Una de las aportaciones del rock a la cultura ha sido la de conectar a quienes trabajan en toda actividad estética y con ello creado sonidos, canciones o álbumes afines y alianzas artísticas en todo el mundo. Y lo ha hecho ya sea en un disco, en un track en particular o en la escenografía de un concierto. Ha conectado con aquellos que se han pasado la vida resolviendo sus misterios o belleza en alguna de sus formas, dentro de sus disciplinas individuales o conjuntas (humanistas o científicas), ya sea influyéndolos o siendo influido por ellos.
El resultado de tal encuentro ha producido sonoridades capaces de sacar al escucha de sí mismo y conducirlo a diversas dimensiones mentales, reflexiones existenciales o sensaciones en movimiento. Las obras creadas en este sentido son Arte-Factos culturales, aventuras en el microtiempo, las cuales requieren de la entrega a un flujo musical que enlaza una nueva expansión del quehacer humano con la experiencia auditiva en las diferentes décadas, desde mediados del siglo XX hasta el actual fin de la segunda decena del XXI.
El arte es la utopía de la vida. Los músicos rockeros de nuestro tiempo no han cesado en su tarea de acomodar la práctica musical a una búsqueda imparable de tales adecuaciones. La indagación sonora adquiere, en este contexto, un nuevo significado: no es mera búsqueda expresiva, sino persecución de horizontes culturales nuevos para un público en mutación, que exige de lo musical apreciaciones vitales, rizomáticas, en relación con sus exigencias estéticas y vivenciales.
Acompañando tales conceptos he creado las fotografías para que fungieran como ilustraciones en las portadas de los diferentes volúmenes. A éstas las he publicado de manera seriada e independiente bajo el rubro “Arte-Facto” de la categoría “Imago” del blog Con los audífonos puestos.
*Introducción al volumen Arte-Facto (XII), de la Editorial Doble A, cuyo contenido ha sido publicado de manera seriada en el blog Con los audífonos Puestos bajo esa categoría.
A partir de 1967 el artista —en este caso el rockero propositivo— presentaba una visión del mundo que podía ser mejor de lo que era, sobre la base del respeto a la libertad individual. En ese momento de su historia se encontraban los Beatles. Buscaban expandir la percepción de la mente y explorar las posibilidades de los estados alterados para canalizar sus expresiones musicales. La experiencia la llevaron a su clímax con el Sargento Pimienta, pero luego buscaron diversificarla con el cortometraje titulado Magical Mystery Tour y el filme Yellow Submarine, una película de dibujos animados. Ambos ejemplos cinematográficos se convirtieron con el paso del tiempo en obras testimoniales y de culto.
VIDEO: The Beatles – Yellow Submarine, YouTube (The Beatles)
BXXI-607 EL NOMBRE DE LA ROSA
Tras su aparente tinglado de novela negra, En el nombre de la rosa, está también su incuestionable condición de tratado filosófico y la de libro clásico que admite un sinnúmero de lecturas posibles: la histórica medieval (plena de contexto y perspectiva), la narrativa (fascinante, dentro del género del thriller), la ética (crítica moral contra los purismos y las verdades únicas), la semiológica (que aborda el conocimiento de la humanidad, a fin de cuentas), así como la de libelo revolucionario (con todas sus contradicciones ideológicas). La del amor, entonces, es otra. Y uno de los primeros autores vernáculos que cita el joven protagonista al respecto está Máximo de Bolonia, a quien se adjudica en el libro Speculum Amoris, el señalamiento del amor como una enfermedad.
VIDEO: Love Sick – Bob Dylan, YouTube (Luis Cruz)
BXXI-608 1972 (OBRAS QUE CUMPLEN 50)
Desde 1972 han pasado 50 años (¡medio siglo!). Al comenzar los años setenta grupos y solistas como éstos (Rolling Stones, Lou Reed, Neil Young, David Bowie, Deep Purple) grabaron cosas trascendentes, produciendo con ello la mejor materia prima del momento, para la elaboración del rock. De tal manera lograron realizar álbumes importantes y memorables. El tiempo ha pasado y los ha reafirmado en ello, en su condición de obras clásicas. Sus mitos se miden desde entonces con tales títulos (entre otros) y, además de las circunstancias en las que forjaron la poética en la que fueron creados, con las canciones de sus discos, con las cuales inscribieron nuevos estándares para el género.
VIDEO: The Rolling Stones – Happy (From “Ladies & Gentlemen”), YouTube (Eagle Rock)
BXXI-609 BEATLES FOR DUMMIES (VI)
La esencia fundamental del rock, su savia, es la intuición. Y a ella se remitió para cambiar las cosas, para innovarlas. La era Beatle había llegado a su fin y en este sentido hubo varias clases de innovación: algunas consistieron en cambiar de respuesta (o sea: evolución) y, otras, que llevaron a cambiar de pregunta (o sea: una revolución). De ellas echó mano el género para enfrentar el fin de algo y el comienzo de otra cosa. La historia de los Beatles cuenta con muchos comienzos y hoy –tras cinco décadas de su desaparición— aún no tiene un final. La década exacta en la que existieron como grupo (1960-1970) estuvo regida por ellos. Fueron los gigantes de su momento y la estela de sus actos permanece y no se le ven trazas de dejar de hacerlo en el futuro.
VIDEO: Let it Be Take – The Beatles, YouTube (Épocas Tv Éxitos que siempre seguirán siendo éxitos)
BXXI-610 CHRISTMAS ONCE AGAIN (NAVIDAD XII)
Acompañar esta Navidad con un disco diferente, singular, que contenga una antología de buenas canciones que ilustren la temporada de manera apropiada. Con interpretaciones que sean disfrutables y enriquezcan el espíritu de tales fechas y se sobreponga al muzak from hell que te puede estar rodeando. Así que puedes hacer un par de cosas al respecto: vas a tu casa y colocas el disco que Ronnie Spector grabó con algunas de sus piezas preferidas en el tocadiscos (si eres un creyente del vinil), o en el reproductor de CD’s (si es el caso), te sirves algo de beber y te repatingas en tu sillón preferido, cierras los ojos y comienzas a disfrutar del sonido de Ronnie Spector’s Best Christmas Ever.
VIDEO: Its Christmas Once Again – Ronnie Spector, YouTube (DreamsILive)
Las cosas eran muy distintas en los sesenta a como son ahora, diría Perogrullo. A veces parece que no hace tanto tiempo, pero lo fue. El rock abrazó con toda su fuerza en aquella época. Hubo luz y ganas siempre de emprender el viaje por la ruta de la vida con nuevas opciones, todo dependía de los jóvenes. Eran los conductores del periplo.
Unos rockeros señalaban el camino a otros y esos otros a otros, y así sucesivamente. Unos a otros. En ese camino aparecieron tempranamente las girly groups (con las Ronettes a la cabeza) y al final de la década quedó el Festival de Woodstock como testimonio de lo acaecido. Fue una ruta tan larga, y tan llena de cosas, que aún no le vemos el fin culturalmente. Tal vez, porque no lo tiene.
Sin embargo, para las personas sí lo hubo, como aquellos que representaron aquellas cosas. El año pasado, lamentablemente, me tocó poner sus discos para recordar y despedir a algunos de ellos. Pero también para reflexionar sobre su papel en la vida de muchos.
Ellos nos acompañaron en el camino y los ecos de su accionar, musical y social, nos siguen dando aliento, para sentir que respiramos en compañía. Es una nueva vida tras la muerte. El rock es ese árbol que descansa y crece sobre la misma tierra que acoge en sus raíces a los artistas que nos hicieron emocionar con su música y con su amor por ella.
MICHAEL LANG
Michael Lang (nacido en Brooklyn en 1944), fue uno de esos personajes que mostraron su amor por la música. Fue un promotor de conciertos, que en 1969 fijó un hito cultural para siempre. Él y otros tres promotores, de poco más de 20 años cada uno, concibieron originalmente el festival de Woodstock como «Tres días de amor, paz y música» al aire libre. Lo que hicieron fue fundar, por un fin de semana (del 15 al 17 de agosto de 1969), la tercera ciudad más populosa del estado de Nueva York. Pero también crearon, sin saberlo, una leyenda para toda la vida, que no se repetiría jamás. Michael Lang falleció en Nueva York el sábado 8 de enero, a los 77 años.
RONNIE SPECTOR
Los miércoles tienen algo de cenizos. Y éste aún más, ese día (12 de enero) murió Ronnie Spector, la voz que te tomaba de la mano, abrazaba y hablaba al oído, que te acompañaba para arropar tus ansias y temores primigenios; la muchacha que te estremecía el cuerpo con sus movimientos y coreografías; la que sedujo con su talento y carisma. Ella nació en 1943 como Veronica Bennett en Nueva York. A los 16 años comenzó a actuar al lado de su hermana Estelle y de su prima, Nedra Talley. Se convirtieron en The Ronnettes, en el acontecimiento musical que lideró el movimiento de las girly groups en los sesenta. Ellas eran diferentes. Ronnie era diferente.
MEAT LOAF
Met Loaf (Marvin Lee Day, su verdadero nombre) fue uno de esos personajes que le aportaron originalidad al género rockero. Nació el 27 de septiembre de 1947 en Nueva York. Durante su vida se desarrolló como compositor, productor y cantante. Con esto último realizó uno de los mayores discos clásicos de la historia del rock: Bat Out of Hell. Un álbum que se puede codear con los mejores por sus aportaciones particulares a la cultura rockera. En él confluyeron los talentos del cantante Meat Loaf, la producción de Todd Rundgren y la composición de Jim Steinman, donde éste aprovechó para mostrar sus variadas influencias. Murió el 20 de enero.
VANGELIS
Tras la disolución de Aphrodite’s Child, en 1973, Evángelos Odysséas Papathanasiou, conocido como Vangelis (teclados, la flauta y percusiones, nacido el 29 de marzo de 1943, en Volos, y fallecido el 17 de mayo del 2022) destacó como solista con sus imaginativos y extrovertidos experimentos musicales, dándose a conocer a nivel mundial con su música New Age y ambient para soundtracks de películas: Chariots of Fire, Blade Runner o 1942, entre decenas de ellas. Las características de su obra: “pasión por ambientes planetarios, vocación sinfónica con dimensiones melódicas muy accesibles, y un dominio efectista de los sintetizadores”.
KLAUS SCHULZE
El avance de las ideas que se aplican a la creatividad de la música electrónica y sucedáneas sólo llegan a través de la necesidad por la experimentación, por la curiosidad por plantear preguntas genuinas e interesantes y la tosudez para responderlas. Para hacerlo se requiere de ser seriamente creativo y no adaptarse a aquella acomodaticia plegaria por un mundo que sea lineal y estable. Porque todo él no lo es. Klaus Schulze (músico y compositor, nacido en Berlín el 4 de agosto de 1947 y fallecido el 26 de abril del 2022) fue un adalid y un evangelista en todo ello. Primero con el grupo Tangerine Dream y luego como solista con una estética de corte espacial y muy cinemática.
RICKY GARDINER
El escocés Ricky Gardiner (nacido en 1948 en Edimburgo) fue un guitarrista y músico forjado a sí mismo. En los años sesenta integró un grupo de rock progresivo con cierto éxito, Beggar’s Opera. Participó como músico sesionista en grabaciones del productor Tony Visconti. Así se conectó con David Bowie, al cual acompañó en su legendario viaje a Berlín y participó en la grabación de Low de aquél y en Lust for Life de Iggy Pop, y en los conciertos posteriores de ambos, a fines de los setenta. A la postre, decidió armar su propio estudio de grabación en el que se centró en la música para la meditación. Murió el 15 de mayo del 2022.
ANDREW FLETCHER
Andrew Fletcher nació en Nottingham en 1961, y en su niñez coincidió con Martin Gore, compañero de colegio, con el que más tarde acabaría tocando en Depeche Mode. Fletcher empezó en el grupo como bajista, aunque pronto se pasaría a las teclas una vez la banda tomó rumbo hacia la electrónica y los sintetizadores (hasta su deceso el 26 de mayo).
Durante los años ochenta algunas compañías discográficas dedicadas a synth-pop obtuvieron resultados memorables a largo plazo. Sin embargo, ninguna de aquellas formaciones pudo competir con Depeche Mode, también syth-pop, pero con actitud. Eran una banda con electrónica y un tipo de pop nuevo, lo que les permitió hacer una carrera creciente con influencias punk, del krautrock y el glam, en su parte oscura.
Otros fallecidos en tal año: Bobby Ridell (teenage idol) Mark Lanegan (Screaming Trees), Taylor Hawkins (Foo Fighters), Ric Parnel (Atomic Rooster), Rick Price (Move), Alan White (Yes), Steve Broughton (Edgar Broughton Band), Kelly Joe Phelps (sesionista), Alec John Such (Bon Jovi), Julee Cruise (cantante y colaboradora de David Lynch), Paul Anthony Ryder (Happy Mondays), Jody Abbot (Fuel), Bob Heathcote (Suicidal Tendencies), Jim Sohns (The Shadows of Knight), Raymond Raposa (The Castanets), Nicky Moore (Samson), Sam Wooden (The Impressions), Judith Dorham (The Seekers), David Muse (The Marshall Tucker Band), Gord Lewis (Teenage Head), Lamont Dozier (compositor), Darryl Hunt (The Pogues), Bill Pitman (The Wrecking Crew), Steve Grimmett (Grim Reaper), Kal David (bluesmen), Stuart Anstis (Cradle of Filth), Jerry Allison (The Crickets), Fredy Studer (OM), Piotr Szkudelski (Perfect), Rimmo Blom (Raskasta Joulua), John P. Varkey (Avial), Marciano Cantero (Enanitos Verdes), Sonny West (Buddy Holly), David Andersson (Soliwork), Anton Fer (Lounge Lizard), Kyle Maite (Hit the Lights), Prince Póló (Skakkamanage), Davis Malachowski (Comander Cody), Bin Valencia (Almafuerte), Mon Legaspi (Wolfgang), Steve Roberts (U.K. Subs), Robert Gordon (Tuff Darts), Gregg Philbin (REO Speedwagon), Paul Stoddard (Diecast), Jerry Lee Lewis (pionero del r&r), D.H. Peligro (Dead Kennedys), Ryan Karazija (Low Roar), Robin Sylvester (RatDog), Michal Ambroz (Jasna Páka), Dan Fawcet (Helix), Jeff Cook (Alabama), Dan McCafferty (Nazareth), Gary Roberts (Boomtown Rats), Keith Levene (The Clash), Robert Noakes (Stealers Wheel), Gene Cipriano (The Wrecking Crew), Serhiy Stepanenko (Komu Vnyz), Danny Kalb (The Blues Project), Riho Sibul (Ultima Thule), Wilco Johnson (Dr. Feelwood), Shel Macrae (The Fortuns), Christine McVie (Fleetwood Mac), Swenne Hedland (Idolerna), Jim Stewart (STAX), Jess Barr (The Slobberbone), Jett Black (The Stranglers), Hamish Kilgoar (The Clean), Roddy Jackson (Rockabilly), Mack Allen Smith (Rockabilly), Heubert Deutsch (co-inventor del sintetizador MOOG), Tracy Hitchings (Landmarq), Sol Amalfio (Osibisa), Dino Danelli (The Rascals), Rick Anderson (The Tubes), Jean-Pail Carbineau (Tri Yann), Charloe Green (Cantante), Terry Hall (The Specials).
A todos ellos: ¡GRACIAS!
VIDEO: Be My Baby – The Ronettes – 1963 – Stereo – Music Video, YouTube (namnoiz)
Los logros alcanzados por el pianista Brad Mehldau (Irlanda, 1970) hacia el fin de los años noventa, cuando irrumpió en la escena, y antes de cumplir la treintena, ya habían superado los de muchos pianistas de jazz con el doble de su edad.
El pianista tiene demanda. Desde entonces, ha mostrado sus influencias de la música clásica, pero también del rock, el pop, el cool jazz y el bebop. Para este pianista sólo existe una finalidad para el músico: fundirse con su instrumento.
Las cualidades de Brad Mehldau han terminado por imponerse en su colección Art of the Trio (Vols. 1-4), quizá su mejor muestrario. Lo impresionante de él, en primer lugar, es el arte consumado que presenta a través de una construcción rica, diversificada y directamente ligada a su ejercicio de la música clásica, en todo caso a su conocimiento de los cánones de la composición.
Dicho arte le permite crear una obra compleja sobre la base de una estructura temática simple (con standards, temas del pop o citas reiteradas). Por medio de este juego múltiple de voces y líneas, de su entretejimiento, de su insistencia en interpretar las mismas piezas, Mehldau reencuentra lo que John Coltrane supo concebir a partir del mundo estructuralmente limitado de los “temas de jazz”, no destinados en principio a expresar muchas ideas al mismo tiempo.
Otro rasgo característico de su estilo es el manejo del suspense, esa forma de retener la nota (en particular con las baladas lentas) y de hacerla vibrar en el momento delicioso en el que, si no tocada, por lo menos se encuentra inscrita en la duración. Esta forma de retener, se duplica en sus voluptuosas puestas en escena (la famosa “cabeza metida en el piano”) que no deja de recordar a Bill Evans y a Keith Jarrett.
Lo dicho: Para este aclamado pianista sólo existe una finalidad para el músico: fundirse con su instrumento y él, definitivamente, lo ha logrado. Ha transitado por la música con el piano en el cuerpo.
VIDEO SUGERIDO: Brad Mehldau – All the Things You Are (1999), YouTube (orangefunk)
Jerome Solon Felder (un tipo nacido el 27 de junio de 1925 en Williamsburg, Nueva York) fue un compositor gigante de la música popular de todos los tiempos, y Doc Pomus (su nombre artístico) una figura legendaria y magistral que escribió un puñado de las canciones más importantes del siglo XX, erigiéndose con ello en una influencia enorme para la cultura del rock de cualquier época.
Pomus era un alquimista que sabía mezclar en cada bebedizo los sentimientos que afectan al común de los humanos, y proporcionárselo al necesitado en el momento preciso para que le agradara su regusto dulzón al tomarlo, y poco a poco fuera sintiendo los efectos posteriores que acompañarían con su amargor al corazón desgarrado.
Su magia consistía en captar esos instantes tan íntimos y conmovedores y volverlos asequibles a todos; en poner las porciones justas de lírica y melodía a emociones poderosas que se transformaban con su arte en canciones que se quedaban en la psique colectiva.
A cambio de ello, y de manera constante, la vida siempre le pondría trabas. Para empezar: un ataque de polio lo obligó a llevar muletas. La enfermedad marcó su infancia. Aquellos hechos han sido recogidos en innumerables biografías, que de una forma u otra se complementan para crear el retrato más cercano al personaje que fue.
En ellas se puede leer (y ver prácticamente) como aquel niño enfermo tuvo que sujetarse a tales aparatos para movilizarse, sin dejar de soñar con ser algún día el campeón de los pesos pesados del boxeo en la inexistente categoría “con muletas”.
Buscaba ser lo que su padre llamaba “un hombre entre hombres”, un tipo forjado a sí mismo, capaz de alcanzar sus metas a pesar de caer una y otra vez por causa del ensañamiento la naturaleza.
Para nada quería la compasión ajena, pero, regularmente, su incapacidad era más poderosa que sus objetivos. Fue entonces que la música le proporcionó las herramientas necesarias. Hasta el barrio judío, donde vivía, volaban las notas del jazz y del blues que hacían bullir el Manhattan en los años cuarenta.
Pomus, que devoraba asimismo libros que lo hacían viajar a otros mundos, encontró en aquellos sonidos el factótum vital. Sentado en su habitación, aprendió a tocar el clarinete, el saxofón y, más tarde en el recinto escolar, el piano.
Supo que quería dedicar su vida a la causa musical cuando escuchó el disco “Big Joe Turner & His Fly Cats”. Aquello lo colapsó. El ritmo negro se convirtió en su propósito. Al poco tiempo, con el nombre artístico de Doc Pomus (no quería que sus padres se avergonzaran por dedicarse a la música) entró a trabajar como bluesman (¡!) en un tugurio llamado George’s Tarvern.
Se ganó una reputación en el circuito de bares semejantes y, casi sin sentirlo, se convirtió en el saxofonista del propio Big Joe Tuner. De él Pomus aprendió a captar la negritud elemental, esa característica interior tan genuina y, de igual manera, se dio a la tarea de escribir y escribir canciones, forjándose una carrera en la exultante noche neoyorquina, hasta que en su ruta se encontró con la de un joven pianista llamado Mort Shuman. Corría el año 1955.
Shuman, a su vez, se había hecho músico en un conservatorio, pero se dio cuenta inmediatamente del talento de Pomus y se volvió su partner. Uno que además lo educó en las vertientes del rhythm and blues y en el ambiente urbano que lo fundamentaba. Ambos formaron pareja como compositores. Pomus en las letras, Shuman en el piano.
Sus pasos y buenas obras los condujeron a trabajar en el Brill Building, el legendario edificio del 1650 de Broadway, una fábrica de la mejor música estadounidense, donde armaron una colección asombrosa de temas a partir de 1959.
El listado de canciones creado ahí es grande y durante aquella década destacaron las siguientes composiciones: “Love Roller Coaster”, “I’m a Man”, “Turn Me Loose”, “A Teenager In Love”, “Hushabye”, “This Magic Moment”, “A Mess of Blues” y la inconmensurable “Save The Last Dance For Me”, que cerraría la decena de los años cincuenta.
Existen músicos que logran ponerte de pie cuando ya crees que no volverás a hacerlo, te ponen el interior en movimiento aun cuando consideras que ya no quieres hacerlo, y te muestran la emoción incluso cuando sientes que ya la has comprendido o vislumbrado.
Son artistas que hacen que la música sea algo importante por lo que vivir. Ponen en un escaparate la vida y al mundo de los sentimientos en tus oídos, en tan sólo unos minutos sonoros. Ése es su golpe maestro.
Cada una de sus canciones congela la vivencia respectiva y lleva con su canto hasta la cima de la empatía. Nadie está solo cuando las escucha. Eso es lo que se piensa al oír las de Doc Pomus (fallecido el 14 de marzo de 1991). Él tejía con la música popular ese hilo invisible que nos conecta a pesar de las diferencias.
Lo suyo era mitigar tales distancias a través de lo agridulce de nuestras vivencias, en esa sublimación de la intimidad y en la magia áurica de una presentación con apabullante naturalidad, que lograba (y logra) extraer de los pequeños momentos, esa (sublimidad, magia, naturalidad), que simplemente pasa, en todas partes, todo el tiempo. Doc Pomus fue maestro y signo de una época que reverberará para siempre.
VIDEO SUGERIDO: Save The Last Dance For Me – The Drifters, YouTube (dannypsych)
y evocamos ríos subterráneos, con lluvia que hierve,
el sonido pedregoso del inicio,
el eco de su voz o su rugido.
La sal del mar se ancla ahí, en ese mapa.
Emerge la cueva con temblor y altar en el camino.
El oxígeno, la sombra y su mediodía.
El cielo que atardece y la medianoche,
el azul y su mañana.
Paredes, cordilleras, acantilados, afluentes y zumbidos.
El ronroneo de sus matrices.
Arena y roca en el encuentro de una causa.
Viene para quedarse.
Ayuda a tus andanzas, las embellece y cura,
las energiza y protege, las armoniza y vibra.
El ojo lo fija y llena de color.
¿Qué buscas en él?
Rumia su verbo y el adentro.
Entonces su contorno hablará,
aleteará, encaminará, desbrozará,
relampagueará y avasallará.
Con él todo parecerá posible,
entenderemos y la vida salvará el instante
y cualquier hora,
como las canicas a los niños.
Hay días en que no dan ganas de ponerse las palabras,
pero sí el cristal con su alboroto de color.
Un siempre y un nunca aquí y allá.
Amarillos, verdes, azules, rojos y negros.
Su lenguaje nos arma, porque presta atención a las cosas
que se dicen una sola vez y en plegaria.
Rocío, remolino, raíz, con su ardor y leyenda.
La huella en la ceniza.
Una cumbre soleada y su sedimento de cal,
el monte como chispazo.
Rumia el cristal su lenguaje,
de cosas que inventa y repara,
pero igual calla, elige una mudez colorida
y su silencio sacude o desbarata,
fosiliza o enroca,
pero siempre, casi siempre,
posee la fuerza encantada
y sabe que te abrasa.
*Texto de presentación del volumen Crystals, de la Editorial Doble A, cuyo contenido (fotografías) ha sido publicado de manera seriada en el blog Con los audífonos puestos, bajo ese rubro.
Melancolía, reflexión, tristeza, irritación, alegría…Son estados anímicos que se manifiestan en las personas durante la época navideña. Para cada uno de ellos la música (a consumir ad hoc) ofrece diversas posibilidades.
Es una compañía que jamás defrauda y se puede contar con ella en cualquier momento y situación. Y si no es posible hacer caso omiso de tales manifestaciones emocionales, por lo menos hay que tratar de paliarlas de alguna manera y buscar hacerlo con discos de calidad artística incuestionable, trascendente y confirmada, una y otra vez, a través de los años. Así que en esta ocasión me atrevo a recomendar el siguiente título clásico para ambientar el estado anímico recurrente.
ELVIS PRESLEY
CHRISTMAS ALBUM
RCA VICTOR
Cuando la mayoría de los escuchas recuerdan los años cincuenta del siglo pasado, inevitablemente le viene a la mente la imagen de Elvis Presley.
Él dominó la industria del entretenimiento y se convirtió en el modelo ideal del cantante solista; en la superestrella de la parábola del éxito sin límites a partir de orígenes pobres, en el renegado que simbolizaba la libertad rocanrolera.
Elvis no sólo se erigió en héroe: se entronizó como el rey de la cultura juvenil en aquel tiempo.
Luego de un año (1956) en el que una tras otra sus canciones lo elevaron a la categoría de icono, Elvis grabó un disco navideño en 1957. Con tal álbum matizó este punto de su carrera en el estilo al que había aspirado dedicarse como intérprete siendo adolescente, cuando deseó ser cantante profesional de gospel.
Los doce temas que lo componen (desde “Santa Claus Is Back In Town” hasta “It Is No Secret (What God Can Do)”, pasando por los tradicionales “White Christmas”, “Here Comes Santa Claus”, “Blue Christmas” y “Silent Night”, entre ellos) se basan en el blues, el rhythm and blues, doo wop, spiritual y gospel, básicamente.
Presley tradujo, por primera vez, las formas blancas románticas y seculares de los villancicos y canciones de la temporada navideña a los ritmos religiosos y “paganos” negros. Con resultados tan sorprendentes como exitosos.
Se cumplió así, una vez más, con aquel legendario anhelo profético de Sam Phillips de que «Si encontrara a un muchacho blanco que supiera cantar como negro, ganaría un millón de dólares». Elvis continuaba materializándolo.
El disco se mantuvo durante cuatro semanas como el número uno en las listas del Billboard. Vendió tres millones de copias en aquel diciembre y más de 10 desde entonces, convirtiéndose en la obra de temporada mejor vendida de todos los tiempos.
De esta forma el Elvis’ Christmas Album se erigió en modelo, en una propuesta valiosa de su momento, pero también para el futuro por su legado musical. Desde entonces la avalancha de producciones semejantes, con mayor o menor fortuna, no ha dejado de fluir.
VIDEO: Elvis Presley #’68 Santa Claus is Back in Town & Blue Christmas, YouTube (vELVISv)