BIBLIOGRAFÍA: AVE DEL PARAÍSO

Por SERGIO MONSALVO C.

Ave del Paraiso (FOTO 1)

(RELATO)*

Querida Martha-Maga: ¿Recuerdas que fue en París, una madrugada, cuando decidiste conocer Le Boeuf sur le Toit, el lugar que en 1950 era guarida de escritores como Jean Cocteau, cineastas como René Clair o músicos como Satie y Maurice Ravel?

A las dos de la mañana llegamos al sitio y tú, echando vaho por la boca, gritaste el nombre de la rue Pierre-1er-de Serbie. Caminaste rápida hacia el número 43-bis y, aunque decepcionada porque el bar había desaparecido, te repusiste y la soledad de la avenida compensó la ausencia.

Luego te pusiste a actuar a lo ancho de la banqueta aquella pelea que tuvieron Charlie y el saxofonista tenor Don Byas por cuestiones de estilo en el bop.

Las viejas hostilidades afloraron en una noche semejante. “Dos machos retándose por un concepto”, dijiste. Charlie sacó su navaja. Byas la abrió un instante después. Ambos danzaron bajo las luces nocturnas en círculos retadores.

Cuando el tiempo del ritual ya no tenía un más allá, Charlie lanzó una carcajada, cerró su navaja y la guardó. Se paró frente a Byas con las manos en los costados y estático invitó al otro saxofonista a picarlo.

Byas, desconcertado, no se movió: “Estás loco, Bird, bien loco”, le espetó. Charlie sonrió de nueva cuenta y se dio la vuelta para volver a entrar al bar. Fue la última vez que estuvo en París.

*Fragmento del relato Ave del Paraíso, publicado por la Editorial Doble A.

Ave del Paraíso

Sergio Monsalvo C.

Colección “Palabra de Jazz”

Editorial Doble A

México, 1998

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BIBLIOGRAFÍA: ANA RUIZ

Por SERGIO MONSALVO C.

Ana Ruiz (Portada 2) (ENTREVISTA)

 SUEÑOS EN TRANSICIÓN*

El jazz (en su forma más free) es aquello que permanece de un sueño en la vigilia. Es una reverberación mental completamente afectiva que se anida en la memoria. Si no, ¿cómo explicar que podamos captar, de manera precisa, el eco de una música de la cual no se escribe ni una sola nota, ni se pinte su color?

Es un desdoblamiento poético que se fija en el espíritu como un goce fugaz de recuerdo imperecedero. Algunos mortales son capaces de recrearse en ello. Uno de éstos lleva por nombre Ana Ruiz. Es una pianista, pionera del género en un país reacio, que nació en la Ciudad de México el 2 de agosto de 1952.

Ella sabe que sólo equivale a la intimidad de un pianista la voluntad de comunicación. Una paradoja. Una sublime paradoja. Más aún cuando los aplausos estallan a causa del silencio tras su música. Los polvos mágicos que se disuelven en el fondo de un licor divino.

Ella sabe que su sueño jazzístico es forma pura y virgen, al que va levantándole sus arquitecturas sobre tinieblas frescas y significativas de las que surgirá flora y a veces lienzos alegóricos. Como el personaje de la Cantante Calva de Ionesco, que siempre se apresura a recomenzar.

Ana alguna vez fue calva. Por lo tanto comprende que el más hermoso de los ejercicios físicos y espirituales es la peregrinación por esas formas territoriales de circulación personal, secreta, de virginidad en los signos.

El viaje con todos los sentidos despiertos, con el cuerpo aligerado por la marcha: estado en el que todos los dispositivos de la intuición funcionan. La tarea es dejarlos despertar, flotar, emerger de sí misma, como un desprendimiento astral.

Ella sabe que tales formas se convierten en manos sobre las teclas, con intenciones conmovedoras, ardientes, frágiles o fuertes. En libertad plena. Y lo sabe por sus ojos obsesivos, brillantes órganos de la adivinación.

La posibilidad de vidas múltiples y simultáneas, en notas diversas, como mundos en metamorfosis. Modalidades rítmicas, armónicas, melódicas. Cada una como objeto único que busca cabalgar en la imaginación. Pasa de uno a otro paisaje. El éxtasis está en la forma que los reúne: el free.

Todo cede ante su facultad de verse, de ver esas manos, de pasar de una vida a otra, de no consumirse en una sola. Ella lo sabe.

S.M.: Ana, ¿cómo se dio en tu caso el aprendizaje de la música?

A.R.: “En mi familia hay muchos músicos. Mi abuela era pianista, ella estudió el instrumento con [Alba Herrera] Ogazón y le encantaba tocar. Yo de muy chiquita le daba vuelta a las hojas mientras ella tocaba, iba leyendo la partitura y la disfrutaba con ella. Tocaba cosas maravillosas y las gozábamos. Un tío por parte de mi abuela era Carlos Chávez. Yo estudié música con Otilia, su esposa, y ésta nos dio clase a todos mis primos y hermanos. Yo aprendí a tocar con un teclado mudo. En él recibí toda la técnica. Una vez con estos elementos nos pasaba al piano, al piano acústico, nos daba solfeo y enseñaba a mover los dedos. Después me metí al Conservatorio Nacional junto con mi hermana Citlali, ella estudiaba viola. Mis otros hermanos estudiaron guitarra y oboe respectivamente. En la familia siempre oímos música clásica. La popular estaba vetada, aunque yo la escuchaba a escondidas”.

S.M.: ¿Cómo fuiste de niña, cómo fue la relación con tus padres?

A.R.: “Muy buena, muy amable. Siempre fui rebelde, siempre quise hacer cosas y todas mis emociones y demás iban a parar al piano, las volcaba en él. Mis padres gozaron mucho esta situación, siempre les gustó que tocara”.

S.M.: ¿Tu padre a qué se dedicaba, a qué se dedica?

A.R.: “Mi papá ya murió. Era campesino y fue compositor de boleros, de guarachas, etcétera. Le encantaba hablar sobre su pueblo, sobre el campo, las mujeres, el amor por Jalisco”.

S.M.: ¿Cuáles fueron tus discos favoritos primero como niña y luego como adolescente?

A.R.: “Beethoven me gustaba muchísimo, Dave Brubeck, lo mismo que los Rolling Stones. Los Beatles nunca fueron de mi agrado, no eran algo que me emocionara, como los Doors, por ejemplo. En la casa teníamos que oír otro tipo de cosas, pero en una recámara nos escondíamos todos los hermanos y poníamos el radio para oír a los Doors y cosas así, que eran raras o muy nuevas”.

S.M.: ¿Tienes algún disco entrañable para ti que haya causado cambios en tu vida?

A.R.: “Sí, claro. Los de Ornette Coleman y de Cecil Taylor. A este último lo entendí desde muy joven. La gente me decía: ‘Es un loco que nada más aporrea el piano’. Pero yo realmente siempre lo entendí. Tenía una estructura y un desarrollo. Había un juego y se reía del mundo, gozaba al hacerlo. A mí Cecil Taylor me cambió muchísimo. Sus primeros discos me hicieron decir: ‘¡Guau!, ¿qué es esto?’. Desde entonces he oído mucha música, pero ya no hay un disco que me llame la atención, en el que me haya clavado, ya no”.

S.M.: ¿Cuál es tu definición particular de la palabra jazz?

A.R.: “Es la forma que tienes para platicar sobre ti. Desde cómo te despertaste ese día hasta cuál es tu dolor más grande en el mundo. Es la manera de expresarlo y de decir ‘aquí estoy’”.

 

 

*Fragmento de la entrevista, publicada originalmente en el blog Con los audífonos puestos, bajo el rubro Ana Ruiz de la Serie Ellazz (.mex), que realicé el día 20 de febrero del 2001. Tras la publicación del libro Tiempo de solos (que edité junto al fotógrafo Fernando Aceves) quería continuar el proyecto de hacer más perfiles de los jazzistas mexicanos, Ana era parte de esa continuación. Sin embargo, los planes cambiaron. Vine a vivir al extranjero y aquello quedó trunco. Desde entonces no había tenido noticias de ella hasta que me encontré con una muy breve referencia on line en la revista número 17 del Instituto de Estudios Críticos y de la cual hago referencia a continuación:

“Pianista y compositora mexicana dedicada a la improvisación y el free jazz desde 1973. Ha formado parte de los grupos Jácara, Baile y Mojiganga, Atrás del Cosmos, La cocina, Radnectary La Sociedad Acústica de Capital Variable. Ha compuesto música para películas, coreografías, y documentales. Desde febrero de 2015 comienza, con el auspicio de la Fonoteca Nacional, la recuperación de la música del grupo Atrás del Cosmos para editar varios discos compactos con el interés de dejar una constancia histórica y dar a conocer este grupo al mundo”.

 

(track 1)

 

 Ana Ruiz

Una entrevista de

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Palabra de Jazz”/18

The Netherlands, 2020

 

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CAMINANDO BAJO LA LLUVIA

Por SERGIO MONSALVO C.

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(RELATO)

El splash de los zapatos en los charcos que va dejando la lluvia reclama tu atención. Miras volar las gotas plateadas de neón por doquier. El resplandeciente anuncio panorámico ha acompañado tu caminata desde la avenida cercana. 

En medio de aquella explosión lumínica los zapatos marrón fulguran intensamente incendiados por la intoxicación de hash que cargas. Continúas paso a paso repleto de ese hartazgo espléndido. 

Viste una buena película, llegaste a tu barrio tratando de borrar las huellas de los otros días de la semana y en pleno corazón del sábado. Fumaste aquello y te bebiste unas cervezas con los antiguos amigos. Así, con el recuerdo de fugaces jornadas tintineando en los bolsillos emprendiste el paseo hasta tu actual morada.

Observas el semáforo y el placer desaparece. Estás hecho un lío. Te paras con el verde y sigues cuando se pone el rojo. Te sientes melancólico porque sueñas con sábados de pasados tiempos cuando no eran Hush Puppies los zapatos que brillaban, cuando no pensabas en que la bonanza iba a proporcionártelos, cuando no te detenían esas actitudes circunspectas de vida asentada, cuando no tenías que evadir a una esposa para ir al cine, a unos hijos extraños, cuando no había ni un trabajo, ni una casa qué rentar. 

Ahora el sexo te late al guiño de cualquier mujer, los perros noctívagos están más presentes que nunca, la algarabía y el desparpajo de ondas idas. Es el barrio, te dices, y cruzas la calle para ver si el aire de la acera de enfrente no tiene tan alto contenido de nostalgia.

Con la piel en busca de nuevas sensaciones olvidaste los instintos y hasta a ti llegó una silenciosa camioneta que te secuestró. No valieron ni el slang de color local, ni los nombres ni las claves. Cuando la bestia es brava hasta los de casa muerde. Te quitaron los zapatos marrón, que ni pío dijeron. 

Descalzo de nuevo en la calle, comenzaste a rumiar ese levantón, la venganza; que no es lo mismo tu barrio que el de junto; pero también a imaginar otros zapatos, otras mujeres, esta otra vida que te esperaba.

BIBLIOGRAFÍA: AMSTERDAMAS

Por SERGIO MONSALVO C.

AMSTERDAMAS (PORTADA)

 AMSTERDAMAS

(POEMARIO)*

El dios nórdico de las pequeñas cosas me las ha obsequiado desde mi llegada a estos lares. Debo decir que lo ha hecho de forma infalible y en algunas ocasiones hasta en exceso, sobre todo cuando sus dádivas ya no son únicamente de visión sino con el complemento extra del arte, en alguna de sus formas: pintura, música, canto, arquitectura urbana…

En este último rubro con el escenario de la propia ciudad, Ámsterdam, cuyo nombre evoca en mí la imagen y el sentir táctil de la porcelana. Algo tan lejano de un dique. Esa alegórica porcelana puede ser el hecho de la caminata, una comida “exótica”, un café bebido al azar, un concierto esperado, una película en el interior de la filmoteca, una sorprendente exposición en un museo, esa tienda de discos que es mi nirvana, un canal bello e inesperado, el paisaje citadino mismo…

Ámsterdam es una gran dama, luminosa, malévola a veces, pero siempre generosa con sus despliegues. Se siente como escribiera Dayna Kurtz sobre ella: “September, whatever Amsterdam in the rain/  Walked around for miles/ No one here knows my name/ (…) Never felt so free all my life/ I know I’m a stranger here/ And I’m not looking down/ And if I am, it’s because of/ My Amsterdam Crown…”

*Texto introductorio al poemario inscrito en la Editorial Doble A y que he publicado también en el blog Con los audífonos puestos, por entregas, en la categoría “Tiempo del rápsoda”.

Contenido

Black & Blue

C.C. Blues

Hadewijch & Ik

Answers (Respuestas)

Throw it Away (I)

Throw it Away (II)

 

Amsterdamas

Sergio Monsalvo C.

Colección “Poesía”

Editorial Doble A

The Netherlands, 2019

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LibRock’s (I)

Por SERGIO MONSALVO C.

LIBROCK'S (CANON I) (PORTADA)

 (CANON I)

 (A MODO DE INTRODUCCIÓN)*

Los libros que cito en esta serie y las canciones que han acompañado su lectura, reseña y ligazón, han construido una buena parte de lo que es el rock en su concepto. No es una ocurrencia del momento presentarlos unidos, sino como una muestra del legado que lleva encima y que tiene que ver con sus contextos, afinidades electivas y sus pasiones.

Para cada género musical hay libros y discos (películas, obras de teatro, pinturas, cómics, etcétera) en los que se puede hallar goce, satisfacción, instinto o identidad.

Encontrar esos libros y demás, poco a poco, a lo largo de la vida del rock y establecer con ellos una relación duradera, asimilarlos gradualmente y retener su savia, ha constituido para el género (y para sus seguidores más avezados) un acto esencial en el círculo de sus placeres y por ende en el de la creación de su espíritu, su ser y estar en el mundo, participando así en el flujo de la cultura de su tiempo y, por ende, en el de la memoria de la especie.

 *Fragmento de la introducción al volumen LibRock’s (Canon I), de la Editorial Doble A, cuyo contenido se ha publicado on line de manera periódica a través de la Serie “Libros Canónicos” como parte del blog Con los audífonos puestos.

 

 

LibRock’s

(Canon I)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Ensayos”

The Netherlands, 2020

 

CONTENIDO

Iluminaciones (Les Illuminations) – Arthur Rimbaud

Frankenstein – Mary Shelley

Hojas de Hierba (Leaves of Grass)– Walt Whitman

Moby Dick – Herman Melville

El Cuervo (The Raven) – Edgar Allan Poe

El lobo estepario (Der Steppenwolf) – Hemann Hesse

Hambre (Hunger) –Knut Hamsun

Manhattan Transfer – John Dos Passos

En el camino (On the Road) – Jack Kerouac

El Guardián entre el centeno  (The Catcher in the Rye) –J.D. Salinger

 

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BABEL XXI-489

Por SERGIO MONSALVO C.

BXXI-489 (FOTO 1)

 1970 / I

(OBRAS QUE CUMPLEN 50)

Programa radiofónico de Sergio Monsalvo C.

https://www.babelxxi.com/?p=7654

 

 

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BABEL XXI-489

Por SERGIO MONSALVO C.

BXXI-489 (FOTO 1)

 1970 / I

(OBRAS QUE CUMPLEN 50)

Programa radiofónico de Sergio Monsalvo C.

https://www.babelxxi.com/?p=7654

 

 

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“HERE WE GO AGAIN”

Por SERGIO MONSALVO C.

BALADAS VOL. 2 (FOTO 1)

 (POEMA)

 Here We Go Again*

especular con la memoria

a la luz del momento en que

algo se selló

efímero/inolvidable

aquel empeño deseoso

que tuvo su presente y ardor

en el hoy de la locura fugaz

fundido en palabra y melodía

 

especular con la memoria

cuya iluminación

dibuje eficaz

la herida personal

su perfil sobreviviente

sobre notas reunidas de tiempo y vida

remembranza del intento íntimo

por salvarse

en medio de la exhuberancia

de una educación sentimental

que al parecer se eterniza

 

 *Texto extraído del poemario Baladas II, publicado por la Editorial Doble A.

 

 Baladas Vol. II

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Palabra de Jazz”

The Netherlands, 2006

Exlibris 3 - kopie

BABEL XXI-488

Por SERGIO MONSALVO C.

BXXI-488 (FOTO 1)

 SHARON JONES

LA MÚSICA EN LUCHA

Programa radiofónico de Sergio Monsalvo C.

https://www.babelxxi.com/?p=7648

 

 

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