“Cuando el crimen hace acto de presencia, la sociedad se atemoriza, los individuos se tornan falaces, contumaces, medrosos. Y un hombre entra en acción: el que está dispuesto a restablecer el orden, aclarar el enigma, hacer que el o los criminales paguen cara su osadía: la de haber puesto en jaque a una normalidad aborregada, hastiada, indolente.
En los ensayos incluidos en El lugar del crimen, Sergio Monsalvo se ha dado a la tarea de dilucidar quién es quién en el proceso criminal que corroe el cuerpo social y que ha dado lugar a un género literario donde, con arte, se consignan los motivos del perseguidor y el perseguido para poner en jaque a la totalidad del hormiguero.
En El oficio de vivir, Cesare Pavese expresa: “Todos los hombres tienen un cáncer que les roe, un excremento cotidiano, un mal a plazos: su insatisfacción; el punto de choque entre su ser real, esquelético, y la infinita complejidad de la vida.” En los ensayos que dan cuerpo a este libro, Sergio Monsalvo desentraña esa complejidad expresada por varios destacados autores del género negro o policiaco”.
Parafraseando a un viejo conocido diré que un fantasma recorre el mundo, el fantasma de un Beatle. Dicho fantasma comenzó su andar hace 50 años precisamente aquí, en la capital neerlandesa, lugar que escogió John Lennon para pasar su luna de miel. El 2019 es, pues, otro año Beatle, plagado de celebraciones, evocaciones, reediciones y festejos. En aquel entonces (1969), como hoy, climáticamente, había comenzado la primavera en la ciudad. Es 29 de marzo y se cumple medio siglo de aquel hecho que atrajo las miradas del mundo hacia un cuarto de hotel. Una habitación donde Lennon habló durante una semana, de manera incansable, sobre la paz, esa entelequia que continúa obsesionándonos.
VIDEO SUGERIDO: The Beatles – “The Ballad Of John And Yoko” Stereo Remaster, YouTube(The Beatles)
BXXI-417 BABEL XXI
Con el hipermodernismo nunca se sabe qué sorpresas deparará el pasado inmediato al insertarse en el presente, porque el pasado siglo (del que se nutre) fue extraordinario al ofrecer su variedad de imágenes y la multiplicidad de experiencias que humanistas, científicos y artistas pusieron en la palestra y que hacia su final la tecnología (la democratización cibernética de hoy) puso a disposición literalmente de todos. Surgió entonces con el nuevo siglo una heterogeneidad “natural” como destino del arte. Las mezclas contribuyeron sobremanera con la música porque aportaron la posibilidad de pasar de una escena a la otra, dejando al escucha la posibilidad de reconstruir el tejido original. Esa es la razón de ser del programa y página onlineBABEL XXI, y su hipermodernismo permite reconocer en el paladar la diversidad de los elementos que integran esa sonoridad.
VIDEO SUGERIDO: Momus: Goodbye Mr Quin, YouTube (momasu)
BXXI-418 BO DIDDLEY
El enorme músico llamado Bo Diddley tuvo su propio “efecto”: el jungle beat. Diddley fue uno de los cuatro pilares sobre los que se asienta esa gran construcción, ese rascacielos llamado Rock & Roll y sobre el que se ha edificado todo lo demás (los otros son Chuck Berry, Little Richard y Fats Domino). Diddley fue un artista del r&r primigenio que grabó su decálogo con la empresa Chess Records, consagrada en los años 40-50 del siglo XX a la música de extracto negro (blues, rhythm & blues, góspel, rock & roll). Una auténtica cueva del tesoro y en sus arcas reposa una cantidad inconmensurable del legado afroamericano a la cultura musical de la Unión Americana. Diddley aportó grandes joyas.
VIDEO SUGERIDO: Bo Diddley – Who Do You Love, YouTube (Frostgbv)
BXXI-419 LOBO-HOMBRE
“Le Loup Garou” (El Lobo-Hombre), dio ejemplo. Es un cuento en el que Boris Vian rompió con la tradición literaria de la licantropía (personas que se transforman en lobos en noches de luna llena) y volteó al revés el mito popular. “El lobo se llamaba Denis. Vivía en el bosque de los Falsos Sosiegos…” Desde ahí comienza la explosión del significado que Vian le otorga al relato: el enfrentamiento de la ingenuidad con la autoridad, lucha que devine en un final abierto, con la inquietud de lo que se presume es un sentimiento de venganza del animal contra la maldad del hombre. Los intérpretes de la cultura del rock siempre han reconocido su deuda con Vian y adoptado en sus canciones sus maneras y sus muchos hallazgos.
VIDEO SUGERIDO: LOBO HOMBE EN PARIS, YouTube (gonsqtv)
BXXI-420 LA RUTA DE LA PARCA
La muerte es algo que nos acompaña desde el día que nacemos, camina junto a nosotros (todos), es una compañía que se materializa inesperadamente (casi siempre) para tomar el lugar de la vida. Siempre le llega su plazo. En la diáspora contraria cuando se pone un disco, un track, y empieza a sonar éste nos envuelve y acompaña (pero a voluntad). Es uno de los momentos en que la vida se nutre de verdad. Y serán momentos en que la existencia se muestre como un continuo discontinuo, en el cual se equilibrarán las emociones y los sentimientos. Cuando desaparece un músico querido, que ha estado ahí, en el disco, en el track, para mantenerse a nuestro lado, a discreción, es un trozo del entorno personal que se va. Habrá tristeza, claro, pero a su modo estará ahí cuando se le necesite, y a la larga la misma existencia se encargará de seguirnos descubriendo a otros semejantes.
VIDEO SUGERIDO: Respect – Aretha Franklin, YouTube (numberonsongs4444)
Eicca Toppinen lo dijo al final del concierto aquella noche del 2017, luego de agradecer los aplausos y las ovaciones: “Cuídense mucho. Vienen tiempos muy difíciles y extraños, prepárense”. Esa frase se me quedó grabada porque estaba muy fuera de contexto en ese momento, ¿a cuento de qué venía ese aviso? En marzo del 2020 lo supe, ¿pero él cómo?, ¿tenía una bola de cristal o alguna conexión directa con los dioses, con los nórdicos, los antiguos y paganos, que estaban más al tanto de este mundo que otros?
En fin, el anuncio premonitorio se cumplió y Apocalyptica y Toppinen están más presentes que nunca en mi bitácora cotidiana de estos días aciagos…(escribo tal cosa en mayo del 2020, con el Coronavirus sobre todo el mundo, en pleno)
Durante los últimos años sesenta y en los setenta del siglo XX a menudo se subrayó el parentesco que existía entre la música sinfónica y el rock progresivo, barroco o el jazz-rock, así como la influencia de Richard Wagner en el heavy metal –más en la imaginería y pomposidad que en otra cosa–. Muchos músicos de los subgéneros “pesados” tenían –y tienen– una manifiesta y confesa afición por aquello.
En el fondo de sus corazones guardaban tendencias definitivamente románticas en el momento de elegir la instrumentación orquestal como punto de descarga para sus ampulosas ambientaciones y alegorías mitológicas. En algunos casos tal tendencia condujo al kitsch y a la producción de chatarra mística, en otros al avant-garde.
Los representantes del sector clásico, por el contrario, eran reacios y conservadores al respecto. Por lo común expresaban poco o nulo interés por el rock en general, por no hablar del metal en lo particular. Muchos por una actitud snob más que otra cosa.
Esa situación se mantuvo a lo largo de varias décadas y por lo mismo, a nadie de tal sector se le hubiera ocurrido arreglar las canciones de un grupo como Metallica para cello, hasta que cuatro estudiantes de la renombrada Academia Sibelius, de Finlandia, emprendieron la tarea a mediados de los años noventa, pese a las dudas y reservas de sus profesores. Lo hicieron, como prueba, durante un campamento de verano, en el formato de cuarteto y con el nombre de Apocalyptica.
De entrada al experimento se le podía descartar como un juego intelectual meramente, cuyo factor de originalidad se pudiera reducir de manera drástica después de la tercera adaptación. Sin embargo, el tanteo obtuvo un brillante resultado y abrió con ello una nueva ruta dentro de la música contemporánea.
En el álbum consecuente, Plays Metallica by Four Cellos (1996), así como en sus presentaciones en vivo, las interpretaciones de dicho grupo camarístico desarrollaron una fuerza indomable. Esto se debió de manera fundamental al contundente oficio de este cuarteto de cuerdas poco ortodoxo.
La reunión de estos cuatro músicos en Apocalyptica (que en realidad puede crecer a siete, según se trate de un concierto en vivo, de una grabación o de una colaboración, en la que se agrega un baterista, un o una cantante, un violinista u otro invitado) fue uno de los más destacados y raros hechos de buena fortuna para la música de nuestro tiempo.
Una intensa atracción espiritual enlaza la energía de este grupo con un magnetismo que ha afectado grandemente el rumbo del cuarteto de cuerdas y de quienes giran alrededor de él, que bien pueden ser otros grupos de metal, de cuerdas o experimentales y hasta de ex integrantes del mismo. No en vano su ya larga producción y existencia.
En su sonido se perciben los poderosos elementos de la naturaleza (que en su origen emulaban las emociones íntimas), el arrebato y la potente interacción de energías eléctricas, el asombroso misterio del silencio que siempre atinan a poner en el lugar correcto y a veces una voz que canta evocadoramente con elegancia y vigor metalero.
Estos instrumentistas de formación clásica tienen el don de sondear los misterios de esas pequeñas notas en suspenso sobre el papel que ansían la liberación hacia la obra tántrica del sonido universal del acero. El don de la ilusión que nos permite escuchar la transformación perfecta de un tejido musical en otro.
El don de la paciencia que le permite al éxtasis apoyarse en planos cada vez más altos, y el de expresar con intensa y eficaz convicción que eso que hacen sea de lo más natural. Y, lo más importante, el don que permite a cuatro almas llenas de regocijo volar como una sola hacia tierras inexploradas.
VIDEO: Apocalyptica – Master of Puppets (live), YouTube (Felipo Martell)
Todo ello apoyado por una puesta en escena bien cuidada por los finlandeses: vestidos todos de negro, largas melenas agitadas al unísono (convertido el movimiento en marca de la casa), iluminados por luz roja de frente y deslumbrantes reflectores blancos por detrás. Instrumentos escénicos utilizados con criterio y gran efecto, que se convirtieron en grandes protagonistas secundarios de sus actuaciones en vivo.
Aquella agitación de las melenas rubias y trigueñas realizada con frenesí continúa en pleno 20 años después, durante la gira que el grupo realiza por los continentes para festejar el aniversario de su debut discográfico, aunque ya sólo la ejecutan dos de sus miembros, ubicados al centro del podio: Eicca Toppinen y Perttu Kivilaakso.
Los otros, Paavo Lötjönen y Antero Manninen “Mr. Cool” (ex miembro original y ahora invitado a la celebración), en los extremos, efectúan actos distintos durante los conciertos: uno, el primero, incentiva al público con su arco revestido de neón para provocar los aplausos de acompañamiento, los coros de las piezas más conocidas o el levantamiento de los puños en señal de solidaridad; mientras al segundo, más contenido, le corresponde el uso del cello “incendiado” y humeante que ilumina el cráneo de una calavera.
Así fue como los vi esa noche del 25 febrero del 2017 en el auditorio TivoliVredenburg de Utrecht, en Los Países Bajos. Obviamente tienen más tablas y dinámica, más discos en su haber (tanto de estudio como en vivo), más recursos y piezas originales, un baterista (Mikko Sirén) con estilo e instrumento excepcionales.
Su música ha evolucionado (construyen auténticas catedrales barrocas, con todo y sus atmósferas, que llevan de la suavidad al estallamiento emocional en un solo tema) pero mantienen la misma calidad, el fundamento estético y la incombustible energía que hace dos décadas cuando los admiré por primera vez.
Eicca Toppinen, el instrumentista líder (actualmente también compositor, productor y arreglista), es también el encargado de presentar los temas, a los integrantes y de comunicarse con el público. Logra la atención y las ovaciones para luego extraer oro de los cellos conjuntos, a la par que sus compañeros, en los temas evocados de su primer disco (tributo a Metallica): de «Creeping Death» a “Welcome Home”.
Apocalyptica sabe y disfruta de extender al unísono una alfombra sonora tejida con fibras de acero. Incluso los martillazos de «Wherever I May Roam» o «Master of Puppets» no han perdido nada de su fuerza, al contrario, han ganado en virtuosismo.
Su versión de «Enter Sandman» es el pináculo de ello, y la ovación seguida les concede el estandarte y la heráldica a perpetuidad. Una hazaña desde el punto de vista técnico y de ejecución al haber traducido una música de guitarras eléctricas a partituras para cello.
De esta forma, los músicos finlandeses que conforman Apocalyptica, han proyectado su sensibilidad y educación clásica en el selecto material metalero, ajeno y propio, y en su riff encarnado.
El sonido de sus instrumentos conectados directamente a amplificadores le agrega un tono de prosopopeya a las piezas. Por lo mismo, sus conciertos son intensos tanto para los protagonistas como para el público. Su crossover interdisciplinario, su metal sinfónico, ha cumplido 20 años y de la mejor manera, seduciendo al escucha con la experiencia.
La crisis en la que se encontraba Alemania tras la Primera Guerra Mundial dejó el territorio sembrado de huérfanos, viudas y desempleados, cuya desesperación los condujo a ganarse la vida de cualquier manera. Hubo aumento de la drogadicción, en el protagonismo del Mercado Negro, en el crecimiento en el número de bandas criminales y la delincuencia, y en el de establecimientos con diversa oferta sexual. La literatura obtuvo nuevos argumentos. Varios autores extranjeros llevaron a sus libros dicho escenario. Dentro del territorio alemán también, en particular destacó Alfred Döblin, escritor cuya obra en tal sentido trascendió el tiempo y se instaló en el canon de la literatura contemporánea con el libro Berlin Alexanderplatz.
VIDEO SUGERIDO: Lou Reed & John Cale – Berlin – Bataclan ’72, YouTube (maybetonight)
BXXI-412 RUBÁIYAT
La premisa para elaborar el álbum compilatorio, denominado Rubáiyat fue de lo más sencillo: explorar el catálogo del antiguo repertorio de la compañía Elektra desde su fundación (así como de subsellos como Asylum y Nonesuch) y ponerlo a disposición de sus artistas (de ese momento) para que hicieran sus propias interpretaciones con ese material histórico. En fin, el Rubáiyat de la Elektra, como la referencia a la cultura persa, trata acerca de congregar, de unir, las diferentes poéticas musicales que la han conformado. Porque para este proyecto, sus hacedores, al igual que concebía Gilles Deleuze, los artistas son interconectores de ideas en diferentes campos, lo que conforma ese fresco llamado cultura humana.
VIDEO SUGERIDO: The Sugarcubes – Motorcycle Mama (Rubáiyát Elektra’s 40th Anniversary 1990) (Remastered), YouTube (björk HD)
BXXI-413 HASTA EL FIN DEL MUNDO
El mundo de 1999 en el que se desarrolla la trama de esta película sería, según Wim Wenders, una aldea global en la que es posible llegar hasta al rincón más remoto y donde se encuentra a toda persona extraviada. Esto último con la ayuda de programas de computadora de concepción infantil como el «bounty bear» electrónico, que en cosa de nada («I’m searching…I’m searching») extrae los paraderos de las personas de un banco de datos con millones de entradas (cosa que se ha cumplido con Internet). Igualmente, cuando en la segunda mitad de la película Wenders carga la historia de amor futurista con temas grandilocuentes, como el peligro de la adicción a las imágenes y la fuerza de los lazos familiares, la película entra en conflicto entre la profecía y el deseo.
VIDEO SUGERIDO: U2 – Until The End Of The World – Official Music Video – HD, YouTube (The Last O The Rockstars)
BXXI-414 GUTEMBERG’S DREAM
Y así como la escuela ha sido denostada en el rock, el libro ha sido sublimado por él y muchas canciones dan cuenta de ello. La poesía, la narrativa, el ensayo, son la materia de la que beben muchos grupos o solistas. Los autores le han cantado a ese objeto, a ese perfecto invento del hombre llamado libro, del que han extraído la materia prima para sus obras. Otras muchas canciones mencionan también el lugar de donde proceden estos artefactos: la librería. Bob Dylan, Jim Morrison, Lou Reed, Patti Smith, Nick Cave, The Four Seasons, The Teardrop Explodes, Nick Lowë, Tiefschwarz, The Monotones…entre ellos, han dado cuenta de sus visitas y preferencias en tal sentido. El sueño de Gutemberg también se cumple en Maastricht.
VIDEO SUGERIDO: Bookstore Inside the Church of Maastricht, Netherlands, YouTube (XtremeCollectionS)
BXXI-415 LOLITA
Lo primero que se exalta de una obra maestra es su vigencia de modernidad. En la literatura La Divina Comedia lo es. Alicia en el país de las maravillas lo es. Lolita también. Y su vigencia de modernidad tiene que ver con lo artístico que ella contiene: el germen de la observación y la crítica social, tratados con la mejor escritura. Los libros inscritos en el canon del rock comienzan por ponerse al margen de lo establecido y con un punto de vista absolutamente provocador, el cual se mantiene a través de las épocas y sus antifaces idiosincráticos. Lolita y Humbert Humbert están así, otra vez, en su road picture. Un clásico que cumple con lo que se espera de él: la revisitación, mientras rige lo políticamente correcto y su imposición.
En los sueños comienzan las responsabilidades, dijo un poeta. Y es verdad. Charlie Watts en 1964 era un joven con aspiraciones musicales que se reunía con otros congéneres en los clubes de skiffle —el ritmo tradicional de moda en la Gran Bretaña—, para escuchar las melodías que le gustaban; para aprenderles algo a los jazzistas y bluesmen que conformaban aquellos grupos; para conjuntarse con sus amigos e intercambiar ilusiones en este sentido y, por qué no, tocar en una jam de vez en cuando para mostrar alguna presencia, si les daban la oportunidad. Así surgió la célula de lo que unos meses después serían los Rolling Stones. Charlie era el baterista.
Sin embargo, Charlie era también un incipiente diseñador gráfico (oficio con el que pensaba mantenerse en caso de que la música no le diera para ello). Al ejercer esta carrera soñaba igualmente. Uno de sus primeros sueños lo plasmó en lo que él consideraba un ejercicio de dibujo al principio, pero que en poco tiempo cobró vida como un libro ilustrado para niños, el cual llevaba por título Ode to a High Flying Bird, una aproximación férrica a uno de sus héroes particulares: Charlie «Bird» Parker.
PRIMEROS SUEÑOS
Casi 30 años después aquel libro infantil se convirtió en la base para un proyecto musical distinto del de los Rolling Stones, y que sería el camino para canalizar otra de sus pasiones (además de la ropa, los caballos pura sangre, la fotografía y la colección de pinturas): el jazz. Decidió editar From One Charlie…, una caja que contendría el libro en su diseño original, un estudio fotográfico de Parker y una interpretación musical de la Ode… en forma de CD. Emprendería así un segundo viaje por los mares de los sueños realizados.
La primera de esas tours la efectuó con la integración de la Charlie Watts Orchestra en 1986. Una big band armada por el baterista para realizar unas cuantas funciones por el territorio y clubes británicos a los que había sido afecto de adolescente. Un gustito del stone que se concretó en la grabación del disco Live at Fulham Town Hall, para el sello CBS.
En este LP Watts plasmó su predilección por la era del swing, música que escuchaba todo el día cuando era niño por influencia de sus padres. El sonido de aquellas orquestas se le grabó para siempre, y cuando tuvo la posibilidad (y el capital) quiso saber de tal experiencia. Este gran formato estuvo constituido por 32 músicos repartidos en 3 percusionistas, un pianista, vibrafonista, bajo y cello (a cargo de Jack Bruce, sí, el de Cream), 7 trompetistas, 4 trombones y 10 saxofonistas (altos, barítonos y tenores), e interpretaron temas como «Stomping at the Savoy», «Lester Leaps In», «Moonglow», «Flying Home» y «Scrapple from the Apple», puros temas clásicos de los años cuarenta.
UN ESTUCHE PARA BIRD
El segundo viaje entonces fue la caja famosa, la cual se presentó oficialmente en el renombrado y antiguo club londinense de jazz Ronnie Scott’s, donde se integraron al Charlie Watts Quintet el bajista David Greene, amigo de su infancia y compañero de aspiraciones, además de otros tres músicos excelentes: Peter King, saxofón alto, director musical y arreglista del proyecto, así como compositor de las seis piezas escritas especialmente para el quinteto («Practicing, Practicing, Just Great», «Black Bird, White Chicks», «Bound to New York», «Terra De Pájaro», «Bad Seeds-Rye Drinks» y «Going, Going, Going, Gone»); Brian Lemon, quien desde los años ochenta ha ganado el premio correspondiente a los pianistas de las British Jazz Awards; y Gerard Presencer, un muy talentoso y joven trompetista que en su corta carrera ha colaborado ya con Stan Tracy, Herb Geller y Kenny Drew, para mencionar sólo a unos cuantos.
Después de tocar por Europa, el Charlie Watts Quintet viajó a los Estados Unidos para ofrecer una sola presentación especial en el club de jazz Blue Note de Nueva York. Además de la gran emoción que significó para Watts y su grupo tocar en ese legendario lugar, tuvieron el placer adicional de que en el escenario se les uniera el antiguo trompetista de Charlie Parker, Red Rodney, afectuosamente conocido como Albino Red.
TRIBUTO EXTENDIDO
Aunque con eso hubiera bastado para realizar un sueño de la infancia de Watts, el quinteto continuó su viaje hacia el Japón. Al poco tiempo de regresar a Inglaterra, tuvieron el honor de ser invitados a presentarse en el nuevo local del Ronnie Scott’s de Birmingham el 31 de octubre de 1991.
El programa, originalmente de unos 45 minutos de extensión, fue alargado para la ocasión. «Ode to a High Flying Bird» fue la primera de dos partes, con el cantante estadounidense Bernard Fowler como narrador. La segunda parte (interpretada el 1 de noviembre, la noche siguiente) fue una extensión del tributo de suyo impresionante y en ella se incorporó la sección de cuerdas originalmente empleada sólo en una pieza de la primera parte («Terra de pajaro»), con el narrador Fowler convertido en cantante en la clásica «Lover Man» (versión realizada con una técnica de canto extraordinaria).
EL MOOD DE LAS CUERDAS
La acogedora recepción que el público de varias partes del mundo manifestó hacia el grupo de Watts propició que el baterista buscara la concreción de ese proyecto, y logró que los temas montados aparecieran en A Tribute to Charlie Parker with Strings (The Continuum Group, 1992), que es una grabación de ese concierto en el nuevo Ronnie Scott’s. Si bien sólo cuatro de las piezas incluidas de hecho fueron compuestas por Bird («Bluebird», «Relaxing at Camarillo», «Cool Blues» y «Dewey’s Square»), a cada momento el escucha recuerda la intensidad y emoción despertadas por la música que él creaba, así como el vacío que su muerte prematura ocasionó en el reino de la música.
El quinteto solía dar un concierto completo con cuerdas, incluso en piezas que Parker nunca tocó así, pero Peter King —director musical del grupo— escribió los arreglos adaptados a lo que hacía Bird en aquel entonces. El saxofonista de Kansas no usaba una gran sección de cuerdas, pero sí agregaba un oboe y el arpa.
Peter King era el único que había tocado a Charlie Parker desde siempre y él, al igual que todos los grandes del sax, está en deuda con Bird. Así que escribió algunas canciones basadas en las letras; una melodía temprana de Parker y otra posterior para otorgarle profundidad, y el conjunto funcionó a las mil maravillas.
WATTS, EL ROMÁNTICO
Como consecuencia del éxito obtenido en casa y en las giras posteriores, en un estudio de grabación ubicado en el oeste de Londres, el quinteto de Charlie Watts grabó otro disco, Long Ago and Far Away (Point Blank, 1996), el cuarto álbum en su haber. Una colección del cancionero clásico estadounidense hecho por artistas como Hoagy Carmichael, Louis Armstrong, Duke Ellington, los Gershwin, Cole Porter y Jay Livingston, entre otros.
Long Ago and Far Away combina los talentos de la crema y nata de los jazzistas ingleses de la vieja escuela —Peter King, el bajista David Green y el pianista Brian Lemon— con el del ardiente joven trompetista Gerard Presencer y el cantante estadounidense Bernard Fowler. Asimismo, presenta a la sección de cuerdas de la Orquesta Metropolitana de Londres. Este disco incluye arpa, oboe, corno francés y a 22 intérpretes de cuerdas. Fue un grupo algo costoso, pero piezas como «I’ve Got a Crush on You», «Good Morning Heartache», «What’s New», «In the Still of the Night» o «I’m in the Mood for Love» lo merecían.
LOS VÍNCULOS
Bernard Fowler representó el único vínculo entre las encarnaciones rockera y jazzista del baterista. El cantante llamó la atención de Watts por su participación en el álbum solista de Mick Jagger (She’s the Boss) y en sus giras subsiguientes con los Stones, y lo invitó a servir de voz en la caja y el espectáculo de From One Charlie. Se integró al quinteto para la grabación de una antología de baladas clásicas, Warm and Tender (The Continuum Group) de 1993, que contenía entre otros títulos: «Bewitched», «My Foolish Heart», «Someone Watches over Me», «For All We Know». Romanticismo suntuoso, terso y creador de ambientes. Su voz fue la clave también en la siguiente grabación.
«En realidad, Bernard Fowler impresiona en Long Ago and Far Away. A Bernard lo había oído en ‘Brown Sugar’, pero hay que tener ciertos conocimientos para ejecutar ‘Long Ago and Far Away’. Este tema expone mucho al cantante. En otros contextos he oído cómo lo ahogan —dijo Charlie Watts en su momento—. Nuestro acompañamiento lo enmarca sin nada que lo estorbe. Sólo algunos ornamentos jazzísticos, que a mí me encantan».
LA ERA DE FORMACIÓN
El amor de Charlie Watts hacia el jazz nació cuando a los 13 años se encontró con un disco de Gerry Mulligan llamado Walkin’ Shoes. Abandonó, entonces, el interés que tenía en grupos de skiffle, el cual compartía con un amigo de la infancia, el bajista David Green, y empezó a buscar discos de Armstrong, Ellington, Monk, Gillespie y Parker. «Solíamos ir a ver a Ronnie Scott al Flamingo, así como frecuentemente a un baterista llamado Phil Seaman. Ese tipo de jazz era muy moderno entonces, un ejecutante del tenor con una sección rítmica. Así aprendí a tocar, copié ese estilo».
La realización del álbum Long Ago and Far Away constituyó una oportunidad para volver a visitar la era que formó a Watts. «Los músicos de jazz han utilizado muchas de estas canciones con frecuencia y han sido interpretadas por algunos de los mejores cantantes del mundo —dijo—. Simplemente son canciones excelentes y yo soy un romántico en ese sentido», explicó el baterista.
CREACIÓN DE SENSACIONES
El jazz, como el vino, tiene sus momentos para ser degustado. Todo depende del mood individual, del instante y de la intimidad dispuesta a ser creada. Situaciones así son ideales para discos como ése. Suavidad, estilo y atmósfera son los componentes para las piezas de Cole Porter, Gershwin y Jay Livingston, interpretadas por la voz de Bernard Fowler, que se encuentra enmarcada por los ornamentos jazzísticos justos para crear esa sensación, tan escurridiza a veces, llamada fascinación.
PROYECTO DEL BEAT
Charlie Watts fue un baterista sesentero que profundizó en las raíces de su instrumento, sobre todo dentro del jazz. El Charlie Watts / Jim Keltner Project (Higher Octave, 2000) fue su quinto disco en el idioma jazzístico. Y representó un giro completo en el estilo de batería que había mantenido con los Rolling Stones y en sus cuatro álbumes anteriores con orquesta y quinteto.
La nueva producción constituyó un auténtico rompimiento. Sus novedosas posturas fluctuaron entre lo envolvente y lo hipnótico del technobeat y el dance instrumental, y consistieron en una deslumbrante colección de sampleos y ediciones coordinadas por el coautor del proyecto, el también baterista Jim Keltner. A ello se agregaron las aportaciones adicionales del programador Philippe Chauveu y una multitud de músicos invitados en diversos instrumentos, entre los que se encuentraron: Emmanuel Sourdeix (piano y programación), Marek Czerwiawski (violín), Kenny Aronoff (percusión), Remy Vignola (bajo), Mick Jagger (teclados), Keith Richards (guitarra), Blondie Chaplin (voz) y George C. Recile (percusión).
EL «DRUM» REVISITADO
Fundamentalmente el papel de Keltner consistió en facilitar el sonido de Watts, en torno al cual él ejecutó sonidos secuenciados de guitarra, percusiones programadas y otros manejos cibernéticos, todo un fondo creativo de interpretaciones que le valió al fin compartir los créditos como titular del disco.
El verdadero atractivo de la obra radica en escuchar cómo Watts y Keltner presentan sus tributos a los ídolos comunes en la batería. De entre todos destaca sobremanera la elegía onírica titulada «Tony Williams». En ella se dan cita unos alucinantes teclados a cargo de Jagger, y la lectura con efectos sonoros y voces procesadas de una de las últimas entrevistas grabadas que concedió Williams antes de su muerte. Lo mismo es material de análisis el tema «Elvin Jones Suite», en el que se incluye una expresiva participación vocal de Blondie Chaplin, a la que se agregan voces africanas programadas y una lenta progresión de acordes.
CUANDO LOS TAMBORES HABLAN
Existe una alegría intrínseca en todos los materiales techno presentados por este par de músicos en términos generales, como en «Roy Haynes», por ejemplo, en la energía latina de «Airto», en el juguetón despliegue marroquí de «Kenny Clarke» con violín de por medio. Sin embargo, el sustento de todo esto es el omnipresente apoyo rítmico de Watts.
Los puristas del jazz seguramente se azotaron con este disco en donde los pedacitos de bebop, como en «Max Roach», fueron reasumidos por Charlie Watts para obtener una especie de nuevo swing; en donde hubo muy tenues conexiones con los hitos del jazz mencionados, y en donde los arreglos bizarros exigieron una apertura incondicional a los sonidos contemporáneos. En este proyecto hay un auténtico proceso creativo y recreativo y una profunda comunicación entre dos artistas (Watts y Keltner) que buscaron los impulsos significativos con las herramientas que proporcionó la tecnología. La responsabilidad de los sueños.
WATT’S AT SCOTT’S
Luego del sueño tecnológico, de la ficción vanguardista, Charlie regresó un lustro después (2004) a la base de todo músico de jazz: los standards. Se dio el gusto de festejar sus casi 20 años de grabaciones en este sentido, con una acertada selección de 10 músicos. Armó una banda muy heterogénea para presentarse en el más importante club del género en Londres, el Ronnie Scott’s. Lo acompañaron su camarada y director musical, el saxofonista Peter King, el trompetista Henrry Lowghter y Evan Parker (también en los saxes), entre los veteranos, y Julián Argüelles (sax barítono) y Gerard Presencer (trompeta), entre los noveles.
Todos crearon una palpable atmósfera de diversión, nutrida de fuerza y pasión interpretativas. Algunos temas clásicos de Duke Ellington, Thelonious Monk y Miles Davis fueron revisitados de manera poco pretensiosa, casi informal, lo que le dio el toque fresco y significativo al concierto. Un momento muy afortunado, jazzísticamente hablando, el cual quedó registrado en un álbum doble bajo el título de Watt’s At Scott’s (Charlie Watts and The Tentet).
Con este material y grupo, el baterista realizó una minigira por Europa durante el resto del año, presentándose en lugares selectos. Evidenció como siempre su amor confeso por la música sincopada, por la era moderna de la misma y la actitud seria y discreta, pero contundente y eficaz a la hora de tocar, que lo ha caracterizado con los Rolling Stones.
(A la postre, el baterista realizó otros tres álbumes: The ABC&D of Boogie Woogie del 2010, The ABC&D of Boogie Woogie Live in Paris del 2012, y Charlie Watts meets the Danish Radio Big Band – Live At Danish Radio Concert Hall/2010, que apareció en el 2017)
Ahora, el sueño jazzístico de Watts pasó a ser interpretado en la eternidad. Asimismo, llegó allá como el último bastión de la sección rítmica original de los Rolling Stones. Charlie falleció el 24 de agosto del 2021.
Gracias Charlie por casi 60 años de tu icónico beat!!!
Tras abandonar el reclusorio en 1963, Chuck Berry grabó una buena serie de canciones: «Nadine», «No Particular Place to Go», «It Wasn’t Me» y «No Money Down», con la Chess Records, pero a mediados de la década prefirió pasarse a la compañía Mercury a cambio de un adelanto de 50 mil dólares. La opinión general calificó a los cinco álbumes editados con ésta, entre ellos Golden Hits, St. Louis to Frisco y Live at the Fillmore (1967), como sus trabajos menos logrados.
Esto se debió quizá a cierta inseguridad ante un nuevo público, el sesentero, y al alejamiento de los escenario por dos años (demasiado en aquel tiempo) por ello regrabó sus éxitos al estilo de “Memphis», además de una pieza instrumental heavy de 18 minutos, que estaría contenida en el LP homónimo: «Concerto in B Goode», además de un disco en vivo realizado en San Francisco con la Steve Miller Band, en el que deleitó al auditorio del blues con versiones en tal género, de «C. C. Rider» a «It Hurts Me Too».
Después de volver con la Chess Records, en 1970, grabó Back Home, álbum del que destacaron «Tulane» y «Have Mercy Judge», dos relatos acerca de detenciones por posesión de drogas, los cuales demostraron que conservaba su capacidad como letrista. Durante una estancia en Inglaterra para realizar el álbum London Sessions (1972) acompañado por una serie de superestrellas sesenteras de la guitarra, grabó el nuevo tema «My Ding-a-Ling», aunque la calidad del sonido en general del disco demeritó las sesiones.
Con aquel encuentro intergeneracional, al estilo de lo que habían hecho ya Muddy Waters y Howlin’Wolf, la Chess quiso ponerlo al día. No obstante, fue una grabación en vivo, posterior, la que le valió un sorpresivo hit trasatlántico. Ésta fue una versión discretamente arriesgada de «My Tambourine», grabada anteriormente por él para la Mercury, con el apoyo de algunos integrantes de The Average White Band. El éxito de la canción dio a conocer a Berry entre la generación adolescente de los años setenta.
El resto de la década lo pasó presentándose en espectáculos de homenaje al rock de la época dorada (con bandas improvisadas de apoyo, entre ellas la E-Street Band) y realizando esporádicas grabaciones: Rockit (Atlantic, 1979). Jimmy Carter lo invitó a tocar en la Casa Blanca. Pero asimismo, se prolongaron las malas relaciones de Berry con las autoridades. Ese año fue sentenciado a 100 días de prisión por evasión fiscal y luego de salir apareció en la película American Hot Wax, basada en la carrera de Alan Freed.
Los años ochenta fueron muy discretos para él en su primera parte. Pequeños clubes, presentaciones-tributo y perfiles bajos. Hasta que en 1986 se inauguró el Salón de la Fama del Rock, en Cleveland, Ohio, donde se le incluyó entre sus primeros inquilinos. Al año siguiente fue el protagonista del documental de un concierto para celebrar sus 60 años de edad, Hail Hail Rock ‘n’ Roll, dirigido por Taylor Hackford (con Keith Richards como director musical y productor, el cual narró a la postre aquella tormentosa experiencia).
También por esas fechas el músico publicó Chuck Berry: The Autobiography (subjetiva en exceso, nada confiable y más bien hagiográfica, por lo que se le considera poco referencial entre los estudiosos). En 1988 apareció la compilación Rock & Roll Rarities (con el sello Charly), con 32 títulos incluidos en un álbum doble, donde la tercera parte del mismo consiste en versiones inéditas de algunos de sus grandes éxitos (como dato anexo, hay que señalar que se trató de la décimo sexta grabación de las mismas piezas).
Al año siguiente se editaron dos paquetes antológicos (una práctica que no ha dejado de realizarse a lo largo de los años y un género en sí misma): el primero, The Chess Box (TIS), una caja de CDs que no sólo ofrecía la misma calidad de las cintas maestras sino una profusión de material informativo y una entrevista en la que Berry se manifestó en forma más concreta que de costumbre acerca de su trabajo. Esta caja compuesta de 71 canciones y casi tres horas y media de duración sin duda ofreció agradables sorpresas.
VIDEO SUGERIDO: Chuck Berry 1986 Hall of Fame Induction Jam Session – Reelin’ and Rockin’” YouTube (Rock & Roll Hall of Fame)
El segundo de dichos paquetes, The London Chuck Berry Sessions (TIS) con trabajos de principios de los años setenta, en donde la crema y nata del rock inglés participó en aquellas sesiones londinenses ya mencionadas, algo cuestionables en el sentido artístico pero importantes como documento. En aquellas fechas estas grabaciones salieron en vinil, con una calidad de producción bastante mediocre, puesto que no se usaron los masters originales para la impresión. Lo mismo sucedió con el disco compacto.
A fines de dicha década Berry abrió su propio restaurante en Wentzville, Missouri, The Southern Air. Mismo con el que de nueva cuenta se metería en problemas con la ley. Fue acusado de voyeurismo por un gran número de mujeres dado que había colocado cámaras de video en el interior de los baños del local (supuestamente para testificar posibles robos). Para salir del lío tuvo que desembolsar alrededor de millón y medio de dólares, cosa que le dolió más que la publicidad negativa que se generó por ello.
La caja Missing Berries: Rarities (MCA-Chess) que apareció al comenzar los años noventa, forma parte de una serie de reediciones de Chuck Berry sacadas de las bóvedas de Chess que se han sucedido a través de los años. Se justifica la publicación en varias formas. Las cualidades artísticas y técnicas del material mantienen un alto nivel a lo largo de la colección. El paquete incluye textos amplios y bien documentados, información sobre los compositores y las circunstancias de las grabaciones, así como los créditos de los músicos.
En las siguientes décadas (90’s-10’s) Berry ya no publicó nuevo material y en consecuencia proliferaron las antologías, las Ultimate Collections, los Best of y los The Very Best. En cuanto a presentaciones personales, siguió actuando en vivo en homenajes, especiales de TV, así como esporádicas tours por Europa o regularmente los miércoles en el bar restaurante Blueberry Hill de St. Louis, Missouri, donde residía.
En uno de esos eventos sociales, en el Teatro del Congreso local (el del sábado primero de enero del 2011 en Chicago) a mitad del show sufrió un desmayo que sería el primer aviso grave de su endeble salud a los 84 años. Tras la recuperación, sus actuaciones y giras se volvieron más esporádicas (Crocus City Hall de Moscú en 2014, por ejemplo) y bajo estricta vigilancia médica (que exigía fuera pagada por las empresas). Finalmente, el músico falleció el 18 de marzo del 2017.
El legado de Chuck Berry es grande y determinante y muchos de sus preceptos pueden ser catalogados como parte del canon del género. Él le dio a éste un lenguaje y la prístina pronunciación de las palabras; compuso canciones sobre andanzas y fobias del adolescente cotidiano, en ellas habló de la naciente cultura como tal (icónica y temática) y de sus ansias vitales. Su decálogo está contenido en el álbum clásico The Great Twenty-Eight, ubicado entre las 50 obras máximas del rock.
Chuck le proporcionó el beat de su corazón (mismo que sigue latiendo en los cientos de grupos que se forman en el garage y en todos aquellos que han tocado al menos una de sus piezas). Sus canciones son influencias a las cuales remitirse. Él creó varias cosas esenciales: héroes en los cuales reflejarse, el riff totémico, las coreografías referenciales, así como los principios básicos de su instrumento emblema: la guitarra eléctrica (de la que se instaló entre los diez ejecutantes más destacados de la historia).
Sí, definitivamente fue uno de sus adalides, incluidas todas sus contradicciones (ya legendarias). Por eso la NASA seleccionó la canción “Johnny B. Goode” (el epítome, piedra de toque del género y una de las 100 mejores canciones de todos los tiempos, así como la primera de su autoría inscrita en el arcano rockero) en el Disco de Oro de la sonda espacial Voyager I (que fue lanzada en 1977 y que tardará decenas de miles de años en alcanzar las proximidades de la estrella más cercana a nuestro sistema solar).
La NASA lo hizo por ser “uno de los logros más grandes de la humanidad dentro de la colección de obras culturales”, según el extinto y afamado científico Carl Sagan, miembro del comité organizador del envío. Este álbum, titulado Sound of Earth, contiene sonidos e imágenes que retratan la diversidad de la vida y la cultura en la Tierra. “Se diseñó con el objetivo de dar a conocer la existencia de vida en este planeta a alguna posible forma de vida extraterrestre inteligente que lo encontrara, y que además tenga la capacidad de poder leer, entender y descifrar el disco”.
Se rumora que en algún momento –en el transcurso de estos años–, a la NASA llegó una respuesta extraterrestre, corta pero de lo más clara y contundente: “Envíen más Chuck Berry”). Actualmente ese nombre además de tener reservado un sitio especial en el Olimpo del género rockero impuso un record de vida como tal: 90 años.
VIDEO SUGERIDO: Bruce Springsteen & Chuck Berry – Johnny B. Goode (Live 1995), YouTube (Maria Ramalho)
A mediados de 1938, un par de autores veinteañeros, Jerry Siegel (escritor estadounidense nacido el 17 de octubre en Ohio) y Joe Shuster (dibujante canadiense procedente de Toronto, donde nació el 10 de julio) resumían sus influencias culturales tan variadas como las del pulp (literatura de ficción publicada en historieta para consumo masivo) y diversas mitologías (grecorromana, hebrea, germánica y hasta cinematográfica) para moldear un personaje que llegó para transformar el mundo del cómic y de la cultura popular. En el número uno de la revista Action Comics de la Unión Americana apareció Supermán por primera vez en aquel año. Provenía de un planeta llamado Krypton y poseía poderes inconcebibles.
VIDEO SUGERIDO: The Kinks – (Wish I Could Fly Like) Superman (AMV) (Subtitulado), YouTube (TrenRojoCruzandoo)
BXXI-407 MANHATTAN TRANSFER
Los personajes ficticios de Manhattan Transfer fueron tomados por Dos Passos de una considerable gama de la vida común neoyorquina, lo cual creó una verosimilitud incuestionable y plausible. El estilo ideado por este autor (cuyas influencias aceptadas fueron de Laurence Sterne, Flaubert, Joyce, Ungaretti, Rimbaud, Stephen Crane, al cine de Eisenstein y Griffith) registró el pulso de la sociedad industrial, de las masas y del caos moral de una civilización decadente basada en la explotación, el comercialismo y la corrupción. Estos logros llevaron a decir a Jean Paul Sartre en 1938: «Dos Passos ha inventado una sola cosa, un arte del relato, y con eso basta. Considero a Dos Passos el escritor más grande de nuestro tiempo».
VIDEO SUGERIDO: Manhattan Transfer – the boy from New York City, YouTube ( SambaRock Nostalgia.Nando)
BXXI-408 PSYCHIC TV
Básicamente, la diversidad de los álbumes de Psychic TV lo ha convertido en un grupo esquizofrénico con muy variadas personalidades (experimental, industrial, acid house, post-punk, entre otras). Genesis P-Orridge, su creador, opinaba que si se disponía de un grupo limitado de estrategias para tratar con el mundo, obviamente se tendría un acceso muy limitado a éste. Si la visión del mundo era restringida, también lo eran las opciones de que se disponían. Al abarcar el mayor espectro posible, todo tipo de cosas que hay en la mente, su trabajo constituye un ejercicio artístico, a la vez que una declaración de principios: «La esquizofrenia es una reacción saludable contra la sociedad neurótica”, declaró.
VIDEO SUGERIDO: Psychic TV – The Orchids (1983), YouTube (Ashley Grasmick)
BXXI-409 COURTNEY BARNETT
La de Courtney Barnett es una música y una voz que llega al oído, al corazón y a las demás vísceras con verdadera fuerza, la que produce con su power trio. Rebasando con ello las limitantes del rock indie actual, con las cualidades de una verdadera rockera de raíces, y con un talento sobrecalificado para sonar con ligereza en caso de ser necesario. Sus canciones son auténticos manifiestos de fe. Porque como lo expresara alguna vez Lou Reed: “El rock and roll es un lugar increíble para poner todo tipo de cuestiones”. La Barnett entra definitivamente en ese amplio y reivindicable grupo de rockeros nuevecitos, autores de gran calidad de última generación como lo son Django Django, Ty Segall o The Savages.
VIDEO SUGERIDO: Courtney Barnett – Need A Little Time, YouTube (milkrecordsmelbourne)
BXXI-410 FRANCE GALL
La popularidad de Caperucita (en el papel de France Gall) era tal que fue nombrada para representar a su país en un festival que reunía a todo el continente. El Lobo le envió su más reciente creación (igualmente de manera anónima) para que la cantara en dicho evento. Y como lo que tenía que pasar pasó, ganó el concurso y se hizo archifamosa, pero no nombró a su compositor anónimo para nada. El Lobo se enfadó muchísimo y dejó de enviarle material. Pasó todo un año y ella no conseguía un buen repertorio. Repetía los mismos temas en sus presentaciones. Necesitaba algo nuevo, aunque aún seguía siendo la Lolita de todos los galos, con su coqueto lunar abajo del ojo derecho y ese flequito sexy…
VIDEO SUGERIDO: France Gall – Ein bißchen Goethe, ein bißchen Bonaparte (Live 1969 HQ), YouTube (Claudus 1943)