BIRD: EL BIOPIC FALLIDO

Por SERGIO MONSALVO C.

 

BIRD (FOTO 1)

 

La película Bird (1988), dirigida por Clint Eastwood, nos dice que la obra de Charlie Parker era grande, pero no explica nunca los criterios por los cuales se mide la grandeza en el jazz, o la de Parker en particular: Tales criterios son la sonoridad y el espíritu, el binomio indiscutible.

Cuando la gente ve la película escucha también la música. Con el soundtrack de Bird, Clint Eastwood y Lennie Niehaus –sus realizadores– debieron haber pensado que su única opción era la de «corregir» las grabaciones de Parker (la carrera del músico se desarrolló antes de darse los avances tecnológicos en los que los consumidores de discos y de cine insisten hoy en día).

Quizá hubiera sido más fácil contratar a un saxofonista que tocara por Forest Whitaker, pero tal procedimiento hubiera ido en contra de la intención fundamental: convencer a los públicos contemporáneos del impacto revolucionario que inicialmente tuvo un estilo jazzístico que ha representado el statu quo desde hace casi ocho décadas.

Ninguno de los saxofonistas que actualmente tocan con el estilo de Parker hubiera sido capaz de igualar su virtuosismo en el instrumento, su imaginación armónica y resonancia tonal. El problema insuperable hubiera sido el de encontrar a un saxofonista capaz de tocar como Parker sin causar la impresión de estar reciclando tonadas de los años cuarenta.

Con todo, un sustituto de Parker hubiera sido preferible a lo que Eastwood y Niehaus produjeron al alterar la música de Parker, en el intento descaminado de revivirla. Sólo logran darle un sonido más fantasmal, a causa de la baja evidente en la calidad de grabación cada vez que comienza una improvisación (cabe admitir que esta falla es más obvia en el disco que en el cine, donde el ojo tiende a distraer al oído).

El término «solo», utilizado con frecuencia para describir una improvisación de jazz con acompañamiento rítmico, resulta engañoso al insinuar que es posible aislar una improvisación del entorno en el que se desarrolla, sin entender que esas notas se acoplaban al tempo y al contexto móvil de un grupo.

Al eliminar de las grabaciones de Parker en el soundtrack a acompañantes como Miles Davis y Max Roach, la cinta borró la historia. Por mucho que Parker se haya adelantado a todos sus colegas salvo los mejores, el bebop constituía un movimiento en forma en el que los seguidores desempeñaban un papel tan significativo como el de los líderes.

La presión que los acompañantes de Parker debieron experimentar en el intento de mantenerse a la par tuvo significado en la emoción palpable de sus grabaciones. Es de comprender que Parker y sus «nuevos» acompañantes (para la banda sonora de la película) nunca logren un entendimiento comparable con aquél. ¿Cómo lo iban a lograr si 40 años mediaron entre sus respectivas sesiones en el estudio? Era imposible que esta empresa diera resultados satisfactorios, pero la elección aparentemente arbitraria de los músicos selló su suerte.

BIRD (FOTO 2)

John Guerin, un nombre común en los estudios de grabación de California cuya batería acompaña a Parker a veces en forma rutinaria y luego de manera dominante, no tenía por qué reemplazar a Max Roach. Al contrario de Guerin, el pianista Monty Alexander es muy consistente; siempre sudoroso, agitado y lleno de clichés, proporciona una acentuación rítmica demasiado enfática a las líneas de Parker.

Incluso cuando el acompañamiento proviene de músicos más o menos en la misma onda de Parker (incluyendo a los pianistas Walter Davis, Jr., y Barry Harris), el resultado es totalmente anacrónico, puesto que estos boperos actuales tocan con un estilo algo anticuado que Parker aún estaba en proceso de definir. El filme tiene la técnica Dolby y digital de su lado, pero Parker es el que comunica la sensación de riesgo, pese a su sonido borroso.

En sus apuntes para el cuadernillo del soundtrack, el crítico y fotógrafo Leonard Feather aportó un ejemplo clásico de lógica alrevesada al afirmar que el álbum le dio a Parker la oportunidad de tocar «al lado de hombres cuya compañía y su muerte prematura no le permitió disfrutar». Creo que el placer fue exclusivamente para los músicos modernos, y Feather –amigo personal de Parker y uno de sus primeros defensores– debió ser el primero en admitirlo.

«Si [Parker] estuviera entre nosotros en la actualidad, indudablemente querría sonar así», escribió Feather. Si Charlie Parker, que nació en 1920 y murió en 1955, hubiera estado vivo en 1988, fecha de estreno de la película, contaría con 68 años. Suponer que uno sabe más que eso es en definitiva una arrogante necedad que va a molestar y mucho a Feather en su tumba por toda la eternidad.

Si eso pasó con la sonoridad, lo biográfico también sufrió. Y no en cuanto a anécdotas, sino en lo que se refiere al espíritu de la música que Parker personificó. El bebop creó un lenguaje hablado y musical, un estilo generacional y una estética grupal para la que nunca hay referencia. Como la generalidad de los biopics musicales, éstos sólo se enfocan en el lado oscuro del biografiado y nunca en sus luminosidades, que es por lo que se le aprecia y recuerda. Para el arte que crearon no hay un qué ni un cómo. Jamás se explica ni reflexiona sobre la genialidad.

A los veinte años Charlie ya era un maestro absoluto de su instrumento, el sax alto; conocía perfectamente la armonía, que había estudiado por su cuenta, y era dueño y señor de una sonoridad potente, elaborada y definida: su propia voz, a través de la cual expresaría su visión del mundo y nos ayudaría a comprenderlo un poco más. Era un artista.

En la cinta siempre sale deprimido, exhausto, iracundo, cuando en realidad no lo era. Vivía para el momento, Aquí y ahora: era un hedonista consumado y no se preocupaba por futuro alguno, sentimiento existencial heredado de la situación de guerra y posguerra que experimentó aquella generación.

A Charlie le gustaba comer, le gustaba beber, le gustaban las mujeres, los excesos en todo ello y en la droga, y lo disfrutaba sin culpa alguna. No era el aprehensivo que Eastwood reflejó en la pantalla. Una lástima que personaje semejante se le haya escapado a un buen director, que también es músico y gran degustador del jazz. La mano en la producción y colaboración de la viuda de Charlie en el guión tuvo mucho que ver en ello.

BIRD (FOTO 3)

Exlibris 3 - kopie

MIS ROCKEROS MUERTOS (ENERO-MARZO 2022)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

ENERO-MARZO 22-FOTO 1

 

Las cosas eran muy distintas en los sesenta a como son ahora, diría Perogrullo. A veces parece que no hace tanto tiempo, pero lo fue. El rock abrazó con toda su fuerza en aquella época. Hubo luz y ganas siempre de emprender el viaje por la ruta de la vida con nuevas opciones, todo dependía de los jóvenes. Eran los conductores del periplo.

Unos rockeros señalaban el camino a otros y esos otros a otros, y así sucesivamente. Unos a otros. En ese camino aparecieron tempranamente las girly groups (con las Ronettes a la cabeza) y al final de la década quedó el Festival de Woodstock como testimonio de lo acaecido. Fue una ruta tan larga, y tan llena de cosas, que aún no le vemos el fin culturalmente. Tal vez, porque no lo tiene.

Sin embargo, para las personas sí lo hubo, como aquellos que representaron aquellas cosas. En el trimestre pasado, lamentablemente, me tocó poner varios discos para recordar y despedir a algunos de ellos. Pero también para reflexionar sobre su papel en la vida de muchos.

Ellos nos acompañaron en el camino y los ecos de su accionar, musical y social, nos siguen dando aliento, para sentir que respiramos en compañía. Es una nueva vida tras la muerte. El rock es ese árbol que descansa y crece sobre la misma tierra que acoge en sus raíces a los artistas que nos hicieron emocionar con su música y con su amor por ella.

ENERO-MARZO 22 (FOTO 2)

MICHAEL LANG

Michael Lang (nacido en Brooklyn en 1944), fue uno de esos personajes que mostraron su amor por la música. Fue un promotor de conciertos (además de representante de artistas), que en 1969 fijó un hito cultural para siempre. En aquel año, había ya demasiado contexto musical y social, demasiada ebullición alrededor como para no hacer nada. Así que con otros tres tipos tan insatisfechos como perspicaces, Artie Kornfeld, Joel Rosenman y John Roberts, acabaron armando un festejo que pasaría a la historia.

Esos cuatro promotores, de poco más de 20 años cada uno, concibieron originalmente el festival de Woodstock como «Tres días de amor, paz y música» al aire libre. Lo que hicieron fue fundar, por un fin de semana (del 15 al 17 de agosto de 1969), la tercera ciudad más populosa del estado de Nueva York. Pero también crearon, sin saberlo, una leyenda para toda la vida, que no se repetiría jamás (a pesar de los reiterados intentos de años después).

Lang y los otros tres promotores habían planeado un festival de rock que se realizaría durante tres días en un alfalfar alquilado de 600 acres al granjero Max Yasgur (fallecido en 1973), en donde recibirían a 60 mil espectadores que pagarían 18 dólares por asistir. Woodstock se encontraba en el bucólico pueblecito de Bethel, a unos 130 kilómetros de Nueva York. Contra todo lo previsto, al lugar llegaron procedentes de todas partes más de medio millón de jóvenes, cuyas edades iban de los 16 a los 30 años, atraídos por el rock, el espíritu de aventura y de hermandad generacional. Lo demás es historia pura.

Michael Lang falleció en Nueva York el sábado 8 de enero, a los 77 años, víctima de un linfoma. Su nombre estará indisolublemente unido a aquel legendario festival.

ENERO-MARZO 22 (FOTO 3)

RONNIE SPECTOR

Los miércoles tienen algo de cenizos. Y éste aún más, ese día (12 de enero) murió Ronnie Spector, la voz que te tomaba de la mano, abrazaba y hablaba al oído, que te acompañaba para arropar tus ansias y temores primigenios; la muchacha que te estremecía el cuerpo con sus movimientos y coreografías; la que sedujo con su talento y carisma a los Beatles (Harrison escribió una canción para ella), a los Rolling Stones (Richards hasta se apuntó en un riesgoso  affair), a Bruce Springsteen (que le prestó a la E Street para acompañarla en una grabación), y así a muchos otros.

Ella nació en 1943 como Veronica Bennett en Nueva York. A los 16 años comenzó a actuar al lado de su hermana Estelle, y de su prima, Nedra Talley, antes de terminar la prepartoria con el trío The Dolly Sisters. Había crecido en el Spanish Harlem, un ríspido barrio en el que tuvieron acceso a la exuberante estética y soltura de las puertorriqueñas y a la escucha de exponentes del doo-wop como Frankie Lymon & The Teenagers, lo cual inspiró a cantar a Ronnie, como le decían sus cercanos.

Cuatro años más tarde, ya como The Ronnettes, se convirtieron en el gran acontecimiento musical que lideró el movimiento de las girly groups al comienzo de los años sesenta. Ellas eran diferentes. Ronnie era diferente. Con su estilo ligeramente rasposo y sexy modificó, aunado al coro, el sonido de la época.

Para afinarlo, perfilarlo y conducirlo estuvo Phil Spector (en ambas caras de la moneda: la luminosa –musical–y la muy oscura –matrimonial). Spector les proporcionó y produjo “Be My Baby”, un tema suyo y de Ellie Greenwich y Jeff Barry (quizá la balada más bonita del rock), cuya base instrumental contaba con su sistema Wall of Sound en pleno. Las Ronettes sumaron las voces, y la combinación resultó un fenómeno estético.

No fue la única pieza: seguiría la cosecha con “Baby I Love You” y con “Walking in the Rain”, etcétera. Muestras que definieron el pop más sofisticado. Su obra, marcada por la exuberancia orquestal y el dramatismo sentimental, señaló un antes y un después en la música popular. Envolvía al escucha como en un sueño. De todo ello Ronnie fue la estrella.

ENERO-MARZO 22 (FOTO 4)

MEAT LOAF

Met Loaf (Marvin Lee Day, su verdadero nombre) fue uno de esos personajes que le aportaron originalidad al género rockero. Nació el 27 de septiembre de 1947 en Nueva York. Durante su vida se desarrolló como compositor, productor y cantante.

Con esto último realizó uno de los mayores discos clásicos de la historia del rock: Bat Out of Hell. Para empezar a hablar de tal grabación hay que contextualizar su aparición y la importancia que merece al haberlo hecho entre un buen número de álbumes importantes. El año fue 1977. Y, entre muchas más noticias, destacó por la muerte de Elvis Presley y de tres miembros del grupo Lynyrd Skynyrd en un accidente de avión, así como por la explosión del punk en Reino Unido.

Asimismo, la lista de las obras publicadas ese año estuvo conformada por los siguientes títulos: Talking Heads 77 (debut de los Talking Heads), The Clash (The Clash), Lust for Life (Iggy Pop), Marquee Moon (Television), Heroes (David Bowie), Trans Europe Express (Kraftwerk), Rocket to Rusia (Ramones), Never Mind the Bollocks (Sex Pistols), In The City (The Jam), Before and After Science (Brian Eno), entre otros.

Sin embargo, Bat Out of Hell se puede codear con todos ellos por sus aportaciones particulares a la cultura rockera. En él confluyeron los talentos del cantante Meat Loaf, la producción de Todd Rundgren y la composición de Jim Steinman, donde éste aprovechó para mostrar sus influencias de Wagner a Bruce Springsteen, pasando por Phil Spector.

Steinman y Met Loaf habían comenzado a colaborar juntos desde que se conocieron como parte del musical Neverland. De ahí surgió la columna vertebral del futuro álbum con tres canciones memorables: la que dio nombre al disco (la «canción acerca de un accidente más extrema de todos los tiempos», según el autor), “Heaven Can Wait” y la renombrada “All Revved Up With No Place to Go”.

A las que luego se añadiría la muy célebre “Paradise by the Dashboard Light” (una historia épica y con humor acerca de un romance adolescente y el sexo). Una pieza de miniópera donde Meat Loaf hace dúo con la cantante Ellen Foley, con el añadido (metafórico) de la voz en off de un comentarista de baseball.

 

Bat out of Hell es una obra redonda de 47 minutos de duración, que fueron paradójicamente el encumbramiento de Steinman y Meat Loaf (finado el 20 de enero) y, al mismo tiempo, su némesis. Jamás ninguno de ellos pudo superar lo hecho en tal álbum, con sus siete temas plagados de libido adolescente, problemática existencial, momentos épicos, desmesura emotiva y muy buena muestra de rock operístico. Resultado: un disco clásico y universal.

Todo ello arropado por una portada también atribuida a una idea de Steinman e ilustrada por Richard Corben, copiada desde entonces por cientos de grupos de heavy metal e inscrita entre las mejores de todos los tiempos.

Otros fallecidos en tal trimestre: Mark Lanegan (Screaming Trees, 22 de febrero), Taylor Hawkins (Foo Fighters, 25 marzo).

A todos ellos: ¡GRACIAS!

VIDEO SUGERIDO: Be My Baby – The Ronettes – 1963 – Stereo – Music Video, YouTube (namnoiz)

Exlibris 3 - kopie

LIBROS: NINA HAGEN (UN ENCUENTRO CERCANO)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

NINA HAGEN (FOTO 1)

 

“Para embarcarse en un viaje con Nina Hagen es necesario estar listo para deambular en los abismos del rock, la política, la naturaleza, la energía, los ovnis y el lugar que ocupa el ser humano en el ‘sistema divino’.

Nina Hagen: Un encuentro cercano es precisamente un libro que nos prepara para emprender ese enigmático viaje y concebir a esta rocanrolera asimoviana y esotérica, filósofa y budista-cristiana que produce la música más dura, excéntrica, pintoresca, vanguardista, audaz y teatral de la actualidad.

Sergio Monsalvo C. nos relata la vida de Nina Hagen, su formación musical, sus costumbres y aventuras. Ella misma ha fabricado ansiosamente su leyenda y su existencia no conoce límites. Es una personalidad del próximo milenio. Para Nina todo es un cuento de hadas.

Provocación y fantasía son las constantes de esta mujer de voz descomunal, reina y madre del punk. La lírica de sus composiciones, algunas de las cuales se incluyen en este libro, es la muestra pura de su avant-garde musical. Nina Hagen es un espectáculo salvaje de brujería electrónica que atrae y excita la imaginación, que profetiza y colorea la realidad con su arte y áspera genialidad.

‘Soy de un tiempo en el cual todavía sirve de algo formular un deseo. Espero que todos crean y me acompañen en él’, ha dicho la artista. Un encuentro cercano es la oportunidad para ello”.

 

*Texto de la contraportada del libro Nina Hagen Un Encuentro cercano, de la Editorial Diana.

NINA HAGEN (FOTO 2)

 

 

Nina Hagen

Un encuentro cercano

Sergio Monsalvo C.

Editorial Diana,

México, 1988

Exlibris 3 - kopie

BLUEMONK: «RILEY B.»

Por SERGIO MONSALVO C.

 

BLUE MONK (PORTADA)

(POEMA)*

 

 

riley b.

 

            amar al blues, tu dios:

          la verdad cantada o agua de la vida

          ¿qué buscas, qué encuentras en ello?

          ¿a la negra lucille con sus historias,

          sus fulgores iluminados con tu sangre furiosa

          cuando entras en ella hasta las raíces?

          ¿carne de mujeres fundida en tus notas?

          nos morimos en honduras noctámbulas riley b.

          en este combate del ir y venir entre ellas

          por no poder amar trescientas a la vez

          porque también hay que beber, vivir

          y empedrar así, fugaces, nuestro camino

          al viejo, perdido paraíso

 

 

Blue Monk

y otras líricas sencijazz

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Palabra de Jazz”

México, 1994 (primera edición), 1997 (segunda)

 

 

Exlibris 3 - kopie

CRYSTALS 11 (GEOMETRY & CO.)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

(FOTOGRAFÍAS)

 

 

CRYSTALS 11 (GEOMETRY & CO.)

 

 Crystals 11 (Geometry & Co.)

 

Exlibris 3 - kopie

BABEL XXI-574

Por SERGIO MONSALVO C.

 

FOTO

 

“KEY TO THE HIGHWAY”

(CANTO Y POEMA)

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

https://www.babelxxi.com/574-key-to-the-highway-canto-y-poema/

Exlibris 3 - kopie

STANDARDS: «ALL THE THINGS YOU ARE»

Por SERGIO MONSALVO C.

 

ALL THE THINGS YOU ARE (FOTO 1)

“ALL THE THINGS YOU ARE”

(HAMMERSTEIN & KERN)

Tanto la belleza como la perdurabilidad de un standard existen para hacer posible cada emoción, cada estado anímico y cada matiz de los comportamientos al respecto. Por lo tanto, no es un cliché decir que son realmente temas magníficos. En la actualidad cada uno de ellos, incluso el menos bueno, lo sigue aguantado todo muy bien. Como en el caso de “All The Things You Are”.

¡Vaya balada! Es una gran canción. Me atreví a coleccionarla, como hago con todos los temas que me gustan. Fui haciéndome de un buen acopio de interpretaciones, de una (larga) lista de las versiones, que ha aumentado día con día, según sigo investigando (de Roy Eldridge, tocándola con su trompeta y en cuarteto, pasando por la de Brad Mehldau, hasta la de Keith Jarrett, con su trío, por mencionar sólo algunas).

Lo que supe de inmediato fue que es una pieza clásica que acaba de cumplir ocho décadas de existencia. La compusieron en 1939. Y fue escrita para un musical de Broadway, Veray Warm for May. Tal obra sólo tuvo 59 representaciones debido a las duras críticas que recibió y tras las cuales fue retirada.

Sin embargo, una de sus piezas se volvió un éxito instantáneo, al grado de que las mejores big bands del momento la incorporaron a sus repertorios: Glenn Miller, Artie Shaw o Stan Kenton, entre otras.

Se convirtió en un standard muy especial para los músicos y cantantes de jazz desde entonces, dada su estructura rítmica y armónica, por no mencionar la letra, toda una confesión admirativa hacia el ser amado. Reconozco que cada vez me fui sintiendo más pasmado debido a la cantidad de interpretaciones que debía escuchar y encontrar.

Las hechas de Frank Sinatra o Ella Fitzgerald son una maravilla. Hay que dejar de hacer lo que se esté haciendo para oír esas voces. Ese fraseo de Frank es legendario, pero qué decir de la calidez y aterciopelada voz de Ella. El grano de ambos queda reverberando en la mente: “All the Things You Are”…

Por otro lado, su título es fascinante. Es una declaración de amor en sí mismo. Sin necesidad de mostrar una sola línea lírica más o un solo compás de su música. Así se las gasta “All The Things You Are”, composición de los estadounidenses Oscar Hammerstein II y Jerome Kern. La letra, del primero; la música, del segundo.

“All The Things You Are”. Es decir: Todo lo que eres o Todas las cosas que eres, en traducción libre. ¿Pero, por qué no también?: Todo lo que significas para mí, en el contexto romántico. Es una síntesis amorosa, reflexiva, sin muchos aspavientos, que quizá tal vez sea la mejor forma de hablar o de encontrase con los verdaderos amores.

En el amor, como lo saben todos los corazones solitarios, el que busca demasiado no suele encontrar las respuestas correctas. Y, dicen los buenos escritores -esos que plantean las mejores preguntas–, que lo verdadero o más valioso de la relación se te revela cuando menos te lo esperas. Ellas lo saben.

La respuesta al dilema selectivo fue escuchar dicha pieza en la Red (en Internet y sin necesidad de bajarla). Eso se convirtió desde entonces en un caro pasatiempo para mí. Pertenezco a esas generaciones que se van extinguiendo y para las cuales coleccionar música estaba intrínsicamente ligado a la posesión de un objeto, a su coleccionismo: los discos de vinil, el cassette (ese instante fugaz en la historia de la sonoridad humana) o el disco compacto, que todos llamamos CD.

Recomiendo ponerse los audífonos. Sobre todo, para escuchar la música vintage. Porque en las grabaciones disponibles y con los audífonos puestos (para impedir el paso del ruido exterior y apoyar la concentración y el despegue de la realidad), se escucha el sabor cálido que tenía la música en aquellos discos: con ese algo de scratch, como ruido de fondo.

Paseándome por YouTube, buscando, se me juntaron las enésimas versiones. “All The Things You Are”, para empezar, es uno de los temas más populares de la época del bebop, por ejemplo. Tiene unos cambios de acordes y modulaciones muy interesantes y poco frecuentes, lo que disparó la imaginería e improvisación de músicos como Miles Davis, quien la llevó consigo y el Tadd Cameron Quintet cuando salió de gira hacia París con este grupo.

La interpretación que hizo está grabada en vivo desde la Salle Pleyel. Fue realizada el 8 de mayo de 1949 y la sesión forma parte del Festival de Jazz de París, ciudad donde el trompetista había aterrizado la noche anterior junto a Tadd Dameron. Miles se encontraba eufórico después de la bienvenida que había recibido como gran artista en la capital francesa.

El crítico Maurice Cullaz tomó el micrófono, y con el entusiasmo de un comentarista deportivo, introdujo el tema en cuestión diciendo: “La forma más moderna del jazz, el estilo bebop”. Henri Renaud, que era entonces jefe del departamento de jazz en CBS Francesa, dio a conocer esta grabación por primera vez en 1977.

Pero también descubrí la versión de Thelonious Monk, que grabó allá por 1948, nada menos que ¡con un cantante! (el afortunado Kenny Hagood). Cosa extraordinaria, porque aquellos enormes músicos no aceptaban tocar con una voz al frente. Por lo tanto, esta excepción es una verdadera joya.

ALL THE THINGS YOU ARE (FOTO 2)

En 1944, Monk se inició en el Club Onix de la famosa Calle 52 y al año siguiente grabó las que son consideradas las primeras y oficiales sesiones de bebop con varios grupos. Sin embargo, fue hasta 1947 que publicó una obra bajo su nombre, Monk’s Mood, para el sello Blue Note. En ella aparece la versión de la pieza con su estilo pianístico conciso y perfecto.

No obstante, mi versión favorita de todas es la que hizo el legendario grupo The Quintet en una actuación del 15 de mayo de 1953. Misma que se llevó a cabo en Toronto, Canadá, en la sala Massey Hall de aquel país. El grupo estaba integrado por: Dizzy Gillespie (en la trompeta), Charlie Parker (que aparece como “Charlie Chan” por cuestiones contractuales, en el sax alto), Bud Powell (al piano), Max Roach (batería) y Charlie Mingus (al contrabajo) ¡Vaya dotación!

Actualmente dicha sesión está considerada como una de las mejores de todos los tiempos y como emblemática de la era del bebop. Los solos de sus miembros han quedado para la historia.

VIDEO SUGERIDO: Ella Fitzgerald – All the things you are (sub español), YoTube, (The Subterraneans)

ALL THE THINGS YOU ARE (FOTO 3)

Exlibris 3 - kopie

ROCK Y LITERATURA: ALEX HALEY (EL BEAT DE RAÍCES)

                                                               Por SERGIO MONSALVO C.

 

ALEX HALEY (FOTO 1)

La idea romántica acerca de lo primitivo y el convencionalismo cultural al que se le puso la etiqueta del «Buen Salvaje», permitieron a los europeos blancos educados proyectar sus fantasías, ideales y deseos sobre las razas «exóticas» desde el inicio de la era moderna.

El hombre negro del mito blanco encarnó lo que Occidente consideraba como lo mejor o lo peor del ser humano en su condición natural no civilizada.  Conforme ha cambiado la opinión occidental acerca de la naturaleza y lo deseable de lo primitivo, también ha cambiado el retrato occidental del colectivo negro.

Los blancos han utilizado a los negros como pantalla sobre la cual proyectar un montaje en torno a lo primitivo desde hace por lo menos 300 años. Aphra Behn, a veces mencionada como la primera mujer en las letras inglesas que se ganaba la vida escribiendo, también tuvo la distinción de ser la primera persona inglesa que incorporó al negro en una idealización romántica, tal como lo hizo en su novela Oroonoko, or the Royal Slave, de 1688.

En ella, pese a que se cría en la selva, el personaje Oroonoko posee las virtudes de un príncipe europeo martirizado: «No podía haber nada más bello, agradable y apuesto que él en la Naturaleza. Su piel es negro azabache; su nariz, fina y romana, en lugar de africana y chata. Maneja a la perfección los instrumentos del ingenio y la cortesía y es tan sensible hacia el Poder como cualquier príncipe civilizado en las escuelas más refinadas del Humanismo y Erudición, o en las Cortes más insignes», se puede leer ahí.

2014-64 [unprocessed collection] Box 11 of 52

La fórmula en que se basa dicha novela se ha mantenido hasta hace muy poco.  Generalmente, los escritores blancos crean personajes negros a partir del impulso por describir la naturaleza fundamental de las cosas.

El poeta abolicionista Thomas Day, a fines del siglo XVIII, imbuyó a los negros de su texto The Dying Negro de todas las virtudes adjudicadas por J. J. Rousseau al hombre natural: «Aunque su rostro no se adorne de tintes rosados/Ni resplandezcan trenzas sedosas con gracia fluida;/De temple etéreo son sus almas/Y en sus venas reina el impulso del honor…»

William Blake, 16 años después de publicarse el anterior poema, destiló en una sola línea el proceso mítico por medio del cual el romanticismo proyecta sus ideas muy europeas acerca de lo primitivo sobre otras razas. Su Pequeño Niño Negro exclama, desde las selvas africanas: «Soy negro, pero ¡oh!, mi alma es blanca».

La proyección del romanticismo blanco sobre la cultura negra medró luego en el Nuevo Mundo. El caso más famoso son las páginas de La cabaña del tío Tom.  El tío Tom constituye un ejemplar tan risible de las virtudes cristianas abrazadas por los abolicionistas de la Nueva Inglaterra en 1852, que se ha convertido en prototipo del hombre negro incapaz de distinguir entre los ideales blancos y las realidades de la vida negra.

Harriet Beecher Stowe, su autora, deja en claro desde el principio de su novela que su retrato de la vida negra pretende captar la bondad ideal de la raza humana.

Las convenciones románticas acerca de lo primitivo y las apreciaciones blancas sobre la vida negra se han entrelazado a tal grado, que muchos de los propios escritores negros llegan a confundirla.

El libro Raíces, del fallecido escritor Alex Haley, debió su popularidad más a su hábil manipulación de la mitología romántica que a su precisión en cuanto a la historia negra. No es de sorprender que al ser adoptada para la televisión haya reunido al auditorio más grande de todos los tiempos, en un país predominantemente blanco como los Estados Unidos.

Al igual que Aphra Behn o Harriet Beecher Stowe, Alex Haley proyectó sobre los esclavos una visión de la condición africana primaria que refleja una añoranza profundamente sentida tanto por blancos como por negros.

Kunta –el personaje–, nacido en Gambia en 1750, crece inmerso en la dignidad típica del «Buen Salvaje». De hecho, hay poco que lo diferencie de Oroonoko, con la excepción de que la suya es una dignidad primaria con alma.  «El primer sonido que escuchó el niño fue el sordo y rítmico bum-bum-bum-bum-bum de las manos sobre el mortero de madera», al moler el cuscús las mujeres de la aldea. Su bautizo africano se realiza acompañado por el sonido de los tambores y despierta de sus sueños infantiles al llamado del Tabolo.

Para 1976, cuando se publicó Raíces, el paraíso negro del convencionalismo  romántico estaba firmemente establecido como el Edén con un ritmo de fondo; a fin de captar el sonido del África primitiva, sin darse cuenta Haley reprodujo el beat fundamental del rock & roll primigenio que instauró Bo Diddley en la famosa canción “Who Do You Love?” (jungle beat), y que derivó en muchas de sus piezas históricas a partir de ahí.

VIDEO: Bo Diddley – Who Do You Love? (1987), YouTube (James Power)

 

ALEX HALEY (FOTO 3)

 

 

 

Exlibris 3 - kopie

LIBROS: RY COODER (EL OUTSIDER JUSTICIERO)-IV

Por SERGIO MONSALVO C.

 

RY COODER (PORTADA)

 

RY COODER

(EL OUTSIDER JUSTICIERO)*

 

FOTO 1

IV

LA TRILOGÍA CALIFORNIANA

 

Luego de su aventura caribeña, Cooder que no tenía ganas de volver a casa lo hizo para encontrar en el traspatio de la misma una historia enterrada. El álbum Chávez Ravine es la muestra de su quehacer descubridor. Una muestra como siempre honesta y auténtica de su compromiso artístico.

Tras una efeméride deportiva —el cambio de residencia del equipo de beisbol de los Dodgers de Nueva York a California, así como la construcción de su estadio—, se halla un hecho socioeconómico que afectó a miles de personas del barrio Chávez Ravine en el Este de Los Ángeles, el cual puso en evidencia la malevolencia de la política en contubernio con el capital, del gobierno estatal contra una minoría étnica: falsas promesas a cambio de sus propiedades.

A través de 15 viñetas musicales, Cooder reconstruyó aquel viejo distrito de la primera mitad del siglo XX que albergaba a familias de ascendencia mexicana, de antigua residencia o recién llegadas. Y lo hizo con sensibilidad y agudeza. En composiciones originales o versiones de piezas de ese tiempo y en colaboración con los músicos representativos de aquellos momentos cruciales del lugar que llegaba a su fin.

Con Chávez Ravine, un álbum de instantáneas sonoras, Ry Cooder regresó a casa, sí, para propiciar de nueva cuenta el acicate de la conciencia en el propio hogar, con la mirada de otros cronistas que por igual hablan del ayer con el espejo del acontecer de hoy en la mano. Y ya de vuelta en los Estados Unidos, el músico se dio cuenta de lo mal que estaba la situación bajo el gobierno de George W. Bush (desinformación, derechos truncados, conservadurismo, miedos infundados y sospechas paranoicas).

Entonces decidió hacer, ya encarrerado tras Chávez Ravine, el álbum My Name is Buddy. Éste se convirtió en un manifiesto y en un instrumento de denuncia. «Estoy obsesionado por las canciones como vehículo de comunicación. Deben tener música excitante, claro, pero lo primero es la historia. De hecho, me sobran tantas historias que ahora he publicado un libro de relatos noir con City Lights, la editorial de Lawrence Ferlinghetti. Aunque ya nadie lee…».

En él, Cooder dice que es necesario empezar a leer la verdad para darse cuenta de lo que sucede en realidad, y para ello partió de la antigua tradición popular de la canción de protesta. Las viejas melodías y los ritmos de la música vernácula estadounidense le ayudaron a contar las historias que integran el disco. El estilo musical es el mismo, pero con contenidos narrativos que retratan la actualidad.

Las canciones que componen el disco tratan sobre la vida de los pobres y los proletarios, de sus dificultades para sobrevivir y de su indefensión ante los poderosos. No es un trabajo optimista, pero su tema central es que la unidad puede proporcionar la fortaleza necesaria en estos tiempos oscuros.

Habla también de los que quieren detener esta solidaridad, de los que detentan el poder y de los que buscan destruir todo atisbo de concientización. Sin embargo, para que todo ello no resultara muy espeso y panfletario lo relata como un cuento infantil.

FOTO 2

Por lo mismo echó mano de apoyos visuales y junto con el álbum aparece un librito ilustrado con dibujos que permiten visualizar la historia de Buddy (el gato protagonista), un ratón, un sapo y un humano desposeído. La fábula, pues, mezcla la historia infantil con duras críticas a la política conservadora. El mensaje final señala, esperanzador, que debe haber algún lugar mejor, con una sociedad distinta y un sistema económico diferente.

“No me hago ilusiones respecto a poder de influir sobre la opinión pública –dijo–. Los grandes medios en este país te ofrecen toda una gama que va desde la derecha a la extrema derecha. En las cuestiones fundamentales, son un monolito. Pero tienes que reaccionar, aunque solo sea por razones terapéuticas. Cuando te enfadas y no haces nada, se te envenena la sangre».

En la aventura se hizo acompañar de algunos hitos de la música folklórica norteamericana: Mike y Pete Seeger, a cuyas voces y guitarras acompañan también el acordeón del Flaco Jiménez, la gaita de Paddy Moloney y el piano de Van Dyke Parks.

La obra de Cooder tiene, además, dos vueltas de tuerca en el tiempo: un homenaje a la antigua canción popular y un retorno al concepto de los orígenes musicales del guitarrista, en cuyo primer álbum incluyó temas de gente comprometida socialmente como Woody Guthrie, Leadbelly y Blind Willie Johnson.

“Abundan los asuntos para cantar –explicó en su momento–. La codicia de los banqueros, las guerras neocoloniales, el empobrecimiento de la clase trabajadora, la xenofobia…Cuando me enteré de las medidas contra la inmigración ilegal de Arizona, se me ocurrió el tema ‘Suitcase in My Hand’. La primera versión estaba en Internet pocos días después; de vivir ahora, Woody Guthrie hubiera hecho algo parecido».

Sin embargo, en el disco Cooder también muestra sentido del humor en piezas como ‘One Cat, One Vote’ o en ‘Green Dog’ que ponen en perspectiva su reconocido dominio del country blues y de la sonoridad fronteriza (en esta ocasión se extrañan sus emocionantes interpretaciones instrumentales).

Con el siguiente trabajo, I, Flathead (subtitulado: The Songs of Kash Buk and the Klowns), el músico completó su trilogía californiana, junto a Chávez Ravine y My Name is Buddy. El autor continuó en el terreno de lo conceptual al hablar de las andanzas de un músico de country, su banda, sus mujeres y las relaciones con un carismático visitante extraterrestre. Una asimoviana fábula social acompañada también por una noveleta.

El pasado como espejo se ofrece al presente. De ahí su acento personal y comunitario, apasionado, que expresa un pensamiento sincero y seguro de su objetivo: la conciencia no de estar entre dos culturas sino la de ser una cultura diferente y a veces en el centro de los intereses y aversiones de los políticos en turno.

En el camino de la música sacada a flote por Ry Cooder entrecuzan su paso emoción y pensamiento, reflexión y sentimiento, razón y corazón. El guitarrista alcanza esta idea creadora por diversas vías, y entre ellas, de un lado su empatía y conocimiento del pensamiento y del espíritu de los desposeídos y por otro su afán de reclutar las voces musicales que representaron en su momento tal espíritu.

VIDEO SUGERIDO: Ry Cooder – Red Cat – YouTube (Ry Cooder)

 

 

FOTO 3

*El ensayo “La Trilogía Californiana” forma parte del libro Ry Cooder (El Outsider Justiciero) de la editorial Doble A, y ha sido publicado online de manera seriada en el blog Con los audífonos puestos.

 

 

 

 

 

Ry Cooder

(El Outsider Justiciero)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Ensayos”

The Netherlands, 2022

 

 

 

Contenido

I.- El Nacimiento de las Raíces

II.- Talking Timbuktu

III.- Buena Vista Social Club

IV.- La Trilogía Californiana

V.- Sobre Héroes y Tumbas

VI.- El Observador Comunitario

Exlibris 3 - kopie