Por SERGIO MONSALVO C.

FATHER OF THE BRIDE
(VAMPIRE WEEKEND)
Programa radiofónico de Sergio Monsalvo C.

Por SERGIO MONSALVO C.

FATHER OF THE BRIDE
(VAMPIRE WEEKEND)
Programa radiofónico de Sergio Monsalvo C.

Por SERGIO MONSALVO C.

THE FUTURE (DO IT YOURSELF)
Solventado el asalto sorpresa, los pioneros punks de la primera hora se convirtieron en los mártires de un movimiento que, en forma subterránea y a través de coloridas etapas, continuó su desarrollo hacia una subcultura dividida y delimitada, dentro de la cual han podido subsistir una al lado de la otra interpretaciones muy distintas entre sí del concepto punk, tanto en cuanto a la dirección musical como al contenido y las características externas.
El elemento que las une es en la actualidad, además de su condición de vida, la verdadera herencia de la revuelta original del punk: su funcionamiento único como alternativa independiente y por completo autosuficiente frente a la industria establecida.
El punk reveló rencores, temores, odios y deseos tan intensos que su aparición amenazó la legitimidad del orden social y descubrió su carácter tiránico, de la misma manera en que la clasificación escabrosa de la música de los Sex Pistolsamenazó la legitimidad del rock del mainstream y reveló su carácter tiránico.
Uno de los legados más importantes del punk se expresa con tres palabras: Do it Yourself (“hazlo tú mismo”). A principios de los años ochenta, las compañías disqueras independientes se multiplicaron y durante las décadas siguientes brindaron una oportunidad a nuevos grupos de los que nadie había oído jamás. Productos de una escena alternativa activa y prolífica, Nirvana y Sonic Youth, por ejemplo, grabaron sus primeros discos en este entorno.
Herederos directos de cierta visión de la música, un buen número de estos grupos rondaron la cabeza de las listas en las últimas décadas: Green Day, Smashing Pumpkins, Rancid, Offspring, Foo Fighters, NOFX, Pearl Jam, Soundgarden, L7, Pixies, Dinosaur Jr, Husker Dü y Sick of It All, entre otros. Y, actualmente, gente como Black Lips, Boggs, Correcto, Helen Love, Wendy James, The Mae Shi, etcétera.

La gran moda punk no costó casi nada y dio a conocer a los inconformes, porque ¿a dónde quería llevar la revuelta preconizada por Sham 69, los Pistols o Clash —que sin duda sigue siendo el mejor grupo de esa época, tanto por su extraordinaria discografía como por su actitud y relativa longevidad—? A destituir a la reina Elizabeth y su régimen, que privilegiaba a los ricos.
Fue el regalo que se le deseaba presentar en el año de su Silver Jubilee, sus 25 años de reinado pomposo. Por todas partes, los graffiti anunciaban la tónica: “Stuff the jubilee«. Y Rotten bramaba: “God save the Queen and the fascist regime/ It made you a moron”. Crimen de lesa majestad. Nunca se difundió por la radio ni por la televisión.
De tal manera, dejaron muy claro que su ataque contra el vacío del rock representaba sólo un medio instintivo para un ataque mucho más perturbador contra el sexo como la mixtificación tras el amor, contra el amor como la mixtificación tras la familia, contra la familia como la mixtificación tras el sistema de clases, contra el sistema de clases como la mixtificación tras el capitalismo y, finalmente, contra la noción misma del progreso como la mixtificación última tras la propia sociedad occidental de la era postindustrial.
Estas cuestiones —y hubo muchísimas más— resultaron en una tensión extraordinaria, una excitación sostenida, una rasgadura social con un torrente de música memorable, un desfile de héroes, mártires, traidores y fraudes y una oportunidad casi ilimitada para el arte popular.
No obstante, se trató del tipo de revuelta que se asfixia bajo sus propias contradicciones, destinado a rebasar los alcances del cálculo y la maquinación que le permitió cobrar autenticidad. Quizá la única ironía verdadera de toda la historia fue que, al final, todo concluía en el rock and roll: nada menos y nada más.
El rock (a través de sus distintas manifestaciones, el punk, en este caso) nunca ha pretendido sostener una verdadera revolución, aunque a menudo exhorte a la insurrección. Como todo arte, no es más que el reflejo, la expresión de una realidad. Un medio. Una voz. Pero, ¿acaso en comparación con él han tenido los líderes políticos alguna vez el poder de cambiar al mundo? ¿De cambiar a la gente? Los punks sí.
VIDEO SUGERIDO: The Clash – White Riot (Official Video), YouTube (The Clash)


Por SERGIO MONSALVO C.

THE QUEEN & MISS DYNAMITE
La mitología griega contó para su enriquecimiento con las Ménades, quienes frenéticas corrían por los bosques y por encima de las montañas profiriendo cantos agudos, arrebatadas por un éxtasis feroz. Nada las detenía cuando salían a rendir su culto a la naturaleza. En los bosques más profundos Dionisio las alimentaba y les daba de beber. Había tantas cosas buenas y liberadoras en este culto bajo el cielo, el éxtasis de la alegría que creaba la belleza salvaje del mundo, el culto a Dionisio…
La literatura judía tuvo a Lilith: «…perros y gatos salvajes se reunirán allí, y se juntarán los sátiros. También allí Lilith descansará y hallará el lugar de su reposo» (Isaías 34, 14); las leyendas escandinavas a Embla; la tradición tibetana a Prasrinmo; los iraníes a Gochorum… La mitología de nuestro tiempo tiene a las Ménades del Rock.
A éstas hoy se les puede encontrar bajo las más diversas apariencias y colores; las hay de la etapa clásica, moderna y contemporánea; las hay salvajes, tiernas o intelectuales; las hay femeninas, brutalmente sensuales o andróginas; sin embargo, a todas ellas las une un solo lenguaje, el lenguaje común del rock and roll.
En sus primeros años de vida el género no tuvo espacio para las mujeres. Las circunstancias sociales tuvieron mucho qué ver y los postulados iniciales de la nueva música requerían de imágenes agresivas para enfrentarlas y hacerse de canales de expresión, sentar las bases y propiciar el desarrollo. Los hitos de Marlon Brando, el duro motociclista vestido con chamarra de cuero negro y pantalones vaqueros (en The Wild One –El salvaje) y James Dean, el rebelde sin causa, víctima de la incomprensión adulta (en Rebel Without a Cause –Rebelde sin causa), resultaron predominantes.
Sin embargo, una vez sembrada la semilla los géneros comenzaron a diversificarse y el surgimiento de la mujer no se hizo esperar más. A partir de 1958 floreció ya el estilo de los grupos vocales femeninos. Fue un estilo cálido y llegador extraído preponderantemente de las raíces del rhythm and blues: el doo-wop.
Sin embargo, las influencias directas más duras se remitían a Ruth Brown, Lavern Baker, Big Mama Thornton y Etta James. El color y el sentimiento estaban dentro de los cauces negros, y eso lo sabían los productores, que dirigieron las carreras de las dos rockeras blancas más importantes de la década de los cincuenta: Wanda Jackson y Brenda Lee.
Esa juventud cincuentera empezó a crearse un universo propio. Tenía otros códigos de comportamiento, otros gustos, otras modas, otras formas de relacionarse. Y a la vez se negaba a aceptar los valores establecidos por la generación de sus padres. Al comienzo de aquella década, las baladas y las cantantes melódicas dominaban la escena estadounidense. La música blanca femenina era cantada por Patsy Cline, Patti Page y las Andrews Sisters.
La música negra, por su parte, era cantada por las ya mencionadas Ruth Brown, Lavern Baker y Big Mama Thornton. Se trataba de un producto orgánico compuesto de acción, sexo e historias cotidianas: r&b, puro. Las adolescentes blancas (tanto como ellos) se mostraron dispuestas a oír una música que expresara cómo se sentían. El rhythm and blues, pero sobre todo el rockabilly escuchado y convertido en rock and roll, les sirvió de estimulante sonoro. Elvis Presley, Johnny Cash, Buddy Holly, Gene Vincent, Eddie Cochran, etcétera, se tornaron en fuentes de canciones para hacer versiones o como modelo para crear un rockabilly del lado femenino.
El nuevo sonido paulatinamente fue expulsando a las anteriores estrellas de la industria masiva. Esta música lanzada por pequeñas compañías independientes se convirtió en fortísima competencia para los editores y cantantes tradicionales. La llegada del disco de 45 rpm en sustitución del de 78 facilitó todo eso, así como el uso de las jukeboxes o rockolas.
Hacia el fin de la década, las jóvenes querían una música que también hablara por ellas, que fuera estridente y rítmica, algo que permitiera bailar. Así se encumbraron Wanda Jackson y Brenda Lee. Se buscaba el regocijo transitorio, escapar de la monotonía de la vida cotidiana y de las sombrías perspectivas de un futuro que no ofrecía grandes posibilidades de cambio.
De tal suerte, y tras al encumbramiento de los rocanroleros, un lustro después fueron apareciendo las rocanroleras, ya no como fans abajo del escenario como hasta entonces, sino como intérpretes arriba de él.
Algunas jóvenes blancas que se habían iniciado como cantantes de country, vieron en el nuevo ritmo una mejor manera de expresarse. El rechazo de parte de los puristas del género campirano, las asociaciones que resguardaban la moral pública y del gobierno estadounidense, no se hizo esperar. De cualquier modo, ellas se mantuvieron firmes y sus nombres han trascendido por ello. Las más destacadas fueron, sobre todo, Wanda Jackson y Branda Lee, quienes con los temas “Let’s Have a Party” y “Little Jonah”, respectivamente, consiguieron no sólo un éxito sino una forma de manifestar el espíritu que regía por entonces.
VIDEO SUGERIDO: Wanda Jackson – Hard Headed Woman, YouTube (Kevin Hobbs)

Wanda Jackson nació en Oklahoma (el 20 de octubre de 1937) y recibió educación musical por parte de su padre, pianista. De niña y adolescente cantó country, pero al conocer a Elvis Presley (antes de que fuera famoso) éste la instó a entrar en los terrenos del rockabilly. Cosa que hizo y con ello se convirtió en la primera rockera blanca de la historia.
El mismo Elvis apadrinó tanto su primer disco como su primera gira al lado de gente como Jerry Lee Lewis, Gene Vincent, Buddy Holly y él mismo. Giras salvajes de los primeros pioneros en las que ella mostró que era una fuerza de la naturaleza a la que había que escuchar. Llevaba con ella el gen del ritmo, el poder seductor de la inocencia para enamorar al escucha. Cantaba con fuerza y acento desafiante y con la guitarra como escudo desprendía actitud, energía y pasión. Se volvió un símbolo.
Muy joven abrazó el nuevo ritmo que empezaba a revolucionar la Unión Americana de los años cincuenta y después al mundo entero. Vestía de manera atrevida y sexuada. ‘Let’s Have A Party’, o ‘Right Or Wrong’ fueron algunos de sus primeros éxitos. Enseguida le otorgaron el título de la “Reina del rockabilly”. Con ‘Fujiyama Mama’ conquistó el mercado japonés, donde se volvió un ídolo.
No obstante, luego de muchos discos, muchas giras y presentaciones durante una década, decidió abandonar todo ello, casarse con un predicador evangelista y cambiar los escenarios, por iglesias, y de género, por el góspel. Actividad en la que se mantuvo inmersa hasta que un fan contemporáneo, Jack White, la convenció de volver a grabar rock y presentarse ante nuevos espectadores en el año 2010. Lo hizo en forma y buen estado, y así se mantuvo hasta el 2019, cuando anunció su retiro definitivo a la edad de 81 años.
Por otro lado está Brenda Lee, que al igual que Wanda Jackson padeció los ataques de la sociedad conservadora y del gobierno estadounidense, que actuaron juntos para minimizar el impacto, primero del rock and roll y luego el de sus intérpretes. A las mujeres les llevó más tiempo librarse de ello, pero lo hicieron a la larga.
Brenda Lee nació en Atlanta (el 11 de diciembre de 1944) como Brenda Mae Tarpley, quien desde niña destacó como talento infantil. Cantó góspel en la iglesia, tuvo su programa de radio y participó en algunos programas de la televisión local hasta que debutó discográficamente a los 12 años y sus temas aparecieron en las listas de popularidad.
“Jambalaya”, “Bigelow 6-200” le abrieron el camino, que luego fue afianzado por “Little Jonah” y “Dynamite”, causa éste último tema para que fuera apodada “Miss Little Dynamite” por su poderosa voz, con la que cantó igualmente pop rock y baladas, que la llevaron a giras internacionales, al teatro y al cine, además de producir una larguísima lista de discos, incluso ya entrado el siglo XXI. Hoy Brenda Lee tiene 75 años y sigue actuando.
VIDEO SUGERIDO: Brenda Lee Sweet Nothing’s, YouTube (Goodeez Oldeez)


Por SERGIO MONSALVO C.

(PATTI SMITH)
Hace 40 años, Patti Smith se encontraba a la cabeza de uno de los grupos de punk estadounidenses más importantes, The Patti Smith Group, con el que sacó cuatro álbumes impresionantes e influyentes.
Luego desapareció de los escenarios.
Cuando el 10 de septiembre de 1979, Patti abandonó el foro en Italia después de un último encore en Florencia (un cover de «My Generation»), nadie sospechó que fuera a tardar 17 años en volver a pararse en las tablas con un grupo de rock.
La legendaria suma sacerdotisa del punk neoyorkino se retiró así, abruptamente, del mundo musical para fundar una familia. En marzo de 1980 se casó con Fred «Sonic» Smith, el ex guitarrista del mítico conjunto MC5, con el que se estableció en las afueras de Detroit.
Este retiro voluntario fue interrumpido en 1988 por el lanzamiento del álbum Dream of Life y el sencillo «People Have the Power», pero no se habló en ningún momento de un verdadero regreso al podio.
Sin embargo, en 1996, sí llegó el momento.
Con dos integrantes del antiguo Patti Smith Group, el guitarrista Lenny Kaye y el baterista Jay Dee Daugherty, acompañados por los guitarristas Tom Verlaine (de Television) y Oliver Ray, el bajista Tony Shanahan y el tecladista Luis Resto, Patti se metió al estudio de grabación. El productor Malcolm Burn y Lenny Kaye cuidaron la calidad del sonido, y apareció entonces el disco Gone Again.
Antes que nada, Gone Again es un conmovedor y fascinante tributo, un disco muy profundo en el que la Smith salda cuentas con el dolor de haber perdido a su marido Fred «Sonic» Smith (fallecido en 1994), a su hermano Todd, a su tecladista Richard Sohl y a su antiguo amigo y compañero, el fotógrafo Robert Mapplethorpe. Demasiadas muertes juntas.
La elección era suya y su poesía y música tuvieron la fuerza para cumplirle. El álbum resultó intenso de principio a fin.

«Quería crecer como artista para poder entregar un mejor trabajo –afirmó Patti, en su momento–. No soy muy productiva al escribir canciones. Por eso, cuando tengo algo qué dar, quiero que sea de valor. Existen ya muchísimos libros, cuadros y discos. No quiero agregar la enésima obra mediocre a todo eso. Espero que lo que haga tenga valor, porque ya hay suficiente contaminación ambiental. Además, cuando se saca un disco hay que ser responsable de él, puesto que se está reclamando una hora del valioso tiempo de alguien, una hora de su vida; que sea, en todo caso, una hora valiosa».
La cantante no firmó sólo los textos, sino también tres cuartas partes de la música. La canción del título y «Summer Cannibals», que apareció como sencillo, son piezas del desaparecido Fred Smith, dos temas con sendas y poderosas declaraciones sobre las raíces y la lucha.
La canción «About a Boy» es la oda que Patti dedicó a otro muerto querido: Kurt Cobain: «Desde la dulce furia del caos/ desde la calle profunda y desolada/ hacia otra clase de paz/ hacia el gran vacío…»
«My Madrigal», por su parte, con su atmósfera clásica, fue en gran medida de carácter autobiográfico, al igual que la canción final «Farewell Reel», dirigida directamente a Fred, su esposo muerto.
En el aspecto musical cubrió un amplio terreno, con el agregado de elementos de folk y world music. Entre los invitados figuraron Jeff Buckley, voz y laúd egipcio, la cellista Jane Scarantoni y la hermana de Patti, Kimberly, en la mandolina. El cover de «Wicked Messenger», de Bob Dylan, fue un poco parte de su eterno homenaje al cantautor, su ídolo confeso.
En cuanto a su seriedad y temática, el disco hace pensar en Magic and Loss de Lou Reed, pero también en Grace del hoy desaparecido Jeff Buckley. Hay muy pocos álbumes y artistas de este calibre. El disco Gone Again fue el comeback más que logrado de una apasionada portadora de la antorcha del rock como lenguaje universal: Patti Smith.
VIDEO SUGERIDO: Patti Smith – Summer Cannibals, YouTube (Patti Smith)


Por SERGIO MONSALVO C.

SPANISH TWIST
A Bill Haley le gustaba mirar al cielo. Lo hacía de niño en su natal Michigan y luego en Pensilvania, cuando su familia tuvo que emigrar debido al azote de la Depresión en los Estados Unidos.
Miraba al cielo desde el techo de su casa para paliar el hambre que sentía, para distraer el estómago. Observaba la luna y las estrellas, las fugaces que en aquel entonces se podían distinguir claramente.
Fue una costumbre que se le quedó durante el resto de su vida, y donde estuviera, con un vaso en la mano, primero, y con una botella a la postre, les preguntaba dónde se había extraviado su mente.
La astronomía siempre estuvo ligada a él desde el principio hasta el fin y la posteridad.
Cuentan que cuando estuvo en México, donde pasó largas temporadas y siempre era bienvenido, y cuando las oscuridades del alma lo embargaban, sus amigos mexicanos lo llevaban a que lo tratara una curandera cerca de Cuernavaca.
La primera vez que lo vio le dijo que era un querubín, por su cara angelical y rolliza, le dijo que el suyo no era este mundo sino otro, diferente, y que ahora estaba en este por equivocación y por eso vivía con el dolor de la nostalgia y por eso miraba al cielo en busca de su hogar perdido.
Ella, le dijo, no sabía cómo regresarlo pero sí paliar un poco su dolor y le recetó hierbas y bebedizos para hacerlo. Bill estuvo en calma durante ese periodo en México, muy activo y actuando entre dos aguas: el rock and roll y el twist.
Fue con el primero que llegó al país, invitado al festejo de un aniversario del diario Excelsior (“El periódico de la vida nacional”), donde se presentó en el edificio de la Lotería Nacional que estaba ubicado en una de las esquinas de las avenidas Reforma y Juárez, en el centro de la capital.
Bill Haley & His Comets actuaron en una pausa antes de sortear los premios más importantes de aquel festejo periodístico. Cosa que se tuvo que postergar porque terminada su actuación el público no lo dejaba ir pidiéndole más y más rock and roll.
La trasmisión que se hacía por la televisión en blanco y negro tuvo que cortar la señal, y el público de las pantallas chicas se tuvo que quedar con las ganas de seguir oyendo a aquella banda.
El auditorio de la Lotería, en cambio, era una olla de vapor literalmente a causa de la música las palmas, el baile, el festejo se extendió puertas para dentro. La compañía discográfica Orfeón ni tarda ni perezosa le ofreció un contrato de grabación.
Bill Haley y sus Cometas (nombre con el que se les conoció en Latinoamérica) decidieron quedarse en México porque en La Unión Americana su popularidad había sido opacada por Elvis Presley y Little Richard (más salvajes y más jóvenes).
De este modo llegaron a un acuerdo con el sello Orfeon Records y obtuvieron un inesperado hit con «Twist Español» (“Spanish Twist”), una pieza cantada en español por la banda a ritmo de twist, el cual se encontraba de moda en ese momento. El tema se convirtió en el más vendido de la historia mexicana junto a “Florida Twist” también de ellos mismos.
Aunque Chubby Checker era en esos momentos el rey indiscutible del twist en los Estados Unidos, Europa y Asia, Bill Haley y sus Cometas se erigieron en los monarcas del twist en México y América Latina. Gracias al éxito de «Twist Español» y «Florida Twist», entre otros, la banda se mantuvo al tope de las listas de popularidad del río Bravo hasta Punta del Este durante los años siguientes, donde la banda consiguió el reconocimiento de ser los iniciadores del baile de moda por aquellos lares.
Haley, pues, permaneció en México y se presentó en la televisión y en el teatro de variedades regularmente (Teatro Follies). En la televisión apareció en muchas emisiones del popular programa Discoteque Orfeón a Go-Go.

VIDEO SUGERIDO: 001 Bill Haley – La Tierra de las Mil Danzas – Discoteca Orfeon A Go-Go, YouTube (Salva Moreno)
Ahí, Haley tocaba “Florida Twist” y “Spanish Twist”, pero también “La Paloma”, “Adiós mi chaparrita”, “Negra Consentida”, y otras canciones mexicanas bajo el manto del nuevo ritmo.
Lo hacía entre los jóvenes grupos del emergente rock hecho en México, las chicas a go-go, los disparates de los presentadores y las risas y gritos grabados.
Después de muchas presentaciones y muchos discos hechos para aquel sello, Haley y sus Cometas se fueron de nuevo a rodar por el mundo. Bill recayó en sus brumas, comenzó a beber más y a tener una conducta cada vez más errática.
Durante diez años permaneció más o menos así hasta que a mediados de los setenta se le detectó un tumor cerebral. Hubo tratamientos, entradas y salidas de hospitales, pero nada, sólo más largas permanencias en el techo de su casa mirando a las estrellas, acompañado de una botella, con las ventanas de su casa pintadas de negro y la locura instalada dentro de ella.
Bil Haley se extravió por completo dentro de su cabeza, el tumor resultó inoperable y el dolor cada vez más grande. Finalmente murió así, una madrugada de febrero (la del 9), el mes más pérfido, del año 1981.
Un cuarto de siglo justo de haber aparecido en el firmamento de la escena musical bajo el nombre de un cometa fugaz y a un cuarto de siglo de que un asteroide (el 79896) fuera bautizado con su nombre por la Unión Astronómica Internacional. Quizá el lugar del que se había extraviado.
VIDEO SUGERIDO: Bill Haley and His Comets – Twist Español, YouTube (Two Rocka Four)


Por SERGIO MONSALVO C.

PULSOR 4×4 / 33
(1986)
En 1986 estalló un reactor nuclear de la planta de Chernobyl, en la Unión Soviética. El accidente nuclear más grave de la historia. Los efectos de la radiación en las cercanías de la planta provocaron mutaciones y padecimientos de cáncer en la población.
El dictador filipino, Ferdinand Marcos, fue desterrado de su país luego de 25 años en el poder.
Ese año murieron Simone de Beauvoir, Jorge Luis Borges y Juan Rulfo.
Se estrenaron las películas Pelotón, El color del dinero y Hannah y sus hermanas.
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En 1986 si hubiera sido menester definir con una sola palabra la muy compleja personalidad de Peter Gabriel, todo podría definirse con: excéntrico. Con el álbum So le llegó al ex cantante de Genesis un momento de reflexión en su carrera. Se trata ya de un músico que no tiene miedo de participar en el juego del pop y de poner en él su sello personal.
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«Camina como egipcio» fue el sencillo que llegó al número uno de las listas de éxitos del grupo Bangles. Este cuarteto estaba formado por cuatro féminas que se reunieron en California para integrar el grupo. Al frente del mismo estaban las hermanas Vicki y Debbie Peterson. Un ejemplo de lo que el mainstream ofrecía en aquel momento.
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Una leyenda moderna nos cuenta la historia de un cantante de punk quien, con el fin de cambiar su estilo y luchar contra ese estigma, tomó la resolución de encerrarse en su departamento y no salir de él hasta haber escuchado y aprendido todos los discos de Aretha Franklin. Al salir otra vez al mundo Mick Hucknall, formó un grupo y mostró al público lo aprendido. Así surgió Simply Red, al que se le denominó en Inglaterra «la gran esperanza blanca en el soul».

Al grupo de hard-pop Bon Jovi se le podría considerar como un auténtico generador de éxitos, y a su líder como un músico que había explotado al pop hasta sus últimas consecuencias, convirtiéndose con el paso de los años en eterno motivo de nostalgia. Las melodías justas, con los estribillos más pegajosos y la apariencia perfecta para el mundillo de la popularidad.
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Prolífico no era la palabra precisa para denominar a Boston. Este grupo nominal, pero que se sabía estaba constituido tan sólo por Tom Scholz, fue el mayor ejemplo del perfeccionismo en el medio rockero. Cada una de sus grabaciones estuvo separada por ocho años de trabajo. La tercera, Third Stage, apareció en 1986 y obtuvo muchos laureles, entre los que destacó sobremanera el tema «Amanda», que al parecer era la despedida del grupo (no bstante, habría otros tres álbumes después, a través de los años).
VIDEO SUGERIDO: Boston – Amanda (video/audio edited & remastered) HQ, YouTube (Retro Channel Anglo)


Por SERGIO MONSALVO C.

ORIGEN ES DESTINO*
La historia del rock son sus mitos. Y los que contiene el del garage son de los más grandes. La serie “Las Llaves del Garage”, trata del rock como música y como idea. Vale la pena apuntar que como música no es más sencillo que como idea.
El rock de garage es la música más disponible de nuestra cultura global —una cultura más homogénea de lo que por lo común se quiere admitir—, pero disponible no es sinónimo de fácil. Aquí cabe apuntar que como idea surge de los veneros del romanticismo filosófico.
El rock y su mitología son profundamente románticos. Le otorgan el mayor mérito a toda desmesura y a las explosiones del genio individual, sobre todo a aquello que refleje el barullo mental y emocional que se transpira siendo de naturaleza airada y víctima circunstancial del mundo circundante.
Y su constante es la necesidad del descubrimiento, de lo dinámico y de lo evolutivo. El papel que sus intérpretes y seguidores le asignan a la música se acerca mucho al de un credo pagano, por cuanto tiene la misión de hacer visible la intuición absoluta y su revelación.
La serie “Las Llaves del Garage” –que presenté en este blog a lo largo del año 2019— define la cualidad musical de un rock al que es imposible imitar por parte de quienes no comparten el espíritu del género, y explica el mundo y pensamiento en el que viven sus hacedores desde su primera manifestación hace varias décadas, un mundo literalmente impensable, que avanza a toda velocidad y en retrospectiva cuidando su precioso arcano contra viento y marea.
*Fragmento de la introducción al libro Las Llaves del Garage. La primera emisión fue trasmitida a finales de la primera década del siglo XXI (los años cero) a través de Radio Educación (México). La segunda, por entregas on line, bajo los auspicios de la Editorial Doble A (Países Bajos), en el blog Con los audífonos puestos en el año 2019.
Las Llaves del Garage
(Origen es Destino)
Sergio Monsalvo C.
Editorial Doble A
Colección “Textos”/
Con los audífonos puestos (Blog)
The Netherlands, 2019

Por SERGIO MONSALVO C.

LA BRUJA KÓZMICA
(JANIS JOPLIN)
Programa radiofónico de Sergio Monsalvo C.

Por SERGIO MONSALVO C.

DE AZTLÁN A LOS LOBOS*
“La Canción del Inmigrante, es una excelente investigación histórica, para tener la oportunidad de escribir acerca de uno de los grupos más representativos de la ‘Raza’, que surge como movimiento contracultural localizado al Este de la Ciudad de Los Ángeles, California. Me refiero a Los Lobos; sí, esos que hicieron parte de la música de la película La Bamba, basada en uno de los iconos de la década de los cincuentas: Ritchie Valens.
“El libro inicia relatando la mítica migración de Aztlán, que al parecer el autor la ubica en aquella zona de California. Este primer capítulo hace un recuento exacto de las crónicas que sitúan al mítico Aztlán, al que muchos mencionan, pero que arqueológicamente, no se ha podido localizar.
“El segundo capítulo nos hace un recuento de las hazañas de algunos aventureros del S XVI, entre ellos Cabeza de Vaca, en las que mencionan a Chicomoztoc, lugar de las siete cuevas, lo cual abrió más el apetito a otros aventureros que incursionaron hacia el norte de la Cuenca de México en busca de las ciudades que ‘brillaban de tanto oro’.
“En ese mismo capítulo nos hace un balance rápido de la historia del México en la Guerra de Independencia, el Primer Imperio, la lucha entre conservadores y liberales por establecer una república, hasta llegar a la apropiación de los EU de una buena parte del territorio de México.
“En muchas ocasiones, cuando imparto alguna clase de Historia de México y vemos esa época, les preguntó a los alumnos cuál sería su reacción, si de un día a otro, dejarán de ser mexicanos y se despertaran con la noticia que deben entonar otro himno y honrar otra bandera. Pues eso es exactamente lo que les sucedió a los mexicanos de mediados del S XIX, que tuvieron que resistir en un principio y sucumbir después, al expansionista gobierno de los EU.
“A finales del siglo XIX, el crecimiento de California, permitió el establecimiento de muchos, ya en ese momento México-Norteamericanos, que aunque no entendían el lenguaje, las leyes y las costumbres, prefirieron quedarse en EU, que migrar a su país de origen, que después de la invasión norteamericana, se vio envuelto en una guerra civil, una invasión francesa, un segundo imperio, una restauración de la república y una dictadura.
“Ya en el siglo XX, como parte de la consolidación de una nación poderosa, esos México-Norteamericanos, han adoptado muchas costumbres que van fusionando con las propias. Una de las más importantes es la devoción por la Virgen de Guadalupe, como símbolo de resistencia (así como lo hizo Hidalgo en la guerra que inicio en 1810); como un icono que no permite otras ideas religiosas que no sean las que permanecían al momento de sucumbir durante la expansión estadounidense, pero sobre todo que privilegian su procedencia y sus raíces mexicanas.
“El recuento histórico sigue, para tener las bases e ir definiendo los movimientos contraculturales en Los Ángeles en las décadas anteriores y posteriores de las dos guerras mundiales, y que darán pie a personajes de origen ‘chicano’, dedicados a la música, al cine, al teatro, a la plástica, a la literatura, etc. y de donde se desprende la historia de Los Lobos, con ese estilo Chicano Power, que nos lleva desde una balada tradicional, y nos demuestra que con ese estilo México-Norteamericano, un huapango, un blues, un corrido, un boogie, un rock, suenan muy bien.
“Dejaré unas ligas para que Usted, estimado lector, pueda escuchar a este magnífico grupo, pero sobre todo, consiga el libro y lo pueda disfrutar. Dejo aquí también la liga de la biografía de Sergio, para que tenga la oportunidad de conocerlo. Gran escritor, analista musical y colaborador de una infinidad de publicaciones, en las que normalmente escribe de música y músicos”.
*Reseña escrita por Luis Humberto Carlín Vargas (arqueólogo, ingeniero, profesor y músico) con el título “La Canción del inmigrante (1989) de Sergio Monsalvo C.”, en la publicación Zona Franca, de León, Guanajuato, el 8 de julio del 2019.
La canción del inmigrante:
De Aztlán a Los Lobos
Sergio Monsalvo C.
Tinta Negra Editores‑As de Corazones Rotos
México, 1989
