BIBLIOGRAFÍA: IRAIDA NORIEGA

Por SERGIO MONSALVO C.

IRAIDA NORIEGA (PORTADA)

EL ÁNGEL CREADOR

(ENTREVISTA)*

Algunas ciudades producen flores extrañas y fascinantes. A la de México le brotó una hermosa, personal. Pero esta flor, también, ha dado muestras claras de una esencia mayor: un aroma de música, tan exclusivo como la más preciada fragancia. Ella es flor y es canto. Su nombre es Iraida Noriega. En su presencia y en su voz está el argumento para fundamentar la fe en una religión pagana, para sentir al mundo. Basta oírla cantar. Lo hace lenta y voluptuosamente, con los ojos cerrados, disfrutando la experiencia técnica y de vida, con la cadencia misma con que sus manos recorren el contorno de sus abismos. Así ubica su ser intenso, en el difícil punto entre la melancolía y la incontinencia.

Ella es naturaleza pura en plenitud. La suya es una antífona de actitud, gesto afirmativo de existencia y amor, placer, dolor y pérdida. ¿Qué es una mujer?, se pregunta uno, mientras ella canta para descubrirnos su ángel creador. A ése que es la combinación de lo mágico y lo terrible: síntesis de una mujer como otredad del pulso mundano.

Iraida es originaria del Distrito Federal, donde nació el 16 de agosto de 1971. Es hija del cantante y pianista Freddy Noriega, un personaje veterano de la escena musical mexicana y del jazz en particular. De él fue que ella heredó el gusto por el género. Gusto que cristalizó a la edad de 17 años, cuando hizo su debut como cantante en compañía de su padre. Lo hizo interpretando boleros y Standards.

Al decidirse por la voz, por el jazz, como forma de vida se fue a realizar estudios musicales en escuelas de la Unión Americana, en Nueva York de manera precisa, donde contó con la asesoría de maestros de la talla de Sheila Jordan. Por otro lado, Iraida tiene ya varios álbumes en su haber: Elementos (de 1997, con Emiliano Marentes); Reencuentros (de 1998, con Roberto Aymes); Sólo voces (de 1999, como integrante del grupo vocal Cuicanitl) y el más reciente, Efecto Mariposa (del 2001, con varios invitados), además de diversas colaboraciones en los discos de otros artistas.

– Iraida, ¿cómo fue el aprendizaje de la música dentro de tu familia?

«De manera muy inconsciente. En realidad no fue que mi papá me diera clases, sino que él oía discos todo el santo día y a mí se me pegó la afición. Hoy llegas a su casa y tienes que sentarte a oír discos o a ver videos. Así que el mío fue un aprendizaje más bien a nivel inconsciente, absorber toda la información sin que realmente mi papá dijera: ‘siéntate y escucha’. De pronto se daba la situación de que yo le preguntaba: ‘¿qué estás oyendo?’ y ‘¿qué es eso?’, en ese plano. Por su parte, mi madre es una persona que todo el día canta, pero el que está con la rocola desde que despierta hasta que se duerme es mi papá».

– ¿Cómo eras de niña, cuál era la relación con tus padres?

– «Era muy cercana. Siempre he tenido esa relación. Con mi papá, por ejemplo, tengo una tremenda identificación con el lenguaje de la música. Con mi mamá más a partir del lenguaje de la danza, porque mi mamá bailaba. A mí de chiquita me ponían a hacer show y por ahí fue la cosa. Desde niña he sido muy activa y, dentro de todo, desinhibida. Me decían: ‘Canta una pieza’, y yo sin ninguna bronca lo hacía. Pero también desde chica fui muy disciplinada, la verdad. Mi mamá me sometió a una terapia de disciplina tremenda que ahora agradezco, pero en aquel entonces de pronto me sacaba de onda tanta rigidez. Desde pequeña tuve muchas responsabilidades, tanto en la escuela como extraescolares”.

– ¿Te llegaste a rebelar contra esa disciplina en algún momento?

«En la adolescencia llegó el clímax y me fui a vivir a otro lado. Les dije adiós. Por otro lado, siento que uno no se puede conocer a sí mismo hasta que rompe un poco con la familia, porque aunque la relación sea cercana sí hay que distanciarse. Hay muchos parámetros y valores que únicamente cuando te vas a vivir solo salen a la luz y te das cuenta realmente de quién eres. No aquello que esperan de ti tus papás o tus amigos, sino que tú te das a conocer ahí mismo ante la situación».

– ¿Tienes hermanos?

«Tengo un hermano, Freddy. Nuestra relación es también muy cercana, somos cómplices al 100 por ciento. Yo le llevo ocho años y hay un desfase por la diferencia de edades. Cuando estaba chico sólo quería jugar, pero conforme hemos crecido y hecho mayores hemos encontrado un lenguaje que nos ha acercado. Él canta conmigo y con todos los del grupo vocal Cuicanitl. De entrada eso lo compartimos y de ahí en adelante también muchas locuras».

– ¿Cuáles eran tus discos favoritos, primero como niña y luego como adolescente?

– «Es muy loco y no me lo vas a creer, pero el recuerdo que yo tengo es el de disfrutar entre los cuatro y los diez años con los discos de Frank Sinatra que oía mi papá. También que incluso fui a hacer una audición para Anita la Huerfanita. En mi casa me metieron mucha información acerca de lo que es la comedia musical. Honestamente era lo que yo oía de chavita, lo que oía mi papá. Me empecé a meter con sus discos y me clavé mucho en los de Al Jarreau y desde luego en los de Sarah Vaughan; con los de Barbra Streisand (en una época me apasioné con su forma de cantar). Daniel Riolobos chico, que en paz descanse, me decía que si yo quería aprender a cantar tenía que hacerlo oyendo los discos. Que viera cómo habían colocado la voz; que cómo habían hecho la inflexión, etcétera, así era la cosa. También oí mucho los discos de Sergio Mendes con su onda brasileña. Por ahí de los 17 años se me presentó entonces el estilo de Eugenia León. Hasta ese momento yo había escuchado más música estadounidense que mexicana, y al escucharla me di cuenta de que Eugenia estaba haciendo lo mismo pero en español. Eso como que me aterrizó y por ahí me fui. En mí había una división: el mundo que oía en mi casa —eso de oír a Frank Sinatra a los ocho años era muy raro, ¿no?—, pero también estaba el mundo de la secundaria en que estaba estudiando, la música que me enlazaba de algún modo con la gente, porque si no me hubiera convertido en un bicho raro. Así que oí las cosas de Cyndi Lauper, de los Eurythmics y la música pop que sonaba en ese momento».

– ¿Hay algún disco de esa época que sea entrañable para ti?

«De chica uno que oía mucho era el España de Al Jarreau, me lo sé de memoria, y algún otro de Barbra Streisand. Ahora lo que hago es escuchar un disco de la mañana a la noche, hasta que ya no le quede ningún secreto para mí, me clavo en ellos así. Ahorita estoy oyendo uno de Kurt Elling, no hago otra cosa que oír su música mañana, tarde y noche. Me identifico mucho con lo que está haciendo. Tanto en su planteamiento de letras, como en lo musical o performático. Lo que hace me suena muy bien en el corazón, y me digo que por ahí es la cosa».

– ¿Qué hizo que te inclinaras hacia el jazz?

“Desde luego mi papá y sus discos. Él sembró la semillita. Cuando empecé a improvisar de cualquier forma tuve miedo, miedo a la libertad que significa. Todos soñamos con ser libres, pero cuando te dicen: ‘Órale, haz lo que quieras’, vienen las reticencias. Desde luego fue un acto de valor de mi parte el rollo de aventarme y a ver qué onda. Descubrí muchas cosas. El rollo programado siempre es bonito y tiene un gran mérito y todo, pero la relación que estableces con lo divino a la hora de improvisar es otra cosa. Abres tu canal para que te pasen corriente y la corriente que te van a pasar es diferente, y eso tiene como consecuencia buscar qué onda contigo mismo de manera constante, todo depende de tu capacidad para abrir ese canal. Experimentar eso me gustó y ya no quise soltarlo desde entonces. Es una cuestión de mucho descubrimiento contigo mismo, de muchas emociones y sentimientos. Siempre quieres que haya magia y despegarte aunque sea dos centímetros del piso, pero hasta en eso los de allá arriba dicen: ‘hoy sí’ u ‘hoy no’. Pero para lograrlo hay que hacer un trabajo constante. Ya no puedo concebir algo que haga que no contenga ese elemento. La sorpresa. Estar cósmicamente conectada, porque la vida nunca es igual”.

*Fragmento de la entrevista realizada con ella en el año 2000. Fue publicada íntegramente por la Editorial Doble A, con el título de Iraida Noriega dentro de su colección “Palabra de Jazz”, y de la cual un extracto apareció en el libro Tiempo de Solos. 50 jazzistas mexicanos. Asimismo, fue publicada on line en el blog Con los audífonos puestos en la categoría “Ellazz (.mx)”.

IRAIDA NORIEGA (FOTO 2)

Iraida Noriega

Una entrevista de Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Palabra de Jazz”

México, D.F., 2000

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PUNK-10

Por  SERGIO MONSALVO C.

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THE FUTURE (DO IT YOURSELF)

Solventado el asalto sorpresa, los pioneros punks de la primera hora se convirtieron en los mártires de un movimiento que, en forma subterránea y a través de coloridas etapas, continuó su desarrollo hacia una subcultura dividida y delimitada, dentro de la cual han podido subsistir una al lado de la otra interpretaciones muy distintas entre sí del concepto punk, tanto en cuanto a la dirección musical como al contenido y las características externas.

El elemento que las une es en la actualidad, además de su condición de vida, la verdadera herencia de la revuelta original del punk: su funcionamiento único como alternativa independiente y por completo autosuficiente frente a la industria establecida.

El punk reveló rencores, temores, odios y deseos tan intensos que su aparición amenazó la legitimidad del orden social y descubrió su carácter tiránico, de la misma manera en que la clasificación escabrosa de la música de los Sex Pistolsamenazó la legitimidad del rock del mainstream y reveló su carácter tiránico.

Uno de los legados más importantes del punk se expresa con tres palabras: Do it Yourself (“hazlo tú mismo”). A principios de los años ochenta, las compañías disqueras independientes se multiplicaron y durante las décadas siguientes brindaron una oportunidad a nuevos grupos de los que nadie había oído jamás. Productos de una escena alternativa activa y prolífica, Nirvana y Sonic Youth, por ejemplo, grabaron sus primeros discos en este entorno.

Herederos directos de cierta visión de la música, un buen número de estos grupos rondaron la cabeza de las listas en las últimas décadas: Green Day, Smashing Pumpkins, Rancid, Offspring, Foo Fighters, NOFX, Pearl Jam, Soundgarden, L7, Pixies, Dinosaur Jr, Husker Dü y Sick of  It All, entre otros. Y, actualmente, gente como Black Lips, Boggs, Correcto, Helen Love, Wendy James, The Mae Shi, etcétera.

PUNK 10 (FOTO 2)

La gran moda punk no costó casi nada y dio a conocer a los inconformes, porque ¿a dónde quería llevar la revuelta preconizada por Sham 69, los Pistols o Clash —que sin duda sigue siendo el mejor grupo de esa época, tanto por su extraordinaria discografía como por su actitud y relativa longevidad—? A destituir a la reina Elizabeth y su régimen, que privilegiaba a los ricos.

Fue el regalo que se le deseaba presentar en el año de su Silver Jubilee, sus 25 años de reinado pomposo. Por todas partes, los graffiti anunciaban la tónica: “Stuff the jubilee«. Y Rotten bramaba: “God save the Queen and the fascist regime/ It made you a moron”. Crimen de lesa majestad. Nunca se difundió por la radio ni por la televisión.

De tal manera, dejaron muy claro que su ataque contra el vacío del rock representaba sólo un medio instintivo para un ataque mucho más perturbador contra el sexo como la mixtificación tras el amor, contra el amor como la mixtificación tras la familia, contra la familia como la mixtificación tras el sistema de clases, contra el sistema de clases como la mixtificación tras el capitalismo y, finalmente, contra la noción misma del progreso como la mixtificación última tras la propia sociedad occidental de la era postindustrial.

Estas cuestiones —y hubo muchísimas más— resultaron en una tensión extraordinaria, una excitación sostenida, una rasgadura social con un torrente de música memorable, un desfile de héroes, mártires, traidores y fraudes y una oportunidad casi ilimitada para el arte popular.

No obstante, se trató del tipo de revuelta que se asfixia bajo sus propias contradicciones, destinado a rebasar los alcances del cálculo y la maquinación que le permitió cobrar autenticidad. Quizá la única ironía verdadera de toda la historia fue que, al final, todo concluía en el rock and roll: nada menos y nada más.

El rock (a través de sus distintas manifestaciones, el punk, en este caso) nunca ha pretendido sostener una verdadera revolución, aunque a menudo exhorte a la insurrección. Como todo arte, no es más que el reflejo, la expresión de una realidad. Un medio. Una voz. Pero, ¿acaso en comparación con él han tenido los líderes políticos alguna vez el poder de cambiar al mundo? ¿De cambiar a la gente? Los punks sí.

VIDEO SUGERIDO: The Clash – White Riot (Official Video), YouTube (The Clash)

PUNK 10 (FOTO 3)

PUNK (REMATE) (3)

BIBLIOGRAFÍA: HERNÁN LAVÍN CERDA

Por SERGIO MONSALVO C.

 

HERNÁN LAVÍN CERDA (FOTO 1)

 

“EL HUMOR EN LAS VISIONES DE H. L. C.”

 Dentro de sus rasgos distintivos, dos cosas llaman la atención en la poética de Hernán Lavín Cerda: por un lado, el polo que sustenta el sentido de lo transitorio, acompañado de la permanente indagación de las fuerzas que gobiernan la vida a partir de la paradoja de que “Cuando pienso en la realidad, lo real en mí se ofusca / y al fin desaparece / como el rostro en el agua”; por otro lado, el polo cuya remisión apunta al lento desgaste o corrosión de la existencia.

Estos dos núcleos son también vectores que pretenden indagar y aprehender tanto la existencia de la esencia como la esencia de la existencia: “¿Para qué tantos demonios? ¿Para qué tantos dioses / Aún creo que el espíritu se destila a sí mismo / en una precipitación de vía láctea”, dice el poeta.

Al interior de los núcleos señalados resplandecen dos símbolos: el del caballo y el de la piedra, los cuales el poeta sopesa para conocer la levedad y el grávido misterio del ser. Sentido que remitiría nuevamente a los orígenes de la indagación, con el ingrediente de una ansiedad más acentuada. En el proceso que avanza hay una regresión permanente hacia los orígenes y, en ese espacio intermedio, la incertidumbre y el caos definen mejor la perspectiva poética, la del poeta y la del mito.

 

 

*Fragmento del ensayo “El humor en las visiones de Hernán Lavín Cerda”, publicado por la revista INTI.

 

 

 

 

 

HERNÁN LAVÍN CERDA (FOTO 2)

 

 

 

Sergio Monsalvo C.

“El Humor en las Visiones de Hernán Lavín Cerda”

Revista INTI 

No. 29/30

Págs. 191-196

(PRIMAVERA – OTOÑO 1989)

 

 

 

 

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BABEL XXI-497

Por SERGIO MONSALVO C.

BXXI-497 (FOTO 1)

“NOTHING ELSE MATTERS”

(METALLICA)

Programa radiofónico de Sergio Monsalvo C.

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SIGNOS: ROCKERAS BLANCAS

Por SERGIO MONSALVO C.

ROCKERAS BLANCAS (FOTO 1)

THE QUEEN & MISS DYNAMITE

La mitología griega contó para su enriquecimiento con las Ménades, quienes frenéticas corrían por los bosques y por encima de las montañas profiriendo cantos agudos, arrebatadas por un éxtasis feroz. Nada las detenía cuando salían a rendir su culto a la naturaleza. En los bosques más profundos Dionisio las alimentaba y les daba de beber. Había tantas cosas buenas y liberadoras en este culto bajo el cielo, el éxtasis de la alegría que creaba la belleza salvaje del mundo, el culto a Dionisio…

La literatura judía tuvo a Lilith: «…perros y gatos salvajes se reunirán allí, y se juntarán los sátiros. También allí Lilith descansará y hallará el lugar de su reposo» (Isaías 34, 14); las leyendas escandinavas a Embla; la tradición tibetana a Prasrinmo; los iraníes a Gochorum… La mitología de nuestro tiempo tiene a las Ménades del Rock.

A éstas hoy se les puede encontrar bajo las más diversas apariencias y colores; las hay de la etapa clásica, moderna y contemporánea; las hay salvajes, tiernas o intelectuales; las hay femeninas, brutalmente sensuales o andróginas; sin embargo, a todas ellas las une un solo lenguaje, el lenguaje común del rock and roll.

En sus primeros años de vida el género no tuvo espacio para las mujeres.  Las circunstancias sociales tuvieron mucho qué ver y los postulados iniciales de la nueva música requerían de imágenes agresivas para enfrentarlas y hacerse de canales de expresión, sentar las bases y propiciar el desarrollo. Los hitos de Marlon Brando, el duro motociclista vestido con chamarra de cuero negro y pantalones vaqueros (en The Wild OneEl salvaje) y James Dean, el rebelde sin causa, víctima de la incomprensión adulta (en Rebel Without a CauseRebelde sin causa), resultaron predominantes.

Sin embargo, una vez sembrada la semilla los géneros comenzaron a diversificarse y el surgimiento de la mujer no se hizo esperar más. A partir de 1958 floreció ya el estilo de los grupos vocales femeninos. Fue un estilo cálido y llegador extraído preponderantemente de las raíces del rhythm and blues: el doo-wop. 

Sin embargo, las influencias directas más duras se remitían a Ruth Brown, Lavern Baker, Big Mama Thornton y Etta James. El color y el sentimiento estaban dentro de los cauces negros, y eso lo sabían los productores, que dirigieron las carreras de las dos rockeras blancas más importantes de la década de los cincuenta: Wanda Jackson y Brenda Lee.

Esa juventud cincuentera empezó a crearse un universo propio. Tenía otros códigos de comportamiento, otros gustos, otras modas, otras formas de relacionarse. Y a la vez se negaba a aceptar los valores establecidos por la generación de sus padres. Al comienzo de aquella década, las baladas y las cantantes melódicas dominaban la escena estadounidense. La música blanca femenina era cantada por Patsy Cline, Patti Page y las Andrews Sisters.

La música negra, por su parte, era cantada por las ya mencionadas Ruth Brown, Lavern Baker y Big Mama Thornton. Se trataba de un producto orgánico compuesto de acción, sexo e historias cotidianas: r&b, puro. Las adolescentes blancas (tanto como ellos) se mostraron dispuestas a oír una música que expresara cómo se sentían. El rhythm and blues, pero sobre todo el rockabilly escuchado y convertido en rock and roll, les sirvió de estimulante sonoro. Elvis Presley, Johnny Cash, Buddy Holly, Gene Vincent, Eddie Cochran, etcétera, se tornaron en fuentes de canciones para hacer versiones o como modelo para crear un rockabilly del lado femenino.

El nuevo sonido paulatinamente fue expulsando a las anteriores estrellas de la industria masiva. Esta música lanzada por pequeñas compañías independientes se convirtió en fortísima competencia para los editores y cantantes tradicionales. La llegada del disco de 45 rpm en sustitución del de 78 facilitó todo eso, así como el uso de las jukeboxes o rockolas.

Hacia el fin de la década, las jóvenes querían una música que también hablara por ellas, que fuera estridente y rítmica, algo que permitiera bailar. Así se encumbraron Wanda Jackson y Brenda Lee. Se buscaba el regocijo transitorio, escapar de la monotonía de la vida cotidiana y de las sombrías perspectivas de un futuro que no ofrecía grandes posibilidades de cambio.

De tal suerte, y tras al encumbramiento de los rocanroleros, un lustro después fueron apareciendo las rocanroleras, ya no como fans abajo del escenario como hasta entonces, sino como intérpretes arriba de él.

Algunas jóvenes blancas que se habían iniciado como cantantes de country, vieron en el nuevo ritmo una mejor manera de expresarse. El rechazo de parte de los puristas del género campirano, las asociaciones que resguardaban la moral pública y del gobierno estadounidense, no se hizo esperar. De cualquier modo, ellas se mantuvieron firmes y sus nombres han trascendido por ello. Las más destacadas fueron, sobre todo, Wanda Jackson y Branda Lee, quienes con los temas “Let’s Have a Party”  y “Little Jonah”, respectivamente, consiguieron no sólo un éxito sino una forma de manifestar el espíritu que regía por entonces.

VIDEO SUGERIDO: Wanda Jackson – Hard Headed Woman, YouTube (Kevin Hobbs)

ROCKERAS BLANCAS (FOTO 2)

Wanda Jackson nació en Oklahoma (el 20 de octubre de 1937) y recibió educación musical por parte de su padre, pianista. De niña y adolescente cantó country, pero al conocer a Elvis Presley (antes de que fuera famoso) éste la instó a entrar en los terrenos del rockabilly. Cosa que hizo y con ello se convirtió en la primera rockera blanca de la historia.

El mismo Elvis apadrinó tanto su primer disco como su primera gira al lado de gente como Jerry Lee Lewis, Gene Vincent, Buddy Holly y él mismo. Giras salvajes de los primeros pioneros en las que ella mostró que era una fuerza de la naturaleza a la que había que escuchar. Llevaba con ella el gen del ritmo, el poder seductor de la inocencia para enamorar al escucha. Cantaba con fuerza y acento desafiante y con la guitarra como escudo desprendía actitud, energía y pasión. Se volvió un símbolo.

Muy joven abrazó el nuevo ritmo que empezaba a revolucionar la Unión Americana de los años cincuenta y después al mundo entero. Vestía de manera atrevida y sexuada. ‘Let’s Have A Party’, o ‘Right Or Wrong’ fueron algunos de sus primeros éxitos. Enseguida le otorgaron el título de la “Reina del rockabilly”. Con ‘Fujiyama Mama’ conquistó el mercado japonés, donde se volvió un ídolo.

No obstante, luego de muchos discos, muchas giras y presentaciones durante una década, decidió abandonar todo ello, casarse con un predicador evangelista y cambiar los escenarios, por iglesias, y de género, por el góspel. Actividad en la que se mantuvo inmersa hasta que un fan contemporáneo, Jack White, la convenció de volver a grabar rock y presentarse ante nuevos espectadores en el año 2010. Lo hizo en forma y buen estado, y así se mantuvo hasta el 2019, cuando anunció su retiro definitivo a la edad de 81 años.

Por otro lado está Brenda Lee, que al igual que Wanda Jackson padeció los ataques de la sociedad conservadora y del gobierno estadounidense, que actuaron juntos para minimizar el impacto, primero del rock and roll y luego el de sus intérpretes. A las mujeres les llevó más tiempo librarse de ello, pero lo hicieron a la larga.

Brenda Lee nació en Atlanta (el 11 de diciembre de 1944) como Brenda Mae Tarpley, quien desde niña destacó como talento infantil. Cantó góspel en la iglesia, tuvo su programa de radio y participó en algunos programas de la televisión local hasta que debutó discográficamente a los 12 años y sus temas aparecieron en las listas de popularidad.

“Jambalaya”, “Bigelow 6-200” le abrieron el camino, que luego fue afianzado por “Little Jonah” y “Dynamite”, causa éste último tema para que fuera apodada “Miss Little Dynamite” por su poderosa voz, con la que cantó igualmente pop rock y baladas, que la llevaron a giras internacionales, al teatro y al cine, además de producir una larguísima lista de discos, incluso ya entrado el siglo XXI. Hoy Brenda Lee tiene 75 años y sigue actuando.

VIDEO SUGERIDO: Brenda Lee Sweet Nothing’s, YouTube (Goodeez Oldeez)

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GONE AGAIN (PATTI SMITH)

Por SERGIO MONSALVO C.

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(PATTI SMITH)

Hace 40 años, Patti Smith se encontraba a la cabeza de uno de los grupos de punk estadounidenses más importantes, The Patti Smith Group, con el que sacó cuatro álbumes impresionantes e influyentes.

Luego desapareció de los escenarios.

Cuando el 10 de septiembre de 1979, Patti abandonó el foro en Italia después de un último encore en Florencia (un cover de «My Generation»), nadie sospechó que fuera a tardar 17 años en volver a pararse en las tablas con un grupo de rock.

La legendaria suma sacerdotisa del punk neoyorkino se retiró así,  abruptamente, del mundo musical para fundar una familia. En marzo de 1980 se casó con Fred «Sonic» Smith, el ex guitarrista del mítico conjunto MC5, con el que se estableció en las afueras de Detroit.

Este retiro voluntario fue interrumpido en 1988 por el lanzamiento del álbum Dream of Life y el sencillo «People Have the Power», pero no se habló en ningún momento de un verdadero regreso al podio.

Sin embargo, en 1996, sí llegó el momento.

Con dos integrantes del antiguo Patti Smith Group, el guitarrista Lenny Kaye y el baterista Jay Dee Daugherty, acompañados por los guitarristas Tom Verlaine (de Television) y Oliver Ray, el bajista Tony Shanahan y el tecladista Luis Resto, Patti se metió al estudio de grabación. El productor Malcolm Burn y Lenny Kaye cuidaron la calidad del sonido, y apareció entonces el disco Gone Again.

Antes que nada, Gone Again es un conmovedor y fascinante tributo, un disco muy profundo en el que la Smith salda cuentas con el dolor de haber perdido a su marido Fred «Sonic» Smith (fallecido en 1994), a su hermano Todd, a su tecladista Richard Sohl y a su antiguo amigo y compañero, el fotógrafo Robert Mapplethorpe. Demasiadas muertes juntas.

La elección era suya y su poesía y música tuvieron la fuerza para cumplirle. El álbum resultó intenso de principio a fin.

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«Quería crecer como artista para poder entregar un mejor trabajo –afirmó Patti, en su momento–. No soy muy productiva al escribir canciones. Por eso, cuando tengo algo qué dar, quiero que sea de valor. Existen ya muchísimos libros, cuadros y discos. No quiero agregar la enésima obra mediocre a todo eso. Espero que lo que haga tenga valor, porque ya hay suficiente contaminación ambiental. Además, cuando se saca un disco hay que ser responsable de él, puesto que se está reclamando una hora del valioso tiempo de alguien, una hora de su vida; que sea, en todo caso, una hora valiosa». 

La cantante no firmó sólo los textos, sino también tres cuartas partes de la música. La canción del título y «Summer Cannibals», que apareció como sencillo, son piezas del desaparecido Fred Smith, dos temas con sendas y poderosas declaraciones sobre las raíces y la lucha.

La canción «About a Boy» es la oda que Patti dedicó a otro muerto querido: Kurt Cobain: «Desde la dulce furia del caos/ desde la calle profunda y desolada/ hacia otra clase de paz/ hacia el gran vacío…»

«My Madrigal», por su parte, con su atmósfera clásica, fue en gran medida de carácter autobiográfico, al igual que la canción final «Farewell Reel», dirigida directamente a Fred, su esposo muerto.

En el aspecto musical cubrió un amplio terreno, con el agregado de elementos de folk y world music. Entre los invitados figuraron Jeff Buckley, voz y laúd egipcio, la cellista Jane Scarantoni y la hermana de Patti, Kimberly, en la mandolina. El cover de «Wicked Messenger», de Bob Dylan, fue un poco parte de su eterno homenaje al cantautor, su ídolo confeso.

En cuanto a su seriedad y temática, el disco hace pensar en Magic and Loss de Lou Reed, pero también en Grace del hoy desaparecido Jeff Buckley. Hay muy pocos álbumes y artistas de este calibre. El disco Gone Again fue el comeback más que logrado de una apasionada portadora de la antorcha del rock como lenguaje universal: Patti Smith.

VIDEO SUGERIDO: Patti Smith – Summer Cannibals, YouTube (Patti Smith)

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LOS EVANGELISTAS: BILL HALEY

Por SERGIO MONSALVO C.

BILL HALEY (FOTO 1)

SPANISH TWIST

A Bill Haley le gustaba mirar al cielo. Lo hacía de niño en su natal Michigan y luego en Pensilvania, cuando su familia tuvo que emigrar debido al azote de la Depresión en los Estados Unidos.

Miraba al cielo desde el techo de su casa para paliar el hambre que sentía, para distraer el estómago. Observaba la luna y las estrellas, las fugaces que en aquel entonces se podían distinguir claramente.

Fue una costumbre que se le quedó durante el resto de su vida, y donde estuviera, con un vaso en la mano, primero, y con una botella  a la postre, les preguntaba dónde se había extraviado su mente.

La astronomía siempre estuvo ligada a él desde el principio hasta el fin y la posteridad.

Cuentan que cuando estuvo en México, donde pasó largas temporadas y siempre era bienvenido, y cuando las oscuridades del alma lo embargaban, sus amigos mexicanos lo llevaban a que lo tratara una curandera cerca de Cuernavaca.

La primera vez que lo vio le dijo que era un querubín, por su cara angelical y rolliza, le dijo que el suyo no era este mundo sino otro, diferente, y que ahora estaba en este por equivocación y por eso vivía con el dolor de la nostalgia y por eso miraba al cielo en busca de su hogar perdido.

Ella, le dijo, no sabía cómo regresarlo pero sí paliar un poco su dolor y le recetó hierbas y bebedizos para hacerlo. Bill estuvo en calma durante ese periodo en México, muy activo y actuando entre dos aguas: el rock and roll y el twist.

Fue con el primero que llegó al país, invitado al festejo de un aniversario del diario Excelsior (“El periódico de la vida nacional”), donde se presentó en el edificio de la Lotería Nacional que estaba ubicado en una de las esquinas de las avenidas Reforma y Juárez, en el centro de la capital.

Bill Haley & His Comets actuaron en una pausa antes de sortear los premios más importantes de aquel festejo periodístico. Cosa que se tuvo que postergar porque terminada su actuación el público no lo dejaba ir pidiéndole más y más rock and roll.

La trasmisión que se hacía por la televisión en blanco y negro tuvo que cortar la señal, y el público de las pantallas chicas se tuvo que quedar con las ganas de seguir oyendo a aquella banda.

El auditorio de la Lotería, en cambio, era una olla de vapor literalmente a causa de la música las palmas, el baile, el festejo se extendió puertas para dentro. La compañía discográfica Orfeón ni tarda ni perezosa le ofreció un contrato de grabación.

Bill Haley y sus Cometas (nombre con el que se les conoció en Latinoamérica) decidieron quedarse en México porque en La Unión Americana su popularidad había sido opacada por Elvis Presley y Little Richard (más salvajes y más jóvenes).

De este modo llegaron a un acuerdo con el sello Orfeon Records y obtuvieron un inesperado hit con «Twist Español» (“Spanish Twist”), una pieza cantada en español por la banda a ritmo de twist, el cual se encontraba de moda en ese momento. El tema se convirtió en el más vendido de la historia mexicana junto a “Florida Twist” también de ellos mismos.

Aunque Chubby Checker era en esos momentos el rey indiscutible del twist en los Estados Unidos, Europa y Asia, Bill Haley y sus Cometas se erigieron en los monarcas del twist en México y América Latina. Gracias al éxito de «Twist Español» y «Florida Twist», entre otros, la banda se mantuvo al tope de las listas de popularidad del río Bravo hasta Punta del Este durante los años siguientes, donde la banda consiguió el reconocimiento de ser los iniciadores del baile de moda por aquellos lares.

Haley, pues, permaneció en México y se presentó en la televisión y en el teatro de variedades  regularmente (Teatro Follies). En la televisión apareció en muchas emisiones del popular programa Discoteque Orfeón a Go-Go.

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VIDEO SUGERIDO: 001 Bill Haley – La Tierra de las Mil Danzas – Discoteca Orfeon A Go-Go, YouTube (Salva Moreno)

Ahí, Haley tocaba “Florida Twist” y “Spanish Twist”, pero también “La Paloma”, “Adiós mi chaparrita”, “Negra Consentida”,  y otras canciones mexicanas bajo el manto del nuevo ritmo.

Lo hacía entre los jóvenes grupos del emergente rock hecho en México, las chicas a go-go, los disparates de los presentadores y las risas y gritos grabados.

Después de muchas presentaciones y muchos discos hechos para aquel sello, Haley y sus Cometas se fueron de nuevo a rodar por el mundo. Bill recayó en sus brumas, comenzó a beber más y a tener una conducta cada vez más errática.

Durante diez años permaneció más o menos así hasta que a mediados de los setenta se le detectó un tumor cerebral. Hubo tratamientos, entradas y salidas de hospitales, pero nada, sólo más largas permanencias en el techo de su casa mirando a las estrellas, acompañado de una botella, con las ventanas de su casa pintadas de negro y la locura instalada dentro de ella.

Bil Haley se extravió por completo dentro de su cabeza, el tumor resultó inoperable y el dolor cada vez más grande. Finalmente murió así,  una madrugada de febrero (la del 9), el mes más pérfido, del año 1981.

Un cuarto de siglo justo de haber aparecido en el firmamento de la escena musical bajo el nombre de un cometa fugaz y a un cuarto de siglo de que un asteroide (el 79896) fuera bautizado con su nombre por la Unión Astronómica Internacional. Quizá el lugar del que se había extraviado.

VIDEO SUGERIDO: Bill Haley and His Comets – Twist Español, YouTube (Two Rocka Four)

BILL HALEY (FOTO 3)

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THE BUDDHA OF SUBURBIA

Por SERGIO MONSALVO C.

THE BUDDHA OF SUBURBIA (FOTO 1)

(HANIF KUREISHI)

La literatura contemporánea ha encontrado excelentes escritores para incorporar el sonido, la profundidad y el testimonio del rock a sus huestes. La Gran Bretaña se ha significado en ello de manera sobresaliente con plumas como las de Ian McEwan, Nick Hornby o Hanuf Kureishi, por mencionar unos cuantos. Y lo ha hecho porque en su principal ciudad, Londres, siempre está ocurriendo algo, mostrando, transformando o rompiendo algo. Y la música ha sido un personaje importante en todo ello.

La literatura ha producido grandes estrellas del rock que jamás se colgaron una guitarra, y entre ellas se pueden encontrar lo mismo novelistas, que ensayistas, poetas, cuentistas, periodistas, críticos, académicos, etcétera, pero también en las otras ramas del arte: cineastas, pintores, teatreros, arquitectos, bailarines. El rock es una materia fundamental para todos ellos, puesto que ha sido el soundtrack que ha acompañado a la mayoría en sus andanzas vitales, en sus distintas edades, lenguajes, países y continentes.

La literatura y el rock han estado entrelazados desde el comienzo. Como referente, la primera en sus inicios, como influencia determinante después, y como testimonio de las generaciones que se han sucedido desde que tal música apareciera en el mundo. De dicha interrelación han surgido textos fundamentales y canónicos, como el que escribió el mencionado Hanif Kureishi.

Por otro lado, sustentado en la idiosincracia discriminatoria producto del pasado colonial británico hay un obvio racismo tras todo ello, mismo con el que han tenido que vivir los inmigrantes indios, paquistanís y caribeños y sus descendientes, por ejemplo.

No obstante, en esa realidad dura y cotidiana, que los ha enfrentado con la clase obrera, los skinheads, neonazis, hooligans y políticos conservadores, han crecido manifiestos sociales y artísticos agudos y agridulces como el de este escritor cuya proclama literaria está fundida con el pop y el rock, con el cual creció, forma parte de su vida, aunque quieran negárselo todos aquellos.

El rock británico siempre ha sido una mezcla en todos los sentidos, aunque lo ignore esa fauna xenófoba. Es una expresión democrática y multicultural; es negra (blues, reggae, soul, funk, hip hop) y asiática (las ragas indias, sobre todo), de clase obrera, de clase media y hasta la aristocracia ha tenido qué ver en varias facetas de su historia.

Si Hanif Kureishi habla de ello en sus textos es porque también dicha historia le pertenece como británico asiático de segunda generación y eso es algo que todo el mundo debe saber. Su propuesta en The Buddha of Suburbia (El Buda del Suburbio, 1990) –su novela debut en el mundo literario– es inteligente e ingeniosa, es una permanente descripción irónica de la vida británica contemporánea, aderezada con la música que le sirve de fondo y acompañamiento.

THE BUDDHA OF SUBURBIA (FOTO 2)

Las melodías y grupos citados en esta novela son raíces comunes para todos aquellos nacidos en la Gran Bretaña tras la Segunda Guerra Mundial. Es una forma de identificación que no se basa en el rechazo y la automarginación, sino en la aceptación y la creatividad.

Con El buda del suburbio, Kureishi (nacido en 1954, al sur de Londres) inauguró la llamada narrativa poscolonial. Una que mezclaba el multiculturalismo, el sexo y el glam rock. “Del sistema de clases era consciente, porque mi padre creció en la India colonial, en una familia paquistaní de clase media alta, pero teniendo claro que el hombre blanco era el estándar de lo que un hombre debía ser. Los indios siempre eran los inferiores –ha explicado el autor–. No obstante, llegaron los años sesenta y eso cambió…

“Cuando empecé en la literatura, con 14 o 15 años, me di cuenta de que eso era lo que tenía que escribir. Sobre mi aspecto, mis amigos, mi calle. Sobre los skinheads, que eran la realidad de la vida en el sur de Londres. Eso no estaba en los libros y yo tenía que encontrar la manera de ponerlo sobre el papel”.

El protagonista de sus argumentos es Karim, un adolescente como cualquier otro –seguidor del rock, de la moda y de cualquier oportunidad para el sexo–, que se siente inglés de los pies a la cabeza aunque sin enorgullecerse por ello, aunque muchas personas le vean como una mezcla extraña de dos culturas. Junto a sus padres, hermano menor y demás familia cercana, vive una vida normal en un barrio de clase media de las afueras de Londres, del que quiere librarse a como dé lugar.

Esta es, pues una novela de iniciación a la vida adulta y sentimental de ese joven bicultural, que es víctima del racismo a pesar de haber nacido y crecido en el Reino Unido. Contempla, asimismo con bastantes dosis de ironía el acercamiento a la espiritualidad por parte de muchos occidentales, a menudo de manera superficial o como una moda.

Igualmente, muestra la evolución de la cultura del rock británica de los años setenta, desde la psicodelia a la New wave, pasando por el glam y el punk. Una sucesión de periodos tanto históricos como en la vida de los protagonistas, desde los últimos coletazos del swinging London hasta el desencanto de la sociedad británica que culminaría con la llegada al poder de Margaret Thatcher, momento en que culmina el relato.

El éxito del libro llevó a la filmación de una serie para la BBC con dicha narración. Y, quién mejor que David Bowie para crear el soundtrack necesario.

Tras la fugaz aparición de su grupo Tin Machine (y álbum homónimo) y un disco como solista, que sólo obtuvo un recibimiento tibio, el superestrellato de David Bowie parecía opacado. Sin embargo, con la banda sonora de The Buddha of Suburbia  Bowie plasmó una vez más, como con cada obra, su propio futuro musical.

El soundtrack para la serie televisiva de la BBC londinense basada en la novela de Kureishi le mostró el camino que podía tomar. La novela presentaba un mural de la sociedad inglesa capitalina en las décadas de los sesenta y setenta. En él podían observarse el surgimiento público de misticismos al por mayor, el de figuras que representaban las corrientes musicales del momento, la ambigüedad sexual, la promiscuidad y otras vanguardias artísticas, políticas y sociales que formaron un todo experimental y propositivo para las futuras generaciones no sólo británicas.

El racismo y la xenofobia nunca han sido vanguardia, pero manifestaron en el libro su presencia en una sociedad imperialista y poco tolerante. La vida de Karim, el protagonista, transcurre entre todos esos nuevos conceptos y viejas idiosincrasias fondeadas por el sonido del espíritu de la época: el rock.

Junto con el multiinstrumentista Erdal Kizilcay, Bowie creó un total de nueve títulos para la serie que rebasaron por mucho el calificativo de fondo musical. «Sex and the Church», «The Mysteries», «Bleed Like a Craze, Dad», «South Horizon» y «Buddha of Suburbia» (con Lenny Kravitz en la guitarra), entre las más distintivas.

También pisó territorios vírgenes en cuanto a técnica de producción. En «South Horizon», por ejemplo (la pieza favorita de Bowie en este trabajo), todas las notas, desde la instrumentación principal hasta la estructura sonora, se tocaron tanto al derecho como al revés.

El resultado de los experimentos fue un Bowie que recuperó fuerza. Con estas complicadas pinturas sonoras, si bien accesibles también a sensibilidades pop, rindió homenaje a los méritos de Brian Eno como creador de estilos y encontró para sí mismo un camino a los noventa.

Con El Buda del suburbio Bowie adquirió una nueva vida, otra. Hizo lo que siempre supo hacer mejor: volver a colocarse a la cabeza de las tendencias musicales, porque tras echar una inteligente mirada alrededor de nueva cuenta comenzó desde el principio. Mientras que Hanif Kureishi ganó el prestigioso  Premio Whitebread de su país a la Mejor novela debut, así como la posibilidad de una larga vida como escritor, la cual ha mantenido hasta la fecha.

VIDEO SUGERIDO: David Bowie – Buddha Of Suburbia (Official Video), YouTube (David Bowie)

THE BUDDHA OF SUBURBIA (FOTO 3)

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