SIDDHARTHA

Por SERGIO MONSALVO C.

SIDDHARTHA (FOTO 1)

 (HERMANN HESSE)

Fue dos años después de su muerte, en 1962, que el escritor alemán Hermann Hesse alcanzó la divulgación global de su obra (falleció en Montagnola, Suiza, su patria adoptiva). Esta difusión se inició durante la guerra de Vietnam, al convertirse (el autor y sus libros) en un símbolo de identificación para el movimiento juvenil (la contracultura específicamente) que se rebeló contra esa guerra, tanto en los Estados Unidos como en diversas geografías.

Al respecto, Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura, escribió de Hesse que, una vez desaparecido, al autor le sucedió «lo más grande que puede sucederle a un escritor: ser adoptado por los jóvenes rebeldes de medio mundo y convertido en su mentor. Eran los años sesenta, los de la revolución psicodélica, de la sociedad tolerante y la evaporación de los tabúes sexuales, del espiritualismo y la religión pacifista.

“El culto de los jóvenes novísimos por el autor suizo-alemán me intrigó y volví a leerlo –dijo Vargas Llosa–. Era verdad, tenían todo el derecho del mundo a entronizar a Hesse como su precursor y su gurú. Fraguó una fábula contra el pesimismo y la angustia en un mundo que salía de una tragedia y vivía en la inminencia de otra, Hermann Hesse anticipó un retrato con el que iban a identificarse los jóvenes inconformes de la sociedad afluente medio siglo después».

El acicate de Hesse para vivir con autodeterminación (contracultural) y en forma opuesta (contestataria) a la sumisión hacia la autoridad, así como las soluciones ideológicas de corte universal, explican su fuerza de atracción sobre las nuevas generaciones. A la creciente desorientación él contrapuso una imagen global en la que se mezclan tradición y modernidad, ética y estética, de un modo por demás futurista.

A diversos rincones del mundo siguen llegando sus ecos, y con el mismo apelativo de una de sus novelas se han creado grupos de rock y solistas llamados Siddhartha (como su novela de 1922), como reconocimiento al autor de la misma. En España (Asturias) existe Siddhartha  & The Kashmir Band, de rock y balada pop; en los Estados Unidos (Detroit) está el grupo de garage comandado por el cantautor Marlon Hauser, con dos discos en su haber: el homónimo Siddhartha e If It Die; en México (Guadalajara), con el mismo nombre y dos discos instalados en el indie: Why You? y Náufrago y, en las antípodas eslovenas una banda con amplia historia y reconocimiento internacional por su original sonido.

SIDDHARTHA (FOTO 2)

Siddhartha es un grupo de hard rock y gótico de Eslovenia, considerado como el más importante de aquella joven república centroeuropea (formada apenas en 1991, tras deslindarse de la antigua Yugoslavia), codeándose con Laibach y Magnífico.

Se fundó en 1995 bajo el nombre del libro de Hesse. En sus orígenes fue una agrupación standard, con dos guitarras, bajo y batería, pero luego del agregado de un tecladista y un sax obtuvieron un sonido distintivo. Tras varios cambios en su configuración a lo largo del tiempo, los integrantes actuales son Tomi Meglič (guitarra y voz), Primož Benko (guitarra y coros), Jani Hace (bajo), Tomaž O. Rous (teclados), Cene Resnik (sax) y Boštjan Meglič (batería).

El Siddhartha esloveno se mueve bajo la batuta estética de Tomi Meglič, quien es el autor de casi todas las letras del conjunto. Este escritor pertenece, a su vez, a la selecta asociación de poetas eslovenos. El carácter simbolista de su lírica, cuya evolución se puede seguir a través de los discos ID, Nord, Rh, Petrolea, Saga, VI e infinidad de EP’s y remixes, habla de un mundo extraordinario y complejo, oscuro, con tradiciones ancestrales en las que conviven el horror y la lealtad, la traición y la amistad, el amor, la crueldad, el humor negro y la muerte.

Meglič pertenece a esa clase de autores que busca la eficacia del auténtico fabulador. Fiando la mirada a la imaginería de la palabra tanto para describir como para marcar a los sentimientos y personajes que habitan sus canciones.

El alma ubicua de Hesse está presente, pues, también en la obra de esta banda que ha mostrado desde su fundación un gran poder expresivo.

VIDEO SUGERIDO: Siddharta – Ledena (oficial video) – Album Infra, YouTube (Nika Records)

SIDDHARTHA (FOTO 3)

 

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IMAGO: DES-HECHURA

Por SERGIO MONSALVO C.

 (FOTOGRAFÍAS)

DES-HECHURA 2

Des-Hechura 1

 

DES-HECHURA 1

Des-Hechura 2

 

DES-HECHURA 3

Des-Hechura 3

 

 

La palabra escrita distendida

tan larga que parece deshacerse

perder sentido

desaparecer

La palabra siempre es susceptible

de distorsionarse

Eso difículta que un ser humano

entienda por completo al otro

 

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DEE DEE BRIDGEWATER

Por SERGIO MONSALVO C.

DEE DEE (FOTO 1)

 CANTAR PARA VIVIR

Dee Dee Bridgewater nació originalmente con el nombre de Dee Dee Garrett el 27 de mayo de 1950, en Memphis, Tennessee. Su talento se descubrió  muy temprano. Cuando ella tenía un año y medio de edad su padre, un trompetista de jazz, se la llevó de gira con Dinah Washington. La pequeña le cayó muy bien a la diva, quien le vaticinó que algún día llegaría a ser cantante. A la larga el pronóstico resultó cierto, aunque el camino al éxito como tal, del que goza actualmente, no fue nada fácil.

Habla Dee Dee:

“Mi desarrollo musical se inició con el jazz clásico, a pesar de que había nacido en Memphis, la capital del blues. Me encanta el blues y me gusta interpretarlo, sin embargo, mis inicios se dieron en otro terreno. Quizá me habría volcado más hacia ese género si no se hubiera considerado en ese entonces, y creo que ahora es lo mismo, que los negros ya no debíamos hacer eso.

“El blues es una música nacida de la pobreza, del sufrimiento, de los malos tratos. Es una música que no le gusta a la mayoría de los negros, sobre todo de la generación de mis padres y de mis abuelos. Mi madre siempre me suplicó que por favor no cantara el blues. Geográficamente mi familia también se alejó de él pues crecí en una ciudad industrial al norte de los Estados Unidos, en Detroit. Ahí la única inspiración era una fábrica de la General Motors.

“Después de varias presentaciones como parte de un grupo de la Universidad de Illinois, con el que viajé a la Unión Soviética en 1969, obtuve al año siguiente mi primer contrato como cantante profesional. Tenía yo 20 años. No me mantuve mucho tiempo soltera, a los pocos meses me casé con el trompetista Cecil Bridgewater. Ambos entramos entonces a formar parte de la orquesta de Thad Jones y Mel Lewis. Ahí aprendí lecciones decisivas, y me alegra que por lo menos algunas de ellas hayan sido de carácter musical.

“Thad Jones me dijo que siempre debía desarrollar primero la melodía y la canción. ‘En primer lugar se lo debes al compositor –señalaba—; y en segundo, eso le permitirá a tu público ver si eres buena para improvisar o no. Si cantas la melodía y luego improvisas, la gente contará con un punto de partida y podrá comparar’. En su opinión lo peor que se podía hacer era empezar con la improvisación cuando uno canta el jazz. Para él eso destruía la composición.

“De cualquier manera siempre fui una pupila atenta y muy pronto me convertí en la estrella del espectáculo. Al mismo tiempo me fui ganando una reputación como cantante sesionista. Entre otros proyectos participé con Stanley Clarke en su debut como solista. El disco se llamó Forever Dreams. Hice lo propio con Norman Connors y Roy Ayers. De esta forma mis intereses musicales se fueron desarrollando cada vez más hacia la fusión y el soul.

“A mediados de los años setenta, al igual que muchas otras cantantes, me atreví a dar el salto al pop, decisión que hasta entrados los ochenta empañó mi reputación entre el público del jazz. Sin embargo, aún los enemigos más acendrados de lo comercial debieron aceptar las razones que argumenté para hacerlo: No quería ser superestrella, sólo vivir de mi música.

“En los Estados Unidos es bastante difícil mantener a tu familia por medio del jazz. Eso lo viví con mi primer marido, Cecil, quien era un purista del jazz y no aceptaba otro trabajo que no fuera ése. Así que sufrimos muchas penurias porque no podía sostenernos. Por lo tanto, yo tuve que hacerlo: en el día trabajaba de secretaria y de noche cantaba.

“Empecé con lo del pop cuando ya no soporté el trato que me daban Thad y Mel en la orquesta. Con ellos tenía una especie de relación de amor y odio. Entre más se fortalecía mi reputación como cantante menos me dejaban cantar. Se convirtió en una competencia muy desgastante. En el Village Vanguard, donde actuábamos, muchas veces ocurrió que la gente se saliera cuando yo no cantaba.

“Entonces ellos comenzaron con cosas como ésta: ‘Muy bien, tú cantas dos canciones en el primer set y dos en el segundo’. No obstante, pasaba el primer set y argumentaban: ‘Oh, se nos olvidó llamarte por completo’. A la postre me permitían cantar una o dos canciones al final cuando ya no había nadie. Por último empezaron con la estupidez de que Cecil y yo trabajábamos en la banda, y que por lo tanto ganábamos demasiado. Así que me recortaron el sueldo. De repente me encontré dando conciertos por los que no recibía nada o quizá diez dólares o algo por el estilo. De cualquier manera nadie ganó ahí nunca más de 25 dólares.

DEE DEE (FOTO 2)

“En mis giras por Europa llegué a ver que gente como Miles Davis, Dizzy, Max Roach, Sonny Rollins o Dexter Gordon tocaban en los clubes sin ganar nada. No quería pasar mi vida sufriendo, ni ser infeliz o quizá hasta volverme drogadicta. Así que decidí salirme de esa situación. Una vez fuera de la banda lo primero que hice fue teatro.

“El teatro me encanta. En mi infancia muchas veces vi a escondidas las viejas comedias musicales, y soñé alguna vez con bajar de una de esas escalinatas interminables rodeada por cientos de hombres. Hice audición para entrar a The Wiz (una obra hecha totalmente por negros) y después de cuatro intentos me dieron el papel de Linda. Después que obtuve el Premio Tony por esa actuación me ofrecieron contratos para grabar. Acepté la oferta de Jerry Wexler para firmar con Atlantic. Así me pasé del jazz al pop, género en el que también hubo experiencias terribles.

“De hecho, mi debut con Atlantic tuvo muy mala estrella. Las piezas que grabé para este proyecto, con el mismo Wexler como productor, no se editaron. Entre otras razones porque al poco tiempo de su registro Wexler salió de la empresa en no muy buenos términos. Fue mi fin en dicho sello. También en Elektra, mi segunda escala, no tardé en sufrir las grillas internas y otras turbulencias. A pesar de ello por lo menos pude realizar un álbum que aún sigo defendiendo. Lo hice con Stanley Clarke y se tituló Just Family. Fue el único en el que yo misma decidí cómo quería la música. En ese entonces quería dedicarme más al rock. Fue el único de mis discos con Elektra que realmente se convirtió en una declaración musical personal y en el que conté con un productor dispuesto a hacerme caso.

“El segundo acetato lo grabé con George Duke y se llamó Bad For Me. La disquera quería algo más funky. Corrían los tiempos de la música Disco. Me cae bien George Duke y me gusta su música, pero no tenía nada qué ver con lo que yo quería hacer. Tenía ganas de colaborar con los Eagles y con Jackson Browne, con el que pasaba mucho tiempo.

“La música Disco lo invadió todo y yo me harté de eso y de la industria disquera también por otras razones. Me sentía muy amargada y renunciar me pareció lo mejor antes de que empeoraran las cosas. Todo el tiempo recibía ‘invitaciones’. Era joven y me catalogaban como sexy. Me negué a acostarme con el vicepresidente de Atlantic y mi material terminó en la bodega. En Elektra también me negué a acostarme con alguien y el material fue a dar al mismo sitio. Luego me amenazaron con nunca más darme un contrato si hablaba del asunto. Fue lo que sucedió. Me pusieron en la lista negra. Así que decidí dedicarme a otra cosa.

“Comencé a buscar trabajo otra vez en el teatro, pero aparecieron de nueva cuenta los problemas. Según ellos no era lo suficientemente negra, tenía la dicción demasiado clara y no contaba con los rasgos negros típicos que ellos buscaban: labios carnosos, nariz muy grande y unas nalgotas.

“Otros promotores me hicieron la oferta de salir de gira con la obra Sophisticated Lady, lo único que les pregunté fue a dónde iría de gira. Me contestaron que sería por seis meses a Japón y Francia. ‘Vámonos’, fue mi respuesta. En París conocí a algunas personas y una vez que terminó la producción decidí quedarme.

“Durante los años siguientes logré establecerme en Francia como cantante de musicals, y al mismo tiempo fui construyendo una sólida fama como cantante de jazz e intérprete de standards. Aparecí en la obra Lady Day, participé en diversos festivales de jazz europeos y eventualmente armé mi propio grupo.

“Cuando llegué allá llevaba mis propios arreglos. En algún momento pensé: ‘¡Vaya!, nadie está cantando standards. Todos están grabando material original. La tradición vocal va a morir’. Así que decidí quedarme con los temas clásicos y ayudar a conservar esa tradición, la de Ella, la de Sarah. Esta fase la registré en dos discos que fueron muy bien recibidos por la crítica y por el público europeo.

“No obstante, a mí no me gustan mucho esos discos, siento que grito demasiado. Mi voz natural se oye en mis producciones de estudio. Ahí estoy relajada, no hay estrés. Aquellos álbumes los hice con mi productor y mánager de aquel entonces. Su idea del jazz era hacerlo todo en vivo, grabar rápido y gastar lo menos posible en la producción. Yo tenía la ilusión de grabar un álbum de estudio así como los hacen los artistas del pop o del rock, con todo el tiempo y el dinero del mundo para obtener un buen sonido.

“En 1993 por fin pude hacer realidad esa ilusión, dar expresión sonora a mis propias ideas. El disco Keeping Tradition, producido por mí misma, me creó la fama de ‘última diva del jazz’. Desde entonces los standards cobraron auge en todas partes. Yo saqué a la luz un disco titulado Dear Ella, un tributo en tiempo de vida de Ella Fitzgerald. Me parece muy importante honrar a las personas que admiras mientras éstas viven aún. Todo tributo a difuntos me parece espantoso.

“Hoy tengo 70 años. Es una edad en la que estoy dispuesta a defender mi posición en todos los sentidos. Sé que soy una buena cantante, quizá una de las mejores —la modestia no es uno de mis defectos—. No digo que sea LA MEJOR, porque no creo que exista algo así. Pero hago las cosas lo mejor posible y a cambio quiero el apoyo y el reconocimiento que me corresponden. He trabajado duro. Tuve que luchar mucho para llegar a donde estoy. Así que hoy puedo exigir respeto”.

Dee Dee Bridgewater en la actualidad está considerada como la vocalista más importante de su generación. Con un estilo suntuoso y pulido ha conseguido rescatar la tradición del canto jazzístico, en la balada y en los standards. Ha obligado a muchos artistas del género a revisitar los temas clásicos, porque para eso son clásicos: para volver a ellos, retomarlos y enriquecerlos siempre con tratamientos nuevos. Dee Dee lo ha hecho de manera maravillosa.

VIDEO SUGERIDO: Dee Dee Bridgewater – Dear Ella, YouTube (Sidney Nelson)

DEE DEE (FOTO 3)

 

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COMBAT SPORTS

Por SERGIO MONSALVO C.

VACCINES (FOTO 1)

 (THE VACCINES)

Para todos aquellos que tenemos muchos años escuchando rock, no resulta difícil emocionarse, y sentir la amplitud de la sorpresa, cuando un grupo que lo ha practicado desde el comienzo de su carrera y de acuerdo a sus principios elementales, los primigenios: actitud, conocimiento y respeto por las raíces, reitera su compromiso con cada nuevo álbum.

El rock de garage al que en esencia pertenece la banda The Vaccines (que cumple una década de existencia), y que lanzó su esperado y determinante cuarto álbum (Combat Sports, 2018), se distingue de cualquier otra música a causa de una ideología compartida que atraviesa todas sus divisiones internas y evoluciones cronológicas, la misma que conocen los aventureros desde las épocas mitológicas: la del Ulises viajero cuyo destino siempre será volver a sus orígenes.

En el rock de garage que interpretan The Vaccines está el germen de la cadena biológica del rock, el que señala su ADN (con alma incluida).

En la actualidad, el género, está en una de sus crestas pinaculares con nombres como Jet, D4, The Retard, The Horrors, Two Door Cinema Club, The Drums, Mona o Surfer Blood (por mencionar unos cuantos), los cuales deconstruyendo sus sonoridades son modelos del hipermodernismo (por sus variados aderezos sonoros de lo más indie, urbanos, eclécticos, en sus diversas tendencias).

Es importante conocer su cosmogonía, su devenir y sus claves, dada la fuerte influencia que ejercen los hacedores de dicha corriente en la música popular en general.

VIDEO SUGERIDO: The Vaccines – Put It On a T-Shirt – Subtítulos en español, YouTube (pperoni playboy)

The Vaccines desde que enfrentaron al difícil reto del segundo álbum con Come of Age y han conseguido, tras su primer y muy exitoso trabajo, What Did You Expect from the Vaccines? (2011), y el tercero (English Graffiti, 2015) una atención mayor de la que muchas otras bandas podrían aspirar a recibir en toda su carrera.

Ellos tienen fuertes lazos de sangre con el género. Comenzaron su escucha oyendo a los Strokes y la continuaron con la influencia directa de The Horrors, uno de cuyos miembros, Tom, es hermano mayor de Freddie Cowan, guitarrista de la banda. También participan en ella Justin (Hayward) Young, como compositor, cantante y líder; Pete Robertson en la batería y el islandés Árni Hjörvar en bajo.

Con The Horrors mantienen un feroz antagonismo (como todos los buenos hermanos ingleses), mientras que de los primeros, los Strokes, que al inicio del siglo redefinieron el sonido de la década siguiente, Albert Hammond Jr. (su guitarrista) ya les produjo algún material.

The Vaccines inició su andar (en el 2010) con una gran carga: la BBC los predijo como triunfadores en el comienzo mismo de la segunda década. Y los nombró como la gran esperanza musical británica.

Es parte de la tradición inglesa del rock hacer que el mundo se enamore de una banda y luego que ésta acapare la atención de todas las revistas –y blogs especializados en la época contemporánea–. El grupo londinense The Vaccines seguió esos pasos, como lo hicieron en su momento otros fenómenos mediáticos como Arctic Monkeys o Kings of Leon.

Fundado al inicio de la segunda década del siglo XX, el grupo parecía tener prisa en convertirse en una de las bandas más representativas de la presente década. En sus primeros dos años ya habían abierto conciertos tan importantes como la reunión de The Stone Roses y la gira de Arcade Fire; también colocaron su primer disco What Did You Expect From The Vaccines? como uno de los mejores del 2011.

En dicho periodo su cantante Justin Young tuvo que ser sometido a tres operaciones para reparar sus cuerdas vocales y, no obstante, la banda grabó un segundo material, Come of Age, que salió prendiendo lumbre y difundiéndose con la gira mundial del grupo.

El sonido de The Vaccines siguió por la línea trazada por grupos como The Hives o The Strokes, un rock de garage con fuertes influencias de épocas pasadas. Sin embargo, al parecer,  rescata sonidos mucho más clásicos del Rock & Roll original. Y eso les ha sentado de lo mejor desde entonces.

En la actualidad es un quinteto londinense que suena a todo lo mejor y reconocible, desde Phil Spector a The Clash y Vampire Weekend (además de sus recurrentes referencias literarias).

The Vaccins in concer at Motherwell Civic Centre Concert Hall, Scotland

Sus temas son cortos, sencillos, directos y pegajosos. Con una clara evolución en el sonido y un salto de los acordes mínimos a otra fase melódica; con infinidad de ganchos vociferables en cualquier lugar y circunstancia; con la debida lírica épica para entablar alianzas tanto en los estadios como en el bar.

Luego de tres años, entre giras y algunas revueltas internas, el quinteto de West London, regresó al estudio con Combat Sports y la firme iniciativa de no converirse en revivalistas de sí mismos, de hecho, el grupo, se planteó resetearse, comenzar de cero y conquistar de nuevo un lugar en todos los festivales musicales del mundo. Combat Sports, fue el arma para conseguirlo.

Con tres años de ausencia en la música, es muy fácil que el público olvide, especialmente en esta era, donde la fugacidad y la fragmentación son la moneda corriente, y donde la industria musical y sus novedades constantes bombardean la misma vida. Consecuentemente The Vaccines se dieron cuenta de ello, y emitieron el manoseado pero efectivo mensaje: “Nuestro mejor álbum está por llegar”.

Tal aviso prendió las alarmas de la crítica especializada, mucha de ella lo condenó per se como un “un regreso más del montón”, a pesar de todos los himnos generacionales que el quinteto había dado con sus discos anteriores. La pausa parece el gran pecado de actualidad, la reflexión y el tiempo para realizarla resultan contraculturales y sospechosos.

En entrevista con los medios, Justin Young (vocalista y guitarrista) dijo que el nuevo material era un “regreso a sus raíces”, por lo que la generalidad creyó que escucharía piezas semejantes a “If You Wanna” o “Wreckin’ Bar (Ra Ra Ra)”; sin embargo no fue así. Combat Sports es la materialización de aquella explicación de los senderos que se bifurcan, pero no se desentienden.

Es un álbum que se comporta lúdico con el sonido del grupo, pero con matices y sofisticaciones que incluyen diversos subgéneros y coros melódicos, que van desde el rock & roll hasta el powerpop, pasando por el rock de garage medular. Esta combinación no les falla, y sí se agudiza en muchos de sus ángulos.

Tras escuchar reiteradamente los tracks que lo componen, Combat Sports convence, gracias a las composiciones de alta calidad. Se tiene la sensación de que han conseguido canciones redondas, tracks eternos, que revitalizan con su vacuna (post-punk) la sangre del género, y con su buffete de afinidades selectivas. Ahí están para mostrarlo temas como “Put it on a T-Shirt”, “I Cant’t Quit”, “Young American”, “Nightclub” o “Someone to Lose”.

En fin, mientras otros entran al garage a regenerarse, ellos salen del mismo con la frescura de lo aprendido y el omnipresente espíritu salvaje y primitivo, con todas las ganas de divertir(se) portando el emblema de un nuevo título en su haber, en un cambio de ciclo.

VIDEO SUGERIDO: Take It Easy – The Vaccines live in Berlin 26.10.2018, YouTube (Susana Boatto)

VACCINES (FOTO 3)

 

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LAS VOCES Y EL METAL

Por SERGIO MONSALVO C.

LAS VOCES Y EL METAL (FOTO 1)

 (RELATO)

Hoy lo asaltaron. No llevaba gran cosa consigo y por eso le metieron dos balazos.

En el trayecto al hospital los camilleros de la ambulancia le robaron la chamarra y los zapatos, dijeron que así lo encontraron.

Al llegar al hospital entró en estado de coma. Tenía una de las balas alojada en el cuello, imposible de ser sustraída por la inflamación. Se desangró y murió. Todo fue en cuestión de minutos.

Este día también leí en el periódico que capturaron al asesino de un periodista, un policía. Lo hicieron tras cinco años después del hecho. El crimen y la política bajo acepciones comunes. Este mismo día decidí conseguirme una pistola.

Una pistola a la cual tendré que considerar parte de mí y no olvidarla bajo ninguna circunstancia. Cuestión de prioridades: tratar de conservarme vivo.  Llevar la pistola eternamente conmigo, tal como lo hace un conocido, quien la carga hasta cuando va al supermercado o la panadería: «Uno nunca sabe», afirma. Otro motivo para que su mujer lo insulte constantemente. Quizá un día termine usando el arma con ella.

Uno nunca sabe. A lo mejor también tendría que hacer lo que un amigo, a quien sorprendí en la casa de su amante realizando toda clase de ejercicios: pesas, costal, pera…”Preparado para cualquier cosa, para enfrentar a cualquiera de esos animales”. Sin embargo, la pistola es más contundente.

Hasta un tipo como mi vecino trae un arma en la bolsa del saco. Él ‑‑tan recatado, tan temeroso de Dios y de su mujer– me ha mostrado la navaja de 15 cm que salta presta cuando aprieta el botón del mango. «He practicado para cortar la yugular»,  dijo mientras acariciaba el filo.

Lo más probable es que yo no acaricie el arma, ni la ponga sobre una mesa para admirar la culata adornada o el resplandor de su cañón. No. Sólo quiero un arma que funcione, que haga lo que tenga que hacer. Discreta como buena compañía. La conservaré en buen estado y siempre lista para lo que se ofrezca.  Matar o ser el muerto, he ahí el asunto. Apretar el gatillo, sin vacilar.

 

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JAMES BROWN

Por SERGIO MONSALVO C.

JAMES BROWN (FOTO 1)

 LA HERENCIA DEL PADRINO NEGRO

Una de las figuras más destacadas y controvertidas de la música en general, y del soul/funk en particular, fue James Brown (quien nació el 3 de mayo de 1933 en Carolina del Sur). Este artista, que se autodenominó como America’s Soulbrother Nr. 1, The Creator, The Godfather of Soul, Mr. Dynamite y The Minister of the New New Superfunk, fue una encarnación del gran sueño estadounidense.

De lustrador de zapatos a millonario. De paupérrimo lavador de coches, originario del profundo Sur estadounidense, a dueño de estaciones de radio y de televisión, de muchos bienes inmuebles, de una serie de restaurantes de soul food (comida afroamericana), una compañía de producción y una editorial de música. Brown estuvo activo en la música desde principios de los años cincuenta, con más de medio centenar discos (de estudio) en su haber.

Comenzó su carrera con The Three Swanees, una formación de gospel, cuyo nombre luego fue cambiado a The Famous Flames y al estilo del rhythm and blues. En 1956 Brown fue descubierto por Ralph Bass de King Records en Cincinnati, con el que grabó el tema «Please Please Please» para el subsello Federal. La siguiente grabación, «Try Me», al estilo gospel, salió en 1958.

Debido al éxito obtenido, fue contratado por la agencia teatral Universal Attractions. Como resultado de un sinnúmero de dinámicas presentaciones (con todo y varios cambios de vestuario), el cantante se convirtió en el más popular artista de rhythm and blues a principios de los sesenta en los Estados Unidos.

El álbum Live at the Apollo (de 1962), que entretanto se ha vuelto clásico, dio una impresión excelente de cómo eran las presentaciones de Brown en aquellos años. A mediados de esa década, la ruta de Brown sufrió un ligero cambio. King Records lo presionó para grabar música más melodiosa, con todo y cuerdas. Brown no estuvo de acuerdo y como protesta empezó a grabar discos con una música muy rítmica para la Smash Records.

Por la vía legal King Records trató de impedir que Brown grabara para aquélla y al mismo tiempo, contradictoriamente, permitió a Brown plasmar sobre el vinil piezas más progresivas con el director de orquesta Nat Jones, tales como «Papa’s Got a Brand New Bag» y «Ain’t That a Groove». En 1967, Jones fue sustituido por Alfred Ellis y con piezas como «Cold Sweat», «Licking Stick» y «Mother Popcorn» dio inicio el periodo más interesante de Brown en el sentido musical.

Durante este inquieto periodo, en el sentido político, Brown se metió en problemas con los militantes radicales de la causa negra al grabar tanto canciones como «America Is My Home» y «Say It Loud, I’m Black and I’m Proud». Posteriormente volvió a componer sus relaciones con dichas bases y se convirtió en una fuerza impulsora en la lucha por la igualdad de derechos para la población negra de los Estados Unidos.

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En 1971 Brown fue contratado por la compañía Polydor y grabó discos con su grupo permanente denominado Fred Wesley and the JB’s, garantía de un acompañamiento sólido y de ritmos hipnotizadores. Pese a la estandarización y lo predecible de su obra, el street-funk de Brown guardó contacto con los valores más contemporáneos, como lo demuestran claramente los éxitos «Make It Funky» (1971), «Get on the Good Foot» (1972) y «The Payback» (1974). Igualmente, en 1973 se dedicó a grabar soundtracks para películas como Black Caesar y Slaughter’s Big Rip-Off y aceptó un papel en Come to the Table.

Aunque ya no vendía la misma cantidad de acetatos que antes, Brown, después de grabar cientos de sencillos y decenas de discos (entre los que figuran muchos con ventas millonarias), aún era una gran atracción en vivo y debía considerársele una de las figuras más influyentes del soul y el gran maestro del funk.

El maxi Unity, un dueto con Afrika Bambaataa, lo introdujo a la escena del rap y del hip-hop en 1984. Su obra temprana grabada con el sello King fue editada de nueva cuenta y con las fundas originales por Polydor en 1983.

Entre las muchas antologías de Brown, algunas de ellas algo confusas, como Roots of a Revolution (1983), un álbum doble con hits del periodo 1956-1964, y Solid Gold (1976), así como los excelentes discos James Brown (1985) y J.B. II (1987), constituyen buenas selecciones de sus éxitos del periodo 1956-1976.

Después de mucho tiempo «Living in America», del álbum homónimo (1990), producido por Dan Hartman para la película Rocky IV, lo volvió a colocar en el primer plano y James Brown se dedicó a escribir una autobiografía franca, The Godfather of Soul (1987).

Por otro lado, Brown se había convertido en el artista más «sampleado» del mundo. Un sinnúmero de grupos de hip-hop usaban pedazos del viejo James Brown en sus discos (y lo siguen haciendo). También su obra más desconocida, Motherlode (1988), así como sus producciones para artistas participantes en su Revue (Maceo Parker, Fred Wesley, Lyn Collins, Bobby Byrd), de repente se volvieron muy solicitados entre los DJ’s del hip-hop y del house, bajo la categoría de «rare grooves».

Brown empezó a consumir drogas (PCP o bien angeldust) y fue detenido en varias ocasiones por posesión ilegal de armas, tentativa de homicidio y maltrato (de su tercera esposa Adrienne). Finalmente fue condenado a seis años de cárcel en diciembre de 1988.

En los noventa fue liberado de la State Park Correctional Facility por buena conducta, volvió a presentarse en público y lanzó Love Over-Due (1991), un intento por volver al funk y al rhythm and blues que lo había caracterizado.

Todas aquellas maldades que se han contado sobre él están plenamente sustentadas en la realidad de los hechos: fraudulento con los músicos, el maltrato a sus mujeres, la opacidad en los negocios. Sin embargo, aún con todo ese bagaje, ocupó el lugar más importante de la música afroamericana durante casi toda la segunda mitad del siglo XX.

Actualmente, está considerado por historiadores, estudiosos expertos, periodistas y críticos como una de las cinco figuras clave de todos los tiempos, cuya obra determinó el curso de la música durante décadas. Una carrera musical extraordinaria, al margen de la vida de una persona que no lo fue tanto.

Tras su muerte (25 de diciembre del 2006) aparecieron infinidad de biografías con calificaciones ambivalentes. Entre las más informadas está la de Cynthia Rose, Living in America: The Soul Saga of James Brown, y entre las recopilaciones musicales que se han hecho, destaca sobremanera Startime (1991), una caja bien documentada y seleccionada de cuatro discos compactos, quizá la mejor compilación de este artista hasta la fecha, tanto como para haber entrado en el canon rockero más selecto.

VIDEO SUGERIDO: James Brown – I Got You (I Feel Good) – Live At The L’Olympia, Paris (1966), YouTube (James Brown)

JAMES BROWN (FOTO 3)

 

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CINE Y PUBLICIDAD

Por SERGIO MONSALVO C.

CINE Y PUBLICIDAD (FOTO 1)

 ¿HONORABLE BINOMIO?

En los años noventa la compañía Nike puso el ejemplo. La agencia de publicidad estadounidense Wieden y Kennedy fue la responsable del aquel golpe: contrataron los servicios de connotados directores de cine como Bob Giraldi, David Fincher y del disidente underground Spike Lee, del que recientemente había aparecido la cinta Do the Right Thing.

Al igual que en sus películas, Lee apareció en los ocho comerciales para la compañía Nike filmados por él mismo. En ellos, Lee personifica a un aficionado incondicional de Michael Jordan, un ídolo del basquetbol estadounidense. La idea fue tomada de la película del propio Lee, She’s Gotta Have It (con la que debutaba en 1986), en la que él idolatraba al deportista, que entre sus particularidades tenía la de usar los tenis de la Nike. Ahí fue cuando esta compañía puso sus ojos en él para incluirlo en su nómina.

«El Show de Spikey Nike», como se bautizó a la campaña, es sólo uno de los ejemplos más evidentes del contubernio que se ha dado entre arte y comercio. También es un ejemplo de cómo la publicidad, desde entonces, se ha ido apoderando de todo de manera implacable.

Desde que Federico Fellini filmó hace años un anuncio para la Campari y publicistas de oficio como Alan Parker se convirtieron en eminentes cineastas, muchos de sus colegas perdieron el temor a dicho acercamiento. Actualmente, cuando se les pregunta a los directores de cine por qué realizan comerciales, la respuesta siempre es la misma: por dinero.

Los costos de un anuncio que promedia 30 segundos son inconcebiblemente exagerados al comparárseles con el presupuesto de una película de largometraje.  Todo lo que sueñan los directores en presupuesto al hacer cine está dado en los comerciales. Incluso el propio Steven Spielberg ha tenido que aceptar los beneficios de dicho medio.

Los publicistas disponen de tiempo y dinero para cada comercial. Sin embargo, las agencias de publicidad ya no se limitan sólo al spot, se encargan también de lo que gira alrededor de ello. McDonald’s, por ejemplo, patrocina noticieros cinematográficos en Europa; la Pepsi participa en el financiamiento de noticieros musicales y a cambio se les permite incluir en ellos sus comerciales.

De esta manera, una parte de las decenas de miles de millones de dólares que todos los años se gastan en publicidad transmitida por televisión en todo el mundo, pasa por el cerrado círculo de las cuentas de las agencias. En la televisión, la industria refresquera ejerce un poder cada vez mayor. ¿El cine ha podido eximirse de ello?

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El cineasta alemán Wim Wenders no tenía dinero suficiente para la producción de la cinta To the End of the World.  Anduvo de puerta en puerta hasta que al fin lo obtuvo. Al poco tiempo de iniciarse la filmación, la agencia de publicidad japonesa Dentsu se jactó de haber financiado el proyecto con 20 millones de dólares como vehículo para la colocación de productos. El director nunca lo negó. Dentsu tenía como cliente a la Sony y ésta era la dueña de la Tri‑Star Productions de la Columbia, o sea, Hollywood.

Con ello Sony perseguía una meta: producir un software (películas, en este caso), que despertara en el espectador-consumidor el deseo de adquirir su hardware (aparatos de sonido, cámaras de cine y TV, etcétera). Por su parte, la JVC, el mayor rival de la Sony y dueña de la patente del VHS, produjo la cinta Mystery Train de Jim Jarmush, como otra muestra al respecto.

No obstante, los ánimos se han endurecido desde aquella época, y la película de Wenders (Hasta el fin del mundo, en su traducción al español) hoy se ve totalmente ingenua en este sentido. Blade Runner, si bien se recuerda, estuvo salpicada con anuncios neón de Atari y Pan Am. Pero eso era en el campo del cine de arte.

En el otro extremo, en el cine chatarra, se llegó al colmo en la misma época y, cómo no, por ahí se coló todo el material de la estulticia fílmica: Harley Davidson and the Marlboro Man (La justicia tiene su precio, en su título al español, de 1991), además de rebosar lugares comunes, pareció ser el caso más descarado de exhibición de productos que se había conocido hasta esa fecha.

Lo más cínico del asunto fue que las compañías Harley Davidson y la Phillip Morris, fabricante de los cigarros Marlboro, aseguraron en los carteles que anunciaban la película que ninguna de las dos había patrocinado ni recomendado la cinta. En ella Mickey Rourke y Don Johnson fueron los protagonistas del filme en el que acababan con todo el que los mirara feo.

No era un argumento inteligente ni original, pero sí garantizó la diversión basura, la más vacía. Como se han dado las cosas dentro de la industria cinematográfica de fin y principio de siglo, el asunto ha adquirido niveles alevosos. Pero el público ha seguido pagando su boleto sin chistar.

VIDEO SUGERIDO: Harley Davidson und der Marlboro Man, 1991, Anfangszene, Deutsch, YouTube (Günther Hösele)

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BAUHAUS

Por SERGIO MONSALVO C.

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 CONSTRUCCIÓN DE LA IMAGEN

El año de 1919 fue significativo para los alemanes (y, por sus aportaciones, para el mundo en general). En primer lugar se instauró la República de Weimar, se fundó el Partido Comunista de Alemania y fue inaugurada la escuela Bauhaus.

La reconstrucción del país tras la derrota en la Primera Guerra Mundial comenzó con dicha República, que lanzó la constitución en la que se organizaba al país como una República Federal de 15 estados. Su promisorio proyecto político tuvo desde el inicio infinidad de obstáculos que sólo le permitieron una vida muy corta (1933).

Entre tales circunstancias se encontraba la fundación del Partido Comunista. Sus peticiones inmediatas eran desarmar a la policía, a los oficiales y soldados no proletarios, formar una guardia roja, crear un tribunal revolucionario, establecer la jornada de trabajo de seis horas, anular las deudas del Estado y confiscar todo capital «con férrea decisión».

Es decir, la reforma completa del Estado y la transformación total de los elementos económicos y sociales del pueblo alemán. Todo ello bajo el modelo del Partido Comunista Soviético, que tenía influencia preponderante en el territorio germano.

Obviamente el asunto provocó la enconada enemistad de todos los que poseían alguna propiedad, de la burguesía, del ejército, del ambiente universitario, y el cauteloso distanciamiento de funcionarios y líderes que no creían que la destrucción del orden en un Estado industrial sumamente complejo, por fuerza diera como resultado otro orden mejor.

En el ambiente de la derrota de la posguerra se generó una revolución socialista que a su vez creó una contrarrevolución. A ello se sumaría con el tiempo el creciente desempleo, la incontrolable inflación, las deudas de guerra y la mala disposición de los países aliados que los habían derrotado. Paradójicamente, a la par de todo este caos sociopolítico y económico, surgió la escuela Bauhaus, con una novedosa propuesta estética producto de diversas corrientes artísticas, que con el tiempo trascendería a nivel internacional.

La Bauhaus fue una escuela de arte que se creó en la región de Weimar, la cual era desde el siglo XIX el principal centro intelectual gracias a la labor de Goethe y Schiller. El nombre aludía a la tradición medieval de la corporación de artesanos (Bauhütte). El arte, la artesanía, la teoría y la práctica se unían según sus lineamientos en una creación conjunta cuyo objetivo era la obra de arte total: la construcción.

Para ello los artistas tenían que valerse de las técnicas contemporáneas y transferir las antiguas virtudes a las condiciones de la era industrial. La escuela estaba comprometida con la idea de correspondencia de la forma y la función, la utilidad de los productos se convirtió en el concepto dominante y la producción industrial en el objetivo del trabajo de diseño. De tal correspondencia debía surgir el «arte industrial».

La Bauhaus se creó de acuerdo a los manifiestos y bajo la dirección de Walter Gropius, quien hizo de ella el centro docente más influyente de arquitectura, diseño y enseñanza del arte del siglo XX, pues en ella se formaron e instruyeron una gran parte de los artistas modernos más importantes (J. P. Oudt, Bruno Tout, Le Corbusier, Martin Wagner, Mies van der Rohe, Meier, Feininger, Klee, Kandinsky, Schlemmer, Macks, Moholi-Nagy, Mondrian, entre otros).

De aquellos talleres abandonados de lo que fue la Escuela de Artes y Artesanías creada por Van der Velde en 1901, Gropius a invitación del Gran Duque de Sajonia-Weimar construyó la piedra angular en el desarrollo del diseño, pues de la Bauhaus surgió un método creativo aplicable a la producción industrial.

En su curso básico se trabajó con materiales, formas, estructuras y colores, en un ambiente de experimentación renacentista dictado por las tendencias educativas más adelantadas de ese tiempo, las de María Montessori y John Dewey: educación activa, aprendizaje en el trabajo, observación de la naturaleza y respeto a la personalidad del alumno.

A la Bauhaus concurrieron las tendencias más significativas de la plástica: el expresionismo, el cubismo, el constructivismo y el De Stijl. Gropius mantuvo a la escuela apartada de la actividad política, del constructivismo ruso sólo tomó el aspecto de la experimentación artística, pero no la participación activa en la transformación de la realidad social.

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Su compromiso más fuerte lo estableció con la industria, que debía adquirir los proyectos salidos de la escuela. (Los prototipos para ser procesados que han permanecido en el mercado son, por ejemplo: los muebles estandarizados de Marcel Breuer y las sillas de Mies van der Rohe, el estilo popular de las construcciones de interés social.) Aunque Gropius se opuso sistemáticamente a la adopción de un estilo en particular, por sí misma la escuela produjo el suyo: de formas geométricas regulares, ángulos rectos y colores primarios.

La situación política, el ambiente de guerra civil y la violencia partidaria afectaron la vida de la Bauhaus. En 1925, la derecha, que había adquirido poder, transfirió la escuela a Dessau. Gropius dejó la dirección en 1928 por las presiones y el cargo recayó en Hanes Meyer, quien le dio un marcado carácter político. Fue expulsado por las autoridades civiles y Mies van der Rohe se encargó de la dirección.

La escuela se trasladó a Berlín y ahí permaneció hasta su cierre definitivo (junto con la caída de la República de Weimar) en 1933 por las fuerzas nazis, quienes veían en ella la personificación de lo que llamaran «el diabólico bolchevismo cultural». Frenaron toda modernidad, expulsaron a los profesores, algunos se exiliaron en los Estados Unidos donde continuaron su labor en el Instituto de Diseño de Chicago.

Entre las muchas influencias que dejó la escuela Bauhaus para el futuro cultural del mundo, estuvo el de fungir como incentivo, inspiración y detonante estético para la creación de las portadas de discos para diversos géneros de la música: la clásica, el jazz y el rock. Un arte que ha recibido el reconocimiento como tal y que lleva más de medio siglo propiciando el placer sensual, colectivo e individual, pero no sólo.

Ese pequeño espacio, con su plataforma de cartón o papel, además del placer que provoca su contemplación ha servido como manifiesto y como cartel donde el artista de la música hace el anuncio de su producción, de su declaración de intenciones, de su ser y estar en el mundo en esos momentos. Para finalmente convertirse todo en un objeto de tentación, posesión e identificación.

La portada del álbum y su consecuencia colocan los gestos del artista (la construcción de su imagen) en la memoria de quien los posee y registra con ellos experiencias, tanto de carácter físico como psíquico, a nivel individual o colectivo. El estilo Bauhaus ha sido retomado en el tiempo en diferentes épocas en dicho campo, y es en el rock donde su influencia ha cobrado mayor relevancia.

Una lista con los nombres de quienes lo han utilizado para sus portadas es tan largo como sorprendente por sus expresiones. Quizá el ejemplo mayor de ello sea el grupo que lleva por nombre el del estilo mismo: Bauhaus (pionero del rock gótico y del post punk), que en cada uno de sus trabajos puso énfasis en la imagen de sus carátulas, posters, videos y demás grafía.

El escucha interesado debe saber que prácticamente no hay un grupo de rock de primera línea que no haya hecho uso de tal estilo: Joy Division, Siouxie & The Banshees, Iggy Pop, Velvet Underground, Led Zeppelin, Sonic Youth, The Smiths, Tom Waits, Clash, Queen, Suede, Marilyn Manson, Radiohead, Raveonettes, Cramps, Bauhaus, Tool, Metallica, Patti Smith, et al.

De este modo, la azarosa especialidad de la estética discográfica continúa hasta nuestros días y consiste en la captura, por medio del diseño, de las imágenes propiciadas por los artistas del rock. Mucho tiempo ha transcurrido desde esos tiempos heroicos de la fundación de la Bauhaus (un siglo) y, gracias a su creatividad, la relación entre la imagen y el rock se ha sofisticado.

VIDEO SUGERIDO: Bauhaus – She’s In Parties, YouTube (The Arkive)

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BIBLIOGRAFÍA: MITOLOGÍA DEL ROCK / I

Por SERGIO MONSALVO C.

MITOLOGÍA DEL ROCK I (PORTADA)

 (LAS CUATRO COLUMNAS DE ÉBANO)*

La historia del rock son sus mitos, y los de Fats Domino, Bo Diddley, Chuck Berry y Little Richard, son Las Cuatro Columnas de Ébano, los mitos fundamentales. Los que hablan de la ontología del género y de su negritud. De la conexión a las raíces negras de la música, al origen primitivo que permitía la expresión más honesta de los propios sentimientos (en himnos seculares primarios y paganos).

Hablar de estos cuatro personajes es realizar el viaje a las semillas del género, de donde éste brotó gloriosamente. Dichos cuatro jinetes se convirtieron en adalides de una nueva avanzada que descubrió que, así como la vida misma, el rock & roll representaba la intuición, el riesgo, la voluntad y la actitud.

Su punto de partida a la hora de escribir las letras y hacer la música respondió a las preguntas humanas de siempre: el amor, la soledad, la fragilidad, los desencuentros, la necesidad de ser amado, de la diversión, y lo hicieron con humor. Por eso su música es la memoria de la especie y recordarlos es mantener encendida la solidaridad histórica con ella.

Ellos son la muestra de lo que debe existir en el rock, un género diferente desde su nacimiento, que no buscaba responder a los parámetros convencionales de la época, sino que brotó de la necesidad de reconocerse en el origen, en el beat (latido) de la actitud auténtica; la del Homo sapiens rocanrolero que buscó anticipar el futuro en nombre de la supervivencia y sustentó en el ADN del blues el fulgor de su identidad, un romance sabedor de que origen es destino.

 

 *Introducción al texto Mitología del Rock I (Las Cuatro Columnas de Ébano), de la Editorial Doble A, publicado de manera seriada a través del blog Con los audífonos puestos.

 

 VIDEO SUGERIDO: Bruce Springsteen & Chuck Berry – Johnny B. Goode (Live 1995), YouTube (Maria Ramalho)

 

 

MITOLOGÍA DEL ROCK (I)

(Las Cuatro Columnas de Ébano)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Textos”

The Netherlands, 2020

 

CONTENIDO

CHUCK BERRY

Un Rockero de 90 Años

 FATS DOMINO

La Ínsula Primordial

 BO DIDDLEY

El Jungle Beat

LITTLE RICHARD

El Arquitecto Bizarro

 

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