68 rpm/21

Por SERGIO MONSALVO C.

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Lo primero que hicieron fue cambiarse el nombre (dejando el The Golliwogs). La llegada de la psicodelia había transformado la concepción de los nombres de los grupos por algo más significativo, irónico, contestatario, antibélico o en profundidad tras la apertura de las puertas de la mente. En eso coincidieron con los tiempos que corrían.

Y tras jugar con las opciones se sacaron de la chistera un intrincado galimatías: Creedence Clearwater Revival. Creedence (en memoria de un amigo familiar llamado así y apellidado Nuball), Clearwater (salido de un comercial de cerveza) y Revival (que representaba una afirmación o las intenciones del grupo: revivir sonidos).

Querían tocar un rock distinto al británico, uno de raíces, apoyado en el country blues y más fuerte que el folk-rock. Bajo esa iluminación, John Fogerty tomó la batuta, puesto que estaba más que consolidado como guitarrista y cantante del estilo, al que sumaba ya sus dotes como compositor y multiinstrumentista (bajo, armónica y teclados). Igualmente tomó el papel de productor de los demos: sabía cuál era la dirección que quería para el grupo. Todos estuvieron de acuerdo.

“Porterville”, un sencillo grabado cuando eran The Golliwogs, fue relanzado en noviembre de 1967 (primer track del grupo con su nuevo nombre) como tarjeta de presentación en un nuevo comienzo de tocadas y bailes y producción de demos.

Por ese tiempo participaron gratuitamente en un concierto de apoyo a una huelga de programadores de radio de la cadena KMPX, así que cuando John le presentó su material más fresco —una versión del clásico “Susie Q” de Dale Hawkins— al asesor de programación de tal cadena, Bill Drake, éste escuchó la canción y la recomendó a todas las estaciones de radio que atendía a pesar de su larga duración (8’36”). Los DJ’s del conglomerado la programaron sin parar en retribución a su apoyo huelguístico.

Los sonidos distintivos de un poderoso estilo y emergente, tan diferente de lo que se escuchaba por entonces y con un brillante trabajo de producción, permearon los aires de una Bahía de San Francisco acostumbrada al nacimiento de todo lo imaginable y se extendieron vigorosamente por el resto de la Unión Americana.

Tan rápido que el tema llegó al Top Twenty, para sorpresa de los ejecutivos de la compañía Fantasy que no estaban preparados para el acontecimiento. No tenían listo un LP completo del grupo.

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 CREEDENCE CLEARWATER REVIVAL

CREEDENCE CLEARWATER REVIVAL

(Fantasy)

El éxito de “Susie Q” obligó al sello Fantasy a incluirla en el rápido ensamblaje de un álbum en su versión completa, tal como se trasmitía en la radio, y para ello la dividieron entre el lado A y B del mismo.

El homónimo primer disco, Creedence Clearwater Revival (julio de 1968), incluyó —entre sus ocho temas— otro sencillo importante: un cóver de la desgarradora “I Put a Spell on You”, un tema original de Screamin’ Jay Hawkins aparecido en 1956.

Esta seminal balada bluesera daría origen a las puestas en escena del rock y en ella quedaría marcada para siempre la sentencia de que lo importante era el cantante que interpretaba la canción, no al revés. Con ésta John Fogerty dejó huella.

Ambas piezas ayudaron a establecer el estilo del CCR, con el dominio de la ferviente y áspera voz de John, de su guitarra andariega, comunicadora y con el bagaje a tope, sobre un ritmo sólido y frugal armado por el resto de sus compañeros. Hacia el final de ese año obtendrían el disco de oro por este LP.

Y a pesar de lo mucho que se diga por ahí que el grupo era ajeno al rock psicodélico de la Bahía de San Francisco, no es más que una verdad a medias, puesto que el sonido del vibrato extendido en la guitarra está presente en muchos de aquellos temas, al igual que las versiones blueseras largas y reflexivas, donde su largueza recrea atmósferas y permite el viaje mental del escucha. La diferencia del CCR con respecto a su entorno radicaba fundamentalmente en la lírica temática y en los puntos de observación.

John Fogerty (en principio y a final de cuentas el cerebro y alma del grupo) llevó al escucha con sus canciones a un viaje mítico por el corazón de una música con decisivo papel en el destino humano y su insondable profundidad (en este caso sureño-pantanera), representada con el correr de un río legendario, el Mississippi.

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Personal: John Fogerty, guitarra y voz; Tom Fogerty, guitarra rítmica; Stu Cook, bajo; Doug Clifford, batería. Portada: diseño de Laurie Clifford.

 [VIDEO SUGERIDO: Creedence Clearwater Revival – I Put A Spell On You – YouTube (bluearmyfr111)]

 Graffiti: “La vida siempre está más allá

MIS ROCKEROS MUERTOS

Por SERGIO MONSALVO C.

ENERO-MARZO 18 (FOTO 1)

(Enero-Marzo 2018)

Rick Hall transformó aquel sitio de Muscle Shoals en un lugar de peregrinaje, en un tabernáculo, donde los hombres se transformaban (de botones de hotel, camioneros o meseros) en artistas. En los estudios Fame, que dirigió, se definió uno de los profundos cánones del soul, un género, que bajo el brío de una sección de metales asombrosa (Muscle Shoals Horns) y el de una sección rítmica sublime (The Swampers), todo fue corazón y elegancia.

Hall murió el 2 de enero del 2018, pero su contribución a la música es histórica, testimonial y legendaria. Esto dijeron los obituarios sobre él: “La historia de la música norteamericana no sería la misma sin los estudios FAME, todavía abiertos, registrando grabaciones de The Black Keys, Bettye LaVette, Drive By Truckers, St. Paul & The Broken Bones, The Soul Sisters o el último disco del también fallecido Gregg Allman, Southern Blood”.

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Las otras bajas que sufrió el género entre enero y marzo de este año no han sido menos pesarosas: Ray Thomas (de Moody Blues), aquel flautista británico y maravilloso de “Nights in White Satin”, una pieza que los entendidos han señalado como “una que define el momento”, por sus aportaciones y trascendencia.

Eddie Clark (de Motörhead), el guitarrista de una banda clásica de rock duro que influyó en el punk. Eddie participó de ello entre los años 1976 a 1982. El cual, según la comunidad del heavy metal recalca, será “recordado por sus icónicos riffs y por ser un auténtico rocker”, ambas cosas tan difíciles de lograr como de mantener.

También está la desaparición de un ejemplar de esa especie denominada Groupie, tan cara y celebrada por todos los músicos del género, llamada Barbara Cope, la cual ejerció como tal con el apelativo de “The Butter Queen”, y a quien los Rolling Stones, nada menos, mencionan y certifican en el tema “Rip this Joint”, de su obra maestra titulada Exile on Main Street.

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El bajista James Walter Bodford (20 enero) fue parte de otros ex miembros del grupo de los Zombies, con quienes Rod Argent decidió formar una nueva banda que portara su apellido como nombre. El proyecto finalmente se concretó: “Tuve la intención de formar un grupo cuyos músicos no sólo tuvieran dotes técnicas o ideas experimentales, sino que asimismo quisieran crear algo, con entusiasmo y respeto mutuo, que valiera la pena escuchar”, anunció Argent en 1970. El cuarteto tocó un rock clásico de Inglaterra: limpio, fuerte y con la ambición evidente de dejar el mismo espacio a cada uno de los instrumentos.

Mark E. Smith (24 enero). Smith fundó The Fall en 1976 en la ciudad inglesa de Prestwich en Mánchester. La banda cambió varias veces de estilo musical, frecuentemente asociado a los diferentes músicos (66 en total) que pasaron por el conglomerado a lo largo de su historia: desde el post-punk de fines de los setenta de sus primeros discos hasta el rock alternativo de los últimos. Smith siempre permaneció al frente de la banda como vocalista e indiscutible líder.

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En FEBRERO supimos del fallecimiento de Dennis Edwards (día 2) miembro destacado de los Temptations. Éstos fueron el epítome de las virtudes de la Motown. A su disposición estuvieron los mejores equipos de productores y compositores de Detroit; con Norman Whitfield al timón se reciclaron en comentaristas sociales a partir de 1968. Fue entonces cuando Dennis Edwards reemplazó a David Ruffin como vocalista principal. Las piezas  “Cloud Nine” yPapa Was a Rolling Stone” fueron sus temas más representativos.

Pat Torpey (7 febrero) fue miembro de Mr Big, una banda angelina de hard rock que se formó en 1988. Torpey, baterista y miembro fundador de la banda, falleció el 7 de febrero de 2018 y fue reemplazado por Matt Starr. A pesar de caracterizarse por un sonido áspero, su repertorio cuenta con baladas y canciones con diversos estilos musicales. Entre sus éxitos se encuentran las canciones “To Be with You” o “Green-tinted Sixties Mind”. Desde su fecha de fundación, la banda se ha mantenido en actividad interrumpida debido a altercados internos. Tras tomarse un descanso de casi siete años, Mr. Big volvió a los escenarios con un reencuentro de sus miembros originales en 2010, hasta la siguiente…

En MARZO, por fortuna, no murió nadie del medio musical.

Toda la música interpretada por la gente fallecida en este primer trimestre del año y que muchos han elegido para sus viajes vitales, es un bagaje personal e intransferible.

Es la sonoridad que acompaña a las profundidades del espíritu, ahí donde se emociona, se reflexiona, donde soplan los vientos de la vida, pero también los que pasman por la presencia de la muerte, cuando se entera uno de su paso cercano. Allí donde se asume que, a fin de cuentas, ambas cosas forman parte de esta maraña llamada existencia.

Gracias a todos ellos.

ExLibris

KLIMT 1918

Por SERGIO MONSALVO C.

KLIMT 1918 FOTO 1

 PINTURAS, CANTERAS Y SONIDOS

La obra del pintor vienés Gustav Klimt sigue admirando lo mismo en museos que galerías o cuevas, e influyendo tanto en las artes plásticas como en la literatura y la música. En esta última disciplina su estética ha jugado un papel importante en la fundación y carrera del grupo Klimt 1918, cuyos sonidos serían el soundtrack perfecto para una de las exposiciones sobre él que se realizan en algunas cuevas francesas del sur de Francia, por ejemplo.

 Klimt 1918 es una banda italiana de indie rock, por decir algo, originaria de Roma, que en sus inicios practicaba el goth metal. Fue fundada en el último año del siglo XX por los hermanos Marco y Paolo Soellner tras la desaparición de su otro grupo llamado Another Day, practicante del death metal. Completaron la formación el bajista Davide Pesola y el guitarrista Francesco Tumbarello. En la nueva etapa grupos como The Cure, Bauhaus y Joy Division influyeron en las composiciones de Marco (guitarra y voz), el encargado de ello.

Pronto lanzaron su primer demo llamado Secession Makes Post-Modern Music, el cual fue grabado con el baterista Giuseppe Orlando, amigo de ellos y miembro del conocido grupo Novembre (a la postre Paolo tomaría las baquetas definitivamente).

La grabación tuvo un gran eco y llamó la atención de la discográfica My Kingdom Music, con la que lanzaron su siguiente trabajo, Undressed Momento, que vio la luz en 2003. Durante la grabación el guitarrista Francesco Tumbarello dejó al grupo y fue reemplazado por Alessandro Pace.

KLIMT 1918 FOTO 2

El disco Undressed Momento marco un cambio en el sonido de Klimt 1918, se transformó en algo más melódico y emotivo, dejando a un lado buena parte de sus características metaleras. Un año más tarde firmaron un nuevo contrato con la discográfica alemana Prophecy Productions y comenzaron a trabajar en un nuevo álbum.

Dopoguerra salió al mercado en el 2005 y mostraba otros rumbos. Es un álbum ambientado en la postguerra de la Segunda Guerra Mundial, con un continuo sonido melancólico y tristón que no resta fuerza al resultado final. Sorprende sobre todo el toque que tienen de U2 (sobre todo en “They were wed by the sea”), pero sin caer en la imitación.

Las guitarras hilan fino unas melodías que se graban a fuego desde la primera escucha sobre una muy buena base rítmica, destacando la labor del baterista, hábil y preciso, que crea líneas tan definidas como efectivas.

KLIMT 1918 FOTO 3

 

 

Al año siguiente, después de la gira que realizaron por Europa, el guitarrista Pace dejó la banda y fue sustituido por Francesco Conte. El producto de este cambio fue Just In Case We’ll Never Meet Again (Soundtrack For The Cassette Generation, del 2008), donde los riffs son menos protagónicos y la batería reduce en varios puntos su fuerte contundencia, para elaborar temas más melódicos y profundizar en letras de calado profundo.

Con esos álbumes publicados hasta la fecha, especialmente tras Dopoguerra y Just In Case…, los italianos de Klimt 1918 han demostrado ser un grupo sin fines acomodaticios, al reducir drásticamente sus posibilidades de llegar al público masivo con la mezcla conceptos musicales poco populares, como la dureza sonora y las texturas ambientales del post-rock.

Klimt1918 forma parte de una hornada de grupos que, desde hace un tiempo, se mueven por una corriente más o menos apartada del metal pero siempre bajo su sombra. Con un estilo musical más suave e intimista, a veces depresivo si cabe el término.

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La propuesta de los hermanos Soellner ha provocado que, por resultar difíciles de encajar en un solo estilo (nu metal melódico, indie rock alternativo, dark rock retro, glam ochentero con tintes de hard rock), hayan sido marginados tanto por los amantes del rock alternativo, como por los del metal. Lamentable, porque la música que despliega este cuarteto merece más reconocimiento, ya que abreva de fuentes muy dispares y, sin embargo, no puede ser comparada con ninguna de ellas.

 Sin embargo, en un término medio se le podría definir como “un incómodo rock emocional”. Esta poliédrica banda italiana ha sabido fundir en una propuesta extraña sus diversas influencias (Anathema, Opeth, Katatonia, Novembre, etcétera, y la ola británica de los años ochenta: Depeche Mode, The Cure, U2, Duran Duran). Lo curioso es que no suenan a nada de eso.

El propio Gustav Klimt (fallecido en 1918), homenajeado hasta en cuevas prehistóricas (las Canteras de Luces en Les Baux-de-Provence), estaría satisfecho con este sonido representativo que lo ha tomado a él como estandarte.

KLIMT 1918 FOTO 5

[VIDEO SUGERIDO: Klimt 1918 – Skygazer, YouTube (Myobukitsune)]

 

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68 rpm/20

Por SERGIO MONSALVO C.

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El detonante para la proyección de Janis Joplin fue su aparición en el primer festival masivo que hubo, el Monterey Pop Festival de junio de 1967. Fue la inmejorable ocasión para presentarse en plan grande junto a luminarias como Otis Redding, Ravi Shankar, The Who, Animals, The Mamas and the Papas, Jimi Hendrix y vecinos de San Francisco como Jefferson Airplane, Grateful Dead y Moby Grape, entre otros.

La interpretación que hizo ella de “Ball and Chain”, un tema de Big Mama Thornton, con su ruda y áspera voz, hizo polvo a todos los concurrentes. Se erigió en la nueva figura de una cantante de blues con el sexo y las emociones fluyendo hacia el auditorio en forma candente, veraz y profunda. Realizó en ese tiempo la transición de cantante callejera a refulgente estrella del escenario.

Todo mundo se preguntó quién era esa mujer y de esa necesidad comenzó a surgir la información importante: era una vocalista que vivía lo que cantaba; una estudiosa que hacía esfuerzos por poner al día la tradición de la bluesera clásica, tan olvidada en la historia de ese momento, con Bessie Smith como materia prima de la cual abrevar; era una mujer liberada que le entraba duro al alcohol, a las drogas y a la pasión amorosa, dándole con ello un matiz propio a la era psicodélica.

A partir de ahí su nombre se volvió leyenda. Era una bebedora famosa en medio de una cultura consumidora de ácido; usaba el cabello orgullosamente largo y revuelto y ropa de segunda mano, y las emociones a flor de piel la convirtieron en una heroína pre feminista para miles de mujeres.

Sus admiradores opinaban que la expresividad de su voz compensaba cualquier exabrupto que cometiera: su graznido rasposo abarcaba la gama del arrullo al alarido. Con todo, su garganta denotaba un dolor auténtico y el deseo de comunicarse con el público: “Mi canto no es un viaje cerebral sin emociones. No me preocupa si es artístico o no, sino que de verdad le llegue a la gente”, dijo en sus primeras entrevistas.

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 CHEAP THRILLS

THE BIG BROTHER & THE HOLDING COMPANY

(Columbia)

En enero de 1968 Janis y Big Brother firmaron con el famoso empresario Albert Grossman, que por entonces administraba a Bob Dylan. A finales de agosto sus giras habían incluido los más importantes auditorios de la Unión Americana.

Janis era una auténtica matrona bluesera que no dejaba de gritar su doliente herida empapada de whisky, agitando las plumas, los collares y sus otros adornos mientras su voz conectaba con la audiencia frente al micrófono.

Era todo un espectáculo: “Algunas veces me siento tan excitada que dejo de cantar y me pongo a brincar de arriba abajo. No sé cuándo detenerme. Cantar no es solamente dejar salir todo, eso más bien es defecar. Cantar es tomar un sentimiento y convertirlo en algo terminado, bien hecho y que luego, pasado por las cuerdas vocales, trata de crear un sentimiento igual en la gente que te ve y oye”, comentaba al respecto.

Con esa idea fundamental, tal año entró con el grupo al estudio para grabar un disco para la CBS que llevaría por nombre Dope, Sex and Cheap Thrills, sin embargo, por exigencias de la compañía lo dejaron en Cheap Thrills. Su carisma vocal llevó al LP a la cima de las listas de popularidad.

Big Brother and The Holding Company era un grupo de diletantes improvisados muy entusiastas, pero apenas competente. Era más bien un grupo de amigos, festivo y desmadroso, caracterizado por el buen humor producto de la época.

Las guitarras principales tenían un sonido distorsionado pasado por la fuzz-box que tanto les gustaba usar. A pesar de las notables diferencias interpretativas, la voz de Janis los sacaba a flote y los elevaba por encima del nivel de otros grupos.

Gracias a esto, cuatro de los tracks del álbum se volvieron clave para inscribirlo en la historia del rock: “Ball and Chain” (de la que Janis hizo su versión), “Piece of My Heart” (tema original de Ema Franklin), “Turtle Blues” (escrita por Janis con estilo de los años veinte, en la que sólo la acompaña el productor del disco, John Simon, en el piano) y “Summertime” (pieza de George Gershwin y que resultó un triunfo emocional de Janis. Hay que destacar asimismo el original arreglo de Sam Andrew, que aumenta la intensidad del tema clásico).

Cheap Thrills se convirtió en un álbum de oro y número uno de las listas. Janis, por su parte, adquirió el status de superestrella.

En el blues sólo se pueden decir verdades puras sobre lo que se piensa y siente en el mundo de las emociones. En Janis Joplin el blues sonaba en todo su cuerpo, en la torturada canción de su existencia, y con su fuego ardió hasta consumirse.

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 Personal: Janis Joplin, voz; Peter Albin, bajo; Sam Andrew, guitarra principal y voz; James Gurley, guitarra; David Getz, piano y batería. Portada: Robert Crumb.

[VIDEO SUGERIDO: Janis Joplin – Ball And Chain (Amazing Performance ay Monterey), YouTube (RollingStones50yrs)]

Graffiti: “No me liberen, yo me basto para eso

AT LAST!

Por SERGIO MONSALVO C.

AT LAST (FOTO 1)

POÉTICA DE UNA CANCIÓN

Etta James era directa, sensual, descarnada, procaz y ubicada en un lugar en el que pocos artistas tienen las agallas para existir”, dijo Bonnie Raitt, mujer del blues, al conocer la muerte de la cantante en enero del 2012. Sabía lo que decía. Ese lugar era el corazón de la madrugada. El espacio donde aquella intérprete luchaba y sucumbía contra sus demonios, una y otra vez.

Una hora terrible para ella en diversas épocas, quizá desde que comenzó su éxito, cuando fue descubierta por Johnny Otis en los tempranos años cincuenta, o luego en el momento en que Leonard Chess le propuso grabar para su sello en los años sesenta.

De cuando el desamor y sus malas relaciones con varios hombres (incluyendo al propio Chess) produjeron perlas definitivas y poderosas del rhythm and blues, cargadas de tal emoción: “I’d Rather Go Blind”, “Trust in Me”, “My Dearest Darling”, “All I Could Do Was Cry”. Canciones de lamento.

Sin embargo, “At Last”, su balada cumbre, se significó en la antípoda del dolor. Era un tema venturoso (la canción fue escrita en 1941 por Mack Gordon y Harry Warren y se hizo popular desde que apareciera en la película Orchestra Wives). El productor entendió el potencial de la cantante en este sentido e hizo que la acompañara una orquestación de cuerdas. Su versión, entre decenas de la misma, ha sido insuperable.

En sus horas de desvelo a Etta no le importaba tanto cómo hubiera sido su día sino que por fin había terminado. Y casi al instante se preguntaba cómo soportaría el siguiente. En el corazón de la madrugada esta cuestión, aunada a sus heridas abiertas y errores, se le imponía: ¿Por qué no zafarse de la angustia con un un poco de polvo, una vez más?

Se pinchaba para no sentir ese dolor. El de enfrentar con desánimo un nuevo día. “La vida es un camino largo y viejo –cantaba su admirada Bessie Smith–, pero tiene que finalizar”. Era una canción amarga y reveladora para Etta. Sin embargo, algo todavía la impulsaba a encontrar lo perdido y a reparar la falta de amor.

Creía que todas las peregrinaciones sentimentales de los hombres y las mujeres llevan a eso. Le parecía que a un ser humano sólo lo podía salvar otro ser humano. Su voz, su canto, siempre lo sugirieron. Pero también estaba consciente de que eso no pasaba casi nunca.

Así estuvo décadas y décadas entrando y saliendo de tal certeza, entre los vapores del narcótico y los comebacks a la escena que le hacían todo más indescifrable. Hasta que la sangre finalmente se le enfermó bajo la piel de un cuerpo ya de por sí roto y sus ojos ya no pudieron ocultar el desorden de la mente. La agonía por fin terminó.

No obstante, “At Last”, su balada, quedará por siempre grabada en la memoria colectiva como la suntuosa joya que destaca en un mundo cruel y oscuro, como la nívea pluma que flota sobre el pantano de la adversidad, como la exposición más sincera de un deseo femenino.

A pesar de la aspereza que la caracterizaba, Etta habló de manera sensible de aquella pieza y de su interpretación de la misma: “A lo largo de mi carrera he creído que son las mujeres quienes compran mis discos, principalmente. Ellas han sido mis máximas seguidoras y en realidad quería dirigirme a ellas. Cada vez que canté la canción traté de expresar algunas cosas que reflejaran el corazón de la mujer. Por otro lado, siento que la única razón por la que un hombre compraría uno de mis álbumes sería por descubrir qué le gusta a una mujer, por consideración a ella”.

Ninguna mejor razón, Etta, ninguna mejor razón.

AT LAST (FOTO 2)

 

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NINA HAGEN

Por SERGIO MONSALVO C.

NINA HAGEN (FOTO 1)

 UN ENCUENTRO CERCANO

“Para embarcarse en un viaje con Nina Hagen es necesario estar listo para deambular en los abismos del rock, la política, la naturaleza, la energía, los ovnis y el lugar que ocupa el ser humano en el ‘sistema divino’.

Nina Hagen: Un encuentro cercano es precisamente un libro que nos prepara para emprender ese enigmático viaje y concebir a esta rocanrolera asimoviana y esotérica, filósofa y budista-cristiana que produce la música más dura, excéntrica, pintoresca, vanguardista, audaz y teatral de la actualidad.

Sergio Monsalvo C. nos relata la vida de Nina Hagen, su formación musical, sus costumbres y aventuras. Ella misma ha fabricado ansiosamente su leyenda y su existencia no conoce límites. Es una personalidad del próximo milenio. Para Nina todo es un cuento de hadas.

Provocación y fantasía son las constantes de esta mujer de voz descomunal, reina y madre del punk. La lírica de sus composiciones, algunas de las cuales se incluyen en este libro, es la muestra pura de su avant-garde musical. Nina Hagen es un espectáculo salvaje de brujería electrónica que atrae y excita la imaginación, que profetiza y colorea la realidad con su arte y áspera genialidad.

‘Soy de un tiempo en el cual todavía sirve de algo formular un deseo. Espero que todos crean y me acompañen en él’, ha dicho la artista. Un encuentro cercano es la oportunidad para ello”. (Contraportada)

PIERRES ET GILLES ACERCAN A BERLÍN EL UNIVERSO KITSCH Y PROVOCADOR DE SU ARTE

Nina Hagen

Un encuentro cercano

Sergio Monsalvo C.

Editorial Diana, México, 1988

 

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68 rpm/19

Por SERGIO MONSALVO C.

68 RPM 19 (FOTO 1)

En este álbum, que salió a la venta en abril de 1968, el dúo de Simon & Garfunkel reunió un puñado de canciones con un hilo conductor vital: de la niñez a la vejez (con voces testimoniales).

El tema más destacado del disco,“America”, cuenta la historia de una pareja que, como al final de la cinta El Graduado, viaja en un autobús de línea, devorando en esta ocasión kilómetros camino de América, como si éste fuera un concepto lejano, un mundo remoto o la tierra prometida que abrirá el horizonte y quizá el futuro. La fascinación de tal idea está intacta en ellos, rascando la existencia con la promesa a pesar del vértigo que produce.

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 BOOKENDS

SIMON & GARFUNKEL

(Columbia)

Como la prueba de “Mrs. Robinson” para el joven graduado, “America” (o sea, los Estados Unidos) es para ellos la clave del destino para inmiscuirse en la vida, sea lo que sea que ésta signifique.

Este gran tema del binomio es una obra inconmensurable (de tres minutos y algo) porque ofrece más cuestionamientos que respuestas, incluyendo una preocupación nada común por el proceso de envejecer.

68 RPM 19 (FOTO 3)

Personal: Paul Simon, voz, guitarra y producción; Art Garfunkel, voz y producción. Portada: Fotografía de Jim Marshall.

[VIDEO SUGERIDO: Old Friends + Bookends, Live in Hollywood 1968, Simon & Garfunkel, YouTube (Simon and Garfunkel Bootlegs)]

 Graffiti: “No dormirá tranquilo aquel que alguna vez abrió los ojos