JAZZ: DOCE HITOS DEL SIGLO XX (BILL EVANS)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

Bill Evans

 

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La influencia que tuvo Bill Evans en el jazz traspasó los límites de su instrumento. Aparte de fundar una escuela, creó un universo musical con parámetros estéticos nuevos que abarcaban elementos tanto rítmicos como armónicos por donde sus seguidores, lo mismo colegas como escuchas, podían moverse libremente.

Estableció dichos parámetros en su propia expresión pianística como solista y también a través de sus diferentes grupos, el mejor de los cuales estuvo integrado con Paul Motian en la batería y Scott LaFaro en el contrabajo.

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Con la muerte prematura de este último, los distintos cambios de su personal indican una actitud de tanteo a fin de establecer una telepatía equivalente, misma que se dio hasta la llegada de Eddie Gómez. Época que coincide con la primera grabación como solista de Evans, Alone.

Ésta y su ciclo de las Conversations le permitieron al pianista colaborar consigo mediante el sistema de múltiples tracks. La insistencia en el soliloquio se convierte para el Evans de tal periodo en sinónimo de exploración intensa y de enfatización de una de sus características personales: la introspección.

Las obras de Evans se manifestaron como un maravilloso compendio de su poética. Representan ocasión de seguirle el paso en el devenir de su dramática vital y musical. Cascadas de acordes, quedos acentos, cambios inéditos, paráfrasis imposibles, dorada madurez musical. Evans era puro estilo por donde se le viera, aunado a una mística personal, emotiva e ilimitada.

 

VIDEO SUGERIDO: Bill Evans Trio – Autumn Leaves, YouTube (JazzTuna)

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JAZZ: DOCE HITOS DEL SIGLO XX (ORNETTE COLEMAN)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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VIII

«El bebop era ya una cuestión de ‘dame los acordes y yo hago el resto’. Lo que yo hago exactamente es lo contrario: llegar a los acordes desde la melodía. Si lo piensas de lo que trata la labor del músico es de obtener la melodía a partir de un instrumento y nada más. Eso es la música», ha dicho Ornette Coleman con respecto a su oficio.

Sin embargo, el suyo ha estado nutrido y mucho de esa circunstancia, y también de la controversia y de la genialidad inventiva. En todas las épocas desde que el mundo es mundo, a los innovadores o se les sigue o se les ataca, «no hay de otra», como dijera el mismo Coleman. Un lunático o un iluminado. Así ha sido tratado este músico, quien será recordado por siempre por sus conceptos propositivos en la teoría harmolódica y el free jazz.

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Músico y hombre de su tiempo, Ornette ha reflexionado no sólo sobre el arte de la música sino también sobre el arte de ser humano, y el resultado de su pensamiento lo ha definido en breves palabras: «La música es básicamente lo que no está en el papel. No es la palabra ‘música’ la que crea el concepto. Es la gente la que crea la música».

El jazz de Coleman es una música llena de la sustancia de la vida, y el free jazz la contiene más que ninguna interpretación. Las posibilidades polifónicas de Ornette parten de donde Monk las dejó al morir. Eso lo ha convertido en un artista apasionado e imaginativo que utiliza un lenguaje propio, fresco, libre y, por qué no, también fragmentado.

Sus ideas no invitan al caos melódico y armónico sino hacia una música metódica, en combate contra el egocentrismo; en busca de la improvisación modal, inspirada y sobre todo colectiva.

 

 

VIDEO SUGERIDO: Ornette Coleman Sextet – Free Jazz (1 of 3), YouTube (Bob Hardy)

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JAZZ: DOCE HITOS DEL SIGLO XX (THELONIOUS MONK)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

Thelonious Monk

 

VII

Muchos han dicho que había que ver a Thelonious Monk para oír bien su música, que el instrumento más importante del grupo era su propio cuerpo. Éste era el instrumento y el piano, un medio para sacar el sonido de su cuerpo al ritmo y en las cantidades que quería.

El ojo oye lo que el oído echa de menos. Una parte del jazz es la ilusión de espontaneidad y Monk se le acercaba desde todos los rincones. En el piano usaba los codos, pasaba los dedos por las teclas como si fueran una baraja, golpeándolas rápidamente como si quemaran. Tocaba fuera de las normas del piano clásico. Todo le salía como uno no se lo esperaba.

Sacrificaba técnicas de destreza manual por técnicas de expresividad. Está claro que nadie más podía tocar su música como él, y en ese sentido tenía más técnica que nadie. Era poseedor de gran originalidad y soltura armónica y rítmica.

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Sus acompañamientos a veces implicaban desplazamientos de la pulsación regular que eran poco habituales para la época. No hubo nada que quisiera hacer y no pudiera. Siempre tocó con algo grande en juego.

Hizo todo lo que le vino en gana y lo elevó a un principio de orden con sus propias exigencias y su propia lógica. Además, lanzó el look del bebop con boinas y lentes oscuros.

Su música proporcionó una síntesis muy personal del jazz moderno y también sugirió firmes caminos por los que transitar musicalmente. Su talento nunca dejó de evolucionar y ampliar sus alcances artísticos.

VIDEO SUGERIDO: Theloniuos Monk – Blue Monk, YouTube (The Pleasure of Jazz)

Thelonious Monk, Cambridge Union Debating Chamber, Cambridgeshire, 1966. Creator: Brian Foskett.

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DOCE HITOS DEL SIGLO XX: DUKE ELLINGTON

 Por SERGIO MONSALVO C.

DUKE ELLINGTON (FOTO 2)

 

«Nunca ha habido un músico serio que sea más serio en su música que un músico serio de jazz». Definición propia de Duke Ellington. Él confesó no haber sido nunca capaz de resistir un desafío. Fue un compositor que sabía escribir velozmente y bajo la presión del tiempo. Un tiempo que sólo se abría entre sus constantes viajes y actuaciones.

Escribió más horas de música que cualquier otro coterráneo, y la mayoría de sus composiciones empezaba garabateada en cualquier cosa que tuviera a la mano: menús, servilletas, sobres, postales, cartón arrancado de paquetes de cereales, etcétera.

Su música escrita iniciaba así, y también así terminaba: después de un par de ensayos, las partituras originales finalizaban enrolladas en el basurero como cualquier envoltura de sándwich. No obstante, lo esencial de la música estaba ya puesto al buen recaudo de la memoria colectiva de su orquesta.

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Ellington fue un gran pianista, pero su verdadero instrumento fue la orquesta, la cual tenía una nómina altísima porque era la única forma de poder escuchar la música nada más escrita: «Las notas no son lo importante —decía— sino para quien están escritas».

«Antes de escribir o tocar cualquier cosa, tienes que escucharla –decía”. Ésa era la esencia de su arte. Todo empezaba en él con un estado de ánimo, una impresión; donde estuviera o por muy cansado que se encontrara, lo apuntaba todo sin detenerse a considerar su significado, confiando en que más tarde descubriría su potencial musical: mujeres, calles, océanos, amigos.

Su música era una biografía orquestal de colores, sonidos, olores, gente. Todo lo que había sentido, visto y tocado.

VIDEO SUGERIDO: Duke Ellington, “Take the A Train”, YouTube (morrisoncoursevids)

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