La evolución le ha conferido a la novela policiaca propósitos diferentes y diversos desde su nacimiento. Una de las formas actuales de este género es la del asesino profesional o «las historias de verdugos», según el término de John G. Cawelti.
En este tipo de relatos poco se ve de las subjetividades de los participantes. Ellos son un minucioso proceso de observación del «frío y detallado racionalismo del especialista profesional en asuntos de extrema violencia e ilegalidad, cuyas aventuras están totalmente motivadas por el lucro”.
El personaje no le da ninguna importancia a la ley, únicamente le preocupan sus intereses. No mata para mantener las estructuras, sino porque en ello encuentra su propia satisfacción. Estamos frente a una nueva dislocación dentro del formato policiaco.
Es una derivación que aporta suspenso como principal característica, y entre sus representantes más sobresalientes se inscriben los nombres de Richard Stark, Donald Pendleton y Joseph Hedges.
Por otro lado, dentro del género también ha surgido un concepto que rompe con una de las instancias básicas en esta narrativa: el fracaso. Como figura central la novela tiene el propósito de conservar la extrañeza del mundo, encarnado en un detective que siempre se topará consigo mismo, y que quedará atrapado en el déficit de información y en la creciente ambigüedad del crimen.
Como embajador de este nuevo rubro, Michel Butor escribió la novela El empleo del tiempo (L’Emploi du temps), que contiene los elementos esenciales del formato: la exactitud de las anotaciones para esclarecer un asesinato, hasta hacernos creer que en estas palabras está la sustancia de su experiencia, de la agresividad latente y de la tenebrosidad de su ambiente. Por su parte, Alan Sharp, Sjöwall y Wahlöo también aportan novelas muy interesantes en este sentido.
*Fragmento de la introducción al libro El Lugar del crimen, de la editorial Times Editores, cuyo contenido ha sido publicado de manera seriada en el blog Con los audífonos puestos.
El lugar del crimen
(Ensayos sobre la novela policiaca)
Sergio Monsalvo C.
Times Editores,
México, 1999
ÍNDICE
Introducción: La novela policiaca, vestida para matar
Edgar Allan Poe: La poesía en el crimen
Arthur Conan Doyle: Creador del cliché intacto
Raymond Chandler: Testimonio de una época
Mickey Spillane: Muerte al enemigo
Friedrich Dürrenmatt: El azar y el crimen cotidiano
Patricia Highsmith: El shock de la normalidad
Elmore Leonard: El discurso callejero
La literatura criminal: Una víctima de las circunstancias
Una de las aportaciones del rock a la cultura ha sido la de conectar a quienes trabajan en toda actividad estética y con ello creado sonidos, canciones o álbumes afines y alianzas artísticas en todo el mundo. Y lo ha hecho ya sea en un disco, en un track en particular o en la escenografía de un concierto. Ha conectado con aquellos que se han pasado la vida resolviendo sus misterios o belleza en alguna de sus formas, dentro de sus disciplinas individuales o conjuntas (humanistas o científicas), ya sea influyéndolos o siendo influido por ellos.
El resultado de tal encuentro ha producido sonoridades capaces de sacar al escucha de sí mismo y conducirlo a diversas dimensiones mentales, reflexiones existenciales o sensaciones en movimiento. Las obras creadas en este sentido son Arte-Factos culturales, aventuras en el microtiempo, las cuales requieren de la entrega a un flujo musical que enlaza una nueva expansión del quehacer humano con la experiencia auditiva en las diferentes décadas, desde mediados del siglo XX hasta el actual fin de la segunda decena del XXI.
El arte es la utopía de la vida. Los músicos rockeros de nuestro tiempo no han cesado en su tarea de acomodar la práctica musical a una búsqueda imparable de tales adecuaciones. La indagación sonora adquiere, en este contexto, un nuevo significado: no es mera búsqueda expresiva, sino persecución de horizontes culturales nuevos para un público en mutación, que exige de lo musical apreciaciones vitales, rizomáticas, en relación con sus exigencias estéticas y vivenciales.
Acompañando tales conceptos he creado las fotografías para que fungieran como ilustraciones en las portadas de los diferentes volúmenes. A éstas las he publicado de manera seriada e independiente bajo el rubro “Arte-Facto” de la categoría “Imago” del blog Con los audífonos puestos.
*Introducción al volumen Arte-Facto (IX), de la Editorial Doble A, cuyo contenido ha sido publicado de manera seriada en el blog Con los audífonos Puestos bajo esa categoría.
Arte-Facto (IX)
Sergio Monsalvo C.
Editorial Doble A
Colección “Textos”
The Netherlands, 2022
CONTENIDO
Agnes Obel: Myopia
Alabama Shakes: Exitosa Ubicuidad
Chk! Chk! Chk!: Distintas Voces
Courtney Barnett: Consentir la Esencia
D’Angelo: Cuentas Claras y el Beat Espeso
Eels: The Deconstruction
E Finito Il Sessantotto?: Evocación de la Revuelta
*Texto extraído del poemario de igual nombre. En la publicación original, en papel y en forma de booklet de disco compacto, los poemas fueron acompañados por las improvisaciones musicales respectivas que realizó el saxofonista Arturo Escalante para ellos, y que formaron parte del CD que acompañó al libro. Algunos textos del volumen han sido publicados online en el blog Con los audífonos puestos.
Ry Cooder no es un artista pretencioso. Con él no hay sitio para el culto al rockstar. Su talento y virtuosismo evocador en los diversos instrumentos de cuerda ha quedado plasmado en un enorme listado de álbumes, tanto suyos, en grupo o en los de otros colegas. Desde el Captain Beefheart, Little Feat, Randy Newman, los Rolling Stones o Neil Young, por mencionar unos cuantos. Sus colegas lo han llamado a colaborar con ellos en algún momento. Siempre ha gozado de gran prestigio entre sus semejantes.
No obstante, sus álbumes como solista fueron lo que lo pusieron en la palestra y con el reconocimiento generalizado. Con su largo bagaje, desde el lejano 1970, este oriundo de Los Ángeles ha viajado constante y asiduamente entre lo excéntrico global absoluto y el núcleo de la música popular estadounidense, y lo ha hecho con la convicción del estudioso consagrado.
Cooder se transporta por todos los géneros. Con su guitarra trata al blues, al gospel, al folk, al country o al rock, y lo hace como si él mismo los hubiera creado. A lo largo de su carrera este destacado instrumentista ha sabido mezclar tales esencias con sonoridades que rodean allende al mundo contemporáneo. Su andanza ha transcurrido desde el lustroso anonimato (“Sister Morphine”) hasta la contundencia del protagonismo en el estudio como titular. Cooder es el maestro de la slide (a la que instauró para el rock y el cine) para todos y punto. Es la encarnación de la inteligencia, el talento y la inspiración que sublima cualquier mezcla genérica que se precie.
Sin embargo, ha dicho que no hay misterios en la elaboración de su propia música. «Si la canción se sostiene, yo añado lo que pida. Para los coros y los vientos, vas a un buen estudio. Pero con las ideas muy claras: los estudios tienden a ser templos de la tecnología y yo no soy religioso. Necesito simplificar mi trabajo. Es lo último que me queda».
En los años cero (la primera década del siglo XX) el guitarrista redondeó su trilogía californiana, con su puntilloso discurso narrativo y musical, además de las originales ediciones que la acompañaron. Asimismo, se anotó en otros proyectos de fuerte compromiso social como We’ll never turn back, enfocado en la lucha por los derechos civiles, con Mavis Staples en lo vocal. «Desde entonces, ninguna compañía me ha llamado para producir algún álbum”. La industria (gobernada al fin por los neocons) le comenzó a pasar la factura por sus implicaciones ideológicas (aquella aventura cubana les había causado mucho escozor también).
“Dicen que no tenemos censura. Los republicanos de momento deben ir con la Constitución en la mano, aunque no les guste, porque saben que ese documento es la base de nuestra sociedad. Yo, o cualquiera, todavía podemos participar en una manifestación, cantar una canción o escribir una carta, pero el futuro no pinta bien. No me sorprendería que volvamos pronto a una época como la del macartismo y la caza de brujas”, explicó atingentemente al finalizar aquella década.
A pesar de todo, y dada su naturaleza, Cooder permanece fiel a su ética de trabajo y a su flujo estético. Al inicio de la segunda década del siglo XX realizó Pull up some dust and sit down, álbum en el que reactivó el concepto folk de las topical songs, cantos de la cotidianeidad con afanes críticos. “Las antiguas melodías y ritmos de la música vernácula me han ayudado a contar las historias de hoy. Ahora tenemos cosas nuevas que decir, aunque el estilo sea más o menos el mismo. siempre es tiempo de formar parte de algo”, dijo en su momento.
Pull Up Some Dust and Sit Down ahonda en el compromiso social del músico y compositor al conjuntar en tal disco puntos de vista sobre la crisis económica (que mientras tanto se ha convertido en global). Por él circulan la codicia de los banqueros, la reprobable política guerrera de la Unión Americana, las guerras neocoloniales, el empobrecimiento de la clase trabajadora, la disparidad e injusticia para con dicha clase y las protestas ciudadanas consecuentes en todo el orbe. Para eso recurre a Jesee James y a John Lee Hooker, y lo hace con humor y acidez. Asimismo, habla de la xenofobia: “Cuando me enteré de las medidas contra la inmigración ilegal de Arizona no lo podía creer, había que gritar contra ello”.
En todo eso su colaborador principal ha sido su hijo Joachim. “Él toca la batería y yo, la guitarra. La última vez trabajé con un pequeño grupo éste estuvo compuesto por mi amigo David Lindley y Joachim en la batería. Eso me gustó mucho. Todo funcionó muy bien. Joachim también había participado en el proyecto cubano.
“Cuando Joahim y yo tocamos juntos parecemos hermanos. A través suyo conocí a Howie B., el productor de dance al que contraté inmediatamente para el soundtrack que le hice a Wim Wenders, The End of Violence. Hizo un remix fantástico de mi composición en él [el propio mezclador Howie B., describió esta música –disfrutable también en forma separada de la pantalla– como mágica]. Me gusta armar soundtracks y creo que ese quedó bien. Claro, para ello le tienen que ofrecer a uno la película correcta. Alguien como Wenders tiene un relato bueno y buenas ideas, con una filosofía detrás”.
En él, Cooder hizo honor a su reputación como ambientalista sonoro con una colección de miniaturas instrumentales, en las que se hizo asistir por virtuosos de diversas convicciones. Además de viejos conocidos como el acordeonista Flaco Jiménez, el guitarrista James «Blood» Ulmer y el trompetista Jon Hassell. La película dio para dos CD’s de una hora de duración, el primero de Cooder, el segundo con diversos artistas, desde U2 con Sinead O’Connor como invitada hasta el dúo ocasional formado por Michael Stipe y Vic Chesnutt, Tom Waits, Los Lobos, Spain y Roy Orbison, puesto al día por Brian Eno.
Cooder había trabajado con Wenders en el soundtrack del famoso clásico Paris, Texas, con el que la reputación de Cooder en tal sentido se reafirmó. Su andar cinematográfico había comenzado en 1970 con la cinta Performance y, desde entonces, dicha labor se incrementó con 17 títulos más, entre los que se encuentran Street of Fire, Crossroads, Johnny Handsome, Geronimo: An American Legend y Last Man Standing (todas dirigidas por Walter Hill), Primary Colors (Mike Nichols) y My Blueberry Night (Wong Kar-wi)
Si el disco We’ll never turn back que apareció en 2007 y, desde entonces, nadie lo ha llamado para producir un álbum, lo mismo ha sucedido con Hollywood. Hace 15 años que no firma otro soundtrack (a cuenta igual de la industria, que prefiere desperdiciar el original talento del artista, en ambos campos, que darle otra oportunidad de cuestionar al sistema).
A pesar de las restricciones, Cooder siempre tiene algo qué hacer y qué decir, como en el reciente The Prodigal Son, en el cual sigue extendiendo los límites del círculo con el que comenzó con The Rising Sons, con un nuevo segmento en el que utiliza canciones del folk y del blues vernáculo, firmadas algunas de ellas por antiguos cantantes del góspel, donde parábolas como la que da título al disco trata sobre la búsqueda de lo sagrado encontrándolo finalmente en la música misma (electrificada).
Continúa levantando la voz en defensa de los exiliados, emigrantes y el estado actual de las cosas en su país y el mundo y su época incierta (un fresco de la realidad social), en piezas como “Everybody Ought to Treat a Stranger Right” en igual tesitura. O sobre la gentrificación, donde una víctima de ello se pregunta qué quieren los “Hombres Google”. O realmente disgustado con ese proletariado que sigue votando por la derecha. Y lo hace con todos los recursos que tiene a su alcance, incluyendo a su hijo, que le aporta musicalmente la estadía en el hoy.
Finalmente, los discos de Ry Cooder –todos ellos– son los relatos de un viajero por tiempos revueltos. Lo importante de cada álbum suyo son los matices, los elementos con los que crea la sustancia que enlaza temas y reflexiones nacidas de las raíces profundas, del quehacer de la cultura en el mundo que vivimos, donde ya nada de su problemática debe sernos ajena, al contrario. Ese es el mensaje ulterior del guitarrista.
De ahí su acento tan personal como comunitario, tan apasionado como sincero en la expresión de sus pensamientos y sensaciones. Es un testigo fiel, un músico ecléctico y un tipo seguro de sus objetivos: hacernos conscientes de una realidad que nos concierne a todos y en donde señala por sus actos a los injustos y a los que medran con la vida de los demás. Sí, Ry Cooder es un outsider justiciero.
VIDEO SUGERIDO: Ry Cooder – Prodigal Son – YouTube (George Plant)
*El ensayo “El Observador Comunitario” forma parte del libro Ry Cooder (El Outsider Justiciero) de la editorial Doble A, y ha sido publicado online de manera seriada en el blog Con los audífonos puestos.
Jack Kerouac llegó por primera vez a la Ciudad de México a fines de mayo de 1952, con el objetivo de encontrar motivación para escribir un nuevo libro. Arribó a la casa donde vivía de tiempo antes William Burroughs, en el número 210 de la calle de Orizaba, en la colonia Roma —una zona urbana europeizada en su arquitectura (art noveau, neo-colonial y funcionalista) que en aquella década era un revoltillo populoso cuya vida se enriquecía con los intercambios entre inmigrantes libaneses, judíos, gitanos y de las propias clase media y provincia mexicanas.
Antaño Burroughs había sido su mentor y Jack aún lo consideraba como tal, por su espíritu clarividente y una cosmovisión definida por el hecho supremo de la muerte. Aquél, desde sus distintos lugares de residencia, siempre ejerció como Sumo Augur. Enfundado en ello manifestaba su rebeldía contra un sistema opresivo que presagiaba el auge del totalitarismo. Sus visiones hablaban de estallidos de violencia urbana, de la fractura del establishment y de la juventud como punta de lanza en la instauración de cambios sociales.
A todo ello lo nutría con el experimento yonqui, con la anarquía interzonas y con la alienación del individuo atrapado por las constataciones de la finitud a las que él no quiso rendirse jamás. Las bases de su lucha estaban en el ansia de transformación y en el fluir de una conciencia epicúrea, retrofuturista, discordante y tóxica.
Este Burroughs le dio entonces la bienvenida al que tomaba como un talentoso escritor y elemento pertinente de esas huestes trasgresoras. Jack se instaló y comenzó a disfrutar de las arengas agrias e ingeniosas de su anfitrión mientras fumaba mota y mecanografiaba el texto de Visions of Cody. A la postre se lo envió a Allen Ginsberg, su «agente» literario por ese entonces. Drogado y tranquilo conversaba con su anfitrión y gurú y se acostaba con prostitutas…
*Fragmento del libro Mexico City Blues: Orizaba 210, publicado por la Editorial Doble A, y de manera seriada en el blog Con los audífonos puestos.
Hay canciones en las que sientes el espíritu de la emoción, como en las baladas lentas que pertenecen a una especie distinta de canción. Logras con ellas, escuchándolas, la atención en los márgenes de una tiniebla real, sin duda. En ellas el asunto es comunicarse con uno mismo, en otra revisita frente al espejo. Y la forma en que un intérprete trate la pieza (la construya, la haga tuya) servirá de medida exacta sobre la profundidad de su propia estima como artista. El camino directo al sentimiento está reservado para esas melodías que hablan de tu forma de transitar hacia la otredad y comprender que con tales cantos no estás solo para escuchar el crack del corazón.
VIDEO: Van Morrison – Someone Like You – YouTube (dahaser44)
BXXI-577 ROY HARGROVE
La expedición al maravilloso mundo musical de los cubanos se dio en un momento importante de la carrera de Roy Hargrove, en el que tenía que mostrar un estilo personal para distinguirse de sus compañeros de instrumento y de generación como Marcus Printup, Marlon Jordan, Russell Gunn y Roger Ingram. A punto de cumplir los 29 años de edad, imprimió con el proyecto Crisol y el álbum Habana un sello permanente en la historia del jazz. A Hargrove se le apreciaba ya como a un tipo de sentido estético confiable, productor de tonos nobles y guardián de una tradición musical negra propia, la cual iba adquiriendo tintes de clasicismo. Se confirmó en los siguientes años y discos.
VIDEO: Mambo for Roy (Chucho Valdés) – Roy Hargrove’s Crisol – YouTube (Manuela Salinas S.)
BXXI-578 JERRY LEE LEWIS
Fue en un concierto en Canadá donde comenzó la leyenda de Jerry Lee Lewis. “Quería hacer algo diferente para mi público, así que me levanté mientras seguía tocando el piano y al topar mis botas con el taburete, lo pateé hacia atrás y empecé a aporrear las teclas de pie y con mis botas», ha recordado. Así creó su imagen de marca: se erigió en The Killer, el ego más salvaje de los pioneros del rock. La personalidad dividida, entre el energético e incandescente músico encima del escenario y el patán provinciano debajo de él, jamás lo abandonó. El ego de todos los pilares del género (Elvis, Little Richard, Chuck Berry) siempre afectó sus carreras y relaciones, sin embargo, el desmesurado de Jerry Lee Lewis le taladró el espíritu y la mente.
VIDEO: Jerry Lee Lewis – Whole Lotta Shakin’ Goinng On (Ste Allen Show – 1957), YouTube (John 1948IxC)
BXXI-579 DE ÚLTIMO MOMENTO (EDGE/NESMITH)
Hacia el final de otro año fatídico, siguieron sonando las notas que expresaron el duelo por los rockeros caídos en el cuarto trimestre del 2021. En octubre, la Parca pasó de puntitas, sin hacer mella, pero en noviembre y diciembre, en el último suspiro del año, escogió a dos de ellos para llevárselos: Graeme Edge (de Moody Blues) y Mike Nesmith (de los Monkees). El uno alejado estilísticamente del otro -ambos en la antípodas–, pero unidos por su pertenencia a un mundo que hace comunidad sin importar qué, aún en una realidad actual en constante confusión y temor. El rock volvió a sonar para despedir, para sanar, para recordar que debemos continuar, sin importar qué…
VIDEO: The Moody Blues – Days Of Future Passed (1967, studio Album) 07 THE NIGHT, YouTube (LUAN692)
BXXI-580 BLUE MONDAY
En la actualidad: ¿Qué significa el lunes? ¿Un azote existencial? ¿Un castigo divino por el mal comportamiento del fin de semana? ¿El día más lejano del viernes? Son algunas de las muchas preguntas que provoca tal espacio temporal. Todas ellas llenas de lamentos, sufrimiento y penalidades. Pero también de sentido del humor (negro y capitalista, eso sí): se ha inventado un día del año para celebrarlo. El Blue Monday (lunes triste) se celebra todos los años –desde el segundo lustro de la primera década del siglo XXI– el tercer lunes del mes de enero. Tal acontecimiento surgió cuando Cliff Arnal, un investigador de la Universidad de Cardiff, escribió que era “el día más deprimente del calendario” debido al clima y a la “cuesta de enero”.
VIDEO: The Boomtown Rats – I Don’t Like Monsays (Official Video), YouTube (The Boomtown Rats)
Una de las aportaciones del rock a la cultura ha sido la de conectar a quienes trabajan en toda actividad estética y con ello creado sonidos, canciones o álbumes afines y alianzas artísticas en todo el mundo. Y lo ha hecho ya sea en un disco, en un track en particular o en la escenografía de un concierto. Ha conectado con aquellos que se han pasado la vida resolviendo sus misterios o belleza en alguna de sus formas, dentro de sus disciplinas individuales o conjuntas (humanistas o científicas), ya sea influyéndolos o siendo influido por ellos.
El resultado de tal encuentro ha producido sonoridades capaces de sacar al escucha de sí mismo y conducirlo a diversas dimensiones mentales, reflexiones existenciales o sensaciones en movimiento. Las obras creadas en este sentido son Arte-Factos culturales, aventuras en el microtiempo, las cuales requieren de la entrega a un flujo musical que enlaza una nueva expansión del quehacer humano con la experiencia auditiva en las diferentes décadas, desde mediados del siglo XX hasta el actual fin de la segunda decena del XXI.
El arte es la utopía de la vida. Los músicos rockeros de nuestro tiempo no han cesado en su tarea de acomodar la práctica musical a una búsqueda imparable de tales adecuaciones. La indagación sonora adquiere, en este contexto, un nuevo significado: no es mera búsqueda expresiva, sino persecución de horizontes culturales nuevos para un público en mutación, que exige de lo musical apreciaciones vitales, rizomáticas, en relación con sus exigencias estéticas y vivenciales.
Acompañando tales conceptos he creado las fotografías para que fungieran como ilustraciones en las portadas de los diferentes volúmenes. A éstas las he publicado de manera seriada e independiente bajo el rubro “Arte-Facto” de la categoría “Imago” del blog Con los audífonos puestos.
*Introducción al volumen Arte-Facto (IX), de la Editorial Doble A, cuyo contenido ha sido publicado de manera seriada en el blog Con los audífonos Puestos bajo esa categoría.
Arte-Facto (IX)
Sergio Monsalvo C.
Editorial Doble A
Colección “Textos”
The Netherlands, 2022
CONTENIDO
Agnes Obel: Myopia
Alabama Shakes: Exitosa Ubicuidad
Chk! Chk! Chk!: Distintas Voces
Courtney Barnett: Consentir la Esencia
D’Angelo: Cuentas Claras y el Beat Espeso
Eels: The Deconstruction
E Finito Il Sessantotto?: Evocación de la RevueltaFrightened Rabbit: Destino Fatal