ELLAZZ (.WORLD): VIKTORIA MULLOVA

Por SERGIO MONSALVO C.

ELLAZZ (.WORLD) VOL. I (PORTADA)

 CRUCE DE MUNDOS

VIKTORIA MULLOVA (FOTO 1)

 Los mundos del jazz y de la música clásica a veces se cruzan, a veces se rechazan, pero han caminado de manera paralela durante el último siglo. Son mundos con sus propias historias, leyendas, mitología y obras maestras; con personajes que han vivido el éxito y la aclamación lo mismo que el nulo o tardío reconocimiento por su quehacer en tal labor de mezcla llamada Jazz Progresivo. Hablar de este fértil campo musical resulta apasionante y aleccionador.

Representante de ello es Viktoria Mullova, una auténtica estrella como intérprete del violín clásico contemporáneo, quien ha traído a dicha escena musical aires frescos y renovados entusiasmos así como caminos y puentes hacia otros géneros, como el pop y el jazz.

Los aficionados de los géneros clásico y jazzístico al incursionar por primera vez en dichos terrenos reciben impresiones fuertes, determinantes para toda la vida. Si se les llega a preguntar sobre sus acercamientos a dichas músicas, juran y perjuran que esa primera vez les causó una emoción tan fuerte que sienten que lo que habían experimentado hasta aquel momento no había sido nada comparado con ésa.

En los escuchas de ambos géneros el gusto les ha dejado una huella mucho más profunda que cualquier cosa que hayan oído antes. Y seguramente es verdad, porque así deben ser las aficiones: definitivas y siempre en incremento. Estas sensaciones vuelven cada vez que se presenta la oportunidad de escuchar la música.

Conforme el jazz se ha ido estableciendo de manera firme en los círculos académicos y en las salas de conciertos en distintos lugares del mundo –al igual que los compositores del departamento clásico han ido contando con las facilidades para integrar a su gusto agrupaciones orquestales y arreglos al estilo jazzístico, para una danza o la dirección musical en una obra de teatro —, muchos de los resultados obtenidos con la libertad creativa se han aproximado entre sí: adaptando los cartabones de la música clásica a los del jazz de formato extendido.

Existen ya ejemplos tanto espectaculares como sutiles —ocultos estos últimos en subterfugios de la más variada índole— de compositores clásicos que incorporan las formas e influencias del jazz en sus obras sinfónicas y de cámara. Ambas cosas son un hecho.

¿Se tratará acaso de que los dos géneros musicales se han acercado hasta el punto de tocarse constantemente, conforme pasa el tiempo? ¿Existirá ya alguna especie de herencia genética para enriquecer sus respectivos campos del uno con el otro? Los puristas de los dos bandos ya han acusado síncopes y desmayos por esta sospecha.

Sin embargo, es tangible que la actitud y la atmósfera engendrada por la academia y por la sala de conciertos  han despertado las tendencias “clásicas” latentes en algunos compositores de jazz y, al mismo tiempo, la envidia por el blues, el swing y la improvisación en los compositores clásicos. Muestras las hay de sobra y al parecer la fusión en este sentido, al igual que con otros muchos géneros y corrientes, es una circunstancia estética e histórica irreversible y en pleno desarrollo, mientras los purismos son lacras en extinción.

Según el saxofonista noruego Jan Garbarek, el jazz cerró un círculo junto al siglo XX y abrió otro con el nuevo. Don Cherry fue quien en su momento indujo a este músico a integrar el folclor y la música académica escandinava en su música. “Eso cambió mi relación con ella de manera radical y determinante —ha dicho Garbarek—. Las influencias más importantes en la música sincopada de hoy no proceden de ella; sin embargo, el jazz posee la fuerza suficiente para asimilar dichas influencias y mantenerse fiel a sí mismo”.

Ralph Towner, uno de los músicos más respetados del medio y fundador del grupo Oregon, cuenta con una formación clásica sólida como compositor y guitarrista, y la aplica al jazz progresivo sin empacho alguno. Este proceder es muy fructífero y con todo un mundo nuevo por recorrer. La autenticidad no se pierde, al contrario, aumenta la interrelación de los sonidos. Con ello surgen nuevas categorías y la positiva sensación de que las cosas, como debe ser, se encuentran en movimiento.

La intérprete rusa Viktoria Mullova forma parte de ese movimiento. Es una violinista extraordinaria que aporta un estilo muy particular a sus interpretaciones. Se ha distinguido en sus conciertos por su capacidad para establecer un vínculo de empatía con el público. Egresada del Conservatorio de Moscú ha colaborado como solista con las mejores orquestas y directores del mundo con una lista interminable de referencias (la Sinfónica de Montreal, de San Francisco y de la Radio Bávara, entre otras). Y, además, es líder de su propio grupo de cámara.

VIKTORIA MULLOVA (FOTO 2)

Mullova realizó sus estudios iniciáticos en la ya mencionada Escuela Central de Música de Moscú y en el Conservatorio de la misma ciudad, de donde es originaria.

Su virtuosismo instrumental, dinamismo y curiosidad artística la han llevado a explorar todas las posibilidades que le brinda el violín (es poseedora del famoso Stradivarious conocido como “Julius Falk”, construido en 1723), diversificando su repertorio a través de grupos formados por ella: el Mullova Chamber Ensemble (dedicado a Bach) y la Orchestra of the Age of Enlightenment (que tiene como proyecto la obra de Mozart al igual que del pop, con la de los Beatles, sobre todo, y el jazz).

La dirección de Mullova en estos grupos es ejemplar, grácil, animada y proporciona una versión “moderna”, en términos de sonido y estilo. Su trabajo con la Orchestra, como solista y directora en la ejecución de las obras de Mozart, por ejemplo, ha resultado muy exitoso.

La Ice Queen, como se le conoce en el medio musical, atrajo la atención cuando en 1980 obtuvo el Primer Premio en el Concurso Sibelius realizado en Helsinki. Un par de años después se hizo acreedora a la Medalla de Oro en el Concurso Tchaikovski de Moscú, el cual incluye interpretaciones originales tanto de compositores barrocos (Bach) como clásicos (Mozart).

Junto a otros músicos jóvenes que comparten sus mismas ideas musicales fundó como ya se apuntó el Mullova Chamber Ensemble, formación con la cual debutó durante una gira por Italia en 1994. El disco dedicado a los conciertos para violín de Johan Sebastian Bach, por parte de éste corroboró las capacidades para dar nueva vida a música antigua.

Asimismo, inquieta por naturaleza, Viktoria Mullova fundó también otra agrupación en el año 2000, con la cual se presenta como directora y solista. Se trata de la ya mencionada Orchestra.

El primer disco de la Orchestra bajo su influjo retomó los Concertos 1, 3 y 4 de Mozart, quien los escribió en Salzburgo entre 1773 y 1775. Escuchados con sus versiones, estos Concertos adquieren una enjundia inusitada, fantasía, flexibilidad rítmica y expresividad. La Orchestra les proporciona un tejido transparente y detallado con un acabado final de sorprendente y delicada ligereza.

Posteriormente la violinista exploró un nuevo camino en su universo musical mediante un concepto al que tituló “new classical”, el cual quedó plasmado en el álbum Through the Looking Glass, en el que incluyó arreglos de obras de Miles Davis (“Robot 415”, con sus cinco movimientos), Duke Ellington (“Ad Lib on Nippon”), Joe Zawinul (“The Pursuit of the Woman with the Feathered Hat”), Erroll Garner (“Misty”) y Jaco Pastorius (“Teen Town”), entre otros.

 

El jazz está cambiando y en el curso del proceso de abrirse a otros estilos ha dejado de ser jazz, según los apocalípticos, pero para los integrados ha expandido sus horizontes y es más jazz que nunca. En la música vivimos ya en el tiempo de las mezclas.

Nadie en su sano juicio saldría a batirse para defender la virginidad y pureza de ningún género. La confrontación entre las músicas del mundo (populares y académicas) y la presencia constante de éstas, ha redundado en una relación muy diferente con la música en general.

Resultaría inconcebible en la práctica que alguien decidiera no escuchar otra cosa durante toda su vida que un solo tipo de música. Sería como una autodestrucción. Oír la obra de la Mullova, en este sentido, es brindarse la oportunidad de ensanchar las referencias personales.

Para la realización de Through the Looking Glass, Viktoria Mullova invitó a colaborar al jazzista británico Julian Joseph (pianista, clarinetista, baterista, cantante), un egresado de Berklee que ha trabajado con gente como Branford Marsalis, Courtney Pine y George Coleman, por mencionar algunos.

Los arreglos de todos los temas fueron escritos en especial para ella por el compositor y cellista Matthew Barley (su actual esposo), combinando la pureza de su sonido, su vitalidad rítmica y su afamada técnica con una muy buena y calculada espontaneidad.

VIDEO SUGERIDO: Viktoria Mullova – Garner: Misty, YouTube (Viktoria Mullova)

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PULSOR 4×4 – 48 (2001)

Por SERGIO MONSALVO C.

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EL BEAT DE LA IDENTIDAD

 (2001)

 En el 2001 comenzó el siglo XXI y el III milenio.

En los Estados Unidos los científicos presentaron al iniciático primate modificado genéticamente.

Jimbo Wales y Larry Sanger crean Wikipedia, la enciclopedia digital a nivel global.

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El surgimiento de un grupo como Gorillaz habló de que con la llegada del siglo XXI las relaciones existentes entre la música y su recepción, es decir, las maneras con las cuales se escuchaba y se “miraba” la música, habían sido modificadas gracias a los adelantos tecnológicos y a la interrelación con diversos medios de comunicación de una banda como ésta.

Gorillaz también vino a corregir la vieja idea de los apocalípticos acerca de que el aumento en el uso de la tecnología de vanguardia en la producción iría en detrimento de la creación artística. Para nada. Gorillaz fue un acontecimiento multimedial de alta tecnología y al mismo tiempo un sólido proyecto musical interdisciplinario. En suma, un fenómeno positivo y actual de la cultura popular.

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Amnesiac apareció en junio del 2001 y de acuerdo con los rumores sería “más accesible” que su antecesor, pero sólo fue así hasta cierto punto. Los textos seguían siendo oscuros y las melodías daban vueltas inesperadas. Este quinto álbum de Radiohead salió al mercado, y de inmediato se le consideró el hermano de Kid A (si se hace caso omiso de unas cuantas diferencias de matices): todos los tracks de ambos álbumes eran producto de las mismas sesiones y, aparentemente, sobraron un número suficiente de buenas canciones para justificar un segundo lanzamiento al cabo de nueve meses.

Es más, “Pyramid Song” (de Amnesiac) y “Everything in Its Right Place” (de Kid A) suenan parecidas. Yorke las grabó la misma semana en que se compró un piano. Para los acordes utilizó las teclas negras. Para “Everything…” cargó el piano en la laptop y lo programó, pero “Pyramid Song” sonaba mejor sin elaboración. Al trabajar esta última estaba obsesionado con la pieza “Freedom” de Charlie Mingus.

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El rock de garage, puro y llano, dio una nueva vuelta de tuerca al comenzar el siglo XXI. Y lo hizo en la ciudad cuna de muchos de sus hitos y mitologías: Nueva York. De la Babel de Hierro, no de sus pestilentes calles sino de sus penthouses, escuelas de arte y ambientes bohemios, brotaron los jóvenes adalides. Se hicieron llamar The Strokes y representaron al garage de raíces urbanas perfilado hacia el futuro.

Los Strokes reactivaron la constante modernista del subgénero con inspiradas líricas y sonidos acuñados en lo-fi. Con su aparición el clasicismo del Uptown se hizo presente. Ritmos poderosos, elementales, melodías haciendo malabares en el swang de las cuerdas, vocalizaciones envasadas en deliciosos monotonos, todo el implícito necesario para el show del nuevo estilo.

Los Strokes ubicaron las raíces del garage en los nuevos tiempos. Los ecos del Velvet Underground y de los ex inquilinos punks del CBGB’s reververaron en la Sala Lounge de Manhattan donde los Strokes sentaron sus convicciones “políticamente incorrectas”. Con ellos se dieron cita la tradición y el hipermodernismo justo en el preludio de una era diferente, la cual  enfrentaba al rock a inéditos retos existenciales.

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Comienzos del siglo XXI. Año 2001. Un nuevo orden mundial acompañado de nuevos léxicos y nuevos miedos. El 11-S —la referencia histórica a los atentados de extremistas islámicos contra las torres gemelas de Nueva York—  quedó impreso en la conciencia de todos.

VIDEO SUGERIDO: The Strokes – Las Nite (Official Music Video), YouTube (The Strokes)

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PULSOR 4x4 (REMATE)

LIBROS: CORRIENTE ALTERNA

Por SERGIO MONSALVO C.

ENTREGA XII (FOTO 1)

 (REVISTA/FANZINE)

La publicación CORRIENTE ALTERNA en todas sus fases (con ocho años de existencia, entre 1993 y 2001, y 58 números en total) reafirmó las intenciones con que fue concebida por su fundador, director y editor, Sergio Monsalvo C.: devolver a la palabra la importancia fundamental que tiene, en beneficio del análisis musical cotidiano; reflejar la pasión  por la búsqueda y descubrimiento de los sonidos que componen diversas realidades, y trasmitir la información sobre las expresiones artísticas en este sentido, que se crearon en el underground, a la vanguadia, tras los límites o al margen de los canales más comerciales, y que representaron (en su momento) otras elecciones estéticas.

La revista (fanzine) estuvo inscrita en lo «alternativo», en su afán por la expansión de las fronteras, sin restricciones y con una propuesta editorial lejana a los lugares comunes. De la misma manera analizó la influencia de las distintas músicas en otros ámbitos de la cultura global.

«Alternativo» es uno de los términos de los que se ha abusado en demasía, sin embargo, ha mantenido su significado. Si se le utiliza (cualquiera que sea el concepto en que se emplee) es sobre todo porque ninguna otra palabra describe de modo tan sencillo tamaña pléyade de actividades. Es la manifestación cultural aún inaceptable para lo convencional, y actúa fuera de éste.

Las actitudes alternativas, adaptadas por sensibilidad a los matices rápidamente cambiantes de la sociedad, son las primeras en formular con palabras y obras aquello que tantos otros no ven, ni sienten. De esta forma, lo alternativo cumple una función importante en cuanto ayuda a la mente a mantenerse ágil; pone en tela de juicio y promulga, con su ejemplo, la idea de que siempre hay opciones para pronunciarse. Ello, a final de cuentas, fue lo que significó «alternativo» para esta publicación.

 

Corriente Alterna

Revista/Fanzine

Editorial Doble A

Fundador y Editor

Sergio Monsalvo C.

México, D. F., 1993-2001

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BABEL XXI – 528

Por SERGIO MONSALVO C.

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RETRATO DEL ARTISTA CACHORRO

(LIBROS CANÓNICOS 28)

 

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

https://www.babelxxi.com/528-retrato-del-artista-cachorro-libros-canonicos-28/

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CARTAPACIO: PARA LA FOTO

Por SERGIO MONSALVO C.

PARA LA FOTO (FOTO 1)

 (RELATO)

Se sentó en uno de los rebordes de la entrada al Metro, con los pies colgando hacia adentro, suspiró a causa del calor y del cansancio. Se quitó los lentes oscuros para limpiarse la cara y los cristales embarrados de sudor.  Mientras hacía esto, la cámara le colgaba del cuello a la altura del ombligo.

Volteó hacia la avenida y vio a los autos y camiones en su estrepitosa ida; a los autobuses  y tranvías descargando y cargando pasajeros. Sintió que de alguna manera toda la gente hacía el ridículo al abordar los vehículos tratando de no caerse, agarrar el tubo para sujetarse, o evitando que los altos tacones se les rompieran.

Si trabajara para el programa de Candid Camera, ahí en ese preciso lugar instalaría un aparato para registrar todas esas escenas pasto del escarnio humano que resultan tan atractivas a la gente. El absurdo magnificado a su más estúpida potencia.

Bajó la vista y descubrió el submundo que pululaba en las escaleras y el comienzo del pasillo de acceso al Metro bajo sus pies. Una gran cantidad de vendedores de toda índole alrededor de variadas mercancías: dulces, pilas para reloj, muñecas de trapo, chicles, cacahuates, contrabando menor, peines, lentes, pósters, aretes, desarmadores, juguetes…

Había también cantantes invidentes, mutilados o ancianos interpretando piezas lastimeras  de toda ídole y género, haciendo sonar sus botes con monedas, e igualmente estaban las figuras fijas, inamovibles, permanentes de piedades embozadas con la mano extendida y un niño en el regazo, dormido, enfermo o hasta muerto.

Todo un cuadro en el que cada personaje daba la impresión de estar interpretando un papel en un drama grandioso; cada uno comprometido en una disputa de atención no sólo con los que participaban en él sino también con el público circulante al que ofrendaban desesperación, incredulidad, desprecio, indignación, hambre, engaño, la realidad pura y llana.

Su dedo apretó el disparador y sacó la foto para una futura exposición.

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PATSY CLINE

Por SERGIO MONSALVO C.

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 LA PENA AMOROSA

El velo que separa lo cursi de lo trascendente es muy fino. Es la célebre y crucial línea que separa lo irrelevante de la poesía. Lo mismo pasa con la música. Dicho velo también es muy fino para diferenciar al cantor verdaderamente relevante del montón de vocalistas. Muy fino para diferenciar el grano de la paja.

Diferencia por igual al cantante que simplemente cuenta cosas de aquel que lo transporta a uno con ellas, lo rompe en pedazos, le da vuelcos al corazón o revoluciona las pulsaciones hasta la locura. Una de estas cantantes se llamó Patsy Cline, quien grabó su nombre en la historia de la música con el fuego de sus interpretaciones, con la exposición de sentimientos reales y con la empatía que hacía sintonizar con ella un cúmulo de emociones particulares.

Adentrarse en los recovecos de lo amoroso (desde la perspectiva femenina de la ilusión romántica, hasta llegar a la duda, el resentimiento o el desamor) con la música que ella interpretaba (country pop), continúa siendo una forma de proyectar lo inteligible sobre ese acontecer humano.

Es aplicarse a una descripción casi fenomenológica de las reflexiones y los pensamientos sobre el enamoramiento (el energético, el autodestructivo o el patético, entre otros existentes). Con sus canciones es posible lamerse las heridas, porque siempre estarán en la mente y en el corazón. Aunque no sea precisamente en los momentos de plenitud que ofrezca la vida.

Patsy Cline nació en Virginia, Estados Unidos, en 1932 (su nombre original era Virginia Patterson Hensley), como hija de un matrimonio fracasado que terminó con el abandono del padre. Con dotes artísticas se inclinó por la danza, pero descubrió en el canto su verdadera vocación. Como autodidacta se dejó conducir por el instinto y algunos nombres conocidos en la estación de radio que escuchaba.

Cline comenzó entonces a interpretar canciones populares de hillbilly (éste es un nombre que se usa en la Unión Americana para definir a los habitantes blancos de áreas remotas, rurales o montañosas del sur del país. En particular para describir a los oriundos de los montes Apalaches, una de las zonas más pobres de la Tierra del Tío Sam. Esos Montes fueron colonizados en el siglo XVIII por inmigrantes pobres y campesinos de Escocia, Gales e Irlanda, que constituyeron una población social y culturalmente introvertida, rústica e ignorante, poco dada a relacionarse. Por eso mismo su música tradicional, basada en las baladas, sobre todo, se mantuvo sin cambios durante doscientos años, pero influyó en el folklor de las zonas vecinas).

El estilo hillbilly (con varias vertientes) giraba principalmente alrededor de tres instrumentos de cuerda: guitarra, mandolina y violín (o fiddle). Mucho más tarde, ya en el siglo XX, se le añadió el banjo y el contrabajo. En la cuestión vocal es fácil de reconocer por las voces agudas de sus solistas.

La música country se enriqueció con la fusión de estos sonidos y le aportó al género un gran impulso popular. A mediados de siglo, el poder de un medio como la radio ayudó en la difusión de los nuevos talentos con dicho estilo. Lo cual extendió su mercado a zonas como Pennsylvania, Ohio, Michigan o Virginia, abandonando el sur como único mercado posible.

Esta situación permitió que una joven Patsy Cline (el nombre artístico de Virginia) pudiera tener una oportunidad en el legendario Grand Ole Opry de Nashville, el programa radiofónico donde se daba oportunidad a decenas de artistas que actuaban sin cobrar pero que alcanzaban una enorme reputación.

VIDEO SUGERIDO: Patsy Cline – She’s Got You, YouTube (envoirment)

Con gran determinación y una voz aterciopelada, en 1957, rompió todas las expectativas con el tema “Walkin’ After Midnight”, que tras grabarse llegó a las listas no sólo del country sino también del pop. Algo completamente inusual, dado que ambas parcelas estaban bien diferenciadas.

Sin embargo, fueron sus siguientes canciones donde se marcaron indisolubles las señas de su mejor repertorio. Haciendo uso de su timbre de voz maravilloso cantó desde entonces a los corazones rotos con el orgullo que siempre le había faltado al género.

Pero Patsy no sólo aportó eso a dicho campo. Fue una mujer que irrumpió inesperada e inopinadamente en un mundo musical dominado en exclusiva por los hombres. Por asilvestrados hombres del sur que cantaban sus cuitas campiranas, rodeados por fogatas, ganado y la soledad de las praderas.

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Ella cambió los parámetros del género y lo hizo a muy corta edad. Marcó sus propias pautas y adquirió un rápido éxito de público, a pesar del rechazo que sufrió de parte del medio por ser “demasiado joven y desafecta a las tradiciones”. Eso la proyectó aún más.

Patsy Cline le quitó lo ranchero, lo rural, al country y lo llevó a la urbe, lo dotó de nuevos instrumentos y orquestaciones (cuerdas, vientos y coros, como los de The Jordanaires, los antiguos acompañantes de Elvis) gracias a la ayuda de productores como Owen Bradley, y lo introdujo en el pop. Para ello, su voz fue perfecta por intensidad y estupenda dicción, sin acento de ningún tipo (y menos sureño). Y, como efecto principal, le imprimió la mirada de la mujer, de la otredad, a tal género.

Y lo hizo en el más de un centenar de piezas que grabó entre 1955 y 1963, año en que falleció en un accidente de avión, y de entre las cuales renació como una leyenda.

Cline sacaba lo mejor de sí en las baladas. Porque estas canciones son de otra especie. En ellas la cuestión es comunicarse, específicamente de hacerlo con lo más íntimo del ser, y la calidad con la que un artista trata la balada sirve como medida casi exacta de la profundidad de su propia naturaleza.

Este tipo de piezas distinguen a los hombres de los muchachos; a las mujeres de las niñas. Una balada bien dicha cristaliza las emociones, elimina las barreras entre el intérprete y el escucha, revela verdades y establece la retroalimentación “soul to soul”. Lo cantado y contado por el (la) cantante se entiende mejor conforme se presta más atención a las letras y se intensifican las sutilezas y los matices de la interpretación vocal. Cada palabra cobra su real importancia.

Las piezas de este tipo que cantaba Patsy Cline les daba a los músicos tiempo para dar forma a cada nota y frase, a la vez que le brindaban a ella la oportunidad de hacer declaraciones significativas y de conectarse con el escucha en los niveles más profundos.

Ella cantó muchas en este sentido, pero la obra cumbre de tal cancionero fue “Crazy”. Un tema country original de Willie Nelson. Una balada de jazz pop con tintes country en la versión de Cline. Una melodía compleja que habla sobre la confesión que se hace a sí mismo el intérprete acerca del hechizo que ejerce el enamoramiento sobre él.

El amor es la condensación de la vida, representa su esencia más perfecta. Está amasado con goce y tormento, con asombro y decepción, ilusión y temor. Todo ello en proporciones excepcionales, casi inhumanas (con toda probabilidad sea ésa la causa por la que con tanta frecuencia se siente la tentación de hablar de él como si se tratara de una auténtica locura).

Lo que hace que la existencia se convierta en insoportable cuando se le pierde o en un delirio de felicidad cuando se disfruta de él. Esa es su naturaleza y sus escalas: el amor es simplemente demasiada vida. Y eso Patsy Cline lo sabía y recreaba.

VIDEO SUGERIDO: Patsy Cline – Crazy, YouTube (CobraNight11)

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BABEL XXI – SINOPSIS (20)*

Por SERGIO MONSALVO C.

BABEL XXI (FOTO 1)

 (96-100)

 

SINOPSIS 20 (FOTO 2)

BXXI-96 DAMIEN JURADO

El de Damien Jurado es un mundo plagado de afligidos hombres y mujeres con anhelos rotos y vidas desoladas, quienes están a la espera de algo que nunca llega. Los personajes de sus canciones se convierten en criaturas furtivas que de alguna manera y pese a todo mantienen cierta pureza en ese «mundo perdido hace tiempo”, como los describiera el escritor John Cheever en su momento. Con el reciente lanzamiento de una serie de álbumes –Caught in the Trees, Saint Bartlett, Maraqopa— en donde su observación atingente y aguda de la realidad de su entorno se ha divulgado más allá del círculo de culto, un mayor número de escuchas ha descubierto en Jurado su rica contribución lírica en tal sentido.

VIDEO SUGERIDO: Damien Jurado – “Caskets” (Official Video), YouTube (SecretlyJag)

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BXXI-97 IKE TURNER

 

La historia oficial de la música nunca le ha hecho justicia a Ike Turner, un excelente intérprete del blues, del rythm & blues, del soul y funk en la guitarra, además de ser un compositor prolífico y agudo productor en estos géneros. Turner, participó en la grabación de más de ochenta singles, bajo su apellido o respaldando a grandes nombres como Howlin’ Wolf, B. B. King, Elmore James, Otis Rush o Buddy Guy. Para su desdicha, ninguno de esos lanzamientos llegó al gran público: no traspasaron el mercado afroamericano. En cambio, la pieza que arrancó la escucha del r&r, de su autoría, y que ha cumplido 70 años se convirtió en histórica pero fue registrada a nombre de otro músico.

VIDEO SUGERIDO: Ike & Tina Turner – Respect 1971, YouTube (fritz5174)

SINOPSIS 20 (FOTO 4)

BXXI-98 MARK OLIVER EVERETT

 

El arte rockero de Mark Oliver Everett, principalmente cuando se encarna como EELS, aspira a lo que Edgar Allan Poe (uno de sus héroes románticos) llamó «Unidad de Impresión». Ésta es la coherencia emocional en el yo que experimenta la obra, es decir la buscada confusión de los diferentes “yos” que hablan y se interfieren en la reinterpretación de la vida personal. Ése es en definitiva uno de los encantos de la música de Everett. Las letras de sus canciones, en casi una decena de álbumes, y el texto autobiográfico Things the Grandchildren Should Know (Cosas que los nietos deberían saber) constituyen el modo natural de expresión para su estética particular.

VIDEO SUGERIDO: EELS – Trouble With Dreams, YouTube (sundonotcry)

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BXXI- 99 JJ CALE

 

Con JJ Cale apareció el “Tulsa Sound”, una combinación de música popular folclórica rural, polka, dixieland y blues que contenía también el rockabilly, complemento de la ya de por sí rica sonoridad regional. Desde su primer disco grabado como Johnny Cale, Shok Hop (1958), sus características como músico afloraron: guitarra de solos moderados y ligeros en el punteo, ritmos shuffle relajados con cambios simples de acordes, voces dobladas y letras agudas que reflejaban el acontecer cotidiano. Sencillez y naturalidad sin artificios. A músicos como Eric Clapton, por ejemplo, que ha popularizado sus temas “After Midnight” y “Cocaine”, su estilo siempre le ha parecido la mejor técnica que conoce.

 

VIDEO SUGERIDO: Eric Clapton/JJ Cale – Call Me The Breeze, YouTube (mprwac)

SINOPSIS 20 (FOTO 6)

BXXI-100 DAAU

 

Tras el nombre de DAAU se esconde un original grupo belga que factura una sugerente base jazzística que mezcla la música académica con chispazos de dance, flamenco, tango, tecnología digital y rabia rockera. Su inicial elección de los instrumentos (de cuerda, alientos y acordeón) los llevó a crear un estilo característico: una fusión de Vivaldi, de la Europa oriental (gypsy) y de la música de Frank Zappa. Los miembros de la banda recibieron formación clásica pero con sus instrumentos no podían tocar tan fuerte como los grupos de rock. Así que se les ocurrió hacerlo con agresividad y rapidez y les empezó a salir esa música que en la segunda década del siglo XXI mantiene boquiabiertos a los escuchas.

VIDEO SUGERIDO: Daau pianodub, YouTube (musicalcookiesbasket)

 

 

*BABEL XXI

Un programa de:

Sergio Monsalvo C.

Equipo de Producción: Pita Cortés,

Hugo Enrique Sánchez y

Roberto Hernández C.

Horario de trasmisión:

Todos los martes a las 18:00 hrs.

Por el 1060 de AM

96.5 de FM

Online por Spotify

Radio Educación,

Ciudad de México

Página online:

http://www.babelxxi.com/

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POPCORN JAZZ (X)

Por SERGIO MONSALVO C.

POPCORN X (FOTO 1)

 JAZZ PARA BIOPICS

Biografías ficticias y semificticias. La producción de The Fabulous Dorseys (1947, United Artists, dirigida por Alfred E. Green) y de The Glenn Miller Story (1953, Universal-International, dirigida por Anthony Mann) significó un reconocimiento por parte de los estudios de Hollywood a la importancia de los músicos de swing como tema para biografías cinematográficas.

El retrato de Goodman por Steve Allen en The Benny Goodman Story (1955, Universal-International, dirigida por Valentine Davies) no era en todo fiel a la verdad, pero la película incluyó excelentes recreaciones de los famosos hits y arreglos de Goodman. Entre los personajes del jazz que aparecieron en pantalla figuraban Ben Pollack, Kid Ory, Buck Clayton, Teddy Wilson, Lionel Hampton, Gene Krupa y Harry James.

Durante toda la década de 1950 se siguieron filmando biografías basadas en el jazz. Nat «King» Cole actuó como W. C. Handy en St. Louis Blues (1958);  The Five Pennies (1959, Paramount, dirigida por Melville Shavelson) relató la vida de Red Nichols, y la carrera de Krupa fue plasmada en The Gene Krupa Story (1959, Columbia, dirigida por Don Weis).

La autobiografía de Billie Holiday fue proyectada sobre la pantalla como vehículo para el lucimiento de la cantante Diana Ross, pero las libertades que la producción se permite con los acontecimientos y los detalles de la carrera de Holiday tienen como resultado que Lady Sings the Blues (1972, Motown/Weston/Furie/Paramount, dirigida por Sidney Furie) sea más ficción que realidad. La cinta ofrece muchas canciones asociadas con Holiday, entre ellas «Lover Man», «God Bless the Child», «Them There Eyes», «Don’t Explain» y la desgarradora «Strange Fruit».

Durante los años sesenta, varios estudios produjeron filmes sobre las vidas de músicos de jazz ficticios. Entre ellas figuran The Rat Race (1960, Paramount/Perlberg-Seaton, dirigida por Robert Mulligan), en la que Gerry Mulligan, Joe Bushkin y Paul Horn proporcionan la música; Too Late Blues (1961, Paramount, dirigida por John Cassavetes), con Slim Gaillard y un soundtrack a cargo de Benny Carter, Jimmie Rowles, Red Mitchell y Shelly Manne; y Paris Blues (1961, United Artists, dirigida por Martin Ritt).

La partitura de esta última fue compuesta por Duke Ellington e incluye la animada escena de una jam session con Louis Armstrong, entre otros; Murray McEachern y Paul Gonsalves grabaron las partes de trombón y sax tenor para los protagonistas interpretados por Paul Newman y Sidney Poitier.

En Sweet Love, Bitter (1961, Film 2-Peppercorn Wormser-UM, dirigida por Herbert Danska), el cómico Dick Gregory representa un papel inspirado en Charlie Parker; la música era de Mal Waldron.

Otras biografías ficticias posteriores fueron New York, New York (1977, United Artists, dirigida por Martin Scorsese), en la que Georgie Auld proporcionó los solos de saxofón e instruyó al actor Robert De Niro, quien creó un retrato particularmente agudo y verosímil de un músico de swing.

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The Cotton Club (1984, Orion, dirigida por Francis Ford Coppola), a su vez,  constituye una retrospectiva gráfica de la Era del Jazz y de la Depresión, con una mezcla de personajes reales y ficticios; con el Cotton Club de Harlem como escenario, hay maravillosos momentos de música de época (arreglos de Bob Wilber) y de baile, que contribuyen grandemente para aportar a la película un auténtico sabor jazzístico.

Los productores europeos tendían a preferir los documentales de jazz, aunque algunos incluyeron cameos de sus músicos. La Temporada del Cine Soviético de 1934-1935 anunció Jazz Comedy (dirigida por G. Alexandrov) como «la primera comedia musical de la Rusia Soviética, con Leonid Utyosov, el rey del jazz soviético, y su grupo».

L’Alibi (1936, Francia, dirigida por Pierre Chenal), un melodrama sobre un asesinato, incluía una escena con los expatriados negros Bobby Martin y Valaida Snow.

Por su parte, Sidney Bechet representó varios papeles en cintas europeas, empezando por la comedia Einbrecher (1930, Alemania, dirigida por Hanns Schwarz); hacia el final de su carrera apareció con su protegido Claude Luter en el melodrama L’Inspecteur connaît la musique (1955, Francia, dirigida por Jean Josipovici) y en la película de gángsters Série noire (1955, Francia, dirigida por Pierre Foucard). Hazel Scott participó en Le désordre et la nuit (1958, Francia, dirigida por Gilles Grangier), un film sobre un asesinato y la vida de los clubes nocturnos.

Entre las producción inglesas figuran Sing as You Swing (1937, dirigida por Redd Davis), en la que Nat Gonella y sus Georgians comparten los reflectores musicales con los Mills Brothers, y la comedia A Date with a Dream (1948, dirigida por Dicky Leeman), con Vic Lewis y su grupo.

 

 

VIDEO SUGERIDO: Le Désordre et la Nuit (1958) – Hazel Scott chante en français (extrait), YouTube (Cheri Bibi)

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