueca, Randy,  liderada por los hermanos Ganberg, da a conocer también su punto de vista sobre el mundo con el garage-punk más hardcore que se ha escuchado por entonces en aquellas tierras. El cuarteto de Estocolmo practica vigorosamente un sonido que emula el de sus contrapartes de Green Day, en otro punto del planeta.

Suecia es un territorio que se ha caracterizado por ser un semillero del heavy metal y del hard. Sin embargo, sus afluentes dentro del garage son también muy reconocidos. Randy es uno de los grupos más destacados en este sentido por su balance entre energética feroz, juventud y apego al rock and roll. El frenesí de sus riffs y su iconoclastia temática los ubican prontamente en el mapa garagero internacional.

El shock del 11 de septiembre del 2001 le proporcionó al rock de garage un nihilismo ignoto que lo caracterizaría en el mundo desde entonces.

VIDEO SUGERIDO: randy welfare problems, YouTube (punk4rOckr)

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GARAGE 43 (REMATE)

HOWLIN’ WOLF

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL AULLIDO DEL LOBO

Chester Burnett nació en 1910 en el Delta del río Mississippi, en donde permaneció hasta 1948 (es decir, que de todos los bluesmen importantes de la época fue el que más tiempo se mantuvo en su tierra natal). En sus años pasados ahí alternó el trabajo del campo con el de la música, de donde sacó el apodo de «Howlin’ Wolf» (Lobo Aullador) con el que a la postre sería conocido.

En los pantanos de Louisiana, regados por tal río, existe la magia (negra y blanca, el vudú) en muchas manifestaciones y de sus lodos han surgido infinidad de leyendas, como la que dio origen a éste, uno de sus hijos predilectos. La historia del rock son sus mitos y el de Wolf es uno de los más pintorescos.

Chester Burnett era un niño negro de cuya andanza musical obtuvo el apodo que lo daría a conocer y a influir en generaciones de músicos de blues y de rock. Vayamos al principio.

Chester tenía un abuelo al que le gustaba contarles historias de terror  a sus nietos. Chester, por entonces, era muy impresionable como niño y temeroso de tales cuentos, así que su abuelo quiso enseñarle a manejar el miedo y prepararlo frente a la azarosa vida que lo esperaba ya. Lo hizo de la manera más brutal que encontró. Cierta noche lo llevó al cementerio local y le ordenó que permaneciera ahí hasta el amanecer.

Chester superó la prueba y contó a quien quiso escuchar lo que le había acontecido en aquella ocasión. Tembloroso y hecho un ovillo vio salir de su tumba a medianoche a uno de los muertos. Tenía aspecto de animal feroz y, efectivamente, lo mordió. Los temblores cesaron, el miedo desapareció y cuando volteó hacia la luna comenzó a aullarle. Todo su interior se había transformado. Y éste se manifestó en la voz que desarrolló aquel chiquillo: baja, profunda y amenazadora. Lo comenzaron a llamar “Howlin’ Wolf”.

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Con su técnica en la armónica y la voz consiguió atraer la atención de la audiencia y hacerla saltar. Su mayor influencia por entonces fue Charlie Patton con el cual llegó a tocar, lo mismo que con Robert Johnson.

A la edad de 18 años fue reclutado por el ejército. Después de ser licenciado tras la Segunda Guerra Mundial, volvió al Delta y no se decidió a emigrar hasta 1948. Aún así no se lanzó directamente a Chicago, como la mayoría de los emigrantes negros de entonces, sino que se quedó en Memphis, donde reunió una banda (por la que pasaron James Cotton, Junior Parker, Matt Murphy y Willie Johnson) y consiguió un programa de radio en la estación  KWEM en el que tocaba el blues mientras trataba de vender maquinaria agrícola.

Howlin’ Wolf se convirtió así poco a poco en el bluesman más electrizante, poderoso, enérgico y profundo de la posguerra. Dotado de tremendas cualidades físicas (1.90 m de estatura, 120 kilos de peso, además de ese tipo de voz que le había valido el sobrenombre) puso a éstas de manifiesto en sus extravagantes actuaciones. Realizó sus primeras grabaciones en 1951 en los estudios de Sam Phillips.

En algunas de estas sesiones participó Ike Turner, que en esa época era productor y buscador de talentos. Phillips no creó su propio sello Sun Records hasta un año después. Lo que hacía entonces era revender las grabaciones a la compañía Chess en Chicago o a la Modern en California. El éxito que Wolf tenía con su música hizo que ambos sellos editaran su material y pelearan por él hasta que Chess lo convenció para que se instalara en Chicago en 1953.

Las grabaciones que aparecen en la «Chess Box» (1992) están dedicadas a la vida y obra de este músico. Son tres discos compactos que suman un total de tres horas y media de duración y de excelente calidad. Tal compilado no es históricamente menos importante que las retrospectivas de Robert Johnson y Muddy Waters.

Asimismo, las piezas incluidas el álbum doble Ain’t Gonna Be Your Dog (1997) corresponden a la mejor época de Wolf, la que va de 1951 a l962, un poco más de una década, en la que fincó su estilo (una forma de hacer música que hallaba su lugar entre lo tradicional y lo innovador), el cual transformó los orígenes del blues del Delta y se manifestaba en piezas como «Look-A-Here-Baby», «Sweet Woman», «Rollin’ and Tumblin'» o la propia «Ain’t Gonna Be Your Dog».

Con su fórmula que mantuvo con éxito durante los años cincuenta, mismos en los que jóvenes guitarristas del rock lo escucharon, asimilaron y proyectaron en los sesenta: Jeff Beck, Jimmy Page, Pete Townshend, Robbie Robertson, Ronnie Hawkins, Captain Beefheart y Roy Buchanan, entre otros.

Mientras tanto, Wolf había moldeado a sus músicos para incorporarse al sonido eléctrico que en ese momento trasladaba el blues tradicional al dinamismo de la urbe y que ya hacían Muddy Waters, Jimmy Rogers y Little Walter, quienes habían amplificado sus guitarras y armónica e imponían nuevas formas.

En 1965, Howlin’ Wolf apareció con los Rolling Stones en la televisión estadounidense en el programa Shindig!, ante la insistencia de éstos. Los Stones habían corrido el riesgo al comienzo de su carrera cuando en noviembre de 1964 grabaron una canción de blues editada tres años antes por Howlin’ Wolf, el cual ni siquiera logró entrar a las listas de rhythm and blues con ella en los Estados Unidos.

El que «Little Red Rooster» llegara al cabo de pocas semanas al primer lugar en las listas de éxitos británicos fue considerado por Brian Jones como triunfo personal, en contra de los escépticos que predijeron que con esa pieza se acabaría la carrera del grupo.  Como efecto secundario de la hazaña, Howlin’ Wolf, uno de los grandes decanos del blues, medio año después pudo aparecer por primera vez en dicho programa.

(Durante los años siguientes una serie de adeptos blancos al blues retomaron sus canciones, desde los Doors y los Yardbirds hasta Cream y Little Feat y Bonnie Raitt.  Por un tiempo el robusto cantante con la voz imposible gozó de la mayor popularidad como nunca antes. Incluso en su propio país el profeta del blues fue escuchado otra vez a mediados de los sesenta, aunque no tanto como en Inglaterra y el resto de Europa.)

Y luego, en 1969, grabó un disco mítico junto a sus famosos admiradores: Eric Clapton, Steve Winwood, Bill Wyman y Charlie Watts: The London Session (una auténtica clínica de instrucción para los jóvenes músicos británicos).

En la década siguiente su salud prácticamente lo obligó al retiro por sus afecciones cardiacas. Su última aparición la hizo al lado de B.B. King en 1975. Al año siguiente, por complicaciones de una operación, falleció en Hines, una ciudad cercana a Chicago a la edad de 65 años.

VIDEO SUGERIDO: Howlin’ Wolf on Shindig Broadcast Date May 20, 1965, YouTube (Dave David)

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NEW ORLEANS

Por SERGIO MONSALVO C.

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 LA ENVIDIA DE NATURA

(300 años)

Un fenómeno natural con nombre de mujer, Katrina, a 280 kilómetros por hora selló la historia de tres siglos civilizatorios (en el año 2005), y con ella se llevó la vida de una ciudad, la de cientos de personas, pero por igual la leyenda y el registro de la evolución musical del siglo XX. Un maremagnum de muerte y destrucción. El pesar visionario de lo irreparable.

Crescent City (la ciudad de la luna creciente), como se le conoció familiarmente dada su forma, fue uno de los centros urbanitas más importantes de América del Norte. Su pasado indígena, su posterior colonización francesa (a la que debió su fundación en 1718 y la cual le dio su nombre, debido al Duque de Orleáns, su primer Regente), española y, finalmente, la anexión de Louisiana (estado al que pertenece) a la Unión Americana, le proporcionaron una riqueza cultural impresionante.

Desde el comienzo —y desarrollo— de la música estadounidense, Nueva Orléans desempeñó una parte importante en su evolución: prácticamente toda las expresiones populares en este sentido tuvieron ahí su acuñación y marca postrera: ragtime, blues, dixieland, jazz, rhythm and blues, cajun, zydeco, rock, soul…

Dicha metrópolis fue el puerto más grande e importante de aquel país, desde su fundación (antes del huracán recibía en promedio cinco mil embarcaciones de todo el mundo). Fue una ciudad en la que gente de diferentes ascendencias étnicas (nativos norteamericanos, franceses, españoles, alemanes, irlandeses, italianos, caribeños, latinoamericanos, además de la población de origen africano tanto esclava como liberta) se reunió y vivió con un patrón cultural muy diferente.

Las costumbres eran relajadas, con una tolerancia y permisividades muy tendentes a los placeres mundanos (la prostitución era una actividad legal, lo mismo que el juego y no hubo restricciones etílicas hasta la llegada de la Ley Seca y que continuó sin ellas luego de su abolición, con 24 horas al día como premio).

El barrio de Storyville de aquella ciudad portuaria sirvió para apagar la sed de músicos como Buddy Bolden, Louis Armstrong, Jelly Roll Morton, Joe “King” Oliver, Kid Ory. La música de jazz lo recorría todo: bares, tabernas, restaurantes, burdeles, la calle (con sus marchas y funerales) y las aguas del río Mississippi, en barcos que eran salones de baile flotantes.

Un crisol único, pues, que produjo una sonoridad propia, cuyo resultado se tradujo en diversos estilos musicales, con lugares y personajes definitivos al frente y con la negritud omnipresente.

De los 16 distritos históricos en que estaba dividida, el French Quarter —Vieux Carré o Barrio Francés— fue el más importante en este sentido y Storyville su centro fundamental hasta 1917, en plena Primera Guerra Mundial, cuando fue clausurado por el Departamento de Marina “porque su vida disipada podía perjudicar la moral de los soldados y marinos”.

El primer gran fruto musical de la localidad fue el ragtime bajo la firma de Scott Joplin (era la tradición pianística europea del siglo XIX mezclada con la inspiración y la rítmica cruzada africana). De ahí partieron los minstrel-shows (teatro de variedades para públicos negros campiranos) y se consolidó la influencia de las work-songs (canciones de trabajo) y los cantos folclóricos y tradicionales de intérpretes trashumantes que dieron origen al blues del Delta.

De sus calles de clima semitropical brotó también el dixieland (marchas combinadas con blues), las batallas de bandas musicales, la genialidad de Jelly Roll Morton que sirvió de puente entre el ragtime y la tradición de las marchin’ bands (con su exaltación de lo funerario o festivo), el zydeco y el cajun (sonidos blancos de trazos, colores y tonos con reminiscencias europeas y el acordeón como instrumento principal).

Paddle Boat on Mississippi River

Igualmente el cake walk (expresión de las orquestas negras con toda la energía africana), el gospel (canto religioso) debidamente datado y compuesto, los carnavales en su máxima expresión como el Mardi Gras.

De sus casas de citas y ambiente burdelero partió el jazz, género que emprendería desde ahí una de las mayores y más enriquecedoras travesías que haya registrado la cultura, viajando por el río Mississippi hasta el norte estadounidense y al mundo en pleno con todos los derivados que de él se conocen actualmente, con sus aportaciones al lenguaje y al arte en general.

Con sus mitos y nombres legendarios, comenzando por el arquetípico Buddy Bolden, el ya mencionado Jelly Roll Morton, Joseph “King” Oliver, Johnny Dodds, el único y trascendente Louis Armstrong (a quien se debe haber sacado al género del gueto del prostíbulo e instalado en las salas de concierto del planeta entero; al virtuosismo instrumental, a la legitimación del swing, el beat y la improvisación, a la valoración de los arreglos, a la escritura de un nuevo vocabulario, a la creación del papel solista en los grupos, entre otras cosas), estos hombres llevaron al jazz, rumbo a tierras ignotas, llevando tras de sí una cauda infinita de sonoridades (al igual que el blues).

Este big bang contenía nombres y universos varios cuya estela se extiende hasta nuestros días: Fletcher Henderson, Sidney Bechet, Duke Ellington (el más importante compositor estadounidense), Terence Blanchard, Harry Connick Jr. Dr. John, la Original Dixieland Jazz Band (agrupación a la que le tocó la distinción de grabar el jazz por primera vez), Al Hirt, Professor Longhair, Mahalia Jackson (la encarnación del gospel), la familia Marsalis, los Neville Brothers, Louis Prima, la Dirty Dozen Brass Band o los recientemente fallecidos Allen Toussaint y Fats Domino (padrino del rhythm and blues y el rock), etcétera, etcétera.

En el aspecto rítmico, el sonido de Nueva Orléans se remite al beat que se desarrolla con ocasión de los desfiles de Mardi Gras y de las famosas procesiones fúnebres, la llamada «second line». Uno de los pioneros fue el pianista y cantante Professor Longhair, quien fundió en un estilo propio el boogie-woogie, ritmos latinoamericanos, «second line» y elementos jazzísticos.  («Tipitina», «Got to the Mard Gras» e «In the Night»)

VIDEO SUGERIDO: Dr John – Let the good times roll, YouTube (NJPFoot)

Muchos de los hits de Nueva Orléans fueron grabados en el estudio J&M del ingeniero Cosimo Matassa, los éxitos de Fats Domino, por ejemplo, quien dio a conocer el sonido local en todo el mundo. Dave Bartholomew, cocompositor, arreglista y «pensador» de casi todos los éxitos de Domino, además adaptó el rhythm and blues típico de la ciudad al gusto de un público más amplio. En 1949 vendió millones el primer fruto de su colaboración con Domino, The Fat Man.

Los estudios de Matassa, el grupo y el talento como arreglista de Bartholomew atrajeron a muchas compañías disqueras, que con la esperanza de obtener éxitos enviaron a sus artistas al estudio de Matassa como Aladdin (Shirley and Lee), con hits como «Let the Good Times Roll»), Chess (Bobby Charles, Sugarboy Crawford, Paul Gayten y Clarence «Frogman» Henry), Specialty (Little Richard, Larry Williams y Lloyd Price) y Atlantic (Ray Charles).

A fines de los cincuenta, la concentración cambió a las actividades de sus pequeñas contrapartes locales. La más grande entre las pequeñas fue Ace Records, fundada en 1955 por Johnny Vincent en Jackson, Mississippi, con una sucursal en Nueva Orléans. La figura más importante de Ace fue Huey «Piano» Smith, un pianista que grabó música perfecta desde 1957: alegre, con swing y el «chugga-chugga» ritmo salido directamente de los desfiles del carnaval y de hits como «Rockin’ Pneumonia and the Boogie Woogie Flu».

Después de 1960 los sonidos rudos del rhythm and blues cayeron en la desgracia del público masivo. Sin embargo, el joven pianista y productor Allen Toussaint hábilmente se adaptó a los cambios en los gustos con una versión más tranquila del mismo sonido Nueva Orléans. Por otro lado, los máximos éxitos del sello Minit, a principios de los sesentas, fueron «Mother-in-Law» de Ernie K-Doe, «Ooh Pooh Pah Dooh» de Jesse Hill y la resplandeciente y muy elegante «Ruler of My Heart» de la cantante Irma Thomas.

En los sesenta y setenta, Toussaint siguió siendo la figura principal de Nueva Orléans.  Junto con Marshall Schorn, es el hombre detrás de los éxitos de Lee Dorsey, y de hits de mediados de los sesentas como «Ride Your Pony», «Get out of My Life Woman», «Working in a Coalmine» y «Holy Cow».

El sonido Nueva Orléans siguió siendo una receta irresistible a la que recurrieron el pianista y cantante Mac Rebennack, alias Dr. John (quien por cierto también ha desempeñado un papel crucial en la música local desde mediados de los cincuenta, empezando como músico sesionista), el propio Toussaint y los sensacionales Wild Tchoupitoulas, así como el virtuoso grupo de acompañamiento The Meters.

Casi todos los nombres mencionados no han dejado de ser, en la medida en que aún viven, grandes estrellas en la ciudad misma. Los únicos que tuvieron  un papel importante de embajadores en los ochenta y noventa fueron The Neville Brothers, así como cada vez más diversos grupos de metales (Dirty Dozen Brass Band o la ReBirth Brass Band, entre otros).

Los testimonios, la recaudación de datos, las grabaciones originales, los archivos gráficos, la versión documentada de toda esta historia se ha perdido para siempre, lo mismo que las bibliotecas que contenían todo ello en las universidades de Tulane y Loyola; al igual que la arquitectura de sus viejos barrios. Una verdadera tragedia para el patrimonio de la humanidad entera y que al gobierno estadounidense le tuvo sin cuidado.

Destino fatal de muchas personas y de una ciudad a la que oriundos y visitantes denominaban Big Easy (por su diversión y musicalidad), una ciudad que convivía con la magia de dioses antiguos y modernos, con la desproporción y la miseria, en plena civilización.

Pero que a la naturaleza le causó tanta envidia que desbordó en otro agosto su contenido contra ella, en un afán de borrarla de los mapas. A esta generación (que ha celebrado sus 300 años de fundación) y a las siguientes les corresponde evitarlo (la serie de televisión Treme hizo un gran esfuerzo al respecto) con la escritura, el baile, la escucha y la memoria.

VIDEO SUGERIDO: Allen Toussaint & The Funky Meters – Ride Your Pony, YouTube (wwozneworleans)

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COLE PORTER

Por SERGIO MONSALVO C.

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 MÚSICA CONTRA EL VIRUS

 La vida del compositor estadounidense Cole Porter ha sido materia literaria y fílmica. De hecho sólo una cosa es más extraordinaria que su vida: su obra. Por ello Porter se ha convertido a lo largo de los años (desde la década de los treinta) en uno de los compositores más importantes de la música popular del siglo XX.

Este autor fue construyendo sobre los escenarios de Broadway y los estudios de Hollywood una materia musical donde la sofisticación se combinó con el cinismo más elegante; donde las pasiones del amor se fundieron con las burbujas de la vida ligera y alegre con olor de gardenias y trajes esmoquin.

Porter retrató en sus mil canciones el amor desde su estadio más inocente hasta sus profundidades más dolorosas. Como señaló su discípulo, el letrista Alan Jay Lerner: “Cole ha sido el único en describir la pasión, nadie le ha igualado; otros han escrito piezas tiernas, románticas, melancólicas, pero nadie ha cantado a la pasión como él”.

El “toque Porter” hizo de él uno de los creadores más sensibles e ingeniosos de su generación y acabó por transformar la escritura musical. Con él se dio el nacimiento de la canción moderna y su mayoría de edad. Tal como testimonia William McBride en su biografía sobre el compositor: “Cole Porter creó todo un mundo de una manera que ninguna canción de su época había logrado. Era un reino entre guerras de intransigente elegancia y despreocupación indiferente. Y era muy sexi que te invitaran a aquel lugar”.

Tras medio siglo después de su muerte (1964), sus canciones no han dejado de sonar, y hasta se podría dar la vuelta al mundo con todos los intérpretes que las han cantado y los músicos que han buceado en ellas adaptándolas a los más diversos géneros.

Del gran Songbook americano, (que cuenta con los nombres de Richard Rodgers y Lorenz Hart, Irving Berlin, George Gershwin o Johnny Mercer), Porter sigue siendo el más homenajeado. Sus canciones sirvieron de bandera, por ejemplo, para el primer gran proyecto musical en la lucha contra el sida, Red hot + blue (1990), que reunió a la crema y nata del rock y pop internacionales.

El proyecto de ese álbum doble, tributo al compositor estadounidense, tuvo el propósito de recabar fondos para la investigación mundial del SIDA y atender a los afectados por esta deficiencia inmunitaria.

Cole Porter (nacido en 1891 y fallecido a los 73 años) escribió más de veinte obras musicales para ser representadas en Broadway. La mayoría de ellas ‑‑excepción hecha con Kiss Me Kate— era poco más que temas unidos por tramas un tanto endebles.

El fuerte de Porter radicaba más bien en las canciones individuales, perturbadoras y glamurosas con ritmos frágiles y animados, la mayoría de las veces con textos de doble sentido que las volvían controversiales y siempre dispuestas a escandalizar a la recatada audiencia burguesa.

VIDEO SUGERIDO: You Do Something To Me, YouTube (chubbynapinay)

Pese a que Porter vivió largos periodos de su vida en Europa (París principalmente) y aportó una gran sofisticación a la música, nunca dejó de utilizar el slang y el lenguaje cotidiano en sus letras. De esta manera se convirtió en un clásico de la cultura popular estadounidense.

John Carlin, abogado neoyorquino que trabaja para el bufete encargado de administrar el legado musical de Cole Porter, tuvo la idea de rendirle un homenaje al importante creador de aquellos  musicals en el aniversario de los cien años de su nacimiento y, al mismo tiempo, brindar apoyo a las instituciones mundiales que investigan las causas del SIDA y asisten a los enfermos de dicho mal.

Hacía años el SIDA era el mayor tema de actualidad; sin embargo, la preocupación se había ido disolviendo y urgía un nuevo recordatorio a los medios y a la conciencia general.  De tal manera surgió el proyecto de realizar un álbum antológico que rindiera frutos tanto de difusión como económicos (hasta la fecha ya suman quince discos).

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En Red, hot and Blue se conjuntan veinte piezas clásicas del fallecido compositor, interpretadas por otros tantos artistas. Neneh Cherry se encargó de abrir el repertorio con «I’ve Got You Under My Skin», un rap que entró de inmediato como sencillo en las listas de popularidad.

Ella cambió un poco el texto a fin de adaptarlo a la época: «Espero que Cole Porter me lo haya perdonado, pero con esta música quería dirigirme a los muchachos menores de 16 años, los cuales debían y deben enterarse de lo que es el SIDA y de la necesidad de los condones para preservar su vida», declaró.

A Cherry le siguen los Neville Brothers con «In the Still of the Night», luego Sinéad O’Connor con una conmovedora versión de «You Do Something to Me» y la excentricidad funky doudou de Salif Keita con «Begin the Begin»; The Fine Young Cannibals le puso lo pop a «Love for Sale»; y el dúo de Debbie Harry e Iggy Pop, la dureza a «Well Did You Evah!»

De ahí en adelante hay versiones destacadísimas por su originalidad, como las de The Pogues, David Byrne, Tom Waits, Annie Lennox, U2, Les Negresses Vertes y K.D. Lang. El resto de los invitados estuvo constituido por The Thompson Twins, Erasure, The Jungle Brothers, Lisa Stanfield, Jimmy Somerville, Jody Watley y Aztec Camera.

Lo sorprendente de este álbum es que mantiene un primer nivel musical a lo largo del mismo y se escucha como núcleo artístico pese a la variedad establecida.  Ello se debe a que todas las composiciones son del mismo autor y al trabajo de Steve Lillywhite, el productor ejecutivo, quien consiguió trazar una línea clara de sonido.

Especial importancia tuvo que además de auténticas joyas el álbum también contuviera temas comerciales con los cuales alcanzar al público joven. A fin de cuentas, Red, Hot and Blue empezó sobre todo con la ambición de proporcionar a tal público la información suficiente acerca de cómo protegerse de la epidemia mortal.

El proyecto fue apoyado igualmente por modistos de renombre como Jean-Paul Gaultier, Keith Haring, Bárbara Kruger y Rifat Ozbek, entre otros, los cuales diseñaron el material gráfico para las camisetas promocionales; así como por los cineastas Wim Wenders, Jim Jarmush y Percy Adlon, quienes realizaron algunos de los videos.

Las ganancias totales financiarían las investigaciones de ayuda para combatir el SIDA, sobre todo en los países en vías de desarrollo. A través de eventos culturales como el mencionado se ha mantenido hasta la fecha el objetivo urgente de hacer entender al público que no sólo los científicos y los enfermos tienen la necesidad de informarse sobre los pormenores del mal; que cada uno esté consciente de su responsabilidad para terminar con él.

Aquel primer álbum señaló el músculo vigoroso de las composiciones que 60 años atrás había creado el compositor y su rabiosa modernidad a prueba de modas y gustos. Cole Porter siguió y sigue seduciendo con su magia a las nuevas generaciones como lo hizo con las anteriores.

VIDEO SUGERIDO: Neneh Cherry – I’ve Got You Under My Skin (HQ Original Video), YouTube (zoppo9999’s cannel)

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FRANKENSTEIN

Por SERGIO MONSALVO C.

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(MARY SHELLEY)

La de Frankenstein es una historia trágica que comenzó en una reunión estival en 1816 y actualmente ha cumplido 200 años de haber sido publicada por primera vez, con muchos de sus conflictos aún vigentes, en ebullición y con los ecos de un fuerte sonido metálico.

Todo ello fue producto de un Deus ex machina: la erupción de un volcán (la del Tambora, ubicado en Indonesia), que causó un cambio climático debido al enfriamiento global. Por esta causa a dicho periodo se le conoció como “el año sin verano”.

Sus consecuencias produjeron la muerte de miles de personas, en forma directa o a causa de enfermedades, hambre, sequía y la ruina de las cosechas, provocadas por tal fenómeno en muchas partes del hemisferio norte del planeta. Europa sufrió mucho al respecto.

Los británicos que pudieron hacerlo, gracias a su buena posición, viajaron a otros lugares y se instalaron ahí hasta que pasó aquella calamidad. Entre ellos estuvo la polémica pareja de amantes formada por Percy B. Shelley (poeta y filósofo) y Mary Godwin (escritora y filósofa).

La pareja llegó a la casa de campo en Suiza, la Villa Diodati cercana a Ginebra que había alquilado el afamado poeta romántico Lord Byron, amigo de ellos. Todos para curar algunos de sus males y depresiones. La pareja, precedida por el escándalo, el ostracismo social, la muerte de su hija recién nacida y el suicidio de Harriet, la esposa de Percy.

Lord Byron, a su vez y atosigado por las enfermedades, lo hizo acompañado de su doctor de cabecera y amigo personal, el físico John William Polidori (igualmente escritor). De esta manera, entre los desechos mundanos y personales, de aquella reunión brotaron narraciones icónicas, poemas y ensayos que continúan aún hoy siendo motivo de estudio. En especial las de Polidori (El Vampiro) y Frankenstein, escrita por Mary (que tomaría el apellido de Shelley al casarse con aquél ese mismo año).

Y no sólo de estudio académico (filosófico, social, científico, literario), sino también interpretativo y de indagación por parte de varios géneros musicales. El rock entre sus mejores y más representativas muestras, ha sido el que ha llevado al personaje y/o su circunstancia al fecundo universo de su cultura, en todas las épocas.

Fue en la década de los cincuenta cuando la posguerra transformó a los adolescentes en el valor social que no habían sido. Primero como objeto económico (empleos, dinero en circulación, inauguración de mercados, consumo), pero luego el naciente rock & roll les proporcionó la posibilidad del contrapeso, de convertirse en cultura, de crearla y enfrentar los cartabones a los que se les quería limitar.

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Si Chuck Berry en sus canciones describió las nuevas filias de dicho conglomerado, el cine lo hizo con sus fobias. De ambas cosas se nutrió también la cultura juvenil. El cine de terror, desde entonces ha sido una larga tradición para ella. El de serie B, con sus monstruos infinitos se enroló en las incipientes vidas para proyectar así sus miedos y temores.

Las inseguridades de todo tipo (desde la identidad hasta la búsqueda de provenir), el temor al crecimiento (a la responsabilidad, a la adultez), la pérdida de la inocencia (en muchos sentidos), les han generado miedos existenciales (sin importar el lugar de procedencia), asociados a los cambios físicos y al desarrollo de la sexualidad.

Tales temores son eternos y acompañan siempre (en muchos casos aunque se haya dejado de ser adolescente). Y si, además de tocar esa tecla, quien lo hace sabe captar la auténtica naturaleza de esos miedos, entonces surgirán obras memorables que ejemplifiquen todo eso, como la referencial trilogía de Terence Fisher (de los años cincuenta), con respecto a Frankenstein.

Este personaje, aunque no constituya de origen un relato de terror (puesto que no hay de facto el elemental componente sobrenatural), es una de las imágenes surgida de la pantalla (y del comic, otro medio sumado desde entonces) que más ha acompañado a legiones de teenagers a lo largo de las épocas. Es tan familiar como Peter Pan y sus actitudes, aunque más complejo y multidimensional.

VIDEO SUGERIDO: Edgar Winter Group – Frankenstein, YouTube (joneps)

El heavy metal, esa subcategoría del rock que se nutre de los despojos, tuvo y ha tenido en Frankenstein a su mejor metáfora ontológica. Los desechos vueltos a la vida a través de la electricidad, una idea galvánica de la que seguro ninguno de sus representantes tiene conocimiento, pero que la aplican a todo lo que da. Los ejemplos pueden pasar por Blue Öyster Cult y Alice Cooper hasta Rob Zombie, Metallica o Rammstein.

Sin embargo, en otras categorías del género rockero se ha desarrollado esa idea a través de los años (el volver a la vida artificiosamente) como elemento de las imaginerías romántica y moderna de la que está constituido en lo fundamental. Y lo ha hecho para hablar de la situación del hombre frente a la sociedad o frente al cosmos.

Bob Dylan marcó el punto de partida al respecto con el tema “All Along the Watchtower” (la profética épica de la resurrección humana); Bonzo Dog Band (como materia lúdica), New York Dolls (como asunto de identidad), Cibelle (como construcción utópica), David Bowie (y el monstruo como representación) o Vetiver (y la imagen de quien lo ha encarnado).

En fin, el rock siempre atento a sus raíces literarias evoca de tiempo en tiempo al personaje, para hablar y razonar acerca del rumbo humano y sus circunstancias, cada grupo o solista lo hace según la época que le ha tocado vivir. La leyenda de Prometeo revive con cada nueva representación que se haga de la obra de Mary Shelley.

Ésta, la creadora y mujer adelantada a su tiempo, hizo de Frankenstein una fábula universal que puso en el crisol todos los saberes de su tiempo y proyectó a futuro una cauda de cuestionamientos aún por resolver dos siglos después. La obra se fraguó en medio de una noche tormentosa y fue producto de un reto, de la reflexión a la que conduce el ocio bien empleado.

Ella nació en Inglaterra antes de que terminara el siglo XVIII y fue ejemplo avanzado de la curiosidad que despertaban ya en el XIX los nuevos conocimientos en más de una materia. Había sido hija de filósofos y estaba bien instruida en las humanidades, pero su espíritu indagador la llevó a documentarse también sobre las ciencias naturales y sus experimentaciones.

Fue así que logró plasmar y dar vida, con todo conocimiento de causa, a una creación artificial anónima (“criatura”, “monstruo”) y todo lo que ésta podía desatar: desde la revisión de la mitología clásica hasta la actual posibilidad sobre la clonación de seres humanos. Dotar de vida sin teología de por medio. Por eso Frankenstein (nombre que el cine le endosó para fijarlo, lo mismo que su escenografía) se convirtió en un artefacto poliédrico. Tan entretenido y emocionante como profundo y rizomático.

En él confluyen la literatura (con el canon mitológico, la tragedia griega de Esquilo, la novela gótica, los libros icónicos de la Ilustración: Cándido y Emilio, la ciencia ficción, el ensayo en diversas disciplinas: sociales, históricas, políticas y científicas).

La filosofía acude también (con diálogos sobre la ética, la responsabilidad moral, los principios del romanticismo y del modernismo, la educación, discusiones sobre la libertad y la responsabilidad, la razón y la imaginación, la corrupción de la inocencia, las dudas existenciales, la religión y el ateísmo, los conflictos entre el creador y su criatura, entre otros temas).

Asimismo la ciencia (con los límites del conocimiento,  el principio de la vida y su concepto, el experimentalismo y la ciencia ficción, la creación artificial y sus postulados como posibilidad eternamente a discusión, desde Galvani a Darwin, mirando siempre al porvenir de la civilización.

Por eso mismo los estudiosos dicen que “hay un Frankenstein para cada lector, para cada época y para cada escuela de pensamiento”, con lecturas historicistas, freudianas, marxistas, pedagógicas, morales, etcétera.

El rock toma algo de cada cosa y arma su propia criatura artificial, con el conglomerado de piezas conceptuales que lo forman y lo recarga regularmente, cómo no, a base de electricidad, para acomodarlo en su particular nicho canónico.

VIDEO SUGERIDO: Alice Cooper – “Feed My Frankenstein” – Capitol Theatre – May 12, 2016, YouTube (wcsu1997)

FRANKENSTEIN FOTO 3

 

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GARAGE/42

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL IMPERIO DE LAS RAYAS

Detroit, en el estado de Michigan, es la cuarta capital de la música en los Estados Unidos. De ahí brotaron los mejores ejemplos del soul, del proto-punk y el garage revival hipermoderno, con sus riffs y lo-fi.

El revival del siglo XXI, encarnado por los White Stripes, oriundos de Detroit, es la sublime síntesis donde confluyen todos los subgéneros del garage (sesentero, proto-punk, punk, psycho, psicodelia, underground…) junto al blues, el country y el folk.

Jack White, el cerebro del dueto, entra en la categoría de los que hacen art-rock, por su formación cultural y todos los intereses que ha mostrado junto a la música: pintura, arquitectura, cine y músicas diversas.

Todo el bagaje de Jack se ha canalizado hacia un minimalismo donde el axioma “menos es más» ha conseguido la legitimación de lo auténtico. Meg White (la baterista, compañera y esposa) le puso el beat elemental.

El estilo de los White Stripes se encuentra en lo musical y también en todo el arte que rodea al dúo: los videos (dirigidos siempre por reconocidos cineastas), escenografías, vestuarios y portadas de discos.

GARAGE 42 (FOTO 2)

Tras una década de andanzas, discos y otros proyectos paralelos, Jack White está considerado como uno de los mejores compositores de rock de todos los tiempos y también uno de sus máximos guitarristas.

Los White Stripes representan la hipermodernidad del garage en la primera década del siglo XXI, con la múltiple selección de cosas por sobre el imperio del tiempo.

VIDEO SUGERIDO: The White Stripes – Jimmy The Exploder, YouTube (whitEstripEdElephant)

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GARAGE 42 (REMATE)

CAETANO VELOSO

Por SERGIO MONSALVO C.

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 VITALIDAD ALTERNATIVA

El temperamento adolescente de Caetano Veloso lo ha vuelto a hacer. Si en los años sesenta creó el tropicalismo brasileño para escándalo de los sambistas ortodoxos, cuando emuló a Bob Dylan al aceptar el rock y la adopción de algunos de sus procedimientos dentro del nuevo estilo carioca, en la decena inicial del siglo XXI lo volvió a hacer, a llevar la contraria ahora a sus puristas: cambió el tropicalismo por el rock alternativo.

El cantautor Caetano Veloso (nacido en Bahía en 1942), que renovó la música brasilera  hace medio siglo, junto a Gilberto Gil, Gal Costa y su hermana Maria Bethania, con el atrevido movimiento denominado “tropicalismo”, en el último lustro le dijo adiós a los violines, las violas, chelos y tampoco se escucharon ya los tambores bahianos.

A sus inminentes 70 años de edad volvió a cruzar las fronteras genéricas y a practicar, con un nuevo modelo, su irremediable originalidad.

En la actualidad, a los 77, sale al escenario acompañado por tres músicos de la edad de su hijo, el cual ahora también se ha convertido en su productor. Es una banda de rock típica: Pedro Sá (guitarra), Ricardo Dias Gomes (bajo y piano) y Marcelo Callado (batería).

Con ella presentó primero su trabajo denominado , una forma coloquial de decir vocé, tú, en portugués. Y luego Zii e Zie (algo así como chavos y chavas). Una manera muy contemporánea de convocar tanto a su público más abierto como de hacerse de uno nuevo, más joven.

Si, su álbum número 40, rezumaba sexo y ganas de crear problemas con la realidad del tiempo;  Zii e Zie, el siguiente, puso más énfasis en las cuestiones políticas y sociales que han afectado al mundo recientemente.

CAETANO (FOTO 2)

 

 

Es como si el veterano autor hubiera descubierto de nueva cuenta la vida. Ya no es el trabajo de un crooner elegante, ni el de un refinado cantante latino. Ahora en sus conciertos manda el rock de perfil indie.

Es una forma de confirmar lo que hace mucho se sabía: que nunca hace lo que de él se espera. Aunque ya había dado aviso en sus discos anteriores al incluir temas de Elvis Presley, Talking Heads y Nirvana.

Hoy, a quien se lo pregunte, a Caetano Veloso lo destaca la importancia y el potencial creativo del rock alternativo, y reconoce que para la realización de y Zii e Zie obtuvo la inspiración durante la escucha de un concierto que los Pixies dieron para la BBC.

VIDEO SUGERIDO: Caetano Veloso Cê Ao Vivo – Deusa Urbana, YouTube (Alecaxito)

Oyó la música reducida a lo esencial. Concisa y cruda. Y debido a ello comenzó a planificar, como nunca antes, la sonoridad de cada canción desde el mismo momento de escribirla.

El material del primer disco se lo presentó al que sería el guitarrista principal del grupo, Pedro Sá, con los arreglos delineados para dicho instrumento, luego con la ayuda de él y de su hijo, Moreno, reclutaron al bajista y al baterista de entre los amigos de este último.

Influenciado, pues, por esta generación, Caetano Veloso se enroló en la hechura de una obra completamente inmersa en la corriente indie y alternativa.

Los temas que componen ambos discos son totalmente inéditos tras seis años de no acceder a los estudios de grabación. Y en ellos la envoltura va de la samba al rock, el blues y el punk, con el objeto de cantarle al sexo, al desamor, a la política y a la cotidianidad.

El resultado ubica a Veloso –un cantautor consagrado del siglo pasado— como artista vigente y casi atemporal. En una nueva apuesta por la música brasileña pero buscando  sonoridades y mezclas distintas.

Si las pieles sudorosas, pezones, erecciones, orgasmos, toda una poética corporal con imágenes y metáforas lúbricas, son los contenidos de las canciones de .

Los mensajes políticos de la era pre-Obama, así como las duras historias de desconocidos, rotos y marginados, pobres y  yonquis, son los de Zii e Zie.

Y el rock como principio, porque según las propias palabras del autor: “El rock es más sexo que amor, es una expresión de energía”. Pero también está incluida la política social que rechaza los populismos: “Me parece reaccionario justificar lo injustificable y venerar regímenes horrendos como el de Fidel Castro, por ejemplo. Esa forma de izquierdismo amenaza mis sueños de armonía, dignidad y justicia”, ha dicho Veloso.

Caetano dijo en cierta ocasión que sus canciones siempre eran autobiográficas, porque “hasta las que no son, lo son”.

En estos álbumes está lo mismo el sufrimiento por la separación de sus ex mujeres que la condena a las cárceles clandestinas. Hay mucho de rabia en esos temas, una que hace referencia a los tratamientos de lo mismo por Lou Reed o Bob Dylan, del que declara sentirse más apasionado que nunca. “Me gusta como escribe, tanto sus canciones como sus textos autobiográficos”.

Por eso estos son discos diferentes dentro de toda su discografía. Cuando uno escucha las canciones con esta formación rockera comprende por qué Caetano se siente tan vivo ahora, tan redescubridor de pasiones, a las cuales les aplicó además la experimentación.

Esa misma que le recuerda su paso por Os Mutantes, agrupación que puso a Brasil en el mapa de la progresión psicodélica del mítico 1967.

Pedro Sá y él crearon específicamente a la banda rockera para la realización de estos álbumes, pero las canciones son tan maleables que podrían estar es un disco con arreglos de bossa nova.

En ellos autor y acompañantes lograron establecer un diálogo con la historia del rock y el postpunk. Apostaron por las mezclas como enriquecimiento, contraviniendo a los snobs que defienden la pureza de los géneros.

Caetano Veloso va con los tiempos. Está en contra de la idea de autenticidad, no le interesa para nada la pureza en general, porque sabe y lo dice: “No hay nada en el continente de América que sea totalmente puro”.

Y  comprobó estar en lo correcto cuando recibió tras la aparición de estos discos la siguientes líneas de un intelectual y antiguo amigo: “Abandonaste  los tambores de Bahía y las cuerdas, esos sonidos que nos encantaban, ahora has hecho discos con una formato de rock. Y, paradójicamente, creo que me gustan más”.

VIDEO SUGERIDO: Caetano toca música inédita “Falso Leblon”, YouTube (obraprogresso)

CAETANO (FOTO 3)

 

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1958

Por SERGIO MONSALVO C.

1958 (foto 1)

 VALORES Y SIGNIFICADOS

El significado mayor de una canción se obtiene cuando ésta entra en la historia por sus méritos estéticos y sociales. Esa es la manera en que una pieza produce un significado y un valor agregado a la misma.

Algunas canciones del rock & roll que surgieron en 1958 (más que los discos, de los que sólo tres pueden ser considerados importantes: Bo Diddley, homónimo del músico; Elvis Golden Records, de Elvis Presley y el debut de Duanne Eddy con Have ‘Twangy’ Guitar Will Travel) lo han conseguido con una presencia al principio discreta por la situación por la que pasaba el género, pero que con el tiempo se ha vuelto indispensables, clásicas y standards para explicar, con la eterna frescura que conservan, toda una era, y en algún caso a la creatividad humana misma.

El reconocimiento de tales piezas proviene de una diversidad sustentada en su poderoso lenguaje y en la pugna por la identidad en un tiempo crítico y en mutación. Diez grupos o solistas presentaron su propuesta rockera ese año marcada por las circunstancias y lo colectivo.

(“Ramrod” – Duanne Eddy; “Johnny B. Goode” – Chuck Berry; “Great Balls of Fire” – Jerry Lee Lewis; “Summertime Blues” – Eddie Cochran; “Yakety Yak” – The Coasters; “High Class Baby” – Cliff Richard; “Rave On” – Buddy Holly; “Hard Headed Woman” – Elvis Presley; “Come On Let’s Go” – Ritchie Valens y “At The Hop” – Danny & The Juniors)

Temas creados en un tiempo en el que la poética del rock, escrita y cantada, comenzó a ser una realidad beligerante y cierta, frente a las represiones sociales, la censura, los ataques y descalificaciones hacia una generación que emergía con necesidades y reclamos diferentes.

La nómina de canciones mostrada deriva, ante todo, de la sensibilidad y el gusto de una juventud que se reconocía a sí misma y a sus representaciones en dichos temas. La lista mencionada  parte desde la absoluta conciencia de no ser subjetiva, sino histórica, reafirmando así su presencia indiscutible.

Con su malestar social todos esos tracks son la réplica generacional a un mundo al que se le desmoronaban las verdades establecidas.

 En ese año, la revista Music Journal condenó al rock como «regresión a los ritmos de la selva que incita a los jóvenes a orgías de sexo y violencia. Los adolescentes lo utilizan como pretexto para olvidarse de toda inhibición y pasar por alto por completo las convenciones de la decencia».

Cada una de las sucesivas manifestaciones del rock and roll surgió brutal en los lugares en donde fue creada. El poder en los Estados Unidos las consideró desde entonces peligrosas, subversivas y una amenaza para la juventud, pidiendo al mismo tiempo que se hiciera algo al respecto. Y el gobierno realmente lo hizo. Los encargados de vigilar y castigar se dieron a la tarea de mediatizar a la bestia (luego en cada lugar de la Tierra otros gobiernos hicieron lo mismo).

1958 (foto 2)

El 24 de marzo de 1958, Elvis Presley fue llamado a filas y rapado por el ejército estadounidense para cumplir con su servicio militar. Como Elvis no era precisamente muy consciente del fenómeno que representaba, dobló las manos sin mayor aspaviento. Su ingreso al ejército recibió la mayor publicidad.

Sin embargo, el poder no contaba con que en el rock and roll hubiera más de una cabeza y tuvo que replegarse para volver a planear una nueva estrategia destructiva.

La canción del año de 1958 fue «At the Hop» de Danny and the Juniors, un grupo que tenía sus orígenes en el doo-wop de Filadelfia. Habían saltado a la fama gracias a sus apariciones en el famoso Show de Dick Clark, American Bandstand, y por enfrentarse con temas como «Rock and Roll Is Here to Stay» (El rock and roll llegó para quedarse) al ataque social que estaba recibiendo el género, del que incluso se hacían masacres disqueras —rompiendo acetatos— por parte de estaciones de radio retardatarias y fundamentalistas que sólo gustaban de la música campirana.

VIDEO SUGERIDO: Buddy Holly & The Crickets “Maybe Baby” 720p HD, YouTube (LochlouieLiving)

1958 (foto 3)

 

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