ARTE-FACTO: JUKEBOX

Por SERGIO MONSALVO C.

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PARAFERNALIA SONORA

El 23 de noviembre de 1889 se instaló en San Francisco el primer aparato musical automático de monedas en el mundo.  Un cilindro de cera servía como soporte para el sonido, se ponía en movimiento tras de introducir una moneda de 5 centavos de dólar y producía unos vagos graznidos por medio de una manguera auditiva.

Rudolph Wurlitzer, nacido en 1829 en Schildbach, poblado de la provincia alemana de Sajonia, fundó un comercio de artículos musicales en los Estados Unidos.  Sus descendientes hicieron furor con la «Mighty Wurlitzer», un órgano para el cine, y las jukeboxes.

Esta popular máquina para difundir la música que se conoce con varios nombres, como jukebox, rockola, tragaperras o Bimbo-Box, tuvo su desarrollo primigenio en oscuras guaridas de los Estados Unidos.

El Automatic Phonograph experimentó su primer auge durante los años treinta, cuando la época de la Prohibición dio forma a una escena musical peculiar en los bares ilegales o speakeasies.

Por su parte, la población negra estadounidense, muchas veces indeseable en los establecimientos públicos de muchos lugares en ese entonces, con la ayuda de la jukebox organizó rent parties y juke joints. Para ello, la caja de colores naturalmente se armaba con la estigmatizada race music.

De acuerdo con el lema «Cambia lo viejo por lo nuevo», el líder del mercado: Wurlitzer, animó de manera por completo legal el negocio de los aparatos intercambiables. 

Por el contrario, el crimen organizado recurría a métodos nada elegantes: los dueños de los bares eran obligados a comprar jukeboxes y los gangsters se quedaban con las ganancias.

El cantante estadounidense Bing Crosby fue aclamado durante mucho tiempo como el «rey de las jukeboxes«.  A cambio, hacía publicidad para la Wurlitzer.

Con el modelo «1015», esta compañía se estableció como el número uno en el mercado. En 1946-1947 se vendieron casi 60,000 ejemplares del modelo original en el mundo.

JUKEBOX (FOTO 2)

Con el nacimiento del rock and roll, la jukebox vivió su mejor momento, porque esa «música selvática» fue boicoteada, al principio, por casi todas las emisoras de radio. A pesar de ello se escuchaba. En lugar de la radio, la reproducían todas las jukeboxes en los establecimientos juveniles en todos los Estados Unidos. 

En los años sesenta, los tocadiscos portátiles y las primeras Discos (clubes para bailar) les empezaron a hacer competencia.  (Al vislumbrarse el fin del disco de vinil de 78 revoluciones, la compañía Seeburg se mostró visionaria con la máquina «M 100 A», diseñada para los discos de 45 rpm.)

Los conocedores del jukebox distinguen entre la «Golden Age» (1930-1950) y la «Silver Age» siguiente. Mientras que los primeros aparatos, con sus abundantes adornos, aún pertenecían a la categoría del «kitsch sublime», el «nuevo pragmatismo» dominó durante los años posteriores: con diseños sobrios y funcionales. 

(Mucho antes de que MTV empezara a trasmitir, los «Nickelodeons» –las pequeñas máquinas reproductoras tragamonedas instaladas en los restaurantes y fuentes de sodas– ya proporcionaban clips musicales con sólo apretar un botón.  La música de la cinta era acompañada por una peliculita apropiada proyectada sobre una pequeña pantalla.)

Los diseños cambiantes debían mantener despierto el interés por los aparatos.  Fabricantes conocidos, como Wurlitzer, Rock-Ola, Seeburg o AMI incluso llegaron a servirse de elementos estilísticos extraídos de la investigación del espacio.

Los valores internos de la jukebox se mantuvieron al tanto del progreso técnico.  Transistores más baratos sustituyeron los viejos bulbos, la instalación de varias bocinas debía crear, además, un sonido de «alta fidelidad».  De hecho, éste era bastante aceptable para la época. En comparación con lo actual, sin embargo, hace falta acostumbrarse un poco.

Provista de la técnica de CD más moderna, Wurlitzer ofrece actualmente una imitación del modelo «1015» de 1946.  La versión más económica cuesta 24 mil dólares.

Las jukeboxes de dicha compañía entretanto ya sólo se fabrican en Alemania.  La matriz estadounidense actualmente produce instrumentos musicales. Casi setenta años después de la Wurlitzer «P10» de 1934, casi todos los fabricantes renombrados de jukeboxes se han retirado del mercado.

Para quienes gustan del conocimiento de tal parafernalia musical está la revista especializada Jukebox Collector, una publicación dirigida a los coleccionistas de estos muebles sonoros.

Asimismo, el europeo es el continente para los coleccionistas. El buscador de rarezas o de refacciones difíciles de encontrar tendrá mayores probabilidades de éxito en el centro del continente, sobre todo.

Por otra parte, desde hace décadas, los músicos han rendido homenaje al espíritu de la caja sonora. Los rocanroleros Nino & The Ebb Tides le erigieron un monumento al aparato en «Juke Box Saturday Night»,  Alan Vega le cantaba a la «Juke Box Babe» y el grupo Foreigner creó el hit «Juke Box Hero». 

Philip Glass, a su vez, hizo una obra monumental con Hydrogen Jukebox, basada en un libreto de Allen Ginsberg, misma que editó la compañía WEA en 1993.

 

JUKEBOX (FOTO 3)

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BABEL XXI-507

Por SERGIO MONSALVO C.

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THE WASTE LAND

CONFECCIÓN DE LO NUEVO

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

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PULSOR 4X4-38

Por SERGIO MONSALVO C.

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EL BEAT DE LA IDENTIDAD

(1991)

En1991, el gobierno estadounidense informó haber destruido la tercera parte de los tanques y la artillería iraquí durante la Guerra del Golfo Pérsico.

En dicho año murió Marcel Lefebvre, arzobispo opositor al Concilio Vaticano II, protagonista del primer cisma en la iglesia católica desde la Contrarreforma del siglo XVI.

La actriz de cine porno y diputada italiana Ilona Staler, más conocida como «Ciccolina», apeló al movimiento feminista estadounidense para que el gobierno de Washington le concediera el visado de entrada a la Unión Americana.

El look grunge sería a partir de este año el más duradero de la década. Camisa de cuadros, camiseta de cualquier color, pantalones de mezclilla rotos y tenis ilustrados o zapatos Dr. Martens.

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El disco Achtung Baby de U2 se convirtió en el gesto más grandilocuente de su exorbitante carrera. La decisión de desechar la fórmula del éxito para reinventarla de la nada reemplazó épica por duda confusa, humor negro y electrónica distorsionante, inspirando un porvenir visceral.

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Con Out of Time, el grupo R.E.M. se emancipó de la estrechez independiente y del yugo escénico, fue su primera incursión en el mainstream con la canción personal, romántica, que marca el cenit de su carrera.

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Después de dominar la escena rockera de finales de los ochenta, la banda californiana Guns´n Roses presentó en 1991 el disco más pretencioso de la última década, donde se pudo escuchar un cóver de Bob Dylan, canciones de amor, obsesión, groserías y una cierta dosis de sana y «políticamente incorrecta» misoginia.

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Irreverentes, funkies y potentes como siempre, madurados por su fricción con la realidad, y robustecidos por la producción de Rick Rubin, el grupo de los Red Hot Chili Peppers trascendieron más por su crossover que por su falocentrismo.

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El disco Nevermind de Nirvana se erigió en la esencia del grunge y en mucho más que un himno de la generación X. Fue una vibrante evidencia de la capacidad de sobrevivencia del elocuente melodismo y la feroz potencia del mejor rock, aun en condiciones tan agobiantes que indujeron a su profeta –Kurt Cobain– al suicidio. Testamento existencial y epitafio nihilista: los signos de la época.

VIDEO SUGERIDO: Nirvana – Smells  Like Teen Spirit (Official Music Video), YouTube (nirvana)

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PULSOR 4x4 (REMATE)

CHET BAKER

Por SERGIO MONSALVO C.

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UN AMERICANO EN PARÍS

Chet Baker llegó a París el 5 de septiembre de 1955, a una escena jazzística muy vital. Las compañías disqueras estaban muy activas, grabando a músicos de paso y también a instrumentistas franceses, muchas veces en colaboración. 

Baker siguió a muchos colegas estadounidenses en su visita al viejo continente, como Zoot Sims, Gerry Mulligan, Clifford Brown y Art Farmer, entre otros, aunque es posible que con cierta inseguridad, puesto que la revista Jazz Hot acababa de anunciar que su gira se cancelaba.

En ese entonces se sabía muy poco de su carrera. Era seguro que había dejado el cuarteto de Gerry Mulligan, aunque el mismo año se le volvió a ver junto con el intérprete del barítono y Phil Urso para un concierto en Carnegie Hall, y Gerry tocó con el grupo del trompetista en el festival de Newport. 

Varias notas y unas pocas breves entrevistas hablaban de sesiones con grupos militares, su descubrimiento del jazz a través de los discos de Stan Kenton y sus colaboraciones en California con Charlie Parker.

Por lo pronto, se trataba del Chet que había convertido una canción bonita y nostálgica, «My Funny Valentine», en una obra maestra de emoción y lirismo casto. El público sólo lo creía capaz de tocar sosegadamente, protegido por luces bajas para mejor producir su insidiosa tristeza. Cómo se equivocaron todos.

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Sólidamente enfocado por los reflectores, Chet Baker habría de desmentir magníficamente dicha imagen estereotipada. La gente esperaba a un músico que murmurara entre la bruma y se topó con un trompetista incisivo y potente con un tono transparente, el cual no quitaba nada del lado poético a su ejecución. 

Las sillas que debían ocupar, según los dictados de la lógica, un grupo de californianos, de hecho contenían a dos bostonianos, Dick Twardzik y Pete Littman, así como a un nativo de Filadelfia, Jimmy Bond. 

Ninguno parecía inclinarse a realizar acompañamientos obsequiosos ni a perderse de vista. En cuanto al repertorio, hubo las clásicas esperadas y composiciones curiosas escritas por Bob Zieff, el tercer originario de Boston.  Las melodías poseían giros muy  poco ortodoxos y una hermosa audacia.

El cuarteto se presentó el 4 de octubre en la Salle Pleyel. Sidney Bechet asistió a verlos y los Bobby Jaspar All Stars y Martial Solal estaban en el escenario como abridores.  El público reaccionó bien. 

Entre viajes a la provincia y a Alemania, los músicos grabaron un álbum para el sello Barclay. Al parecer se proyectaba producir cinco más. Los dioses estuvieron de parte de los visitantes…hasta el 21, el día en que Dick Twardzik fue hallado en su cuarto de hotel de la Rue St Benoit, muerto de una sobredosis.

Fue un golpe severo, pero los contratos no conocen el sentimiento. Dos días después Chet se presentó en Londres. Según las leyes sindicales inglesas no podía tocar la trompeta. Acompañado por Raymond Fot cantó cuatro clásicas antes de detenerse, vencido por la emoción. 

Luego las cosas se sucedieron muy rápido: después de una discusión, Pete Littman regresó intempestivamente a los Estados Unidos. Bert Dahlander lo sustituyó. Jimmy Bond no tardó en seguir el ejemplo del baterista. 

Desde ese momento Chet debió seguir solo. París fue el centro de sus actividades, puesto que su escena jazzística era perfecta para sus ambiciones musicales. La pasó bien ahí en ocasiones, como en las jam sessions en el Club Tabou con Lars Gullin. 

Los otros músicos locales lo tenían en alta estima y él, a su vez, reconocía los méritos de sus acompañantes: Maurice Vander, René Urtreger, Bobby Jaspar, Raymond Fol, Jean-Louis Viale… Como prueba de ello quedan los tres álbumes denominados The Complete Barclay Recordings of Chet Baker.

VIDEO SUGERIDO: Chet Baker – My Funny Valentine – Torino 1959, YouTube (gilbertocanova)

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«HALLELUJAH!»

Por SERGIO MONSALVO C.

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HISTORIA DE UNA CANCIÓN

El leitmotiv de la película Love Actually, protagonizada por una pléyade de actores ingleses, es la carrera por el gusto popular del simplón remake de un tema de los años sesenta: “Love is All Around” que interpretaba el grupo The Troggs, a cargo de un viejo rockero ex junkie.

Efectivamente, a su alrededor y durante las fiestas decembrinas –a través del filme– se cuentan varias historias donde el amor florece en alguna de sus formas, mientras dicha versión musical pugna por alcanzar la cima de las preferencias públicas.

El tratamiento en clave humorística de tal concurso es, sin lugar a dudas, un socarrón comentario al respecto de esta situación que se vive ahí año con año.

Curiosamente, una de las costumbres recientes de la sociedad británica es que dentro de su territorio anualmente se genera una gran expectación por saber cuál será la canción triunfadora en las fiestas navideñas (como sucede en la película). Incluso entran en juego las casas de apuestas con grandes cantidades como anzuelo para la especulación.

Sin embargo, en el año 2008 no había dudas al respecto. Tenía ventaja Alexandra Burke, una concursante del programa The X Factor que había encandilado a buena parte del Reino Unido.

 (“Factor X es un programa de televisión internacional dedicado a la búsqueda de nuevas estrellas musicales que tengan el talento innato”, dice su propaganda. Es una emisión  producida en la Gran Bretaña por Fremantle Media, y creada y desarrollada por Simon Cowell”.)

Su cóver de “Hallelujah”, una canción de Leonard Cohen publicada 25 años antes, ocupó el puesto máximo de las listas de popularidad: en la fecha de su lanzamiento como single (un día después de ganar el concurso), el tema superó las 100 mil descargas legales en Internet y rompió además otros varios récords de ventas.

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Lo extraordinario de tal efeméride no son los datos antes mencionados, sino los siguientes: en el puesto número dos de tal lista apareció la misma canción, pero en la versión del malogrado cantautor estadounidense Jeff Buckley (de 1994), quizá la mejor realizada hasta el momento, según la crítica especializada y en opinión de respetados músicos (como Bob Dylan o Thom Yorke, entre muchos otros). Circunstancia inédita en medio siglo de historia de dicho registro.

La iniciativa para impulsar la candidatura de esta última interpretación partió de los propios melómanos informados que detestaban –y detestan— la hegemonía ideológica y homogeneizadora de los concursos televisivos, en cuanto a la directriz del gusto musical colectivo.

Empeñados en que la de Factor X (Burke) no llegara al número uno se conjuraron, en una revolución benévola y democrática a través de las redes sociales, para comprar la más venerada recreación de “Hallelujah”, la del estadounidense Jeff Buckley, quien la dejó grabada en su primer y único disco, Grace, tiempo antes de morir ahogado.

En segundo término y como efecto colateral, la campaña en contra desatada por el público británico, propició que el disco con el tema original de Cohen, Various Positions (de 1984), volviera a ponerse en circulación tanto en los medios de comunicación como en las tiendas de discos sorprendidos por el efecto producido por tal tema.

Finalmente, para Leonard Cohen, un autor cuya música no era habitual en las listas de éxitos ni en el gusto masivo, recibió un jugoso cheque por las regalías causadas por este fenómeno musical.

 Un hecho que lo congratuló con el mundo, luego de que saliera a la luz pública que su representante y persona de todas sus confianzas le había estado esquilmando sistemáticamente su cuenta bancaria y otros derechos de propiedad, hasta dejarlo en la inopia total ya septuagenario y luego de 40 años de trabajo.

Dos regalos de Navidad que obviamente lo pusieron a reflexionar, una vez más, sobre la mística del sentido de la vida, del amor, la soledad y los deseos.

VIDEO SUGERIDO: Leonard Cohen – Hallelujah, YouTube (LeonardCohenVEVO)

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NAVIDÁDIVAS (III-2): CHRISTMAS WITH CONNIFF

Por SERGIO MONSALVO C.

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(RAY CONNIFF)

Ray Conniff, músico, compositor y director de orquesta, firmó uno de los álbumes más omnipresentes y populares del periodo invernal. Su maestría como arreglista vocal e instrumental le proporcionó un distintivo sello a su orquesta dentro de la música lounge y el cierre de la década de los cincuenta no sería lo mismo sin su aportación.

Aquellos coros con los que acompañaba las melodías, dotadas del swing heredado de las big bands y de las cuerdas adaptadas a los tiempos en que el doo-wop resaltaba los matices de las voces en las baladas.

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“Rudolph the Red-Nosed Reindeer” o “Frosty The Snowman”, además de ser temas absolutos de la imaginería decembrina, son a través del estilo Conniff un modo de interpretación.

Él fue ejemplo del Hi-Fi, un concepto sonoro que evidenció una intención “de calidad” en la manera de hacer música y de escucharla.

Los discos clásicos navideños cuentan con el poder de los pequeños rituales para disfrutar mejor de los momentos. Como leer A Christmas Carol (“Cuento de Navidad”) de Charles Dickens acompañados con alguna música que corresponda a la temporada.

Pero no cualquier disco, sino alguno de los que realmente deben ser escuchados por su aportación a la poética de la cultura secular navideña.

Los álbumes clásicos, como los aquí reseñados, han trascendido en el tiempo por sus innovaciones estilísticas, sus ideas de modernización y la influencia que han ejercido en intérpretes posteriores.

Feliz escucha y Felices fiestas.

VIDEO SUGERIDO: Ray Conniff – Rudolph, the Red-Nosed Reeindeer, YouTube (finetunes Christmas)

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REMATE

NAVIDÁDIVAS (III): A CHRISTMAS GIFT FOR YOU

Por SERGIO MONSALVO C.

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(PHIL SPECTOR)

En los últimos meses de 1963, el compositor, músico y productor Phil Spector se impuso la tarea de seleccionar la música y producir “el mejor disco navideño de la historia”.

Para ello escogió unos cuantos temas tradicionales y compuso otros nuevos, dotando a las creaciones de su sonido. El resultado: A Christmas Gift for You.

Con él modernizó las andanzas del villancico anglosajón mediante un soul fresco, las mejores voces negras del momento, las inquietudes y emociones juveniles y unos arreglos muy particulares: las del nuevo pop barroco.

Pero no sólo materializó toda la esencia de una época sino también la de un sentimiento. Llevó a su pináculo la técnica monoaural y selló en la psique popular de todo el mundo un sonido que sería característico a partir de entonces. Por eso es un clásico con todas las de la ley.

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Aquel disco fue una absoluta satisfacción para él. Un éxito instantáneo. Con él se solidificó la leyenda del “Muro de Sonido”, que había inventado, y la de su prestigio como productor.

Sí, disfrutó de aquello. Lástima que el asesinato de John F. Kennedy le haya ensombrecido los festejos a su catapultada fama.

Se había pasado meses dispuesto a demostrar que hay música navideña más allá de los insufribles cánticos cursis de siempre (“esos que te asaltan a traición cuando entras en cualquier tienda”, dijo).

Compuso canciones para la ocasión y demostró así que era posible mantener el espíritu navideño sin anquilosamientos; por eso el desfile de artistas durante los siguientes años para que les produjera sus materiales, Beatles incluidos.

Calor navideño y múltiples pistas de acompañamiento superpuestas para abrumar al oyente, el genuino sonido spectoriano.

Cabe destacar la selecta y profesional orquesta que acompaña a los artistas seleccionados, formada por: Jack Nitsche, Sonny Bono y Frank Capp en la percusión, Louis Blackburn con el corno, Leon Russell en el piano y Steve Douglas en el sax, entre otros. Sí, Phil Spector firmó aquel disco inmortal.

Fue la parte luminosa de una carrera plena de éxitos, a la que le siguieron lamentablemente también muchos traspiés.

¡Feliz escucha y felices fiestas!

VIDEO SUGERIDO: Phil Spector – The Ronettes – Sleigh Ride – A Christmas Gift For You – 1963, YouTube (Rock Encuclopedy)

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REMATE

BABEL XXI-506

Por SERGIO MONSALVO C.

A CHRISTMAS CORNUCOPIA

(DISCOS CLÁSICOS NAVIDEÑOS / X)

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Programa radiofónico de Sergio Monsalvo C.

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PUNK-12

Por  SERGIO MONSALVO C.

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GRABACIONES CLÁSICAS

MC5, Kick out the Jams (Elektra, 1969).Los legendarios punks tempranos de Detroit. Rob Tyner vocifera y los guitarristas Wayne Kramer y Fred “Sonic» Smith hacen temblar las paredes. El resultado es un poderoso disco en vivo que se adelanta por años al punk político.

THE STOOGES, Fun House (Elektra, 1970).El fin de todos los sueños hippies. Según Iggy Pop, “mi disco más perfecto». El segundo y último álbum de la formación original con los hermanos Asheton y Dave Alexander. La canción del título, así como “1970″ y «T.V. Eye», se tocan ininterrumpidamente desde hace 25 años. Iggy vocifera con toda el alma y enseguida se mete a otro tratamiento contra la adicción.

THE RAMONES, The Ramones (Sire, 1976). El blitzkrieg musical. En plena era del art rock, unos neoyorkinos greñudos celebran el sonido anárquico del garage sin pretensiones artísticas: catorce ráfagas llenas de depresiones adolescentes, que se dan abasto con los famosos tres acordes. La pieza más larga dura apenas dos minutos y medio. Es semejante la calidad de los álbumes siguientes, Ramones Leave Home y Rocket to Russia.

THE DAMNED, The Damned (Stiff, 1977).El primer LP inglés de punk. El productor Nick Lowe se encargó de crear una sencillez transparente, el guitarrista Brian James y el baterista Rat Scabies proporcionan la dureza seca, el bajista Captain Sensible se hace notar como payaso punk y el cantante Dave Vanian entona clásicos como “Neat Neat Neat” y “New Rose».

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THE CLASH, The Clash (CBS, 1977).Los exrocanroleros de pub Mick Jones y Joe Strummer se suben justo a tiempo al tren del punk y con su debut llevan a su punto la ira de la juventud inglesa. “White Riot”, “London’s Burning” y “Remote Control” conjuran la rebelión, mientras que “Police and Thieves” marca la primera aparición de ritmos reggaeseros en un disco de punk.

SEX PISTOLS, Never Mind the Bollocks (Virgin, 1977).El único LP de los Sex Pistols editado en tiempo de vida de la banda. Un álbum producido de manera agitada en torno a los cuatro sencillos a los que el conjunto debe su reputación, legendaria ya en ese entonces. Y eso que sólo dos miembros son punks auténticos: John Lydon, alias Johnny Rotten, y Sid Vicious. Después de los Pistols el primero emprende el sendero del trabajo solista con Public Image LTD, mientras que el último se despide de las preocupaciones terrenales.

THE SAINTS, (I’m) Stranded (EMI, 1977). La contribución más importante de Australia a la historia del punk. El debut del grupo reunido en torno al cantante Chris Bailey y al guitarrista Ed Kuepper presenta un rock and roll simple con toque sesentero. La pieza del título es obligatoria en cualquier fiesta punk.

WIRE, Pink Flag (EMI, 1977). En su primer álbum, los cuatro estudiantes de arte londinenses aún se sentían comprometidos con la simbología punk: 21 canciones minimalistas duras que renuncian al más mínimo toque pop. Muchos punks estadounidenses mencionan este disco, a la postre, como una influencia importante. Pink Flag es la única producción auténtica de punk de Wire, cuyas obras restantes forman parte del new wave.

NINA HAGEN, Nina Hagen Band (CBS, 1978). Este LP es el primer intento de la cantante Nina Hagen por adquirir cierta unidad entre la brutalidad del punk, la armonía del pogo inglés y las peculiaridades propias de la música alemana de cabaret anterior a la Segunda Guerra Mundial. Nina es una cantante agresiva, directa, furiosa, que puede producir una bella voz operística de soprano o elevarse más allá, con graznidos y chillidos, a una altura deslumbrante. Una concentrada carga energética de alcances impredecibles.

DEVO, Q: Are We Not Men? A: We Are Devo! (Virgin, 1978). En Akron, Ohio, Devo pudo emprender un camino individual lejos de las presiones de la moda. Su primer álbum fue recibido con entusiasmo como curiosidad, aunque las tesis oscuras acerca de la de-evolución de la humanidad provocan la risa generalizada. Incluye una versión de “Satisfaction” así como diversos éxitos como sencillos.

SIOUXSIE & THE BANSHEES, The Scream (Polydor, 1978). El ángel negro Siouxsie Sioux pertenece desde el principio a la escena creada alrededor de los Sex Pistols. En su primer disco refleja el lado sombrío de la era punk. Canciones como “Suburban Relapse” (acerca del colapso de un ama de casa reprimida) muestran, además, la perspectiva femenina de la generación sin futuro.

BUZZCOCKS, Singles Going Steady (Liberty, 1979). Si bien el grupo de Manchester produjo varios álbumes buenos, esta colección de sencillos es su obra maestra. Los autores de las canciones, Pete Shelley y Steve Diggle, poseen un excelente olfato para un pop directo con sentido del humor (“Orgasm Addict”, “What Do I Get?”), con suficiente dureza para no entrar al cajón del new wave.

GANG OF FOUR, Entertainment (EMI, 1979). La primera ola punk ya estaba bajando al aparecer el debut del cuarteto de Leeds, pero Entertainment fue un momento culminante de aquella fase. La agitación radical resulta creíble pese al contrato con una disquera grande; no obstante, pocos años más tarde los músicos no titubearon en pasarse a la onda neodisco y el funk.

GERMS, G.I. (Slash, 1979). El lado mejor acabado de Los Ángeles: el cantante Darby Crash se desgañita en el mejor estilo de Johnny Rotten y el guitarrista Pat Smear se desahoga con acordes poderosos. Crash muere de una sobredosis de heroína en 1980, mientras que Smear figura en Unplugged de Nirvana.

DEAD KENNEDYS, Fresh Fruit for Rotting Vegetables (Cherry Red, 1980). Speed punk: los californianos ejecutan sus éxitos (“California über alles”) a toda velocidad. En la persona de Jello Biafra aparece un portavoz inteligente que además se encarga de la distribución de la música con su propia disquera.

HÜSKER DÜ, Land Speed Record (Alternative Tentacles, 1981). En el primer álbum del trío de Minneapolis, una producción en vivo, las canciones breves de trash se suceden casi sin pausa alguna. Resulta difícil de creer que Bob Mould y Grant Hart se hayan convertido años después en sutiles letristas.

MINUTEMEN, Double Nickels on the Dime (SST, 1984). 45 canciones en un álbum doble: el trío hace honor a su nombre, renunciando a los coros y a cualquier acercamiento al gusto masivo. Después de la muerte del cantante D. Boon, el resto continúa con el nombre de Firehose.

MEAT PUPPETS, II (SST, 1984). El country conoce al punk. El trío del estado desértico de Arizona interpreta canciones poéticas. El guitarrista Curt Kirkwood brilla con un virtuosismo raro en este género: II suena como si Hank Williams, la leyenda del country, hubiera tomado LSD.

HENRY ROLLINS, Hot Animal Machine (Fundamental, 1987). Rollins reaccionó con obstinada agresividad a la disolución de su grupo BLACK FLAG. Este ambicioso debut como solista marca nuevos senderos para el punk del hardcore. De paso se convierte en figura señera de la generación grunge.

SONIC YOUTH, Daydream Nation (Blast First, 1988). Siete años después del primer sencillo, Sonic Youth escala la cumbre de su carrera con este LP doble. En la última obra con una disquera independiente, el punk se une con elementos de noise y de pop. Son legiones las bandas estadounidenses que siguen su ejemplo.

GREEN DAY, Dookie (Reprise, 1994). El punk vuelve a ser divertido: el caótico trío californiano reunido en torno a Billie Joe Armstrong sabe entusiasmar a una nueva generación con respecto a la fuerza de los tres acordes, sin sonar por ello nada anticuados o empolvados.

WAYNE KRAMER, The Hard Stuff (Instinct, 1995). Las grabaciones del renacido Kramer (ex MC5) para The Hard Stuff salieron a pedir de boca. Wayne aportó las canciones fuertes y su guitarra característica, y miembros de grupos jóvenes como Claw Hammer, Pennywise y Rancid se encargaron de proporcionarle un sólido acompañamiento. renacido Kramer (ex MC5) para The Hard Stuff salieron a pedir de boca. Wayne aportó las canciones fuertes y su guitarra característica, y miembros de grupos jóvenes como Claw Hammer, Pennywise y Rancid se encargaron de proporcionarle un sólido acompañamiento.

VIDEO SUGERIDO: Green Day –Basket Case (Official Music Video), YouTube (Green Day)

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PUNK (REMATE)