Jair Bolsonaro comenzó su periodo presidencial en Brasil. Otro de los efectos Trump. La derechización y el nacionalismo se entronizan en diversos lugares del planeta.
En Hong Kong se produjeron las mayores manifestaciones en contra de la política de extradición China en los últimos 30 años.
Peter Hanke ganó el Premio Nobel de Literatura “por un trabajo influyente que con ingenio lingüístico ha explorado la periferia y la especificidad de la experiencia humana”, en medio de las protestas por sus filias políticas.
El cine de superhéroes de cómic satura las carteleras de todo el mundo. Un virus (gráfico) que precede a otro (físico) al año siguiente (coronavirus)
Las series de televisión y sus plataformas conforman una nueva cultura planetaria.
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Una de las raíces del rock es el folk-rock o indie rock (según intención u orquestaciones), un movimiento que si bien se fundamenta en las tradiciones del folk dylaniano busca la relación de éste con otros estilos como el rock puro, el rockabilly, el bluegrass, el country blues y otros formatos alternativos o indie. De aquella raíz han aparecido una serie de rizomas tan variopintos como ambivalentes. Separado el grano de la paja, surgió en el 2007 una artista que desde sus inicios ha interpretado un material deslumbrante. Se trata de Sharon Van Etten, cantautora surgida de ese granero inacabable de música que es New Jersey, en los Estados Unidos.
Ella hizo resurgir desde sus comienzos la tradición norteamericana de la roots music (de Canadá a la Unión Americana), reformada y puesta al día. Los álbumes de la Etten, desde su debut, son tan sorprendentes en su composición, como novedosos y plenos de experimentación en su nueva entrega, Remined Me Tomorrow, del 2019, uno de los álbumes más destacados del año, por sus aportaciones y valores intrínsecos. Van Etten, esculpe con arcilla y estilo propios los modos legendarios del folk moderno para crear su propio espacio dentro de él. El resultado: canciones que palpitan fuerte cada vez que alguien las escucha.
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La política humana es esencial para un grupo como Vampire Weekend, pues Ezra Koenig, su fundandor, es una persona preocupada y consciente de los problemas sociales alrededor del mundo, así que ha usado su música para hacer crítica social en pro de los cambios, muchos de los cuales tratan desde la injusticia, pasando por la corrupción y el colonialismo, hasta la situación ecológica en el planeta.
Con The Father of the Bride y luego de una larga pausa, Vampire Weekend reapareció, pues, tras seis años, ofreciendo un mensaje fresco en tiempos espesos, fragmentados y divididos. Con una inteligencia que lo hace parecer como un grupo mucho más listo que los demás (incluso que ellos mismos). Y lo hace convenciéndonos de que su mezcla de indie pop rock es algo mucho más complejo y sofisticado de lo que pudiera pensarse en primera instancia.
Entre las obras con las que se cerraron los años del 10 al 20, una de ella estuvo a cargo de The Black Keys, uno de esos grupos evangelistas que no han cejado en su labor: Let’s Rock. Una cita de los orígenes mismos del género, que tuvo a Chuck Berry como su hacedor. Toda una declaración de principios a cargo del binomio constituido por Dan Auerbach y Patrick Carney.
La reincorporación de The Black Keys al mundo discográfico y al escénico hizo que la esperanza del viaje a la semilla del género brotara gloriosamente de nuevo. Este grupo, desde su fundación en el 2001, se ha convertido en adalid de una avanzada del siglo XXI que sabe que origen es destino. Y, como la vida misma que tal ritmo representa, lo que uno encuentra en este grupo es riesgo, voluntad y actitud.
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Empezaba el segundo lustro de los años cero cuando Jack White y Brendan Benson crearon The Raconteurs. Dicha creación es la clase de hecho que se da entre tipos condenados a entenderse, lo cual dio pie a un par de álbumes que fueron ejercicios estilísticos con evocaciones de Led Zeppelin. Dicho sonido, moldeado por White, fue ampliando su radio de acción en ellos lo cual hizo pensar que White había encontrado un nuevo destino, luego de su deambular (solitario y acompañado) pos White Stripes.
Así apareció este año Help Us Stranger, en donde igualmente invocan el espíritu del rock tumultuoso que el de la balada hard del rock. También se lanzan a la liberación de la adrenalina rijosa de escalas posadolescentes o a los más explosivos solos superpuestos en los que encaja el grito de estadio. El resultado es un ejercicio genérico de rescate espiritual.
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Rammstein es un grupo de rock con inclinación por las referencias históricas revisionistas. Busca la reinterpretación ritualista de los iconos de la era más oscura de su país (Alemania), de sus símbolos, de sus emblemas, de sus imágenes, de sus filias y fobias. Y lo hacen desde una concepción artística de ruptura, provocativa y polémica. La crítica de su propuesta se la dejan a quienes los escuchan.
Imágenes caníbales, industriosas, cinematográficas, de golpeteo al músculo como insignia mitológica, de hipnosis, con ecos del krautrock y prácticas à la Mengele. Y más fuego, siempre el fuego, el que limpia, cura y el que reduce. Rammstein (título oculto del nuevo disco): es la épica y su autoparodia. Y así llegan los 25 años del grupo con un álbum homónimo y un cerillo como imagen en la portada, listo para incendiarlo todo en medio del paroxismo. Sin restarle un ápice a la música, a su dureza, a su rítmica, que es finalmente lo que más parece importarles.
VIDEO SUGERIDO: Rammstein – Radio (Official Video), YouTube (Rammstein Official)
No hay movimiento sin banda sonora. Es decir, ninguna corriente sociopolítica, ninguna acción cultural, ningún levantamiento de voz en el ámbito que sea tendrá significancia o trascendencia si no es acompañado, envuelto y avalado por una música característica.
Toda época histórica, todo ísmo artístico, se apoya en las notas que abstraen sus ideas y lo divulgan con cantos y composiciones que lo definen en el oído.
El contextualismo es una tendencia de vanguardia que surgió con los años ochenta del siglo XX y que buscó, desde el inicio, la integración de nuevos conceptos dentro de un ámbito tradicional ya prestablecido.
Es un movimiento cultural que abarca desde la arquitectura hasta la escultura urbanita, pasando por la plástica, el arte digital, video, cine y literatura. Es un movimiento que cuenta la novedad en función del lenguaje.
La música ha participado de todo ello con muchos ejemplos a través de las últimas décadas. Uno de sus estilos más representativos es el noise rock, que tuvo al grupo Sonic Youth como uno de sus máximos exponentes.
Dicha banda sostuvo su preponderancia con la participación estética de la ciencia del sonido, la cual desarrolló de manera notable con una mezcla de géneros, tecnología y tradición. La tradición del contexto que le dio origen: la ciudad de Nueva York.
El noise es un género derivado de la música experimental que utiliza sonoridades compuestas por elementos musicales heterodoxos, y carece de estructuras como la armonía y el ritmo.
A ello se incorporan todo tipo de elementos no musicales con un volumen fuerte y/o disonante, ruidoso. El noise rock, subdivisión de aquél, suma a su vez elementos del punk y el metal a las calidades abrasivas del noise puro.
El noise rock, emparentado con el no wave, el avant-garde y el progresivo, es descendiente directo del art rock, un género que comenzó sus andares y tradición en los subterráneos de la ciudad de Nueva York.
El primer paso con el grupo Velvet Underground (y el álbum White Light/White Heat) y reafirmó su identidad con Metal Machine Music, el disco como solista de unos de sus integrantes: Lou Reed, entre otros referentes.
John Cale, otro importante elemento del Velvet ha dicho lo siguiente del contexto en el que se materializó dicha música: “Fue una tradición extraña la que surgió en Nueva York. No estuvo basada en la adulación del pasado ni en la interacción con otros hacedores, sino más bien al contrario. El progreso se dio por medio del rechazo. La originalidad de esta propuesta aderezada con la autocrítica despiadada, que distingue la vida de esta ciudad, mantuvo vivo el fuego y lo continuará en el futuro”.
El futuro profetizado por Cale continuó su desarrollo con Sonic Youth en las mismas calles neoyorquinas, en las mismas aulas de sus universidades y escuelas de arte, en el mismo rechazo al mainstream.
VIDEO SUGERIDO: Sonic Youth – Antenna (Live Jools Holland 2009) HQ, YouTube (BillieJeanls)
Sonic Youth nació como descendiente de aquel underground sesentero y como hijo putativo del punk, pero solo en la actitud, ya que en cuestión de sonido no admitió comparación con nada.
Su música como la de sus antecesores, sacudió los cimientos de la escena de manera irreversible.
El fundamento contextualista de esta agrupación neoyorquina se basó en la creación de ambientes aparentemente caóticos, pero controlados en lo absoluto por sus habilidades como instrumentistas.
En sus conciertos se dejaban llevar por la imaginación y usaban desarmadores, alicates, el rasgueo de las cuerdas con materiales diversos, utilizan hasta veinte guitarras con distintas afinaciones.
Todo era necesario en dicho concepto. De esta manera dieron cátedra durante tres décadas.
Cuando la mayoría de los grupos se queda sin nada qué decir o se disuelven por las ansias megalómanas de sus integrantes, en Sonic Youth sucedió lo contrario. No perdieron la frescura porque su éxito artístico no se basó en una innovación puntual, sino en la experimentación constante y las tensiones internas entre sus miembros eran inexistentes: todos tenían uno o varios grupos paralelos y actividades dentro de otras disciplinas.
Las funciones estaban repartidas: Kim Gordon llevaba el peso del apartado intelectual, mientras Lee Renaldo, Thurston Moore y Steve Jay Shelley lo hacían con el complejo aparataje musical.
De esta manera a lo largo de su desarrollo y evolución Sonic Youth encantó y sorprendió, ensordeció y musicó, divertido y polemizado a una audiencia que vio cómo a lo largo de los años muchas agrupaciones se iban alimentado de sus inventivas, como el noise pop, por mencionar alguna.
El noise pop es un estilo musical ubicado dentro del rock alternativo o indie que se caracteriza por el uso que hacen los grupos inscritos en él de la guitarra eléctrica, incorporando ingredientes del experimentalismo, el post punk, el no wave y el noise.
Esto se evidencia en la materialización de sus distorsiones, en las afinaciones disonantes, en los acoples, en el feedback y otros efectos sonoros generados por las guitarras eléctricas.
Las bandas enlistadas en dicho estilo también se caracterizan por emplear una contundente base rítmica heredada del punk y del hard y por la utilización selectiva de melodías inspiradas en el pop clásico y en el arcón de la new wave.
El grupo que dio origen a todo ello, el que puso las pautas, fue Sonic Youth con sus afinaciones originales y hasta entonces nunca empleadas en el rock. Su enfoque conceptual y bases arty, ejercieron y ejercen una influencia que continúa contextualizándose, a pesar de su disolución en el 2011. No por desacuerdos musicales o artísticos, sino paradójicamente por el cliché matrimonial más antiguo del mundo: el cambio por una pareja más joven.
VIDEO SUGERIDO: Sonic Youth – I Love Your Golden Blue (2005/06/03), YouTube (ICAndrei)
Hay discos que jamás dejan de llamar la atención. ¿Por qué? Porque son clásicos. Pero ¿qué es lo que los convierte en clásicos? En el mundo grecolatino, durante la época de Sófocles, el término “clásico” se utilizó para designar a las personalidades de primera clase, es decir, a los miembros más sobresalientes de la cultura.
En el campo que nos convoca, la música, el rock fundamentalmente, posee por supuesto su material clásico, y éste en primera instancia no es lo incomprensible, sino lo misterioso disfrutable. Es aquello con lo que se puede deleitar (individual o colectivamente) toda la vida; lo que continúa conmoviendo y sorprendiendo; es aquello que es imposible hacer mejor (en su momento y circunstancia).
En el arte, cualquier arte, lo clásico resulta fascinante porque contiene un secreto, tanto para sí mismo como para quien lo contempla o escucha, y se mantiene vivo porque dicha fascinación prodigiosa envuelve siempre, sin faltar, y esa poética se verá legitimada constantemente por sus principales avales: valor y tiempo.
AÑOS 10’S*
Radiohead (The King of Limbs, XL 2011)
Best Coast (The Only Place, Mexican Summer 2012)
Arcade Fire (Reflektor, Merge 2013)
The War on Drugs (Lost in the Dream, Secretly Canadian 2014)
Alabama Shakes (Sound & Color, ATO Records 2015)
David Bowie (Black Star, ISO Records 2016)
LCD Sound System (American Dream, DFA 2017)
Arctic Monkeys (Tranquility Base Hotel & Casino, Domino 2018)
Courtney Barnett (Tell Me How You Really Feel, Milk! Records 2018)
The Black Keys (Let’s Rock, Easy Eye Sound 2019)
*Lista definitivamente subjetiva, como todas las listas.
Al escucharla se descubre un ejemplo contumaz del modo en que un folk singer, evolucionado en rockero, puede otorgar tamaña intensidad a una pieza de crooner.
Marcada por el examen, el lento cavilar, la duda y el arrogamiento, aquél la fragua con una afirmación despiadada: «I’m a Fool to Want You». Es la evidencia del yo desencantado, una frase dolorosa.
El intérprete añoso y experimentado se confiesa algo sombrío a sí mismo e incluso la luz que lo rodea en el momento de decirlo parece hosca. Dentro del marco de la pieza no hace falta hablar más. Después de la última discusión lo único que resta es intercambiar acusaciones, piensa. Y luego de eso: ¿qué?, ¿el perdón?, ¿el olvido?
Quien canta pasea su mirada a lo largo de un cuello descubierto. La piel se ve suave. Detrás, una cortina de cabello castaño y sedoso. La música inunda las palabras al verterse a través de la malla de una voz rota. Esto es lo que hace ahora, sincerarse en cómo se siente cuando la convicción se vuelve un poco más grande que el deseo. Ya nada parece suficiente.
Sabemos del agotamiento y del momento embotado de quien canta eso, del que ha pasado por un largo altercado. Está paralizado, incapaz de hacer nada, aunque sus pensamientos lo atropellen. La certeza ha aumentado el significado de la revelación. Es una certitud obsesiva, pero la naturaleza de ese significado parece rebasar el entendimiento. Un rostro con una sonrisa encantadora, algo desdeñosa, le devuelve la mirada. Las paredes de la mente retumban para luego dar paso al silencio.
*Texto extraído del libro Baladas Vol. III, de la Editorial Doble A, y publicado de manera seriada en el blog Con los audífonos puestos.
Aldous Leonard Huxley fue un escritor británico que nació en julio de 1894 en el condado de Surrey. Era miembro de una familia de prominentes intelectuales que emigró a los Estados Unidos. Estudió en la Universidad de Oxford donde se graduó en Medicina, aunque nunca la ejerció debido a una enfermedad visual que lo dejó ciego durante algún tiempo. Entonces comenzó a escribir poesía y a colaborar con diversas revistas hasta que pudo vivir por completo de la literatura.
La obra literaria de Huxley fue inmensa y variada. Escribió cuentos, libros de viajes, tratados filosóficos, guiones para cine y narrativa. Numerosos libros que revelan una vasta cultura y gran curiosidad intelectual. En sus comienzos poéticos influyeron los simbolistas franceses (Rimbaud, Baudelaire y Lautréamont). Igualmente ejerció como crítico social y se interesó por la parapsicología y la filosofía mística. Se le considera hoy un puntal del pensamiento moderno.
Huxley se atrevió a explorar en lo que no percibimos de la realidad cotidiana. A principios de los años cincuenta del siglo XX, se entregó a la experimentación con la mescalina, un alcaloide psicoactivo del peyote. El nuevo paisaje perceptivo que amaneció en su mirada lo intentó recrear luego en su trascendental obra de 1954: The Doors of Perception (Las puertas de la percepción).
Huxley ya había iniciado el camino en pos de la realidad que es y nos rodea a través de la imaginación literaria. En los años treinta, escribió la célebre novela Un mundo feliz en la que la droga denominada soma es virtualmente el personaje crucial de la obra.
Huxley sospechaba que la farmacología se acercaba a la elaboración de una sustancia que liberaría al hombre de sus miedos. Pero a la vez presentía que el Estado se opondría a tal sustancia emancipadora, reemplazándola por un mecanismo capaz de perfeccionar el control estatal y universal sobre libertad la individual y particular. Esta hipótesis aflora en Un mundo feliz, obra cercana en sus visiones futuristas de hipercontrol social a 1984 de George Orwell.
En su última obra La isla, su pluma talló una atmósfera cultural apabullada por la neurosis de la guerra. Sólo una aislada minoría que vive en una isla cultiva una sabiduría trascendental. Sus miembros practicaban la costumbre de ingerir unas setas durante la experiencia de la muerte. Según Huxley, en el instante del tránsito al otro lado, el ser humano debe hallarse especialmente lúcido. Fiel a esta prédica, cuando le llegó el tiempo de morir (en 1963), Huxley le pidió a su esposa que le suministrara 100 mg de LSD.
En Las puertas de la percepción, Huxley expandió su poder sensitivo ante la rica creatividad del mundo que en silencio nos acompaña. Fuente inspiradora de su travesía exploratoria fue William Blake, el visionario poeta y grabador inglés del siglo XVIII. El nombre del ensayo vivencial de Huxley procede de un conocido verso de Blake perteneciente a Las bodas del cielo y el infierno: “Y cuando las puertas de la percepción se abran entonces veremos la realidad tal cual es: infinita”.
VIDEO SUGERIDO: 13th floor Elevators – Levitation (1967), YouTube (sirPUNKsir)
Tras abrir estas puertas, Huxley meditó en la experiencia visionaria y en el arte creador como una fuerza que nos restituye la urdimbre iridiscente y polimorfa de la realidad que nos abraza. El viaje que la inteligencia sensitiva de Huxley trazó en el libro ejerció una fuerte influencia en el movimiento contracultural de la generación beat de Jack Kerouac y Allen Ginsberg, apadrinada por William Burroughs, y a la postre en la de los años sesenta con la experiencia psicodélica y en el interés por explorar los estados alterados de la conciencia.
En las temáticas del texto Huxley construye su nueva percepción de lo cotidiano bajo el efecto de la mescalina, la transfiguración de lo habitual en pliegues más profundos y completos de vitalidad. Expone la recuperación de las cosas como irradiación de Eternidad y del otro mundo. Reflexiona sobre Oriente y Occidente y sus formas de fusión con el espacio. Y, finalmente, traza una aguda crítica de la tendencia de nuestra cultura a reducir lo real al ámbito de lo verbal, de lo decible.
El autor asume que la mente humana, el acto de la reflexión y las conexiones del sistema neurológico que dan forma a la lucidez —para muchos una de las drogas más poderosas, sin lugar a dudas— son los filtros para asumir la realidad, evitando de tal suerte el arduo trabajo de procesar todas las imágenes e impresiones que nos llegan. Para Huxley la droga neutraliza ese cedazo, y funciona para abrir las puertas de la percepción. De este modo se puede relativizar el espacio y el tiempo y hacer maleables las impresiones.
La experiencia de Huxley dará nuevos bríos a aquellos que sospechan o perciben que la realidad es un valle extraño y enigmático, que siempre huye de nuestra estrecha mirada humana. En la música sus ensayos y visiones fueron columna vertebral del rock psicodélico, caracterizado por su misticismo, improvisación compositiva y relación con las drogas alucinógenas como el cannabis, la psilocibina, los hongos, el peyote y sobre todo con el LSD.
Iniciado en la década de los sesenta, la larga sombra de dicho estilo de rock (Jefferson Airplane, Grateful Dead, Pink Floyd, Donovan, Electric Prunes, 13th. Floor Elevator, etcétera.) llega hasta nuestros días (pasando por la bisagra de Psychic TV) con el reggae, el triphop, el dub, el soul psicodélico, el acid folk y en la electrónica con el trance, el space rock, new age, psybient, ethereal wave y breakbeat psicodélico, entre otros derivados a los que se han agregado la ketamina y el éxtasis.
(Actualmente un racimo de grupos continúa en el ejercicio de emparentar al rock occidental con la psicodelia –que hunde sus raíces en el Oriente–, el surrealismo o el misticismo. Una alucinante etapa —nunca mejor dicho— de estos años recientes en las que estas bandas, ofrecen nuevas sensaciones a un público sediento de experiencias: Animal Collective, Tame Impala, Grizzly Bear, MGMT, The Paperhead, White Fence, Ariel Pink’s Haunted Graffiti, Temples, Maston, Foxygen o Melody’s Echo Chamber, por mencionar algunos cuantos ejemplos.)
Personaje sobresaliente de aquella primera escena sesentera fue Jim Morrison, un joven Apolo, culto, complejo, incandescente, lector ávido, egresado de la Universidad Estatal de Florida y de la UCLA de Los Ángeles, que leyó los oráculos de Huxley como parte de su formación como poeta, cineasta y dios rockero. Fue integrante de los Doors, grupo que tomó su nombre del escrito de Huxley, y un experimentador con los psicotrópicos para “pasar al otro lado y que todo apareciera ante el hombre tal cual es”.
El espacio en el que se desarrollaron las canciones y los libros de Morrison representa el punto de fuga, el devenir, el hallazgo, al cabo de una elección que sólo es auténtica si va la vida en ella. El suyo es un nihilismo creativo que incendia al ser en medio de un clima de orgasmo místico y tanático. La muerte inevitable llegará bailando al ritmo de la música y más allá no habrá nada, pero la vida tendrá sentido precisamente incendiándola sin esperanzas.
VIDEO SUGERIDO: Tame Impala – Feels Like We Only Go Backwards (Official Video), YouTbe (Tame Impala)
La historia del rock son sus mitos. Y los que contiene el del garage son de los más grandes. La serie “Las Llaves del Garage”, trata del rock como música y como idea. Vale la pena apuntar que como música no es más sencillo que como idea.
El rock de garage es la música más disponible de nuestra cultura global —una cultura más homogénea de lo que por lo común se quiere admitir—, pero disponible no es sinónimo de fácil. Aquí cabe apuntar que como idea surge de los veneros del romanticismo filosófico.
El rock y su mitología son profundamente románticos. Le otorgan el mayor mérito a toda desmesura y a las explosiones del genio individual, sobre todo a aquello que refleje el barullo mental y emocional que se transpira siendo de naturaleza airada y víctima circunstancial del mundo circundante.
Y su constante es la necesidad del descubrimiento, de lo dinámico y de lo evolutivo. El papel que sus intérpretes y seguidores le asignan a la música se acerca mucho al de un credo pagano, por cuanto tiene la misión de hacer visible la intuición absoluta y su revelación.
La serie “LasLlaves del Garage” define la cualidad musical de un rock al que es imposible imitar por parte de quienes no comparten el espíritu del género, y explica el mundo y pensamiento en el que viven sus hacedores desde su primera manifestación hace varias décadas, un mundo literalmente impensable, que avanza a toda velocidad y en retrospectiva cuidando su precioso arcano contra viento y marea.
*Fragmento de la introducción al libro Las Llaves del Garage de la Editorial Doble A. La primera emisión fue trasmitida a finales de la primera década del siglo XXI (los años cero) a través de Radio Educación (México). La segunda, por entregas online en el blog Con los audífonos puestos en el año 2019.
Desde hace tiempo la democracia ha consistido en la revuelta contra los vencedores del capitalismo global. Dichas acciones se han repetido en muchos lugares del mundo en este último lustro para no olvidar lo que para Whitman significaba esto: una actitud ética y social que implica actuar con responsabilidad, asumiendo la obligación social compartida de cuidarnos mutuamente en fraternidad, camaradería e igualdad.
Ese fue el meollo del primer lustro: la desilusión. Y uno de sus señalados síntomas: el consumismo. Una tendencia quizá apuntalada por el desencanto sobre el futuro que plantearon los neocons y que no ha llegado aún. El aspecto futurista del mundo contemporáneo justo desde la mitad de la década estaba en cosas tan fascinantes como triviales, como la última generación de teléfonos celulares, de Tablets, de relojes digitales, de videojuegos, el entretenimiento como única forma de estar (on line) en el mundo.
Y ello puso en peligro a la cultura misma. El unívoco interés por el universo del espectáculo que se mueve entre lo frívolo, lo deportivo y lo político, por la banalidad de estos tiempos que ya forma parte del comportamiento (¿o no, Instagram?), esa perturbadora diferencia entre lo visto y lo difundido (sea mentira, posverdad o fake news). La impostura de quienes masivamente no han visto casi nada y opinan de todo a botepronto en cualquiera de sus cuentas en la red, y si lleva la firma de un famosillo se vuelve el trend topic del momento, el cual cambia con el siguiente.
Walter Benjamin decía que uno articula el presente no cómo ha sido sino como uno lo recordará en un instante de peligro, como el de ahora en que la salud, la economía, la cultura en general, lo está. Se lee menos (los mínimos caracteres han cooperado a eso), se escribe menos (y si es con caligrafía personal una rareza), la música se escucha generalmente a través del teléfono o la Tablet, donde los tonos bajos ya casi han sido eliminados, lo mismo que la voluntad o libertad para seleccionar qué oír porque los gustos personales están bien clasificados y enlistados tecnológicamente (Spotify).
Donde en esos sistemas de comunicación se olvidan voluntariamente de las palabras en favor de los símbolos y las caritas en un retorno a las cavernas; donde se hacen menos películas interesantes o para adultos y más sagas de Marvel, de blockbuster o remakes para público adolescente; o donde el arte de la conversación prácticamente ha desaparecido en favor del chateo multitudinario y anónimo, aun estando juntos; donde los recuerdos personales son relegados para remitirse mejor a un aséptico Internet.
Mientras tanto, el rock con su amplia, expansiva y omnipresente cultura aún les causa escozor a los conservadores ideológicos de toda ralea. Comenzó hace 70 años exactamente con el rock & roll clásico, el cual fincó los pilares y hoy hay que sanear dicha verdad y el ambiente que la rodea desde la composición hasta las listas de éxitos, a fin de investigar en sus fundamentos para informar y formar a las noveles oleadas de escuchas que tanto lo necesitan.
La revaluación de la importancia que tiene el r&r es quizá el compromiso cultural con mayor sentido en estos momentos, cuando todo impulso parece relegado a las máquinas, al criterio de los DJ’s, a los raperos sin bagaje, a las coreográficas boy bands o vedettes del pop y al flagelo de lo transitorio.
VIDEO SUGERIDO: The Vaccines – Teenage Icon, YouTube (TheVaccinesVEVO)
Por eso la irrupción de The Strypes, Jim Jones Review, The Vaccines, The Black Keys, en el mundo discográfico y en el escénico hace que la esperanza del viaje a la semilla brote gloriosamente. Y, como la vida misma que el género representa, lo que uno encuentra en estos grupos es riesgo, voluntad y actitud.
Actitud es la palabra clave. El r&r es un lugar increíble para hacer todo tipo de preguntas, precisamente porque nadie espera encontrárselas ahí. Tal música sigue planteándose las mismas cuestiones esenciales. Como la de la identidad, por ejemplo.
Los nuevos grupos han vuelto a echar mano del sonido primigenio, pero también del rhythm and blues y el blues eléctrico de Chicago y rinden tributo a los emblemas del rock and roll clásico, a la escuela del blues-rock británico, al pub-rock y al punk. Escuchar a estas agrupaciones es oír el latido vital de la libertad y la excitación de un género que desde hace seis décadas y media es un disparador contra la uniformidad cotidiana.
Con ellos se dilucida cómo ha sido su paseo por la genealogía del género para llegar a lo que hoy viven: la experiencia sonora del origen, extendida horizontalmente en una concatenación hipermoderna. Una experiencia que, repetida a lo largo de las épocas por otras agrupaciones, es paradójicamente única (una vez más).
Tales bandas son hoy, en este momento, la verdadera extensión entre lo ya hecho y la construcción de un nuevo carácter interpretativo. Son actores como estos los que hacen que la función del r&r, a pesar de ser la misma, al final sea tan diferente. Sería una falta grande perderse este universo cultural vivo desarrollándose genuinamente.
Su punto de partida a la hora de escribir las letras responde a las preguntas de siempre: el amor, la soledad, la fragilidad, los desencuentros, la necesidad de ser amado y el humor. Y su música es de la memoria y de la solidaridad histórica con ella.
El secreto de estos jóvenes músicos está en hacer aquello que los quema por dentro, que nace de la necesidad de reconocerse en el origen, ahí está el latido de la auténtica actitud; la del Homo sapiens rocanrolero que busca anticipar el futuro en nombre de la supervivencia y rebusca en el pasado en honor de su identidad.
Esta celebración de la vida, sin embargo, se desarrolla en medio de la inquietud sanitaria y sociopolítica global. El segundo lustro de la década de los años diez del siglo XX ha finalizado de manera horrible: con una epidemia generalizada (el Corona virus, causante de un sinnúmero de muertos en el mundo y sin perspectivas de finalizar), con el racismo rampante, con miedo a la recesión económica, al presente que ha dejado de ser lo que era y al futuro inmediato y mediato.
Sin embargo, hay que seguir adelante con la ceremonia de la música, por ejemplo, un mensaje desafiante ante la incertidumbre y dejar en claro que, pese a todo, se seguirá celebrando la vida, como ahora con los 70 primeros años del rock y de su cultura.
VIDEO SUGERIDO: The Black Keys – Go (“Let’s Rock” Tour Rehearsals), YouTube (The Black Keys)