MIS ROCKEROS MUERTOS (2022)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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Las cosas eran muy distintas en los sesenta a como son ahora, diría Perogrullo. A veces parece que no hace tanto tiempo, pero lo fue. El rock abrazó con toda su fuerza en aquella época. Hubo luz y ganas siempre de emprender el viaje por la ruta de la vida con nuevas opciones, todo dependía de los jóvenes. Eran los conductores del periplo.

Unos rockeros señalaban el camino a otros y esos otros a otros, y así sucesivamente. Unos a otros. En ese camino aparecieron tempranamente las girly groups (con las Ronettes a la cabeza) y al final de la década quedó el Festival de Woodstock como testimonio de lo acaecido. Fue una ruta tan larga, y tan llena de cosas, que aún no le vemos el fin culturalmente. Tal vez, porque no lo tiene.

Sin embargo, para las personas sí lo hubo, como aquellos que representaron aquellas cosas. El año pasado, lamentablemente, me tocó poner sus discos para recordar y despedir a algunos de ellos. Pero también para reflexionar sobre su papel en la vida de muchos.

Ellos nos acompañaron en el camino y los ecos de su accionar, musical y social, nos siguen dando aliento, para sentir que respiramos en compañía. Es una nueva vida tras la muerte. El rock es ese árbol que descansa y crece sobre la misma tierra que acoge en sus raíces a los artistas que nos hicieron emocionar con su música y con su amor por ella.

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MICHAEL LANG

Michael Lang (nacido en Brooklyn en 1944), fue uno de esos personajes que mostraron su amor por la música. Fue un promotor de conciertos, que en 1969 fijó un hito cultural para siempre. Él y otros tres promotores, de poco más de 20 años cada uno, concibieron originalmente el festival de Woodstock como «Tres días de amor, paz y música» al aire libre. Lo que hicieron fue fundar, por un fin de semana (del 15 al 17 de agosto de 1969), la tercera ciudad más populosa del estado de Nueva York. Pero también crearon, sin saberlo, una leyenda para toda la vida, que no se repetiría jamás. Michael Lang falleció en Nueva York el sábado 8 de enero, a los 77 años.

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RONNIE SPECTOR

Los miércoles tienen algo de cenizos. Y éste aún más, ese día (12 de enero) murió Ronnie Spector, la voz que te tomaba de la mano, abrazaba y hablaba al oído, que te acompañaba para arropar tus ansias y temores primigenios; la muchacha que te estremecía el cuerpo con sus movimientos y coreografías; la que sedujo con su talento y carisma. Ella nació en 1943 como Veronica Bennett en Nueva York. A los 16 años comenzó a actuar al lado de su hermana Estelle y de su prima, Nedra Talley. Se convirtieron en The Ronnettes, en el acontecimiento musical que lideró el movimiento de las girly groups en los sesenta. Ellas eran diferentes. Ronnie era diferente.

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MEAT LOAF

Met Loaf (Marvin Lee Day, su verdadero nombre) fue uno de esos personajes que le aportaron originalidad al género rockero. Nació el 27 de septiembre de 1947 en Nueva York. Durante su vida se desarrolló como compositor, productor y cantante. Con esto último realizó uno de los mayores discos clásicos de la historia del rock: Bat Out of Hell. Un álbum que se puede codear con los mejores por sus aportaciones particulares a la cultura rockera. En él confluyeron los talentos del cantante Meat Loaf, la producción de Todd Rundgren y la composición de Jim Steinman, donde éste aprovechó para mostrar sus variadas influencias. Murió el 20 de enero.

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VANGELIS

Tras la disolución de Aphrodite’s Child, en 1973, Evángelos Odysséas Papathanasiou, conocido como Vangelis (teclados, la flauta y percusiones, nacido el 29 de marzo de 1943, en Volos, y fallecido el 17 de mayo del 2022) destacó como solista con sus imaginativos y extrovertidos experimentos musicales, dándose a conocer a nivel mundial con su música New Age y ambient para soundtracks de películas: Chariots of Fire, Blade Runner o 1942, entre decenas de ellas. Las características de su obra: “pasión por ambientes planetarios, vocación sinfónica con dimensiones melódicas muy accesibles, y un dominio efectista de los sintetizadores”.

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KLAUS SCHULZE

El avance de las ideas que se aplican a la creatividad de la música electrónica y sucedáneas sólo llegan a través de la necesidad por la experimentación, por la curiosidad por plantear preguntas genuinas e interesantes y la tosudez para responderlas. Para hacerlo se requiere de ser seriamente creativo y no adaptarse a aquella acomodaticia plegaria por un mundo que sea lineal y estable. Porque todo él no lo es. Klaus Schulze (músico y compositor, nacido en Berlín el 4 de agosto de 1947 y fallecido el 26 de abril del 2022) fue un adalid y un evangelista en todo ello. Primero con el grupo Tangerine Dream y luego como solista con una estética de corte espacial y muy cinemática.

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RICKY GARDINER

El escocés Ricky Gardiner (nacido en 1948 en Edimburgo) fue un guitarrista y músico forjado a sí mismo. En los años sesenta integró un grupo de rock progresivo con cierto éxito, Beggar’s Opera. Participó como músico sesionista en grabaciones del productor Tony Visconti. Así se conectó con David Bowie, al cual acompañó en su legendario viaje a Berlín y participó en la grabación de Low de aquél y en Lust for Life de Iggy Pop, y en los conciertos posteriores de ambos, a fines de los setenta. A la postre, decidió  armar su propio estudio de grabación en el que se centró en la música para la meditación. Murió el 15 de mayo del 2022.

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ANDREW FLETCHER

Andrew Fletcher nació en Nottingham en 1961, y en su niñez coincidió con Martin Gore, compañero de colegio, con el que más tarde acabaría tocando en Depeche Mode. Fletcher empezó en el grupo como bajista, aunque pronto se pasaría a las teclas una vez la banda tomó rumbo hacia la electrónica y los sintetizadores (hasta su deceso el 26 de mayo).

Durante los años ochenta algunas compañías discográficas dedicadas a synth-pop obtuvieron resultados memorables a largo plazo. Sin embargo, ninguna de aquellas formaciones pudo competir con Depeche Mode, también syth-pop, pero con actitud. Eran una banda con electrónica y un tipo de pop nuevo, lo que les permitió hacer una carrera creciente con influencias punk, del krautrock y el glam, en su parte oscura.

Otros fallecidos en tal año: Bobby Ridell (teenage idol) Mark Lanegan (Screaming Trees), Taylor Hawkins (Foo Fighters), Ric Parnel (Atomic Rooster), Rick Price (Move), Alan White (Yes), Steve Broughton (Edgar Broughton Band), Kelly Joe Phelps (sesionista), Alec John Such (Bon Jovi), Julee Cruise (cantante y colaboradora de David Lynch), Paul Anthony Ryder (Happy Mondays), Jody Abbot (Fuel), Bob Heathcote (Suicidal Tendencies), Jim Sohns (The Shadows of Knight), Raymond Raposa (The Castanets), Nicky Moore (Samson), Sam Wooden (The Impressions), Judith Dorham (The Seekers), David Muse (The Marshall Tucker Band), Gord Lewis (Teenage Head), Lamont Dozier (compositor), Darryl Hunt (The Pogues), Bill Pitman (The Wrecking Crew), Steve Grimmett (Grim Reaper), Kal David (bluesmen), Stuart Anstis (Cradle of Filth), Jerry Allison (The Crickets), Fredy Studer (OM), Piotr Szkudelski (Perfect), Rimmo Blom (Raskasta Joulua), John P. Varkey (Avial), Marciano Cantero (Enanitos Verdes), Sonny West (Buddy Holly), David Andersson (Soliwork), Anton Fer (Lounge Lizard), Kyle Maite (Hit the Lights), Prince Póló (Skakkamanage), Davis Malachowski (Comander Cody), Bin Valencia (Almafuerte), Mon Legaspi (Wolfgang), Steve Roberts (U.K. Subs), Robert Gordon (Tuff Darts), Gregg Philbin (REO Speedwagon), Paul Stoddard (Diecast), Jerry Lee Lewis (pionero del r&r), D.H. Peligro (Dead Kennedys), Ryan Karazija (Low Roar), Robin Sylvester (RatDog), Michal Ambroz (Jasna Páka), Dan Fawcet (Helix), Jeff Cook (Alabama), Dan McCafferty (Nazareth), Gary Roberts (Boomtown Rats), Keith Levene (The Clash), Robert Noakes (Stealers Wheel), Gene Cipriano (The Wrecking Crew), Serhiy Stepanenko (Komu Vnyz), Danny Kalb (The Blues Project), Riho Sibul (Ultima Thule), Wilco Johnson (Dr. Feelwood), Shel Macrae (The Fortuns), Christine McVie (Fleetwood Mac), Swenne Hedland (Idolerna), Jim Stewart (STAX), Jess Barr (The Slobberbone), Jett Black (The Stranglers), Hamish Kilgoar (The Clean), Roddy Jackson (Rockabilly), Mack Allen Smith (Rockabilly), Heubert Deutsch (co-inventor del sintetizador MOOG), Tracy Hitchings (Landmarq), Sol Amalfio (Osibisa), Dino Danelli (The Rascals), Rick Anderson (The Tubes), Jean-Pail Carbineau (Tri Yann), Charloe Green (Cantante), Terry Hall (The Specials).

A todos ellos: ¡GRACIAS!

VIDEO: Be My Baby – The Ronettes – 1963 – Stereo – Music Video, YouTube (namnoiz)

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SIGNOS: DOC POMUS (HACEDOR DE MAGIA)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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Jerome Solon Felder (un tipo nacido el 27 de junio de 1925 en Williamsburg, Nueva York) fue un compositor gigante de la música popular de todos los tiempos, y Doc Pomus (su nombre artístico) una figura legendaria y magistral que escribió un puñado de las canciones más importantes del siglo XX, erigiéndose con ello en una influencia enorme para la cultura del rock de cualquier época.

Pomus era un alquimista que sabía mezclar en cada bebedizo los sentimientos que afectan al común de los humanos, y proporcionárselo al necesitado en el momento preciso para que le agradara su regusto dulzón al tomarlo, y poco a poco fuera sintiendo los efectos posteriores que acompañarían con su amargor al corazón desgarrado.

Su magia consistía en captar esos instantes tan íntimos y conmovedores y volverlos asequibles a todos; en poner las porciones justas de lírica y melodía a emociones poderosas que se transformaban con su arte en canciones que se quedaban en la psique colectiva.

A cambio de ello, y de manera constante, la vida siempre le pondría trabas. Para empezar: un ataque de polio lo obligó a llevar muletas. La enfermedad marcó su infancia. Aquellos hechos han sido recogidos en innumerables biografías, que de una forma u otra se complementan para crear el retrato más cercano al personaje que fue.

En ellas se puede leer (y ver prácticamente) como aquel niño enfermo tuvo que sujetarse a tales aparatos para movilizarse, sin dejar de soñar con ser algún día el campeón de los pesos pesados del boxeo en la inexistente categoría “con muletas”.

Buscaba ser lo que su padre llamaba “un hombre entre hombres”, un tipo forjado a sí mismo, capaz de alcanzar sus metas a pesar de caer una y otra vez por causa del ensañamiento la naturaleza.

Para nada quería la compasión ajena, pero, regularmente, su incapacidad era más poderosa que sus objetivos. Fue entonces que la música le proporcionó las herramientas necesarias. Hasta el barrio judío, donde vivía, volaban las notas del jazz y del blues que hacían bullir el Manhattan en los años cuarenta.

Pomus, que devoraba asimismo libros que lo hacían viajar a otros mundos, encontró en aquellos sonidos el factótum vital. Sentado en su habitación, aprendió a tocar el clarinete, el saxofón y, más tarde en el recinto escolar, el piano.

Supo que quería dedicar su vida a la causa musical cuando escuchó el disco “Big Joe Turner & His Fly Cats”. Aquello lo colapsó. El ritmo negro se convirtió en su propósito. Al poco tiempo, con el nombre artístico de Doc Pomus (no quería que sus padres se avergonzaran por dedicarse a la música) entró a trabajar como bluesman (¡!) en un tugurio llamado George’s Tarvern.

Se ganó una reputación en el circuito de bares semejantes y, casi sin sentirlo, se convirtió en el saxofonista del propio Big Joe Tuner. De él Pomus aprendió a captar la negritud elemental, esa característica interior tan genuina y, de igual manera, se dio a la tarea de escribir y escribir canciones, forjándose una carrera en la exultante noche neoyorquina, hasta que en su ruta se encontró con la de un joven pianista llamado Mort Shuman. Corría el año 1955.

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Shuman, a su vez, se había hecho músico en un conservatorio, pero se dio cuenta inmediatamente del talento de Pomus y se volvió su partner. Uno que además lo educó en las vertientes del rhythm and blues y en el ambiente urbano que lo fundamentaba. Ambos formaron pareja como compositores. Pomus en las letras, Shuman en el piano.

Sus pasos y buenas obras los condujeron a trabajar en el Brill Building, el legendario edificio del 1650 de Broadway, una fábrica de la mejor música estadounidense, donde armaron una colección asombrosa de temas a partir de 1959.

El listado de canciones creado ahí es grande y durante aquella década destacaron las siguientes composiciones: “Love Roller Coaster”, “I’m a Man”, “Turn Me Loose”, “A Teenager In Love”, “Hushabye”, “This Magic Moment”, “A Mess of Blues” y la inconmensurable “Save The Last Dance For Me”, que cerraría la decena de los años cincuenta.

Existen músicos que logran ponerte de pie cuando ya crees que no volverás a hacerlo, te ponen el interior en movimiento aun cuando consideras que ya no quieres hacerlo, y te muestran la emoción incluso cuando sientes que ya la has comprendido o vislumbrado.

Son artistas que hacen que la música sea algo importante por lo que vivir. Ponen en un escaparate la vida y al mundo de los sentimientos en tus oídos, en tan sólo unos minutos sonoros. Ése es su golpe maestro.

Cada una de sus canciones congela la vivencia respectiva y lleva con su canto hasta la cima de la empatía. Nadie está solo cuando las escucha. Eso es lo que se piensa al oír las de Doc Pomus (fallecido el 14 de marzo de 1991). Él tejía con la música popular ese hilo invisible que nos conecta a pesar de las diferencias.

Lo suyo era mitigar tales distancias a través de lo agridulce de nuestras vivencias, en esa sublimación de la intimidad y en la magia áurica de una presentación con apabullante naturalidad, que lograba (y logra) extraer de los pequeños momentos, esa (sublimidad, magia, naturalidad), que simplemente pasa, en todas partes, todo el tiempo. Doc Pomus fue maestro y signo de una época que reverberará para siempre.

 

VIDEO SUGERIDO: Save The Last Dance For Me – The Drifters, YouTube (dannypsych)

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LOS OLVIDADOS: THE CARS

Por SERGIO MONSALVO C.

 

Photo of Ric OCASEK and CARS and Greg HAWKES and Elliot EASTON

(EJEMPLO DE LA NEW WAVE)

Tras disolverse sus respectivos grupos en 1977, cinco músicos decidieron reunirse en su natal Boston y conformar una exitosa banda New wave que traspasó una década de existencia (1976-1988), y luego se reagrupo en el siglo XXI (2010-2019): The Cars.

Compuesto por Ric Ocasek (líder, cantante principal, guitarrista, escritor y productor, fallecido en el 2019), Benjamin Orr (bajo y vocalista), David Robinson (batería, percusión y coros), Elliot Easton (guitarra y coros) y Greg Hawkes (teclados, percusión y saxofón), The Cars conformaron un grupo cuya fórmula musical les acarreó buenos dividendos.

De hecho, se convirtió en la agrupación más prometedora de la New wave comercial desde la aparición de su primer disco, con el nombre del grupo, en 1978.

Con él llegaron a las listas de popularidad y a las ventas de platino, donde continuaron hasta su primera disolución. En realidad, The Cars cambiaron muy poco desde que su primer disco estableció sus reglas fundamentales.  Las composiciones de Ric Ocasek incurrieron dentro de la senda del romanticismo irónico y a veces nostálgico, iniciada por Bowie y solidificada por Bryan Ferry.

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Las canciones de «Good Times Roll» hasta «My Best Friend’s Girl» establecieron el contraste entre las superficies frívolas y las nerviosas corrientes de fondo.

Con la producción primera de Roy Thomas Baker y luego la de Ocasek, éste y el bajista Orr, como vocalistas, montaron sobre una palpitante y pulida corriente generada por la escurridiza guitarra de Elliot Easton, los bien trabajados sintetizadores de Greg Hawkes y la estruendosa batería de Robinson.

Desde su primer disco a su última producción (Move Like This, 2011), el atractivo liso sirve de entrada a una subyacente angustia emocional, expresando una vaga ambigüedad que permitió complacer aún a los escuchas más superficiales, pese a la furtiva desesperación que impregnaban las composiciones de Ocasek, quien también siguió una carrera como solista hasta su fallecimiento.

Entre los discos más destacados de este grupo (el cual sobresalió también por sus incursiones pioneras en el video y en la promoción cinematográfica) se encuentran:  Candy-O, Panorama, Shake It Up, Heartbeat City y Door to Door.

VIDEO: The Cars – Drive (Official Music Video), YouTube (RHINO)

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LONTANANZA: KLIMT 1918

Por SERGIO MONSALVO C.

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PINTURAS, CANTERAS Y SONIDOS

La obra del pintor vienés Gustav Klimt sigue admirando lo mismo en museos que galerías o cuevas, e influyendo tanto en las artes plásticas como en la literatura y la música. En esta última disciplina su estética ha jugado un papel importante en la fundación y carrera del grupo Klimt 1918, cuyos sonidos serían el soundtrack perfecto para una de las exposiciones sobre él que se realizan en algunas cuevas francesas del sur de Francia o en exposiciones por diversas partes del mundo, por ejemplo.

 

Klimt 1918 es una banda italiana de indie rock, por decir algo, originaria de Roma, que en sus inicios practicaba el goth metal. Fue fundada en el último año del siglo XX por los hermanos Marco y Paolo Soellner tras la desaparición de su otro grupo llamado Another Day, practicante del death metal. Completaron la formación el bajista Davide Pesola y el guitarrista Francesco Tumbarello. En la nueva etapa grupos como The Cure, Bauhaus y Joy Division influyeron en las composiciones de Marco (guitarra y voz), el encargado de ello.

Pronto lanzaron su primer demo llamado Secession Makes Post-Modern Music, el cual fue grabado con el baterista Giuseppe Orlando, amigo de ellos y miembro del conocido grupo Novembre (a la postre Paolo tomaría las baquetas definitivamente).

La grabación tuvo un gran eco y llamó la atención de la discográfica My Kingdom Music, con la que lanzaron su siguiente trabajo, Undressed Momento, que vio la luz en 2003. Durante la grabación el guitarrista Francesco Tumbarello dejó al grupo y fue reemplazado por Alessandro Pace.

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El disco Undressed Momento marco un cambio en el sonido de Klimt 1918, se transformó en algo más melódico y emotivo, dejando a un lado buena parte de sus características metaleras. Un año más tarde firmaron un nuevo contrato con la discográfica alemana Prophecy Productions y comenzaron a trabajar en un nuevo álbum.

Dopoguerra salió al mercado en el 2005 y mostraba otros rumbos. Es un álbum ambientado en la postguerra de la Segunda Guerra Mundial, con un continuo sonido melancólico y tristón que no resta fuerza al resultado final. Sorprende sobre todo el toque que tienen de U2 (sobre todo en “They were wed by the sea”), pero sin caer en la imitación.

Las guitarras hilan fino unas melodías que se graban a fuego desde la primera escucha sobre una muy buena base rítmica, destacando la labor del baterista, hábil y preciso, que crea líneas tan definidas como efectivas.

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Al año siguiente, después de la gira que realizaron por Europa, el guitarrista Pace dejó la banda y fue sustituido por Francesco Conte. El producto de este cambio fue Just In Case We’ll Never Meet Again (Soundtrack For The Cassette Generation, del 2008), donde los riffs son menos protagónicos y la batería reduce en varios puntos su fuerte contundencia, para elaborar temas más melódicos y profundizar en letras de calado profundo.

Con esos álbumes publicados hasta la fecha, especialmente tras Dopoguerra y Just In Case…, los italianos de Klimt 1918 han demostrado ser un grupo sin fines acomodaticios, al reducir drásticamente sus posibilidades de llegar al público masivo con la mezcla conceptos musicales poco populares, como la dureza sonora y las texturas ambientales del post-rock.

Klimt1918 forma parte de una hornada de grupos que, desde hace un tiempo, se mueven por una corriente más o menos apartada del metal, pero siempre bajo su sombra. Con un estilo musical más suave e intimista, a veces depresivo si cabe el término.

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La propuesta de los hermanos Soellner ha provocado que, por resultar difíciles de encajar en un solo estilo (nu metal melódico, indie rock alternativo, dark rock retro, glam ochentero con tintes de hard rock), hayan sido marginados tanto por los amantes del rock alternativo, como por los del metal. Lamentable, porque la música que despliega este cuarteto merece más reconocimiento, ya que abreva de fuentes muy dispares y, sin embargo, no puede ser comparada con ninguna de ellas.

 

Sin embargo, en un término medio se le podría definir como “un incómodo rock emocional”. Esta poliédrica banda italiana ha sabido fundir en una propuesta extraña sus diversas influencias (Anathema, Opeth, Katatonia, Novembre, etcétera, y la ola británica de los años ochenta: Depeche Mode, The Cure, U2, Duran Duran). Lo curioso es que no suenan a nada de eso.

El propio Gustav Klimt (fallecido en 1918), homenajeado hasta en cuevas prehistóricas (las Canteras de Luces en Les Baux-de-Provence), estaría satisfecho con este sonido representativo que lo ha tomado a él como estandarte.

VIDEO SUGERIDO: Klimt 1918 – Skygazer, YouTube (Myobukitsune)

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PRIMERA Y REVERSA: APHRODITE’S CHILD

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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LA HELÉNICA ROCKERA

 

 

En Grecia, el rock arrancó en la primera mitad de los años sesenta del siglo XX y poseyó un radicalismo esencial, dadas las condiciones políticas en las que vivía el país en aquella época. (por lo que Zeus estuvo en contra). Los primeros grupos originales fueron Formyx, los Beatkins, Juniors y los Dragons.

El movimiento se adjudicó su primer punto culminante en 1965 y los grupos más conocidos del momento eran los Olympians, Charms, los Sounds y MGC, que ya contaban con argumentos de música original. Dicho primer periodo terminó más o menos en 1968. Una de las causas fue el golpe de Estado de 1967, con el cual la milicia subió al poder y reprimió todo movimiento cultural innovador, incluso el pelo largo en los hombres.

Poco antes de la condena a la ilegalidad del género, en plenos aires de fascismo corriente, se fundó la agrupación Aphrodite’s Child en el exilio, cuyos integrantes eran Vangelis Papathanasiou (ex Formyx, en los teclados, la flauta y percusiones), Demis Roussos (verdadero nombre: Artemios Ventouris Roussos, ex The Idols y We Five, en la voz y el bajo), Lucas Sideras (en la batería) y Anargyros “Silver” Kourlouris (en la guitarra y las percusiones).

Orientados inicialmente hacia el jazz-rock, conquistaron los primeros lugares de las listas de éxitos europeos en 1968 con baladas empalagosas y sentimentales como «Rain and Tears», contenida después en su disco debut llamado End of the World (Vertigo, 1969). De esta manera, se crearon la reputación de ser un simple grupo de pop, que gracias a sus melifluas canciones y a la voz quejumbrosa del corpulento Demis Roussos entusiasmaba sobre todo a los corazones románticos de las muchachitas adolescentes, cuestión que se extendió hasta su segundo disco, It’s Five O’Clock (Vertigo, 1970). Tenían el éxito, pero estaban insatisfechos.

A fin de distanciarse de esta impresión superficial, el cuarteto presentó en 1972 un álbum doble, conceptual, progresivo y excéntrico al que denominaron 666 (Vertigo), basado en el apocalipsis bíblico y las letras de Costas Ferris, el cual cuenta la historia de la humanidad con numerosas referencias contemporáneas y críticas (su propia Iliada).

La complicada obra puso de manifiesto los talentos de Vangelis para la composición instrumental y las considerables cualidades vocales de Demis Roussos. Aunque no tuvo ventas extraordinarias, el disco se convirtió en objeto de culto y hasta la fecha es una rareza muy solicitada.

Tras la disolución de este grupo de rock en 1973, probablemente el único de aquel país que haya logrado un éxito internacional (con 20 millones de ejemplares vendidos), la compañía disquera sacó el Best of (Vertigo, 1974) y luego la Mercury otra antología de nombre Aphrodite’s Child en 1975.

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Desde entonces Vangelis (nacido el 29 de marzo de 1943, en Volos, y fallecido el 17 de mayo del 2022) destacó como solista con sus imaginativos y extrovertidos experimentos musicales, dándose a conocer principalmente a nivel mundial con su música New age y ambient para soundtracks de películas: Chariots of Fire, Blade Runner o 1942, entre ellas.

Demis Roussous (nacido el 15 de junio de 1946, en Alejandría, Egipto), también se convirtió en un exitoso y aplaudido cantante de pop ligero (con canciones como «Good-bye, My Love, Good-bye» y «Ever For Ever»), capaz de otorgar a temas mediocres un carisma y un peso especiales gracias a su voz característica.

En medio de la batahola que causaron las últimas votaciones en Grecia, en enero del 2015, hubo un hecho que pasó casi desapercibido y le restó trascendencia. Se trató de la muerte de uno de sus iconos musicales del siglo XX: Demis Roussos.

Demis Roussos era un joven inmigrante que había nacido en Alejandría, Egipto, y poseía grandes aptitudes vocales, ensayadas largamente en un coro de la iglesia ortodoxa de su país. El cual abandonó, rumbo a Grecia, junto con su familia tras la frustrada invasión del canal de Suez por fuerzas británicas y francesas.

Como adolescente en Grecia vivió los fuertes movimientos del rock y el pop que ya se extendían por todo el planeta en el primer lustro de los años sesenta.

Admirador de los sonidos del soul emanados de los sellos Atlantic y de Stax, decidió crear su propia banda en ese sentido, aunque la onda proveniente de la isla británica de experimentación lisérgica (rock progresivo) lo sedujo mayormente. Así, en 1967 formó al mencionado Aphodite’s Child que grabó algunos demos, pero la bota castrense se interpuso en su camino.

A la primera oportunidad huyeron hacia el exilio, con Londres como objetivo. Sin embargo, no fueron aceptados por falta de visas de trabajo y tuvieron que viajar a París, donde se instalaron. Orientados inicialmente hacia el jazz-rock, terminaron conquistando los primeros lugares de las listas de éxitos europeos en 1968 con baladas de pop psicodélico como la mencionada «Rain and Tears”.

Tras la disolución del grupo en 1973 (por diferencias musicales), Roussous, se adaptó al mercado convirtiéndose en el más exitoso y aplaudido cantante griego de pop ligero.

Viajó por todo el mundo y grabó canciones en muchos idiomas; engordó excesivamente, fue secuestrado en un avión por terroristas, se salvó, se deprimió e hizo dietas, mientras su fama se diluía con los años y grabaciones de poca monta. Murió en Atenas a los 68 años, el día que paradójicamente la izquierda griega llegó al poder.

VIDEO SUGERIDO: Aphrodite’s Child – Rain & Tears, YouTube (naima saidi)

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LIBROS: LibRock’s II)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

LIBROCKS (CANON II) (PORTADA)

 

(CANON II)

 

(A MODO DE INTRODUCCIÓN)*

 

Los libros que cito en esta serie y las canciones que han acompañado su lectura, reseña y ligazón, han construido una buena parte de lo que es el rock en su concepto de canon literario. No es una ocurrencia del momento presentarlos unidos, sino como una muestra del legado que lleva encima y que tiene que ver con sus contextos, afinidades electivas y sus pasiones.

Para cada género musical hay libros y discos (películas, obras de teatro, pinturas, cómics, etcétera) en los que se puede hallar goce, satisfacción, instinto o identidad.

Encontrar esos libros y demás, poco a poco, a lo largo de la vida del rock y establecer con ellos una relación duradera, asimilarlos gradualmente y retener su savia, ha constituido para el género (y para sus seguidores más avezados) un acto esencial en el círculo de sus placeres y por ende en el de la creación de su espíritu, su ser y estar en el mundo, participando así en el flujo de la cultura de su tiempo y, por ende, en el de la memoria de la especie.

 

 

 

 

 

*Fragmento de la introducción al volumen LibRock’s (Canon II), de la Editorial Doble A, cuyo contenido se ha publicado online a través de la Serie “Libros Canónicos” como parte del blog Con los audífonos puestos.

 

 

 

LibRock’s

(Canon II)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Ensayos”

The Netherlands, 2022

 

 

 

CONTENIDO

Beloved/Jazz – Toni Morrison

1984 – George Orwell

Principiantes (Absolute Beginners) – Colin McInnes

Bajo el Volcán (Under the Volcano) – Malcolm Lowry

Berlin Alexanderplatz – Alfred Döblin

Con destino a la Gloria (Bound for Glory) – Woody Guthrie

Corre Conejo (Rabbit Run) – John Updike

Escupiré Sobre sus Tumbas (J’irai cracher sur vos tombes) – Vernon Sullivan (Boris Vian)

Yo Robot (I Robot) – Isaac Asimov

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LOS EVANGELISTAS: RADIOHEAD

Por SERGIO MONSALVO C.

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PÉNDULO DEL CONOCIMIENTO

La función de la música de Radiohead en un mundo en que se ha dado la ruptura de la armonía entre el hombre que sabe y el hombre que siente, será siempre doble: expresar al mismo tiempo la alegría y la pena. Hacer lo primero con los medios de la segunda y viceversa, es decir: llorar de alegría y reír de pena.

Es lo que los antropólogos sociales conocen como “estados luminares”.

El grupo que representa mejor esta circunstancia existencial en la música es el ya mencionado Radiohead. Quizá el mejor grupo de la primera década de los años cero.

Radiohead es un quinteto británico con una obra independiente, hipermoderna y luminar, de meditaciones desengañadas, profundas, sobre las expresiones del patetismo y la muerte en la cultura, en lugar de las románticas y tradicionales del pop sobre el sexo y el desenfado.

Radiohead devolvió al género indie a su estado natural, la autocompasión épica, y lo hizo trascender en una secuencia ascendente: Pablo Honey, The Bends, OK Computer, Kid A, Amnesiac, Hail to the Thief, In Rainbows, The King of Limbs, A Moon Shaped Pool …

A pesar de que todo el material es rico y con varios niveles de lectura, son dos las obras, hasta el momento, que los convierten en el grupo bisagra y estandarte del rock indie entre dos siglos: OK Computer e In Rainbows. Una década transcurrió entre ambos, la misma que los convirtió en celebridades.

En 1996, la banda rentó la fantasmagórica vieja mansión de la actriz Jane Seymour cerca de Bath e instaló ahí su flamante estudio móvil. El entorno rústico le inspiró al grupo OK Computer, un álbum casi sacro que con creces cumplió las altas expectativas.

El conjunto supo reunir en un sonido noventero la ambición del rock en progresión, el ambiente desolado de la new wave, el ansia por la experimentación del krautrock y las cualidades del pop beatle para la canción.

OK Computer (que apareció en 1997) despertó una ola de entusiasmo en la prensa y el público. El cantante Thom Yorke dominó toda la extensión de las emociones intensas y la banda continuó presentando baladas extremas y sin igual.

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Un ejemplo luminoso de esta nueva propuesta fueron los primeros sencillos, “Paranoid Android” y “Karma Police”. Y uno de su oscuridad sería “Let Down”, en la que el compositor y cantante va del pathos a la melancolía.

Entre ambos extremos se da el vaivén hechizante del resto del álbum. OK Computer fue el “Álbum del año” y se ganó un lugar entre los “100 mejores álbumes de todos los tiempos”.

In Rainbows (del 2007), por su parte, es una construcción sólida, en concreto, madura, de sonoridad rugosa, afilada y profundamente lírica, que los sitúa como un grupo único, revolucionario, experimental y con el sonido del porvenir.

Su temática ronda las inquietudes del hombre contemporáneo: tecnología, existencia, soledad, amor.

Y no sólo en lo musical revolucionan, sino también en la toma de decisiones sobre cómo la gente puede escuchar su material.

Radiohead no es un grupo convencional que se apegue a las reglas del juego del mercado.

VIDEO SUGERIDO: radiohead “karma police” Glasto, YouTube (viclibertine)

Es una banda que hace pocas giras, elige sus destinos, rechaza presentaciones por motivos ambientales en lugares donde no se respeta a la naturaleza.

Asimismo,  crea sus propias portadas, sus videos con la más vanguardista hi-tech, y ofrece a la discreción del escucha el precio de sus nuevos álbumes por tiempo determinado en la web, contraviniendo los intereses de su disquera. En fin, todo ello lo hace un grupo diferente.

Sus innovaciones tecnológicas y el uso un tanto subversivo de sus ambientes han hecho de Radiohead un icono cultural en el seno mismo de la industria discográfica, el cual con cada disco ha tratado de ofrecer una réplica a los intentos hegemónicos de esta última.

Con su lanzamiento, The King of Limbs su octavo álbum, la noticia surgió y de inmediato se supo en todo el orbe.

El grupo anunció la aparición de su nuevo material en su sitio web y a través de Twitter, el álbum fue publicado con 8 pistas y se presentó en formato digital (WAV y mp3) así como también en una presentación física estándar en CD.

Además, se puso a la venta un pack de lujo denominado «Newspaper album» que contiene varios discos en vinil, CDs, cupones de descarga en formato digital y una gran cantidad de parafernalia (contenido no musical: arte en láminas, pequeñas ilustraciones, etcétera).

Hoy por hoy cada texto, cada acontecimiento, cada track emitido por el grupo reclama de inmediato (tras la ansiosa espera), una interpretación conceptual y una traducción receptiva por parte del público y los medios.

Esto es así porque en la obra de la banda no hay un hilo conductor lineal, los álbumes no pueden ser insertados en una cadena como ejemplares semejantes.

Ninguno de ellos construye un nudo, un eje, un solo trayecto. La calidad estética y visión de Radiohead vuelve singular cada nuevo título.

Por eso, cuando se escucha una composición de cualquiera de ellos se tiende a analizarla, a segmentarla, para encontrar la proyección de cada idea.

El discurso de este grupo de Oxford brilla cada vez más con luz propia. Su estilo no puede ser confinado o reducido a un ámbito único.

El suyo se trata de un fenómeno discursivo que implica y cuestiona lo musical y extra musical, lo conocido y lo nunca escuchado, tanto como las expresiones, bagajes culturales, sociales, subjetivos e ideológicos, imágenes y terrores existenciales de sus miembros —de Yorke en especial por ser el compositor—, sin los cuales no sería posible la comprensión de su trabajo.

Es habitual que se piense que pocas manifestaciones de la música actual participen de todas esas esferas. Sin embargo, la de Radiohead sí lo hace, y en mucho gracias a su manejo dentro del campo indie, que tiene compatibilidad con la percepción e identificación del grupo con el placer y el dolor con que se vive en esta época. Y los expresan sin cortapisas, sin ocultamientos.

La obra de Radiohead no es sólo la del uso de una tecnología, sino que también inyecta en la música un sentido de lo personal y colectivo, de lo político y social, al posibilitar la imaginería y una más profunda comprensión sobre la ruptura de la armonía y de la utilidad de un arte como éste para explicarlas en su conjunto.

Hoy Radiohead es por eso el mejor ejemplo de un grupo hipermoderno que sabe moverse en el vaivén entre el conocimiento y la experiencia.

VIDEO SUGERIDO: Radiohead – House of Cards, YouTube (radiohead)

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SONORIDADES: ONE PLUS ONE

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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EL CRACK Y CÓMO LOGRARLO

El año de 1968 emergió como un enorme NO a la sociedad y a sus manejos. Aspiró a la permuta en todos los órdenes de la vida, y en todo aspecto fue fundamental encontrar idearios que respaldaran en teoría las realizaciones concretas de cada campo.

El del arte no fue una excepción. La pintura, el teatro, la literatura, el cine y la música cubrieron sus horizontes con dicha constante. El real pensamiento revolucionario-musical fue de conceptos totales. Los que buscaban una nueva visión del mundo. Los que fundamentaran el cambio. Algunos resultaron fallidos.

Todos esos instantes hablaron de revolución y lo hicieron en un giro constante de la espiral evolutiva de la música popular por excelencia: el rock, como protagonista y como soundtrack de fondo. Con su enfoque artístico nuevo, libre e indeterminado, el rock se significó como pensamiento comunitario frente a las filosofías de los distintos partidos y gobiernos.

Al ubicarse contra las políticas estatales, tal música –con valores intrínsecos de historia, contexto, calidad interpretativa y de composición— se alejaron de las convencionalidades y de sus consecuencias predecibles: ortodoxia y conservadurismo.

La revolución en la música popular se practicó dentro del contexto social influido por los deseos comunitarios domésticos y globales coincidentes, pero las decisiones del cómo y del por qué quedaron a cargo, por lo general, de los grupos y de cada uno de los exponentes con sus expresiones artísticas particulares. Muchas veces interrelacionadas con otras disciplinas. Como con el cine, por ejemplo.

En aquel tiempo, la cinematografía francesa era la que llevaba la vanguardia. Había dialogado con el free jazz y con el muy fresco estilo bossa nova en tiempos recientes. Pero aún no lo hacía con el rock. El mayo del 68 le proporcionó la oportunidad a través de uno de sus heraldos: Jean-Luc Godard.

En la década que va de 1958 a 1968 se demostró que la cultura tenía ideología, que no era un asunto aséptico o puro. En Francia dicha cuestión nació de los individuos y de su circunstancia. El país salía de una desgastante guerra colonial con Argelia y los hechos motivaban cambios. Los palpables y estructurales se dieron en el terreno cultural.

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El presidente De Gaulle nombró como ministro de Cultura a André Malraux. Un escritor cuya biografía era soluble con su obra y viceversa. Este excombatiente favorable a la República durante la Guerra Civil española y fogueado documentalista —que preludió en L’Espoir. Sierra de Trauel al neorrealismo italiano y abogó por las cualidades del expresionismo alemán— se propuso mezclar la política prestigiosa, a la que él representaba como intelectual, con la obra social de trascendencia.

Además de mantener el diálogo con los artistas, creó las casas de cultura y le concedió créditos importantes y una legislación proteccionista al cine de calidad, a los nuevos valores y a la Cineteca francesa. Esto se tradujo en el aumento en la colección de películas y en la instauración de cineclubes por doquier. En esas salas de entre 60 y 260 butacas se fundamentaron carreras y cinefilias y se conocieron a los futuros directores del nuevo cine francés, al que la prensa comenzó a llamar “la Nouvelle Vague”: Francoise Truffaut, Jacques Rivette, Eric Rohmer, Claude Chabrol y Jean-Luc Godard, entre otros.

Reunidos en torno a la prestigiosa revista Cahiers du Cinéma, bajo la dirección de André Bazin, estos realizadores, anteriores críticos y  guionistas se lanzaron contra las condiciones que la cinematografía institucional imponía —ahora con un Malraux anquilosado en el gaullismo— y postularon innovaciones conceptuales y técnicas: el uso de cámaras de 8 y 16 mm, locaciones e iluminación naturales y la corta duración del rodaje para reducir costos; la renovación el lenguaje fílmico con cámaras al hombro y estilo de reportaje, tomas largas, fotografía en blanco y negro, actores emergentes y guiones e interpretaciones con grandes dosis de improvisación. Cantos a la espontaneidad, al deseo liberador desde la óptica del espíritu joven.

En ello iba implícita la libertad de expresión, que tuvo como piedra de toque el realismo ontológico con el que reducían al mínimo las intervenciones manipuladoras y artificiales. Era un cine muy personal, “de autor”, y alejado de las modas comerciales. Por lo tanto, también era muy crítico con su entorno y momento histórico. Con una visión muy desoladora de la vida.

Lo cual forjó un estilo plagado de referentes, tributos y que redescubrió la “mirada” de la cámara y el poder del montaje. Con dicho bagaje Truffaut obtuvo éxito con Los 400 golpes. Pero fue Godard fue quien impuso el auténtico manifiesto con Sin aliento. En ella introdujo digresiones y los lenguajes verbal (cartesiano) y cinematográfico (discursos entrecortados, fundidos, movimientos de cámara y miradas fijas) como provocación.

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En esa línea se mantuvo hasta el filme La China y el fin de la Nouvelle Vague. A la postre vendría su radicalización ideológica al servicio del marxismo-leninismo. Situación que lo convertiría en un paria justo a la llegada del Mayo del 68 y en la búsqueda de salidas a su ideario. El rock fue la respuesta.

Godard no era un aficionado rockero ni mucho menos, pero durante el movimiento a nivel mundial se dio cuenta del eco que tenían las acciones y declaraciones de sus artistas más representativos. Tenían posturas extra musicales. Siguió con detenimiento el hecho de que Mick Jagger se involucrara ese año en una gigantesca manifestación en el flemático Londres para protestar ante la embajada estadounidense por lo sucedido en Vietnam.

Dicho evento —en el que como notas destacadas se hablaba del hecho inédito, de la rara y multitudinaria participación juvenil y de la mezcla de los sectores participantes (de pacifistas a anarquistas ultra)—  terminó en violencia callejera y con una dura represión policiaca.

Los Rolling Stones se encontraban en el centro del huracán polémico por el lanzamiento del sencillo “Street Fighting Man”, que recogía de alguna manera las experiencias que Jagger había sacado durante aquella revuelta. El tema se había convertido en un himno a nivel global y cada movimiento, independientemente de su particular reclamo, lo usaba como estandarte sonoro: “¿Qué puede hacer un muchacho pobre/ excepto cantar en una banda de rock and roll?/ Porque en el aletargado Londres/ no hay lugar para un manifestante callejero”.

Con ello los londinenses participaban de manera directa en el espíritu del momento —al igual que con declaraciones en la prensa—, a diferencia del Cuarteto de Liverpool, que se había ido en masa a escuchar el adoctrinamiento del Maharishi Mahesh Yogui.

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Los Stones estaban dando los últimos toques a su nueva producción (Beggars Banquet) y entrarían al estudio a grabar el remate: “Sympathy for the Devil”. Godard vio entonces ahí la posibilidad de apoyar su mensaje. Hizo las llamadas justas para poder filmar al grupo durante la hechura de la canción y tejer con aquellas imágenes su discurso político.

Sintió que el grupo sería un excelente emisor de sus recientes experiencias: en la trasmisión de un ideario con el que había participado durante el mayo francés junto a otros intelectuales, cuya línea política fluctuaba entre el marxismo-leninismo y el maoísmo; y con la creación del colectivo “Dziga Vertov”, que filmaba en 16 mm cintas influenciadas por el cine soviético: “películas revolucionarias para audiencias revolucionarias”. Con tal objetivo llegó para dirigir One plus One.

Cuando al cine, previo a su creación, se le asigna una función fuera de su naturaleza (contar historias con una cámara), pierde su valía, su esencia, y languidece. Esto le sucedió a Godard con esta película. Con ella quiso adoctrinar y perdió la excelencia revolucionaria de la que había gozado con Sin aliento. En ésta había sido innovador y crítico, libre.

En One plus One comprometió su cine por la determinación de intereses ajenos a la propia creación. No fue más que propaganda. Sin embargo, permaneció en la parte que la salvó del olvido eterno. Y por eso a la cinta se le conoce por su otro nombre: Sympathy for the Devil: la documentación precisa y minuciosa de la grabación y, ésta sí, en estado de gracia creativa de los Rolling Stones.

La canción ha perdurado por sí misma como una cuestión de fe rockera en la crítica libre de su entorno. La verborrea con la que Godard quiso envolverla (cuyo discurso e ideología el tiempo desfasó) sólo sirvió para ponerla aún más en relieve: El NO a la sociedad trasmitido por la imagen cinematográfica sonorizada, frente al “no” del libelo totalitario.

VIDEO: Sympathy For The Devil (4K Clip) – In the Beginning – ABKCO, YouTube (ABKCO Records & Films)

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LIBROS: PULSOR 4×4

Por SERGIO MONSALVO C.

 

PULSOR 4X4 (PORTADA)

 

EL BEAT DE LA IDENTIDAD*

 

Generalmente cuando se habla sobre el rock and roll se hace como si fuera tan sólo música juvenil y para derramar nostalgia sobre tiempos idos. Esto implica tratarlo sin la seriedad que merece; sin reconocerle la trascendencia cultural que ha sido parte de su historia y de varias generaciones de seres humanos (desde los Baby Boomers hasta la que ha padecido el azote del Corona virus y que en el momento de escribir esto aún no tiene nombre).

En 70 años (de la segunda mitad del siglo XX a la segunda década del XXI) ha sido el movimiento artístico más revolucionario, con implicaciones sociales en todos los ámbitos (sociales, políticos, económicos, humanistas, científicos y tecnológicos).

Respondió con su nacimiento a una época depresiva, de posguerra, de prejuicios y persecución (macartismo). Respondió a ello con una infancia inquieta, auténtica y espontánea, llena de retos.

Tuvo una adolescencia crítica, con profundos conflictos existenciales y en la búsqueda de una razón de ser. Abrevó en la filosofía y las religiones orientales; conoció los excesos y la apertura de la conciencia cósmica y comunitaria.

En plena juventud se expandió hacia todos los puntos cardinales del mundo, se enriqueció con todos ellos y logró con esto la inmortalidad que generación tras generación renueva sus votos de identidad y reconocimiento con la rebeldía natural humana, que no se concreta a una época, a unos años, a una melodía repetitiva.

Con su historia de 70 años, el rock and roll se ha consolidado como un movimiento de opinión pública, creado por jóvenes que exigían a la sociedad ser escuchados; derivó en el gran transformador y sacudidor de la conciencia social.

Pero no sólo la ha sacudido, sino que la ha modificado. Liberalizó costumbres, combatido prejuicios, hambrunas y racismos, derribado tabús sexuales, desacralizado instituciones, derribado fronteras raciales, censurado guerras.

En fin, ha trascendido el ámbito musical a través de esos 70 años, y continúa transformándose y expandiendo su influencia a todo cuanto toca: arte, tecnología, moda, pensamiento, lenguaje, etc. etc.

Con esta serie (Pulsor 4×4: El Beat de la Identidad) se ha llevado al lector a un recorrido desde los inicios hasta los cambios que ha experimentado el rock a lo largo de sus siete décadas de existencia.

Con emisiones puntuales de año en año y teniendo como eje central a los grupos que han logrado importancia por su obra, hablé del contexto histórico en que fueron creadas tales obras, así como de su anécdota musical en particular, mostrando el desarrollo del sonido, la grabación y el enriquecimiento artístico.

Con esto se le proporcionó al seguidor un panorama detallado de una música que ha evolucionado a un estilo de vida, de pensamiento y de acción, a una cultura finalmente, como ninguna otra.

*La serie completa, Pulsor 4×4: El Beat de la Identidad, ha sido publicada por la Editorial Doble A con tal título, y online de manera seriada a través del blog Con los audífonos puestos durante los años de 2019 a 2021.

 

 

 

Pulsor 4X4

El Beat de la Identidad

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Textos”

The Netherlands, 2022

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