CAMINANDO BAJO LA LLUVIA

Por SERGIO MONSALVO C.

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es caminando-bajo-la-lluvia-foto-1-1.jpg

(RELATO)

El splash de los zapatos en los charcos que va dejando la lluvia reclama tu atención. Miras volar las gotas plateadas de neón por doquier. El resplandeciente anuncio panorámico ha acompañado tu caminata desde la avenida cercana. 

En medio de aquella explosión lumínica los zapatos marrón fulguran intensamente incendiados por la intoxicación de hash que cargas. Continúas paso a paso repleto de ese hartazgo espléndido. 

Viste una buena película, llegaste a tu barrio tratando de borrar las huellas de los otros días de la semana y en pleno corazón del sábado. Fumaste aquello y te bebiste unas cervezas con los antiguos amigos. Así, con el recuerdo de fugaces jornadas tintineando en los bolsillos emprendiste el paseo hasta tu actual morada.

Observas el semáforo y el placer desaparece. Estás hecho un lío. Te paras con el verde y sigues cuando se pone el rojo. Te sientes melancólico porque sueñas con sábados de pasados tiempos cuando no eran Hush Puppies los zapatos que brillaban, cuando no pensabas en que la bonanza iba a proporcionártelos, cuando no te detenían esas actitudes circunspectas de vida asentada, cuando no tenías que evadir a una esposa para ir al cine, a unos hijos extraños, cuando no había ni un trabajo, ni una casa qué rentar. 

Ahora el sexo te late al guiño de cualquier mujer, los perros noctívagos están más presentes que nunca, la algarabía y el desparpajo de ondas idas. Es el barrio, te dices, y cruzas la calle para ver si el aire de la acera de enfrente no tiene tan alto contenido de nostalgia.

Con la piel en busca de nuevas sensaciones olvidaste los instintos y hasta a ti llegó una silenciosa camioneta que te secuestró. No valieron ni el slang de color local, ni los nombres ni las claves. Cuando la bestia es brava hasta los de casa muerde. Te quitaron los zapatos marrón, que ni pío dijeron. 

Descalzo de nuevo en la calle, comenzaste a rumiar ese levantón, la venganza; que no es lo mismo tu barrio que el de junto; pero también a imaginar otros zapatos, otras mujeres, esta otra vida que te esperaba.