SAMARIS

Por SERGIO MONSALVO C.

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EL ARTE COMO SOLUCIÓN

Como siempre, la denuncia primera vino desde un libro y de los cantos. En el 2006, en el texto titulado Dreamland: A Self-help Manual for a Frightened Nation (Tierra de ensueño, manual de autoayuda para una nación asustada, en una traducción aproximada), el escritor Andri Magnason, pronosticó y lanzó su grito de auxilio para su país, Islandia, en contra de un modelo económico basado en la obtención de dinero fácil supeditado a la especulación financiera (bonos basura y burbujas inmobiliarias, entre otras cosas).

Ahí se pudo leer que “Durante todos estos años del boom económico, que ha pregonado el gobierno conservador, se han concentrado los esfuerzos en la expansión de los bancos, en la explotación del aluminio, la pesca y la exclusiva utilización de la energía hidráulica, cosas que tarde o temprano destruirán nuestro futuro, nuestra forma de vida y la de la naturaleza misma”.

Los cantos de los músicos de la época iban por tónica semejante, en contra del materialismo rampante, del capitalismo salvaje, del Wall Street globalizado y de la enajenación del individuo. Voces surgidas del arte, del subterráneo, que en sus pequeños nichos se debatían contra la exclusión, el engaño y “la barra libre del crédito infinito”. Nadie los leía ni escuchaba, ocupados todos los demás en seleccionar el color de su nuevo modelo de Land Rover.

Entonces vino el año 2008 y el colapso financiero que sufrió el mundo entero. A Islandia le tocó sufrir en grande. El capital accionario, las cuentas bancarias, las pensiones, se esfumaron en el aire. Todo su fue al garete (la bolsa llegó a caer un 90%, el PIB perdió 7 puntos, la moneda se devaluó y la tasa de desempleo se disparó).

La vox populi salió a la calle. El gobierno cayó, los banqueros fraudulentos fueron enviados a prisión y hubo nuevas elecciones. Se convocó a un referéndum donde la ciudadanía entera votó en contra de rescatar a los bancos y pagar su deuda externa. ¿Y ahora, cómo salir del agujero, cuál era la respuesta a tamaño reto histórico para volver a ser un país del Primer Mundo?

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La solución, a contracorriente del resto del mundo (donde se subieron los impuestos y se recortaron los presupuestos en lo social), fue apostar por un nuevo pacto: el New Deal artístico. En un país como éste, con el patrimonio desaparecido y con un idioma que solo hablan sus habitantes, el nuevo gobierno decidió que para enfrentar a la crisis había apostar por el apoyo al sector turístico, a la educación y por la cultura, finalmente.

¿Por qué? Porque –lo sabían– no hay riqueza más firme que esa (la que proviene del saber), y porque en lo que había que recortar no era en las áreas creativas (educación, oferta cultural, investigación), sino en gastos suntuarios como el proporcionado a los partidos políticos o los de la burocracia institucional, puros cargos parasitarios.

Así que Islandia se volcó hacia tales industrias. Desde entonces, el impacto económico de esa actividad ha redoblado al de la agricultura y se ha equiparado al de la tradicional exportación de productos pesqueros, antaño su principal fuente de ingresos. Hoy la tasa de desempleo es del menos del 3% y el país crece a un ritmo sostenido del 4%.

Pusieron a la cultura como la base de las industrias creativas y como parte cada vez más importante de la economía. El dinero que genera desde entonces es el mismo que toda la industria del aluminio. También se puede ver en el empleo que genera el turismo cultural. Por eso decidieron construir el Harpa, un increíble centro cultural en el puerto de Reykyavik.

El gobierno aligeró la carga burocrática y otros gastos fijos y aumentó las aportaciones a proyectos culturales independientes, a la gestión de la educación. Tras la crisis, la oferta de conciertos, exposiciones, museística en general, subió al igual que la asistencia gracias al fomento del turismo en este sentido.

VIDEO SUGERIDO: Samaris – Tibrá (Official Video), YouTube (THUMP)

Crearon su gran stock de música. El 80% de los jóvenes (sobre todo en la provincia) comenzó a estudiar algún instrumento y solfeo. Y eso se tradujo en el surgimiento de decenas de grupos, que en la actualidad, una década después, ya han alcanzado prestigio internacional.

Por supuesto, la naturaleza de aquel lugar sigue siendo el primer atractivo para los turistas. Pero un 70% de éstos (los jóvenes según una encuesta reciente) lo hace ya por la música y su infraestructura. Eso fue lo que se planeó cuando instituyeron la Oficina de Exportación Musical del país, dirigida por Sigtryggur Baldursson, ex baterista de los Sugar Cubes, la banda en la que Björk militó y gracias a la cual se forjó la leyenda del sonido islandés.

Desde entonces medio centenar de grupos oriundos (siempre diferentes) hacen giras por el extranjero anualmente, apoyados por dicha Oficina. Paralelamente, ha crecido la industria del software y de los videojuegos, que proporciona mucho trabajo a gente del sector.

En el cine, una nueva ley reembolsa el costo a sus productores de cualquier película rodada en sus lares. Ridley Scott se fue ahí a filmar Prometheus, Darren Aronofsky realizó Noah y la compañía HBO fotografió locaciones para Juego de Tronos, entre otras manifestaciones.

Creció igualmente la infraestructura teatral y el financiamiento para los escritores. El mundo se dio cuenta así del positivo accionar de un pueblo que supo remontar la crisis apostando por la cultura.

En lo musical, aparte de dicha Oficina, se fundaron dos compañías discográficas que aglutinaron a los intérpretes locales de sonidos contemporáneos: C 12 Tónar  y One Little Indian, de donde han surgido grupos como Samaris, producto neto del proyecto islandés.

Este grupo se integró en el año 2011 con Áslaug Rún Magnúsdóttir (en el clarinete), Þórður Kári Steinþórsson (en los teclados electrónicos) y Jófríður Ákadóttir (en la voz). Su propuesta fue mezclar los sonidos electrónicos (ambient, down tempo y la influencia de Björk) con la poesía romántica islandesa del siglo XIX.

En su andar desde entonces han ganado concursos internacionales y publicado cuatro álbumes: Samaris, Silkidrangar, Silkidrangar Sessions y Black Lights y han puesto en la palestra a autores decimonónicos locales como Bjarni Vigfússon Thorarensen, Jónas Hallgrímsson, Steingrímur Thorsteinsson o Matthías Jochumsson.

Es una lírica que se enfrenta a la muerte y a la angustia existencial. Busca volver a “las fuentes”, a la raíz de los islandeses mismos, al mundo mágico y misterioso en que los dioses han gestado su mundo, construido en el silencio y en la tensión interior que nace todo aquello. En su poética.

La estética en la que se fundamenta Samaris arranca al escucha de un mundo estático, sin sentido, donde todo tiene un valor relativo, más o menos gris, y lo conduce, con la magia de sus versos, adonde todo en la naturaleza está entrelazado; a un reino en que la metáfora, la alegoría –y no solo ellas, sino todas las llamadas figuras del lenguaje y el pensamiento– son reales y tienen vida propia. Un mundo en que cada acontecimiento en la naturaleza es símbolo de una verdad inefable.

Por lo tanto, la impresión sobre la obra de este grupo señero resulta del todo placentera, debido a su gracia, claridad, elegancia inusual, a la sutileza de sus melodías y a la poeticidad con que arropan palabra y música.

Samaris es un gran representante musical de la pujante propuesta con la que el país salió de una crisis imposible. La creatividad, rodeada por aquel océano de profundidad oscilante, se libró del precipicio amenazante y fulminó un pesaroso destino con un nuevo trato y el sonido eterno salido de sus rocas.

VIDEO SUGERIDO: Samaris – Black Lights (Live on KEXP), YouTube (KEXP)

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RADIOHEAD-13

Por SERGIO MONSALVO C.

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SU MAJESTAD Y LOS MIEMBROS

En el año 2011 Tom Yorke quizá se convirtió en el hombre más hiperactivo de la escena musical. Su nombre apareció enlistado en diversas colaboraciones y trabajos a lo largo del periodo, y por si fuera poco, también se dio tiempo de armar un nuevo álbum con Radiohead: The King of Limbs.

Dicho octavo disco de estudio en el haber del grupo, se inscribió en la misma vertiente electrónica que había marcado su sonido en los tiempos recientes (el fin de la anterior década), y cuyas mayores señas de identidad se percibieron en el abandono de los instrumentos clásicos de un grupo de rock por un sonido sintético envolvente y atmosférico.

Una tendencia electrónica que se guiaba por los parámetros del jazz, o al menos en la interpretación personal ofrecida por la banda de Oxford. En tal disco los loops se convirtieron en el aparato óseo de la obra. Dichas herramientas resultaron fundamentales para construir esas atmósferas envolventes, cautivantes, hipnóticas y obsesivas con un resultado de marcado desaliento.

Radiohead
Radiohead

The King of Limbs no es un disco de escucha sencilla, no le llega ni seduce al oyente tras el primer contacto (la carencia de singles no colabora en ello). Es un álbum que necesita su tiempo, mucha concentración, identificación y sobre todo, de varias revisitaciones (todas las que sean necesarias). Es decir, exige el trabajo intelectual que le corresponde al receptor de una obra artística de gran calado.

Y si el oyente le proporciona todo ello será recompensado. Porque éste es un álbum que atrapa como una boa constrictor, aunque al grueso de la crítica especializada no le haya agradado ni lo haya ubicado entre los trabajos más aplaudidos de estos músicos, que siguen caminando a su libre albedrío a través de los altos puestos de la escena  musical más inteligente.

Relajados y sin muchas pretensiones, el quinteto parece revisar en tan sólo ocho piezas parte de la vanguardia que consiguió con Kid A, así como la marca que dejó en Thom Yorke su disco solista The Eraser, de 2006.

Más loops, atmósferas dub, un piano triste y bellas líneas de bajo. Un disco que cumple, sin la obligación de sorprender, porque Radiohead es una leyenda contemporánea que ya se permite lo que sea. Lástima de sus colegas indie que insisten tanto en beber de su influencia, con el riesgo de desgastar este sonido

La banda de Oxford aprovechó el Record Store Day para editar el single “Supercollider/ The Butcher”, con la opción de descarga digital gratuita a quien hubiera comprado su álbum, The King Of Limbs. Posteriormente, a lo largo del año fueron entregando en una serie de cuatro discos de 12” diferentes remezclas del álbum a cargo de otros artistas, posteriormente compiladas en un doble CD con el título TKOL RMX.

VIDEO SUGERIDO: Radiohead – Lotus Flower, YouTube (Radiohead)

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ST. VALENTINE’S DAY

Por SERGIO MONSALVO C.

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(TARJETAS MUSICALES)

La efeméride del día de San Valentín se presta para llevar a cabo una particular disertación sobre el amor. Éste es un concepto polisémico y nadie puede definirlo de una forma única. Llamamos “amor” a cosas tan diferentes como la dependencia, el deseo, el cariño, el sometimiento, la pasión, la fascinación, la idealización, etcétera, además de alguna (o muchas) de sus formas malévolas.

Entonces ¿a qué se le puede llamar amor? ¿Cómo se distingue de todo lo demás ese sentimiento que nos provoca otra persona? Quizá por medio de la poesía, “un idioma que invita a perseguir la emoción y la reflexión” y el cual también tiene múltiples formas, como la fotografía, por ejemplo.

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Van las muestras: Los músicos son personas absolutamente narcisistas. Siempre cuidan su imagen y lo que proyectan con ella. Así que cuando alguno de ellos elige para una de sus portadas salir fotografiado con la mujer que ama en ese momento es porque junto a ella se produce una sublimación de sí mismo.

Algunos de ellos se han hecho eco de tal convicción, invitando al escucha a ver y sentir ese instante en la cubierta de su disco más reciente, el cual se convierte paradójicamente en una peregrinación hacia la profundidad audible tanto de un  corazón ajeno como del propio.

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Con esta manera de hacerlo se adentran con mirada penetrante en el anhelo por un amor eterno y palpable. Cada detalle de la composición en estas portadas tiene la precisión no sólo de lo que se sentía en aquella ocasión, sino también de lo que no puede compararse con nada más, ni repetirse.

Es el caso de obras que han pasado a formar parte de la historia, como las de Bob Dylan, de Miles Davis o Nick Waterhouse.

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THE FREEWHEELIN’

Se conocieron cuando ella tenía 17 años y él 20. Ella había nacido en Brooklin y crecido en Queens, bajo la férula de unos padres afiliados al Partido Comunista de los Estados Unidos. Él venía huyendo prácticamente de su natal Minnesota, donde cualquier horizonte era inconcebible.

Se reunieron en una noche de 1961, cuando él iniciaba su carrera como cantautor de folk en el Geenwich Village neoyorquino, ese barrio de la Urbe de Hierro que se erigía como el bastión de una emergente cultura artística y bohemia.

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Ambos se influenciaron entre sí a base de libros, discos, cine, intercambio de ideas y voluntad de cambiar las cosas. Ambos asimilaban de todo aquello que sucedía en su entorno. Y en éste florecía la lucha por los derechos civiles y la actitud contestataria.

Ella lo plasmaba en ensayos y pintura. Él en sus canciones. Todo era emoción, todo era pulsión y las preguntas, más que las respuestas, estaban en el aire. Ellos estaban enamorados y subían y bajaban juntos por los acontecimientos.

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Paseaban largamente por esas calles con calor o con frío celebrando su viveza y sentimiento. Así los plasmó Don Hunstein (el fotógrafo destinado por la compañía de discos para seguirlo a él) en 1963, en la Jones Street, casi en la esquina con la Calle 4.

Se separaron un año después. Cosas de la vida. Ella apostó por la utopía totalitaria y en algún paréntesis crepuscular escribió su autobiografía en la que puso esa misma foto como portada. Él se inspiró en su relación para componer piezas como “Don’t Think Twice, It’s All Right”, entre otras.

El lugar es ahora centro de peregrinajes para los fans del músico. La fotografía apareció en la portada de su segundo disco, The Freewheelin’, a petición suya. Ambas cosas son actualmente iconos de la cultura rockera. Ella (Suze Rotolo) murió en el 2011. Él fue el Premio Nobel del 2016.

VIDEO SUGERIDO: Bob Dylan – Suze Rotolo, YouTube (21JumpStreetKid)

“PFRANCING”

Lo cuenta el propio Miles Davis: “Lo más importante que me ocurrió en aquella primavera fue que Frances Taylor volviera a entrar en mi vida. Era una mujer maravillosa. Sólo con estar a su lado me sentía feliz. Solté a todas las demás con las que salía y durante aquel periodo me quedé sólo con ella.

“Éramos totalmente compatibles. Era una persona súper. Alta, de un color moreno con un toque de miel, hermosa, la piel lisa y suave, sensible, artista, gentil, elegante. La describo como si fuera perfecta, ¿no? Bueno, casi lo era.

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“Frances y yo empezamos a vivir juntos. Cambié mi Mercedes Benz por un Ferrari blanco convertible que me costó algunos miles de dólares. Así que imagínanos circulando por la ciudad en aquel coche espectacular.

“Cuando ella se bajaba de aquel auto parecía ser toda piernas, porque tenía aquellas piernas largas, espléndidas, y se movía con aquel porte típico de bailarina. Algo excepcional. Cuando vino a vivir conmigo era una estrella, probablemente la principal bailarina negra del mundo.

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“Tendrías que haber visto a toda la gente pararse en seco y mirarla con la boca abierta. ¡Guau, cómo me encantaba aquello! Y yo, me mostraba siempre en público pulcro y elegante como un príncipe. Frances me hizo mucho bien porque me indujo a sentar cabeza y consiguió que me concentrara más aún en mi música.

“La relación con Frances tuvo sobre mí otra influencia importante, aparte de la música. Despertó en mí el interés, primero por el baile y después por el teatro. A principios de 1961 entré al estudio a grabar Someday My Prince Will Come.

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“Fue para este disco cuando exigí a la Columbia Records que utilizara mujeres negras en las fotos que ilustraban las fundas de mis álbumes. Eso me permitió poner a Frances en la portada de aquel disco. O sea, era mi disco y yo era el príncipe de Frances, y ‘Francing’, una de las piezas del mismo, fue escrita para ella”.

VIDEO SUGERIDO: 5 MILES DAVIS – PRANCING, YouTube (EPO JAZZFAN)

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Holly

Especulemos: ¿Qué puede ser de ti si naces en los años ochenta, en el seno de una familia amante del rock clásico, del soul de la Motown, de Stax o de Fame Records? ¿Si creces en California con pinta de Buddy Holly, incluyendo gafas, y tu mundo es totalmente vintage?

Supongo que irías a San Francisco a estudiar música. Que solidificarías tu gusto por el soul y el rhythm and blues de la época dorada, que te pondrías a escribir canciones pensando en los discos de 45 rpm. Y que buscarías formar un grupo con gente afín a ti.

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Pues así lo hizo Nick Waterhouse. Y como buen científico de la música pasó por el experimento y el fracaso hasta encontrar su estilo. Armó un demo y acertó. Entró a grabar un disco con la compañía independiente Innovatie Leisure y acertó. Se lanzó a una gira por Europa. Un rotundo fracaso económico. Pagó el noviciado.

Y lo hizo con todo su dinero, sus ahorros, su coche, etcétera. En la ruina lo acompañó el alcohol, la depresión y el sillón de la sala de unos amigos donde podía dormir, cuando lo hacía. En ese mismo sillón, durante una cena con ellos le presentaron a Holly y se enamoró de inmediato. Acertó.

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Ella le recetó mucha lectura (T.S. Eliot, Hart Crane) y la escucha de George Gershwin. Dejó de lamentarse por las deudas. Vendió una canción para un anuncio de autos. Y volvió a entrar al estudio. Se lo dedicó a ella y la puso en la portada e interiores con fotos de Naj Jamai.

Así, un joven blanco, con voz de blanco, pero alma de sureño negro se afincó en la corriente retro. Esa que anota entre su contingente nombres como JD McPherson, Nathaniel Rateliff & The Night Sweats, James Hunter, St. Paul & The Broken Bones, Charles Bradley, y Eli “Paperboy” Reed, entre otros.

Entonces Nick, con tres discos en su haber se lanzó de nuevo a la carretera,  con Holly y a Europa. Se llevó consigo todo su compendio de sucio y refrescado Rhythm & blues, soul y jazz de los años cincuenta. Y Acertó.

Lo dicho: el amor proporciona el combustible de ilusión a los enamorados, que aunque sean músicos y tremendos narcisistas, son incapaces de soñar mayor felicidad que la de un recuerdo compartido. Una foto expuesta en una portada es una evocación mayor para ellos. Con fibras de eternidad.

VIDEO SUGERIDO: Nick Waterhouse performing “Holly” Live on KCRW, YouTube (KCRW)

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THE CLASH

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL RUGIDO URBANO

En la actualidad el grupo The Clash es un mito y un clásico dentro de la historia del rock. Formado con la llegada del punk y del new wave, tuvo una vida relativamente corta pero larga en aportaciones musicales.

Integrados por Mick Jones (requinto y voz), Paul Simonon (bajo), Joe Strummer (guitarra y voz principal) y una variedad de bateristas entre los que destacan Micky Headon y Terry Chimes, fue una muestra de sólida integridad y de obstinada negativa a ceder pese a las enormes fuerzas contrarias que se le opusieron, incluso a las de su desorganización interna.

Estos ingleses insistieron siempre en hacer las cosas a su manera pese al precio exigido por su falta de conformismo.

De alguna manera se volvieron populares y la lista de sus éxitos se erige como prueba de su espíritu indomable. Por más de un lustro trataron de conservar sus ideas primigenias logrando la aceptación masiva sin mengua fatal.

En medio de todo eso siempre se mostraron capaces de enfrentar las críticas, con declaraciones contradictorias e inconsistentes y permanentemente se negaron a actuar según lo parecían exigir sus propios intereses.

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No obstante, y a pesar de las controversias, Clash produjo una muestra del rock más brillante, absorbente e impositivo de todos los tiempos.

En 1977 editaron su primer disco homónimo. Canciones que explotaron en un frenesí de humor sarcástico. Los temas abordaron desde el desempleo hasta la música underground, el imperialismo y la rebelión.

Al final de aquella década, en las grandes metrópolis, toda una generación explotó, como una fuerza retenida por demasiado tiempo: los punks metieron sus problemas cotidianos en la música. El sonido de la ciudad, un lugar de violencia y energía pura, les sirvió de inspiración.

VIDEO SUGERIDO: The Clash – Brand New Cadillac (Music Video), YouTube (MSMROCKS)

El año 1979 fue definitivo para conocer los avances de Clash en el aspecto musical, tras tres años muy movidos y un par de álbumes exitosos desde su fundación. Lo cual se dio con el lanzamiento del disco London Calling, con Guy Stevens en la producción. Éste tuvo lugar el 14 de diciembre de aquel año.

La primera canción se grabó, sin que Clash lo supiera (pensaban estar calentando motores apenas), fue “Brand New Cadillac”. Con ella mostraron que tenían el derecho a vestirse como verdaderos rockeros. Quizá porque lo eran.

También aparecieron para reforzar el impacto tracks como el que dio nombre al disco, más “Spanish Bombs” y “Lost in the Supermarket”. Se trató de una obra que se puede escuchar siempre con la misma emoción.

Fue un álbum doble en una funda sencilla: Clash se negó a hacerle pagar más caro al público, aunque les resultara contraproducente y la compañía les chillara por ello.

Y luego vinieron las giras por los Estados Unidos: “Pear Harbor 79” y “The Clash in America”. En medio, la publicación del EP The Cost of Living, que lanzó como sencillo un cover de “I Fought the Law”, de The Bobby Fuller Four.

Durante tales tours invitaron a los hombres a quienes les admiraban algo musicalmente: Bo Diddley, Sam and Dave, Lee Dorsey, Screamin’ Jay Hawkins, Vince Taylor… todos se subieron al escenario con (o antes de) ellos. Y así el año se les fue rápido.

Con London Calling, el grupo se instaló en forma definitiva  en la historia de la música. Su adquirida sofisticación en los estudios de grabación no embotó su fuerza en absoluto. Todas las canciones compartieron madurez de visión y consistencia de carácter.

El grupo había partido al rock por la mitad y lo había vuelto sobre sí mismo, expuso sus respuestas fáciles a preguntas tendenciosas y creó la necesidad de enfrentar con atención toda la cultura popular.

Las ideas acerca de cómo llegar de un sitio a otro dentro del rock fueron suspendidas y reacuñadas, a petición del London Calling (un título referencial de la historia británica).

VIDEO SUGERIDO: The Clash – Train in Vain (Live at the Lewisham Odeon), YouTube (theclashVEVO)

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BABEL XXI – 513

Por SERGIO MONSALVO C.

 

BXXI-513 (FOTO)

 

BOB DYLAN 80 / 2

MEJORES DISCOS DEL SIGLO XX

 

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

https://www.babelxxi.com/?p=8017

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ROCK & ROLL LXX

Por SERGIO MONSALVO C.

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 70 AÑOS (50’s/II)

El de 1951, por lo tanto fue un año clave para el devenir de esta música. El dueño de una tienda de discos de Cleveland, Leo Mintzer, se quejó a mediados de año con el disc jockey Alan Freed de que no programaban nada de r&b en su radiodifusora de la que era patrocinador, música que los adolescentes blancos y negros le pedían en su tienda en grandes cantidades. Así que debía hacer algo al respecto. Freed se puso a escuchar el mentado género. Obviamente se volvió fan y decidió incluirlo en la programación.

Fue tal la aceptación y el éxito, que Freed buscó él mismo conducir un programa especial al respecto, con la adición de su particular estilo de locución con el sobrenombre de Moondog: durante la trasmisión de las canciones incluía comentarios locuaces, ruidos y onomatopeyas. Circunstancia de la cual brotó un término singular, extraído de una mezcla de nombres de las canciones (entre ellas una del guitarrista Wild Bill Moore titulada “We’re Gonna Rock, We’re Gonna Roll”).

Se sabe que Freed vociferaba: “¡Hey, hey, hey! Let’s rock and roll”. Así que el 11 de julio de 1951 comenzó el programa Moondog Rock & Roll Party, con tal grito. El r&b, pues, cambió de siglas a r&r y el mundo fue otro.

La disponibilidad comercial del nuevo cuño se limitaba a los esfuerzos de un puñado de empresarios blancos que se ganaba la vida grabando y vendiendo música negra, primero como race music y luego como rhythm and blues. Uno de los más importantes y significativos de aquéllos fue Sam Phillips.

Éste, desarrolló una pasión hacia la música negra que formaba una parte integral de la vida agraria en el Delta y también por la gente que la producía. En 1951 consiguió trabajo como buscador de talentos para sellos independientes y al mismo tiempo los grababa. Como consecuencia lógica se volvió también  disc jockey en Memphis.

No muy lejos de ahí, Jackie Brenston era un saxofonista y cantante de r&b con no mucha fortuna al comienzo de los años cincuenta. Ante la falta de perspectivas, optó por unirse a la banda que lideraba el pianista y guitarrista Ike Turner, The Kings of Rhythm, misma que partiría rumbo a Memphis para intentar ganarse la vida escribiendo canciones, haciendo arreglos y acompañando a intérpretes de rhythm and blues. En una de sus andanzas Sam Phillips le había dado su tarjeta a Ike por si un día decidía pasar por ahí.

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The Kings of Rhythm fundamentaban su sonido en el piano boogie para exponer su dinámico y poderoso r&b. Así fue como se le presentaron a Phillips, quien les sugirió una sesión para grabarlos. Llegaron con un tema titulado “Rocket ‘88”, que era el nombre de un modelo de autos Oldsmobil que estaba en el mercado desde 1949. La letra era una mezcla de jingle con un doble sentido sexual, de referencias fálicas. Estaba cargada de emoción y brío, adelantándose medio compás al ritmo surgido del animado piano de Turner.

La grabación también presentaba una novedad en el riff de la guitarra con un sonido de fuzz, el cual fue reclamado en créditos con toda justicia por Ike Turner. La canción contenía los tres temas que a partir de entonces estarían presentes en muchas otras del género: autos, mujeres y bebida.

Sam Phillips ni tardo ni perezoso le vendió el track a la Chess Records, en donde le acotaron todos los créditos en orden alfabético (de letra y música). Por eso Brenston aparece como el autor, aunque IkeTurner nunca se cansó de repetir que él fue el creador de la composición. Sea cual fuere la verdad quien la haya escrito creó un gran tema, el cual repercutió con mucho éxito en las listas de popularidad de 1951, luego de su lanzamiento por Alan Freed bajo el naciente rubro.

Por esos hechos, para mí,  “Rocket ´88” puede ser considerado el primer rock and roll grabado, divulgado, etiquetado y escuchado como tal.

Las regalías producidas por la pieza brindaron a Sam Phillips el soporte necesario para fundar su propia empresa discográfica al año siguiente: Sun Records. Ésta empezó a funcionar con el fin de grabar y promover dicha música. Fue el amanecer de una nueva era.

Así que mientras Phillips fundaba Sun Records, Alan Freed descubría que su auditorio de adolescentes blancos enloquecía con discos de los negros nunca antes programados como la mencionada “Rocket ‘88´”, que lo haría figurar en la historia de la música popular como padrino del género al bautizarlo y lanzarlo.

El éxito de “Rocket ‘88´” puso a otras compañías pequeñas en alerta y los cóvers no se hicieron esperar. Un grupo de country & western llamado Bill Haley and The Saddlemen hizo la versión blanca del tema con buenos resultados.

El nuevo sonido paulatinamente fue expulsando a las anteriores estrellas de la industria masiva. Esta música lanzada por pequeñas compañías independientes se convirtió en fortísima competencia para los editores y cantantes tradicionales. La llegada del disco de 45 rpm en sustitución del de 78 facilitó todo eso, así como el uso de las jukeboxes o rockolas.

Quienes a principios de los cincuenta entraban a la adolescencia, se hallaban afanosamente dedicados a rechazar los valores por los que se regían sus predecesores. El rock and roll les sirvió para ello, pues no estaban dispuestos a aceptar la música que sus padres aprobaban. Ya tenían estrellas de cine con quienes identificarse: James Dean, el rebelde sin causa, víctima de la incomprensión adulta; y Marlon Brando, el duro motociclista vestido con chamarra de cuero negro y pantalones vaqueros de la película El salvaje.

A mitad de la década, los jóvenes querían una música que les hablara a ellos, que fuera estridente y rítmica, algo que permitiera bailar. Así se encumbraron Chuck Berry, Little Richard, Elvis Presley, Jerry Lee Lewis, etcétera Se buscaba el regocijo transitorio, escapar de la monotonía de la vida cotidiana y de las sombrías perspectivas de un futuro que no ofrecía posibilidades de cambio.

Dentro de la industria discográfica se tomó a la pieza «Rock Around the Clock» como el primer tema de rock & roll en el mundo, cuando obtuvo el primer escaño en las listas del Billboard  en julio de 1955, cuando vendió millones de copias, es decir, en su parte de éxito comercial, no artístico. Con ello quiso borrar de un plumazo todo lo anterior, los antecedentes y raíces, sobre todo las negras. Sin embargo, ahí están los libros y registros para poner en blanco y negro la realidad.

Ajustes de cuentas aparte, en agosto de ese año, el locutor de radio más escuchado por las familias blancas y conservadoras en la Unión Americana, Mitch Miller, dijo a su alarmada audiencia que no se preocupara por el surgimiento de dicha música y, haciéndose eco de lo perorado por el cantante Frank Sinatra, afirmó que el rock & roll habría “desaparecido en seis meses”. Hoy, ese desaparecido, ha cumplido 70 años de una vida más que productiva.

VIDEO SUGERIDO: Bill Haley & His Comets – Rock Around the Clock 4:3 HD, YouTube (morrisjrs1965)

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PULSOR 4X4 – 41

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL BEAT DE LA IDENTIDAD

(1994)

En 1994, Nelson Mandela fue elegido presidente de Sudáfrica.

Michael Jackson pagó millones de dólares a sus demandantes para evitar ir a juicio por presunto abuso sexual hacia menores.

Kenzaburo Oé obtuvo el Premio Nobel de Literatura.

Ese año murieron Derek Jarman, Ayrton Sena y Telly Savalas.

Se estrenaron las películas Forrest Gump, Ed Wood y Balas sobre Broadway.

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En 1994, un particular sujeto llamado Seal, apoyado por el tercer filme de Batman, coloca su música en el gusto del público mayoritario. Seal, artista por cuyas venas corre sangre nigeriana y brasileña, había surgido años antes con un soul muy sofisticado.

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Hasta 1994, la industria musical reconoció el trabajo de los pioneros del grunge denominados Soundgarden. Chris Cornell y sus compañeros lograron el platino varias veces con sus primeros discos. Dos años después se dieron cuenta que era tiempo de separarse y lo hicieron.

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La aparición del grupo Massive Attack fue un acontecimiento por demás emotivo. Fue una muestra representativa del momento en que la humanidad abandonó en un rincón su pedal de distorsión y recibió al trip hop como regalo de su inventiva.

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Dummy de Portishead es un disco contra el que no puede competir ningún otro en esa época. Contiene una serie de canciones melancólicas que mezclan grandes instrumentaciones con sonidos low-fi extraídos de discos de vinil. Este grupo de Bristol amalgamó el sonido electrónico con el jazz sin volverlo un panfleto perecedero.

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Nine Inch Nails se convirtió en el epítome del sonido postindustrial del hardcore y se ganó con ello un lugar en la historia de la música contemporánea. Sus discos se constituyeron a partir de aquí en el punto de partida de las sensaciones más siniestras de la década. Su influencia fue manifiesta lo mismo en David Bowie que en Marilyn Manson.

VIDEO SUGERIDO: Nine Inch Nails – Closer – 8-13-1994-Woodstock 94 (Official), YouTube (NineInchNails on MV)

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PULSOR 4x4 (REMATE)

REZA EL GLOSARIO: RIFF

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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SÍNTESIS DE LA INTENSIDAD

 

Hay unos acordes en la música que son declaraciones claras y sencillas por parte de la personalidad, del poder, de la sensibilidad finalmente, de un grupo o de un músico de forma única.

Son acordes luminosos e intensos que procuran la absoluta sensación de plenitud a quien las emite y en quien las escucha (al mismo tiempo); sensación que ocupa por entero la atención de quien se encuentra con ella.

Da la impresión, o la percepción sensorial, de que tal experiencia colma por completo y da sentido a la propia existencia de la canción. Al cúmulo de todo ello se le llama riff simplemente.

La del rock, como sabemos, es la historia de sus mitos. Y los de sus riffs tienen un especial apartado en su devenir a través de las épocas (su listado es tan grande como subjetivo, tan académico como personal). De alguno de ellos se podría escribir incluso toda una novela, por ejemplo.

He aquí, a continuación, lo que considero el decálogo de tal término musical. Una presencia definitiva y elemental en un género pletórico de ellos como lo es el rock.

UNO. La del riff será una melodía corta y rítmica que se repetirá a lo largo de la pieza. Una primera frase que como lo debe ser en la literatura, en el inicio de las novelas y los cuentos, sobre todo, significará un lance contundente y único, auténtico y original.

En el escritor el medio para conseguirlo serán las palabras escogidas. En el músico las notas seleccionadas.

Un verdadero golpe de Knock Out, en términos boxísticos, para dejar tocado al escucha, el cual de manera completamente inesperada será impactado por la contundencia de tal lance, tan imaginativo como novedoso.

DOS. La frase tiene que ser memorable. Es decir, necesita ser pegajosa en definitiva. Una condensación de melaza musical que se impregne por todo el cuerpo, de la cabeza a los pies,  como un elemento adherente, pegadizo y visceral, cuya creación lleve la más pura (o impura) intención del  disfrute.

Obvio es decir, que si tal intención se cumple, en la memoria del receptor tendrá un nicho particular y eterno.

Históricamente, el término ganó notoriedad y énfasis rítmico hace más de un siglo, y se convirtió en ingrediente fundamental cuando los músicos de Kansas City la introdujeron al swing de las big bands de los años treinta.

TRES. Dicha frase breve y característica será ejecutada como acompañamiento instrumental.

El riff, según los investigadores especializados, es una reminiscencia del blues, de los spirituals, de las work songs (canciones de trabajo) y otras formas musicales en las que la repetición tenía diversas finalidades.

Y si en el comienzo de los tiempos era la voz la encargada de realizarlo, con el paso de los años ha pasado por el cuerpo de toda la dotación orquestal hasta encontrar su lugar pleno en un instrumento en particular. En el rock fue primero el piano, luego el sax y finalmente terminó identificándose con la guitarra eléctrica.

CUATRO. La repetición de la frase debe tener diversas finalidades, tantas como efectos emocionales se busquen despertar.

El riff tiene como primer objetivo la fijación musical única y el propósito de la originalidad. Objetivo y propósito provocarán entonces, fuera de la voluntad de quien lo ejecute, múltiples efectos psicológicos en la mente del escucha.

Su emisión abrirá un horizonte sin fronteras para la selección de las secuelas emotivas: éstas podrán tener la finalidad de reconfortar, apoyar, impulsar, conectar, enfatizar, hacer gozoso o dramatizar, el estado anímico del receptor, según el momento y la oportunidad.

CINCO. Todas sus posibilidades tornarán al riff en un enérgico núcleo de poder. La respuesta inmediata a su emisión le proporcionará al músico que lo ejecute la herramienta, la varita mágica, para convertirse en ese preciso instante en un aprendiz de brujo.

Y éste tendrá la oportunidad de volverlo una oda, una celebración a su existencia o, si falla en el timing, en un vacuo cliché del sinsentido.

Adquirir el poder que aquél tiene para manejar a voluntad a los oyentes, sobre todo al actuar en vivo, debe incluir un compromiso estético irrenunciable, de lo contrario el músico devendrá en despreciable buhonero.

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SEIS. El riff contiene en sí las mismas características de lo llamado clásico. Una de ellas es su añejamiento.

A través de la historia del género rockero se ha confirmado que un riff selecto se volverá cada vez más significativo conforme pase el tiempo, y sea éste y las generaciones que lo conozcan, evoquen y degusten, los que le proporcionen un lugar importante entre sus páginas.

Esta frase musical cobrará un valor añadido cada vez que sea recordada, ejecutada y ovacionada, por oídos, voces y épocas nuevas.

SIETE. La frase o pasaje debe ser interpretada por un solista o una sección del grupo tocando en armonía. Esta acepción es un sinónimo de lick (frase aislada que reaparece como elemento de la interpretación).

Puede ser una creación personal o colectiva. La primera como resultado de una improvisación que reditúe en riff, mientras el instrumentista practique con las cuerdas y deje volar la imaginación. O colectiva, cuando el conglomerado se ponga de acuerdo para construir una pequeña obra de arquitectura sonora, teniendo en mente la proyección de una emoción dada.

OCHO. El riff es como una puerta de entrada para aquellos que aspiran a ser guitarristas, por lo tanto, tal frase debe ser sencilla, y entre más elemental mejor, ya que proporciona una recompensa inmediata.

NUEVE. La frase debe ser interpretada, casi siempre en armonía, con el resto de los músicos haciendo fondo al solista que la traza. Con el transcurrir de la canción tal frase se volverá un fin en sí misma, se erigirá en su propia estética, en su propia idea musical.

DIEZ. Tan importante como todo lo demás es que el riff, su creación, gozosa o dramática, su desarrollo, su puesta en escena, debe contener un relato oral  detrás suyo. Como una forma narrativa de incrementar la mitología del género, que es a fin de cuentas, su historia.

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RIFF (FOTO 3)

 

 

 

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