El coro de la canción “You Cant Alway Get What You Want” cantaba sobre el espíritu de los tiempos. Era la representación de la gente en él. Reinaba esa sensación de desasosiego frente al fin de la utopía, el desamparo colectivo frente a un mundo incierto y cada vez más intrincado. Las siguientes décadas han corroborado las sensaciones. Hoy es una época de confusión, de falta de compromiso; una donde la persecución de lo banal lo infecta todo, incluyendo el del arte y la cultura en general. Frente a ello resulta conmovedor comprobar que sigue habiendo en el mundo el candor, y que hay autores, grupos, para quienes el coro es el gran paliativo y les da igual vivir en cualquier época, tal es su vocación, tales son sus entusiasmos.
VIDEO SUGERIDO: Scala & Kolacny Brothers – You Can’t Always Get Wat You Want, YouTube (ronwesley)
BXXI-247 GREGORIAN
Desde su fundación, a fines del siglo XX, el grupo coral Gregorian ha entrado al estudio de grabación para reiniciar el proceso una y otra vez de insertar en su estilo milenario a los exitosos pop y rock. De esta forma ha aparecido la secuela de álbumes llamados Masters of Chant en sus distintos capítulos, lo mismo que sus apariciones en vivo, discos navideños y otros proyectos alternativos. Hoy sus melodías han dejado de ser silábicas para transformarse en melismáticas; han abandonado el latín por el inglés franco y el tetragrama por el pentagrama, y otra infinidad de cambios que han conducido su canto a un sentido más expresivo que conecta con las generaciones denominadas “d.C.”.
VIDEO SUGERIDO: Gregorian – Sweet Child of Mine – Guns & Roses, YouTube (GregorianMasters)
BXXI-248 ALABAMA SHAKES
Alabama Shakes fue concebido por sus integrantes como un lugar que debe definirse más que por sus influencias específicas –que las tiene y varias— por su capacidad para afectar directamente el estado de ánimo del escucha, al ponerlo en una situación emocional cercana al arrobamiento ante el material expuesto. En la década transcurrida desde su fundación, la banda ha recogido todos los hilos que la componen y nos presenta con novedosa personalidad una versión panorámica del southern rhythm (blues-soul-rock) de la Unión Americana. En su periplo musical se hace patente su intención de mostrar por qué el ayer importa para la expresión de algo nuevo, sin un ápice de nostalgia y con una decidida mirada hacia adelante.
VIDEO SUGERIDO: Alabama Shakes – Hold On (Official Video), YouTube (Alabama Shakes)
BXXI-249 1966
Otra forma de contracultura comenzó a permear California en 1966, arropada de poesía beat, agitación estudiantil proderechos civiles y políticos, experimentación con drogas de todo tipo, para la alteración de los sentidos, el rock psicodélico producto de ello y la inmigración constante de gente joven desarraigada, procedente de todos los rincones de la tierra del Tío Sam, que empezó a crear un mundo underground diferente y único. Quienes daban vida a todo ello eran los jóvenes hippies que fomentaban la convivencia y el arte en completa libertad, disertaban contra la guerra y a favor de hacer el amor. Y los grupos que comenzaban sus carreras eran, Jefferson Airplane y The Mamas and The Papas, entre otros.
VIDEO SUGERIDO: The Mamas & The Papas – Monday Monday, YouTube (OscarOsR)
BXXI-250 LOVE IN VAIN
Allá, entre los primeros apóstoles del blues, entre los que difundieron sus actos y sus palabras está el tótem por antonomasia: Robert Johnson, el cual en su arcano escribió e inscribió la pieza que sintetizó en unas cuantas imágenes la impotencia por hacerse querer; de ofrendar los sentimientos sin ambages, sin condiciones, para que a la postre ni siquiera se sopesen y sea la espalda la única respuesta. Ese tema canónico lleva por título “Love in Vain” (Amor en vano). No podía ser otro. La circunstancia de gustar de alguien, atraerlo, hacer que se enamore de uno y retenerlo, es un arte cuyos elementos componentes son por demás inestables. Por lo mismo un misterio, por lo mismo el ansia de desentrañarlo algo inherente al ser humano.
VIDEO SUGERIDO: The Rolling Stones – Love In Vain (Live) – Official, YouTube (The Rolling Stones)
En el largo año y meses que ha durado la epidemia y sus mórbidas secuelas, la música ha salido en nuestra ayuda con su abrumadora vitalidad y su soberbia capacidad expresiva. Con ella se ha enunciado lo que podría considerarse una teoría sobre la vida. Ha estado ahí para mostrarnos desde la enfermedad, el dolor y la muerte cuán necesarios son la esperanza, el consuelo y la compañía.
Su solidaridad, tanto individual como comunitaria, ha enseñado que con sus notas puede surgir la claridad desde lo oscuro, y aparecer de nuevo el mundo ante nuestros ojos. Así ha sido el beat del rock y sus subgéneros, atravesando la estela de todos los horizontes, cual fruto de un intenso proceso de depuración tanto sanitario como emocional.
Sus líricas asumen un habla tan viva como poética, con artificios o sin ellos, con ficciones o sin ellas, con la realidad o su propuesta. Todo eso está en nosotros, los que la escuchamos. La palabra de los músicos que están o se han ido, pero no lejos, porque su obra queda en nuestra sangre, aunque hayan muerto, para dar voz al caos en que vivimos, para confortarnos frente a lo ignoto.
Su partida no es una pérdida irrecuperable, sino una fuente de savia que está ahí para poner orden en la historia de nuestros días y los que vienen; para poner claridad en los sentimientos. Escuchar las canciones de ellos, de nuestros rockeros muertos es un ejercicio de actitud, de identidad personal y de memoria colectiva.
JIM STEINMAN
Jim Steinman fue uno de esos personajes tras bambalinas que le aportaron originalidad al género rockero. Steinman nació el 1 de noviembre de 1947 en Nueva York. Durante su vida se desarrolló como compositor, productor, cantautor, arreglista, pianista y cantante. En sus inicios, tales actividades las llevó a cabo dentro del teatro musical, para luego pasar a la industria discográfica y a la postre a la cinematográfica, como autor de soundtracks. Compuso canciones exitosas dentro del rock, del pop y del musical, que fueron interpretadas por diversos cantantes, como Bonnie Tyler, Air Supply, Celine Dion y Meat Loaf.
Con este último realizó uno de los mayores discos clásicos de la historia del rock: Bat Out of Hell. Para empezar a hablar de tal grabación hay que contextualizar su aparición y la importancia que merece al haberlo hecho entre un buen número de álbumes importantes. El año fue 1977. Y, entre muchas más noticias, destacó por la muerte de Elvis Presley y de tres miembros del grupo Lynyrd Skynyrd en un accidente de avión, así como por la explosión del punk en Reino Unido.
Asimismo, la lista de las obras publicadas ese año estuvo conformada por los siguientes títulos: Talking Heads 77 (debut de los Talking Heads), The Clash (The Clash), Lust for Life (Iggy Pop), Marquee Moon (Television), Heroes (David Bowie), Trans Europe Express (Kraftwerk), Rocket to Rusia (Ramones), Never Mind the Bollocks (Sex Pistols), In The City (The Jam), Before and After Science (Brian Eno), entre otros.
Sin embargo, Bat Out of Hell se puede codear con todos ellos por sus aportaciones particulares a la cultura rockera. En él confluyeron los talentos del cantante Meat Loaf, la producción de Todd Rundgren y la composición de Steinman, donde éste aprovechó para mostrar sus influencias de Wagner a Bruce Springsteen, pasando por Phil Spector.
Steinman y Met Loaf (Marvin Lee Aday es el nombre real de este cantante texano) habían comenzado a colaborar juntos desde que se conocieron como parte del musical Neverland. De ahí surgió la columna vertebral del futuro álbum con tres canciones memorables: la que dio nombre al disco (la «canción acerca de un accidente más extrema de todos los tiempos», según el autor), “Heaven Can Wait” y la renombrada “All Revved Up With No Place to Go”.
A las que luego se añadiría la muy célebre “Paradise by the Dashboard Light” (una historia épica y con humor acerca de un romance adolescente y el sexo). Una pieza de miniópera donde Meat Loaf hace dúo con la cantante Ellen Foley, con el añadido (metafórico) de la voz en off de un comentarista de baseball.
Bat out of Hell es una obra redonda de 47 minutos de duración, que fueron paradójicamente el encumbramiento de Steinman y Meat Loaf y, al mismo tiempo, su némesis. Jamás ninguno de ellos pudo superar lo hecho en tal álbum, con sus siete temas plagados de libido adolescente, problemática existencial, momentos épicos, desmesura emotiva y muy buena muestra de rock operístico. Resultado: un disco clásico y universal.
Todo ello arropado por una portada también atribuida a una idea de Steinman e ilustrada por Richard Corben, copiada desde entonces por cientos de grupos de heavy metal e inscrita entre las mejores de todos los tiempos.
LES McKEOWN
El grupo escocés Bay City Rollers fue tan popular en el Reino Unido que en la exageración se le llegó a nombrar como “los nuevos Beatles”. Tal era el fervor que desataron a mediados de los años setenta entre el público. Incluso hubo el término rollermanía para definir el momento. El cantante de ellos era Les McKeown (nacido en Edimburgo en 1955).
La banda tuvo su propio programa de televisión y vendió alrededor de 120 millones de discos para convertirse en la agrupación escocesa más exitosa de todos los tiempos. Algunos historiadores aseguran que fue la primera boy band de la historia (dato aún sujeto a discusión). Eran guapos, vestían ropa de diseño muy colorido y glam y se les fabricaron canciones expresamente para convertirse en hits. Su pieza más representativa fue “Bye Bye Baby”. Les McKeown murió a los 65 años el martes 20 de abril.
B. J. THOMAS
El cantante estadounidense B. J. Thomas, que se movió entre el country, el soul, el góspel y el soft rock, y se hizo famoso por interpretar el tema Raindrops keep fallin’ on my head, falleció a los 78 años de edad el 29 de mayo del presente año. Había nacido en Hugo, ciudad del estado de Oklahoma. Fue conocido por sus éxitos Hooked on a feeling (1968), con la que llegó en 1969 al quinto puesto de las listas de popularidad y, sobre todo, por la mencionada Raindrops keep fallin’ on my head escrita por Burt Bacharach. Esta última fue incluida en el soundtrack de Butch Cassidy and Sundance Kid (1969) y ganó un Oscar como mejor canción original (en el 2014 el cantante fue inscrito en el Salón de la Fama de los premios Grammy por la misma).
LLOYD PRICE
Lloyd Price fue un músico, cantante y compositor de la Unión Americana, que nació y creció en Kenner, un suburbio de Nueva Orleans, en 1933. Cuando niño tomó clases de trompeta y piano y formó parte del coro de la iglesia local cantando gospel.
Durante la secundaria fundó un grupo de rhythm and blues que se dedicaba a animar fiestas. A la postre también se inclinó por el jazz. Por otro lado, su madre era propietaria de un restaurante y de ella heredó el interés por el negocio de la gastronomía.
Una vez dentro de la industria discográfica, la pieza «Lawdy Miss Clawdy», compuesta e interpretada por él, se convirtió en un hit para el sello discográfico Specialty Records en 1952 (en la grabación lo acompañó la banda de Dave Bartholomew, con Fats Domino al piano). Durante los años siguientes continuó lanzando sencillos con ambivalentes resultados, aunque su mayor logro fue con “Stager Lee” de 1958.
En 1959, publicó el exitoso tema “Personality”, lo que llevó a reconocerlo con el sobrenombre de “Mr. Personality”. Por todas sus aportaciones fue incluido en el Salón de la Fama del Rock and Roll en 1998. Lloyd Price falleció el 3 de mayo.
Otro caído durante el primer trimestre del 2021 fue Dorde Marjanovic, Rockero yugoeslavo fenecido el 15 de mayo. En junio afortunadamente no murió ningún otro músico.
A todos ellos: ¡Gracias!
VIDEO SUGERIDO: Lloyd Price – Stagger Lee – YouTube (Rover TCB)
Al comienzo de la segunda década del siglo XXI, en plena civilización del espectáculo, el nada misterioso y progresivo “asesinato colectivo” de Amy Winehouse parecía importar muy poco, al igual que la resolución o la trama (crónica de una muerte anunciada), porque el placer residía en la atmósfera. El hecho se sucedía poco a poco, con espacios regulares en la propia estancia de cada integrante del público en general. Las series de televisión tampoco transcurren en un lugar distinto a la sala de quien las está mirando, ¿verdad?
Esta forma de homicidio es la más tranquilizadora de todas, y ofrece la suficiente dosis de transgresión y resolución que el espectador necesita para dormirse convencido de que es inteligente, al saber de antemano el desenlace. Una vez fenecido el personaje en turno a otra cosa mariposa. Y que pase el siguiente. Sólo cambiará el nombre del mismo.
Así, los medios masivos proclives al amarillismo renuevan la apuesta por la intriga sin intriga, el crimen sin la lógica de ningún programador aleccionado, aunque algunos de los opuestos a ellos, los menos, se preocupen por la evidente sensación de libertinaje mediático.
En los reality shows, en la prensa rosa, en las revistas del corazón, al igual que en los pasquines de nota roja, aunque el papel en que se imprima sea diferente, el meollo siempre será semejante. Ahí les da gusto hablar de arte, cuando corresponde, porque el artista es lo de menos. Está para entretener y ya. Ahí, no es un genio, ni un tipo interesante, ni original, ni tiene ideas, ni teorías, o a lo mejor sí, pero a nadie le importa.
Lo que sí, es constatar y contar sus debilidades, las diabluras de sus demonios, su divertida autodestrucción y reiterar el dogma de la fama como un mantra: “Que hablen de uno, aunque sea mal, pero que hablen…”
Los tabloides y programas televisivos británicos, dedicados al mundillo del espectáculo, se han consagrado a tan gloriosa forma del periodismo más abyecto con verdadera pasión. Y en aquella época, inicios de la pasada década, aparecía la figura maltrecha de la reciente “estrella caída”, Amy Winehouse, en una decadencia corporal en la que los lectores y televidentes habían ido reparando conforme sus adicciones hacían estragos.
Era portentoso darse cuenta de cómo dicha decadencia actuaba en relación con el público de masas, ese conglomerado tan curioso y ávido como insensibilizado con la autodestrucción de quienes han sido mejores en alguna forma. A medida que Amy caía, tal público iba exigiendo más y los medios se sofisticaban para satisfacer esa demanda clientelar. A estas alturas una foto de ella bebiéndose un trago en el escenario no valía de mucho.
En cambio una con ella botella en mano y drogada, dando tumbos por la calle, ensangrentada, a punto de desplomarse, o de los improperios por su errática presentación en algún concierto, eran oro molido para paparazzi y el distinguido auditorio. Amy estimuló los bajos instintos de los medios y de sus espectadores. Y su muerte, esperada y sin expectativas, “accidental” (según la investigación judicial), resultó ser el crimen colectivo perfecto y… que pase el siguiente.
A la británica Amy Winehouse le había tocado en suerte revisitar una música un tanto olvidada y darle la vuelta de tuerca justa para desarrollar una nueva corriente, fomentar un movimiento y hasta iniciar un subgénero. Así es, con el nuevo siglo eso sucedió. Llegó el neo-soul, para refrescar a un género tradicional. Y la Winehouse lo hizo en grande, ayudada por un productor, Mark Ronson, que supo canalizar sus talentos y dotarla del acompañamiento idóneo.
Con esa reciente invasión británica hizo su aparición una adolescente de ascendencia judía, impetuosa y con un rico bagaje de influencias, pero sobre todo con la verosimilitud que requiere la escritura e interpretación de un género semejante. Así nació este estilo musical que recogía el soul clásico y lo ponía una vez más en la palestra con nuevos tonos y significados.
VIDEO SUGERIDO: Amy Winehouse – You Know I’m No Good, YouTube (AmyWinehouseVEVO)
Había escuchado los discos de James Brown, de las Supremes, Sam Cooke, Donny Hathaway, Marvin Gaye, etcétera, y de todos ellos había aprendido algo, los vinculó de alguna manera con sus quehaceres como vocalista, con certificado de autenticidad legítima. Sus letras reflejaban la realidad del hoy y con tal música hizo su traducción al mundo.
Esa es la vibración que supo conseguir y distinguirse así del actual y diluido rhythm and blues. Ése que sólo exige títeres clonados por los productores para públicos convencionales. Con Amy hubo una verdadera alma expuesta. Con la inestimable ayuda del productor ella hizo converger la elegancia del soul con la poesía callejera y la actitud punk. Su cuerpo parecido al de una niña de 12 años, bajita y flacucha, trasmitía fragilidad.
Sin embargo, tal hecho no sólo era físico sino también mental. El fenómeno mediático la sorprendió sin preparación y sin defensas, lo mismo que el amor del cual fue víctima en varios sentidos; con un padre más interesado en el beneficio personal que en el de su hija, y bajo la férula de una industria que se afinca en la ganancia por sobre la materia prima; el artista.
Cualquiera que haya visto sus últimas actuaciones se preguntará por qué quienes la rodeaban podían permitir el atroz espectáculo de una mujer fuera de sí, incapaz siquiera de sostenerse, ya no de cantar. Semejante coctel produjo a una conflictiva joven cuyos particulares infiernos y desgracias fueron evocados por ella en sus canciones.
De esta forma los medios exploraron, no en la voz ni en la magia desplegada en sus discos, sino en la imagen de una mujer rota que podía estarlo más. Fue desde entonces, en su fugacidad, ese tipo de artista con un talento único al que persiguen todo tipo de problemas, que finalmente le provocan una muerte prematura y trágica a los 27 años.
La Winehouse fue una excepcional cantante y compositora, excéntrica, polémica, rebelde y autodestructiva, a la que musicalmente se le puede comparar con Sarah Vaughan por el timbre de voz. En ella se reunieron el sonido Motown, el de Nueva Orleáns y el carisma que distinguió a las chicas malas del grupo vocal de las Shangri-Las. Ella recogió toda esa herencia y la hizo suya con unas letras que rebosaron autenticidad, estampas de abandono y melancolía, con guiños al sexo y a los extravíos sin tapujos.
Cuando uno escribe de estas cosas que pasan, no deja de sentir tristeza por una existencia quebrada; soportar que la vida mande siempre en la obra, incluso hasta acallarla. No obstante, esta tristeza ha quedado bien reflejada en el documental Amy (del director Asif Kapadia), que supo ver y repartir culpabilidades en la extinción de una vida fascinante, vivida al límite como artista, novia, hija e ídolo. Es la historia de una persona que tocó los extremos y la de una época que torna la muerte en banal espectáculo.
Por otra parte, nada banal ha resultado la exposición del hábitat natural donde se desenvolvió la Winehouse durante su infancia y adolescencia en Camdem. Lugar y barrio donde nacieron sus canciones y donde atesoraba aquello que la había formado hasta la fecha en que el éxito y la fama le hicieron probar las primeras mieles. El íntimo refugio donde las cosas queridas y coleccionadas se convierten en las voces animistas que cuentan la historia desde el lado luminoso.
Organizada por su hermano Alex, en colaboración con el Jewish Museum de Londres, la muestra A Portrait Family, recorre el mundo para ofrecer la vista interior del habitáculo familiar donde Amy se desarrolló. Yo tuve la oportunidad de visitarla en Ámsterdam, en el museo de la colectividad judía neerlandesa. Ahí puede observar tanto los retratos familiares, sus revistas rosas y comics, su guitarra, así como los enseres del maquillaje y las prendas que formaron el vestuario que la distinguió durante su vida (en el que denotaba su predilección por el estilo vintage).
Mención especial merece su pequeña biblioteca en la que llama la atención su gusto por el thriller (cuentos de Alfred Hitchcock e historias de asesinos seriales), por el realismo bruto de Bukowski o el periodismo gonzo de Hunter S. Thompson (sus videos reflejan en mucho tales mundos).
Me detuve largo tiempo revisando los cofres metálicos donde acomodaba sus discos de vinil y CD’s, entre los que aparecían los nombres de Tony Bennett, Dinah Washington, Aretha Franklin, Louis Armstrong, Ella Fitzgerald, Frank Sinatra, Ray Charles, Steve Wonder, y tantos otros relacionados con el soul, el swing, el jazz, el reggae o el doo-wop, influencias musicales todas que se condensaron en su propia y distintiva voz.
Igualmente, leí con detenimiento la lista de canciones que realizó durante su estadía en la escuela de teatro Sylvia Young, en la que a los nombres mencionados se agregan los de Nina Simone, Julie Andrews, Carole King o los temas del Club de Mickey Mouse, pero también los más “nuevos” Offspring, Ben Folds Five y Pearl Jam, que evidenciaron desde siempre su gusto por el pasado.
A la postre, tras las sorpresas y los reconocimientos ahí descubiertos, a ese refugio acogedor lo cubre un halo de tristeza porque a quien le pertenecía y necesitaba se extravió y nadie, absolutamente nadie, se preocupó u ocupó de protegerla de la intemperie a la que estuvo expuesta, por la que se arrastró y que finalmente acabó con ella.
VIDEO SUGERIDO: Amy Winehouse – Rehab, YouTube (AmyWinehouseVEVO)
El autor Mickey Spillane ha influido notablemente en otros escritores y en otras disciplinas, como la pintura donde el artista plástico alemán Markus Lüperts lo cita como influencia decisiva, o en el mundo del comic book cuyo mayor representante, Fank Miller, lo señala como gran faro. También lo ha hecho en la música, con un vanguardista por antonomasia: John Zorn. Escuchar a éste, inspirado por Spillane es como hojear una pila de cómics hardboiled en una tienda de aparatos eléctricos funcionando todos al mismo tiempo, o ver una proyección infinita de series de televisión tratadas por un editor loco en un televisor en el que el brillo y el contraste están a tope de intensidad. Es pura imaginación desbocada, intensa y encantadora.
VIDEO SUGERIDO: John zorn – spillane (part 2/2), YouTube (Cande di aulegu)
BXXI-242 STEFAN ZWEIG
La estética del romanticismo es una de las herencias del rock. Su espíritu se sigue manifestando tanto en la actualidad como en el pasado (ahí están los subgéneros como el shoegaze, el dream pop, el emo o grandes pedazos del post punk para corroborarlo). Stefan Zweig es un autor austriaco de habla germana que hizo del romanticismo no sólo su obra sino su vida y muerte. Presento aquí el texto extractado de La estrella sobre el bosque (en alemán Der Stern über dem Walde), una historia breve escrita y publicada a principios del siglo XX. Va acompañada de la música de The National, un grupo de la Unión Americana, cuya atmósfera contribuye para acercarse a este olvidado autor que se suicidó junto a su amante en 1942.
VIDEO SUGERIDO: The National – I Need My Girl, YouTube (snoop37)
BXXI-243 ABC
ABC estuvo metido en la misma batalla existencial que sus inmediatos antecesores, los punks, pero con un signo diametralmente distinto: no renunciaban al futuro y querían vestir mejor al presente, literalmente; conseguir una mejor calidad de vida y buscar el desquite con el hedonismo. Llegó la obsesión por la ropa y el amor por el baile. Así, en 1980, Martin Fry integró al grupo con dos excompañeros de Vice Versa, Mark White (que quedó en la guitarra, el piano y los sintetizadores) y Stephen Singleton (sax), además de Mark Lickley (bajo) y David Robinson (batería). Él quedó como cantante principal, compositor y personalidad dominante. A través de una homogénea mezcla de soul, funk, reggae y pop, irrumpieron con una nueva intimidad.
VIDEO SUGERIDO: ABC – All Of My Heart, YouTube (ABCVEVO)
BXXI- 244 NEIL FINN
En las más de doscientas canciones que ha compuesto Neil Finn a lo largo de su carrera, la cotización de sus atmósferas ha crecido y dado a su estilo un nombre propio. Y la gama que abarca desde lo melódico, por antonomasia, hasta la experimentación psicodélica (pasando por la New Wave, el pop rock, el indie, el dream pop o el space) le ha acarreado éxitos monumentales y ser nombrado como referencia incuestionable de la época. Y ahí, en el corazón de Auckland, su lugar de crecimiento, el impacto de su obra es tan veraz, como ambiental e histórico. Porque en Neil Finn aparecen todas las músicas que lo han conformado, y al rock neozelandés también, lo que lo convierte en un fresco viviente en sí mismo.
VIDEO SUGERIDO: Split Enz – I Got You (1980), YouTube (nzoz1980)
BXXI-245 NAVIDAD V
Una época, una canción y un concierto. Así podría anunciar la emisión navideña de este año que termina. Emisión que festeja los 30 años de la canción más escuchada en aquellos tiempos (y recientes): “Do They Know It’s Christmas?”, la cual contiene diversas historias y ofrece varias lecturas: la política, la social y, por supuesto, la musical. Es la cauda de aquella melodía navideña (de la que se han realizado otras dos versiones posteriores: en 1989 y 2004) que enseñó al mundo lo que un solo individuo y su voluntad son capaces de hacer; lo que un puñado de músicos en plan generoso pueden realizar y, finalmente, la pública toma de conciencia sobre una realidad manifestada a través de una pregunta simple: ¿Saben ellos que es Navidad?
VIDEO SUGERIDO: (1985 Live Aid) Do they know it’s christmas? /Band Aid, YouTube (dbdanger100)
Los primeros documentales y cortometrajes que incorporaron la música popular y el jazz en el primer plano fueron bien recibidos. Entre 1928 y 1934 ocurrió una explosión de este tipo de producciones.
En dichos años experimentales, al mejorar las técnicas de sonido y fotografía, los estudios se afanaban en enlistar a talentos procedentes de todas las fuentes disponibles: el vaudeville, los teatros de Broadway, las salas de concierto, los clubes nocturnos y de burlesque.
Al mismo tiempo competían por estos artistas con la floreciente industria de la radio estadounidense. Nueva York adquirió un papel de importancia central en la producción de cintas como Roger Wolfe Kahn and His Orchestra Assisted by the Mound City Blue Blowers (1927, Vitaphone), Carolynne Snowden and Company (1927, Vitaphone), Red Nichols and His Five Pennies (1929, Vitaphone) y Alice Boulden and Her Orchestra (1929, Paramount), la cual incluyó a Jimmy y a Tommy Dorsey entre el personal.
Asimismo, Ben Pollack and His Park Central Orchestra (1929, Vitaphone) permite un breve vistazo a presentaciones tempranas de Jimmy McPartland, Jack Teagarden y Benny Goodman.
El cortometraje musical asimismo fue un medio ideal para presentar a los talentos negros. Una amplia gama de estos artistas apareció en estos filmes, aunque bajo condiciones raciales sumamente difíciles. After Seben (1929, Paramount, dirigida por S. Jay Kaufman) utilizó un argumento racista sobre las aventuras de un conserje perezoso para presentar música y baile con el grupo de Chick Webb y algunos de los ejecutantes más famosos del lindy hop, entre ellos a George «Shorty» Snowden.
Louis Armstrong apareció en Rhapsody in Black and Blue (1932, Paramount, dirigida por Aubrey Scotto) vestido con una túnica de piel de leopardo, radicado en un reino de ensueño llamado «Jaamania»; entre abundantes burbujas de jabón que pasan por nubes celestes interpreta «Shine» y «I’ll Be Glad When You’re Dead, You Rascal You» de una manera espléndidamente viril.
Pese a que Symphony in Black (1934, Paramount, dirigida por Fred Waller) presentaba a los miembros del grupo de Duke Ellington en papeles estereotipados, la cinta fue notable por la primera aparición en pantalla de Billie Holiday, que canta «Saddest Tale».
El premio por la trama y el escenario más extravagantes probablemente deba adjudicarse a Pie, Pie, Blackbird (1932, Vitaphone, dirigida por Roy Mack), en la que un pie recién horneado se convierte en un pastel enorme cuyas orillas se abren para revelar al grupo de Eubie Black, todos vestidos de cocineros, tocando «Memories of You» y «I’ll Be Glad When You’re Dead, You Rascal You»; la cinta termina con el baile muy animado de los Nicholas Brothers, quienes al compás de «China Boy» terminan por incendiar el set y los decorados con una llamarada que convierte a la banda y a los bailarines en esqueletos humeantes.
Un excelente corto fue filmado por la Warner en 1944: Jammin’ the Blues, dirigido por Gjon Mili, que contó con Norman Granz como asesor musical y con la presencia de algunos de los mejores instrumentistas del jazz: Lester Young encabezó una lista de personal que incluía a Harry Edison, Illinois Jacquet, Sid Catlett, Jo Jones, John Simmons, Red Callender, Marlowe Morris y Barney Kessel.
El talento especial de Mili para la iluminación creó un ambiente maravilloso en torno a las combinaciones extraídas de este reparto superlativo; cada toma fue puesta en escena y enmarcada con sensibilidad para la composición dramática. Pese a que ha sido criticado por artificial y pretencioso, Jammin’ the Blues se mantiene como hito del jazz en el cine, incluso fue nominado para un Oscar.
La serie The March of Time (Time/RKO Radio), dirigida por Louis de Rochemont, la cual arrancó en 1935, constituyó una forma de periodismo cinematográfico que combinaba tomas de archivo, de noticieros recientes y escenas actuadas. The Birth of Swing (1937, vol. 3, núm. 7) mostró la grabación de un disco por la Original Dixieland Jazz Band y mostró presentaciones en el Onyx Club de Nueva York por los grupos de Glen Gray y Chick Webb, así como uno dirigido por Stuff Smith.
Por su parte, Upbeat in Music (1943, vol. 10, núm. 5) gira en torno a la música del periodo de guerra, incluía interpretaciones de la Army Band de Glenn Miller, así como por Tommy Dorsey, Duke Ellington y Benny Goodman.
A la vez que Music in America (1944, vol. 10, núm. 12) constituía un repaso de la música de toda la Unión Americana, con una parte consagrada al jazz y concentrada en Goodman, la Original Dixieland Jazz Band, los All Stars de Eddie Condon y Art Tatum. Otros números de The March of Time dedicaban metraje a Jimmy Dorsey y Paul Whiteman.
VIDEO SUGERIDO: Jammin’ the Blues (1944), YouTube (Robert J. Fuller)
Arthur Alexander entró al estudio FAME de Rick Hall para grabar aquella canción. Hall llamó a los músicos de la banda local con la que tocaba y juntos grabaron “You Better Move On”. Rick Hall ganó suficiente dinero con ella para convertir FAME en un estudio de referencia histórica (un sitio por el que pasarían luminarias). Ahí, en el corazón de Muscle Shouls se acababa de inventar el country soul, el soul sureño. Arthur Alexander, su creador (y en el que volcó todas sus influencias), se convirtió en un cantautor prestigioso que escanciaría su talento en un sinnúmero de piezas memorables. Tanto que pocos meses después los Rolling Stones y los Beatles harían sus versiones y con el tiempo infinidad de intérpretes más.
VIDEO SUGERIDO: The Beatles Anna (Go To Him) (BBC version 2), YouTube (John Conant)
BXXI-237 WALT WHITMAN
Cien años después de la publicación de Hojas de hierba, de Walt Whitman, el libro –que sublimó lo ordinario– conectó con el sonido que lo intensificaría y daría a conocer a multitud de generaciones: el rock and roll. Y lo haría gracias a dos profetas de sus palabras: Jack Kerouac y Allen Ginsberg, la intelligentsia rockera, leída y propiciada por el género, tras una década de existencia, hizo suyos sus conceptos y forjó los eslabones que lo unían a él en la voz de sus adalides líricos más sobresalientes desde entonces: Bob Dylan, Jim Morrison, Lou Reed y Leonard Cohen, en primera instancia; a los que seguirían Neil Young, Marc Bolan, Patti Smith, Tom Waits, Bruce Springsteen, Kurt Cobain, Win Butler, Matt Berninger, Owen Pallett, et al.
VIDEO SUGERIDO: Tom Waits – Rain Dogs, YouTube (connected365)
BXXI-238 AFRO CELT SOUND SYSTEM
El grupo Afro Celt Sound System, con una integración de elementos de diversos orígenes geográficos, ha derribado las categorías musicales entre la World music, el rock y la música negra. Viven como un proyecto de puertas abiertas lo mismo para el futuro que para la tradición. Son como un péndulo que va de las míticas tierras celtas a los modernos clubes de dance londinenses. Con esta mentalidad han realizado todos sus álbumes y concretado un proyecto cosmopolita que dura ya 20 años. Su mezcla de palpitantes technobeats, alfombras ambientales de sintetizadores e instrumentos tradicionales se convirtió en una novedad total con esa forma electroacústica, y en un bestseller para el sello Real World.
VIDEO SUGERIDO: Afro Celt Sound System – Persistence of Memory, YouTube (ShastaOrange)
BXXI- 239 KISS MY ARP
Andrea Parker consiguió labrar un sonido más personal dentro de la corriente electrónica downtempo que se enriquece con elementos jazzísticos, centrado en la belleza más irreal posible. La suya fue una apuesta por estructuras aparentemente impenetrables que cuajaron sobremanera en el casi industrial disco Kiss My Arp: un reto del sonido. Lo importante de la música de Parker, sin embargo, no fue su evolución en sí impecable, coherente y siempre en busca del más difícil todavía sin perder entidad emocional y complejidad formal, sino el hecho de que su modus operandi haya sido el germen de un subgénero copiado y reproducido por decenas de artistas posteriores que, por lo mismo la han convertido en un clásico contemporáneo.
VIDEO SUGERIDO: Andrea Parker Kiss my Arp Track 1 Breaking the Code (2012), YouTube (DouxDux)
BXXI-240 WHEN I’M 64
El rock mismo ha enseñado a la sociología, a la antropología y a otras ciencias sobre la investigación humana, que pese a los esfuerzos por asentar el cliché cronológico en su hechura y escucha, una visión simplista del género, los hechos resultan subjetivamente más complejos. El concepto de la edad no se delimita por designio físico. Para aquellos que torpemente se empeñan en seguir encuadrando a este sonido como «la música de los jóvenes» habría que señalárseles que ni los músicos ni sus auditorios desaparecen con los años. El rock tiene poco que ver con los hechos objetivos del tiempo y la edad, pero mucho con los reinos míticos de la juventud emocional, siempre abiertos a los adolescentes de todas las edades.
VIDEO SUGERIDO: Alphaville – Forever Young – Official Video, YouTube (cappew22)
Los entusiasmos e influencias de Syd Barrett se volvieron tópicos: oráculos chinos y cuentos de hadas infantiles; ciencia ficción de serie B y los textos de J.R.R. Tolkien; las baladas folk inglesas, el blues de Chicago, la música electrónica de vanguardia, Donovan, los Beatles y los Rolling Stones. Lirismo, ingenio y surrealismo. Todo cuajó en el molde del subconsciente de Syd para reemerger con una voz, un sonido y un estilo únicos. En el escenario, cuando los músicos de Pink Floyd no se perdían por completo tras las proyecciones visuales y el destello de las luces, Barrett dominaba la imagen del grupo con la intensidad de su presencia; de manera ominosa agitaba los brazos envueltos en una larga capa, entre ráfagas de feedback interestelar.
VIDEO SUGERIDO: Pink Floyd Interstellar Overdrive Live January 27, 1967 UFO Club, London, YouTube (SydBarrettOpel)
BXXI-232 NOSFERATU
Primero fueron los literatos, los poetas, quienes hicieron salir a Nosferatu (y Drácula a la postre) de su ataúd. Luego vinieron los cineastas (con F.W. Murnau a la cabeza) y los actores como Bela Lugosi, Max Schreck, Klaus Kinski. En tiempos recientes les ha tocado a los músicos del rock evocar al vampiro. Subgéneros como el dark, el illbient o el gótico lo convocaron para crear sus atmósferas. Sin embargo, en el rock fusionado con las llamadas Nuevas Músicas (contemporáneas y experimentales), este personaje (re)surgió por primera vez a cargo primero de Art Zoyd (como Nosferatu en 1989). Reunir a Nosferatu con el grupo francés resultó un acierto y garantía de un infalible ambiente desasosegante.
VIDEO SUGERIDO: Art Zoyd – Le Chateau, YouTube (Alonso Leeds)
BXXI-233 ROCKPILE
Con la exégesis musical que dio aquel grupo británico esa noche, en aquel auditorio de la ribera suiza, algo se movió para mí transfiriendo unos minutos de actuación en un tiempo de eternidad personal conectada permanentemente a su dinamo (y que gracias a la edición del disco con dicha presentación, Rockpile Live at Montreux 1980, puedo revisitar cada vez que lo requiera). Es un disco comparable a un sitio de retiro, al que de vez en cuando me acerco para recargar energías, recuperar recuerdos, aclarar las cosas, indicar una ruta a seguir o simplemente un refugio ante un desgarro existencial. Creo que todas las personas deberían tener discos así, unos cuantos, elegidos por las causas precisas y por la cura que proporcionan.
VIDEO SUGERIDO: Rockpile – Teacher, Teacher, YouTube (bthomas1001)
BXXI-234 JANIS JOPLIN
Todo mundo se preguntó quién era esa mujer tan intensa y desacostumbrada y así surgió la información: se llamaba Janis Joplin, era una vocalista que vivía lo que cantaba; una estudiosa que hacía esfuerzos por poner al día la tradición de la bluesera clásica, tan olvidada, con Bessie Smith como materia prima de la cual abrevar; era una mujer liberada que le entraba fuerte al alcohol y a la pasión amorosa, dándole con ello un matiz propio a la era psicodélica, una cultura consumidora de ácido. A la par de esto, su cabello orgullosamente largo y revuelto, ropa de segunda mano y emociones a flor de piel la convirtieron en una heroína femenina. Pero, sobre todo, su voz denotaba el intenso y auténtico deseo de comunicarse con el público.
VIDEO SUGERIDO: Janis Joplin – Piece Of My Heart, YouTube (ender cañizalez)
BXXI-235 CREAM
Si bien la existencia de Cream se redujo a dos años, el tríptico formado por Eric Clapton, Jack Bruce y Ginger Baker, representó el prototipo del grupo de rock exitoso y «moderno» de los años sesenta, el “Power Trio”. Caracterizado por un volumen fuerte, basado en el blues, audaz en el aspecto instrumental (imbuido en la improvisación del jazz del que 2/3 de sus componentes eran originarios) y muy rítmico. Cream conquistó al mundo con sus bombásticas y largas interpretaciones en vivo, que abrieron el camino para un gran número de formaciones, incluyendo al Led Zeppelin —Page había sido amigo, colaborador y fan de Clapton por varios años—, Mountain y las oleadas de heavymetaleros de la futura era del rock de estadio.
VIDEO SUGERIDO: Cream – Spoonful Live 1968, YouTube (Cream of Cream)