BABEL XXI-498

Por SERGIO MONSALVO C.

BXXI-498 (FOTO 1)

FATHER OF THE BRIDE

(VAMPIRE WEEKEND)

Programa radiofónico de Sergio Monsalvo C.

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VAMPIRE WEEKEND

Por SERGIO MONSALVO C.

VAMPIRE WEEKEND (FOTO 1)

FATHER OF THE BRIGHT

La política humana es esencial para un grupo como Vampire Weekend, pues Ezra Koenig, su fundandor, es una persona preocupada y consciente de los problemas sociales alrededor del mundo, así que ha usado su música para hacer crítica social en pro de los cambios, muchos de los cuales tratan desde la injusticia, pasando por la corrupción y el colonialismo, hasta la situación ecológica en el planeta.

Vampire Weekend fue en sus comienzos (2008) un grupo formado por cuatro universitarios neoyorquinos (el mencionado Koenig, en la voz, guitarra y composición; Chris Tomson, batería; Chris Baio, bajo y Rostam Batmanglij, teclados, guitarra y voz).

Koenig desde siempre ha tenido claro cuál debe ser el perfil del grupo. Tras viajar a la India (a comienzos del siglo) y luego pasar otro tiempo en Londres, se puso a pensar en el colonialismo y las conexiones estéticas entre la cultura dominante y las nativas. Se interesó entonces por África.

Para un trabajo en la Universidad de Columbia, escribió una pequeña historia sobre dichas conexiones y la tituló “Cape Cod Kwassa Kwassa”, que luego sería el título de una de las canciones de la nueva banda. En ésta querían evitar todo intelectualismo, despreocuparse por lo que era o no “auténtico”, no querían hacer etnomusicología sino una mixtura divertida (divulgar divirtiendo).

Una alejada del indie mainstream y de los clichés de las músicas del mundo.

Los cuatro miembros del grupo se conocieron durante su estancia en la universidad, donde estudiaban cine y literatura inglesa. De una película experimental que hicieron nació el nombre del grupo: Vampire Weekend.

Hicieron pública su aparición en varios blogs de Internet, hasta que obtuvieron una crítica favorable en una de ellas escrita por un periodista canadiense que vivía en Senegal y hacía post con desconocidos grupos de pop africanos. Eso bastó para que miles de personas los conocieran en todo el mundo.

El mismo sitio Web ayudó, tras conocer el concepto de la nueva banda, a que descubriera los ritmos africanos que terminarían modelando su propio estilo: una mezcla de ska, música pop africana y new wave, estilos que combinaron formando adictivas canciones de rock alternativo tal como se pueden escuchar en su primer disco, de nombre homónimo: Vampire Weekend (2008).

End Of The Road Festival

En ese entonces África estuvo muy presente en los ritmos, estructuras, instrumentos y letras, pero en igual medida la normalidad sonora de un campus universitario estadounidense. La mezcla fue la diversión pura. Y si por algo fueron buenas las canciones de este grupo neoyorquino, además de por las melodías, fue por la riqueza de recursos sonoros que aparecían por sorpresa en sus temas.

La sorpresa continuó en Contra (2010) álbum bajo el mismo manto de world music e indie. Con temas como “Horchata”, “White Sky” o con el sencillo “Cousins”, mantuvieron el status de banda hipermoderna. Ello continuó con el siguiente título, Modern Vampires of the City (2013), con el que ganaron el premio al Mejor Álbum de Música Alternativa en aquel año, y confirmaron la buena mano de Rostam Batmanglij en la producción. Éxito que extendieron durante las giras y presentaciones en vivo alrededor el mundo.

La observación y el padecimiento de la realidad circundante en África produjo la siguiente premonición, por parte de Fela Kuti, el creador del afrobeat: “El sonido se extenderá por todo el mundo, pero se tomará su tiempo, porque es el mejor modo de darse a conocer. Los dioses no quieren que esta música entre en la escena internacional como una moda, sino como un episodio cultural importante”. Las obras de Vampire Weekend confirmaron tal premonición, para bien y a los más altos niveles artísticos.

Sin embargo, en enero de 2016 las circunstancias cambiaron, el grupo comunicó que Rostam Batmanglij, que se había encargado de infinidad de cosas dentro de la musicalidad y la logística del grupo, lo abandonaría porque había optado por proseguir con una carrera como solista, “aunque podría continuar colaborando ocasionalmente”, según el comunicado.

Obviamente, los fans temieron lo peor: la disolución completa. El concepto estético de Vampire Weekend se había apoyado y en mucho en los conceptos musicales de Batmanglij. El buen entendimiento de éstos con los de Koenig, había conseguido una mezcla única y por demás propositiva en la definición de la musicalidad indie de la segunda década del siglo XXI. A la sorpresiva separación no ayudó el hecho de que el grupo entrara en un impasse de tiempo sin explicación ni posible solución.

Dicho paréntesis se alargó y alargó por más de un lustro, seis años para ser preciso. No obstante, los malos presagios desaparecieron tras los primeros compases de una nueva obra: Father of the Bride. Koenig y el resto de los integrantes no sólo se habían mantenido unidos, sino además creativos. Y la aparición de ese cuarto disco volvió a ubicar a Vampire Weekend entre los grupos más calificados del momento y, además, lo llevó a ser denominado para el nombramiento del mejor disco del 2019.

Al hacer las declaraciones pertinentes a la presentación del nuevo material, Koenig afirmó que su idea fundamental para la obra era la de componer una especie de The River propio, en referencia al disco clásico de Bruce Springsteen. Razón por la cual lo pensó como un álbum doble. A final de cuentas: “Yo también soy un tipo de Jersey”, explicó. El líder de la banda quiso hacer un álbum conceptual en todos los sentidos.

Uno que contuviera, como lo hace, la evocación de todo lo que le había conducido hasta este punto exacto en el tiempo y en el espacio. Un tema como “Harmony Hall” es casi un himno en tal sentido, en su haber coexisten lo mismo las influencias de Indigo Girls como las de Cornershop, sin temor alguno.

En la nueva obra Koenig, se torna más confesional. Hay baladas adultas; folk rock del mejor (que recuerda a Gram Parsons); americana con guiños a Neil Young; noise rock, y homenajes al Jack White de su primera etapa. Es decir, hay crecimiento artístico por todos lados, hay evolución y desarrollo, ambición y avance, y un espíritu con futuro por demás promisorio. Pero, igualmente, Koenig, se nota más acompañado, con coros y  duetos en los que se deja llevar para construir collages sonoros (r&b, freak folk, pop y hasta el uso de vocooder) para mostrar su nuevo mundo en expansión.

Vampire Weekend reaparece, pues, tras seis años ofreciendo un mensaje fresco en tiempos espesos, fragmentados y divididos. Con una inteligencia que lo hace parecer como un grupo mucho más listo que los demás (incluso que ellos mismos). Y lo hace convenciéndonos de que su mezcla de indie pop rock es algo mucho más complejo y sofisticado de lo que pudiera pensarse en primera instancia.

Si el debut del grupo, hace más de diez años, fue una de las mejores referencias de la segunda mitad de la primera década del siglo XXI. Éste, The Father of the Bride, es un disco incluso más vivo que aquel, un álbum que flirtea con la hipermodernidad y la madurez, y que sin remilgos se regodea ante su propia magia.

VIDEO SUGERIDO: Vampire Weekend – Harmony Hall (6 Music Live Room), YouTube (BBC Radio 6 Music)

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NU-AFROBEAT

Por SERGIO MONSALVO C.

NU AFROBEAT (FOTO 1)

 ECOS DEL NUEVO SIGLO

La observación y el padecimiento de la realidad circundante en África durante los  años sesenta del siglo XX produjeron un sonido y una premonición sobre él.

“Se extenderá por todo el mundo, pero se tomará su tiempo, porque es el mejor modo de darse a conocer. Los dioses no quieren que esta música entre en la escena internacional como una moda, sino como un episodio cultural importante”. Así se refirió al futuro del afrobeat su creador, el intérprete nigeriano Fela Kuti.

El movimiento generado en el mundo por la diáspora del afrobeat podría definirse como el camino de vuelta, en la actualidad, al interés despertado durante aquellos años (una década de lucha por la liberación del Continente Negro) entre los líderes políticos y culturales del planeta.

Desde los Black Panthers y Miles Davis, pasando por James Brown y Martin Luther King, hasta los contemporáneos cineastas y artistas plásticos, la renacida cultura afroamericana apuesta por recuperar sus raíces africanas.

Fela Kuti murió en 1997, pero su paternidad espiritual sobre el estilo fue legitimada por la aparición en el nuevo siglo de grupos de nu-afrobeat por doquier en el mundo.

Desde la obra de algún ilustre discípulo directo, como Tony Allen, hasta la de artistas contemporáneos provenientes de diversos géneros y puntos cardinales como Finlandia, Japón, España o Dinamarca.

En los Estados Unidos destacan dos agrupaciones referentes: Antibalas y Vampire Weekend.

NU AFROBEAT (FOTO 2)

Antibalas, antaño llamada Antibalas Afrobeat Orchestra, es una agrupación grande y multiforme (entre once y 18 miembros, según las circunstancias) que se creó en Brooklin bajo la batuta de Martin Perna (sax barítono).

Esta banda, que toca una música que incorpora elementos del jazz, del funk, de la música instrumental y de la tradicional cubana y la tamborilera de África Occidental, está considerada la descubridora del afrobeat para las nuevas generaciones occidentales.

La fusión de ritmos y danzas tradicionales con el jazz y el funk, es una música predominantemente percusiva, bailable, con temas de larga duración y por melodías interpretadas por los metales.

Esa es la música que ofrece Antibalas, que también toma de Fela Kuti su compromiso con la lucha política y social, su defensa de los derechos de los desfavorecidos ante el abuso de los poderosos.

Si para el nigeriano el centro de sus críticas era el gobierno militar de su país, para el grupo de Brooklin es, principalmente, el capitalismo y la política del gobierno estadounidense en muchas áreas, como la de los derechos civiles y la política exterior.

Es una de las propuestas más particulares de la escena mundial contemporánea. Una manera de entender las circunstancias actuales de manera reivindicativa. Sus monumentales arreglos de viento y líneas de bajo nadan sobre la insurrección en inglés, yoruba y español.

Antibalas, además de proponer temas de más de diez minutos de duración, toda una osadía en estos tiempos radiables, ha abierto el horizonte del afrobeat hacia músicas afines.

Ha enriquecido su contexto primigenio introduciendo elementos de deep-funk, dub, free jazz, música clásica y hasta reggae. Pero lo más interesante es su capacidad para pasar de un pasaje de afrobeat puro a otro influenciado por la música clásica orquestal, cambiando radicalmente la melodía, tiempo y ritmo en cuestión de compases con una naturalidad pasmosa.

VIDEO SUGERIDO: ANTIBALAS “MACHETE” LIVE @ THE KNITTING FACTORY, YouTube (hjfilm85)

El otro referente estadounidense del nu-afrobeat es Vampire Weekend. Este es un grupo formado por cuatro universitarios neoyorquinos que tienen al cantante Ezra Koenig como líder. Él siempre ha tenido claro cuál debe ser el perfil del cuarteto.

Tras viajar a la India y luego pasar otro tiempo en Londres, se puso a pensar en el colonialismo y las conexiones estéticas entre la cultura dominante y las nativas. Se interesó entonces por África.

Para un trabajo en la Universidad de Columbia, Koenig escribió una pequeña historia sobre dichas conexiones y la tituló “Cape Cod Kwassa Kwassa”, que luego sería el título de una de las canciones de la nueva banda.

En ésta querían evitar todo intelectualismo, despreocuparse por lo que era o no “auténtico”, no querían hacer etnomusicología sino una mixtura hipermoderna. Una que estuviera tan alejada del oxímoron indie mainstream como de los clichés de las músicas del mundo.

Los cuatro miembros del grupo se conocieron durante su estancia en la universidad, donde estudiaban cine y literatura inglesa. De una película experimental que hicieron nació el nombre del grupo: Vampire Weekend.

Hicieron pública su aparición en varios blogs de Internet, hasta que obtuvieron una crítica favorable en una de ellas, escrita por un periodista canadiense que vivía en Senegal y hacía podcast con desconocidos grupos de pop africanos. Eso bastó para que miles de personas los conocieran en todo el mundo.

El mismo sitio Web ayudó, tras identificar el sonido de la banda, a que ésta conociera los ritmos africanos que terminarían modelando su propio estilo: una mezcla de ska, música pop africana y new wave.

Ritmos que combinan formando adictivas canciones de rock alternativo, tal como se pueden escuchar en su primer disco, de nombre homónimo, que apareció editado bajo el sello XL Recordings.

En Vampire Weekend África está muy presente en ritmos, estructuras, instrumentos y letras, pero en igual medida la normalidad sonora de un campus universitario estadounidense. La mezcla está afincada en uno de los principios del rock: hacer crítica mientras se divierte.

Y si por algo son buenas las canciones de este grupo neoyorquino, además de por las melodías, es por la riqueza de recursos sonoros que aparecen por sorpresa en sus temas.

Con ambas agrupaciones (Antibalas y Vampire Weekend) la diáspora del afrobeat, bajo el prefijo “nu”, informa al mundo que goza de muy buena salud.

VIDEO SUGERIDO: Vampire Weekend – Cape Code Kwassa Kwassa – Reading Festival 2008 Live, YouTube (tako808)

NU AFROBEAT (FOTO 3)

 

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