LIBROS: RY COODER (EL OUTSIDER JUSTICIERO) – I

Por SERGIO MONSALVO C.

 

Ry Cooder Portada

 

RY COODER

(EL OUTSIDER JUSTICIERO)*

 

RY COODER I (FOTO 1)

 

I

EL NACIMIENTO DE LAS RAÍCES

 

Ry Cooder (nacido en Los Ángeles, California, en 1947) es una especie de antropólogo de la música popular contemporánea. Es un explorador que gusta de aventurarse por horizontes ignotos para el mainstream. Busca tesoros ocultos, estudia sus orígenes, se involucra en sus historias, descubre gente, pasados, héroes, leyendas, tradiciones, falsedades, injusticias, epopeyas y desventuras. Y luego de hacerlo reúne, graba, promueve y proyecta sus descubrimientos a través de compañías selectas, independientes, a las que acuden luego hambrientas las gigantescas trasnacionales hastiadas de lo mismo.

Esto lo ha hecho siempre, desde su temprana juventud allá por los años sesenta, cuando se adjudicó el compromiso artístico de la independencia, las causas perdidas y los caminos alternativos. Se forjó como un caminante solitario y justiciero (la cinematografía misma le ha pedido sonorizarla: Paris, Texas, Streets of Fire, Crossroads o Geronimo: An American Legend, como exégesis) al que le gusta poner las cosas en su sitio (acción que conlleva en sí la crítica del observador profundo y la obra fecunda).

Así ha sucedido, como ejemplo, con el blues autóctono, de raíces country, al que casi nadie le prestaba atención en la Unión Americana. En 1964, junto con el intérprete de folk blues Henry St. Claire Fredericks, Jr., que artísticamente se hacía llamar Taj Mahal, formó un grupo al que llamó Rising Sons y grabaron un disco con suerte fatal.

Durante un periodo en que el blues solía ser interpretado principalmente por músicos blancos con solos que duraban horas, Mahal se entregó, con energía chispeante, a diversas formas de blues y del ragtime emanados de los años veinte y treinta del siglo XX.

Sus primeras grabaciones le dieron la reputación de ser el último gran innovador del blues rural. Una comparación de rigor era con Ry Cooder, con el que a mediados de los años sesenta fundó el grupo The Rising Sons.

Esto sucedió en Cambridge, Massachusetts, en 1964. El joven intérprete escuchó a un guitarrista llamado Jesse Lee Kincaid y quedó admirado por su técnica. Kincaid lo convenció de ir con él a California, con la idea de presentarlo a un amigo llamado Ryland Cooder, otro fenómeno de la guitarra. La intención de ambos era tocar el blues rural combinado con las piezas originales de Kincaid.

Al trío se agregó Gary Marker, un bajista de jazz que asistió a la Berklee School of Music de Boston con una beca de la revista Down Beat. Marker a su vez los conectó al baterista de jazz Ed Cassidy, quien participaría en sus primeras sesiones de grabación antes de unirse al grupo que lo haría famoso, Spirit. Lo sustituyó a la postre Kevin Kelly.

Tras varias presentaciones en pequeños clubes y haciendo circular los demos, Allen Stanton de la Columbia Records contrató al grupo en junio de 1965. Las sesiones de grabación se extendieron hasta 1966. Una y otra vez la Columbia pareció a punto de invertir una cantidad fuerte en el grupo, pero esto nunca se materializó.

RY COODER I (FOTO 2)

Todo un álbum fue mezclado y preparado para editarse, cosa que finalmente no sucedió: las cintas fueron a la bóveda de la Columbia, donde permanecieron durante 25 años. Hasta 1992, en que se editó Rising Sons featuring Taj Mahal and Ry Cooder, el cual contiene 18 cóvers de diferentes blueseros (Robert Johnson, Willie Dixon, Jimmy Reed, entre otros) y cuatro temas originales de Kincaid.

Las grabaciones hechas para tal compañía discográfica probablemente nunca hubieran llegado a la luz del día de no representar los Rising Sons los primeros esfuerzos de Taj Mahal y Ry Cooder a la cabeza de un grupo propio, ya que se trata de dos de los artistas más interesantes, excéntricos y eclécticos de la escena musical estadounidense. La ola inglesa y su versión del blues aún no habían despertado de su letargo a los ejecutivos de las compañías discográficas de este lado del Atlántico.

Desde entonces Cooder se pasea entre la periferia y el centro de la música estadounidense y la popular excéntrica de otras partes del mundo, con la devoción de un artesano ilustrado. Trátese de blues, gospel, alt country, rock, son, tex-mex, americana, música hawaiana o clásica hindú, el guitarrista recorre todos los géneros y los toca como propios. No le interesan las tendencias, las modas ni la industria.

En las expediciones sonoras que lo sacaron de los caminos musicales estadounidenses se ha dejado guiar por una certera intuición y gusto musicales. «Algunos artistas emanan una fuerza individual increíble —ha comentado—. Tocan lo que sea y uno queda fascinado al darse cuenta de estar escuchando a un músico único. Así me sucedió con Gabby Pahinui, por ejemplo. Hay muchos buenos músicos en Hawai, pero Gabby es el mejor. Su sentido de la poesía y la belleza se trasmite con su música. No tiene nada qué ver con la técnica”.

Cooder ha colaborado también con el acordeonista de tex-mex Flaco Jiménez en el disco Chicken Skin, del cual salió el tema “Hell Had to Go”, el único que se ha convertido en hit dentro de las listas estadounidenses; con el hindú V. M. Bhatt (guitarrista clásico de Rajasthán en el norte de la India, en una grabación de improvisaciones que se concretó en una iglesia de Santa Barbara en California) y con Ali Farka Touré, de Malí en el occidente africano, entre una larguísima lista de colaboraciones.

VIDEO SUGERIDO: TAJ MAHAL & RY COODER – By & By (Poor Me), YouTube (MoebiusCrononauta)

RY COODER I (FOTO3)

*El ensayo “El Nacimiento de las Raíces” forma parte del libro Ry Cooder (El Outsider Justiciero) de la editorial Doble A, y ha sido publicado online de manera seriada en el blog Con los audífonos puestos.

 

 

 

 

 

Ry Cooder

(El Outsider Justiciero)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Ensayos”

The Netherlands, 2022

 

 

 

Contenido

I.- El Nacimiento de las Raíces

II.- Talking Timbuktu

III.- Buena Vista Social Club

IV.- La Trilogía Californiana

V.- Sobre Héroes y Tumbas

VI.- El Observador Comunitario

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MEXICO CITY BLUES (ORIZABA 210) – I

 

SERGIO MONSALVO C.

 

MEXICO CITY BLUES (ORIZABA 210) (PORTADA)_corregida

 

MEXICO CITY BLUES

(ORIZABA 210)

 

I

 

FOTO 1

 

Jack Kerouac llegó por primera vez a la Ciudad de México a fines de mayo de 1952, con el objetivo de encontrar motivación para escribir un nuevo libro. Arribó a la casa donde vivía de tiempo antes William Burroughs, en el número 210 de la calle de Orizaba, en la colonia Roma —una zona urbana europeizada en su arquitectura (art noveau, neo-colonial y funcionalista) que en aquella década era un revoltillo populoso cuya vida se enriquecía con los intercambios entre inmigrantes libaneses, judíos, gitanos y de las propias clase media y provincia mexicanas.

Antaño Burroughs había sido su mentor y Jack aún lo consideraba como tal, por su espíritu clarividente y una cosmovisión definida por el hecho supremo de la muerte. Aquél, desde sus distintos lugares de residencia, siempre ejerció como Sumo Augur. Enfundado en ello manifestaba su rebeldía contra un sistema opresivo que presagiaba el auge del totalitarismo.

Sus visiones hablaban de estallidos de violencia urbana, de la fractura del establishment y de la juventud como punta de lanza en la instauración de cambios sociales. A todo ello lo nutría con el experimento yonqui, con la anarquía interzonas y con la alienación del individuo atrapado por las constataciones de la finitud a las que él no quiso rendirse jamás. Las bases de su lucha estaban en el ansia de transformación y en el fluir de una conciencia epicúrea, retrofuturista, discordante y tóxica.

Este Burroughs le dio entonces la bienvenida al que tomaba como un talentoso escritor y elemento pertinente de esas huestes trasgresoras. Jack se instaló y comenzó a disfrutar de las arengas agrias e ingeniosas de su anfitrión mientras fumaba marihuana y mecanografiaba el texto de Visions of Cody. A la postre, se lo envió a Allen Ginsberg, su «agente» literario por ese entonces. Drogado y tranquilo conversaba con su anfitrión y gurú y se encamaba con prostitutas.

Las drogas fueron una fuente recurrente de estimulación durante su estancia. La morfina la tenía al alcance de la mano gracias a un permiso de la Secretaría de Salubridad que le concedía a Burroughs siete gramos al mes, que le costaban 30 dólares. Ambos también comieron peyote y elucubraron tremendos diálogos. Sin embargo, tal atmósfera no duró. Un amigo de Burroughs fue arrestado por posesión y fue a dar a la cárcel. La paranoia se apoderó de él y ordenó a Jack que no fumara hierba en la casa.

Burroughs mantenía una fundamentada relación paranoica con el mundo. Se sentía vigilado por esas organizaciones gubernamentales que permiten a los estados policiacos ofrecer una fachada democrática detrás de la cual acusan a cualquiera que se oponga a la maquinaria de control (la CIA en primer lugar). «Vivo con la amenaza constante de ser poseído y con la obstinada necesidad de escapar de ello, del control —confesaba—. La muerte de Joan [Joan Volmer, su esposa, a quien durante una reunión etílica disparó y mató accidentalmente al estar probando su puntería, en la misma ciudad de México en septiembre de 1951] me puso en contacto con el invasor, y me condujo a una eterna lucha en la que no he tenido otra alternativa que la de escribir mi propio escape».

FOTO 2

No obstante, las drogas más duras conservaron su popularidad en aquel domicilio. La casa de Orizaba se convirtió en lugar preferido para muchos personajes residentes y de paso. Un saxofonista llamado Wig —que había tocado con Art Pepper y Shelly Manne— era cliente. Un yonqui generoso que aportó dinero y una rica colección de discos de jazz (que como protagonistas aparecerían después en Mexico City Blues). Jack, por su parte, se daba sus escapadas al bar de una mujer llamada Lola, pero también entretejía la trama de su nueva obra, Dr. Sax, de la cual Burroughs era personaje.

Mientras le duró el dinero, Jack asistió a los burdeles de la calle Órgano, donde un acostón le salía a 36 centavos de dólar. En la casa de Orizaba escribía en medio de nubes de marihuana. Aquélla era la segunda vez que intentaba hacerlo drogado y conservó el control para hacer del Dr. Sax una de sus mejores obras. Por aquel entonces tan impublicable como el resto de sus libros, y éste más a causa de su estilo surrealista.

Su situación de inédito lo tenía completamente deprimido. Sólo contaba con 60 centavos en el bolsillo de sus deslavados jeans, una vieja bolsa para dormir; una esposa, en los Estados Unidos, que intentaba refundirlo en la cárcel por no recibir la pensión para una hija que él no quería ni ver; tres libros que nadie quería publicar (su primer y único título hasta el momento —La ciudad y el campo— había aparecido en 1950); le habían robado el impermeable y diez dólares enviados por su madre, y con Burroughs tenía constantes roces a causa de su papel de gorrón.

A este último casi todo el dinero se le iba en gastos judiciales (se encontraba en pleno proceso por la muerte de su esposa). Frenético, Jack le escribió a Carolyn, la esposa de Neal Cassady, para pedirle un préstamo. Éste nunca llegó. Mientras tanto, Burroughs preparaba un viaje a Panamá y a Perú, en busca de una droga llamada yage, la panacea, según él. Jack, por su parte, estaba malhumorado, paranoico y fumando marihuana sin parar.

Sintiéndose abandonado, se refugió en la cercana iglesia de la Sagrada Familia —evocando su infancia católica—. Ebrio, gritó dentro implorando ayuda a todos los santos. Los famosos vitrales italianos Talleri del templo resistieron su andanada de dolorosos aullidos y los oídos del padre Pro (muerto durante el conflicto Cristero y cuyos jesuitas restos moraban en el bautisterio como tesoro beato) no dieron indicaciones de acusar recibo del hecho.

Sin embargo, los feligreses atónitos que por ahí se encontraban no dejaron de mirarlo durante toda su vociferación, hasta que abandonó el recinto silenciosa y erráticamente. De regreso a la casa le pidió prestados veinte dólares a Burroughs para el boleto de autobús. Éste refunfuñó y todo, pero se los prestó. A fines de junio, Jack viajó de vuelta hacia los Estados Unidos.

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*Capítulo del libro Mexico City Blues: Orizaba 210 de la Editorial Doble A, y publicado de manera seriada en el blog Con los audífonos puestos.

Mexico City Blues

(Orizaba 210)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A,

Colección “Textos”

The Netherlands, 2007

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LIBROS: BOB DYLAN 80

Por SERGIO MONSALVO C.

 

BOB DYLAN 80 (PORTADA)

 

EL BARDO INTERMINABLE*

Bob Dylan es un clásico contemporáneo. Un autor necesita pasar por las manos de varias generaciones para alcanzar tal condición. Es alguien cuyas obras se han convertido en referencias perdurables y a las cuales se revisita una y otra vez para realizar nuevas lecturas sobre ellas. Él, por su parte, ha sido un creador generoso en cuanto a las perspectivas desde las cuales estudiarlo. En lo referente a sus raíces musicales, en las letras de sus canciones, ha proporcionado el quid para ubicar las semillas que le dieron origen.

A lo largo de su trayectoria, el cantautor ha utilizado las baladas, los cantos outsiders (de temáticas “fuera de la ley”), el folk, las elegías (himnos religiosos y profanos de tradición campirana), los espirituales, las canciones de contenido social y de protesta y el rock, entre lo más recurrente. Y como soporte impulsor de todo ello el country blues.

Evidentemente las influencias han sido variadas. Sin embargo, se pueden quintaesenciar en dos personajes clave: Charlie Patton (en la raíz negra) y Woody Guthrie (en la blanca). Patton —oriundo de Mississippi— en diversos sentidos resumió, a su vez, los modelos musical y social que constituyeron el blues del Delta de las primeras tres décadas del siglo XX.

Cuando el 19 de marzo de 1962 apareció el álbum debut de Bob Dylan, con su nombre como título, el cantautor tenía apenas veinte años de edad y uno de haber llegado de la provincia a la ciudad de Nueva York. Llegó cargado de esa cantidad de antecedentes: el country blues de Patton, la temática social de Guthrie y el vasto legado musical de la campiña estadounidense. Con ese bagaje y algunas experiencias discursivas en los cafés del barrio bohemio del Greenwich Village, de la Urbe de Hierro, entró a los estudios de la CBS.

El disco no reflejó de manera fehaciente lo que el propio Dylan era, porque evolucionaba a toda velocidad. El material era antiguo, basado en sus fuentes tempranas, pero con las que seguía trabajando durante sus presentaciones. Sin embargo, como artista comenzó a madurar, a crecer. Los cambios entre su primer álbum y los siguientes fueron manifiestos.

Del material rústico pasó a la interpretación de poemas personales de altos vuelos brechtianos, a las profecías y a los himnos absolutos para el movimiento protestatario de los sesenta. En medio de todo ello hubo  canciones de amor agridulce, romanticismo folk (incluso inauguró un nuevo género, el folk-rock) y country blues de músico vagabundo. El Dylan que se inició como un simple cantante folk contó con la suficiente personalidad para romper con la tradición y adoptó el rock para sus objetivos.

Desde entonces se convirtió en la figura más importante en el mundo de la canción popular (circunstancia legitimada por la obtención del Premio Nobel de Literatura), lugar que mantiene hasta la fecha. En el almanaque de sus canciones la observación es un aporte fundamental. Él trazó una nueva dimensión de lo cotidiano y refutó los prejuicios que juzgaban toda poesía sólo en términos de sentimiento y contenido, como si en el mundo del lamento existiera únicamente el lamento y no también todo lo que lo produce.

Y henos aquí, a los 80 años de edad de Bob, decenas de discos oficiales y más de medio siglo después en el punto del reencuentro entre las dos corrientes que engendraron la música popular de los Estados Unidos. El lamento y el relato, la sensualidad y lo jovial, la provocación y el rezo en ambos casos, y el soplo libertario gutural y lírico, sacudido por pulsaciones primitivas y regocijadas.

Las canciones de Dylan representan la lucha librada por un individuo para aportar un significado a la experiencia; de un artista en busca de una voz personal capaz de expresar una emoción y un tiempo, de esa voz que se alza para decir lo que necesita decir. Y son un auténtico curso sobre las raíces.

Dylan pasó de ser un músico folk y de protesta a un poeta de trascendencia universal; a uno que como los de la antigüedad canta y que, como los bardos de siempre, remueve la imaginación de quien lo escucha. Es un narrador que observa con agudeza y un adivinador que absorbe y envuelve con sus palabras, mismas que se ubican dentro de melodías cautivadoras y ritmos sencillos.

*Fragmento extraído el libro Bob Dylan 80, de la Editorial Doble A. Publicado de manera seriada a través del blog Con los audífonos puestos, entre los años 2019-2021.

BOB DYLAN (FOTO 2)

 

Bob Dylan 80

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Textos”

The Netherlands, 2021

CONTENIDO

El Poeta y su Trabajo

Mejores Discos del Siglo XX

“Like a Rolling Stone”

Hermanos de Sangre

Imágenes y Espejos

Los 50 de Bob

Tres Cuartos de Siglo

Razones para el Nobel

El Lector

El Crooner

Rolling Thunder Revue

El Vago

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LIBROS: LibRock’s (I)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

LIBROCKS (CANON I) (PORTADA)

 

LibRock’s

(CANON I)*

A MODO DE INTRODUCCIÓN

 

Los libros que cito en esta serie y las canciones que han acompañado su lectura, reseña y ligazón, han construido una buena parte de lo que es el rock en su concepto. No es una ocurrencia del momento presentarlos unidos, sino como una muestra del legado que lleva encima y que tiene que ver con sus contextos, afinidades electivas y sus pasiones.

Para cada género musical hay libros y discos (películas, obras de teatro, pinturas, cómics, etcétera) en los que se puede hallar goce, satisfacción, instinto o identidad.

Encontrar esos libros y demás, poco a poco, a lo largo de la vida del rock y establecer con ellos una relación duradera, asimilarlos gradualmente y retener su savia, ha constituido para el género (y para sus seguidores más avezados) un acto esencial en el círculo de sus placeres y por ende en el de la creación de su espíritu, su ser y estar en el mundo, participando así en el flujo de la cultura de su tiempo y, por ende, en el de la memoria de la especie.

 

 

 

*Fragmento de la introducción al volumen LibRock’s (Canon I), de la Editorial Doble A, cuyo contenido se ha publicado a través de la Serie “Libros Canónicos” como parte del blog Con los audífonos puestos.

 

 

LibRock’s

(Canon I)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Ensayos”

The Netherlands, 2020

CONTENIDO

Iluminaciones (Les Illuminations) – Arthur Rimbaud

Frankenstein – Mary Shelley

Hojas de Hierba (Leaves of Grass)– Walt Whitman

Moby Dick – Herman Melville

El Cuervo (The Raven) – Edgar Allan Poe

El lobo estepario (Der Steppenwolf) – Hemann Hesse

Hambre (Hunger) –Knut Hamsun

Manhattan Transfer – John Dos Passos

En el camino (On the Road) – Jack Kerouac

El Guardián entre el centeno (The Catcher in the Rye) – J.D. Salinger

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BALADAS VOL. III: «I’M A FOOL TO WANT YOU» – FRANK SINATRA

Por SERGIO MONSALVO C.

 

BALADAS VOL. III (PORTADA)

 

“I’M A FOOL TO WANT YOU”

 

(FRANK SINATRA)*

 

En el alba de una nueva era

Old Bull dividió a la gente/

en los que son hijos de puta/

y los que no.

Frank, ¿cuál era tu bando?/

Rat Pack?

The Mob?

¿Servir de celestina a los poderosos?

¿Maltratar por aquí?

¿Hacer maldades por allá?

Entonces llegó Ava, ¿verdad?

Como llegó el tiempo en que tus discos/

se quedaran en el estante/

lo melifluo ya no se llevaba

como tampoco el antiguo beat

como tu relación con el más bello

animal del mundo.

Debías de cambiar/

ser más temperamental/

olvidarte de circunloquios/

mostrar el ardor, como Billie

El amargor y sus cadencias/

los tempos del corazón roto

El fracaso siempre posee un punto

de exageración/

pero a tu fraseo y romance

se les acababa la paciencia/

Tenías que modificar tu lenguaje/

tu balada/

para sostener la tensión/

para ser artista.

Necesitaste tiempo

pero ocurrió la canción/

tu pena propuso la sinceridad/

como una cierta compañía.

Lo conveniente perdió

la batalla

frente a lo emocionante.

A nadie le gusta imaginar

la pérdida/

y tú lo hacías

Pensaste en los besos

que no le darías/

en los que con otros ella compartía/

en el cuerpo que hasta el Diablo conocía.

Pero el adiós no era opción

por más que te esforzaras/

porque sólo quedarían escombros de ti/

crueles y despiadados.

Por eso le imploraste amor y abrazos

Sabías que estaba mal

pero eran días de ir a la deriva

con pesadumbre y sin milagros.

Sabías que Old Bull tuvo razón contigo/

y que tenías que volver a ella/

una y otra vez, como un tonto,

sin remedio.

I'M A FOOL TO WANT YOU (FOTO 1)

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LIBROS: AL COMPÁS DE LA PARCA

Por SERGIO MONSALVO C.

AL COMPÁS DE LA PARCA (PORTADA)

 

(LA MUERTE EN EL ROCK)*

 

Además del sexo, las drogas y los cortes de pelo, la muerte ha dado el tono para el rock desde sus comienzos. Y tanto como otras decenas de aspectos cualquiera, vincula a Elvis Presley con los Rolling Stones, los Beatles, los Sex Pistols, Joy Division, Nirvana, Frightened Rabbit o Prodigy.

El rock sigue vivo, pero muchos de sus dirigentes puntales no. La mayoría han muerto jóvenes y algunos, tristemente, en condiciones absurdas: víctimas del abuso de las drogas y el alcohol, en accidentes automovilísticos y aéreos, por depresiones severas, suicidios y por otras causas inimaginables. Es ya una tradición añeja dentro del género.

Pero, ¿cuándo y de qué manera entró la muerte en la temática del rock, y cuál ha sido su quehacer desde entonces?

 

 

 

*Fragmento del ensayo “Elvis, en el corazón de las tinieblas”, que forma parte del libro Al Compás de La Parca (La Muerte en el Rock), publicado por la Editorial Doble A, y de manera seriada online a través del blog Con los audífonos puestos.

 

VIDEO SUGERIDO: Elvis Presley Heartbreak Hotel Live (1956), YouTube (John56517)

 

 

Al Compás de La Parca

(La Muerte en el Rock)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Textos”

The Netherlands, 2020

 

CONTENIDO

  1. Elvis en el Corazón de las Tinieblas
  2. La Muerte y sus Criaturas
  3. Estética Dark: Melancolía por la Finitud

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POPCORN JAZZ (XVII)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

POPCORN XVII (FOTO 1)

VIDEOS: VETA CREATIVA

La música en video surgió a fines de los años setenta como un medio para promover a las estrellas populares. La estación MTV, fundada en 1980, se dedicaba al rock, y BET –fundada alrededor de 1984– al soul, aunque ambas incluían presentaciones ocasionales de jazz, con un estilo algo insípido. Algunas excepciones notables fueron los videos del cantante y guitarrista de rock Sting, entre cuyos acompañantes figuraban Kenny Kersey y Branford Marsalis (1985-1986), así como la versión bop del propio Marsalis de «Royal Garden Blues» (1987).

Al erigirse en negocio lucrativo la producción y distribución de videos pregrabados y diseñados para el consumo casero, fueron puestas a disposición del público muchas películas originalmente filmadas para el cine o la televisión, así como compilaciones de soundies y telescripciones. Entre ellas estaban The Last of the Blues Devils, Count Basie Live at the Hollywood Palladium, Born to Swing, After Hours, Playboy Jazz Festival y The Sacred Music of Duke Ellington. El video parece brindar una oportunidad de oro al jazz y los músicos del género.

Al comienzo de la era sonora, los estudios de Hollywood comprendieron que una canción popular podía ayudar en la promoción de una película. Estas asociaciones aparecieron en varias de las primeras producciones, notablemente Ramona (1928), Coquette (1929), Glad Rag Doll (1929) y I Cover the Waterfront (1933). La pieza «St. Louis Blues» de W. C. Handy fue empleada en un sinnúmero de cintas y se convirtió en un leitmotiv para los personajes de moral dudosa.

Como ejemplos de lo anterior también sirven Safe in Hell (1931, First National-Warner Bros., dirigida por William Wellman), durante una escena en la que la dueña de un burdel le habla por teléfono a una prostituta, mientras la cámara lentamente sube por su pierna al compás de la pieza; Dancers in the Dark (1932, Paramount, dirigida por David Burton), en la que un gángster interesado en una fichera pide «St. Louis Blues» cada vez que la visita en su lugar de trabajo; y The Way of All Flesh (1940, Paramount, dirigida por Louis King), en la que se pone énfasis en la paulatina caída en deshonra y degradación de un respetable empleado de banco durante una escena en un speakeasy, donde un grupo de jazz compuesto por negros toca blues al fondo, acompañado por el descorche de las botellas de champán.

La práctica de utilizar el jazz en soundtracks a fin de intensificar el drama desarrollado en la pantalla y ayudar a ubicar el momento del relato se generalizó en los cincuenta. Panic in the Streets (1950, 20th Century-Fox, dirigida por Elia Kazan) fue filmada en Nueva Orleáns y trata de la desesperada búsqueda llevada a cabo por un médico de un criminal fugitivo, de quien se sospecha que es portador de la peste bubónica.

Gran parte de la música fue producida ex profeso por jazzistas como Ziggy Elman, Eddie Miller, Teddy Buckner y Benny Carter, y cada pieza capta el sabor del ambiente en el que tiene lugar la acción; se utiliza de manera efectiva blues, boogie-woogie y dixieland, como la música lógica producida por rockolas, el radio y un grupo que toca en un restaurante.

Entre las películas posteriores que utilizan grabaciones comerciales de jazz como música de ambiente figuran Carnal Knowledge (1971, Avco Embassy/Icarus, dirigida por Mike Nichols), en la que «Moonlight Serenade», «Tuxedo Junction» y «String of Pearls» –todas de Glenn Miller– evocan los tiempos universitarios de los dos protagonistas.

POPCORN XVII (FOTO 2)

Por su parte, Save the Tiger (1972, Paramount, dirigida por John G. Avildsen), cuenta en su narración con piezas de época como «Air Mail Special», «Stompin’ at the Savoy» y «I Can’t Get Started»; y Paper Moon (1973, Paramount, dirigida por Peter Bogdanovich), en la cual la música participa mucho en fijar la era en que se ubica la historia, con piezas como «The Music Goes ‘Round and Around» de Nat Gonella, «Mississippi Mud» de Paul Whiteman, «Georgia on My Mind» de Hoagy Carmichael y «After You’ve Gone» de Tommy Dorsey.

Raging Bull (1980, Universal-International, dirigida por Martin Scorsese) emplea una increíble gama de música nostálgica para dar su sabor especial a la película, incluyendo «Drumboogie» (Gene Krupa), «Jersey Bounce» (Benny Goodman), «Frenesi» (Artie Shaw), «Big Noise from Winnetka» (Bob Crosby), «I Ain’t Got Nobody» (Louis Prima) y «Stone Cold Dead in the Market» (Louis Jordan y Ella Fitzgerald).

Mismas a las que Woody Allen recurre en forma consistente a grabaciones originales de época como forma de ubicar sus relatos en el momento apropiado; películas como Annie Hall (1977), Interiors (1978) y Stardust Memories (1980) emplean de manera abundante y eficaz las grabaciones exitosas de big bands y de instrumentistas estelares y de renombre mundial.

VIDEO SUGERIDO: Annie Hall Official Trailer #1 – Woody Allen Movie (1977) HD, YouTube (Movieclips Classic Trailers)

POPCORN XVII (FOTO 3)

POPCORN (REMATE)

BALADAS VOL. III: «I’M A FOOL TO WANT YOU» – DEE DEE BRIDGEWATER

Por SERGIO MONSALVO C.

 

BALADAS VOL. III (PORTADA)

 

(DEE DEE BRIDGEWATER)

 

Preferiría no hacerlo

pensó al oír la propuesta

No. Había escuchado demasiadas vidas

de pobreza, de sufrimiento. No.

No se acercaría al blues

no era lo suyo

era otra cosa

la tradición vocal

de las cantantes que incendiaban

con su voz, con su vida,

con su experiencia,

el corazón de las baladas

las emotivas, las serias, las fulminantes.

La audacia interpretativa

eso era lo suyo

tenía la onza

el canto distinto

el que consentía al oído

cuando la tensión era demasiada

Aprendió del teatro, de todas las músicas

Exploró y descubrió en algún momento

tal balada

Aprendió a vivir con la melodía

luego con la lírica

se lo debía al compositor

Y quiso consolar a La Voz

Usó su estilo suntuoso y pulido

para indagar en la herida abierta

sin que sangrara, con finura

como la gran diva que era

 

*Texto extraído del libro Baladas Vol. III, de la Editorial Doble A, y publicado de manera seriada en el blog Con los audífonos puestos.

 

Baladas Vol. III

(“I’m a Fool to Want You”)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Palabra de Jazz”

The Netherlands, 2019

 

 

Contenido

Billie Holiday

Chet Baker

Dinah Washington

Bob Dylan

Dee Dee Bridgewater

Frank Sinatra

Exlibris 3 - kopie

LIBROS: IMAGO – GLOVES

 Por SERGIO MONSALVO C.

 

IMAGO - GLOVES (PORTADA)

 

(FOTOGRAFÍAS)

 

Para Saskia, mi única seguidora

 

PRESENTACIÓN*

 

Y cuando se muda el paisaje

son tus manos o son tus guantes?

Pablo Neruda

Alguna vez el fotógrafo húngaro Brassaï (Gyula Halász, 1899-1984) dijo que “no se pueden atrapar las cosas de la vida, la vida misma, a través del realismo o del naturalismo, únicamente podemos hacerlo por medio de los sueños, los símbolos o la imaginación”. La serie “Gloves” posee algo de todo ello. Son fotos- partículas en las que el tiempo ha quedado detenido.

 

La serie es un intento de narrativa y una sucesión onírica de imágenes tan ordinarias que rompen lo lineal de la realidad para confrontarla. Los objetos atrapados ahí son como un paréntesis misterioso en medio de la cotidianidad. Entre dos hechos: un momento de súbita iluminación, un gesto único, una señal, un aviso enfocado por el guiño de una prenda.

Tales objetos huérfanos están, además, faltos de grandilocuencia, de sucesos importantes, de anécdotas colectivas. Sin embargo, resultan un indicador de que hay o hubo vida. Representan momentos intrascendentes, insustanciales, donde lo anodino es precisamente lo más sustancial de la vida, en tanto que la nutre a la hora de tratar de recordar lo distorsionante y sin glamour de un olvido, de un descuido. Los mostrados aquí son unos pequeños objetos perdidos y dispersos, y acaso con una historia que contar.

 

 

 

GLOVES 1/CRUZAR EL CAMINO

 

GLOVES 1 (CRUZAR EL CAMINO) (FOTO)

Gloves 1 – Cruzar el camino

 

 

 

 

Atravesar

con vigor

e intuición

hacia otra ruta

 

GLOVES 2/CATCH THE SUN

 

GLOVES 2 (CATCH THE SUN) (FOTO)

Gloves 2 – Catch The Sun

 

 

 

Atraparlo

para comprobar

si hay en él

un lugar para cada uno

 

GLOVES 3/GOTCHA!

 

GLOVES 3 (GOTCHA!) (FOTO)

Gloves 3 – Gotcha!

 

 

 

 

La sensación de sentirse

descubierto al descubierto

con ansias de diluirse

 

GLOVES 4/LES FEUILLES MORTES

 

GLOVES 4 (LES FEUILLES MORTES) (FOTO)

Gloves 4 – Les Feuilles Mortes

 

 

 

Recordar

cómo se llaman

y ponerles un nombre

como a las hojas muertas

 

GLOVES 5/CAPTURED

 

GLOVES 5 (CAPTURED) (FOTO)

Gloves 5 – Captured

 

 

 

Atreverse a abrir

para inquietar

esa vida

con lo inesperado

 

GLOVES 6/LOST

 

GLOVES 6 (LOST) (FOTO)

Gloves 6 – Lost

 

 

 

Perderse

con el fin

último

de reencontrase

 

GLOVES 7/MISTY BLUE

 

GLOVES 7 (MISTY BLUE) (FOTO)

Gloves 7 – Misty Blue

 

 

 

Cuidar que el

pensamiento

no lo convierta

en bruma

GLOVES 8/ASPHALT FLOWER

 

GLOVES 8 (ASPHALT FLOWER) (FOTO)

Gloves 8 – Asphalt Flower

 

 

 

¡Atención!

Lo inesperado

brota por ahí

de vez en cuando

 

GLOVES 9/IN FOCUS

 

GLOVES 9 (IN FOCUS) (FOTO)

Gloves 9 – In Focus

 

 

 

Recordar

que todo

es cuestión

de enfoque

GLOVES 10/IN THE DARK

 

GLOVES 10 (IN THE DARK) (FOTO)

Gloves 10 – In the Dark

 

 

 

La oscuridad

siempre

puede iluminarse

con palabras

 

GLOVES 11/TO BE AROUND THE BUSH

 

GLOVES 11 (TO BEAT AROUND THE BUSH) (FOTO)

Gloves 11 – To Beat Around the Bush

 

 

 

Ahuyentar

las indecisiones

sin derrochar

el tiempo

 

GLOVES 12/THE ASCENT

 

GLOVES 12 (FOTO)

Gloves 12 – The Ascent

 

 

 

Visto así

el ascenso

por supuesto

tendrá la voluntad

 

GLOVES 13/WAITING FOR THE END OF THE WORLD

 

GLOVES 13 (WAITING FOR THE END OF THE WORLD)

Gloves 13 – Waiting For The End of The World

 

 

 

 

Esperando

sin premuras

el fin del mundo

¿Hay alguna prisa?

 

GLOVES 14/BIKE ACCIDENT

 

GLOVES 14 (FOTO)

Gloves 14 – Bike Accident

 

 

 

Atender

las señales

y los ruidos

resta el dolor

 

GLOVES 15/IN THE WILD

 

GLOVES 15 (FOTO)

Gloves 15 – In The Wild

 

 

 

 

Convivir

o no convivir

he ahí el nudo

del fracaso

 

GLOVES 16/GRAVEYARD

 

GLOVES 16 (GRAVEYARD) (FOTO)

Gloves 16 – Graveyard

 

 

 

Toda senda

conduce

al sitio reservado

para todos

 

GLOVES 17/URBAN PHANTOM

 

GLOVES 17 (URBAN PHANTOM)

Gloves 17 – Urban Phantom

 

 

 

Existen

tantos mitos urbanos

que comienzan

con una aparición extraña

 

GLOVES 18/THE RECLUSE

 

GLOVES 18 (FOTO)

Gloves 18 – The Recluse

 

 

 

El Afuera

como fin

el anhelo

como causa

 

GLOVES 19/STAND UP AND RUN

 

GLOVES 19 (FOTO)

Gloves 19 – Stand Up and Run

 

 

No decaer

seguir corriendo

mantener la forma

vivir con ritmo

 

GLOVES 20/HOWL

 

GLOVES 20 (FOTO)

Gloves 20 – Howl

 

 

 

Aullar

de Amor

de pena

aullar

 

GLOVES 21/AGAINST THE WIND

 

GLOVES 21 (FOTO)

Gloves 21 – Against the Wind

 

 

 

Encontrar

la fuerza

en uno mismo

against the wind

 

 

GLOVES 22/BLUE

 

GLOVES 22 (FOTO)

Gloves 22 – Blue

 

 

 

El azul

le sienta bien

a toda

soledad

 

GLOVES 23/PUNK’S CHALLENGE

 

GLOVES 23 (FOTO)

Gloves 23 – Punk’s Challenge

 

 

 

Arrojar

el guante

y la

consigna

 

GLOVES 24/DRUNKEN ANGEL

 

GLOVES 24 (FOTO)

Gloves 24 – Drunken Angel

 

 

 

La Sed

del custodiado

puede

intoxicar

 

GLOVES 25/HOLD ON!

 

GLOVES 25 (FOTO)

Gloves 25 – Hold On!

 

 

 

Mantener el tipo

sin importar

la ausencia

el apoyo llegará

 

GLOVES 26/POOR FOOL

 

GLOVES 26 (FOTO)

Gloves 26 – Poor Fool

 

 

 

Mimetízate

te dijeron

y lo hiciste

poor fool

 

 

GLOVES 27/HELP ME!

 

GLOVES 27 (FOTO)

Gloves 27 – Help Me!

 

 

 

Help Me Darlin’

Si hablas habla conmigo

Si sueñas sueña conmigo

Si amas hazlo conmigo

 

GLOVES 28/JUMP IN MY CAR

 

GLOVES 28 (FOTO)

Gloves 28 – Jump in My Car

 

 

 

A veces

los accidentes suceden

y pueden llevarte

a pensamientos desconocidos

 

GLOVES 29/BLACK VELVET

 

GLOVES 29 (FOTO)

Gloves 29 – Black Velvet

 

 

 

En el arroyo

el terciopelo

encontró su nombre

subterráneo

 

GLOVES 30/BEING LOST

 

GLOVES 30 (FOTO)

Gloves 30 – Being Lost

 

 

 

Saberse

perdido

para volver

a encontrarse

 

GLOVES 3I/LET’S WORK TOGETHER

 

GLOVES 31 (FOTO)

Gloves 31 – Let’s Work Together

 

 

 

Conocer

al otro

de una u otra

manera

 

GLOVES 32/AFTER THE TOUR

 

GLOVES 32 (FOTO)

Gloves 32 – After the Tour

 

 

 

Lo que importa

no es la meta

sino el viaje

y la perspectiva

 

GLOVES 33/ABBEY WHO?

 

GLOVES 33 (FOTO)

Gloves 33 – Abbey Who?

 

 

 

Zebra Crossing

lookin’, lookin’

for the road

everywhere

*Texto de presentación al volumen Gloves, de la Editorial Doble A, cuyo contenido (fotografías) ha sido publicado de manera seriada en el blog Con los audífonos puestos, bajo ese rubro.

 

Gloves

(Fotografías)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Imago”

The Netherlands 2021

 

 

 

 

 

Exlibris 3 - kopie