PUNK / 3

Por  SERGIO MONSALVO C.

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 LA FURIA REFERENCIAL

Llegó 1975. Les tocó portada en las revistas especializadas a Paul McCartney, Led Zeppelin, Santana y otros tantos símbolos con los que una nueva generación se había dejado de identificar. El grupo Doctor Feelgood tuvo un éxito, “Back in the Night”, un boogie danzante, el título más efímero de su repertorio. La monarquía no tembló. Sin embargo, la estética del rock volvió a sus principios. El pub rock representado por este grupo fue ganando adeptos. Regresaron las piezas cortas, la energía y muy pronto la subversión total.

Finalmente, en 1976-1977, en las grandes metrópolis, toda una generación explotó, como una fuerza retenida por demasiado tiempo: los punks metieron sus problemas cotidianos en la música. El sonido de la ciudad, un lugar de violencia y energía pura, les sirvió de inspiración.

Descartaron por estériles muchos instrumentos por ser los atavíos elitistas del profesionalismo y del culto a la técnica. Y sólo con la guitarra, el bajo y la batería se volvieron hacia el sonido más adecuado para expresar ira y frustración, para enfocar el caos, dramatizar la vida cotidiana y compendiar todas las emociones en la angosta brecha comprendida entre una mirada fija y vacía y la sonrisa burlona.

El guitarrista produjo entonces una línea de fuego para cubrir al cantante, mientras que la sección rítmica los enclaustraba a ambos en una cabina de baja presión y, en respuesta a lo que se percibía como el congelamiento total y final del mundo moderno, la música mostró su versión de ello.

Fue en Nueva York donde nació el punk, y eso no hay que olvidarlo. Desde la Urbe de Hierro llegó Patti Smith con su poesía alucinatoria y visceral, inspirada por igual en los beats, los simbolistas franceses y los Rolling Stones. Procedía de una tradición de poetas, artistas y bohemios y siempre trató de tender un puente entre la literatura y el rock.

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Esta tradición tuvo comienzo con los beatniks y se desarrolló por medio de folkies como Bob Dylan, cantautores como Leonard Cohen y el expresionismo del Velvet Underground, hasta la llegada de Patti a la cabeza de su grupo. Sus letras mezclaban oscura poesía mística y visionaria, imaginería sexual y política populista, y las interpretaba con una voz rasposa que contenía más furia y abandono de los que cualquier rocanrolera se hubiera atrevido a manifestar jamás.

Plagada de referencias a Arthur Rimbaud y a MC5, uno de los raros grupos “revolucionarios” de la Unión Americana, brotó su primera obra, Horses. En su funda en blanco y negro giraban el tono y el espíritu del punk neoyorkino. En él estaba contenido el Velvet Underground y los devastadores Stooges. Letras y música que asombraban a una nueva generación.

Los efectos de la explosión punk se multiplicaron polarizándose y dando la bienvenida a otras voces, sonidos e ideas. Nueva York contribuyó, además, con el fuego de grupos como Television, quienes con el transcurrir de su desarrollo hicieron olvidar las definiciones genéricas hasta convertirse en bandas de características abiertas.

Television poseía un estilo distintivo provocado por el entrelazamiento de las guitarras y voces de Tom Verlaine, Richard Lloyd y Richard Hell. El grupo tuvo su centro de operaciones en el club CBGB’s donde fue el primero en tocar y darle fama al lugar. En 1977 lanzaron el álbum Marquee Moon —hoy clásico— que enfatizaba el trabajo de ambos guitarristas y compositores comprometidos entre el punk, la New wave y el art-rock.

VIDEO SUGERIDO: Television – Marquee Moon, YouTube (SpaceOdyssee0)

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PUNK (REMATE)

PUNK / 2

Por  SERGIO MONSALVO C.

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 SÍNTESIS DE LA EXCITACIÓN

Entre el surgimiento del rock de garage en 1965 (con algunos afamados precedentes prepunks como The Troggs, Trashmen, Wailers, Kingsmen o Sonics) y la explosión inglesa consecuente de 1976-1977, hubo varios grupos que prepararon el terreno al punk, a este género que aún hoy, fin de la segunda década del siglo XXI, sigue aportando elementos e ingredientes a las más frescas corrientes en el mundo entero.

En 1972-1973, bajo las firmas de plumas evangelizadoras como las de Nick Kent, Lester Bangs y Lenny Kaye, aparecieron los nombres de los héroes para la incipiente subcultura (aún), a quienes se les ofreció la etiqueta de “punks tempranos” o “proto-punks”.

A partir del filón descubierto por los investigadores y periodistas musicales se rehabilitaron tanto a los grupos pioneros del rockabilly (The Phantom, Johnny Burnette Trio, Eddie Cochran, et al), a hitos del subterráneo contracultural como los poetas malditos franceses (Baudelaire, Rimbaud), a los cineastas del underground (Kenneth Angers, John Waters) y a varios iconoclastas inclasificables como PJ Proby, Captain Beefheart, Silver Apple y William Burroughs, entre otros.

Al Velvet Underground le correspondió el título de grupo pionero. Desde 1966, cuando la música atisbaba hacia California, ellos le cantaban desde Nueva York a la violencia urbana, la enajenación social, las drogas duras y las perversiones sexuales. No tenían éxito ni futuro y se solazaban en ello por completo.

Se adivina su huella detrás de un gran número de formaciones posteriores hasta la fecha. Y los primeros grupos de hard, como MC5, Stooges, Blue Cheer y Pink Fairies, los antihéroes, demostraron desde entonces y de manera directa, que no hay nada más eficaz que la cópula con el Hada Eléctrica. Lo demás son tonterías.

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Entre 1972 y 1973 nació también el rock decadente (o glam rock) al que asimismo se le llama “padrino del punk”. En Inglaterra, David Bowie, Marc Bolan y Roxy Music se dieron a conocer, mientras que en Estados Unidos los New York Dolls, Suicide e incluso Wayne County pasaban prácticamente desapercibidos para la mayoría, excepto para unos cuantos: “Cuando vimos en escena a los Dolls nos llevamos la impresión de nuestra vida. Eran eficaces porque no sabían tocar bien. Por primera vez tuvimos la prueba de que ensayar durante veinte años no sirve de nada”, declaró Joey Ramone.

También se pueden tomar en cuenta las pocas grabaciones de los grupos que precedieron inmediatamente al punk: “Stranded in the Jungle” y “Don’t Start Me Talking” de los New York Dolls, “Do You Love Me” de los Heartbreakers, “It’s All Over Now” de Ducks Deluxe, “Leavin’ Here” de Motörhead, las de Eddie & The Hot Rods y de los Count Bishops.

Además, habría que hablar de Doctor Feelgood, quien ya tenía las imágenes en blanco y negro, las fundas de los discos sobrias, los trajes pegados y los solos relámpago. Es decir, la síntesis del rhythm and blues de Chicago, Muddy Waters, John Lee Hooker y Chuck Berry en versión reactivada, sobrecargada y anfetaminizada.

O también el genial estilo de Bo Diddley en hipertensión eléctrica, reinventado sobre la Telecaster negra y roja del guitarrista Wilko y su amplificador HH en un pub inglés. Un estilo seco y limpio nacido de la fascinación por los grandes rockeros negros así como por los Rolling Stones de más de una década anterior. Ésas pueden ser las raíces del punk.

Verdaderas concentraciones de excitación que desataron una sana histeria, en contraposición a la música Disco, a las larguísimas improvisaciones del rock progresivo, al pulido rock sinfónico y al tecnicismo del jazz rock.

VIDEO SUGERIDO: New York Dolls – Musikladen, 1973, Pills, Trash, YouTube (gimmeaslice)

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PUNK (REMATE)

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Por  SERGIO MONSALVO C.

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 LA RABIA AMATEUR

 El punk no fue un cometa que apareciera de la nada y luego se esfumara sin dejar rastro alguno. Es un fenómeno socio-musical con una larga estela tras de sí. En lo musical sus muy básicos cuatro acordes y ritmo tienen un pasado.

(En sus orígenes los grupos punks tocaban una música acelerada, brutal, eléctrica, patizamba y violenta. Como no dominaban muy bien sus instrumentos, dieron pie a un auténtico caos sonoro. Lo único que tenían —y algunos todavía tienen— en la cabeza era el 4 por 4. Su currículum de músicos no sumaba más que eso.)

La estética punk, a su vez, existía desde mucho antes de que se le pegara esta etiqueta, extraída del fanzine neoyorkino Punk, cuyo primer número estuvo consagrado a Lou Reed. Asimismo, el estilo musical del punk, extra calentado y rápido, había sido una constante desmesura como tal desde los años cincuenta, con Little Richard como ejemplo.

El término rock and roll acababa de nacer (el DJ radiofónico Alan Freed dio este nombre al rhythm and blues de los negros en 1951) cuando Little Richard, bisexual, maquillado, sobreexcitado, aullaba su revuelta comunicativa con onomatopeyas y palabras de doble sentido, tradición heredada de los tiempos de la esclavitud.

Lo hacía en el sur de los Estados Unidos, territorio entregado al bárbaro Ku Klux Klan. Se necesitó de una dosis gigantesca de inconciencia y de exceso de agallas para llamar la atención como lo hizo él. Sin embargo, al escuchar sus originales “Tutti Frutti” (1955) o “Keep a Knockin” (1957), se sabe que a este revolucionado músico —quien tiempo después contrataría a un desconocido llamado Jimi Hendrix como acompañante—, no le hubiera tenido nada que pedir el cantante de The Damned (ese primer grupo grabado del punk), por mencionar otro antecedente.

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Sin embargo, ¿fue el rhythm & blues negro el único vector histórico del punk? No. También el rock de garage de los sesenta. La calidad amateur reivindicada por éste engendró el espíritu del “hazlo tú mismo” que sigue molestando a los industriales de la música.

Si nos atenemos rigurosamente a la historia de tal estilo, los primeros grupos punks fueron estadounidenses. Nacidos a mediados de los años sesenta, la única ambición de esos conjuntos fue la de asimilar las primeras dos olas de la Invasión Británica —de los Beatles y el Merseybeat a la de los Rolling Stones, Kinks, Animals, Them y The Who—, con el ímpetu de su juventud y la rabia de su voluntad  amateur.

En el rock de garage, las culturas romántica y popular suscribieron, a partir de entonces, el mismo conglomerado de conceptos: pasión, energía, actitud, espíritu y el prurito por excelencia de que “origen es destino”.

Estas agrupaciones tocaban y muchas veces grababan en la cochera de sus padres (de ahí el nombre de garage), la cual se convirtió en EL LUGAR, en la cuna de la creación (de ideas musicales, movimientos, corrientes y géneros) y del desfogue (para reproducir lo oído, hacer cóvers, piezas originales o demos).

Fue hogar de las necesidades juveniles y de sus ansias de expresión encauzadas de manera no profesional, fuerte, impetuosa y urgida. Emulaban a sus ídolos de una forma accesible, con instrumentos baratos o construidos por ellos mismos y con tecnología lo-fi, sin saber de música o casi nada con el objeto manifiesto de eternizar el espíritu que los invadía en ese particular y bullente momento de la vida. Romanticismo puro.

Tales pandillas se pusieron nombres como Seeds, Music Machine, Standells, Shadow of Knight, Count Five, Remains o Thirteen Floor Elevators, Barbarians, etcétera. Diez años más tarde ocurriría la explosión del punk británico.

VIDEO SUGERIDO: Count Five – Psychotic Reaction (1966) HQ, YouTube (MUNROWS RETRO)

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PUNK (REMATE)