mientras come la traición como una rebanada de carne.
No debo dormir
pues cuando duermo tengo noventa años
y creo que me muero.
La muerte resuena en mi garganta
como una canica.
Traigo tubos como aretes.
Me quedo tan quieta como una barra de hierro.
Pueden perforarme la rodilla
con una aguja y no me moveré.
Estoy llena de novocaína.
Esta chica en trance
para hacer de ella lo que quieran.
Podrían meterla en una tumba,
un paquete terrible,
y cubrirle la cara de tierra
y nunca llamaría: ¡Hola!
Pero si la besaran en la boca
abriría los ojos de golpe
y exclamaría ¡Papá! ¡Papá!
¡Listo!
Salió de su prisión.
Hubo un robo.
Hasta ahí me platican.
Fui abandonada.
Hasta ahí estoy enterada.
Fui obligada a retroceder.
Fui obligada a avanzar.
Fui pasada de mano en mano
como un plato de fruta.
Todas las noches me clavan en mi lugar
y olvido quién soy.
¿Papá?
Esa es otra clase de prisión.
No es el príncipe
sino mi padre
ebrio, inclinado sobre mi cama,
rodeando el abismo como un tiburón,
mi padre, grueso, encima de mí
como una medusa dormida.
¿Qué viaje es éste, niña?
¿Existe salida de la prisión?
Que Dios nos salve–
¿existe vida después de la muerte?
*Anne Sexton, fragmentos del poema “La Bella Durmiente”, que forma parte del libro Transformaciones. Selección y traducción de Angelika Scherp. Introducción de Sergio Monsalvo C. Primera edición en Ediciones Fósforo, México, D.F., 2009.
No se manifestaron los fallos “catastróficos” del Y2K (efecto 2000) que se habían predicho en las computadoras de todo el mundo para esta fecha.
El grupo alemán de telecomunicaciones Mannesmann aceptó fusionarse con el británico Vodafone Airtouch.
Se publicó la última tira cómica original de Peanuts (conocido en español como Charlie Brown) debido al fallecimiento de su autor, Charles Schultz (1922-2000).
La empresa Microsoft lanzó el Sistema operativo Windows 2000.
El Premio Nobel fue Ganado por el escritor chino Gao Xingjian.
Se estrenaron las películas Gladiator, Dancer in the Dark y X Men.
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La historia de una palabra es a veces la historia de un siglo. «Rock» es una de ellas.
El rock cambia constantemente las estéticas musicales. En el año 2000 los discos que destacaron fueron: Ecstasy de Lou Reed, Felt Mountain de Goldfrapp, Stankonia de Outkast, Gong-Ho de Patti Smith, Conspiracy of One de Off Spring, Parachutes de Coldplay y Kid A de Radiohead, entre otros.
El rock había sido durante medio siglo un fenómeno de vastas consecuencias en la vida y costumbres de millones de personas en el mundo, hasta ese momento: fin de siglo y de milenio.
El rock había calado fuerte en generaciones sucesivas, por encima de profundas diferencias sociales, económicas, de educación e ideológicas.
El rock ya no debía ser definido como un estilo musical en sí mismo, por su vaga relación con el ritmo del cuatro por cuatro, ni tampoco como una especie de ideología juvenil, sino como una cultura viva y en constante evolución.
El tradicionalismo y la falta de atención eran en ese momento los males del público. La gente en general se contentaba con escoger entre pocas cosas harto conocidas, en lugar de buscar otras posibilidades.
El rock no era ya una versión del imperialismo cultural, sino una forma de vida comunitaria.
La tecnología había estado unida al rock desde su nacimiento.
El universo de sonidos del rock podía oírse en todo el planeta por medio de satélites/ cables de televisión/ anunciantes multinacionales/ en los soundtracks de las películas/ walkman/ deck/ autoestéreo/ reproductor de cassettes/ DVD.
El cambio producido por la revolución digital afectaría a futuro nuestra manera de escuchar.
Internet diversificaría aún más la variedad del rock.
La grabación digital sería revolucionaria porque miles de bits de información en cada segundo de sonido podrán ser manipulados.
Las palabras «músico» o «compositor» quedarían atrás sustituidas por programador/ DJ/ tornamesista/ sutilizador/ alquimista sonoro/ ilusionista ambiental.
La revolución digital cambiaría la manera en que sería hecha la música.
Las fuerzas sociales y políticas serían significativas en el cambio de nuestra manera de concebir la música, y en la forma en que la tecnología sería comprendida.
Nadie podía decir en esa época que en el universo sonoro del rock no hubiera siempre un futuro expansivo.
VIDEO SUGERIDO: Radiohead – In Limbo live Pinkpop 2001 (high qulity), YouTube (RadioheadSnatcher)
Taj Mahal no comparte la actitud crítica mantenida por muchos de sus contemporáneos hacia el hip hop. Es más, la mayoría de las cosas de ese género le gustan bastante. Él escucha al mundo. A todo el mundo desde los comienzos de su carrera. Desde los coros femeninos de Bulgaria, el rai y el folk armenio, hasta los camelleros del Sudán. Tocó en su momento con Ali Farka Toure, y luego con Zani Diabate, todos esos guitarristas e intérpretes africanos de la kora. Puede y quiere tocar con todos los artistas que le sea posible, desde los intérpretes finlandeses hasta los de la Nueva Guinea. Intercambiar ideas: todos, lo sabe, tienen algo qué ofrecer. Por eso la música de Taj no es un eco del pasado. Para él tiene que funcionar ahora.
VIDEO SUGERIDO: Taj Mahal – Corrina, Corrina, YouTube (dosmetrosdos)
BXXI-87 LITTLE RICHARD
El conservadurismo estadounidense agregó el rock & roll a su particular averno negro porque, según éste, los ritmos salvajes producidos por dicha música ponían de relieve la libido primordial contra la que el hombre blanco había tratado de erigir la barrera de su cultura frágil y amenazada. El rock and roll nació con esta mitología sexual. Y el primer Little Richard –un ser inimaginable y al mismo tiempo omnipresente en las peores pesadillas de los racistas blancos– fue el arquitecto y profeta más bizarro en su diseño. Sus cuatro argumentos fundamentales fueron: “Tutti Frutti”, “Long Tall Sally”, “Lucille” y “Good Golly Miss Molly”. Leyes sicalípticas talladas en piedra para la eternidad.
VIDEO SUGERIDO: Little Richard – Tutti Frutti (France 1966), YouTube (nyrainbow4)
BXXI-88 WALT DISNEY
La música se incorporó a las películas de Disney en 1928. Desde entonces ha tenido tanta importancia como la hechura de los dibujos mismos. El soundtrack disneyiano ha evolucionado desde las tonadillas populares (de los comienzos) hasta las creaciones originales de artistas de diversos ámbitos actuales. En el corazón de muchos músicos que crecieron con sus películas habitan esos recuerdos y la resonancia de esos sonidos y cuentos ha conectado a una generación con la siguiente. La música que se recrea en dicho gusto y facilita los enlaces en este sentido, sirve de orientación para que la historia de estos dibujos y sus memorables canciones continúen siendo una común historia para todos.
VIDEO SUGERIDO: Heigh Ho – Los Lobos – Official Music Video, YouTube (disneymusic)
BXXI-89 CLÁSICOS NAVIDEÑOS (II)
Melancolía, reflexión, tristeza, irritación, alegría…Son estados anímicos que se manifiestan en las personas durante la época navideña. Para cada uno de ellos la música (a consumir ad hoc) ofrece diversas posibilidades. Es una compañía que jamás defrauda y se puede contar con ella en cualquier momento y situación. Y si no es posible hacer caso omiso de tales manifestaciones emocionales, por lo menos hay que tratar de paliarlas de alguna manera y buscar hacerlo con discos de calidad artística incuestionable, trascendente y confirmada, una y otra vez, a través de los años. Así que en esta ocasión me atrevo a recomendar algunos títulos clásicos para ambientar el estado anímico recurrente.
VIDEO SUGERIDO: Elvis Presley – Merry Christmas Baby, YouTube (SCWoodbory2009)
BXXI-90 BOB DYLAN
Bob Dylan es un clásico contemporáneo. Un autor necesita pasar por las manos de varias generaciones para alcanzar tal condición. Es alguien cuyas obras se han convertido en referencias perdurables y a las cuales se revisita una y otra vez para realizar nuevas lecturas sobre ellas. Él, por su parte, ha sido un creador generoso en cuanto a las perspectivas desde las cuales estudiarlo. En lo referente a sus raíces musicales, ha proporcionado el quid para ubicar las semillas que le dieron origen. A lo largo de su trayectoria, el cantautor ha utilizado las baladas, los cantos outsiders, el folk, las elegías, los espirituales, las canciones de contenido social y de protesta y el rock. Y como soporte impulsor: el country blues.
VIDEO SUGERIDO: Robert Downey Jr. sings “Man Like Me”, YouTube (olca222)
*Textos extraídos del poemario Brazada Inútil con el que participé en el libro colectivo Andan por ahí, editado por la UNAM, y del que presento aquí un par de textos incluidos en él.
Colin MacInnes fue un escritor inglés que retrató una época para la eternidad y con ello se ganó además un lugar en la historia de la literatura universal. Nació en Londres en 1914 como hijo único de un cantante de música popular y de una novelista, Angela Thirkell.
De niño conoció de cerca a Rudyard Kipling porque éste visitaba la casa de sus padres y le contaba historias de la India y de sus viajes por la Gran Bretaña.
Cuando MacInnes cumplió los seis años de edad se mudó con su familia a Australia donde vivió toda su infancia y pubertad. Estaba contento en aquel lugar pero sus padres se divorciaron y él tuvo que regresar al Reino Unido con su madre en 1930.
Trabajó en diversos oficios durante su juventud y al mismo tiempo estudió pintura en Londres. A la postre se enroló en la Inteligencia Británica durante la Segunda Guerra Mundial.
Su experiencia durante la guerra le sirvió de material para escribir guiones para la radio en la BBC. Con este bagaje, además, comenzó su primera novela (To The Victors The Spoils) que al ser publicada obtuvo relativa notoriedad.
Ello le allanó el camino para dedicarse de lleno a la escritura. A partir de ahí se volvió autor de numerosas obras y el éxito le llegó con Absolute Beginners (Principiantes, en su traducción al español), segundo libro de una trilogía que lo encumbraría en las letras británicas.
Absolute Beginners se centra, al igual que su otras dos novelas: City of Spades y Mr Love and Justice, en la ciudad de Londres, en su juventud y la cultura de los inmigrantes durante fines de los años cincuenta.
La trama se lleva a cabo en el barrio de Notting Hill, un área de la capital británica cuya población estaba compuesta de mezclas raciales y lo que se daba en llamar un “ambiente decadente y bohemio”.
Las tribus urbanas, el racismo, las drogas, la bisexualidad, la anarquía y la música, sobre todo, son los elementos que componen Absolute Beginners, una historia sobre el nacimiento de los mods, de su forma de vida y de la subcultura que generaron.
(El término mod, es el apócope de la palabra “modernista”, una subcultura social y musical que definió a los jóvenes rebeldes de aquella época, en Londres, que exigía estar a la moda en todo lo moderno: ropa, sonoridad, baile, clubes de música, medio de transporte, y el soporte de una dieta basada en las anfetaminas.)
La novela de MacInnes fue publicada en 1959 y fue la puerta de entrada al underground que preludió el “Swinging London” y la ubicación de esta ciudad como centro de la cultura juvenil a nivel mundial en el primer lustro de los años sesenta.
Es un texto narrado en primera persona desde la perspectiva de un adolescente, en su última etapa como tal (19 años), que trabaja como fotógrafo freelance involucrado en la vibrante vida del Londres occidental, donde los marginados (artistas bohemios, yonquis, desempleados, gays), los inmigrantes caribeños y los jóvenes rebeldes crean una cultura (no sin enfrentamientos y tensiones raciales) basada en la moda de la vestimenta y las (motocicletas) Vespas italianas, el jazz moderno, el rhythm & blues y soul provenientes de los Estados Unidos.
A través de Absolute Beginners, MacInnes explora el nuevo fenómeno adolescente de los mods y profundiza en la rebelión, la angustia juvenil y las dificultades que tiene al cruzar la línea sombreada hacia la adultez en medio de una sociedad a la que tiene en contra. La novela cuenta en la propia lengua de los involucrados todas estas cosas de una manera fresca y provocadora.
Julian Temple
La novela de MacInnes fue llevada al cine de manera lastimosa por el director Julian Temple en 1986 y al teatro por Roy Williams en el 2007, con el mismo título.
Temple era (es) un cineasta británico que ha vivido tanto el éxito como el fracaso. Como realizador de documentales y videos, su nombre ha dejado huella en la historia del rock (con material fílmico sobre los Sex Pistols, Kinks, Rolling Stones, David Bowie, Neil Young o Tom Petty, entre otros muchos. Pero como director de largometrajes sus fracasos han sido tan sonoros que incluso lo han obligado a la emigración.
Entre estos últimos están, por ejemplo, su biopic sobre Jean Vigo o la adaptación de Absolute Beginners, un fiasco lo mismo artístico que financiero. Cuando apareció fue masacrada por la crítica debido a la extrema edulcoración de la historia original. Diluyó las ideas y las formas de vida contraculturales que mostraba el libro hasta dejarlas en el cliché y estereotipos de lo “políticamente correcto”.
Lo que hizo Temple de la novela de MacInnes fue un anacronismo, para empatar con la estética de los ochenta, cuando fue filmada, lo cual resultó en la utilización de estrambóticos colores y en un video musical de dos horas de duración vaciadas de contenido.
No obstante, el paso del tiempo ha sido indulgente con ella y en estos momentos goza de buena reputación, debido sobre todo a su soundtrack (en el que Bowie tuvo mucho que ver, incluyendo su papel dentro de la trama) y al testimonio gráfico, como retrato de época (los ochenta).
Cuestión aparte, la influencia de la novela se dio en todos los ámbitos: en la ropa con Mary Quant (inventora de la minifalda), en la boutique Bazaar de Kings Road de Chelsea (para hacerse trajes a la medida), en Twiggy (la primera supermodelo); en la TV con el programa musical Ready Steady Go!, en la industria editorial con la revista Queen; en el cine en Blow Up de Antonioni, The Knack de Richard lester y Alfie de Lewis Gilbert.
A la novela Absolute Beginners, de Colin MacInnes, se le cita como “la Biblia Mod”, la semilla fundamental de una cultura juvenil que floreció en los cinco años siguientes a su aparición. Dicho estilo de vida se extendió de Londres hacia los adolescentes británicos de todos los estratos sociales, y ese mismo inclusivismo expandió los gustos musicales del mismo más allá del modern jazz y el r&b: adoptó el soul de la Motown, Atlantic y Stax, el ska jamaicano y el bluebeat. Su sonoridad se hizo internacional.
Jerome Solon Felder (un tipo nacido el 27 de junio de 1925 en Williamsburg, Nueva York) fue un compositor gigante de la música popular de todos los tiempos, y Doc Pomus (su nombre artístico) una figura legendaria y magistral que escribió un puñado de las canciones más importantes del siglo XX, erigiéndose con ello en una influencia enorme para la cultura del rock de cualquier época.
Pomus era un alquimista que sabía mezclar en cada bebedizo los sentimientos que afectan al común de los humanos, y proporcionárselo al necesitado en el momento preciso para que le agradara su regusto dulzón al tomarlo, y poco a poco fuera sintiendo los efectos posteriores que acompañarían con su amargor al corazón desgarrado.
Su magia consistía en captar esos instantes tan íntimos y conmovedores y volverlos asequibles a todos; en poner las porciones justas de lírica y melodía a emociones poderosas que se transformaban con su arte en canciones que se quedaban en la psique colectiva.
A cambio de ello, y de manera constante, la vida siempre le pondría trabas. Para empezar: un ataque de polio lo obligó a llevar muletas. La enfermedad marcó su infancia. Aquellos hechos han sido recogidos en innumerables biografías, que de una forma u otra se complementan para crear el retrato más cercano al personaje que fue.
En ellas se puede leer (y ver prácticamente) como aquel niño enfermo tuvo que sujetarse a tales aparatos para movilizarse, sin dejar de soñar con ser algún día el campeón de los pesos pesados del boxeo en la inexistente categoría “con muletas”.
Buscaba ser lo que su padre llamaba “un hombre entre hombres”, un tipo forjado a sí mismo, capaz de alcanzar sus metas a pesar de caer una y otra vez por causa del ensañamiento la naturaleza.
Para nada quería la compasión ajena, pero, regularmente, su incapacidad era más poderosa que sus objetivos. Fue entonces que la música le proporcionó las herramientas necesarias. Hasta el barrio judío, donde vivía, volaban las notas del jazz y del blues que hacían bullir el Manhattan en los años cuarenta.
Pomus, que devoraba asimismo libros que lo hacían viajar a otros mundos, encontró en aquellos sonidos el factótum vital. Sentado en su habitación, aprendió a tocar el clarinete, el saxofón y, más tarde en el recinto escolar, el piano.
Supo que quería dedicar su vida a la causa musical cuando escuchó el disco “Big Joe Turner & His Fly Cats”. Aquello lo colapsó. El ritmo negro se convirtió en su propósito. Al poco tiempo, con el nombre artístico de Doc Pomus (no quería que sus padres se avergonzaran por dedicarse a la música) entró a trabajar como bluesman (¡!) en un tugurio llamado George’ Tarvern.
Se ganó una reputación en el circuito de bares semejantes y, casi sin sentirlo, se convirtió en el saxofonista del propio Big Joe Tuner. De él Pomus aprendió a captar la negritud elemental, esa característica interior tan genuina y, de igual manera, se dio a la tarea de escribir y escribir canciones, forjándose una carrera en la exultante noche neoyorquina, hasta que en su ruta se encontró con la de un joven pianista llamado Mort Shuman. Corría el año 1955.
Shuman, a su vez, se había hecho músico en un conservatorio, pero se dio cuenta inmediatamente del talento de Pomus y se volvió su partner. Uno que además lo educó en las vertientes del rhythm and blues y en el ambiente urbano que lo fundamentaba. Ambos formaron pareja como compositores. Pomus en las letras, Shuman en el piano.
Sus pasos y buenas obras los condujeron a trabajar en el Brill Building, el legendario edificio del 1650 de Broadway, una fábrica de la mejor música estadounidense, donde armaron una colección asombrosa de temas a partir de 1959.
El listado de canciones creado ahí es grande y durante aquella década destacaron las siguientes composiciones: “Love Roller Coaster”, “I’m a Man”, “Turn Me Loose”, “A Teenager In Love”, “Hushabye”, “This Magic Moment”, “A Mess of Blues” y la inconmensurable “Save The Last Dance For Me”, que cerraría la decena de los años cincuenta.
Existen músicos que logran ponerte de pie cuando ya crees que no volverás a hacerlo, te ponen el interior en movimiento aun cuando consideras que ya no quieres hacerlo, y te muestran la emoción incluso cuando sientes que ya la has comprendido o vislumbrado.
Son artistas que hacen que la música sea algo importante por lo que vivir. Ponen en un escaparate la vida y al mundo de los sentimientos en tus oídos, en tan sólo unos minutos sonoros. Ése es su golpe maestro.
Cada una de sus canciones congela la vivencia respectiva y lleva con su canto hasta la cima de la empatía. Nadie está solo cuando las escucha. Eso es lo que se piensa al oír las de Doc Pomus (fallecido el 14 de marzo de 1991). Él tejía con la música popular ese hilo invisible que nos conecta a pesar de las diferencias.
Lo suyo era mitigar tales distancias a través de lo agridulce de nuestras vivencias, en esa sublimación de la intimidad y en la magia áurica de una presentación con apabullante naturalidad, que lograba (y logra) extraer de los pequeños momentos, esa (sublimidad, magia, naturalidad), que simplemente pasa, en todas partes, todo el tiempo. Doc Pomus fue maestro y signo de una época que reverberará para siempre.
VIDEO SUGERIDO: Save The Last Dance For Me – The Drifters, YouTube (dannypsych)