PREM JOSHUA

Por SERGIO MONSALVO C.

PREM JOSHUA (FOTO 1)

 PASAJE A LA INDIA

El rock como música, y prioritariamente como cultura, siempre ha buscado la oportunidad y también el motivo para manifestar su selección de influencias. Una de ellas proviene desde los años sesenta de la India.

Después del blues negro y el folk blanco, la expresión musical de aquel país constituyó el siguiente elemento importante en la mezcla particular creada por el rock y actualmente por el world beat, el house o sus derivados.

Los intérpretes de la música india, orientados hacia el rock y géneros contemporáneos desde mediados del siglo XX, encontraron tres maneras de producir una forma artística actualizada, viable y en contacto con la población del mundo en general.

Esto ocurrió por medio de una progresiva “indianización”, es decir, la dilución de esas influencias en géneros que surgieron como crossover, en primer lugar.

En segundo, mediante el empleo creativo de la retroalimentación recibida tanto del Oriente como de Occidente en forma de world music; y finalmente al mezclar dentro del world beat la antigua tradición musical india, tanto popular como clásica, con la música house, techno y afines.

El proceso de transculturación engendró con los años una fértil escena musical. De tal suerte es posible ubicar a un hombre llamado Prem Joshua como un eslabón importante en la fuerte cadena que ata a la cultura del género con aquella península oriental.

Tras una larga trayectoría y vida en dicho territorio es actualmente saludado como a un personaje popular mientras camina por las calles de Bombay. “No soy una estrella de Bollywood, pero algunos me reconocen por aquí”, admite.

Prem es un alemán oriundo de la Selva Negra que a los cinco años de edad comenzó a tocar la flauta y después, en plena adolescencia, el saxofón para poder formar parte de alguna banda local de rock y jazz. Se inició en las drogas psicodélicas y el misticismo literario, pero pronto se dio cuenta de que aquello no lo satisfacía.

Así que a los 18 años tomó su mochila rumbo a Pakistán, Irán, Afganistán y Turquía. Lugares donde intentó asentarse pero los musulmanes radicales, contrarios a la música, le lanzaban piedras cuando intentaba tocar en algún sitio. Por lo que se trasladó finalmente a la India.

Cuando llegó a aquella zona del mundo buscó algo más que pasarla bien y consumir sicotrópicos. La sensación de irrealidad de las drogas, en su caso, no le ayudaba para componer lo que tenía en mente (la fusión de las ragas con la electrónica), así que se puso a estudiar la música regional en serio. Y no solamente ésta, sino la cultura en general.

PREM JOSHUA (FOTO 2)

Aprendió a tocar la sítar con el maestro Ustad Usman Khan en Benares y con el gurú Osho el pensamiento espiritual del que se hizo seguidor. A la postre, completó sus estudios musicales con la flauta de bambú (además de los instrumentos de cuerda llamados dilruba y santoor).

Conservó el nombre de Joshua que le habían puesto sus padres al nacer, pero su apellido original (el cual ha ocultado muy bien hasta la fecha) lo cambió por la palabra Prem que literalmente significa “amor” en hindi.

Formó entonces un cuarteto junto a otros instrumentistas que compartían su visión: un alemán (Chintan Relenberg, en los loops, teclados, el tambor darbuka, la tabla y los coros), un indio (Raul Sengupta en la tabla, percusiones y coros) y un japonés (Satgyan Fukuda, en el bajo, las percusiones y coros), con él en la voz principal, papel que también desempeña como invitada la cantante Sandhya Sanjana.

Grupo con el que ha rubricado casi una veintena de álbumes muy apreciados en los circuitos del world beat, el lounge y el trance: desde el titulado No Goal But The Path (con el que debutó discográficamente junto a Terra Incognita, su primer proyecto), hasta el reciente Breath of Voavah, del 2017.

Prem combinó desde entonces los instrumentos tradicionales indios con ritmos como el  rock, jazz, funk, reggae o los sonidos de la música electrónica. Su música transcurrió por varias etapas y sus breaks traspasaron las barreras de las culturas y las nacionalidades.

El concepto del músico andariego (su autonombrada “mixtura interior”) resultó fresco, armónico, lleno de sentimiento y ha contribuido a solidificar la fusión en el movimiento Asian Underground.

Sus composiciones han sido sampleadas por los raperos de la Costa Oeste de la Unión Americana lo mismo que por artistas de la música anglo-asiática del breakbeat.

Pese a las apariencias capilares (la barba blanca), de su vestimenta y forma de vida (al estilo hindú), Joshua es un amante del rock clásico y el jazz y no practica el yoga como dogma. Por eso mismo ha logrado la circunstancia de disfrutar de la música al margen la mística.

Para este artista la música popular intercultural es producto de la época que vivimos, de intercambio y reconocimiento, y debe ser un mensaje de belleza al alcance de cualquiera. Oriente y Occidente ya no se dan la espalda, musicalmente hablando, desde hace medio siglo.

Así ha ocurrido gracias a la obra de gente que ha ensanchado el puente, como el mencionado Prem Joshua, ese hombre originario de la Schwarzwald germana, que rubio y teutón nunca se ha sentido en la India como un intruso.

 Discografía selecta: Tales of a Dancing River,Desert Visions (ambos con New Earth Records), Dance of Shakti, Dakini Lounge,Taranga (con White Swan Records).

 VIDEO SUGERIDO: Prem Joshua & Band – Sharanay, YouTube (hamido511)

PREM JOSHUA (FOTO 3)

 

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CORNERSHOP

Por SERGIO MONSALVO C.

CORNERSHOP (FOTO 1)

 LA INDIA, U. K.

El nombre de la banda inglesa Cornershop se originó de un estereotipo sobre los británicos asiáticos, el cual afirma que éstos siempre poseen tiendas en las esquinas (corner = esquina, shop = tienda). En tal cliché hay un obvio racismo, sustentado en la idiosincracia discriminatoria producto del pasado colonial británico. Misma con la que han tenido que vivir los inmigrantes indios y sus descendientes (al igual que otras etnias, como la paquistaní o la caribeña, por ejemplo).

En esa realidad dura y cotidiana, que los enfrenta con skinheads, neonazis, hooligans y políticos conservadores, crecen manifiestos sociales y artísticos agudos, danzarines y agridulces como el de este grupo cuya proclama es una fusión de música india, brit pop, rock alternativo y dance electrónico.

A principios de los años noventa, en Leicester, Inglaterra, el multiinstrumentista, cantante y compositor de origen indio Tjinder Singh, su hermano Avtar (bajo), Ben Ayers (guitarra) y el baterista David Chambers formaron la banda. Su álbum debut, Hold on It Hurts, data de 1994.

Al año, y con cambios en la formación, lanzaron Woman’s Gotta Have It, pero fue tiempo después cuando When I Was Born for the 7th Time les dio su mayor fama. El remix del sencillo “Brimful of Asha” (sobre la base riffmica de “Sweet Jane”), realizado por Norman Cook (alias Fatboy Slim), se convirtió en un enorme éxito. A éste le siguió la producción de Handcream for a Generation, Judy Sucks a Lemon for Breakfast, Cornershop And the Double ‘O’ Groove Of, Urban Turban y Hold On It’s Easy, hasta la fecha.

Estos intérpretes de música indie han encontrado tres maneras de producir una forma artística contemporánea viable y en contacto con los escuchas en general. En primera instancia, por medio de su progresivo provecho de doble vía, es decir, la dilución de las influencias maternas en la música “extranjera” del país de adopción.

En segundo lugar, mediante el empleo creativo en forma divertida de la retroalimentación recibida de ambas culturas; y, finalmente, al continuar con la antigua tradición rockera de la política del baile, o sea, ejercer la crítica social mientras se disfruta.

El disco Judy Sucks a Lemon for Breakfast –su mayor éxito– fue la reafirmación de que el rock sigue siendo un grito potente dirigido sin restricciones a una gran audiencia; ése grito que ha contribuido más a rehacer la identidad británica que cualquier otra forma artística o secular.

VIDEO SUGERIDO: Cornershop – Brimful of Asha (Fatboy Slim Remix), YouTube (banacheq)

El rock británico siempre ha sido una mezcla en todos los sentidos. Es una expresión democrática y multicultural; es negra (blues, reggae, soul, funk, hip hop) y asiática (las ragas indias, sobre todo), de clase obrera, de clase media y hasta la aristocracia ha tenido qué ver en varias facetas de su historia.

Si Cornershop habla de ello en sus canciones es porque también dicha historia les pertenece como británicos asiáticos de tercera generación y eso es algo que todo el mundo debe saber. Su propuesta es inteligente e ingeniosa, una permanente descripción irónica de la vida británica contemporánea.

Y por ello citan en sus melodías tanto a los Beatles como a T.Rex, los Kinks o los Rolling Stones. Raíces comunes para todos los músicos y subgéneros nacidos en la Gran Bretaña. Es una forma de identificación que no se basa en el rechazo y la automarginación, sino en la aceptación y la creatividad.

CORNERSHOP (FOTO 2)

Asimismo, el misterioso sur de Asia, es decir el subcontinente indio, ha ejercido una influencia muy significativa sobre el rock desde la década de los sesenta. Según la mitología del género, este subcontinente es una tierra de sensibilidades expansivas. Es el yin de las fuerzas primarias frente al yang de la ciencia occidental contemporánea.

Esa injerencia ha sentado sus precedentes vía la Gran Bretaña, con hitos culturales como los Beatles, con “Norwegian Wood” (del disco Rubber Soul) y Help; como discípulos filosóficos de diversos Maharishis o musicales, como de Ravi Shankar, de quien incorporaron un poco de música raga y verdades védicas en diversas obras.

La influencia india hizo acto de presencia incluso en el rock que carecía de conexiones aparentes con gurús o el misticismo. El grupo Echo and The Bunnymen, convertido en algo tan poco exótico como la sombría penumbra romántica, utilizó el sonido raga en su mejor canción, “The Cutter”. Y, por supuesto, los Rolling Stones incluyeron el toque indio con el uso de la cítara en el seminal tema “Paint it Black” y en grandes partes de Their Satanic Majesties Request.

Los rockeros ingleses, pues, han tenido especial apego a lo indio. Por su parte, los británicos originarios de las Indias Orientales conforman más del veinte por ciento de la población inglesa. De igual manera, conforme el número de inmigrantes procedentes de la India, Paquistán y Bangladesh crecía en las islas británicas, los músicos ingleses (del punk a la fecha) buscan su inspiración directamente en Brixton o Leicester y ya no tan sólo en el tradicional rodeo sentimental por Memphis.

Por otro lado, el proceso indio de transculturación, el “ciclo índico” (que va incansable y sin interrupción de la Gran Bretaña a la India y de vuelta, y que se ha enriquecido a través de la historia y de su demografía) también encierra una influencia catalítica al engendrar una fértil escena musical en cada región de ambos continentes. A fin de cuentas, el rock no es un arte de formas fijas, sino de inflexiones que se producen a base de modelos remotos y en el ámbito de las grandes urbes.

Tal es el caso de Cornershop, músicos creativos que han tenido la ventaja de abrevar en fuentes de una larga tradición (en ambos países), dotadas de caracteres propicios que a ellos les ha correspondido universalizar, con un sonido más que reconocible. Un estilo que desarrolla un género de música popular a partir de la asimilación cultural.

CORNERSHOP (FOTO 4)

VIDEO SUGERIDO: Cornershop – Waterloo Sunset (Culture Show 2007-06-09), YouTube (EdgarHuntley)

 

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