ALBERT KUVEZIN: GARGANTA DE DOBLE TONO

Por SERGIO MONSALVO C.

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Estamos en el comienzo de los años noventa. En Occidente acaba de surgir el grunge y el grupo Nirvana, de Washington, marca la pauta musical de los nuevos tiempos. Tanto, que sus sonidos han llegado hasta la ciudad de Moscú, capital rusa, ubicada en una cuenca frente al río Volga y rodeada de hielo.

Es una noche fría y con ventiscas de nieve. En una habitación estudiantil dos compañeros universitarios escuchan asombrados las composiciones de Kurt Cobain en Nevermind (han podido adquirir el disco gracias a uno de los efectos colaterales tras la caída del Muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría).

Uno, Ivan, trata de seguir el ritmo con su teclado electrónico, mientras que Albert, el otro, lo hace con una cítara siberiana y con su voz al profundo estilo tradicional del kanzat kargyraa. Lo deciden. Actuarán así, como dúo.

Y, efectivamente, lo hacen. El joven compositor ruso, de techno avant-garde, Ivan Sokolovsky y el tuvano, cantante y guitarrista, Albert Kuvezin se presentan en auditorios, festivales y fiestas de su universidad. Su repertorio abarca temas del folclor ancestral de Albert mezclados con las armonías del heavy metal, la psicodelia o el proto-punk.

Su fórmula ha dado resultado. Otros músicos, también compañeros de aulas, se agregan al proyecto, aunque no de manera fija. Así graban sus dos primeros discos, Priznak Greyushii Byedi (1991) y Khanparty (1992).

Una vez terminados sus estudios académicos sobre música y canto, Kuvezin decide regresar a su terruño, establecerse y enriquecer su oferta musical. Lleva consigo varias ideas que pone en práctica: forma parte de una banda circulante la Huun-Huur-Tu.

En ella él se encarga de la guitarra eléctrica e interpreta canciones tradicionales caracterizadas por ese canto gutural y de doble tono (el mencionado kanzat kargyraa), con el apoyo de instrumentos acústicos como la guitarra, la viola y otros del folclor tuvano.

Pronto se cansa de esta única vía y decide hacer su propia música con instrumentos electrónicos típicos de la época, y a la inversa: canciones de rock tocadas con instrumental tuvano (violín de cabeza de caballo, cítara siberiana y percusiones hechas de piel de reno).

Es del segundo de estos instrumentos que toma el nombre para el grupo que decide liderear: Yat-Kha. Bajo ese apelativo sale su tercer álbum, homónimo, en 1993, con el sello General Records. De esta manera Kuvezin pone a Tuvá en la palestra de la escena global.

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Tuvá es un país situado en el centro de Asia, en la parte meridional de Siberia. Limita al sur y al este con Mongolia y al noreste con otras repúblicas de la Federación Rusa. Tiene una extensión de 170 mil km², aproximadamente.

La economía tuvana se basa en la industria (madera, metal, materiales de construcción), la agricultura (cereales) y en la extracción de materias primas (amianto, cobalto, carbón, sal).

En la región meridional, la más habitada, se encuentran sus centros industriales, sobre todo en Kyzyl (la capital, una cuenca rodeada por altas sierras y el río Yeniséi). El sur es una región ganadera (ovejas, cabras, caballos), y el noreste es un área boscosa de explotación forestal, la cacería, la cría de ciervos y la pesca.

VIDEO SUGERIDO: Yat-Kha – In A Gadda Da Vida, YouTube (TheMrYin)

En su bandera el color amarillo simboliza la riqueza y el budismo; el blanco, los sentimientos limpios; el azul celeste representa el cielo de Tuvá y el coraje y la firmeza de la gente –es el color de los nómadas mongoles y turcos–; las franjas representan la confluencia de sus ríos: Bii-Khem y Kaa-Khem que forman el Yeniséi.

Su historia se remonta a unos 900 años, cuando en 1207 la región fue conquistada por Genghis Khan y pasó por varias dinastías chinas hasta principios del siglo XX, en que se convirtió en protectorado de Rusia. En 1992, a raíz de la disolución de la Unión Soviética, se transformó en una república constituyente de la Federación Rusa.

Los habitantes de Tuvá son famosos por sus cantos, particularmente por la técnica vocal diafónica o canto de garganta. Son mayoritariamente budistas, combinando dicha práctica con un extendido chamanismo (animismo).

El último censo practicado su población era de 310 mil habitantes. Según datos oficiales más de dos tercios de dicha población (250 mil personas, arriba del 70% del total) pertenecen a la etnia tuvana, pueblo de origen mongol el cual habla una lengua de raíces turcas; otros tuvanos provienen de Mongolia, China y Rusia.

La etnia tuvana se divide en dos grupos. Los tuvanos del Oeste (mayoritarios) y los tuvanos-todzhins (del noreste, quienes sólo constituyen el 5% de tal etnia). Su idioma pertenece a la rama siberiana de origen turco. Tienen cuatro dialectos reconocidos: central, occidental, del sudeste y el todzhinian y la escritura usa un alfabeto cirílico adaptado.

Los tuvanos del sur son nómadas debido a la crianza del ganado (cabras, ovejas, camellos, caballos, renos y yaks). Ellos han vivido tradicionalmente en yurtas (especie de grandes tiendas de campaña) que son reubicadas estacionalmente con el movimiento de los pastos nuevos.

En ese contexto ha surgido, producto de la tradición y del contacto con los nuevos tiempos, el profundo canto gutural de Albert Kuvezin, quien de primera mano despierta la asociación con las vocalizaciones del Captain Beefheart, Max Cavalera (del grupo Sepultura) y Tom Waits. Sin embargo, también se distingue de manera diametral de todos ellos por sus antecedentes ancestrales.

En sus siguientes discos, de Yenisei Punk (de 1997, producido por Paddy Moloney, líder de los Chieftains) a Re-Covers (del 2005), pasando por Dalai Beldri, la remasterización del álbum debut, Aldyn Dashka y tuva.rock, el grupo se ha ido sofisticando, y lo mismo se le ha podido escuchar entre lo sombrío a la usanza del grunge hasta con un sonido más sutil y proverbial.

El subtítulo de Dalai Beldiri, su segundo CD —“canciones sobre bellos caballos tuvanos, montañas, ríos, mujeres y tipos rebeldes en el corazón de Asia”— puede parecer tan ajeno a la realidad conocida como la propia patria de este grupo. Su música es difícil de comparar con otra del mundo entero, por su riqueza y profunda fuerza.

Componentes que se continúan en la siguiente obra Aldyn Dashka (2002), donde el fenómeno se repite y agranda. De aquella primera presentación del grupo en el afamado festival de world music WOMAD —en la que presentó una extraordinaria versión del clásico tema “Smoke on the Water” de Deep Purple, con la que el público bailó, gritó a más no poder y se maravilló con los solos de Kuvezin— a la continuidad del álbum Aldyn Dashka, la agrupación ha seguido cultivando las fusiones de lo antiguo con lo nuevo con sus ingredientes únicos.

La mezcla que realizan de su retumbante canto gutural con el mundo sonoro de hoy de ninguna forma hace caso omiso del pasado personal de sus componentes (sus raíces, costumbres y formas de vida) ni tampoco de su proyecto a futuro, que tiene en su haber la utilización de la hi-tech y demás recursos que aporta el siglo XXI.

Albert Kuvezin, como parte de su concepto, ha sabido incorporar todo ello de una manera lúdica en el grupo, con la conciencia irónica de su realidad y con una visión siempre honesta del papel que les ha tocado interpretar en la escena musical.

Progresivamente, las guitarras se han suavizado; los instrumentos regionales tornado más discretos, y Aldyn-ool Sevek, otro integrante del grupo, alterna su suave voz khöömei con la pesada vocalización de Kuvezin. El resultado es más elaborado y menos agreste.

El canto tradicional tuvano, del que Kuvezin se ha convertido en Maestro, proporciona los ambientes animistas por medio de los movimientos virtuosos de la laringe, la lengua y la mandíbula, así este intérprete crea melodías con las armonías o dobles tonos de la nota básica que está cantando. De esta forma, un solo vocalista como él puede ejecutar la melodía y el acompañamiento al mismo tiempo.

Y Yat-Kha (cuyos elementos base son, además del mencionado Albert Kuvezin y Aldyn-ool Sevek, Zhenya Tkach’v —en las percusiones, gongs y vocalizaciones stikhi—, además de un sinnúmero de invitados especiales de diversas nacionalidades con sus instrumentos particulares) es el modelo ejemplar de un grupo del siglo XXI, que con su música original desplaza las fronteras hacia otros horizontes.

Y si en vivo el grupo suena como un Velvet Underground tuvano (una influencia notoria), con canciones gruñidas en khöömei, kanzat kargyraa y un sonido áspero y fuerte, en los discos han emprendido un camino más melodioso y accesible a la par de emocionante.

Tanto así que desde hace una década se han convertido en un espectáculo global y también actúan como un soundtrack vivo e itinerante para acompañar el filme silente de 1928, Storm over Asia, de Vsévolod Pudovkin, uno de los más prestigiosos realizadores soviéticos (junto con Sergéi Einsenstein). Kuvezin ha sabido incorporar el aspecto cinemático a su concepto estético, de una manera tan lúdica como contemporánea: hipermodernismo puro.

VIDEO SUGERIDO: Yat-Kha – Black Magic Woman, YouTube (korsum)

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LIBROS: OK RADIOHEAD (O VICEVERSA)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

OK-RADIOHEAD (PORTADA)

 

El primer humanoide que se dio cuenta del cambio de las estaciones, y de la  repetición de las mismas, agregó a sus conocimientos algo determinante: la concepción del tiempo. Desde entonces el homo sapiens ha buscado anticiparse al futuro en nombre de la supervivencia.

Desde entonces, también, todo filósofo, científico, artista o poeta se ha detenido a pensar sobre él y en su definición. ¿Qué es el tiempo? Ha sido la pregunta recurrente y con ella se ha agregado el intento de atrapar tal concepto.

Radiohead ha sido un núcleo artístico persistente en ello, confluyen en él los elementos que le han dado identidad al ser humano en concordancia con el tiempo: su ensimismamiento, su espíritu y su relación con él.

Ese es el vértice en el que se ha movido uno de los grupos más importantes de la cultura rockera de las últimas décadas, que abarcan cambio de siglo, de milenio, de las tecnologías y, tras el 11-S y el Coronavirus, el del mundo tal como se conocía antes y que hoy (iniciada la tercera década del siglo XXI) se ve al borde del colapso.

El ser y el tiempo. Esa es la sensación que provoca su obra y la de que Radiohead es un grupo completamente ensimismado en esa relación, su propia existencia. Y en ella, para el grupo de Oxford, el espíritu de tal confluencia está en lo que en alemán se llama Weltschmerz, una palabra que ha logrado mostrar sintéticamente la negrura de un estado anímico: el espíritu de los tiempos, ese que se ve reflejado en sus canciones.

 

 

 

*Fragmento del texto O.K. Radiohead (o viceversa), de la Editorial Doble A, y publicado de manera seriada en el blog “Con los audífonos puestos”.

 

 

OK Radiohead

(o viceversa)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Textos”

The Netherlands, 2021

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GENE VINCENT: EL PIONERO MALHADADO

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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PIONERO MALHADADO

El rock sigue vivo, pero muchos de sus pioneros y dirigentes puntales no. La mayoría han muerto jóvenes y algunos, tristemente, en condiciones absurdas: víctimas del abuso de las drogas y el alcohol, en accidentes automovilísticos y aéreos, por depresiones severas y por otras causas inimaginables. La muerte en el rock es ya una tradición añeja, instaurada desde los primeros tiempos.

Uno se pregunta entonces por qué diablos ocurre ello. ¿De entre los atavíos del rock —las drogas y el alcohol, el sexo indiscriminado, las obsesiones de los fans, la vida en la carretera o de las giras— hay algo que de manera inherente sea fatal o peligroso? ¿O será que las personas elegidas por el rock de antemano poseen una línea de vida debilitada, destinadas a una muerte prematura sin importar los avatares? La historia dice que sí.

Casi siete décadas de tal cultura han servido un festín de muertes para el análisis, una para cada momento y algunas para ocasiones que no sabíamos que existieran. Aunque supusiéramos que los líderes políticos, las celebridades del cine, las modelos, los boxeadores e incluso los corredores de autos y los pilotos del vuelo acrobático están expuestos a los mismos peligros y tasas de mortalidad, los diversos contextos en que se mueven jamás han incluido la misma invocación desenfrenada por la muerte, ese desafío escalofriante dirigido no sólo contra las limitantes físicas o de edad, sino también las metafísicas e igualmente sin importar la clase social. La Parca es democrática.

Entre los atavíos antes mencionados, existe un estigma en el rock al que han estado sujetos infinidad de sus intérpretes, y que Jason & The Scorchers supieron describir muy bien en su tema “Too Much, Too Young” (Demasiado, demasiado joven). Es decir, gente imberbe a la que repentinamente le llega el éxito, la fama y el dinero. Venenos todos peligrosos a cualquier edad, pero para los que empiezan temprano resultan ser las palas con las que cavan su propia tumba por falta de preparación.

A Gene Vincent le sucedió. «Nunca tuve la intención de hacer dinero. Mi única intención era vivir cantando, pero de repente comencé a ganar 1,500 dólares por noche. Búscate a un muchacho de veinte años y ponlo en esas condiciones… fue una fea experiencia; no habría tenido que suceder con el primer disco, no sabía cómo llevar el éxito, sólo era un niño, un muchachito”, admitió en una entrevista tras una década de tobogán existencial.

 

¿Y cómo sucedió eso? Con el lanzamiento de una pieza que está inscrita en el imaginario colectivo: “Be-Bop-A-Lula”.

 

Eugene Vincent Craddock (nacido en Norfolk, en el estado de Virginia de la Unión Americana, el 11 de febrero de 1935) era parte de una familia muy pobre. Norfolk, su ciudad, era conocida por su enorme base naval que servía como fuente de trabajo para los residentes locales. Como la mayoría de los adolescentes de la clase trabajadora, Eugene se enroló a los diecisiete años en la Marina. Era prácticamente la única opción laboral que tenían aquellos jóvenes proletarios.

 

A mediados de la década de los cincuenta, recién cumplidos los 20 años y mientras realizaba su tarea de mensajero motorizado, fue atropellado por un auto, sufriendo graves lesiones en la pierna derecha. Tras muchas complicaciones, se la pasó convaleciente el resto del año. Su carácter, de por sí ríspido, empeoró volviéndose violento y amargado.

 

No pudiendo hacer nada y para matar el tiempo empezó a concentrarse cada vez más en tocar la guitarra y en aprenderse el repertorio country que tenía de primera mano (aquella cerrada comunidad de los estados del sur estaba ligada a las tradiciones musicales). El siguiente paso fue decidirse a actuar en público.

 

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No le resultó difícil acceder a las radios locales con su grupo de estilo  hillbilly aún con el nombre de Eugene Craddock. A principios de 1956, comenzó a frecuentar los estudios de la emisora WCMS de Norfolk y firmó un contrato con ellos. Ahí conoció por primera vez los tejemanejes de la industria: un disc-jockey de la emisora, Bill «Sheriff Tex» Davis, lo obligó a incluir su firma como coautor de una canción recién escrita por él y aún inédita, si quería seguir adelante y tener una carrera.

 

La pieza se llamaba “Be-Bop-A-Lula” y Eugene, ya con el nombre de Gene Vincent aceptó las condiciones de Davis. A mediados de marzo de 1956, con el recién éxito de Elvis Presley con “Heartbreak Hotel”, Davis tuvo claras las posibilidades comerciales de la pieza recién adquirida. Era un rockabilly lento basado en el tema de “Money Honey” (un hit de los Drifters de 1953), y una tarde de abril se fue con Vincent y cuatro músicos country locales a grabar un demo. El guitarrista, que trabajaba de plomero, y el bajista, que era campesino, se tomaron dos días libres en el trabajo, mientras que el baterista, que sólo tenía quince años, faltó a la escuela para poder ir a esa grabación.

 

La cinta fue enviada a la compañía Capitol que de inmediato pidió a Vincent que acudiera a Nashville para hacer una grabación más apropiada. Para lo cual armó a los Blue Caps, el grupo que lo acompañaría. De esta manera entraron en el estudio, el 4 de mayo de 1956, Cliff Gallup (como guitarrista principal, y quien a partir de ahí se volvería uno de los instrumentistas más influyentes de aquella primera etapa del rock; Willie Williams, en la guitarra rítmica, Jack Neal (en el contrabajo) y Dickie Harrell en la batería (como detalle curioso este músico le informó a su entusiasmada familia que iba a lanzar un grito durante la grabación para que supieran que había estado ahí realmente, y lo hizo).

 

Para el lado A del sencillo eligieron una canción facilitada por Ken Nelson uno de los productores de la compañía, “Woman Love”, pero la efervescente “Be-Bop-A-Lula”, del lado B, fue la que estaba destinada a triunfar. Al mes de aparecer las ventas alcanzaron las 300.000 copias y Gene Vincent & His Blue Caps se pusieron en dirección hacia su primera gira y todo lo que ello conllevaba.

 

Apenas dado de baja en la Marina y con la pierna ya curada del todo, un Gene Vincent aún sin digerir lo que estaba sucediendo, se encontró de repente catapultado del anonimato a la fama nacional e internacional. Sin nada de por medio y sin esa progresión que hubiera podido darle alguna experiencia. Se encontró en la situación de quien es sorprendido por su propio éxito y el alcohol, al que se había aficionado, fue el hombro en el que se apoyó.

El estigma del Too much, Too Young, se cumplió sin menoscabo alguno. En el transcurso de una década conoció el sube y baja vivencial que lo mostraría como un animal del escenario, un auténtico rocker, con presentaciones memorables, pero también bajo la influencia del alcohol en actuaciones miserables e impredecibles, patético o sublime, tanto en los Estados Unidos como en Inglaterra.

Por supuesto “Be-Bop-A-Lula” no fue su único legado, la lista abarca también: “Race with the Devil”, “Crazy Legs”, “Bluejean Bop”, “Wild Cat” o Lotta Lovin’”, entre otros temas.

Gene Vincent fue uno de los forjadores del primer rock and roll a través de unas canciones y una imagen extremas que alimentaron el epíteto de “rebelde sin causa” y que con el tiempo lo llevaron a la destrucción a los 36 años de edad. Tuvo el talento, tuvo la actitud, pero a nadie que le dijera como lidiar con ellas ni cómo prepararse para el efecto de los tres venenos: éxito, fama y dinero. Demasiado, demasiado joven.

 

VIDEO SUGERIDO: Race with the devil – Gene Vincent & His Blue Caps, YouTube (Ulises Mavridis)

 

 

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MY BACK PAGES: R & B FROM THE MARQUEE (ALEXIS KORNER’S BLUES INCORPORATED)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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Durante los años cincuenta, Alexis Korner grabó para Melodisc y Decca. Inspirado por Muddy Waters, él y Cyril Davies en la armónica empezaron a tocar blues amplificado. Junto con el guitarrista Jeff Bradford grabaron unos tracks en 1957, reeditados por la compañía Folklore de Doug Dobell en 1970.

En 1961 reunieron a su alrededor a un grupo de músicos de jazz simpatizantes al que denominaron Blues Incorporated, y se establecieron en su propio club. La banda contó con una integración flotante y atrajo a muchos músicos aspirantes al rhythm and blues, que luego formarían sus propias agrupaciones.

En 1962, con el cantante Long John Baldry, el pianista Keith Scott y el saxofonista Dick Heckstall-Smith, la Blues Incorporated fue grabada por Jack Good en R&B from the Marquee (Decca, 1962). El álbum mezcló sentidas versiones de originales de Waters con piezas originales (básicamente instrumentales) del propio Korner, como «Finkel’s Cafe», inspirado en el soul-jazz de Charlie Mingus y Cannonball Adderley.

Al producirse el disco Alexis Korner’s Blues Incorporated (de, 1964), el jazz instrumental había terminado por dominar a la banda, haciendo destacar a Heckstall-Smith y a Art Themen, también en el saxofón tenor. El siguiente álbum, Blues Incorporated (de, 1967) incluyó a Duffy Power, en la armónica y la voz, y puso de manifiesto cierto retorno hacia las raíces del country blues.

Para ese entonces, el auge del blues en Inglaterra había tomado otra dirección (hacia el pesado sonido basado en las guitarras como caracterizó al primer Fleetwood Mac, a Ten Years After o a Savoy Brown), y el estilo semi acústico de Korner en la guitarra evocaba más a Lonnie Johnson y a Big Bill Broonzy, que al nuevo estilo eléctrico de los músicos ingleses más jóvenes. Hasta ahí llegó su papel como guía y la historia comenzó a ser otra.

VIDEO SUGERIDO: Alexis Korners Blues Incorporated – R & B From The Marquee – Gotta Move, YouTube (Jr. Ewing)

 

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REMATE

LOS OLVIDADOS: AMON DÜÜL

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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EL AGORERO GERMANO

En los años sesenta, la revolución practicada por los jóvenes músicos que conformaban el incipiente rock alemán produjo agoreros grupos como Amon Düül, quienes representaron fuertemente el movimiento más teórico e intelectualista de aquel entonces e influyeron de manera significativa en los acontecimientos musicales posteriores de su país.

En 1967, se formó en Munich una comuna de músicos entre los que figuraron los jazzistas Chris Karrer, Ulli y Peter Leopold y Rainer Bauer. Dieron el nombre de Amon Düül a sus presentaciones concebidas como espectáculo multimedia. El apelativo combinaba el nombre de la divinidad egipcia y un término turco para la música.

Sus experiencias vitales y con las drogas psicodélicas les dieron un estilo que los identificó, de manera inevitable, como grupo underground. La ruptura de las leyes musicales y su falta de inhibición con respecto a la instrumentalización les ayudó a darse a conocer, sobre todo con la aparición que tuvieron en el festival de Essen en 1968.

La idea comunal de hacerlo todo juntos desapareció cuando Bauer y los hermanos Leopold incrementaron sus actividades políticas. El grupo se escindió y, mientras Amon Düül I producía su primer L.P., Chris Karrer fundó Amon Düül II.  El primero se disolvió en 1971 por diferencias musicales y personales tras la aparición de cuatro acetatos (Psychedelic Underground, Collapsing, Paradies Warts Düül, Disaster y otros singles).

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Por su parte Amon Düül II, fundado bajo el concepto de círculo de arte y comunicación, se integró originalmente con Johannes Weinzierl (guitarra), Falk Ulrich Rogner (bajo y órgano), Renate Knaup (voz), Shrat (violín y segunda voz), Dieter Serfas (batería, luego sustituido por Peter Leopold que se incluyó de nueva cuenta) y Chris Karrer (guitarra, sax y voz). La orientación musical del conjunto fue encauzada por su posición social y sus innovadores intereses musicales.

A fin de grabar su primer disco, el grupo se reforzó con el bajista Dave Anderson.  Así, en la primera mitad de 1969 apareció Phallus Dei (Sunset), una obra llena de improvisaciones que se erigió en un clásico de la psicodelia alemana.

Al año siguiente, la banda acudió al estudio para realizar Yeti (UA/Liberty, 1970), un disco menos misterioso, más sencillo y melodioso, sin desplegar tanta agresividad como en los acetatos anteriores. Con éste se lanzaron a su primera gira continental y obtuvieron buenos resultados con el público y la crítica.

Para la grabación de Wolf City (UA/Liberty, 1972) hubo nuevos cambios de integrantes y con la producción trataron de deshacerse de su imagen underground con composiciones equilibradas y arraigadas en el art-rock. Su segunda gira europea fue grabada en ese 1972, aunque el L.P. apareció dos años después con el título de Live in London (UA/Liberty, 1974).

Tras otros cambios de personal, el grupo editó Vive La Trance (UA, 1974) bajo la consigna de tocar para el público y no para ellos mismos. Después de la gira promocional se disolvieron por problemas personales.

Un año más tarde intentaron el comeback respaldados por la compañía disquera Lollipop y produjeron Hi Jack (1975), un disco que puso de manifiesto la crisis de identidad del grupo. Por ese tiempo su antigua compañía sacó el L.P. Lemmingmania (UA, 1975), el cual contenía su producción de sencillos.

El mismo año, Amon Düül grabó Made in Germany (Lollipop), una rock ópera que constituía la visión del grupo sobre la historia alemana. En 1976, el disco Pyragony X (Lollipop) no sirvió tampoco para reencontrar el éxito de los años primerizos.

De igual manera se puede calificar Almost Alive (Lollipop, 1977), L.P. que cultivó la música, pero sin la fuerza mística que los había caracterizado.  Luego de un tiempo más de tumbos, el legendario Amon Düül vio el ocaso de su vida junto con la década.

 

VIDEO SUGERIDO: Amon Düül II – phallus dei – DVD video, YouTube (ROCKDRUMMERFULL)

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Por SERGIO MONSALVO C.

 

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CYBERPUNK

(GÉNESIS: VISIÓN CORAL)

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

https://www.babelxxi.com/575-cyberpunk-genesis-vision-coral/

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MIS ROCKEROS MUERTOS (ENERO-MARZO 2022)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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Las cosas eran muy distintas en los sesenta a como son ahora, diría Perogrullo. A veces parece que no hace tanto tiempo, pero lo fue. El rock abrazó con toda su fuerza en aquella época. Hubo luz y ganas siempre de emprender el viaje por la ruta de la vida con nuevas opciones, todo dependía de los jóvenes. Eran los conductores del periplo.

Unos rockeros señalaban el camino a otros y esos otros a otros, y así sucesivamente. Unos a otros. En ese camino aparecieron tempranamente las girly groups (con las Ronettes a la cabeza) y al final de la década quedó el Festival de Woodstock como testimonio de lo acaecido. Fue una ruta tan larga, y tan llena de cosas, que aún no le vemos el fin culturalmente. Tal vez, porque no lo tiene.

Sin embargo, para las personas sí lo hubo, como aquellos que representaron aquellas cosas. En el trimestre pasado, lamentablemente, me tocó poner varios discos para recordar y despedir a algunos de ellos. Pero también para reflexionar sobre su papel en la vida de muchos.

Ellos nos acompañaron en el camino y los ecos de su accionar, musical y social, nos siguen dando aliento, para sentir que respiramos en compañía. Es una nueva vida tras la muerte. El rock es ese árbol que descansa y crece sobre la misma tierra que acoge en sus raíces a los artistas que nos hicieron emocionar con su música y con su amor por ella.

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MICHAEL LANG

Michael Lang (nacido en Brooklyn en 1944), fue uno de esos personajes que mostraron su amor por la música. Fue un promotor de conciertos (además de representante de artistas), que en 1969 fijó un hito cultural para siempre. En aquel año, había ya demasiado contexto musical y social, demasiada ebullición alrededor como para no hacer nada. Así que con otros tres tipos tan insatisfechos como perspicaces, Artie Kornfeld, Joel Rosenman y John Roberts, acabaron armando un festejo que pasaría a la historia.

Esos cuatro promotores, de poco más de 20 años cada uno, concibieron originalmente el festival de Woodstock como «Tres días de amor, paz y música» al aire libre. Lo que hicieron fue fundar, por un fin de semana (del 15 al 17 de agosto de 1969), la tercera ciudad más populosa del estado de Nueva York. Pero también crearon, sin saberlo, una leyenda para toda la vida, que no se repetiría jamás (a pesar de los reiterados intentos de años después).

Lang y los otros tres promotores habían planeado un festival de rock que se realizaría durante tres días en un alfalfar alquilado de 600 acres al granjero Max Yasgur (fallecido en 1973), en donde recibirían a 60 mil espectadores que pagarían 18 dólares por asistir. Woodstock se encontraba en el bucólico pueblecito de Bethel, a unos 130 kilómetros de Nueva York. Contra todo lo previsto, al lugar llegaron procedentes de todas partes más de medio millón de jóvenes, cuyas edades iban de los 16 a los 30 años, atraídos por el rock, el espíritu de aventura y de hermandad generacional. Lo demás es historia pura.

Michael Lang falleció en Nueva York el sábado 8 de enero, a los 77 años, víctima de un linfoma. Su nombre estará indisolublemente unido a aquel legendario festival.

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RONNIE SPECTOR

Los miércoles tienen algo de cenizos. Y éste aún más, ese día (12 de enero) murió Ronnie Spector, la voz que te tomaba de la mano, abrazaba y hablaba al oído, que te acompañaba para arropar tus ansias y temores primigenios; la muchacha que te estremecía el cuerpo con sus movimientos y coreografías; la que sedujo con su talento y carisma a los Beatles (Harrison escribió una canción para ella), a los Rolling Stones (Richards hasta se apuntó en un riesgoso  affair), a Bruce Springsteen (que le prestó a la E Street para acompañarla en una grabación), y así a muchos otros.

Ella nació en 1943 como Veronica Bennett en Nueva York. A los 16 años comenzó a actuar al lado de su hermana Estelle, y de su prima, Nedra Talley, antes de terminar la prepartoria con el trío The Dolly Sisters. Había crecido en el Spanish Harlem, un ríspido barrio en el que tuvieron acceso a la exuberante estética y soltura de las puertorriqueñas y a la escucha de exponentes del doo-wop como Frankie Lymon & The Teenagers, lo cual inspiró a cantar a Ronnie, como le decían sus cercanos.

Cuatro años más tarde, ya como The Ronnettes, se convirtieron en el gran acontecimiento musical que lideró el movimiento de las girly groups al comienzo de los años sesenta. Ellas eran diferentes. Ronnie era diferente. Con su estilo ligeramente rasposo y sexy modificó, aunado al coro, el sonido de la época.

Para afinarlo, perfilarlo y conducirlo estuvo Phil Spector (en ambas caras de la moneda: la luminosa –musical–y la muy oscura –matrimonial). Spector les proporcionó y produjo “Be My Baby”, un tema suyo y de Ellie Greenwich y Jeff Barry (quizá la balada más bonita del rock), cuya base instrumental contaba con su sistema Wall of Sound en pleno. Las Ronettes sumaron las voces, y la combinación resultó un fenómeno estético.

No fue la única pieza: seguiría la cosecha con “Baby I Love You” y con “Walking in the Rain”, etcétera. Muestras que definieron el pop más sofisticado. Su obra, marcada por la exuberancia orquestal y el dramatismo sentimental, señaló un antes y un después en la música popular. Envolvía al escucha como en un sueño. De todo ello Ronnie fue la estrella.

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MEAT LOAF

Met Loaf (Marvin Lee Day, su verdadero nombre) fue uno de esos personajes que le aportaron originalidad al género rockero. Nació el 27 de septiembre de 1947 en Nueva York. Durante su vida se desarrolló como compositor, productor y cantante.

Con esto último realizó uno de los mayores discos clásicos de la historia del rock: Bat Out of Hell. Para empezar a hablar de tal grabación hay que contextualizar su aparición y la importancia que merece al haberlo hecho entre un buen número de álbumes importantes. El año fue 1977. Y, entre muchas más noticias, destacó por la muerte de Elvis Presley y de tres miembros del grupo Lynyrd Skynyrd en un accidente de avión, así como por la explosión del punk en Reino Unido.

Asimismo, la lista de las obras publicadas ese año estuvo conformada por los siguientes títulos: Talking Heads 77 (debut de los Talking Heads), The Clash (The Clash), Lust for Life (Iggy Pop), Marquee Moon (Television), Heroes (David Bowie), Trans Europe Express (Kraftwerk), Rocket to Rusia (Ramones), Never Mind the Bollocks (Sex Pistols), In The City (The Jam), Before and After Science (Brian Eno), entre otros.

Sin embargo, Bat Out of Hell se puede codear con todos ellos por sus aportaciones particulares a la cultura rockera. En él confluyeron los talentos del cantante Meat Loaf, la producción de Todd Rundgren y la composición de Jim Steinman, donde éste aprovechó para mostrar sus influencias de Wagner a Bruce Springsteen, pasando por Phil Spector.

Steinman y Met Loaf habían comenzado a colaborar juntos desde que se conocieron como parte del musical Neverland. De ahí surgió la columna vertebral del futuro álbum con tres canciones memorables: la que dio nombre al disco (la «canción acerca de un accidente más extrema de todos los tiempos», según el autor), “Heaven Can Wait” y la renombrada “All Revved Up With No Place to Go”.

A las que luego se añadiría la muy célebre “Paradise by the Dashboard Light” (una historia épica y con humor acerca de un romance adolescente y el sexo). Una pieza de miniópera donde Meat Loaf hace dúo con la cantante Ellen Foley, con el añadido (metafórico) de la voz en off de un comentarista de baseball.

 

Bat out of Hell es una obra redonda de 47 minutos de duración, que fueron paradójicamente el encumbramiento de Steinman y Meat Loaf (finado el 20 de enero) y, al mismo tiempo, su némesis. Jamás ninguno de ellos pudo superar lo hecho en tal álbum, con sus siete temas plagados de libido adolescente, problemática existencial, momentos épicos, desmesura emotiva y muy buena muestra de rock operístico. Resultado: un disco clásico y universal.

Todo ello arropado por una portada también atribuida a una idea de Steinman e ilustrada por Richard Corben, copiada desde entonces por cientos de grupos de heavy metal e inscrita entre las mejores de todos los tiempos.

Otros fallecidos en tal trimestre: Mark Lanegan (Screaming Trees, 22 de febrero), Taylor Hawkins (Foo Fighters, 25 marzo).

A todos ellos: ¡GRACIAS!

VIDEO SUGERIDO: Be My Baby – The Ronettes – 1963 – Stereo – Music Video, YouTube (namnoiz)

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BABEL XXI-574

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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“KEY TO THE HIGHWAY”

(CANTO Y POEMA)

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

https://www.babelxxi.com/574-key-to-the-highway-canto-y-poema/

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LIBROS: RY COODER (EL OUTSIDER JUSTICIERO)-IV

Por SERGIO MONSALVO C.

 

RY COODER (PORTADA)

 

RY COODER

(EL OUTSIDER JUSTICIERO)*

 

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IV

LA TRILOGÍA CALIFORNIANA

 

Luego de su aventura caribeña, Cooder que no tenía ganas de volver a casa lo hizo para encontrar en el traspatio de la misma una historia enterrada. El álbum Chávez Ravine es la muestra de su quehacer descubridor. Una muestra como siempre honesta y auténtica de su compromiso artístico.

Tras una efeméride deportiva —el cambio de residencia del equipo de beisbol de los Dodgers de Nueva York a California, así como la construcción de su estadio—, se halla un hecho socioeconómico que afectó a miles de personas del barrio Chávez Ravine en el Este de Los Ángeles, el cual puso en evidencia la malevolencia de la política en contubernio con el capital, del gobierno estatal contra una minoría étnica: falsas promesas a cambio de sus propiedades.

A través de 15 viñetas musicales, Cooder reconstruyó aquel viejo distrito de la primera mitad del siglo XX que albergaba a familias de ascendencia mexicana, de antigua residencia o recién llegadas. Y lo hizo con sensibilidad y agudeza. En composiciones originales o versiones de piezas de ese tiempo y en colaboración con los músicos representativos de aquellos momentos cruciales del lugar que llegaba a su fin.

Con Chávez Ravine, un álbum de instantáneas sonoras, Ry Cooder regresó a casa, sí, para propiciar de nueva cuenta el acicate de la conciencia en el propio hogar, con la mirada de otros cronistas que por igual hablan del ayer con el espejo del acontecer de hoy en la mano. Y ya de vuelta en los Estados Unidos, el músico se dio cuenta de lo mal que estaba la situación bajo el gobierno de George W. Bush (desinformación, derechos truncados, conservadurismo, miedos infundados y sospechas paranoicas).

Entonces decidió hacer, ya encarrerado tras Chávez Ravine, el álbum My Name is Buddy. Éste se convirtió en un manifiesto y en un instrumento de denuncia. «Estoy obsesionado por las canciones como vehículo de comunicación. Deben tener música excitante, claro, pero lo primero es la historia. De hecho, me sobran tantas historias que ahora he publicado un libro de relatos noir con City Lights, la editorial de Lawrence Ferlinghetti. Aunque ya nadie lee…».

En él, Cooder dice que es necesario empezar a leer la verdad para darse cuenta de lo que sucede en realidad, y para ello partió de la antigua tradición popular de la canción de protesta. Las viejas melodías y los ritmos de la música vernácula estadounidense le ayudaron a contar las historias que integran el disco. El estilo musical es el mismo, pero con contenidos narrativos que retratan la actualidad.

Las canciones que componen el disco tratan sobre la vida de los pobres y los proletarios, de sus dificultades para sobrevivir y de su indefensión ante los poderosos. No es un trabajo optimista, pero su tema central es que la unidad puede proporcionar la fortaleza necesaria en estos tiempos oscuros.

Habla también de los que quieren detener esta solidaridad, de los que detentan el poder y de los que buscan destruir todo atisbo de concientización. Sin embargo, para que todo ello no resultara muy espeso y panfletario lo relata como un cuento infantil.

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Por lo mismo echó mano de apoyos visuales y junto con el álbum aparece un librito ilustrado con dibujos que permiten visualizar la historia de Buddy (el gato protagonista), un ratón, un sapo y un humano desposeído. La fábula, pues, mezcla la historia infantil con duras críticas a la política conservadora. El mensaje final señala, esperanzador, que debe haber algún lugar mejor, con una sociedad distinta y un sistema económico diferente.

“No me hago ilusiones respecto a poder de influir sobre la opinión pública –dijo–. Los grandes medios en este país te ofrecen toda una gama que va desde la derecha a la extrema derecha. En las cuestiones fundamentales, son un monolito. Pero tienes que reaccionar, aunque solo sea por razones terapéuticas. Cuando te enfadas y no haces nada, se te envenena la sangre».

En la aventura se hizo acompañar de algunos hitos de la música folklórica norteamericana: Mike y Pete Seeger, a cuyas voces y guitarras acompañan también el acordeón del Flaco Jiménez, la gaita de Paddy Moloney y el piano de Van Dyke Parks.

La obra de Cooder tiene, además, dos vueltas de tuerca en el tiempo: un homenaje a la antigua canción popular y un retorno al concepto de los orígenes musicales del guitarrista, en cuyo primer álbum incluyó temas de gente comprometida socialmente como Woody Guthrie, Leadbelly y Blind Willie Johnson.

“Abundan los asuntos para cantar –explicó en su momento–. La codicia de los banqueros, las guerras neocoloniales, el empobrecimiento de la clase trabajadora, la xenofobia…Cuando me enteré de las medidas contra la inmigración ilegal de Arizona, se me ocurrió el tema ‘Suitcase in My Hand’. La primera versión estaba en Internet pocos días después; de vivir ahora, Woody Guthrie hubiera hecho algo parecido».

Sin embargo, en el disco Cooder también muestra sentido del humor en piezas como ‘One Cat, One Vote’ o en ‘Green Dog’ que ponen en perspectiva su reconocido dominio del country blues y de la sonoridad fronteriza (en esta ocasión se extrañan sus emocionantes interpretaciones instrumentales).

Con el siguiente trabajo, I, Flathead (subtitulado: The Songs of Kash Buk and the Klowns), el músico completó su trilogía californiana, junto a Chávez Ravine y My Name is Buddy. El autor continuó en el terreno de lo conceptual al hablar de las andanzas de un músico de country, su banda, sus mujeres y las relaciones con un carismático visitante extraterrestre. Una asimoviana fábula social acompañada también por una noveleta.

El pasado como espejo se ofrece al presente. De ahí su acento personal y comunitario, apasionado, que expresa un pensamiento sincero y seguro de su objetivo: la conciencia no de estar entre dos culturas sino la de ser una cultura diferente y a veces en el centro de los intereses y aversiones de los políticos en turno.

En el camino de la música sacada a flote por Ry Cooder entrecuzan su paso emoción y pensamiento, reflexión y sentimiento, razón y corazón. El guitarrista alcanza esta idea creadora por diversas vías, y entre ellas, de un lado su empatía y conocimiento del pensamiento y del espíritu de los desposeídos y por otro su afán de reclutar las voces musicales que representaron en su momento tal espíritu.

VIDEO SUGERIDO: Ry Cooder – Red Cat – YouTube (Ry Cooder)

 

 

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*El ensayo “La Trilogía Californiana” forma parte del libro Ry Cooder (El Outsider Justiciero) de la editorial Doble A, y ha sido publicado online de manera seriada en el blog Con los audífonos puestos.

 

 

 

 

 

Ry Cooder

(El Outsider Justiciero)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Ensayos”

The Netherlands, 2022

 

 

 

Contenido

I.- El Nacimiento de las Raíces

II.- Talking Timbuktu

III.- Buena Vista Social Club

IV.- La Trilogía Californiana

V.- Sobre Héroes y Tumbas

VI.- El Observador Comunitario

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