Uno escucha los discos en los que participaron las blueseras británicas, como Christine Perfect, no sólo para saber cómo argumentaban con sus composiciones y voz, sino también para disfrutar con el transcurso en la construcción de sus argumentos.
Ésta fue una manera de defender su participación en un género, que si al principio les fue extraño, con su exposición a tales emociones les resultó en parte de su esencia tanto genérica como artística, en el panorama creativo que abrieron con él.
Es decir, las mujeres como ella tuvieron en el blues, al comienzo de sus carreras, el mismo problema que los hombres del medio: la necesidad de un público que realmente escuchara lo que tenían que decir.
Algo parecido se podría decir de sus personalidades, un filón de literatura, ensayo o biografía inagotable en sus caracteres y en toda esa pátina de claroscuros con que suelen estar muchas de ellas construidas.
Sumergirse en esas historias, adentrarse en sus territorios musicales, implica la ruptura de esos límites con los que se señala lo que recibe el nombre de “blues”, algo que como les había enseñado Muddy Waters durante sus visitas al Reino Unido: “Es más que un género musical”.
Ellas trascendieron los arquetipos y los clichés y fomentaron unos nuevos encarnados en la concreción de sus estilos, en los que las circunstancias perdieron toda consistencia sin imponer su orden, porque ellas, como sus semejantes masculinos resultaron ser “negras del corazón”.
La cantante y pianista Christine Perfect ha rememorado en diversas entrevistas aquellas reuniones juveniles en los pubs donde los jóvenes locales se citaban para escuchar por primera vez el rhythm & blues de los artistas negros estadounidenses. Los discos llegaban a esos locales a través de los mismos asiduos o por los marinos que los traían de allende el Atlántico y los cambiaban por los tragos.
“Era música magnífica, diferente, nos encantaba. Hacíamos grandes coros en esas tabernas acompañando la voz de Elvis, Little Richard, Fats Domino, Chuck Berry y el rhythm and blues de Muddy Waters, Howlin’ Wolf y demás blueseros de Chicago”.
Todas aquellas noches le sirvieron a ella para practicar in situ, para buscar el tono en el que más se acomodaba, el estilo con el que más se identificaba.
VIDEO SUGERIDO: Chicken Shack – It’s Okay With Me Baby, YouTube (jimmytheferret)
Como nieta e hija de músicos, Christine Perfect había nacido en Bouth, Inglaterra, en 1943. Al mostrar talento para el piano la familia la condujo a recibir una educación clásica. Sin embargo, como adolescente descubrió el rock & roll, lo que la condujo a aquellos pubs para escuchar más de aquello.
Y mientras estudiaba escultura en una escuela de arte conoció a dos compañeros con los que formaría una banda amateur de blues (Sounds) durante su estancia escolar, la cual se disolvió al graduarse sus miembros.
En busca de expectativas económicas Christine trabajó como escaparatista de tiendas departamentales y a la postre, junto a sus antiguos compañeros retomó el proyecto musical bajo el nombre de Chicken Shack en 1968, como tecladista, compositora y cantante (su disco más destacable 40 Fingers Freshly Packed & Ready To Serve).
Su voz e interpretación en los teclados la volvieron distintiva en el medio. Tanto que Peter Green, líder de la banda Fleetwood Mac, la invitó a colaborar con ellos. Ahí conoció al que sería su esposo John McVie. A la postre adoptaría su apellido e iniciaría una larguísima historia con tal grupo en dos tiempos, igual de productivos.
VIDEO SUGERIDO: Christine Perfect with her Chicken Shack – Man Old World, YouTube (amemigustailblues)
Como parte de la primera ola de los llamados «grupos duros» (hard rock) estadounidenses, Aerosmith también ha resultado figurar entre las bandas más constantes, con 50 años de presentaciones y grabaciones. A lo largo de este periodo, la alta y sencilla energía de sus primeros trabajos se ha ido transformando en un hard rock sofisticado, sin perder un ápice de su fuerza.
Con la clara influencia de los Rolling Stones (Tyler se preció siempre de parecerse a Mick Jagger) y de los Yardbirds, Aerosmith fue fundado en 1970 en New Hampshire por el cantante Tyler y el guitarrista Whitford. Con Joe Perry en la guitarra, Tom Hamilton en el bajo y Joey Kramer en la batería, el grupo tocó en los bares y clubes de Nueva Inglaterra y fue contratado por Columbia en 1972.
Tras editarse un álbum con el mismo nombre del grupo, coescrito por Tyler y Perry, el productor Jack Douglas se encargó del siguiente Get Your Wings (1974). Los frecuentes conciertos dados en toda la Unión Americana impulsaron las ventas de Toys in the Attic (1975) a más de un millón de copias; «Sweet Emotion» fue un éxito menor, mientras que «Dream on» (del primer álbum) alcanzó el Top Ten en 1976. «Walk This Way» y «Last Child», de Rocks (1976), también fueron muy populares.
Después de grabar Draw the Line (1978), el grupo apareció en la película Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band, en la que interpretó «Come Together» de los Beatles, versión que logró penetrar en los primeros 30 lugares de popularidad en 1978. El álbum Live Bootleg, grabado en vivo, salió en 1979. Al poco tiempo de aparecer Night in the Ruts, Perry abandonó al grupo para fundar el Joe Perry Project, con el que grabó Let the Music Do the Talking (1980) y I’ve Got the Rock’n’Rolls Again (1981).
Debido a la renuncia de Whitford, quien grabó un disco con Derek St. Holmes, el antiguo cantante de Ted Nugent, y un grave accidente de motocicleta sufrido por Perry, el siguiente álbum de estudio de Aerosmith, Rock in a Hard Place, no apareció hasta 1982. La relativa falta de éxito del álbum dio lugar a la reunión de la alineación original en 1985, cuando el grupo fue contratado por Geffen para grabar Done with Mirrors, un éxito comercial.
Aerosmith tuvo un hit sospresa al año siguiente, cuando el grupo de rap Run DMC resucitó «Walk This Way»; Perry y Tyler participaban en la nueva versión. El siguiente álbum del grupo fue Permanent Vacation (1987), producido por Bruce Fairbairn, que incluía el exitoso sencillo «Dude (Looks Like a Lady)» y una versión de «I’m Down» de Lennon y McCartney. Después de cambiar de compañía disquera, a Geffen, figuraron en las listas de éxitos de 1989 con «Love in an Elevator», del álbum Pump.
Ya en una nueva década, la de los noventa, se puso a la venta la caja compilatoria Pandora’s Box. Una atingente retrospectiva sobre la carrera del grupo a lo largo de diez años (1973-1982). Y en 1993 sacaron a la luz Get a Grip, álbum que con los meses se proclamó en uno de los de mayores ventas en el mundo. De él se extrajeron sencillos como «Livin’ on the Edge» y «Crazy».
A pesar de su inclusión entre los millonarios estrellas del rock and roll, estos elementos del mundo musical continúan siendo escandalosos y rebeldes, negándose a ingresar al círculo de los ricos respetables. La música de su álbum, Get a Grip, desbordó agresividad. El contenido sorprendió con la mordacidad de los reprimidos.
Desde entonces y tras otros cuatro álbumes (Nine Lives, Just Push Play, Honkin’ on Bobo y Music from Another Dimension) Tyler, autor de las letras, sigue observando al mundo con los ojos del hombre de la calle. «Cuando veo a otra gente de mi edad, calva y gorda, me da miedo. A esos codiciosos les da flojera ir a los conciertos. Usan traje para ocultar sus cuerpos feos. Hay millones de desempleados, pero esos asquerosos yuppies acaparan el dinero en lugar de crear empleos. Canciones como ‘Eat the Rich’ tratan sobre ellos. Comérselos es lo mejor que uno pudiera hacer.»
Afortunadamente Tyler no ha perdido nunca la actitud juvenil: él y su banda contra el mundo astringente. Con cada nuevo álbum quieren demostrar al planeta cuánto aún pueden dar de sí. Al escuchar el resultado se sienten como el Dr. Frankenstein que observa a su hombre artificial y grita: “¡Vive, grita, sangra!”.
Si de algo además el cantante se siente orgulloso en su carrera de medio siglo, es de la colaboración que tuvo con Rap DMC. Si bien Tyler dice no escuchar nada de música mientras está grabando, a fin de no dejarse influir, este originario de Massachusetts es un fanático absoluto del rap el resto del tiempo. Para él, los negros lo lograron de nuevo: crearon una nueva forma de arte. Cantan de cosas de las que nadie quiere saber nada, como de los pobres en el arroyo y del junkie con la aguja en el brazo, cantan sobre la realidad.
Los miembros de Aerosmith no sólo se limitan a hablar, sino que también hacen otras cosas de carácter social. Apoyaron una exposición fotográfica alternativa, por ejemplo, con una generosa donación, después de que el gobierno estadounidense canceló los fondos para la misma puesto que las fotos, además de otros temas, también mostraban órganos sexuales. El quinteto se manifestó también a favor de la conservación de los derechos de la libertad civil, que en su opinión peligran bajo el nuevo gobierno estadounidense.
Asimismo han solicitado a sus fans en la Unión Americana que lleven alimentos a los conciertos. En Boston, por ejemplo, reunieron de esta manera 20 toneladas de comida –principalmente latas y otros abarrotes no perecederos–, las cuales fueron repartidas entre los pobres y las personas sin hogar de todo el estado de Massachusetts.
Según Steven Tyler, «La gente que vive en la calle me da muchísima lástima. Cuando andamos de gira, muchas veces visitamos los asilos para personas sin hogar y repartimos comida. Eso ayuda a no reprimir la realidad, como gustan de hacerlo las corbatas instaladas en el piso 23 de alguna torre de oficinas. No es posible soslayar estos problemas”.
Con su llamada nueva época (la cual se puede decir empezó cuando el grupo volvió a juntarse en 1985 o en otra reunión posterior), Aerosmith está tratando de tocar un rock más duro y de hacer buenas baladas. Eso es todo. Su sonido está volviendo al origen. Después de grabar Just Push Play, les pareció que varias piezas se habían alejado demasiado de sus raíces. Eso lo quisieron prevenir con ocasión de Honkin’ on Bobo, y eso se debió la influencia más clara del blues y del rhythm and blues.
Hoy 50 años después, Aerosmith suma y sigue evangelizando…
Todo comenzó como un sexteto, pero la rapidez del tiempo y la diversidad lo dejaron en quinteto. Así es ahora Foals, un proyecto alternativo –como la época misma— que triunfó por la síntesis de quienes vinieron a conformarlo: The Edmund Fitzgerald, Youthmovie Soundtrack Strategies y Face Meets Grill. Miembros procedentes de estos tres grupos se integraron para conformar uno solo que les despejara la cabeza de cosas musicales más serias.
Foals surgió de la necesidad de airearse del math rock del cantante Andrew Mears. A él se unieron los otros en dicha necesidad. Pero la agrupación comenzó a grabar una serie de demos y a ser llamada para ambientar las house parties universitarias y los nu-raves.
El exceso de trabajo entre uno y otro proyectos le impidió al vocalista seguir con la banda y se regresó a terminar la producción de su grupo primario, Youthmovies.
La salida de Mears provocó que Yannis Philippakis, uno de los guitarristas, se quedara como voz principal y con la directriz del nuevo rumbo. Fue con él con quien Foals grabó su primer sencillo promocional, el exitosísimo “Hummer”, un corte que redifiniría el sonido de la banda hacia una mezcla más bailable.
El disco con el que marcaron su aparición no contiene ni esta pieza ni su segundo sencillo “Mathletics” ya que querían que la aprobación pública no dependiera de dichos temas anteriores
Como estrategia publicitaria, y de manera adicional a su debut discográfico, se hizo una edición especial que contiene un bonus CD extra con versiones en vivo y ese par de canciones que fueron omitidas de manera “misteriosa” del álbum de estudio, y que ya habían salido como sencillos previamente: “Hummer” y “Mathletics”, ambas evidencian el origen más bailable de esta agrupación.
El math rock, un subgénero cuyo estilo se caracteriza por la complejidad de sus ritmos y la experimentación y rareza de las estructuras, espacios y tempos (y cuyo nombre se debe a que los músicos utilizan las matemáticas para encontrar la creatividad al momento de escribir), era la sustancia de las bandas originales de la mayoría de los ahora integrantes de Foals, pero ese es tan sólo uno de los ingredientes con los que el grupo dotó su rico y bailable material.
Con el tiempo “Hummer” comenzó a crecer en popularidad y en consecuencia también la banda, la cual logró espacios en los festivales alternativos de ambos lados del Atlántico.
Y para cerrar con broche de oro el año de su formación (2007) tocaron en el Late Studio de Jools Holland, un popular programa de la televisión británica, donde expusieron su nuevo estilo ante una audiencia masiva.
VIDEO SUGERIDO: Foals – Hummer – BBC Radio One Big Weekend 2008, YouTube (crouchfj)
Foals se fundó en Oxford, Inglaterra, donde se ubica la universidad de la que son egresados los miembros del grupo, la otra fuente es la Universidad de Hull.
En el 2008 debutaron en la escena musical con el álbum Antidotes, una propuesta fresca y danzarina que les ganó los titulares y portadas de las revistas especializadas. Su dance-punk se ornamenta con tintes oscuros de techno, pero con un toque movido al que agregan una complejidad casi experimental.
La mixtura de Foals contiene una pizca generosa de indie guitarrero, una pincelada de techno, una buena ración de math, algo de ska y salpimentado todo con afrobeat.
Todo ello compone una base perfecta de poder, a cuya receta no le faltan las guitarras limpias y potentes, ritmos rockeros, baterías contundentes y sobre todo mucha diversión. Una música que cada vez que se le escucha tiene mejor pinta.
El resultado de sus combinaciones musicales fue un disco que dio nueva vida a un subgénero que en cada oportunidad sigue sorprendiendo por sus metamorfosis hacia lo vanguardista y original.
Con un debut espectacular en todos los sentidos, la música de Foals es una muestra inequívoca del enorme potencial de estos ingleses eclécticos, cuyo mínimo común denominador es muy alto y goza del ejemplo de canciones magistrales como “Like Swimming”.
Las influencias del grupo provienen, además del math (encabezado por Sweep the Leg Johnny) y el afrobeat, del trabajo de bandas techno como Monolake y del pop comercial.
Asimismo, han dicho que para todos ellos el compositor minimalista Steve Reich es “el mejor músico de todos los tiempos”. Además sienten que tienen afinidades con grandes grupos como Radiohead.
Foals ha ido más allá en sus afanes musicales y de diversión no únicamente estética sino también en concreto. Es magnífico escuchar guitarras y baterías rítmicas y sentir que las piernas comienzan a moverse con rapidez, hechizadas por el beat imparable de una melodía que se convierte en un sonido que invita a bailar. El ejemplo del tema “Cassius” es contundente. Este segundo sencillo del disco es vibrante, con trombones sonando al unísono con los riffs pesados de guitarra.
Pero si la música busca la diversión física, el bagaje universitario del grupo, cuyo líder manifiesto es Yannis, se expresa a través de letras nebulosas y una lírica a menudo de lo más denso y abstracto. No en vano el mencionado cantante y compositor estudió en la Universidad de Oxford la carrera de Lengua y Literatura Inglesas. El nivel cultural no puede negarse y eso riega su material para enriquecerlo.
La exposición ante los discos de Foals o alguna de sus piezas pone en primer plano la atmósfera que van creando progresivamente, una que es tan envolvente que deja encuerados proyectos similares de otras latitudes.
Incluso habiendo renunciado el grupo a incluir en su álbum debut algunos de sus temas más conocidos, el grueso del material resulta firme y sólido, amparado en la elaborada desestructura de las canciones, el sonido acuoso de las guitarras y la fuerza de las baterías y los coros. Foals es una magnífica propuesta del siglo XXI.
VIDEO SUGERIDO: Foals – Balloons (video), YouTube (wearefoals)
En 1980, el gobierno de Polonia aceptó a los sindicatos libres.
Irak declaró la guerra a Irán.
Ronald Reagan ganó las elecciones para acceder a la presidencia de los Estados Unidos.
Se estrenaron las películas American Gigoló, Gloria y All That Jazz.
Malcolm McLaren, artífice del fenómeno Sex Pistols, fue el descubridor de Anabella Lwin, una adolescente llena de magnetismo sexual que trabajaba en una lavandería. Para ella creó el grupo Bow Wow Wow, e ideó su imagen para conectarse con las nuevas generaciones. Su primer sencillo fue una muestra de anarquismo contra la industria discográfica. El grupo editó un cassette en vez del tradicional LP.
The Clash tuvo un buen año. Sobrevivientes del fenómeno punk, escandalosos y vanguardistas, muy conscientizados políticamente e incluso revolucionarios, consiguieron ser declarados como uno de los mejores grupos de 1980, tanto en el aspecto discográfico como en el de actuaciones en vivo. Con Sandinista, un triple LP que se puso a la venta al precio de un solo disco por decisión propia, irritaron no únicamente a su compañía, sino a toda la industria discográfica.
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Ante la aparición de nuevos estilos, el heavy metal también adquirió renovados bríos. El grupo australiano AC/DC inició una escalada vertiginosa de la mano de su líder, el guitarrista Angus Young, que no pudo parar ni la muerte repentina por exceso de alcohol de Bon Scott, el cantante, que fue sustituido rápidamente por Brian Johnson.
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La edición del álbum The River marcó el retorno discográfico de Bruce Springsteen, después de más de tres años sin grabar por disputas legales con su ex compañía. Toda la pasión e imaginación del guitarrista y cantautor estadunidense quedaron reflejadas en las magníficas canciones contenidas en el LP.
Este artista y sus músicos, la E-Street Band, ofrecieron el mejor rock del año, cargado de vitalidad y frescura. The River fue uno de los discos más vendidos y Springsteen se convirtió en rockero estelar, capaz de cautivar a las audiencias de todo el mundo y ofrecer una calidad musical fuera de duda.
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Chrissie Hynde, originaria de Ohio, fue la artífice del rápido ascenso de los Pretenders, elegido como uno de los grupos más influyentes por las revistas especializadas Rolling Stone, Creem y Melody Maker. Su primer LP homónimo, aparecido en 1980, reveló de una forma contundente el talento de Hynde, guitarrista, cantante y dotada de una especial sensibilidad como compositora, capaz de crear con notables resultados lo mismo románticas baladas que pegadizos rocanroles.
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En 1980, el rock tuvo varias y trágicas desapariciones: John Lennon, John Bonham de Led Zeppelin e Ian Curtis de Joy Division.
VIDEO SUGERIDO: Pretenders – Brass In Pocket (Live Rehearsal) (1979) (HD), YouTube (MadFranko008)
El líder y mente maestra del grupo Eels (M. O. Everett) es un tipo ordinario. Tan ordinario como un hombre lobo (con el que gusta compararse); como alguien que tuvo un padre (Hugh Everett III, científico que propuso la teoría de los universos paralelos en la física cuántica) con el que nunca hubo diálogo alguno ni contacto, y al que únicamente estrechó cuando aquél moría en el suelo de un ataque cardiaco.
Tan ordinario como el que se vuelve testigo en orden sucesivo de la Muerte: de la madre cancerosa, de la hermana adicta, esquizofrénica y suicida, de los parientes victimados por el terrorismo, de los amigos y representantes enfermos y accidentados.
Tan ordinario como el que hace de tripas corazón y escribe canciones tristemente agridulces en dosis pequeñas de oxímoron para no enloquecer y bajo distintas metamorfosis (como E, Mr. E o Eels, con un puñado de discos en su haber).
Tan ordinario como la estrella del rock que es y que escribe una biografía de sí mismo de manera directa, llana, evitando la autocomplacencia o la construcción literaria de su vida, con humor y sin tapujos trágicos; con ánimo de trascendencia para alguien solitario y huraño, que no quiere tener hijos y para explicación de sus propios nietos: Things the Grandchildren Should Know (Cosas que los nietos deberían saber)
Este cantante, compositor y multiinstrumentista estadounidense (nacido el 10 de abril de 1963, en Virginia) es pues la quintaesencia de un yo ordinario.
Ralph Waldo Emerson, uno de los filósofos, ensayistas y escritores de la Unión Americana más influyentes del siglo XIX (época en la que se inscribe la raíz conceptual del ideario rockero), potenció con sus ideas y escritos la importancia del “yo”.
Anunció de esta manera el consecuente programa del pensamiento panteísta al declarar que: «El hombre es un pedazo del universo hecho vida. Propiamente dicho no hay historia, sólo biografía”.
En la biografía, o sea en el estudio del yo, también se excluye la posibilidad de la tragedia, puesto que uno mismo es su Creador.
En el rock el elemento trágico –el enfrentamiento con alguna deidad o el cosmos– es erradicado por las explosiones de energía autosustentadora de que se abastece el género.
La muerte, las lágrimas y la derrota ocupan muchas de sus letras (que no niegan que exista dolor en el mundo; al fin y al cabo, ha elegido al blues como su influencia predilecta), pero siempre van envueltas en una singularidad de palabras y música que al final busca más la ironía que otra cosa.
En el rock no cabe la catarsis espiritual de la tragedia sino la del drama que tiene que ver con su física: con la grabación en vivo, el concierto o el baile.
Algunas de sus letras más lúgubres han acompañado los mejores ejemplos musicales. Uno de estos es el que encarna la voz de Eels, músico que ha hecho con sus canciones y libro ejemplos de tal postura estética.
El arte rockero de tamaño líder aspira a lo que Edgar Allan Poe (uno de sus héroes románticos) llamó «Unidad de Impresión».
Ésta es la coherencia emocional en el yo que experimenta la obra, es decir la buscada confusión de los diferentes “yos” que hablan y se interfieren en la reinterpretación de la vida personal.
Ése es en definitiva uno de los encantos de la música de Eels, una de sus concreciones. Las letras de sus canciones y el texto autobiográfico mencionado constituyen el modo natural de expresión para su estética particular.
Y no sólo por ser los medios de la expresión de sí mismo, sino porque son lo bastante cortas (canciones y libro) para poseer tal «Unidad de Impresión».
Los estallidos de cuatro minutos (en promedio) de sus piezas –sobre todo cuando se vuelve protagonista bajo el seudónimo de Eels– y las palabras contenidas en las 250 páginas que componen su biografía representan la encarnación popular más reciente en el rock de la estética romántico-panteísta de la línea Emerson-Poe, en su trato con el drama de vivir como un hombre ordinario.
Los seres humanos nacemos sin un manual de instrucciones para funcionar, pero el arte, y sobre todo la música, son una opción para conseguirlo. En eso se ha convertido la discografía de Eels. Su más reciente obra, The Deconstruction, posee todos los elementos para ser una guía ejemplar.
¿Cómo convertirla en tal cuando, finalmente, no es más que un álbum de rock?, diría un filósofo ortodoxo. La viabilidad de ello dependerá de cada uno de los escuchas, de su bagaje y experiencia vital. Por lo tanto las posibilidades serán variadas. Sin embargo, lo importante básicamente es saber que se está frente a un compilado de buenas canciones, y las buenas canciones (las auténticas, las personales hechas de flesh and blood) siempre consiguen un lugar en nuestro soundtrack particular, las historias que cuenten serán recordadas.
The Deconstruction, está integrado con un puñado de temas cuyas melodías, tal y como ha sido el largo historial de Eels (con una ya larga decena de álbumes), se aferran a la memoria cada una a su aire. Desde la apertura, con la que da nombre al disco, la emotividad que despliega surge potenciada por un rock barroco que va más allá de meramente decorativo (el autor jamás ha usado tal recurso). Es la llave que abre la puerta hacia lo esencial.
Y lo esencial transcurre de manera natural, sin aspavientos. Es la mirada primera, la positiva hacia el comienzo de la jornada: Today Is the Day, representa eso envuelto en un rock puro, que manifiesta que cualquier día puede ser el señalado para aceptar que la vida, a pesar del caos del que parece brotar y mantenerse, vale la pena ser experimentada a plenitud.
Por otro lado no hay candidez, ni peca de ingenuidad. La lírica de Eels sabe también que la posibilidad amenazante del dolor está ahí, agazapada siempre a la sombra de cualquier alegría, pero elige el humor para afrontar tal incertidumbre o la certeza del rompimiento en una relación, como en “Bone Dry”, otra muestra del rock que posee el autor, y el grupo a final de cuentas.
En el 2014, Eels se tomó un receso para que todos sus miembros se dedicaran a otros asuntos. A ese periodo es al que Everett llamó The Deconstruction, una historia en la que se filtra el segundo lustro de la segunda década del siglo XXI, el espíritu de los tiempos que corren, totalmente fragmentado.
El disco se ha fraguado en el fuego de un estilo que se conserva indeleble a pesar del paso de los años (desde 1996) y los sube y bajas emocionales. Grupo y álbum mantienen la sobriedad vital, en los textos y en la música. Lo cual nos recuerda que una canción, a pesar de su brevedad, también puede ser un instructivo existencial.
VIDEO SUGERIDO: Eels – You Are The Shining Light – from THE DECONSTRUCTION, YouTube (OfficialEels)
En 1979, el Ayatollah Jomeini regresó a Irán tras 14 años de exilio y con él la prehistoria mental.
Las fuerzas armadas de Tanzania invadieron Uganda para derrocar al ínclito dictador Idi Amín.
Margaret Thatcher fue la primera mujer que alcanzó el cargo de Primer Ministro en la Gran Bretaña. Las consecuencias aún no terminan.
Se estrenaron las películas Alien, El francotirador y Manhattan.
En 1979, el punto central de Blondie, un sexteto de estilo New wave de Nueva York, era la atractiva cantante Debbie Harry, quien junto con el guitarrista Chris Stein había fundado al grupo. Mucho antes de ganar popularidad en la Unión Americana, hizo su aparición en el mercado británico con un álbum producido por Mike Chapman, que alcanzó un lugar dentro de los diez primeros gracias al hit «Picture This».
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En la siempre creciente descendencia de la nueva ola británica, Siouxsie and The Banshees figuraron entre los grupos que más hicieron notar su presencia en las listas de favoritos; éstos comenzaban a reflejar los cambios musicales y a poner en primer plano a sus futuras estrellas.
The Knack era un grupo pop de Los Ángeles cuyo primer álbum, Get the Knack, voló hasta el número uno, donde se mantuvo por cinco semanas. El sencillo «My Sharona» encabezó a su vez las listas durante un poco más de tiempo. Su espectacular irrupción fue igual de sorprendente que su desaparición.
La corriente del blue beat sentó sus reales en la Gran Bretaña bajo los auspicios del sello 2 Tone, con dinero aportado por un hombre de negocios de la localidad de Coventry. Madness, junto a otros grupos como Specials o The Beat, contribuyeron con su música para hacer de dicha marca uno de los más sólidos sellos discográficos británicos.
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De los grupos que saltaron a la fama en aquel año estaba Police, un trío poderoso y dinámico que incluía al percusionista Stuart Copeland; al guitarrista Andy Summers y al bajista-compositor-cantante Sting, quien después de fracasar en varios conjuntos de Newcastle había llegado a Londres en busca de compañeros más idóneos.
Aunque durante el apogeo de la nueva ola lograron atraerse una considerable audiencia, no fue sino hasta 1979 que su perseverancia triunfó internacionalmente. Police se convirtió de la noche a la mañana en un conjunto de estrellas, con especial énfasis en Sting.
VIDEO SUGERIDO: The Police – Message In A Bottle Video, YouTube (ThePoliceVEVO)
La prensa underground de la actualidad que conocemos comenzó su historia en la primera parte de los años sesenta en los Estados Unidos. Dicho medio de comunicación estuvo destinado a una audiencia masiva, con formatos nada caros y de fácil proceso. Su lectura de arribo directo se caracterizó por un lenguaje muy coloquial y de original presentación.
Económicamente independiente, se propagó a sí misma y con un éxito insospechado. Las opiniones sustentadas en su interior eran radicales con respecto a la problemática popular y sobre todo en su divulgación.
La historia de esta prensa ha sido versátil pero sin menguar en su desarrollo, a pesar de todos los factores que actuaron desde entonces en su contra, y sobre todo ha sabido adaptarse a los tiempos. Los movimientos juveniles y sociales más importantes de las últimas décadas han pasado primero por sus páginas para una vez maduradas estallar en plena cara de los sistemas, mostrando las voces de culturas alternativas para la supervivencia, la identidad y la autonomía de nuevos pensamientos, tanto en la política como en el estilo de vida.
En esa prensa underground surgieron igualmente los cartoons, las tiras cómicas clandestinas que con el paso de los años se han hecho tan famosas por sus aportaciones a los diversos movimientos. Uno de los grandes mitos de la contracultura sesentera es el hacedor de cómics Gilbert Shelton, el creador de los inefables Freak Brothers, los personajes que hicieron tanto por el espíritu de los sesenta como Woodstock o Jimi Hendrix.
El fabuloso trío del cómic se sorprende a sí mismo por su capacidad de poder vivir junto durante tanto tiempo. Aunque en sus aventuras lleguen a separarse, finalmente terminan por volverse a reunir en la misma habitación. Esta genial incapacidad para la separación es un guiño prometedor en cuanto a la continuidad de las tiras que Shelton elaboró durante 30 años (la primera etapa fue de 1968 a 1997) y hoy en suspense.
Pasara lo que pasara, este trío de irresponsables siguió haciendo su regalada gana.
Nunca se sintieron enfermos, ni envejecieron en absoluto y se mostraron del todo ajenos a los problemas de la mortalidad: Freewheelin’ Franklin, listo y conocedor de los códigos callejeros; Phineas T. Freakears, activista liberal e informado; Fat Freddy Freekowtski, una especie de Sancho Panza del trío y, el gato de Fat Freddy, un personaje al estilo de Lewis Carroll, que como un spin off tiene aventuras particulares.
Shelton, su creador, nació en Dallas, Texas, el 31 de mayo de 1940. Comenzó su actividad como dibujante en la universidad para la revista Texas Ranger, ganando cien dólares por cartón publicado. En aquella época le bastaba para vivir, tomarse todas las cervezas que quisiera y asistir a todos los reventones estudiantiles. Ahí conoció a Janis Joplin, quien ayudaba en ese entonces a vender la revista en el campus universitario.
La sistemática crítica emitida en la publicación motivó su cierre por parte de las autoridades universitarias. Shelton después trabajó de manera independiente en el periódico Austin Iconoclast y se metió a estudiar arte moderno.
A la postre se mudó a Nueva York, en donde creó a su primer personaje, Wonder Wart-Hog. Las influencias de Shelton fueron las de su tiempo: Chester Gould (Dick Tracy), Chick Young (Blondie), Harvey Kurtzman (editor de Mad), Carl Barks (creador de Rico MacPato) y John Stanley (autor de La pequeña Lulú).
De regreso a California en 1967, asistió a una doble función de cine de los Hermanos Marx y Los Tres Chiflados. Ahí fue donde pensó que podría tratar de hacer un cómic, y así nacieron los Fabulous Furry Freak Brothers.
Su primera aparición fue a fines de 1967 y se publicó en un periódico underground, The Rag, en Austin. El greñudo trío comenzó a darse a conocer en gran medida gracias al Underground Press Syndicate (que abarcaba los periódicos Los Angeles Free Press, Berkeley Barb, East Village Other, San Francisco Oracle, Fifth Estate y Paper, y que se erigió en 1966), el cual autorizaba la reproducción de los textos y los dibujos a todos los miembros del sindicato.
Si bien este sistema favorecía la difusión de los trabajos (en Playboy y High Times), no daba ni un centavo a los autores, así que Shelton se fue a San Francisco para vivir como diseñador de pósters y fundas de discos (una de las más famosas es la de Shakedown Street de Grateful Dead). Ahí conoció a Robert Crumb, iniciador de la revista antológica del cómic underground llamada Zap, y reinició su actividad en este sentido.
Junto con Fred Todd, Jack Jackson y Dave Moriaty, fundó Rip Off Press, con la idea de cobrar un poco más de regalías. Se instalaron en el desván de la antigua Mowy’s Opera de San Francisco. Compraron una vieja prensa offset y lanzaron de nueva cuenta a los Freak Brothers. Éstos representaban el espíritu antiautoritario por excelencia, inscritos dentro del concepto propagado por Mark Twain en Huckleberry Finn. A la gente le encantó este tipo de lectura y los Freak Brothers se afianzaron hasta niveles internacionales.
En 1971, Shelton reunió el suficiente material para la primera compilación de las historias de estos tres greñudos, que se llamó The Collected Adventures of the Fabulous Furry Freak Brothers. Despegó así el vuelo de lo que sería una de las obras maestras del cómic de los Estados Unidos en la época contemporánea. En 1988, esta primera recopilación tuvo su decimonovena reimpresión en Rip Off Press. Una segunda colección siguió en 1972, lo mismo que cinco tomos más hasta 1982, todos en blanco y negro.
Por otra parte, la delirante vuelta al mundo de los Freaks, The Idiots Abroad, publicada en tres partes desde 1984, está disponible para todo aquél que cuente con suficientes dólares. Las tribulaciones de Fat Freddy, Freewheelin Franklin y Phineas hasta la fecha se han traducido a 25 idiomas, y si uno tiene en cuenta todas las formas de publicación alrededor del mundo desde su nacimiento, los Freak Brothers han sido comprados cerca de diez millones de veces. A esto indudablemente habría que agregar el éxito de Freddy’s Cat (el gato malandrín del gordito).
Entre más años pasan, más los Freak Brothers se sustraen al tiempo. Si bien su comportamiento y sus motivaciones pueden remitirse en forma directa a los años sesenta, los tres personajes de Shelton se fueron sublimado, liberándose de las trabas que le impedían a la obra superar las épocas. Otros factores que han contribuido a ello han sido la propia marginalización del trío y su ligazón constante a la prensa underground y las pequeñas sociedades editoriales de tirajes cortos, pero regulares. Esto, entre otras cosas, ha convertido a los Freaks en un clásico del cómic.
En lugar de reducir su trío a nada, como se haría en el mundo normal con el tiempo, Shelton los canalizó a una situación esencial dónde establecer sus relaciones, misma que los une a la existencia como personajes imposibles, pero nunca lo suficiente como para que el mundo les gane regularmente.
En la medida en que los Freaks se resisten a las agresiones de éste, sus aventuras se resisten al tiempo; una pequeña recompensa para aquéllos cuya más mínima aspiración de paz o de eternidad por lo general se traduce en un gesto fenomenal de energía.
Ahora, desde su domicilio en el bulevar Voltaire de París (luego de pasar por Barcelona un par de años), Shelton sigue moldeando el futuro de sus tres creaciones. «Con frecuencia me ha parecido que el humor está cerca del alcohol ‑‑comentó para el periódico Rat hace años–. Tal vez por eso sea que a menudo lo he sustituido por la hierba, que también brinda muchas posibilidades cómicas. Sí hay mucha droga en mis historias, pero los Freak Brothers no se encuentran en contacto directo con el verdadero mundo de ésta».
Shelton no ha considerado abandonar a los Freaks, los cuales por cierto pueden encontrarse con regularidad en el periódico Flag, el tipo de publicación para el cual ha gustado colaborar desde siempre. El proyecto que empezó a tomar forma y que lo tuvo ocupado durante algunos años fue una película protagonizada por ellos. Después de haber vendido los derechos tres veces, la última de éstas a la Universal Pictures (que no hizo nada durante seis años), otra vez el autor volvió a recuperarlo en este sentido (el filme Grass Roots, con todas sus peripecias para realizarla, sería después otra y larga historia).
Los Freak Brothers continúan con vida, lo mismo que Gilbert Shelton, ambos sendas leyendas.
VIDEO SUGERIDO: Gilbert Shelton draws The Fabulous Furry Freak Brothers, YouTube (Paul Wilson Bonner)