LIBROS: ANA RUIZ

Por SERGIO MONSALVO C.

ANA RUIZ (PORTADA LA BUENA)

 SUEÑOS EN TRANSICIÓN*

(ENTREVISTA)

El jazz (en su forma más free) es aquello que permanece de un sueño en la vigilia. Es una reverberación mental completamente afectiva que se anida en la memoria. Si no, ¿cómo explicar que podamos captar, de manera precisa, el eco de una música de la cual no se escribe ni una sola nota, ni se pinte su color?

Es un desdoblamiento poético que se fija en el espíritu como un goce fugaz de recuerdo imperecedero. Algunos mortales son capaces de recrearse en ello. Uno de éstos lleva por nombre Ana Ruiz. Es una pianista, pionera del género en un país reacio, que nació en la Ciudad de México el 2 de agosto de 1952.

Ella sabe que sólo equivale a la intimidad de un pianista la voluntad de comunicación. Una paradoja. Una sublime paradoja. Más aún cuando los aplausos estallan a causa del silencio tras su música. Los polvos mágicos que se disuelven en el fondo de un licor divino.

Ella sabe que su sueño jazzístico es forma pura y virgen, al que va levantándole sus arquitecturas sobre tinieblas frescas y significativas de las que surgirá flora y a veces lienzos alegóricos. Como el personaje de la Cantante Calva de Ionesco, que siempre se apresura a recomenzar.

Ana alguna vez fue calva. Por lo tanto, comprende que el más hermoso de los ejercicios físicos y espirituales es la peregrinación por esas formas territoriales de circulación personal, secreta, de virginidad en los signos.

El viaje con todos los sentidos despiertos, con el cuerpo aligerado por la marcha: estado en el que todos los dispositivos de la intuición funcionan. La tarea es dejarlos despertar, flotar, emerger de sí misma, como un desprendimiento astral.

Ella sabe que tales formas se convierten en manos sobre las teclas, con intenciones conmovedoras, ardientes, frágiles o fuertes. En libertad plena. Y lo sabe por sus ojos obsesivos, brillantes órganos de la adivinación.

La posibilidad de vidas múltiples y simultáneas, en notas diversas, como mundos en metamorfosis. Modalidades rítmicas, armónicas, melódicas. Cada una como objeto único que busca cabalgar en la imaginación. Pasa de uno a otro paisaje. El éxtasis está en la forma que los reúne: el free.

Todo cede ante su facultad de verse, de ver esas manos, de pasar de una vida a otra, de no consumirse en una sola. Ella lo sabe.

S.M.: Ana, ¿cómo se dio en tu caso el aprendizaje de la música?

A.R.: “En mi familia hay muchos músicos. Mi abuela era pianista, ella estudió el instrumento con [Alba Herrera] Ogazón y le encantaba tocar. Yo de muy chiquita le daba vuelta a las hojas mientras ella tocaba, iba leyendo la partitura y la disfrutaba con ella. Tocaba cosas maravillosas y las gozábamos. Un tío por parte de mi abuela era Carlos Chávez. Yo estudié música con Otilia, su esposa, y ésta nos dio clase a todos mis primos y hermanos. Yo aprendí a tocar con un teclado mudo. En él recibí toda la técnica. Una vez con estos elementos nos pasaba al piano, al piano acústico, nos daba solfeo y enseñaba a mover los dedos. Después me metí al Conservatorio Nacional junto con mi hermana Citlali, ella estudiaba viola. Mis otros hermanos estudiaron guitarra y oboe respectivamente. En la familia siempre oímos música clásica. La popular estaba vetada, aunque yo la escuchaba a escondidas”.

S.M.: ¿Cómo fuiste de niña, cómo fue la relación con tus padres?

A.R.: “Muy buena, muy amable. Siempre fui rebelde, siempre quise hacer cosas y todas mis emociones y demás iban a parar al piano, las volcaba en él. Mis padres gozaron mucho esta situación, siempre les gustó que tocara”.

S.M.: ¿Tu padre a qué se dedicaba, a qué se dedica?

A.R.: “Mi papá ya murió. Era campesino y fue compositor de boleros, de guarachas, etcétera. Le encantaba hablar sobre su pueblo, sobre el campo, las mujeres, el amor por Jalisco”.

S.M.: ¿Cuáles fueron tus discos favoritos primero como niña y luego como adolescente?

A.R.: “Beethoven me gustaba muchísimo, Dave Brubeck, lo mismo que los Rolling Stones. Los Beatles nunca fueron de mi agrado, no eran algo que me emocionara, como los Doors, por ejemplo. En la casa teníamos que oír otro tipo de cosas, pero en una recámara nos escondíamos todos los hermanos y poníamos el radio para oír a los Doors y cosas así, que eran raras o muy nuevas”.

S.M.: ¿Tienes algún disco entrañable para ti que haya causado cambios en tu vida?

A.R.: “Sí, claro. Los de Ornette Coleman y de Cecil Taylor. A este último lo entendí desde muy joven. La gente me decía: ‘Es un loco que nada más aporrea el piano’. Pero yo realmente siempre lo entendí. Tenía una estructura y un desarrollo. Había un juego y se reía del mundo, gozaba al hacerlo. A mí Cecil Taylor me cambió muchísimo. Sus primeros discos me hicieron decir: ‘¡Guau!, ¿qué es esto?’. Desde entonces he oído mucha música, pero ya no hay un disco que me llame la atención, en el que me haya clavado, ya no”.

S.M.: ¿Cuál es tu definición particular de la palabra jazz?

A.R.: “Es la forma que tienes para platicar sobre ti. Desde cómo te despertaste ese día hasta cuál es tu dolor más grande en el mundo. Es la manera de expresarlo y de decir ‘aquí estoy’”.

 

*Fragmento de la entrevista, publicada originalmente en el blog Con los audífonos puestos, bajo el rubro Ana Ruiz de la Serie Ellazz (.mex), que realicé el día 20 de febrero del 2001. Tras la publicación del libro Tiempo de solos (que edité junto al fotógrafo Fernando Aceves) quería continuar el proyecto de hacer más perfiles de los jazzistas mexicanos, Ana era parte de esa continuación. Sin embargo, los planes cambiaron. Vine a vivir al extranjero y aquello quedó trunco. Desde entonces no había tenido noticias de ella hasta que me encontré con una muy breve referencia online en la revista número 17 del Instituto de Estudios Críticos y de la cual hago referencia a continuación:

“Pianista y compositora mexicana dedicada a la improvisación y el free jazz desde 1973. Ha formado parte de los grupos Jácara, Baile y Mojiganga, Atrás del Cosmos, La cocina, Radnectary La Sociedad Acústica de Capital Variable. Ha compuesto música para películas, coreografías, y documentales. Desde febrero de 2015 comienza, con el auspicio de la Fonoteca Nacional, la recuperación de la música del grupo Atrás del Cosmos para editar varios discos compactos con el interés de dejar una constancia histórica y dar a conocer este grupo al mundo”.

 

Ana Ruiz

Una entrevista de

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Palabra de Jazz”

The Netherlands, 2020

Exlibris 3 - kopie

ROCK AND ROLL LXX (III-1)

Por SERGIO MONSALVO C.

R & R LXX (III) 1A PARTE (FOTO 1)

 70’s

 (PRIMERA PARTE)

A toda acción corresponde una reacción. Ley de la física que es aplicable a las ciencias sociales. Si los años sesenta se distinguieron por ser la década de las ideologías y la acción, el primer lustro de los setenta se esforzó por vaciar de contenido todo fenómeno social e impulsar la reacción a base de propaganda en los medios de comunicación cualquier cosa a favor de ello.

 

Si el rock fue un gran instrumento para la concientización y la contracultura, y un inventivo recurso expresivo con muchas variantes, el statu quo a través de la industria musical intentó quitarle el papel protagónico en el inicio de una nueva década y asignárselo a otra forma sonora, más controlable, disuasiva y rentable. Con el anzuelo del hedonismo sin cortapisas fabricó uno de sus virus más perniciosos: la música Disco.

 

Tal producto de laboratorio fue creado para satisfacer a un ambiguo y emergente mercado sin brújula. La discothèque (en concepto neoyorquino), buscó satisfacer las expectativas más elementales del desfogue primario, el baile, alimentado por cantidades industriales de cocaína y salsa-funk. Ya no hubo incertidumbres políticas ni utopías, se ofreció el cinismo como alternativa a la fiebre del sábado por la noche. Moda y vanalidad se festejaron bajo el reflejo de los múltiples espejos de la disco ball.

 

Los voceros de la música Disco, por el lado del mainstream (quienes aseguraban que había que regresar al glamour de la pista de baile, a la elaborada peluquería, a la vestimenta de visutería), y el folklórico y solemne dogmatismo maoísta-leninista-trotskista-stalinista del canto latinoamericano, por otro, (que rabiosamente vociferaban contra el rock como “arma del imperialismo yanqui”), fueron los bandos a los que se enfrentó el género durante aquella primera parte de la década.

 

A este último (el canto latino) lo desnudó primero su solemnidad kitsch y, luego, la salida a la luz de la información acerca de los gulags soviéticos, la represión y las criminales purgas propulsadas desde el Kremlin –hacia las esferas de sus dominios, incluyendo Cuba de la que salió la Nueva Trova– en nombre del comunismo; así como el recuerdo generacional de que una idea que inspira a otras ideas se llama intuición y de que una idea que bloquea a otras ideas se llama folklor.

 

La esencia fundamental del rock, su savia, es la intuición. Y a ella se remitió para cambiar las cosas, para innovarlas. En este sentido hubo dos clases de innovación: una que consistió en cambiar de respuesta (o sea: evolución, a través de grupos de resistencia e inclasificables en su momento como Iggy Pop & The Stooges, MC5, The Dictators o New York Dolls y el glam) y, otra, que llevó a cambiar de pregunta (o sea: una revolución). De ambas echó mano el género para responder a aquella reacción. A la síntesis resultante le pusieron cuatro letras por nombre: Punk.

 

Mientras en las discos se bailaba desaforadamente (con el Studio 54 al frente), la ciudad de Nueva York, su epicentro, agonizaba en una crisis económica y de violencia que anunciaba un cercano apocalipsis urbano. El Sida, después, sembró el terror en las despreocupadas pistas de baile, en el momento en que Richard Nixon caía víctima del escándalo Watergate, provocado por sus propias e infinitas truculencias.

 

Vietnam era un caso perdido y las otras crisis; la económica y la identitaria, recorrían la Unión Americana, así que para remediar aquello, primero Gerald Ford y luego Jimmy Carter, a la cabeza de la presidencia se subordinaron a la reforma neoliberal. Es decir: la clase política se hizo vasalla de los poderes económicos y de la oligarquía.

 

El fantasma neoliberal recorrió el Occidente. Se vaciaron las instituciones de todo poder, las desigualdades se incrementaron con grandes consecuencias: se desregularon los mercados, se aseguró la transferencia automática de recursos públicos a manos privadas a expensas de la sociedad, al tiempo que se volteaba hacia otro lado para no ver el fraude fiscal de las grandes fortunas. Creció así la masa de desempleados, la de asalariados empobrecidos al igual que su ira. La fiesta de la Disco se percibió entonces como lo que era: algo aberrante.

 

R & R LXX (III) 1A PARTE (FOTO 2)

 

Mientras tanto en pequeños clubes de zonas marginales neoyorquinas, llamados Max’s Kansas City y CBGB’s, se comenzaron a dar cita los amantes del rock, con el mismo impulso, pero con otra idea: recuperar el espíritu de la música, la autenticidad creativa e interpretativa y la concepción de que ésta podía acompañar los cambios y la realidad.

 

En el escenario del CBGB’s aparecieron grupos como los Ramones, Television, Blondie, Patti Smith y Talking Heads. Los primeros cuatro representes el punk original y los Heads de la new wave consecuente. El Max’s Kansas City fue, a su vez, la guarida del Velvet Underground (con y  sin Lou Reed) y de The Heartbreakers.

 

El punk neoyorkino hacia mediados de la década se caracterizó tanto por la elementalidad de sus planteamientos lírico-musicales y hasta temporales (con los Ramones), como por la sofisticada incorporación intelectual (con la literatura beat, la poesía simbólica francesa, el arte plástico, así como puntos de vista sobre intereses existenciales) unida al fuerte complemento rockero de la Ola Inglesa y estadounidense del que estaban influenciados (con el Patti Smith Group y Television, con sendos artistas a la cabeza).

 

 

VIDEO SUGERIDO: Ramones – Max’s Kansas City 1976 – 2 Songs, YouTube (DanielSegalR)

 

 

R & R LXX (III) 1A PARTE (FOTO 3)

 

 

 

 

Exlibris 3 - kopie

LIBROS: OK RADIOHEAD (O VICEVERSA)*

Por SERGIO MONSALVO C.

OK RADIOHEAD (PORTADA 4)-trabajada

 OK RADIOHEAD

(O VICEVERSA)*

 El primer humanoide que se dio cuenta del cambio de las estaciones y de la  repetición de las mismas, agregó a sus conocimientos algo determinante: la concepción del tiempo. Desde entonces el homo sapiens ha buscado anticiparse al futuro en nombre de la supervivencia.

Desde entonces, también, todo filósofo, científico, artista o poeta se ha detenido a pensar sobre él y en su definición. ¿Qué es el tiempo? Ha sido la pregunta recurrente y con ella se ha agregado el intento de atrapar tal concepto.

Radiohead ha sido un núcleo artístico persistente en ello, confluyen en él los elementos que le han dado identidad al ser humano en concordancia con el tiempo: su ensimismamiento, su espíritu y su relación con él.

Ese es el vértice en el que se ha movido uno de los grupos más importantes de la cultura rockera de las últimas décadas, que abarcan cambio de siglo, de milenio, de las tecnologías y, tras el 11-S y el Coronavirus, el del mundo tal como se conocía antes y que hoy (iniciada la tercera década del siglo XXI) se ve al borde del colapso.

El ser y el tiempo. Esa es la sensación que provoca su obra y la de que Radiohead es un grupo completamente ensimismado en esa relación, su propia existencia. Y en ella, para el grupo de Oxford, el espíritu de tal confluencia está en lo que en alemán se llama Weltschmerz, una palabra que ha logrado mostrar sintéticamente la negrura de un estado anímico: el espíritu de los tiempos, ese que se ve reflejado en sus canciones.

 

 

*Fragmento del libro Ok Radiohead (o viceversa), de la Editorial Doble A, y publicado de manera seriada en el blog “Con los audífonos puestos”, bajo la categoría “Radiohead”.

 

Ok Radiohead

(o viceversa)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Textos”

The Netherlands, 2021

Exlibris 3 - kopie

JAZZ Y CONFINES POR VENIR – 3*

Por SERGIO MONSALVO C.

Jazz y confines Portada

 MANU DIBANGO

GUÍA DEL MAKOSSA CAMERUNÉS

PORVENIR 3 (FOTO 1)

Emmanuel “Manu” Dibango nació en 1933 en Camerún, una antigua colonia alemana. Un tío suyo peleó en el ejército alemán durante la Primera Guerra Mundial y sus padres eran protestantes estrictos. Por eso tenían un armonio en casa, el cual le fascinaba al músico cuando niño. Las canciones religiosas alemanas fueron su primera música allá en el poblado de Dovala.

A los 15 años llegó a París, donde primero estudió el piano y luego el saxofón. A principios de los años cincuenta se cambió a Bruselas, donde firmó su primer contrato de discos. Hasta 1960 grabó varios álbumes de jazz. En dicho año conoció a un grupo de congoleses que lo convencieron de volver a la música africana. Para ello se mudó a Zaire, donde adquirió gran fama con su estilo, sobre todo como integrante del conjunto African Jazz bajo la batuta de Joseph Kabassele.

Puesto que a los 15 años llegó a vivir a Europa, no conoció el continente africano realmente hasta 1961, cuando se estableció en Zaire para tocar con grupos de ahí. Fue una época agitada. En Francia había estudiado filosofía y tocado jazz, estaba casado con una mujer blanca de Bélgica y llegó justo a la mitad de la guerra por la independencia del país.

Ahí se encontró con muchas cosas que no le pasaban por la cabeza y al mismo tiempo con la profunda espiritualidad de su pueblo. Había crecido en Europa y estudiado filosofía, así que tenía una visión muy distinta de los problemas africanos que la gente que había estado ahí siempre. Dibango pertenecía a las dos culturas.

Los problemas de África son consecuencia de una situación muy vieja, la cual surgió cuando las potencias colonizadoras dividieron el continente de acuerdo con sus intereses. La situación no es más extraña que la de la extinta Yugoslavia, por ejemplo, que se componía antiguamente de 36 países. En África sucede lo mismo. En primera instancia, la vida es étnica. Cuesta trabajo inculcar la idea de «nación». África apenas ha contado con cincuenta años para este proceso, mientras que Europa dispuso de dos mil años para construir sus naciones.

Desde la caída del Muro de Berlín el escenario se modificó. A nadie le interesa África. Sólo a Sudáfrica se le concede cierta importancia. Ese desinterés también se manifiesta en la música. A diferencia de lo que ocurría en los años ochenta (con la llegada de la World music), hay pocas compañías disqueras que inviertan en artistas africanos. Es una de las razones por las que Dibango se lanzó a los escenarios.

Al volver a París en 1965 grabó una serie de sencillos, entre ellos «Salt Pop Corn», «Soukouss» y el L.P. de afrojazz O Boso (1972). Un año después conquistó los clubes con su éxito mundial «Soul Makossa», una elaboración con elementos disco de la tradicional música makossa de Camerún.

Dibango llamaba a su estilo «Afro-Quelque Chose» (afro algo), aunque en el mundo se le conoce como “afropop”. El éxito de «Soul Makossa» y de los álbumes siguientes fue motivo para una gira por los Estados Unidos y Puerto Rico, donde tocó con los grandes de la salsa. A la mitad de los setenta el músico se estableció por un tiempo en Costa de Marfil, donde dirigió la orquesta de la radio oficial. En la misma época compuso el soundtrack para dos películas africanas, de las cuales Ceddo es la más conocida.

La música de este saxofonista, cantante, compositor y tecladista no fue fácil de difundir, porque casi nadie se interesaba en la idea. Ives Bigot, un conocido periodista francés, fue el único capaz de convencer a la gente de meter dinero a un proyecto como éste. No obstante, la idea en la que se basan los discos de Dibango la tenía desde fines de los años setenta, cuando grabó dos álbumes con solos en el piano de piezas africanas clásicas, Mélodies Áfricaines. Tocó en aquella ocasión la obra de compositores africanos, porque quería que incluso la gente que no conociera los idiomas de las canciones tocara sus melodías.

En 1980 el músico grabó dos discos para el sello Island, en los cuales combinó con ritmos africanos varios estilos del pop moderno, como reggae, funk y jazz-rock. Los álbumes fueron producidos por Geoffrey Chung. En 1982 realizó una gira muy aclamada por Francia junto con el músico de jazz Don Cherry. Al año siguiente volvió a salir de gira, por Francia y otros países europeos, con un joven grupo integrado principalmente por africanos.

PORVENIR 3 (FOTO 2)

En 1984 Dibango tomó la iniciativa para un proyecto de beneficencia a favor de la población hambrienta de Etiopía y otros países afectados. Su sencillo «Tam Tam Pour L’Éthiopie» fue grabado en colaboración con varios artistas africanos, entre ellos Salif Keita y Mory Kante. También formó parte de la formación neoyorquina Deadline, un proyecto de disco-jazz experimental de Bill Laswell. El propio Laswell le produjo Electric Africa (Celluloid, 1985).

A fines de los ochenta, el saxofonista hizo dos discos llamados Négropolitaines. El primero fue con una pequeña formación: dos guitarras acústicas, bajo y una pequeña batería. Otra vez al servicio de la melodía. Para el segundo volumen agregó una sección de cuerdas, pero siguió tocando standards africanos. «Wimoweh», «Independence Cha Cha», la obra de un sinnúmero de compositores que la gente no conoce.

En 1991 volvió a sorprender con Polysonik y Live ’91, y luego con Négropolitaines, vol. 2, con el cual ganó el premio Victoria de la Música en Francia. Los cuatro discos fueron realizaciones propias de bajo presupuesto. Esos proyectos no necesitaron a nadie que diera mucho dinero para una buena producción.

En su álbum Soul Makossa fue no sólo un precursor de la actual World music sino también del jazzdance. Hace años el músico sacó el CD Wakafrika (Fnac Music, 1994), el cual otorgó una forma actual a varios clásicos del pop africano. Piezas como «Pata Pata», «Soul Makossa» y «Jingo», interpretadas por las superestrellas Angelique Kidjo, Youssou N’dour, Peter Gabriel y Papa Wemba: nadie hubiera podido realizar mejor una idea semejante que Manu Dibango; nadie más en la década de los noventa trabajó tanto con las grandes estrellas zairenses de los años sesenta como con Bill Laswell, Sly & Robbie, Fania All Stars y una orquesta sinfónica francesa.

 

Wakafrika, el disco que mayor presencia le ha dado a nivel internacional, fue mezclado por Rod Beale, el mismo que se encargó de Thriller de Michael Jackson, y se dice que en aquel entonces hubo mano negra contra el camerunés. Al parecer Michael Jackson saqueó la música de Dibango sin mayores explicaciones (al igual que Rihanna a la postre, con un largo proceso judicial de por medio).

Aparte de «Soul Makossa», Wakafrika contiene otra composición de Manu Dibango, «Ça Va Chouia», de tintes árabes, derivada de los LP’s grabados por Manu en 1979 en Jamaica. Quiso incluir una pieza norafricana en el disco. Por eso optó por una canción que más o menos respetara el estilo, para de alguna manera representar a toda África con los nuevos sonidos. Continuó en ello hasta el día de su muerte a causa de Coronavirus el 24 de marzo del 2020.

Discografía mínima: Afrovision (Island, 1976), Home Made (Africam, 1979), Gone Clear (Island, 1980), Ambassador (Island, 1981), MBOA (Afrovision, 1982), Abele Dance (Celluloid, 1985), Afrijazzy (Soul Paris, 1986), Happy Reunion (Buda, 1989), Live ’91 (Soul Paris, 1991), Polysonik (Bird, 1991), Wakafrika (Fnac Music, 1994), CubAfrica (Mélodie, 1998), Manu Safari (Mélodie, 1999), Mboa’Su (Sony, 2001), African Soul (Mercury, 2001), Lion of Africa (2007), African Woodoo (2008), Past Present Future (2011).

 

 

*Capítulo del libro Jazz y Confines Por Venir. Comencé su realización cuando iba a iniciarse el siglo XXI, con afán de augur, más que nada. El tiempo se ha encargado de inscribir o no, a cada uno de los personajes señalados en él. Publico la serie basada en tal texto dentro del blog “Con los audífonos puestos”, bajo la categoría de “Jazz y Confines Por Venir”.

 

VIDEO SUGERIDO: Manu DIBANGO – La Javanese, YouTube (Manu DIBANGO)

PORVENIR 3 (FOTO 3)

 

Jazz

y

Confines Por Venir

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Textos”

The Netherlands, 2021

 

 

 

PORVENIR 3 (REMATE)

LIBROS: BALADAS VOL. III

Por SERGIO MONSALVO C.

BALADAS VOL. III (PORTADA 2)

 (CHET BAKER)*

 

“I’M  A FOOL TO WANT YOU”

Su salvación, sabe /

depende de esos instantes de revelación /

de esos flashes de lucidez fulminante /

de esa improvisada anamnesia

de lo in–on top /

 

La real investidura del sobresentido /

sin alegorías /

con data precisa del sentimiento /

sólo valor racional

y clarividencia /

 

En solitaria vigilia /

contra la locura y el fin

que recorren la vida en ese tiempo /

como una jam after hours

frente a la barbarie del desamor

 

 

*Texto extraído del libro Baladas Vol. III, publicado por la Editorial Doble A.

 

Baladas III

(“I’m a Fool To Want You”)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Palabra de Jazz”

The Netherlands, 2019

 

 

Contenido

Billie Holiday

Chet Baker

Dinah Washington

Bob Dylan

Dee Dee Bridgewater

Frank Sinatra

 

BALADAS VIII (FOTO 2)

 

 

 

Exlibris 3 - kopie

POPCORN JAZZ (IX)

Por SERGIO MONSALVO C.

POPCORN IX (FOTO 1)

 SONIDOS PARA SÓRDIDAS ATMÓSFERAS

 

Hubo un tiempo cuando al jazz se le asoció con el crimen y otros temas sórdidos. Desde la era del cine mudo, el jazz ha sido identificado por el cine con el crimen, los asesinatos y el pandemónium. También se utilizaba para sugerir las relaciones íntimas caracterizadas por diversas formas de comportamiento aberrante y asociadas con la locura, la demencia, las tendencias psicópatas o, simplemente, excéntricas.

 

Había cierta razón en parte de esta imagen de pantalla: los gángsters tuvieron un papel preponderante en el establecimiento de los clubes nocturnos, salones de juego y de baile donde había prosperado el jazz. La mayoría de las películas de tal fauna ubicadas en la era de la Prohibición o la Depresión contenían escenas que empleaban a grupos de jazz para crear la atmósfera.

 

Young Man with a Horn (1949, Warner Bros., dirigida por Michael Curtiz), inspirada en la novela de Dorothy Baker sobre la vida de Bix Beiderbecke, pone a Kirk Douglas como el trompetista que se pierde en el alcoholismo y es salvado por un amor sufrido y paciente (Doris Day).

 

Harry James grabó el soundtrack para Douglas, cuyo leal amigo pianista fue representado por Hoagy Carmichael. Por su parte, Pete Kelly’s Blues (1955, Warner Bros., dirigida por Jack Webb) retrata a un trompetista que entra en conflicto con un grupo de gángsters. Webb reunió a varios músicos excepcionales para figurar y enriquecer el valor narrativo de la historia.

 

En The Man with the Golden Arm (1955, United Artists, dirigida por Otto Preminger), Frank Sinatra tiene una actuación impresionante como jugador de cartas y baterista profesional con un problema de drogadicción. La música original con influencia jazzística de Elmer Bernstein y unos significativos arreglos de jazz de Shorty Rogers y Shelly Manne realzan el relato de este oscuro melodrama.

 

POPCORN IX (FOTO 2)

 

En The Crimson Canary (1945, Universal, dirigida por John Hoffman), la cantante de un grupo de jazz es asesinada en un club nocturno y el director del grupo se convierte en el principal sospechoso al ser visto cuando abandonaba la escena del crimen con una trompeta abollada, que resulta haber sido el instrumento del crimen.

 

El detective a cargo del caso es un fanático del jazz y su pista es un disco, la edición de prueba del grupo interpretando «China Boy». Se pueden disfrutar varios números con el grupo (Coleman Hawkins, Howard McGhee, Sir Charles Thompson, Oscar Pettiford y Denzil Best) antes de revelarse quién es el asesino.

 

The Dark Corner (1946, 20th Century-Fox, dirigida por Henry Hathaway) es un thriller oscuro que gira en torno a los esfuerzos de un detective privado por liberarse de una falsa acusación de asesinato. Incluye excelente música de Eddie Heywood y su grupo, como «Heywood’s Blues» y «Coquette».

 

En The Strip (1951, MGM, dirigida por Leslie Kardos), un baterista de jazz (Mickey Rooney, con él mismo en el instrumento) se mezcla con estafadores y asesinos, e incluye ejecuciones de piezas como «Basin Street Blues», «Shadrack», «That’s a Plenty» y «A Kiss to Build a Dream on», por un grupo del que formaban parte Louis Armstrong, Jack Teagarden, Earl Hines y Barney Bigard.

 

Nightmare (1956, United Artists, dirigida por Maxwell Shane) relata la historia de un músico de jazz de Nueva Orleáns a quien en estado de hipnosis se convence de que apuñaló a un hombre. La película está llena de imágenes distorsionadas y fondos de jazz para subrayar el estado psicológico del músico inocente; ella incorpora presentaciones de Billy May y Meade «Lux» Lewis.

 

Por lo que se refiere a The Wild Party (1956, United Artists, dirigida por Harry Horner), un melodrama lleno de sexo, violencia y clubes de jazz en el que Nehemiah Persoff retrata a un pianista de jazz homicida, cuenta con apariciones del cuarteto de Buddy DeFranco, incluyendo a Pete Jolly, así como de un grupo encabezado por Teddy Buckner.

 

El quinteto de Chico Hamilton acompaña varias escenas ubicadas en un club, en The Sweet Smell of Success (1957, United Artists, dirigida por Alexander Mackendrick). Red Norvo tiene un papel con diálogo y dirige un cuarteto de jazz en todo el extraño thriller psicológico Screaming Mimi (1958, Columbia, dirigida por Gerd Oswald).

 

Un nuevo personaje fue agregado a dichos temas en cintas como The Beat Generation (1959, MGM, dirigida por Charles Haas), un melodrama psicológico sobre un violador y un grupo de beatniks, en el que Louis Armstrong, bastante fuera de lugar, encabeza a un grupo que incluye a Peanuts Hucko, Trummy Young y Billy Kyle; y The Subterraneans (1960, MGM, dirigida por Ronald McDougall), la cual aborda el excéntrico comportamiento bohemio de los beatniks, en la que Carmen McRae, Gerry Mulligan, Art Pepper, Art Farmer, Shelly Manne y Chico Hamilton figuran entre los que proporcionan la música.

 

 

VIDEO SUGERIDO: THE SUBETRRANEANS (1960), George Peppard (excerp#1), YouTube (LostCinemaChannel)

 

 

POPCORN IX (FOTO 3)

 

 

 

 

 

POPCORN (REMATE)

LIBROS: BALADAS VOL. 2

Por SERGIO MONSALVO C.

BALADAS VOL. 2 (FOTO 1)

 (POEMARIO)

 

“STILL WONDER”*

 

soñar unidos tu silencio y el mío

hasta dejar agotado su pozo

en canto sagrado

de gesto dolorido

con rito cotidiano

donde el ornato cobre

dimensión infinita

eternidad simbólica

en el nicho de cuerpos

de realidad a contraluz

instrumento desnudo que comparta

con tu callar y el mío

su capacidad divina

hacer de la creación

un dogma de fe

algo tan simple/intérprete sagrado

la posibilidad única

de escuchar la propia vida

el mito soñado

en el eco de otra voz

 

 

 

*Texto extraído del poemario Baladas Vol. 2, de la Editorial Doble A.

 

 

 

 

Baladas Vol. 2

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Palabra de Jazz”

The Netherlands, 2006

 

 

BALADAS VOL. 2 (FOTO 2)

 

CONTENIDO

 

BALADAS VOL. 2

 

«Pain in My Heart”

 

“Here We Go Again”

 

“Still Wonder”

 

“Ain’t No Sunshine”

 

“Someone Like You”

 

“I’m Blue So Blue”

 

 

 

Exlibris 3 - kopie

BABEL XXI – SINOPSIS (15)*

Por SERGIO MONSALVO C.

BABEL XXI (FOTO 1)

 (71-75)

SINOPSIS 15 (FOTO 2)

 BXXI-71 DAYNA KURTZ

Hasta hace poco, Dayna Kurtz podía haber sido el secreto mejor guardado de la música estadounidense, pero tras cuatro álbumes de estudio y obras sueltas en vivo, cassettes y LP’s, el secreto se ha ido revelando en toda su magnitud al fiel grupo de seguidores que la han descubierto. Lo que situa a esta cantante, compositora y productora en un nivel diferente es que, como en las mejores novelas del profundo Sur de la Unión Americana, puede olerse, saborearse y sentirse. Su obra está impregnada de peligros, de sexo latente y personajes desesperados, que buscan a alguien o algo a lo que aferrarse en época de confusión y crisis. Y todo ello acompañado de los mejores sonidos de la dark americana.

VIDEO SUGERIDO: Dayna Kurtz – Reconsider Me (oficial video), YouTube (Dayna Kurtz)

SINOPSIS 15 (FOTO 3)

BXXI-72 ZAZ

La cantante Zaz estuvo de gira por Europa y Norteamérica. La comenzó en su Francia natal y la continuó en Canadá, Suiza, Bélgica, Alemania, Italia, etcétera. Después de ello encabezó las listas de ventas en todos esos países. Aparecieron entonces las siguientes declaraciones en el periódico galo Liberation: «Se está hablando ahora mucho sobre ella y la gente espera para verla… y la espera lo vale”. Zas actúa en lugares pequeños en los que obtiene el mejor ambiente para su propuesta artística. Ella es una vocalista y compositora popular e intuitiva, que conoce bien la música y que sabe exponer su original canto, rasposo y sensual. Hoy es la artista francesa más escuchada en el mundo.

VIDEO SUGERIDO: ZAZ – “Dans ma rue” acoustique (Edith Piaf cover), YouTube (madmoiZelle.com)

Foals

BXXI-73 FOALS

El math rock, un subgénero cuyo estilo se caracteriza por la complejidad de sus ritmos y la experimentación y rareza de las estructuras, espacios y tempos (y cuyo nombre se debe a que los músicos utilizan las matemáticas para encontrar la creatividad del momento de escribir), era la sustancia de las bandas originales de la mayoría de los ahora integrantes de Foals. Pero ese es tan sólo uno de los ingredientes con los que el grupo ha dotado su rico material. La salida del primer líder, Andrew Mears, provocó que Yannis Philippakis, el guitarrista, se quedara como voz principal y con la directriz del nuevo rumbo. Con él Foals redifiniría el sonido de la banda hacia una mezcla más bailable.

VIDEO SUGERIDO: Foals – Baloons (Live on Later…), YouTube (DonaldVass)

SINOPSIS 15 (FOTO 5)

BXXI-74 JOHN CAGE

John Cage empezó a dinamitar la tradición musical en 1939. Desde entonces, seguirlo fue ir quemando etapas. Del ruido pasó al silencio (la famosa pieza 4′ 33″, uno de los iconos del siglo XX). El salto siguiente consistió en dotar de eficacia al conceptualismo abstracto. Lo hizo a través del sistema de crearse a su propio público. De esta manera cada individuo que escuchara a John Cage sería una obra misma del compositor, hasta el punto de abandonar la posición de autoridad del compositor: “Lo que sucederá es que me habré convertido en oyente”, aseguró. Si Duchamp reinventó la mirada sobre la creación artística, Cage fue quien tomó el relevo y nos llevó hasta la actualidad.

VIDEO SUGERIDO: John Cage: 4’33” for piano (1952), YouTube (Zoomoozophone)

SINOPSIS 15 (FOTO 6)

BXXI-75 CESARIA ÉVORA

Desde que el mundo la descubrió Cesaria Évora se ganó su simpatía. De las Antillas a África (desde Senegal a Burkina-Faso), de Abidjan a Dakar, de Brasil a Japón, de Nueva York a México, la cantante conocida como “La Diva Descalza” (por actuar sin zapatos, cosa que hacía como solidaridad con los desposeídos y contra la discriminación social) se granjeó el afecto de todos los pueblos. ¿Por qué? Quizá por el sentimiento de exilio y de añoranza que trasmitía; tal vez por su estilo de piano-bar; a lo mejor por sus maneras fulgurantes y sosegadas a la vez; por su naturalidad o porque su fama creció por la vía más confiable: de forma oral, de boca en boca a través de los continentes.

VIDEO SUGERIDO: CesariaEvora – Pic Nic Na Salamansa, YouTube (Geniusbeauties)

*BABEL XXI

Un programa de:

Sergio Monsalvo C.

Equipo de Producción: Pita Cortés,

Hugo Enrique Sánchez y

Roberto Hernández C.

Horario de trasmisión:

Todos los martes a las 18:00 hrs.

Por el 1060 de AM

96.5 de FM

On line por Spotify

Radio Educación,

Ciudad de México

Página online:

http://www.babelxxi.com/

Exlibris 3 - kopie

JAZZ Y CONFINES POR VENIR – 2*

Por SERGIO MONSALVO C.

JAZZ Y CONFINES POR VENIR (PORTADA)

 I

EXPLORADORES

DEL CONTINENTE NEGRO

PORVENIR 2 (FOTO 1)

Los intérpretes de la música popular africana orientados hacia el jazz, de fines del siglo XX y proyectados hacia —por lo menos— las primeras décadas del XXI, han encontrado tres maneras de producir una forma artística contemporánea viable y en contacto con la población en general.

Esto ocurre por medio de la progresiva africanización, es decir, la dilución de las influencias externas en géneros que surgieron como imitación de los extranjeros; en segundo lugar, mediante el empleo creativo de la retroalimentación recibida de toda América en forma de música de baile; y, finalmente, al continuar la antigua tradición africana de la música de protesta.

Estas tres formas de recuperar la autonomía cultural, tamizadas por las sonoridades contemporáneas y de vanguardia, cobraron mayor importancia y se emplearon de manera más consciente en los años noventa, debido al ánimo de reforzamiento de lo cultural que inundó a las nuevas naciones africanas independientes, así como a la búsqueda de las «raíces» africanas llevada a cabo por los artistas negros de América, principalmente por los afroamericanos de los Estados Unidos.

Desde hace cincuenta años, muchos músicos negros americanos dedicados al jazz y sus subgéneros se han inspirado en el mensaje del poder y el orgullo negros y en el patrimonio musical africano. De hecho, un gran número de ellos han emprendido peregrinajes hacia “La Madre África”: Max Roach, Randy Weston, Yussef Lateef, Art Blakey, Ronald Shannon Jackson, etcétera.

Algunos otros (Pharoah Sanders, Sun Ra, Steve Coleman, Branford Marsalis, Me’Shell Ndgéocello, Erykah Badu o el grupo Arrested Development et al.) han desarrollado su arte a partir de la literatura, las grabaciones, las historias familiares, los seminarios permanentes, las experiencias religiosas dentro y fuera de las iglesias, las vivencias callejeras o políticas o el contacto con los medios de comunicación.

El proceso africano de transculturación del «Ciclo Atlántico» (ése que va incansable e ininterrumpidamente de África a América y de vuelta, y que se enriquece en ambos sentidos a través de la historia), además de verse acompañado por la creación de una música standard, también encierra la influencia catalítica ejercida por la cultura importada al engendrar una fértil escena musical en cada región.

Aquí también entra en juego el factor geográfico cuando en un país africano se desarrolla un género de música popular a partir de la asimilación cultural, la cual a la postre se extiende por otras naciones del continente, dando a luz a variantes locales secundarias. El Congo-jazz de Zaire, por ejemplo, con sus influencias rumberas, se propagó en Tanzania, donde en años recientes se convirtió en el suahili jazz, interpretado por Simba Wanyika, los Kinyonga Brothers y la Jamhuri Jazz Band, entre otros.

La música negra del Nuevo Mundo ha influido en el esfuerzo africano por obtener la autonomía y definir su identidad. Es posible trazar su presencia en la introducción del gumbey jamaiquino en el África Occidental o en la de la rumba cubana, que llegó hasta el África Oriental y creó nuevas formas de baile. Asimismo, las mascaradas afrobrasileñas calunga y carata y el tambor de la samba se han hecho presentes en casi todas esas regiones y marcado su estilo jazzístico en cada una de ellas.

PORVENIR 2 (FOTO 2)

La música como el afrorock (Osibisa de Ghana), el afrobeat (Fela Anikulapo-Kuti de Nigeria), el afroreggae (Alfa Blondie de la Costa de Marfil), el mbalax (Youssou N’Dour de Senegal) y el makossa (Manu Dibango de Camerún), entre otros estilos del reciente jazz africano, deriva de la influencia de artistas negros americanos.

Sin embargo, al crear estos géneros los africanos recuperan a su vez los recursos locales de los que ellos mismos disponen. Esto ha conducido a la explosión del gran número de estilos mencionados, los cuales a la postre viajan de nueva cuenta hacia América para repercutir en otras formas de musicalizar al jazz y demás géneros.

Hacia fines del siglo XX, las principales razones de la preferencia selectiva africana por la música negra americana y viceversa fueron las similitudes en las experiencias sociohistóricas, expuestas ambas al dominio blanco, es decir, al colonialismo y a las leyes discriminatorias. Los abanderados africanos en ese siglo, como Miriam Makeba, Hugh Masakela, Dudu Pukawana y Dollar Brand (Abdullah Ibrahim), promovieron la creación de nuevos tipos musicales, producto de la tensión social.

Esta tradición de protesta manifiesta en la música popular africana permea, igualmente, a las nuevas generaciones como Langa Langa, un grupo zaiko del África Central que utiliza el fuerte sonido de las guitarras eléctricas para su jazz rock como foco de protesta juvenil, lo mismo que Les Têtes Brulées (Camerún) con el punk jazz, Simon Vinkenoog y Remko Campbert en el ragga jazz o la sudafricana Mzwakhe Mbuli en el cool jazz.

El hip hop, el rap, el acid jazz, el drum and bass, el dub, el e-jazz y demás posibilidades hacen brecha ya en la ruta tradicional del intercambio cultural, con vistas hacia su mayor desarrollo en el siglo XXI.

 

 

 

*Fragmento del libro Jazz y Confines Por Venir. Comencé su realización cuando iba a iniciarse el siglo XXI, con afán de augur, más que nada. El tiempo se ha encargado de inscribir o no, a cada uno de los personajes señalados en él. Lo publico como serie en el blog “Con los audífonos puestos”, bajo la categoría de “Jazz y Confines Por Venir”.

 

VIDEO SUGERIDO: LES TÊTES BRULÉES DU CAMEROUN AVEC ZANZIBAR À LA GUITARE, YouTube (Multing Arts)

PORVENIR 2 (FOTO 3)

Jazz

y

Confines Por Venir

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Textos”

The Netherlands, 2021

 

 

PORVENIR (REMATE) - kopie