JUMP BLUES

Por SERGIO MONSALVO C.

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 ENERGÉTICA REUNIÓN DE ESTILOS / I

El swing hot, el jazz y el country blues se condensaron en forma del jump blues al final de los años cuarenta del siglo XX, empujando a las pistas de baile a una población cansada de la guerra (la segunda mundial) y la inflación. Los pequeños y animados grupos que tocaban secuencias de blues con una energía y un entusiasmo sin precedentes eran acompañados por cantantes gritones de ambos sexos.

El ánimo de los intérpretes se reflejaba en el del público. Los sax tenores graznaban y chillaban, los pianos ejercían un papel percusivo y las guitarras eléctricas vibraban y punteaban. Las letras de las canciones eran sencillas y elementales, dirigiéndose a los corazones de los adolescentes mientras el estruendoso ritmo los hacía mover los pies.

Al aumentar la popularidad de la música, atrajo a hordas de imitadores y admiradores. En pocos años, el jump blues cambió el rumbo de la música popular en los Estados Unidos, aunque para entonces (al inicio de los cincuenta) ya se le denominaba «rock and roll».

Durante su auge, el poder de convocatoria del jump blues abarcaba a todas las razas y situaciones económicas, al contrario del country blues y del blues eléctrico urbano, de público en su mayoría negro. Era capaz de llenar los salones de baile con cientos de fans eufóricos.

Tarheel Slim (Alden Bunn) cantó y tocó su guitarra en todos los géneros, desde el gospel hasta el doo-wop, durante su carrera. Sus primeras grabaciones fueron con The Selah Singers y The Larks and Wheels. Se dio a conocer de manera masiva al juntarse con su esposa, Anna Sanford, como Tarheel Slim & Little Ann, en 1959, con la balada «It’s Too Late», entre otras. «Number 9 Train», del año anteriores, suelta los frenos y se basa en sus antecedentes en el blues y gospel para producir uno de los jump blues más animados.

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«Choo Choo Ch’Boogie», por su parte, monopolizó el primer lugar de las listas de éxitos por más de cuatro meses en 1946. Los autores eran dos compositores de country, Denver Darling y Vaughan Horton, pero hizo falta Louis Jordan, el abuelito del jump blues y del rock and roll, para dar vida a la canción.

Otro de los destacados intérpretes del jump blues fue Professor Longhair, dueño de un estilo único, aunque la falta de grabaciones le impidió darse a conocer fuera de su natal Nueva Orleáns hasta la década de los setenta. Little Richard Penniman, en cambio, según él mismo «el cuasar del rock and roll», se encargó de enseñar a todos cómo debía sonar el jump blues, en canciones como «Little Richard’s Boogie».

Esta grabación, anterior a sus éxitos «Tutti Frutti», «Rip It Up» y «Long Tall Sally», puso de manifiesto la fusión de viejos estilos de boogie con jump blues, la cual sirvió de fundamento al rock and roll.

Ruth Brown, la «señorita ritmo», fue la cantante más importante de rhythm and blues durante la primera mitad de los años cincuenta y vendió millones de discos con jump blues como «Teardrops from My Eyes», «5-10-15 Hours» y «(Mama) He Treats Your Daughter Mean», entre otros grandes éxitos. Su carrera musical llegó a su fin a comienzos de los cincuenta.

Big Joe Turner, por el contrario, se mantuvo bajo la luz de los reflectores durante 50 años, anticipándose a todos los cambios en las modas musicales.  Fue una de las estrellas del revival del boogie a finales de los treinta, por ejemplo, así como un «ídolo adolescente» en 1954, a los 43 años, con «Shake, Rattle, and Roll». Durante dicha década, su colaboración con el innovador pianista Harry Van «Piano Man» Walls fue un factor importante en la consecución de muchos grandes éxitos.

Louis Prima convirtió un estilo vocal salvaje e incoherente en uno de los espectáculos más electrizantes, al combinar su interpretación vociferante del jump blues con un ruidoso sax tenor y un intenso ritmo de fondo. Prima llegó a Nueva York con su trompeta y vocales jump en 1935. La gran energía y el virtuosismo musical sirvieron de base al gran éxito y la popularidad continua de su grupo The Witnesses.

Floyd Dixon, pianista y cantante, empezó a grabar a los 17 años y llegó a la culminación de su carrera a comienzos de los cincuenta, como representante clave del rhythm and blues de California. Sin embargo, se conocía más en Europa que en su patria e hizo falta la interpretación de su pieza «Hey Bartender» por Dan Aykroyd y John Belushi, en la película The Blues Brothers, para impulsar su carrera de manera definitiva y establecer la canción como un clásico del jump blues.

VIDEO SUGERIDO: Hey Bartender – Floyd Dixon, YouTube (1Bluesboy1)

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NEOPSICODELIA

Por SERGIO MONSALVO C.

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 LA SONORIDAD ALUCINADA

La experiencia sesentera con la lectura de Aldous Huxley (Las puertas de la percepción) dio nuevos bríos a aquellos que sospechaban o percibían que la realidad es un valle extraño y enigmático, que siempre huye de nuestra estrecha mirada humana.

En la música sus ensayos y visiones fueron columna vertebral para el surgimiento del rock psicodélico, caracterizado por su misticismo, improvisación compositiva y relación con las drogas alucinógenas como el cannabis, la psilocibina, los hongos, el peyote  y sobre todo con el LSD.

Iniciado en aquella década, la larga sombra de dicho estilo de rock (Jefferson Airplane, Grateful Dead, Pink Floyd, Donovan, Electric Prunes, 13th. Floor Elevator, etcétera) llega hasta nuestros días (pasando por la bisagra de Psychic TV) con el reggae, el triphop, el dub, el soul psicodélico, el acid folk y en la electrónica con el trance, el space rock, new age, psybient, ethereal wave y breakbeat psicodélico, entre otros derivados a los que se han agregado la ketamina y el éxtasis.

La corriente neopsicodélica actual (y underground) no es simplemente un subgénero sustancioso, así como tampoco es un término artificial para reunir estilos divergentes bajo un solo rubro. No.

El underground neopsicodélico contemporáneo es ante todo una corriente cuya concientización ha hecho posible el ensanchamiento de los horizontes, la continuación de la libre experimentación, que tuvo sus antecedentes teóricos en el científico Abram Hoffer, en el ya mencionado literato Aldous Huxley, en el filósofo Gerald Heard, en el teólogo Alan Watts y en el profeta ciberdélico Timothy Leary.

En las últimas décadas, en otra vuelta de tuerca, en otra espiral evolutiva, esta ramificación de la música contemporánea ha creado una conciencia nueva y comprendido cabalmente su tradición destinataria. La mentalidad se ha tornado tan importante como la certidumbre física.

Cuando se consigue percibir las contribuciones aportadas por esta corriente a las formas de pensamiento, la experiencia subterránea no parece ya tan curiosa como impresionante. Es el potencial de la contracultura enfrentado al sacrificio superfluo de los deseos que exige todavía la sociedad del individuo.

La música electrónicamente reforzada y las hipnosis neopsicodélicas han sido uno de los medios para sonorizar la contracultura y crear una nueva sensibilidad. Esta avanzada del underground ha sentado bases divisorias en la cultura musical contemporánea.

Actualmente un racimo de grupos continúa en el ejercicio de emparentar al rock occidental con la psicodelia (que hunde sus raíces en el Oriente), el surrealismo o el misticismo.

Una alucinante —nunca mejor dicho— etapa de estos años recientes en las que estas bandas, ofrecen nuevas sensaciones a un público sediento de experiencias: Animal Collective, Tame Impala, Grizzly Bear, MGMT, The Paperhead, White Fence, Ariel Pink’s Haunted Graffiti, Temples, Maston, Foxygen o Melody’s Echo Chamber, por mencionar algunos cuantos ejemplos.

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Las inducciones sonoras de este subgénero se trasmiten a través del cuerpo de la racionalidad, para ponerse al servicio del lamento en la intensidad vital.

La capacidad para liberar emociones es la mayor fuerza erótica de la neopsicodelia. Ha tenido tales efectos, ya que promete un mundo sin renuncia a los impulsos y sin coacciones, la inocencia de una sensibilidad diferente.

Pese a que ha surgido durante un periodo de transición musical, no hay un instante preciso que marque el inicio de esta nueva era subterránea.

La neopsicodelia surge como un testimonio propio inspirado en la rebelión hacia un mundo empecinado en el conservadurismo y las fórmulas programadas.

La sola idea de «música underground» ha sentado desde los inicios de la corriente las bases divisorias de la cultura del rock. Los grupos han coexistido como científicos que en forma paralela ponen a prueba alucinantes experimentos (literalmente).

En el sur de California la verdad de la neopsicodelia ha recibido la constante confirmación de credibilidad por parte de algunos locos, tan arrebatados con la imagen de nuevas sensibilidades, que el ácido siempre resulta un valor al alza.

VIDEO SUGERIDO: Animal Collective – My Girls (Official Video), YouTube (Domino Recording Co.)

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A-HA

Por SERGIO MONSALVO C.

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 DULCE PARA ADOLESCENTES

A-Ha fue un grupo de soft rock de origen noruego y uno de los más exitosos a fines de la década de los ochenta, aunque de breve existencia. La popularidad de este conjunto, lo mismo que la de sus predecesores escandinavos de nombre Abba, reflejó en forma simultánea el carácter internacional de la música pop y la importancia central que le dieron al idioma inglés, en el cual compusieron y cantaron.

Bajo la influencia de los Beatles y los Doors, el tecladista Magne Foruholmen y el guitarrista Pal Waaktar, respectivamente, participaron en las agrupaciones Spider Empire y Bridges en la capital, Oslo, a mediados de los años setenta. Con este último grabaron un disco producido por ellos mismos llamado Nye Takter.

Llevándolo bajo el brazo viajaron a Londres para buscar un contrato con alguna compañía discográfica. No obtuvieron los resultados que esperaban y regresaron a casa a desbandarse.

Ambos músicos entonces decidieron reclutar al cantante Morten Harket –quien provenía de un grupo que interpretaba soul, de nombre Souldier Blue– para formar un trío. Una vez acoplados, lo volvieron a intentar en Inglaterra.

Luego de un tiempo de tocar puertas con sus demos caseros, la compañía Warner Bros. firmó con ellos un contrato preliminar; les asignó al director musical Dag Kolsrud y los puso a grabar un disco sencillo.

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Así, en 1985 salió a la luz la pieza «Take on Me», con la cual pronto se dieron a conocer en Europa y llegaron al primer lugar en las listas de los Estados Unidos, apoyados por un videoclip dirigido por Steve Barron, el cual incluyó efectos de animación que sorprendieron a los especialistas y al público en general.

La posición del grupo como ídolos para adolescentes se reforzó posteriormente con las canciones «The Sun Always Shines on TV», «Train of Thought» y «Hunting High and Low», pieza esta última que le dio título a su primer L.P. en 1986.

Ya convertidos en «estrellas mundiales», A-Ha, el bonito trío noruego, se lanzó a una gira europea con el handicap en contra de no haberse presentado jamás ante un público en vivo. Con la colaboración de tres músicos sesionistas (bajo, batería y teclados) el grupo mostró un repertorio que no brindaba muchas variantes y sí un sonido insípido que denotaba su elaboración en el estudio.

La crítica los hizo polvo por todo ello, pero las adolescentes se desmayaron, cantaron y gritaron que dio gusto. El disco se vendió en grandes cantidades.

De regreso en Inglaterra, el productor de Cliff Richard los tomó a su cargo y supervisó el proceso de su segundo álbum, Scoundrel Days, que apareció a fines de 1986. De ahí extrajeron la canción «Manhattan Skyline», que se convirtió en hit en 1987.

El mismo año el letrista del grupo, Waaktar, colaboró con John Barry en el tema para la película The Living Daylights de James Bond.

A principios de 1988 comenzaron los problemas. La imagen que habían creado empezó a quedarles grande como músicos. La tensión creció entre ellos, lo mismo que con su equipo de producción. No obstante, apareció el disco Stay on These Roads.

Tras lo cual Dag Kolsrud dejó de asesorarlos para irse a formar al grupo One 2 Many. El disco subrayó claramente la problemática y que A-Ha no logró ganar la lucha contra el estancamiento musical. La voz de Harket evidenció su falta de flexibilidad y fuerza al salirse de los patrones sentimentales establecidos.

Las programaciones y los bancos de sonido mantuvieron el mismo tono; sin embargo, las canciones se atoraron en el intento interpretativo. La pieza que da título al último disco fue otro éxito de ventas, pero el grupo ya corría en un solo lugar como perro tras su cola y terminó por tronar.

VIDEO SUGERIDO: a-ha – Take On Me (Official Music Video), YouTube (RHINO)

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JANIS & GRACE

Por SERGIO MONSALVO C.

JANIS & GRACE (FOTO 1)

 ESTRELLAS DE LA COSMOGONÍA

 El Monterey International Pop Music Festival (su nombre oficial) fue el primer festival masivo de rock que se realizó en el mundo (1967). Ese solo hecho bastaría para anotarlo en la bitácora del acontecer humano, sin embargo la efeméride fue más allá de la anécdota.

Se erigió en el pico de una época que se conocería más tarde como el “Verano del Amor”, la plenitud de la revolución hippie y la plataforma de despegue de la experiencia psicodélica.

Al evento —que fue todo un happening, un carnaval, una fiesta multitudinaria y alegre— asistieron cotidianamente alrededor de 50 mil personas, en un suceso que duró tres días (del 16 al 18 de junio). Cabe señalar que este festival lo tuvo todo para encumbrar a quienes participaron en él.

Sin embargo, nadie de los que estuvieron presentes, o de quienes hayan visto la película del evento posteriormente, podrá olvidar jamás las escenas de las presentaciones de Janis Joplin y del Jefferson Airplane, por su significancia.

En ese momento de su historia el rock cimentaba su mitología posclásica con la aparición de mujeres en su cosmogonía. Eran émulas de Atenea (aquella diosa griega de la sabiduría que había sabido manejar a las Furias a base de rituales únicos), mujeres duras cuya divinidad irradiaba comportamientos distintos.

Se trataba de Janis Joplin y de Grace Slick, diosas nacidas del rock y de la contracultura. Ningún protagonista mitológico está completo sin la provocación de otros estilos iguales en fuerza, pero contrastantes. El rock ácido de los sesenta produjo a dichas deidades opuestas.

VIDEO SUGERIDO: Jefferson Airplane – Somebody to Love (Live at Monterey Pop Festival 1967 stereo Edition), YouTube (exclusivevids1000)

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Joplin y Slick fueron los ejemplos más populares en sus aspectos oscuro y luminoso. Slick (como cantante de la agrupación Jefferson Airplane, con la fusión de géneros musicales, el intelecto y la crítica social) era la belleza a la moda, una ex modelo de penetrante voz de soprano. Las drogas que ella afirmaba preferir eran las psicodélicas “buenas”, las cuales servían para “expandir la mente”.

A manera de contraste, los escapes que el público le conocía a Janis Joplin —la heroína y el alcohol— eran objetables para los involucrados en el misticismo orientalista. Janis, muchas veces pasada de peso, fachosa, ebria, bisexual y ríspida, era una impactante rebelde del rock mismo.

A diferencia de las alucinantes metáforas presentadas por Slick (plagadas de referencias literarias, poéticas, orientalistas, místicas, contraculturales) Joplin escupía sus emociones en el escenario.

Mientras que la evocación de una nueva comunidad por parte de Grace, al frente del Jefferson Airplane, equivalía a un llamado para crear el Edén Occidental, Janis exaltaba al individuo, al aquí y ahora con todo y sus infiernos particulares.

El vestuario de esta última representaba la autonomía de las modas dominantes. Era un collage estridente basado en pieles falsas, plumas de amplia variedad (en la cabeza y el cuerpo), collares y alhajas de fantasía, blusones, pantalones de terciopelo o seda de sórdidos colores, cabello enmarañado. Su ejecución orgiástica de las canciones hacía de sus presentaciones la apoteosis de una áspera emotividad.

El vestuario de la Slick, con su grafía psicodélica y plena de simbolismo compuesto por estrellas, barras y colores vivos, era más ordenado y convencional, pero lo usaba con la resuelta convicción del guerrero iracundo. Grace fue el epítome femenino de un momento, de una era, de una utopía.

Ambas dominaban a sus grupos visualmente y también en cuanto a la forma de interpretación.

La que hizo Janis de “Ball and Chain”, un tema de Big Mama Thornton, con su ruda y áspera voz hizo polvo a todos los concurrentesen aquel Festival. Se erigió en la nueva figura de una cantante de blues con el sexo y las emociones fluyendo hacia el auditorio en forma total, candente, veraz y profunda. Realizó la transición de cantante callejera a una refulgente estrella del escenario.

VIDEO SUGERIDO: Janis Joplin – Ball & Chain – Monterey Pop, YouTube (criterioncollection)

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JACK JOHNSON

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL ARTE DE LA SENCILLEZ

La historia de Hawai tiene aproximadamente un milenio de existencia. En el siglo XVIII el archipiélago fue “descubierto” por los ingleses y tras muchos vericuetos fue anexado a los Estados Unidos a fines del XIX y pasó a ser parte de éstos en 1959.

Época en que las islas que lo componen comenzaron a ser un atractivo turístico y un deporte practicado por los nativos pasó a conocerse en todo el mundo: el surf.

Todas las islas de Hawai se formaron por la acción de los volcanes que surgieron del fondo del mar en el sur del Océano Pacífico. El archipiélago de Hawai se compone de 18 islas y atolones que se extienden a los largo de 2 mil 400 kilómetros, y en los que se encuentran playas de belleza inconmensurable con un clima maravilloso.

Una de sus islas principales lleva el nombre de Oahu, la más poblada del conglomerado. En Oahu se encuentra la capital del estado, Honolulú, y otros lugares de renombre internacional como Waikiki y Pearl Harbor.

En Oahu también nació en 1975 el que en la actualidad es su mayor representante musical, Jack Johnson.

Este famoso cantautor comenzó como surfista amateur y luego profesional (convirtiéndose en campeón) entre los 12 y los 17 años de edad. Momento en que sufrió un accidente casi mortal al querer montar la ola conocida como “Pipeline”.

Durante el tiempo que estuvo convaleciente aprendió a tocar la guitarra y a componer canciones. Su estilo tiene las influencias que van desde Cat Stevens hasta Fugazi.

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Cuando se recuperó un año después se trasladó a estudiar cine a la Universidad de California. Se graduó con un documental (Thicker Than Water) codirigido y filmado por él en el que habló sobre la belleza del surf.

Para esta película escribió algunas canciones que formaron parte del soundtrack, hecho que provocó la entrada de Johnson en el mundo de la música.

De cualquier manera muchas de sus interpretaciones ya habían circulado en forma de cassette en grabaciones piratas distribuidas entre la comunidad mundial del surf. Eran canciones folk llenas de pasión, con sabor de blues y hip hop.

El también cantautor Ben Harper escuchó algunas de estas cintas y lo contrató para editar su primer disco. En el ínterin ya había filmado y musicalizado otro par de películas de culto surfero.

Fue en enero del 2001 que apareció su primera obra llamada Brushfire Fairytales, con la discográfica independiente Enjoy Records. Dicho debut tuvo repercusiones en muchos niveles.

VIDEO SUGERIDO: Jack Johnson – Sitting, Waiting, Wishing [Reversed], YouTube (eerieperson)

Los sencillos extraídos de él se convirtieron en hits entre los adolescentes gustadores de la playa y las estaciones universitarias de radio. La crítica lo comparó con su mentor Ben Harper y con Dave Matthews. El álbum vendió más de un millón de copias. Las canciones contaban historias simples de amor y desencuentros.

Luego de su primer éxito, Jack Johnson decidió fundar su propio sello discográfico, Brushfire Records, donde editó su siguiente trabajo. El disco incluía la misma alineación del primero con Jack en la voz y la guitarra, Adam Topol en la batería y Merlo Podlewski en el bajo.

Titulada On and On, la nueva antología estaba compuesta de sentidas  baladas y temas donde criticaba el materialismo de la vida actual, la industrialización, las matanzas escolares, el petróleo y la guerra de Bush.

En el 2005 Johnson grabó su siguiente disco, el tercero, al que llamó In Between Dreams, en el que de nuevo convocó a sus compañeros, pero ahora con canciones acústicas llenas de sonidos magníficos de la guitarra y unas líneas de bajo sólidas, para crear un hipnótico blues con ritmos infectados de funk.

Este álbum fue grabado en Hawai y producido por Mario Caldato Jr. Las canciones son románticas y nostálgicas aunque también se pueden encontrar las de crítica social.

Aunque las continuas y largas andanzas para promocionar sus discos le llevaran mucho tiempo, siempre buscó espacios en su agenda para continuar con su trabajo como cineasta. Así que a las aclamadas Thicker Than Water y The September Sessions, se aunó Curious George, en la que contó con la colaboración de sus amigos de siempre, Ben Harper, G. Love y Matt Costa. De ahí se extrajo la banda sonora que se balancea entre el folk, el reggae y el rock.

El hawiaiano Jack Johnson está considerado en la actualidad como el auténtico beach boy del siglo XXI por vincular del surf, del que continúa siendo un gran amante, con la música, lo cual lo ha convertido en un icono de ambos mundos.

La esencia de sus canciones permite relajarse, sentirse cerca de la playa de sus ambientes contemporáneos o incluso encima de una ola, ya que al igual que otros artistas forma parte de la banda sonora de los viajes de cualquier surfero o amante de la naturaleza.

Con el mismo estilo que lo ha caracterizado a lo largo de su carrera, el guitarrista, cantante y compositor, lanzó en el 2008 el disco Sleep Through the Static, con el detalle, aparte de sus destacadas aportaciones musicales, de que fue grabado al cien por ciento por energía solar en su recién inaugurado estudio: The Mangro Tree.

Son catorce canciones con su sello, humor relajado y comentarios en torno al mundo que le ha tocado vivir. Lo mismo que un compromiso a favor del cambio en el gobierno de su país.

Otra de sus películas, A Broken Down Melody, trasmite junto a amigos suyos como Gary Lopez o Kelly Slater, el ocho veces campeón del mundo en la disciplina surfera, el verdadero espíritu de este deporte elevado a la categoría de experiencia religiosa, mediante sus imágenes y por supuesto con su música.

Indudablemente, Jack Johnson en la última década se ha hecho de un hueco dentro del difícil panorama musical y lo ha hecho a base de calidad y autenticidad. Sus más recientes discos: To The Sea, From Here To Now To You y All The Ligh Above It Too, continúan en esa línea y con su envidiable poética.

VIDEO SUGERIDO: Upside Down jack Johnson, YouTube (sellyvsroy)

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EL BEAT DE LA IDENTIDAD

Por SERGIO MONSALVO C.

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(1972)

En 1972, en Londonberry, Irlanda, 13 civiles resultaron muertos por los disparos de los soldados ingleses durante lo que se dio en llamar el «Domingo Sangriento» (Bloody Sunday).

Las últimas tropas estadounidenses abandonaron Vietnam.

Terroristas palestinos mataron a miembros del equipo olímpico israelí.

En 1972, luego de tres años de intentarlo, el grupo Genesis, de tendencia progresiva, logró que sus teatrales puestas en escena y su característico material les ganaran una devota audiencia. Sin embargo, con el éxito también llegó la separación de su cantante principal Peter Gabriel. Esta crisis fue superada cuando el baterista Phil Collins se reveló como un buen sustituto, luego de que más de 400 aspirantes no consiguieron pasar la prueba.

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Vincent Furnier formó su grupo en Phoenix, Arizona, y tras diversos cambios de nombre se decidió por el de Alice Cooper, que adoptó también para sí mismo. El grupo estuvo comiendo en casas de asistencia social hasta que en 1969 Frank Zappa, luego de ver su espectáculo, los contrató para su sello discográfico. No obstante, sus primeros álbumes fueron sonados fracasos. Desapareció del mapa para resucitar en Detroit un año después. Los éxitos comenzaron a llegar, culminando con «School’s Out» en el primer lugar de las listas.

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Los puntales de Steely Dan eran más intelectuales que teatrales, y se anotaron éxitos notables como «Ricky, Don’t Lose That Number» y «Do It Again». El sofisticado sonido del que hacían gala, instrumentalmente perfecto y oscuro en cuanto a sus letras, hizo de ellos el grupo preferido de los escuchas con inclinaciones intelectuales, pero a mediados de la década sus principales animadores, Donald Fagen y Walter Becker, decidieron permitirse el lujo de no actuar en vivo. Esto no afectó para nada sus ventas.

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Dos exmiembros de Steely Dan decidieron compartir su suerte con los Dooby Brothers, que también aparecieron en 1972 con el sencillo «Black Water». A pesar de los numerosos cambios de personal y de su relativo anonimato individual, los Dooby consiguieron pulir su estilo e incrementar su audiencia, llegando a vender un total de 30 millones de discos a lo largo de su historia.

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1972 marcó sobremanera la excelsitud interpretativa y el virtuosismo instrumental. Fue la época en que el llamado «Slowhand», Eric Clapton, tras la máscara de Derek and The Dominos, disfrutó de un buen momento en medio de una tragedia romántica. Clapton tuvo a bien acercar a su grupo al guitarrista Duane Allman, de los Allman Brothers, para grabar un tema que se convertiría en inmortal: «Layla». Tras la realización del álbum, Duane Allman murió en un accidente de motocicleta y el rock se quedó sin una de sus estrellas más promisorias.

VIDEO SUGERIDO: Layla – Derek and The Dominos, YouTube (shippenthusiast)

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ERIC CLAPTON

POR SERGIO MONSALVO C.

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 NEGRO DEL CORAZÓN

El incipiente músico que era Eric Clapton al comienzo de los años sesenta comprendió pronto que el hecho de tocar y cantar el blues implicaba un objetivo insoslayable: hay cosas que necesitan ser dichas de una vez, no en términos definitivos o grandilocuentes, sino de una forma que permita a quienes lo interpretan añadir sus detalles personales de la manera más franca.

Los jóvenes que blueseaban por entonces, en aquella Inglaterra de posguerra, se hicieron conscientes de las realidades del mundo, más de lo que habían sido otras generaciones anteriores. Mostraron con su presencia que una forma de cantar el blues se desarrollaba fuera de las condiciones sociales negro-estadounidenses que dieron origen al género.

Ya no se pudo decir que los blancos eran incapaces de tocar o cantar el blues. Ya no era una cuestión de raza o de color, sino de actitudes ante la vida. Ese aprendizaje abrió las puertas del género para todo el mundo.

Eric Clapton se volvió un devoto del nuevo conocimiento y como tal su preocupación principal era precisar el sentido de su fidelidad a las fuentes originales y la dirección estética que contendrían sus esfuerzos de creación a partir de ellas.

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“El blues no es completamente negroide, porque si lo fuera no sería blues. Ha nacido de una situación en parte negra y en parte blanca. Es un poco como una mezcla de country y de música africana. Sin estos semicírculos no habría círculo completo. El feeling que inspira ha sido un catalizador formidable. Se puede encontrar ese feeling en cualquier parte. Si la vida, la infancia de uno han sido difíciles, se tendrá ese feeling, sea uno lo que sea: negro, blanco, café, amarillo o rojo”, pensaba y sostenía Eric.

Las meditaciones que realizaba este jovencito de 17 años al respecto eran los pasos fundamentales para la evolución. Por lo pronto, estaba profundizando en los rudimentos técnicos que requería el instrumento.

Todas las horas que dedicó a escuchar discos incansablemente, a tratar de repetir riffs y encontrar diversas formas de canalizarlos por las cuerdas, fueron el germen que hicieron de él un estilista. Uno que buscaba la pureza del sonido y con ella el equilibrio interior a la hora de tocarlo.

Para él, como para muchos otros, el autodidactismo era la única forma de llegar al blues, no había ninguna otra. Sin embargo, sólo tenía una manera de ser abordado: en la soledad exclusiva. “Mi guitarra es un intermediario por medio del cual entro en contacto conmigo mismo. Es una experiencia muy, muy solitaria. Es el blues”.

El joven aprendiz también tenía sus reglas: “Hay que sacudir el cielo y la tierra para escuchar a los mejores representantes del campo en el que uno se mete, la satisfacción será mayor si se alcanzan los fines con medios propios”.

VIDEO SUGERIDO: Cream – Stormy Monday (Royal Albert Hall 2005) (11 of 22), YouTube (theeshrimpking)

Muddy Waters les decía a aquellos músicos bisoños que el blues es algo más que un género musical. Eric Clapton es un heredero legítimo de aquella instrucción. Un dogma de fe que lo ha acompañado a lo largo de su carrera. La creación bluesera ha transitado por sus diferentes discos desde entonces. Son temas que han estado un poco en la oscuridad en beneficio de temas más populares; sin embargo, el blues corre por cada nota y compás.

Clapton, desde aquellos lejanos años sesenta, se sentía realmente ligado al blues. Con su refinado virtuosismo estilizó una buena cantidad de riffs heredados de los guitarristas negros. Aprendió a tocar la guitarra con los discos de Chuck Berry, para luego seguir el camino bluesero con Big Bill Broonzy, Robert Johnson, Skip James o Blind Boy Fuller.

Simplemente se zambulló de cabeza en aquel mundo nuevo para él. No obstante, a los 18 años se entusiasmó por B. B. King y desde entonces no ha cambiado su idea de que éste ha sido el mejor guitarrista de blues del mundo.

Fue gracias a esta admiración que encontró el primer dogma de su carrera: «He abierto mi mente al hecho de que no se necesita tocar con arreglos previos y que se puede improvisar todo el tiempo. Y ése es el punto al que quiero llegar: ése en el que no tenga que tocar nada que no sea improvisación. Dentro de mí y de mi música hay más blues que cualquier otra cosa».

Con el tiempo y bajo tal consigna el guitarrista inglés mostró un gran rigor en la construcción de sus solos y se aplicó al manejo del pedal wah-wah, de la bottle neck y del dobro.

Clapton se convirtió en un verdadero catalizador. Provocó que instrumentistas de su generación y de las siguientes se interesaran por los estilistas negros como Otis Rush, Freddie King y el ya mencionado B. B. A la larga gozó de la misma estima que ellos en la mayoría de los ambientes musicales.

La precisión y la perfección de su estilo fueron consecuencias sobre todo de un enorme trabajo técnico y personal. Se cuenta que pasaba días enteros intentando dominar uno o dos riffs de los que toman forma tantos temas del blues.

La retroalimentación de la cultura bluesera se hace patente en este músico, en el que se escucha el camino que ha seguido el género desde sus orígenes rurales hasta las hipermodernidades urbanas. Un viaje pleno de sorpresas y de riquezas musicales, donde la negritud divulgada por sus generadores primigenios es devuelta con reconocimiento y aprecio por parte de los representantes blancos de ese género, con Clapton a la cabeza.

Y esa aura de artista distinto, especial, se ha mantenido con cada nuevo blues que graba (desde “Got Love If You Want It”, de Slim Harpo, hasta el propio y reciente “Run Back to Your Side”), con cada grupo que integra (Yardbirds, Bluesbreakers, Cream, Blind Faith, Delaney and Bonnie, Derek and The Dominos) en cada dueto o colaboración que realiza (desde Sonny Boy Williamson a Wynton Marsalis, pasando por la pléyade rockera), en cada acorde que ha rasgado como solista.

En la segunda década del siglo XXI ha cerrado un círculo que comenzó hace 50 años: veló sus primeras armas como paladín del blues con Sonny Boy Williamson; bebió de las enseñanzas de Robert Johnson, Muddy Waters y Howlin’ Wolf; se convirtió en un estilista y sufrió lo que tenía que sufrir; confirmó su militancia irrenunciable junto a B B King al final del XX y, en estos albores del XXI, se embarcó en un viaje a las raíces del género con el reconocido purista de dicha estética tradicionalista: Wynton Marsalis. Un círculo completo.

«El blues es algo más que un género musical», les explicó Muddy Waters a los noveles músicos ingleses de los años sesenta. Eric Clapton, tomó para sí aquellas palabras canónicas y a través de su discografía de 50 años (con más de un centenar de álbumes en estudio, en vivo, compilaciones, soundtracks e infinidad de colaboraciones con diversos artistas) se ha reafirmado, una y otra vez, como un auténtico negro del corazón.

VIDEO SUGERIDO: Eric Clapton – It Hurts Me Too – Live, YouTube (mkrstic63)

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BIBLIOGRAFÍA

Por SERGIO MONSALVO C.

Rockabilly Portada 2

ROCKABILLY 

LA BÁRBARA NECESIDAD*

La mitología de la que se nutre el rock & roll le otorga el mayor mérito a toda desmesura y a las explosiones del genio individual, sobre todo a aquello que refleje el barullo mental y emocional que se transpira siendo de naturaleza airada.

Y su constante desde siempre ha sido la necesidad de expresarse, del descubrimiento de cómo hacerlo, de lo dinámico y de lo bárbaro que dicha necesidad conlleva: la misión de hacer visible la intuición absoluta, la emoción de vivir el aquí y ahora para siempre, y su revelación no acepta más que la libertad expresiva también.

Así se ha nutrido tal mitología y la de los subgéneros como el histórico rockabilly en igual medida.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos se encontraron, por primera vez en la historia, con el concepto «adolescencia». Una enorme masa juvenil que nunca había sido tomada en cuenta. Esa juventud empezó a crearse un universo propio. Tenía otros códigos de comportamiento, otros gustos, otras modas, otras formas de relacionarse. Y a la vez se negaba a aceptar los valores establecidos por la generación anterior.

Los adolescentes del primer lustro de los años cincuenta no estaban dispuestos a aceptar la música que sus padres aprobaban. El rockabilly les sirvió de estimulante.

*Fragmento de la introducción al libro de tal título en la Editorial Doble A y  publicado en el blog Con los audífonos puestos de manera seriada, dentro del concepto “Signos”.

 

Rockabilly

La bárbara necesidad

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Textos”

The Netherlands, 2019

 

Exlibris 3 - kopie

EL BEAT DE LA IDENTIDAD/18

Por SERGIO MONSALVO C.

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PULSOR 4×4/18

(1971)

En 1971, un golpe de Estado entronizó en Uganda al general Idi Amín, de infausta memoria.

La Gran Bretaña adoptó el sistema decimal para su moneda. Como siempre los ingleses llegando tarde.

En tal año estalló la guerra entre la India y Pakistán. Bangla Desh obtuvo su independencia.

En 1971, los integrantes del grupo Yes, superando el desánimo general por la segunda crisis del rock tras la muerte de varios de sus representantes y la reciente de Jim Morrison, lograron finalmente el reconocimiento con The Yes Album. Rick Wakeman, Jon Anderson y Steve Howe se abrieron un camino que aún no llega a su fin. Las portadas de sus discos se vuelven modelo a seguir.

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Carole King empezó en los años cincuenta como autora de canciones formando equipo con su marido Gerry Goffin. Grabó algunos temas sin éxito en los sesenta, pero en 1971 volvió a entrar a los estudios y obtuvo un disco de oro con el sencillo «It’s Too Late». Su álbum, Tapestry, vendió más de 13 millones de copias y se mantuvo seis años en las listas de popularidad. El fenómeno dio auge a la corriente del cantautor.

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Elton John pasó por el grupo de Long John Baldry y de Bluesology como parte de su aprendizaje. Para poder sobrevivir se dedicó a acompañar a las estrellas del soul norteamericano que visitaban Inglaterra. También se puso a componer por encargo. De ahí su asociación con el letrista Bernie Taupin, la cual se mostró muy productiva. Elton reveló luego sus talentos como cantante y pianista, y desde 1971 pocos dudan que sea una de las mayores estrellas del pop que haya habido hasta el momento (hoy en proceso de retiro y con un biopic como testimonio de vida). Su excentricidad es legendaria.

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Musicalmente, con 1971 llegó la segunda gran crisis de la historia del rock; ejemplo de ello fue la existencia de los Osmond Brothers, que dieron lugar a una inanimada y antiséptica escena musical. No obstante, había artistas que se rebelaban contra ello; uno de éstos fue Rod Stewart, quien era miembro del grupo de los Faces, pero no podía negarse que los álbumes que realizaba como solista eran superiores a los del grupo. «Maggie Mae» fue el sencillo que lo catapultó a la fama.

VIDEO SUGERIDO: Yes – A Venture – The Yes Album (1971), YouTube (Anglerfish Deepcuts)

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PULSOR 4x4 (REMATE)