GARAGE/28

Por SERGIO MONSALVO C.

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 LA CUENTA PRIMITIVA

Fue en Nueva York donde nació el punk, en el club CBGB, y de ahí tomó vuelo hacia Inglaterra. Los Ramones fueron los primeros, y al parecer sus slogans también serán los últimos en extinguirse. Ellos solos anunciaron la vuelta del rock de garage (piezas cortas, baladas mínimas), pregonaron el punk (nihilismo, velocidad de ejecución) y sacudieron los cimientos del hardcore.

Su ascendencia es tan vasta que sería imposible pasar por alto su influencia. Con el tiempo se convirtieron en una referencia tal que ya no hay que evocar su sombra; ella lo sigue a uno. Los Ramones son un hecho establecido: encarnan la esencia del rock en bruto. Y por futiles que parezcan, son un asunto serio.

La historia recuerda del mes de agosto de 1974 como el de la renuncia de Nixon a la presidencia de los Estados Unidos. Pero hubo cosas más importantes: el primer concierto de los Ramones en el CBGB’s, en el East Side de Manhattan. Este lugar se convertiría en la plataforma giratoria del punk neoyorquino (Patti Smith, Television, Blondie, etc.).

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Radicaban en Forest Hill, Queens, y el grupo apenas tenía seis meses de existencia cuando se presentaron. Estaban cansados de todo lo que escuchaban entonces. Querían hacer una música que no fuera progresiva; devolver la energía al rock.  Lo salvarían sometiéndolo de nueva cuenta a la única ley que vale: la vuelta hacia el origen.

En enero de 1976, firmaron con la compañía Sire por mediación de su agente Danny Fields, ex mánager de los Stooges, MC5 y del Velvet Underground. Grabaron su primer disco por 6,400 dólares. Se declaró la guerra relámpago. Se olió el cemento, volvió la inhalación directa, no rebasaban los dos minutos por canción (no había solos).

Su audacia fue inverosímil. A partir de ahí las obras siguientes fueron hechas con la misma precipitación, con un sonido igualmente rudimentario y una oscilación entre el candor y la crudeza. En los Estados Unidos se les ignora. Es el tiempo de la música Disco. Inglaterra los comprende mejor. Los futuros miembros de los Sex Pistols, Damned y Clash captan el mensaje: ¡Todos al garage! Son raros los grupos tan incitantes.

“…1, 2, 3, 4”. La cuenta de la creación a través del primitivismo; el invento de la música a través de la velocidad. El asunto es volver al comienzo del rock and roll. Ahí se cae en cuenta que los Ramones no son sólo un grupo, una leyenda o un mito: son un concepto. Y a cada vuelta del tiempo, ese concepto se desdobla en uno semejante.

Como buenos rocanroleros los Ramones abordaron su tiempo con el mito genérico. El rockabilly, la ola inglesa, el surf-rock, los girly groups de Phil Spector, el Velvet Underground, y el proto-punk de MC5, The Stooges y el glam callejero de The New York Dolls y T.Rex.  El choque de la paranoia y el optimismo en canciones monofónicas fun-fun-fun

Los Ramones nunca gritaron “No future”, ni anunciaron el Apocalipsis, pero lo pronosticaron con el mejor humor. Por debajo de su alboroto, los neoyorquinos manejaron el surf-punk como nadie.  “Surfin’ Bird” les bastó para recordarles a yanquis e ingleses el camino para la anarquía.

Los Ramones le devolvieron al rock a su expresión más pura e  insistieron en señalar a los Genesis que había que derribar. Eran unos cruzados sin interés por conquistar un imperio. Claro, su historia se alargó. Fueron veinte años de ebullición rockera antes de fundirse uno a uno como bulbos sobrecargados. El rock es incitación y los Ramones sus fotógrafos.

Los Ramones fueron demasiado duros para rendirse. Nunca cambiaron al rock and roll por una calculadora.

VIDEO SUGERIDO: The Ramones – Blitzkrieg Bop (Live), YouTube (CRFromHell)

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JESSIE

Por SERGIO MONSALVO C.

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 (LA MUJER EN EL JAZZ)*

Durante muchos años, las cualidades necesarias para adentrarse en el mundo del jazz se consideraron prerrogativas netamente masculinas. Entre ellas estaba una agresiva confianza en sí mismo, con la disposición a lucir e imponer la capacidad y potencia de interpretación en el escenario. Otra era la concentración exclusiva en la profesión, incluyendo ausencias frecuentes de casa y el derivado abandono de la familia.

A lo ya mencionado se agregaba la capacidad de moverse en ambientes difíciles y peligrosos, como lo eran los clubes nocturnos, infestados de vicios y administrados muchas veces por gángsters. Con frecuencia a las circunstancias mencionadas se sumaba la posibilidad de beber vastas cantidades de alcohol, ingerir drogas duras o las dos cosas juntas, según el caso, sin dejar de tocar de manera coherente hasta el amanecer del siguiente día.

En el pasado, una mujer decidida a formar parte de la comunidad de músicos y a no dejarse intimidar por dicho ambiente duro e impregnado de humo, en el que los compañeros de trabajo solían ser puros hombres, con frecuencia tenía que pagar el precio de su osadía, con costos tendentes a ponerla en su lugar, tales como la pérdida de su respetabilidad, la cual encabezaba la lista, además de la desaprobación social y familiar, y a veces ser relegada al ostracismo.

“Jessie salió de Harlem como protegida de la señora Emma Beck-Smith. Practicaba el piano –motivo por el que había obtenido el mecenazgo–, tocaba para los amigos de su benefactora, iba a conciertos y leía libros sobre música. Ya no daba clases ni ensayaba con el coro de la iglesia de su barrio, pero todavía le encantaba tocar para fiestas en Harlem, gratis, ahora que no necesitaba el dinero, por puro amor al jazz.

“La señora Beck-Smith se inquietaba bastante por eso; ella creía en el arte de la vieja escuela, en retratos que real y verdaderamente se parecieran a las personas, en poemas sobre la naturaleza y en música que tuviera notas escritas, no improvisaciones. Tenía muy presente la dignidad en el arte.

“Por lo tanto, al llegar la primavera la señora comenzó a organizar paseos de fin de semana al campo, donde tenía una casa y donde Jessie podía contemplar las estrellas desde lugares elevados, colmar su alma de la vastedad de lo eterno y olvidar el jazz. La señora Beck-Smith comenzó a odiar el jazz realmente, sobre todo cuando era tocado en un piano de cola.

“En esos momentos la señora sentía que se apoderaban de ella sentimientos muy maternales hacia esa muchacha oscura a la que había tomado bajo su protección, conduciéndola sobre el maravilloso camino del arte, a la que nutriría y cuidaría hasta que se convirtiera en una gran intérprete del piano.

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“Así que por dos años Jessie vivió en el extranjero a sus expensas. Estudió piano con un buen maestro, tuvo el departamentito en la orilla izquierda del río Sena y analizó las influencias africanas de Debussy. También conoció a muchos estudiantes negros argelinos y de las Antillas Francesas y escuchó sus discusiones interminables, que abarcaban desde Garvey hasta Picasso, Spengler y Jean Cocteau.

“Siempre que la señora Beck-Smith viajaba a París, ella y Jessie dedicaban las horas a escuchar sinfonías, cuartetos de cuerdas y a pianistas. Jessie disfrutaba estos conciertos, pero rara vez se sentía flotar entre nubes de éxtasis, como su benefactora. No obstante, la señora insistía en creer que el espíritu de Jessie estaba demasiado conmovido para expresarse con palabras en esas ocasiones, por lo cual entendía que la niña guardara silencio.

“A la señora le encantaba cantar mientras la muchacha negra tocaba. Muchas veces durante estas visitas en el pequeño departamento parisino, Jessie se metía a la cocina y guisaba algo rico para cenar, quizá una sopa de ostras o manzanas fritas con tocino.

“Durante todo este tiempo, el trabajo de Jessie con el piano floreció hacia la perfección. Su tono era un prodigio sonoro; y sus interpretaciones, cálidas y personales. Dio un concierto en París, uno en Bruselas y otro en Berlín. La prensa incluso publicó sobre ella las notas ansiadas por todos los pianistas. Su retrato apareció en muchos periódicos europeos. Luego regresó a Nueva York.

“El antiguo camarero de tren, novio de Jessie, ahora médico en ciernes, se graduaba esa misma primavera. Con lágrimas en los ojos, la señora Beck-Smith vio a su oscura protegida irse para asistir a la graduación. Hubiera creído que a esas alturas la música sería suficiente, después de tantos años con los mejores maestros, pero por desgracia Jessie aún no se sublimaba. Ni siquiera Philippe –el maestro francés– había logrado inculcárselo. Sólo quería ver a Pete, el camarero.

“Tiempo después tomaban el té, pero la señora ya no mencionaba la gira de conciertos que había pensado financiar para Jessie. En cambio habló de ese algo que en su opinión los dedos de Jessie habían perdido desde su retorno de Europa. Y le preguntó por qué alguien insistiría en vivir en Harlem.

–He estado tanto tiempo alejada de mi gente. Quiero vivir otra vez rodeada por ellos.

“La señora no asistió a la boda. Cuando comprendió que el amor había triunfado sobre el arte decidió que ya no podía influir en la vida de Jessie. Su periodo había terminado. Le enviaría cheques ocasionales, si la muchacha los necesitaba, además algo hermoso para la boda, por supuesto, pero eso sería todo.

“Los floreros persas del cuarto de música estaban llenos de azucenas de largos tallos la noche en que Jessie salió de Harlem por última vez para tocarle a la señora Emma Beck-Smith. La señora lucía un vestido de terciopelo negro y un collar de perlas. Se portó muy amable y bondadosa con Jessie, como hay que serlo con una niña que ha cometido un grave error, pero que no lo sabe ni es capaz de otra cosa. Sin embargo, a la muchacha negra de Harlem le pareció muy fría y blanca y su piano de cola se le hizo el más grande y más pesado del mundo cuando se sentó a tocarlo con la técnica adquirida gracias al dinero de la señora.

“Al escuchar la mujer blanca, rica y entrada en años la poderosa cadencia del piano, al observar el balanceo de los hombros oscuros y fuertes de Jessie, empezó a reprocharle en voz alta a la muchacha el hecho de estar huyendo del arte y la música, de irse a sepultar a Harlem y en el amor, en el amor por un hombre indigno de abrocharle los botines, según opinaba la señora.

–No sabes, niña, cómo son los hombres —declaró la señora Beck-Smith.

–Sí, lo sé –contestó Jessie con sencillez. Y sus dedos empezaron a recorrer el teclado lentamente hacia arriba y abajo. Entraron a una síncopa suave y perezosa con dejos de blues, de jazz.

–¿Gasté miles de dólares para que te enseñaran eso? ‑‑preguntó la mujer.

–No –indicó Jessie simplemente–. Esto es mío. Escuche. Es triste y alegre. Melancólico y feliz. Ríe y llora. Es blanco como usted y negro como yo. Es como un hombre, y como una mujer. Ésta es la música que toco, que me sale, que me gusta.

“La señora Beck-Smith permaneció muy quieta en su silla, mirando las azucenas que temblaban delicadamente en los invaluables floreros persas, mientras Jessie hacía palpitar las teclas como tambores hundidos en las profundidades de la Tierra”.

A la resistencia de que las mujeres entraran al jazz durante la primera mitad del siglo se le podría agregar una buena proporción de temor ante el aumento en la competencia económico, puesto que en el jazz de antaño los empleos eran muy apreciados y relativamente escasos.

A la mujer negra muchas veces se le presionó para no competir con los hombres por los empleos jazzísticos.

A pesar de todas las restricciones socioeconómicas que impidieron por mucho tiempo el acceso mayoritario de las mujeres a la escena jazzística, el amante de la música puede encontrar una larga lista y muy sobresaliente de mujeres que han participado en el jazz desde el nacimiento del género. Actualmente, las mujeres interpretan el jazz, lo graban, dirigen a grupos, componen, hacen arreglos musicales, producen álbumes, administran grupos y presentan conciertos, es decir, ya están involucradas en todo el proceso creativo.

Ejecutantes y compositoras. Aparecieron desde la última parte del siglo XIX, pero han sido pasadas por alto en las historias escritas del género. Rara vez se les tomó en serio.

¿Quiénes fueron, entonces, las primeras mujeres a las que se reconoció dentro del jazz? Obviamente, a las estrellas de la canción de los treinta y los cuarenta: Carmen McRae, Sarah Vaughan, Billie Holiday y Ella Fitzgerald. Luego, a las cantantes de big band como Peggy Lee y Anita O’Day. Y a la postre, a las brasileñas, mexicanas, japonesas, cantantes de scat o de avant-garde.

En cuanto a las ejecutantes, encontramos a docenas de ellas en todos los instrumentos. Dichas ejecutantes surgidas a lo largo de la historia han tenido que imponerse a grandes obstáculos con tal de poder tocar.

Si hay algo que caracteriza a las mujeres en el jazz actual, es su dedicación a la música. Ya se encuentran perfectamente instaladas en todos los géneros derivados del jazz, extendiendo sus límites hasta las fronteras de la imaginación y el talento de cada exponente. Ellas se manifiestan en escenarios y grabaciones con cientos de representantes por todos los países y continentes.

Hoy, ELLAZZ siguen pidiendo algo que también solicitaron las primeras mujeres en el jazz: que se les escuche.

*Ésta es la puesta on line de la serie ELLAZZ, a la cual titulé, escribí los guiones e hice parte de las voces. Se trasmitió en la estación Radio Educación, de México, al inicio del siglo XXI.

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BRIAN JONES

Por SERGIO MONSALVO C.

Jones, Brian & The Rolling Stones

 (50 AÑOS RIP)

Era uno de esos tipos de los que todo mundo sabe que no cumplirán los 70 años”, comentó Keith Richards lacónicamente después de la muerte de su compañero de grupo y rival de amores: Brian Jones. A pesar de la frialdad del comentario hacia alguien con el que había vivido el nacimiento y desarrollo primero de una leyenda musical, Richards tenía razón.

Pero empecemos por el principio: Brian Lewis Hopkin Jones nació el 28 de febrero de 1942 en Cheltenham, fue el dador del nombre para el grupo de los Rolling Stones (tomado de una canción de Muddy Waters) y en los comienzos se le consideró su líder.

Jagger y Richards lo descubrieron en abril de 1962 sobre el escenario del club Marquee, en Londres, donde el rubio de 20 años se presentaba como intérprete de la slide guitar y con el seudónimo de Elmo Lewis al lado de Alexis Korner. Se hicieron amigos y Mick y Keith lo admiraban desmedidamente, quien se declaró dispuesto a fundar junto con ellos su propio grupo de blues purista.

El departamento que los tres empezaron a compartir al poco tiempo, en Edith Grove, se convirtió en un convento del blues donde se vivió el dogma verdadero del género. Durante meses estudiaron los licks, las armonías y los riffs de sus ídolos estadounidenses. El 12 de julio de 1962 los entusiastas del género debutaron en vivo en el Marquee, por primera vez bajo el nombre de los Rolling Stones.

En aquello tiempos (1963), mientras Charlie Watts y Bill Wyman se mantenían al margen, Keith Richards se veía como un tipo desgarbado de cabello grasoso y Mick Jagger parecía casi pueril, Brian Jones, marcaba la diferencia. Era un joven encantador con buenos modales que siempre se vestía a la moda y tenía cierta tendencia a la excentricidad.

Era el prototipo del dandy rocanrolero: elegante, vanidoso, entregado a los excesos y lleno de pozos profundos. Ya había engendrado a varios hijos fuera de matrimonio, bebía como un cosaco, tomaba speed constantemente y se daba aires de diva caprichosa. Tal decadencia causó la ira del establishment, pero los fans lo celebraban como un ejemplo vivo de cómo salir de la triste normalidad.

Para los Stones fue su figura central hasta 1964. Determinó el rumbo del grupo, fungía como vocero y les daba el auténtico aire bluesero con su armónica y guitarra slide. No obstante, la influencia de Jones empezó a desvanecerse en cuanto se produjeron las primeras canciones de Jagger/Richards. A pesar de ello, la apreciación de que Mick, Keith y el mánager Oldham acabaron con él de manera sistemática es una tontería.

Brian Jones ya estaba acabado por esas fechas, lo cual tenía sus motivos: su consumo bárbaro de drogas, que a mediados de los sesenta lo convirtió en señero de una transformación social que para muchos, tuvo un final mortal. Al igual que su forma de ser: paranoica, complicada y supersensible.

Jones no tenía la capacidad de hacer frente al rudo negocio del rock, a las giras permanentes, a la vida a partir de una maleta, a los lambiscones y a los amigos falsos. Conforme perdía el control y la confianza en sí mismo se drogó cada vez más.

Fue el primer Stone que se vistió de terciopelo y seda y que con su camisa de olanes, sombrero y alhajas de fantasía desarrolló una imagen tan glamurosa y andrógina como años después lo harían Bolan o Bowie.

Para la película de Volker Schlöndorff, Mord und Totschlag (Asesinato, según la traducción al español), protagonizada por la novia de Jones, Anita Pallenberg, el músico compuso el soundtrack; sus capacidades musicales ahí parecían incólumes.

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En 1966 era aún imprescindible para los Stones como multiinstrumentista (tocaba todo instrumento de cuerdas, teclados y alientos, y a él se deben la cantidad de ornamentos musicales que aparecieron en los primeros discos del grupo), pero su estado mental y físico dificultaba cada vez más la colaboración: Jones llegaba muy tarde, completamente intoxicado o no llegaba.

Junto con Pallenberg y Richards se fue de vacaciones a Marruecos en 1967, donde se produjo el choque final: Pallenberg lo dejó para quedarse con Richards. Jones, de por sí vulnerable, se desplomó. Inició un tratamiento psiquiátrico y a la postre se le detuvo con drogas y enfrentó un juicio formal. Condenado a nueve meses de cárcel, el veredicto se cambió por tres años de libertad condicional.

A comienzos de 1969 Jones ya no era capaz de salir de gira con el grupo. En junio lo despidieron y se le permitió una salida honorable: pudo explicarle a la prensa que se habían separado por diferencias musicales. Más o menos un mes después murió ahogado en su alberca. Oficialmente se trató de un accidente, pero hasta la fecha su fallecimiento resulta misterioso: las declaraciones de los testigos se contradicen, el informe de la autopsia es poco claro, las huellas se borraron muy pronto.

Se supone que un tal Frank Thorogood, quien estaba renovando la casa de campo de Jones, posiblemente lo mató “sin querer” durante un pleito a golpes. Será difícil que se conozca toda la verdad. Y actualmente aún menos, debido al pésimo biopic que hizo  Leo Gregory (Stoned) al respecto.

Sea lo que fuere la causa de la muerte de Jones el 3 de julio de 1969 (el segundo miembro del Club de los 27), el comentario de George Harrison acerca de su triste fin quizá haya sido el más atinado: “No tenía nada que una porción extragrande de amor no hubiera curado”.

Ante la fatídica noticia, el grupo estaba conmocionado y en lugar de cancelar su próximo concierto en el Hyde Park londinense (de carácter gratuito), todos los miembros decidieron continuar y reformularlo como un homenaje a su ex compañero.

Tal concierto, más que una simple presentación, se convirtió en un evento histórico. Se calculó que medio millón de personas asistieron al mismo. Como abridores estuvieron King Crimson, New Church, y el  grupo más reciente formado por Alexis Korner.

Poco antes de que todos los Stones subieran al escenario, Mick Jagger, ataviado con un modelo de diseñador (conjunto de vestido y pantalones blancos, al igual que su novia de entonces Marianne Faithful) leyó fragmentos del poema “Adonais” del bardo británico Percy Shelley, en un emotivo homenaje a Jones después de que cientos de mariposas blancas se liberaran en el aire de verano.

Callad, que no está muerto ni dormido;

despertó ya del sueño de la vida.

Perdidos en visiones tempestuosas

y armados contra espectros sostenemos

contienda estéril y en delirio loco

el puñal del espíritu clavamos

en el vacío invulnerable. Sí.

Cruel despojos sepultos decaemos,

el temor y la angustia día a día

nos crispan y consumen, y esperanzas

friolentas cual gusanos hormiguean

en la entraña del barro que vivimos.

……….

Lo uno queda, lo vario muda y pasa.

La luz del cielo es resplandor eterno,

la tierra sombra efímera. La vida

cual cristalino domo de colores

mancha y quiebra la blanca eternidad

esplendorosa hasta que cae

a los pies de la muerte en mil pedazos.

Para encontrar lo que persigues, ¡muere!

¡Sigue la vía de todo lo que huye!

 VIDEO SUGERIDO: Rolling Stones –Paint It Black LIVE (1966), YouTube (Wil Per)

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EL BEAT DE LA IDENTIDAD

Por SERGIO MONSALVO C.

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 (1956)

En aquel tiempo, por más que la vieja guardia luchó, no tuvo defensas ante el rock and roll. Encabezando el ataque y respaldado por los poderosos recursos de la RCA, estaba Elvis Presley.

El primer sencillo que grabó Elvis para su nuevo sello, “Heartbreak Hotel”, fue el disco que más rápidamente se vendió de los editados por la RCA. En marzo de 1956, encabezaba las listas estadounidenses.

En ese año, el príncipe Rainiero de Mónaco se casó con la estrella de Hollywood Grace Kelly.

El presidente Nasser anunció la nacionalización del Canal de Suez.

El poeta español Juan Ramón Jiménez obtuvo el Premio Nobel de Literatura.

Siguiendo un patrón que se repetiría muchas veces a lo largo de los años, la inmediata aceptación de Elvis Presley por parte de los jóvenes fue desdeñada por los adultos que lo consideraban como “vulgar y desprovisto de talento”.

Sin embargo, Elvis pasó por encima de todo ello cuando, durante los siguientes meses, su popularidad experimentó una fabulosa escalada, hasta el punto que las cadenas de televisión se desvivían por lograr su aparición.

Incluso el formal Ed Sullivan llegó a entrar en acción. En septiembre de 1956, la aparición de Elvis Presley en su programa alcanzó una increíble cifra de audiencia: el 80 por ciento de los televidentes de la Unión Americana.

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La compañía RCA, que debía a Elvis casi la mitad de su total de ventas, saturó el mercado hasta agosto de aquel año, en un intento por satisfacer la insaciable demanda que éste había originado.

 Las ventas, que en ese momento superaban los 10 millones, hicieron que ocho títulos se situaran entre los 40 primeros de las listas de popularidad, incluyendo tres primeros lugares con varias semanas de supremacía: “Heartbreak Hotel”, “I Want You, I Need You, I Love You” y “Don’t Be Cruel”.

De los Sun Records de Memphis, Elvis se trasladó a los estudios de la RCA en Nueva York, y hacia finales del año a Hollywood, en donde rodó su primera película, Love Me Tender.

Comparada con sus posteriores incursiones en el celuloide, Love Me Tender es una cinta bastante razonable, que permitió a Elvis iniciarse en la actuación y cantar unas pocas canciones, figurando en ellas como coautor, una maniobra instigada por el Coronel Tom Parker, su apoderado, dado que Elvis no tenía madera de compositor.

El rock and roll ya había sentado sus bases en 1956. El ritmo inaugurado por Ike Turner pronto tuvo a su primer ídolo: Elvis Presley, quien del rockabilly evolucionó al rock.

Con él seguían el guitarrista Scotty Moore y el bajista Bill Black, pero ahora se había agregado el cuatro por cuatro, la batería con su remarcado beat, un pianista y un grupo vocal de acompañamiento (The Jordanaires).

El año 1956 fue todo de Elvis Presley, quien con “Hound Dog” logró un primer lugar en las listas, que permaneció por once semanas, un tema del rhythm and blues con el nombre de rock and roll.

VIDEO SUGERIDO: Elvis Presley – Hound Dog 1956 LIVE, YouTube (TheGepard00)

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GARAGE/27

Por SERGIO MONSALVO C.

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 LA MADRINA HEROICA

Patti Smith nació en Chicago el 31 de diciembre de 1946. Creció en Pitman, New Jersey, una dura zona industrial. Su padre era obrero y su madre mesera. Desde la adolescencia le gustó la música negra. Posteriormente dedicó la misma atención fanática a Dylan y a los Rolling Stones. Luego descubrió a Rimbaud, que se convertiría en otra obsesión.

En 1971 empezó a leer sus poemas acompañada por la guitarra de Lenny Kaye, haciéndose de un pequeño grupo de seguidores. Jane Friedman, su mánager, la convenció de cantar, en lugar de sólo leer. Su incursión dentro de las letras norteamericanas tuvo gran repercusión debido a su vanguardismo. Comprometida con su tiempo expandió su campo de acción al rock, primero dentro de la crítica y luego en el escenario en donde incluyó temas como “Gloria”.

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A la cabeza del Patti Smith Group, sus letras mezclaban oscura poesía mística y visionaria, imaginería sexual y política, y las interpretaba con una voz rasposa que contenía toneladas de furia. Presentaciones estridentes en clubes como Max’s Kansas City y CBGB’s le ganaron un contrato con Arista Records. Su debut de 1975, con el disco Horses, captó su anarquía extasiada.

Horses fue producido por John Cale del Velvet Underground. Resultó una revelación de talento explosivo, originalidad, inspiración e intensidad expresiva. Calificativos que se extenderían por los siguientes acetatos. Se le describió como una maravillosa mezcla de declamación ritual, imaginería surrealista y rock elemental.

La poesía alucinatoria y visceral de Patti Smith desde el principio trató de tender un puente entre la literatura y el rock. Horses se considera uno de los más grandes discos de rock de la historia y de la generación punk, que la tomó a ella como heroína.

VIDEO SUGERIDO: Patti Smith – My Generation (1979) Germany, YouTube (PretzelFarmer)

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KRONOS QUARTET

Por SERGIO MONSALVO C.

KRONOS QUARTET (PORTADA)

 UNA CONVERSACION INTELIGENTE*

El Kornos Quartet es en todos los aspectos la creación de su fundador David Harrington. Desde 1978 tocan con la formación actual, la ideal para expresar los conceptos de Harrington, un fiel creyente en la definición de Goethe del cuarteto de cuerdas como “una conversación para cuatro personas inteligentes”. El cuarteto surgió en Viena, donde tuvo su máximo auge artístico durante los siglos XVIII y XIX.  Harrington se ha propuesto aumentar el vocabulario, intensificar los colores musicales e incrementar los enfoques de esta forma musical aprovechando la realidad multicultural del mundo moderno.

David Harrington (violín), John Sherba (segundo violín), Hank Dutt (viola) y Joan Jeanrenaud (cello, hasta 1999, y luego sustituida por Jefrey Ziegler) usan ropa informal también en sus conciertos, tocan con amplificación eléctrica y conscientemente montan sus apariciones como espectáculos. Para ello utilizan el recurso de la iluminación, entre otros medios, como en el mundo pop es más regla que excepción, a fin de crear así “un entorno visual” en el que se aprecie al máximo su música. Asimismo producen sus propios programas de radio, trasmitidos tanto dentro como fuera de los Estados Unidos.

A diferencia de otros cuartetos de cuerdas, el Kronos sólo incluye compositores del siglo XX en su repertorio. Entre ellos, Charles Ives, Anton Webern, Béla Bartok y Dimitri Sjostakovitsj son los más clásicos. Por lo demás no conocen las restricciones. Lo tocan todo, desde “Purple Haze” de Jimi Hendrix hasta composiciones de James Brown, Bill Evans, Thelonious Monk, Philip Glass, John Lurie, Henryk Mikolaj Górecki, Witold Lutoslawski, Arvo Pärt, Terry Riley y Astor Piazzolla. Incluso el anarco-saxofonista neoyorquino John Zorn hizo su aportación al variado repertorio del cuarteto con la pieza “Forbidden Fruit”.

El Kronos Quartet da forma a sus aspiraciones universales mediante la contratación de compositores de todo el mundo. El estilo musical no es tan decisivo como el contenido de la obra que ocupa al músico.  Según Harrington, lo más importante es que la pieza les guste. En segundo lugar, “tiene que destacar por algún motivo. Debe ser música en la que se escuche que el compositor ha vivido y está viviendo un desarrollo musical, que la música es una prioridad de su vida”.

 

*Fragmento del libro Kronos Quartet, publicado por la Editorial Doble A

Kronos Quartet

Sergio Monsalvo C.

Colección “Cuadernos de Jazz”

Editorial Doble A

México, 2001

 

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JIMI HENDRIX

Por SERGIO MONSALVO C.

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 BOOTH SIDES OF THE SKY

El de Jimi Hendrix es un fenómeno de la cultura rockera que va más allá del lugar común o del recuerdo nostálgico. Su presencia acabó construyendo un tipo específico de artista que impregnó un universo musical a partir de él. Los tres discos de estudio que grabó y publicó como tales mientras vivió: Are You Experienced?, Axis: Bold as Love y Electric Ladyland, se han convertido en clásicos contemporáneos y forman parte de los diez más importantes de la historia del rock.

La triada se constituyó en una sucesiva serie de revoluciones estéticas que incorporaron elementos de diversas músicas —el pop, el jazz, la clásica occidental, el folk (recuperando la esencia dylaniana), y por sobre todas las cosas el blues—; el uso del estudio de grabación como instrumento y la apertura a nuevas formas de percepción como fruto de la experiencia psicodélica.

Durante los breves cuatro años que duró su existencia como superestrella, Hendrix amplió el vocabulario de la guitarra eléctrica en la escena del rock más que ningún otro antes o después de él. Fue un maestro en sacarle a su instrumento todo tipo de sonidos imprevistos, con frecuencia a través de experimentos innovadores de amplificación que producían un feedback astral y distorsiones estruendosas.

Sus estallidos frecuentes de ruido, como huracanes, y sus espectaculares presentaciones –tocaba con la guitarra en la espalda y con los dientes, o bien le prendía fuego— distrajeron en mucho sobre sus otros dones como compositor, cantante y maestro de un amplio abanico de estilos propios en la música negra y el rock de vanguardia.

Cuando Hendrix se convirtió en un éxito internacional en 1967, parecía caído de otro planeta. Lo que a primera vista llamó la atención de la mayoría de las personas fue su virtuosismo en la guitarra, con la que además empleaba un enorme repertorio de aparatos, desde pedales wah-wah, solos llenos del zumbido del feedback, violentos riffs distorsionados y fluidas escalas relámpago a lo largo de todo el alcance del instrumento.

VIDEO SUGERIDO: Jimi Hendrix: Both Sides of the Sky (“Mannish Boy” Teaser, YouTube (Jimi Hendrix)

Sin embargo, Hendrix también resultó un buen compositor y escritor que supo fundir la imaginería cósmica con unos ganchos líricos que mostraban un conocimiento sorprendente de cómo funcionaba el rock en su esencia.  Asimismo, manifestó su verdadera sustancia como sobresaliente intérprete del blues en el que se mostró como un cantante apasionado y fascinante.

Para el asombro de cualquiera, Hendrix sólo grabó aquellos tres álbumes de estudio plenamente concebidos como tales en toda su vida. Con ellos el guitarrista se convirtió en pionero del uso del estudio mismo como instrumento de grabación; manipuló los recursos electrónicos e inventó técnicas de overdub (con la ayuda del ingeniero Eddie Kramer, en particular) para explorar territorios sónicos ignotos. Los álbumes resultaron únicos y referenciales por todo ello, además de por sus impresionantes pasajes instrumentales.

Los últimos dos años de la vida de Jimi fueron turbulentos desde los puntos de vista musical, financiero y personal (sexo, drogas y poco rock and roll). Las complicadas disputas con su ex mánager y compañías disqueras en las que se vio embrollado (algunas a causa de contratos que firmó sin el asesoramiento adecuado y antes de irse a Inglaterra), les darían trabajo a sus abogados por años.

Desintegró la banda The Jimi Hendrix Experience en 1969. La sección rítmica de Mitchell y Redding pasaron a ser historia y formó Band of Gypsies con el baterista Buddy Miles y el bajista Billy Cox, a fin de buscar un sonido más funky-jazz, con mucha improvisación.

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Hendrix grabó una cantidad enorme de material de estudio inédito durante su vida. Gran parte de éste (así como todos sus conciertos en vivo) se han editado de manera póstuma; varios de los conciertos son excelentes (Monterey, Woodstock, Atlanta y el de la Isla de Wight), pero las grabaciones de estudio se convirtieron en foco de grandes controversias por casi 30 años. Inicialmente salieron como pedacería al azar (la primera, The Cry of Love, de 1970, fue la más destacada).

A mediados de los años setenta el productor Alan Douglas se hizo cargo de estos proyectos y de manera póstuma agregó a muchas de las cintas dejadas por  Hendrix partes adicionales realizadas por músicos de estudio. A los ojos de muchos fanáticos, e incluso de la historia misma, fue un sacrilegio que destruyó la integridad de la obra de un músico que, según se tenía entendido, ejercía un cuidado meticuloso sobre la producción final de sus grabaciones de estudio. A pesar de la polémica, todavía en 1995, Douglas puso al exbaterista de Knack, Bruce Gary, a grabar nuevas partes para la malograda compilación Voodoo Soup.

La eterna historia de los pleitos legales en torno al legado musical de Jimi Hendrix después de todo encontró un final promisorio: la familia de Jimi ganó el juicio y dispuso de manera única de los derechos de la música producida por el guitarrista, incluyendo todas sus grabaciones inéditas. Los herederos de Hendrix (Al, su padre, y Janie, su media hermana) firmaron un contrato con la Universal Music (a través de la Hendrix Family Foundation), y el ex ingeniero de sonido de Jimi, Eddie Kramer, se puso a trabajar en la remasterización de las cintas originales. Se supone que con ello se ha ejercido un mayor cuidado al presentar el legado del  magnífico zurdo.

A partir del mes de abril de 1994 volvieron a aparecer entonces en el mercado mundial Are You Experienced?, Axis: Bold As Love, Electric Ladyland y Band of Gypsies, con las fundas originales y algunos bonus tracks. Además se anunció un  álbum con el título de First Rays of the New Rising Sun, que saldría bajo el sello Experience Hendrix/MCA. Dicho álbum contendría parte del material en el que Jimi trabajaba antes de morir: tomado de los póstumos Cry of Love, Rainbow Bridge y War Heroes, en donde se hizo acompañar por Billy Cox en el bajo y Mitch Mitchell en la batería. Las canciones de esas sesiones fueron remasterizadas y editadas y Universal Records las sacó por primera vez como álbum completo.

¿Qué han podido oír los fans de Jimi en esos “nuevos” discos, a partir de entonces? Los lanzamientos del 2010: Valleys of Neptune y People, Hell and Angels y el más reciente Both Sides of The Sky (2018). En cuanto al sonido, lo mejor hasta la fecha: la sonoridad Hendrix se escucha más transparente y natural en esta trilogía.

Baste oír el tema “Hear My Train A Comin’”, del último lanzamiento para darse cuenta inmediatamente de ello. Éste incluye al baterista Mitch Mitchell y al bajista Noel Redding de la Jimi Hendrix Experience. Tal composición original de blues era un clásico de los conciertos de Hendrix. La grabación inédita de abril de 1969 capta la fuerza y la tensión dinámica que hicieron de esta canción un tema memorable.

El resto del material es ambivalente y con alguna sorpresa. Por lo que se puede decir que tal nuevo lanzamiento resulta poco extraordinario en tal sentido. No obstante posee, eso sí, el valor documental del material inédito, que incluye algunas colaboraciones con otros gigantes de la época: Johnny Winter, Stephen Stills y Lonnie Youngblood,  así como su más importante aportación: el contexto.

Es una colección de tomas alternativas y temass nunca antes editados de cuando el guitarrista estaba obsesionado con el uso del estudio de grabación entre 1968 y 1970. Y permite entrever el momento en que se encontraba su desarrollo artístico justo antes de morir (entre la desintegración de la Experience, el Festival de Woodstock y el advenimiento de Band of Gypsies.

Por lo visto, seguiremos teniendo “nuevos” Hendrix de manera regular y, desde que su familia se hizo dueña de los derechos de su música, también muchos coleccionistas han ofrecido cintas piratas hasta ahora desconocidas, y ellos —los herederos— se la pasan evaluando qué se puede hacer con el material para seguir explotando su legado, al parecer, de inacabable veta.

VIDEO SUGERIDO: Jimi Hendrix – Hear My Train A Comin’ (Lyric Video), YouTube (Jimi Hendrix)

HENDRIX (FOTO 3)

 

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