Cuando son buenos, los libros, las películas, y sus autores dejan de ser libros, cine y autores, o únicamente libros, películas y autores, y pasan de conceptos, frases, imágenes y oraciones a ser, además, ideas, letras y palabras con las que se escribe un nuevo texto, diferente, uno que analiza o compila, por ejemplo.
Es entonces cuando tales obras y autores se mudan con las emociones que contienen y habitan otros espacios, ocupan lugares, se instalan y crean sus horizontes, que son como íntimas estancias.
George Steiner decía que «Pocas cosas pueden ser tan gratificantes como disfrutar de las creaciones del espíritu de los que nos han precedido o que son contemporáneos. La música, la pintura, la lectura, la literatura… ¿Hay más cosas que merezcan la pena a cualquier edad? A mí no se me ocurren».
En “La Agenda de Diógenes”, he querido anotar mis comentarios con respecto a algunas lecturas, escritores, personajes, películas, directores cinematográficos, movimientos culturales, etcétera, que he conocido, disfrutado, y han enriquecido, de una u otra forma, mi propio bagaje. La he querido compartir bajo la categoría con tal nombre en el blog “Con los Audífonos Puestos”, donde han aparecido de manera seriada bajo aquel rubro.
La omnipresente exposición a la música que experimentamos cotidianamente, a través de cualquiera de sus soportes, obnubila el acceso a todos los cotos de la disciplina musical, para encausar al mainstream como único campo de visita, una corriente para la cual no existe más que lo actual, pero sin referentes ni raíces, como si de una generación espontánea se tratara. Por fortuna, las ciencias exactas y las sociales están para impedirlo.
La historia con sus señalamientos de facto, por ejemplo, permite volver atrás para examinar los sucesos una y otra vez desde la perspectiva de los investigadores y estudiosos contemporáneos que reaniman las búsquedas y las aclaraciones pues, como decía Marcel Proust: “el verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes, sino en obtener nuevos ojos”, es decir otra visión, otro ángulo y otros argumentos.
En el terreno del rock and roll, que aparentemente todos conocemos, esto siempre es necesario. Porque para disfrutar plenamente de él y quedar con la atención satisfecha hay que estar y sentirse extasiado ante la mera y espectacular historia de su aparición y posterior presencia en el mundo. Ésta es la forma más fundamental de manifestarse como auténtico amante del rock: que uno sepa y sienta su inconmensurable significado e importancia para la cultura en general en su presente y en su futuro. Por eso hay que ver por el retrovisor y festejar sus 70 años (2021) de aparición en el planeta.
*Fragmento de la introducción al libro Rock & Roll LXX, publicado por la Editorial Doble A, y de manera seriada a través del blog Con los audífonos puestos, bajo el mismo rubro.
Una de las aportaciones del rock a la cultura ha sido la de conectar a quienes trabajan en toda actividad estética y con ello creado sonidos, canciones o álbumes afines y alianzas artísticas en todo el mundo. Y lo ha hecho ya sea en un disco, en un track en particular o en la escenografía de un concierto. Ha conectado con aquellos que se han pasado la vida resolviendo sus misterios o belleza en alguna de sus formas, dentro de sus disciplinas individuales o conjuntas (humanistas o científicas), ya sea influyéndolos o siendo influido por ellos.
El resultado de tal encuentro ha producido sonoridades capaces de sacar al escucha de sí mismo y conducirlo a diversas dimensiones mentales, reflexiones existenciales o sensaciones en movimiento. Las obras creadas en este sentido son Arte-Factos culturales, aventuras en el microtiempo, las cuales requieren de la entrega a un flujo musical que enlaza una nueva expansión del quehacer humano con la experiencia auditiva en las diferentes décadas, desde mediados del siglo XX hasta el actual fin de la segunda decena del XXI.
El arte es la utopía de la vida. Los músicos rockeros de nuestro tiempo no han cesado en su tarea de acomodar la práctica musical a una búsqueda imparable de tales adecuaciones. La indagación sonora adquiere, en este contexto, un nuevo significado: no es mera búsqueda expresiva, sino persecución de horizontes culturales nuevos para un público en mutación, que exige de lo musical apreciaciones vitales, rizomáticas, en relación con sus exigencias estéticas y vivenciales.
*Introducción al libro Arte-Facto(Vols. I-V), de la Editorial Doble A. Compilación de los primeros cinco primeros volúmenes, cuyo contenido ha sido publicado de manera seriada en el blog Con los audífonos Puestos bajo esa categoría.
Arte-Facto
(Vols. I-V)
Sergio Monsalvo C.
Editorial Doble A
Colección “Textos”
The Netherlands, 2021
ARTE-FACTO (I)
CONTENIDO
Albert Wertheimer – El Testimonio
Amy Winehouse – La cantante expuesta
Anton Corbijn – Imagen con fondo musical
Banksy – Is Coming To Town
Bauhaus – Construcción de la imagen
Béatrice Ardisson – París (Imago Noctívago)
Cabaret Voltaire – La cuna Dadá
Chingón – El vocablo identitario
Don Van Vliet – Navegar el autoretrato
Tsukioka Yoshitoshi – La Luna como testigo
ARTE-FACTO (II)
CONTENIDO
Daniel Johnston – El universo desgarrado
DAUU – Una velada con el lobo
Don Van Vliet – Navegar el autorretrato
Fathers & Sons – Reunión de mitos
Fever Ray – Si tuviera un corazón
Florence & The Machine – Un fructífero diván
Gorillaz – El planeta Hi-Tech
Goya – Saturno y el Metal
Gustav Klimt – Beso que dura un siglo
Ivan Kral – Rock y Terciopelo
ARTE-FACTO (III)
CONTENIDO
John Cage: El Arcángel Anarquista
Jukebox: Parafernalia Sonora
Kavi Alexander: Calidez Estereofónica
Key to the Highway: Canción y Poema
Leonardo Da Vinci: Automa Cavaliere
London Calling: La Portada
Marilyn Monroe: Fragmentos
Mike Kelley: Imagen del Underground
Momus: Alterego Altermoderno
Orquesta de las Esferas I y II: Música del Universo
Al escuchar las músicas de nuestro quehacer contemporáneo se recuerda que hubo una época, la moderna, en que había que explicar las diferencias entre los seres humanos. Los continentes, los países y los individuos, se conmocionaban unos a otros. Todo era tan extraño como exótico entre sí y había que mostrarlo para cerrar filas frente a ello. Crecieron nacionalismos y chovinismos, para mal. Actualmente, se está desarrollando una nueva capacidad: sorprendernos ante las similitudes o las influencias retrospectivas.
Las diferencias que se solían experimentar, aquel viejo sentido de la extrañeza, están siendo reemplazadas, lenta pero inexorablemente, desde hace unas cuantas décadas por el más profundo de pertenecer a una misma raíz común. Así es como con el hipermodernismo nos identificamos unos con otros. Es un impulso hacia la unión global.
Hoy en día ya no es raro que los músicos, sobre todo los que practican el rock y sus subgéneros, de distintos continentes, épocas, estilos, tendencias o corrientes, se sienten y evoquen un sentido de rizoma planetario, sin tiempo ni espacio, a través de su música, con el objetivo de conformar un lenguaje del tercer milenio, en el que las influencias se den de atrás para adelante y viceversa.
El término «Rizoma» proviene de la biología y ahí se define como un tallo subterráneo con varios órganos (o yemas) que crecen de forma horizontal produciendo raíces y brotes de hojas de sus nudos, los cuales cumplen la función de conservar los nutrientes. Los rizomas crecen indefinidamente. En el curso de los años las partes más viejas dan lugar a nuevos brotes, de ese modo pueden cubrir grandes áreas de terreno.
Al transplantar ese término a la música, en el caso específico del rock, éste sería el tronco del que derivarían los rizomas que conservarían sus nutrientes, enriquecidos del o los terrenos que se hayan ido ganando con el paso del tiempo.
Ese es el concepto con el cual incorporé la categoría con tal nombre al blog Con los audífonos puestos, que se ha nutrido de todo aquello que ha influido de alguna manera al rock. El contenido de los volúmenes Rizoma (I) y (II) ha sido publicado de manera seriada en dicho blog.
Una de las aportaciones del rock a la cultura ha sido la de conectar a quienes trabajan en toda actividad estética y con ello creado sonidos, canciones o álbumes afines y alianzas artísticas en todo el mundo. Y lo ha hecho ya sea en un disco, en un track en particular o en la escenografía de un concierto. Ha conectado con aquellos que se han pasado la vida resolviendo sus misterios o belleza en alguna de sus formas, dentro de sus disciplinas individuales o conjuntas (humanistas o científicas), ya sea influyéndolos o siendo influido por ellos.
El resultado de tal encuentro ha producido sonoridades capaces de sacar al escucha de sí mismo y conducirlo a diversas dimensiones mentales, reflexiones existenciales o sensaciones en movimiento. Las obras creadas en este sentido son Arte-Factos culturales, aventuras en el microtiempo, las cuales requieren de la entrega a un flujo musical que enlaza una nueva expansión del quehacer humano con la experiencia auditiva en las diferentes décadas, desde mediados del siglo XX hasta el actual fin de la segunda decena del XXI.
El arte es la utopía de la vida. Los músicos rockeros de nuestro tiempo no han cesado en su tarea de acomodar la práctica musical a una búsqueda imparable de tales adecuaciones. La indagación sonora adquiere, en este contexto, un nuevo significado: no es mera búsqueda expresiva, sino persecución de horizontes culturales nuevos para un público en mutación, que exige de lo musical apreciaciones vitales, rizomáticas, en relación con sus exigencias estéticas y vivenciales.
*Introducción al volumen Arte-Facto (V), de la Editorial Doble A, cuyo contenido ha sido publicado de manera seriada en el blog Con los audífonos Puestos bajo esa categoría.
El jazz, la World music y la electrónica comparten de cara al futuro el lenguaje común de la improvisación y la flexibilidad armónica y rítmica, al experimentar con las ideas de diversos lares. Su conjunción representa una de las propuestas creativas más emocionantes en el mundo del jazz actual, un mundo que aguarda mayores exploraciones y menos purismos anodinos.
Asimismo, hoy, en lo que posiblemente sea una indicación de lo que vendrá, hay en el jazz un sentimiento nuevo, una voluntad fresca. Más allá de las razas, en el sentido de una música individual pero plena de valores humanos básicos —en la que blancos, negros, amarillos, cafés y demás colores pueden funcionar libres y de igual forma—, se han dado las free forms de los músicos jóvenes. La razón de esta posibilidad es que ya todos abordan la situación en igualdad de circunstancias gracias a la expansión o disolución de las fronteras musicales.
De tal forma y como respuesta a la diversidad cultural que los distingue, los jazzistas no negros (europeos, asiáticos) también tocan de acuerdo a su propia verdad e inspiración. Algunos han sido absorbidos por grupos afroamericanos o bien pueden actuar bajo la batuta de un líder de cualquier nacionalidad, más allá de apologías o inhibiciones de todo tipo. Por otro lado, así como un día el jazz se fundió con el rock, hoy, algunos años más tarde, lo reencontramos como acid jazz, Nu jazz o jazz electrónico, en una mezcla con el hip hop (jungle, drum’n’bass, trip hop, hardcore, etcétera).
Desde ya todos apuntan en la misma dirección, buscan el mismo objetivo: el arte. Y su música presenta todas las condiciones para la permanencia en el porvenir.
*Fragmento de la introducción al libro Jazz y Confines Por Venir. Comencé su realización cuando iba a iniciarse el siglo XXI, con afán de augur, más que nada. El tiempo se ha encargado de inscribir o no, a cada uno de los personajes señalados en él. La serie basada en tal texto ha sido publicada en el blog “Con los audífonos puestos”, bajo esa categoría.
Habíamos decidido vivir una temporada en aquella ciudad. Pero dicha temporada se alargó y ya no se le veía un fin cierto. No había problema. Nos gustaba estar ahí y el departamento que ocupábamos tenía cerca todo lo que necesitábamos.
Cierto día me tocó ir al supermercado por los víveres. Fui caminando en vez de hacerlo en la bicicleta, era un sábado. Al volver crucé por un pequeño jardín y ahí estaba. Un gato asoleándose. Sucio, pero gustoso. Le di los buenos días y continué mi camino.
Al llegar al departamento me di cuenta de que el gato me había seguido, quizá por el olor de alguna de las cosas que había comprado. Debía tener hambre. Lo dejé pasar y en la cocina le serví una lata de sardinas y agua en un platito. Lo engulló todo rápidamente.
Mientras lo hacía yo me fui a mi despacho donde tenía una ventana que daba a la calle. Cuando terminó, el gato fue a donde yo estaba y se trepó al borde de la ventana, se puso a lamerse el pelaje y luego se durmió enroscado. Era un gato adulto.
El caso es que pasó el tiempo y el gato pasó a formar parte de la familia. Mi compañera lo aceptó de buena gana también y le puso el nombre de Paco. El cual no molestaba nunca.
Un día llegó a vivir al edificio un nuevo inquilino. Era músico, trabajaba por las noches y dormía durante el día. Antes de irse a trabajar, al caer la tarde, ponía en su aparato de sonido un disco de blues. Siempre el mismo. Nos dimos cuenta, luego de un tiempo, de que el gato en esos momentos se metía nuestra recámara y se subía a la otra ventana, que daba a un cubo de luz en el interior del inmueble.
Se sentaba con la mirada fija al frente y movía lentamente la cola. De vez en cuando se lamía una de las patas traseras como curándose una vieja herida. Al terminar una canción, la misma, se bajaba del alféizar y se iba al sillón de la sala. Se enroscaba y dormía durante horas.
Por curiosidad le pregunté al vecino qué disco era aquél. Me contestó que era uno de John Lee Hooker, del que era fan. Quise comprar un ejemplar en la tienda pero mi compañera dijo que no, que de ninguna manera. Dijo que el gato respondía a aquellos sonidos de esa forma. Era su propio ritual y había que respetarlo. Y así continuamos.
En un momento dado el músico se mudó a otra ciudad y nos regaló el disco cuando le contamos acerca del gato. Yo se lo ponía a diario y el gato siguió haciendo lo mismo al escucharlo. Una noche ella se fue, por causas que nunca entendí. Más adelante el gato murió de repente.
Después de eso y a través de los años seguí oyendo el disco a la misma hora y, como él, miraba a través de la ventana recordando algunas lejanas heridas y preguntándome cómo había podido sobrevivirlas.
*“Cat’s Blues” es uno de los textos que integran el volumen Éste era un gato…, publicado por la Editorial Doble A, y de manera seriada a través del blog Con los audífonos puestos.