THE BOAT THAT ROCKED

Por SERGIO MONSALVO C.

THE BOAT THAT ROCKED (FOTO 1)

 ROMANTICISMO PIRATA

Por increíble que pueda parecer es cierto. En la década de los sesenta, en plena irrupción de bandas como los Beatles, Rolling Stones, The Who o los Kinks, la estación oficial británica de radio no emitía su música.

En 1966, sin duda alguna la época del mejor rock inglés, la BBC sólo trasmitía dos horas de rock a la semana (sólo la lista de éxitos pop). Pero la radio pirata inundaba el país con rock y pop 24 horas al día. Y 25 millones de personas, más de la mitad de la población, escuchaba cada día a los piratas”.

Así se inicia la sinopsis de The Boat that Rocked, una película protagonizada, entre otros, por el grandísimo actor Philip Seymour Hoffman (fallecido en el 2014), que narra las peripecias de un productor y un grupo de locutores fanáticos del rock, que deciden enriquecer la vida de sus conciudadanos montando una radio pirata a bordo de un barco anclado en aguas internacionales.

Un historia que su creador (el director y guionista Richard Curtis) dice no estar inspirada en hechos reales, pero que tiene mucho parecido con la hazaña de Ronan O’Rahilly, aquel loco irlandés  que durante décadas surcó los mares a bordo de embarcaciones ya legendarias dentro del mundo del rock como la Frederica, Mi Amigo o el Ross Revenge, haciendo llegar las emisiones de su Radio Caroline a millones de británicos –y no sólo– ansiosos por escuchar la buena música que se estaba generando en el Reino Unido y con ello una nueva cultura.

La puesta en dicha cinta es la historia fabulada (aglomerada, alegre y sucinta) sobre una radio pirata y libre, Radio Caroline, que durante décadas tuvo en jaque a la BBC y al gobierno británico a base de rock and roll.

VIDEO SUGERIDO: The Boat That Rocked Trailer (HD-Best Quality), YouTube (TheTrailerSiteDOTcom)

THE BOAT THAT ROCKED (FOTO 2)

 

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BABEL XXI-475

Por SERGIO MONSALVO C.

BXXI-475 (FOTO 1)

 GILBERT SHELTON

(THE FREAK BROTHERS)

Programa radiofónico de Sergio Monsalvo C.

http://www.babelxxi.com/?p=7435

 

 

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FREAK FOLK / I

Por SERGIO MONSALVO C.

FREAK FOLK (FOTO 1)

 LA VETA ALUCINADA

El siglo XXI ha sido un momento clave y decisivo para la evolución de un género centenario: el folk. Sus representantes contemporáneos le han dado las vueltas de tuerca necesarias para eso y tras cada una de ellas ha aparecido una nueva perspectiva: que va desde el  neo al anti, pasando por el alt, el avant y el freak.

Y es precisamente en este último término donde me detendré para echarle un vistazo y saber por dónde andan sus coordenadas y directrices. Unas que han inundado o salpicado a diversas formas musicales y creado un horizonte más amplio para dicha manifestación artística.

El freak folk –al que también se le llama acid y que se encuentra aglutinado en el gran total del folk originado en los años cero denominado New Weird America– es un subgénero que abreva de tres fuentes musicales: el avant-garde, el pop barroco y el folk psicodélico, con los que tiene en común el sonido, los temas y el estilo vocal.

Sus raíces se encuentran en el folk rock de los años sesenta con grupos y solistas fundamentales como The Incredible String Band, The Fugz y Vashti Bunyan, entre otros. Estilo del cual extienden su característica acústica hacia lo electrónico (en mayor o menor grado).

Asimismo, dentro de su menú incluyen el tropicalismo, el free jazz y el indie más marginal. Es decir, es un subgénero incluyente, imaginativo, de voces muy armónicas y de selecta orquestación. Una joya musical representante absoluta del hipermodernismo de esta época.

El freak folk tiene un peculiar sonido atmosférico. Sus letras se basan, por lo general, en el mundo natural, el amor, la belleza y tratan de evocar un estado de la mente asociado con las alteraciones psicodélicas.

Sus influencias de la música antigua tradicional (de diversas zonas del mundo) y de la etapa dorada del rock (la psicodelia y su goteo orientalista y exótico) confluyen con la interpretación vanguardista que enarbolan sus múltiples avatares, entre los que encontramos nombres como los de Devendra Banhart, Animal Collective, Grizzly Bear o CocoRosie, por mencionar sólo algunos cuantos practicantes del mismo.

VIDEO SUGERIDO: Devendra Banhart – Baby (Video), YouTube (devendrabanharttv)

El venezolano-estadounidense Devendra Banhart ha reclamado para sí, de manera rápida y definitiva, un lugar particular en la historia de esta música. No está sujeto a modas, ni se limita a algo en específico.

Es tal su eclecticismo –que va del surf al neo garage y a la hibridez de las fusiones con el folk– que necesita de proyectos diversos para darse a basto (por ello ha colaborado con Jana Hunter o Bert Jansch) o creado grupos alternos como Vetiver o Megapuss.

FREAK FOLK (FOTO 2)

Desde su aparición, Banhart ha procurado ofrecer algo distinto a los escuchas, una alternativa tan evocadora como novísima y llena de imaginación frente a las opciones musicales familiares disponibles en el dial contemporáneo.

Ha destacado por sus excentricidades (es un neo-hippie que vive en la casa que le perteneció a Jim Morrison; hace demos en su grabadora telefónica o promueve el new age como estilo de vida) pero, sobre todo, por representar a la música del nuevo siglo con orientación folk y psicodélica en sus formas más experimentales y retrofuturistas.

Banhart ha mostrado una voz paticular y un sonido folk altamente minimal y lo-fi. Sus letras desde el principio han estado relacionadas con el habitat natural y el surrealismo.

Es un intérprete que conmueve y seda al mismo tiempo, como si fuera la reivindicación de la calma. Su bucólico universo. Pero en él hay también provocación, ironía y parodia hacia lo solemne del folk tradicional.

Sus álbumes son espirituales, místicos eclécticos, mágicos y psicodélicos, pero también bilingües, chamánicos, ambiciosos y trascendentales.

Con ellos, del minimalismo del trovador (cuyo colorido vocal ha sido comparado con Marc Bolan) pasa a la conformación de una banda sólida (que cambia constantemente) y multiinstrumental puesta al servicio de la variedad de estilos comprendidos en cada nuevo disco. En Devendra Banhart hay melancolía, pero es una esperanzadora, suspendida y anestesiada.

VIDEO SUGERIDO: Devendra Banhart – carmensita, YouTube (beggars)

FREAK FOLK (FOTO 3)

 

 

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ART OF NOISE

Por SERGIO MONSALVO C.

ART OF NOISE (FOTO 1)

 WHO’S AFRAID?

 El futuro llegó, como lo predijo George Orwell, en 1984. Y como compañía vino implícita la utilización de lenguajes nuevos, tanto del habla cotidiana como de la música que acompañó su instalación y desarrollo. La idea humana quedó relegada, como el inicio para la realización de miles de proyectos en cuya manufactura posterior tuvo muy poco que ver, si no es que nada: los riesgos de la tecnología.

Art of Noise era un grupo británico inmerso dentro de la corriente futurista. El nombre derivó del ensayo The Art of Noises, escrito por Luigi Russolo, creador inserto dentro de tal corriente vanguardista a principios del siglo XX.

Una mano sujetando un microchip, núcleo de la tecnología digital, era el logotipo que usaban como propaganda. Gary Langan, uno de sus integrantes y experto en electrónica, dijo que en ese momento (los noventa), con frecuencia mayor de la que uno se imaginaba, la música que se escuchaba se debía a la derivación de las células de una computadora.

Dentro de la parafernalia maquinista, el productor inglés Peter Wegg creó para la televisión de su país a Max Headroom, la máscara electrónicamente dirigida que se volvió personaje del medio. Este realizador fue llamado por Art of Noise para participar en la elaboración de su primer disco, Paranoimia, con el cual ambos se convirtieron en estrellas.

No fue más que la confirmación de que sin el progreso técnico ya no funcionaba desde entonces ninguna extravagancia, y según los integrantes de este proyecto (el mencionado ingeniero y productor Gary Langan, el productor Trevor Horn, el programador J.J. Jeczalik y el periodista musical Paul Morley, a ellos e uniría en 1988 el músico Lol Creme) sirvió para desmentir a quienes aseveraban que la perfección técnica iba en detrimento de la creatividad. Art of Noise lo creía a pie juntillas y resultaron el mejor ejemplo de ello.

Jonathan (J.J.) Jeczalik, otro de sus componentes, había trabajado para Kate Bush, los Pet Shop Boys, Paul McCartney, ABC y Nick Kershaw, entre algunos músicos; empezó como programador del «fairlight» para el productor Trevor Horn (exmiembro de Yes). Jeczalik aprovechó los momentos libres que tenía para experimentar con dicho aparato.

J.J. y Langan se habían conocido una noche mientras mezclaban un disco para Yes, se pusieron a fantasear con las máquinas y el resultado fue el track «Close to the Edit». Como el experimento resultó satisfactorio decidieron reunirse, pero les faltaba alguien que aportara la cuestión melódica. Entonces llamaron a la arreglista Anne Dudley, conocida de ambos y quien se uniría al conglomerado.   Ella había recibido una educación musical dentro del clasicismo; sin embargo, se sintió atraída al jazz y luego al pop.

Martin Frey, líder de ABC, le confió los arreglos más importantes del álbum Lexicon of Love, que estaba grabando, por su profesionalismo. Luego ella trabajó con Wham!, Lloyd Cole y Blancmange.

Gary Langan tenía también un impresionante historial en la mezcla y producción con The The y Spandau Ballet.

Al sumar todas estas actividades se explica el vasto archivo de sonidos con el cual se alimentó Art of Noise en sus dos etapas de existencia: de 1983 a 1990 y de 1998 al 2000, diskette tras diskette, cuyos productos manejaron a placer por medio de las computadoras para establecer la secuencia del sonido seleccionado.

Los resultados se pueden escuchar en álbumes y antologías como In Visible Silence, Belowe the Waste, Best Of, In No Sense, Nonsense! y The Ambient Collection, entre ellos.

VIDEO SUGERIDO: Art of Noise – Moments In Love (Live), YouTube (prozvu beer)

ART OF NOISE (FOTO 2)

 

Tornamesa

NICKY HOPKINS

Por SERGIO MONSALVO C.

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 LAS TECLAS NECESARIAS

El blues forma una parte importantísima de la ecuación de la música de nuestro tiempo. Aportó al rock muchas de sus preocupaciones líricas y de su estilo musical. El impacto del género es más evidente en las fijaciones de la cultura rocanrolera, cuyos representantes trataron de cooptarlo en su totalidad y fueron juzgados críticamente de acuerdo con su capacidad o incapacidad para hacerlo.

En la Inglaterra de comienzos de los años sesenta John Mayall, Alexis Korner y Cyril Davies organizaron verdaderos seminarios en el arte bluesero; lograron resultados duraderos tanto en forma de sus proyectos continuos –los Bluesbreakers, Blues Incorporated y His All Stars, respectivamente– como con referencia a todo lo engendrado por ellos, incluyendo a los Yardbirds, los Animals y los Rolling Stones y un sinfín de grupos y músicos destacados.

Asimismo se trató de conocer personalmente y actuando a muchos de los artistas originales del género, como Fred McDowell, John Hurt, Furry Lewis, Mance Lipscomb, Willie Dixon, Sonny Boy Williams, Muddy Waters, etcétera. Rescatados para la ocasión, se esperaba siempre de ellos la Revelación auténtica.

Muddy Waters recordaba lo siguiente: «Cuando fui a Inglaterra por primera vez –en 1958, año en que tocó con Chris Barber, Alexis Korner y Cyril Davies– inicié verdaderamente al país en el blues amplificado eléctricamente.  Muchos fans me preguntaron por qué no tocaba la guitarra acústica y les prometí llevar una en la siguiente ocasión, lo que por otra parte hice.

“Para la época de mi segunda visita, a comienzos de los sesenta, todos los grupos de blues ingleses tocaban ya con amplificación y con un feeling increíble. Recuerdo que en uno de los conciertos que hice con Cyril Davies y su banda His All Stars me llamó mucho la atención la forma de tocar de uno de ellos:  ‘Oye, Cyril –le dije–, ¿quién es el hombre del piano?’  Davies volteó y me dijo: ‘Se llama Nicky Hopkins y tiene 17 años.'»

Dicha forma de asimilación desapareció a ratos, pero nunca por mucho tiempo. En 1968, los Rolling Stones también habían absorbido y abandonado el blues, disponiéndose a inventarlo del todo nuevo. Para el fin incluyeron blues «auténticos» en sus mejores álbumes hasta la fecha: Beggars Banquet, Let It Bleed, Sticky Fingers, Exile on Main Street, Goat’s Head Soup e It’s Only Rock ‘n’ Roll (además de la famosa sesión Jammin’ with Edward).

En todos ellos y otros posteriores los acompañó tanto en el estudio como en sus presentaciones en vivo el mismo Nicky Hopkins. Desde sus comienzos los Rolling Stones acogieron acompañantes encargados de tocar en el estudio o en público un tema de órgano, piano o de algún otro instrumento que los miembros oficiales del grupo no utilizan por sí mismos: Ry Cooder, Billy Preston, Bobby Keys, Jim Price, Ian Stewart y Nicky Hopkins, entre los más destacados.

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Su intervención afectó definitivamente la expresión musical del grupo, según las modalidades que éste había establecido per se. De todos ellos, los constantes y omnipresentes fueron Ian Stewart y Nicky Hopkins en los teclados. Stewart murió hace unos años (1985) y Hopkins en 1994, terminando así una estrecha relación de más de tres décadas.

Hoy, muchos de los mejores intérpretes del blues inglés han muerto, entre ellos Alexis Korner, Cyril Davies, Nicky Hopkins, los tres curiosamente sin recibir mayor atención de las agencias noticiosas internacionales.

Nicky falleció un 6 de septiembre en Nashville, Tennessee, aquejado por problemas cardiacos y abdominales. Contaba con 50 años de edad. Este pianista, cantante y compositor nació en Inglaterra el 24 de febrero de 1944.  Recibió una educación clásica en el piano, pero sus instintos lo llevaron hacia el blues, género en el que debutó con la banda de Cyril Davies y con la cual se mantuvo hasta la muerte de éste.

A la postre se integró al Jeff Beck Group, junto con Rod Stewart. También fue miembro de Quicksilver Messenger Service y Sweet Thursday, hasta ser llamado por los Rolling Stones como sesionista y tecladista durante las giras.

Durante su extensa carrera musical colaboró con infinidad de grupos y solistas en diversas grabaciones: Beatles, Jefferson Airplane, Steve Miller Band, Lord Sutch, The Who, John Lennon, New Riders of the Purple Sage, Nilsson, Carly Simon, Donovan, George Harrison, Marc Almond, Joe Cocker, Peter Frampton y Rod Stewart, entre muchos otros.

A pesar de tamaña lista, a mí no me cabe la menor duda de que su mejor trabajo lo realizó con los Rolling Stones, y como ejemplo escúchese con atención su labor en los teclados de piezas como «Rocks Off», «Rip This Joint», «Tumblin’ Dice», «Sweet Virginia», «Torn and Frayed» o «Loving Cup», en esa obra maestra llamada Exile on Main Street.

VIDEO SUGERIDO: “ANGIE” performed by Nicky Hopkins, Charlie Watts, Bill Wyman, YouTube (Mark Korvin Slugocki)

NICKY HOPKINS (FOTO 3)

 

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PREM JOSHUA

Por SERGIO MONSALVO C.

PREM JOSHUA (FOTO 1)

 PASAJE A LA INDIA

El rock como música, y prioritariamente como cultura, siempre ha buscado la oportunidad y también el motivo para manifestar su selección de influencias. Una de ellas proviene desde los años sesenta de la India.

Después del blues negro y el folk blanco, la expresión musical de aquel país constituyó el siguiente elemento importante en la mezcla particular creada por el rock y actualmente por el world beat, el house o sus derivados.

Los intérpretes de la música india, orientados hacia el rock y géneros contemporáneos desde mediados del siglo XX, encontraron tres maneras de producir una forma artística actualizada, viable y en contacto con la población del mundo en general.

Esto ocurrió por medio de una progresiva “indianización”, es decir, la dilución de esas influencias en géneros que surgieron como crossover, en primer lugar.

En segundo, mediante el empleo creativo de la retroalimentación recibida tanto del Oriente como de Occidente en forma de world music; y finalmente al mezclar dentro del world beat la antigua tradición musical india, tanto popular como clásica, con la música house, techno y afines.

El proceso de transculturación engendró con los años una fértil escena musical. De tal suerte es posible ubicar a un hombre llamado Prem Joshua como un eslabón importante en la fuerte cadena que ata a la cultura del género con aquella península oriental.

Tras una larga trayectoría y vida en dicho territorio es actualmente saludado como a un personaje popular mientras camina por las calles de Bombay. “No soy una estrella de Bollywood, pero algunos me reconocen por aquí”, admite.

Prem es un alemán oriundo de la Selva Negra que a los cinco años de edad comenzó a tocar la flauta y después, en plena adolescencia, el saxofón para poder formar parte de alguna banda local de rock y jazz. Se inició en las drogas psicodélicas y el misticismo literario, pero pronto se dio cuenta de que aquello no lo satisfacía.

Así que a los 18 años tomó su mochila rumbo a Pakistán, Irán, Afganistán y Turquía. Lugares donde intentó asentarse pero los musulmanes radicales, contrarios a la música, le lanzaban piedras cuando intentaba tocar en algún sitio. Por lo que se trasladó finalmente a la India.

Cuando llegó a aquella zona del mundo buscó algo más que pasarla bien y consumir sicotrópicos. La sensación de irrealidad de las drogas, en su caso, no le ayudaba para componer lo que tenía en mente (la fusión de las ragas con la electrónica), así que se puso a estudiar la música regional en serio. Y no solamente ésta, sino la cultura en general.

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Aprendió a tocar la sítar con el maestro Ustad Usman Khan en Benares y con el gurú Osho el pensamiento espiritual del que se hizo seguidor. A la postre, completó sus estudios musicales con la flauta de bambú (además de los instrumentos de cuerda llamados dilruba y santoor).

Conservó el nombre de Joshua que le habían puesto sus padres al nacer, pero su apellido original (el cual ha ocultado muy bien hasta la fecha) lo cambió por la palabra Prem que literalmente significa “amor” en hindi.

Formó entonces un cuarteto junto a otros instrumentistas que compartían su visión: un alemán (Chintan Relenberg, en los loops, teclados, el tambor darbuka, la tabla y los coros), un indio (Raul Sengupta en la tabla, percusiones y coros) y un japonés (Satgyan Fukuda, en el bajo, las percusiones y coros), con él en la voz principal, papel que también desempeña como invitada la cantante Sandhya Sanjana.

Grupo con el que ha rubricado casi una veintena de álbumes muy apreciados en los circuitos del world beat, el lounge y el trance: desde el titulado No Goal But The Path (con el que debutó discográficamente junto a Terra Incognita, su primer proyecto), hasta el reciente Breath of Voavah, del 2017.

Prem combinó desde entonces los instrumentos tradicionales indios con ritmos como el  rock, jazz, funk, reggae o los sonidos de la música electrónica. Su música transcurrió por varias etapas y sus breaks traspasaron las barreras de las culturas y las nacionalidades.

El concepto del músico andariego (su autonombrada “mixtura interior”) resultó fresco, armónico, lleno de sentimiento y ha contribuido a solidificar la fusión en el movimiento Asian Underground.

Sus composiciones han sido sampleadas por los raperos de la Costa Oeste de la Unión Americana lo mismo que por artistas de la música anglo-asiática del breakbeat.

Pese a las apariencias capilares (la barba blanca), de su vestimenta y forma de vida (al estilo hindú), Joshua es un amante del rock clásico y el jazz y no practica el yoga como dogma. Por eso mismo ha logrado la circunstancia de disfrutar de la música al margen la mística.

Para este artista la música popular intercultural es producto de la época que vivimos, de intercambio y reconocimiento, y debe ser un mensaje de belleza al alcance de cualquiera. Oriente y Occidente ya no se dan la espalda, musicalmente hablando, desde hace medio siglo.

Así ha ocurrido gracias a la obra de gente que ha ensanchado el puente, como el mencionado Prem Joshua, ese hombre originario de la Schwarzwald germana, que rubio y teutón nunca se ha sentido en la India como un intruso.

 Discografía selecta: Tales of a Dancing River,Desert Visions (ambos con New Earth Records), Dance of Shakti, Dakini Lounge,Taranga (con White Swan Records).

 VIDEO SUGERIDO: Prem Joshua & Band – Sharanay, YouTube (hamido511)

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BABEL XXI-474

Por SERGIO MONSALVO C.

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 THE BLACK KEYS

(LET’S ROCK!)

Programa radiofónico de Sergio Monsalvo C.

http://www.babelxxi.com/?p=7430

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EL BEAT DE LA IDENTIDAD

Por SERGIO MONSALVO C.

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(1976)

En 1976, el autonombrado “Gran Líder” chino Mao Tse Tung murió en Pekín.

Ese mismo año James Carter se convirtió en presidente de los Estados Unidos.

El avión Concord comenzó los vuelos regulares entre Londres y Washington.

Se estrenaron las películas Todos los hombres del presidente, El resplandor y Taxi Driver.

Bob Seger, a su vez, quien fuera una estrella local en Detroit durante más de diez años, no significaba gran cosa a nivel nacional y menos internacional. Su falta de éxito lo deprimió tanto que llegó a abandonar la música durante dos años. En 1976, sin embargo, un álbum doble titulado Live Bullet lo colocó en los primeros sitios y su rock and roll comenzó a ser reconocido.

VIDEO SUGERIDO: Bob seger Natbush city “Live Bullet”, YouTube (jimmej955)

Tom Scholz trabajaba como técnico investigador de la compañía Polaroid, y eso le permitió el capricho de hacer un disco. Después de completar el álbum, en el que él mismo tocaba y cantaba todos los temas, buscó un sello para editarlo, y Epic lo firmó de inmediato, seducido por la sofisticación e ingenuidad de su heavy metal, así como por la brillantez técnica del trabajo.

Scholz entonces reclutó a algunos amigos y fundó al grupo Boston. El álbum compuesto con las grabaciones originales fue lanzado en 1976 y se convirtió en el disco debut más vendido de todos los tiempos con 6 millones de ejemplares.

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Aerosmith era un grupo de Massachusetts formado en 1970. Rocks, su quinto álbum, de 1976, fue uno de los mejores en los niveles de venta, obtuvo un disco de platino y fijó un modelo musical por el resto de la década para el hard rock. Steven Tyler, el vocalista del mismo, se convirtió en estrella, al igual que el guitarrista Joe Perry.

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Los Ramones fueron un modelo que tuvo cientos de imitadores. Este grupo de punk desarrolló su particular estilo en los clubes neoyorkinos antes de firmar un contrato con Sire Records en 1976. Su primera gira por los Estados Unidos y la Gran Bretaña causó una gran impresión, y la cauda de todo ello sigue hasta la fecha, pese a su tosquedad y economía de movimientos.

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Mientras Abba, Demis Roussos y Glen Campbell se convertían en los más vendedores entre la candidez mundial, en las profundidades del underground londinense fermentaba un movimiento que pronto causaría estragos en los valores establecidos y revolvería la industria del rock.

Emergieron los Sex Pistols como los pioneros del punk. La reacción inicial fue de horror y repulsión, pero un creciente sector de la audiencia rockera los celebró como si fueran ídolos, resultando que un grupo ruidoso, arrogante y desordenado no solamente desafiaba a la autoridad, sino que triunfaba con los recursos más limitados. Una revolución en todos los sentidos.

VIDEO SUGERIDO: Sex Pistols – God Save The Queen, YouTube (Sex Pistols Official)

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PULSOR 4x4 (REMATE)

LITTLE RICHARD

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL ARQUITECTO BIZARRO

Después de la Guerra Civil en los Estados Unidos algunos ideólogos blancos empezaron a ver la cultura negra bajo una luz turbia. Los negros fueron contemplados como seres satánicos, libertinos, paganos, lujuriosos, anárquicos, violentos, dotados de una «inteligencia astuta»,  desciendientes de «salvajes oradores hipnotizadores» que en cuanto obtuvieron su libertad se convirtieron en una turba ebria que apestaba a sudor africano».

Desde el punto de vista de estos blancos, los males de la vida negra eran evidentes en su música. Dicha rama del racismo (en la que se fundamenta el Ku Klux Klan) llegó a su punto culminante con la novela The Clansman, de Thomas Dixon, que trata acerca del Sur norteamericano durante el tiempo de su reconstrucción. Dicha narración fue publicada en 1905 y luego filmada atentamente por D. W. Griffith en 1915 con el título de El nacimiento de una nación.

Los blancos que promueven la igualdad racial, según el autor y sus seguidores, se han «hundido en el negro abismo de la vida animal» en el que el mestizaje y la anarquía van de la mano. La igualdad para tales racistas significa que la «barbarie estrangulará a la civilización por medio de la fuerza bruta».  Para Dixon, todo el mal primitivo de la vida negra se condensaba en su música, que en la novela literalmente impulsa a los inocentes blancos hacia la muerte.

Los historiadores explican dichos estereotipos extremadamente negativos remitiéndose a las hostilidades sociales y económicas provocadas por la fallida reconstrucción republicana de los estados confederados derrotados. El siglo pasado comenzó con este horror itifálico. Los negros se les habían convertido, en sus fantasías racistas, en unos salvajes aullantes que se sacudían al ritmo de un tambor que borraba todo vestigio de racionalismo.

A lo largo de 100 años, tal ideología se desplazó desde una meditación acerca de la existencia o no de alma en los negros hacia una elucubración sobre su “maldad fundamental”. Los acontecimientos históricos ocurridos en los derrotados estados del Sur sólo vinieron a intensificar la tendencia general a transformar al viejo Tío Tom en un azufrado Lucifer, en  un sátiro neolítico.

En medio de estas ideas y temores ontológicos vivía el sureño blanco estadounidense promedio a mitad del siglo XX. Los conservadores negros, por su parte, trataban de contrarrestar el asunto portándose más cristianos que cualquiera otros y fundamentaban su vida en los dogmas bíblicos. Y ahí la música pagana estaba más que condenada. El blues, por extensión.

Así que pensemos en las reacciones de ambos mundos cuando apareció en escena un ser inimaginable y al mismo tiempo omnipresente en las peores pesadillas culturales de los blancos estadounidenses: un esbelto negro, hijo de un ministro de la iglesia anglicana, un tanto cabezón, amanerado en extremo, bisexual, peinado con un gran copete crepé y fijado con spray, maquillado y pintados los ojos y los labios —que lucían un recortado bigotito—, vestido con traje de gran escote, pegado y con estoperoles, lentejuelas y alguna otra bisutería, calzando zapatillas de cristal como Cenicienta, tocando el piano como si quisiera extraerle una confesión incendiaria y acompañado por una banda de cómplices interpretando un jump blues salvaje, el más salvaje que se había escuchado jamás y expeliendo onomatopeyas como awopbopaloobopalopbamboom a todo pulmón, con una voz rasposa, potente, fuerte, demoledora y perorando que con ello comenzaba la construcción del Rock & Roll.

LITTLE RICHARD fOTO

La visión presentada por Dixon, aquel espantado escritor decimonónico, del primitivismo negro fue pues el argumento con el cual se arremetió contra el naciente ritmo. Ganas no les faltaron de sacar las armas contra “el animal negro que quiere arrasar con los Estados Unidos blancos”. La música del malvado negro (según los aprensibles nacionalistas) empujaba a la víctima blanca —en este caso los fascinados adolescentes— al abismo del infierno.

El conservadurismo agregó los tambores a ese averno negro porque los ritmos salvajes ponían de relieve la libido primordial contra la que el hombre blanco había tratado de erigir la barrera de su cultura frágil y amenazada. El rock and roll nació con esta mitología sexual.

Y Little Richard fue el arquitecto y profeta más bizarro en su diseño. Sus cuatro argumentos fundamentales fueron: “Tutti Frutti”, “Long Tall Sally”, “Lucille” y “Good Golly Miss Molly”. Leyes sicalípticas talladas en piedra para la eternidad. Quedaron además inscritas en el mejor álbum del año 1957, que entraría en el canon del rock: Here’s Little Richard.

Lo que le sucedió después es materia para la Teoría de la Conspiración. Tras él fueron enviados los perros de reserva de los bandos afectados (avionazo y reconversión religiosa). El hecho patente es que Little Richard, el Arquitecto del Rock and Roll, nació como Richard Wayne Penniman, en Macon, Georgia (en el profundo Sur estadounidense), el 5 de diciembre de 1932. A los 87 años, con su muerte el 9 de mayo del 2020, su leyenda se ha solidificado con materia pura de bizarría.

Discografía clásica y selecta: Here’s Little Richard (Specialty, 1957), The Fabulous Little Richard (Ace, 1959), 18 Greatest Hits (Rhino, 1985), The Formative Years 1951-1953 (Bear Family, 1989) The Georgia Peach (Specialty, 1991).

(VIDEO SUGERIDO: Little Richard – Lucille LIVE 1973, YouTube (gimmeaslice)

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