BIBLIOGRAFÍA: PUNK

Por SERGIO MONSALVO C.

PUNK (PORTADA)

MOVIMIENTO Y ATENTADO*

El punk no fue un cometa que apareciera de la nada y luego se esfumara sin dejar rastro alguno. Es (todavía) un fenómeno socio-musical con una larga estela tras de sí. En lo musical sus muy básicos cuatro acordes y ritmo tienen un pasado y un futuro.

(En sus orígenes los grupos punks tocaban una música acelerada, brutal, eléctrica, patizamba y violenta. Como no dominaban muy bien sus instrumentos, dieron pie a un auténtico caos sonoro. La estética punk, a su vez, motivó una cultura diferente)

Solventado el asalto sorpresa, los pioneros punks de la primera hora se convirtieron en los mártires de un movimiento que, en forma subterránea y a través de coloridas etapas, continuó su desarrollo hacia una subcultura dividida y delimitada, dentro de la cual han podido subsistir una al lado de la otra como interpretaciones muy distintas entre sí del concepto punk, tanto en cuanto a la dirección musical como al contenido y las características externas.

El elemento que las une es en la actualidad, además de su condición de vida, la verdadera herencia de la revuelta original del punk: su funcionamiento único como alternativa independiente y por completo autosuficiente frente a la industria establecida.

El punk reveló rencores, temores, odios y deseos tan intensos que su aparición amenazó la legitimidad del orden social y descubrió su carácter tiránico.

Uno de los legados más importantes del punk se expresa con tres palabras: Do it Yourself (“hazlo tú mismo”). A principios de los años ochenta, las compañías disqueras independientes se multiplicaron y durante las décadas siguientes brindaron una oportunidad a nuevos grupos de los que nadie había oído jamás. Productos de una escena alternativa activa y prolífica.

La gran moda punk no costó casi nada y dio a conocer a los inconformes, porque ¿a dónde quería llevar la revuelta preconizada por Sham 69, los Pistols o Clash? A destituir a la reina Elizabeth y su régimen, que privilegiaba a los ricos.

Fue el regalo que se le deseaba presentar en el año de su Silver Jubilee, sus 25 años de reinado pomposo. Por todas partes, los graffiti anunciaban la tónica: “Stuff the jubilee«. Y Rotten bramaba: “God save the Queen and the fascist regime/ It made you a moron”. Crimen de lesa majestad. Nunca se difundió por la radio ni por la televisión.

De tal manera, representaron un medio instintivo para un ataque mucho más perturbador contra el sexo como la mixtificación tras el amor, contra el amor como la mixtificación tras la familia, contra la familia como la mixtificación tras el sistema de clases, contra el sistema de clases como la mixtificación tras el capitalismo y, finalmente, contra la noción misma del progreso como la mixtificación última tras la propia sociedad occidental de la era postindustrial.

Estas cuestiones —y hubo muchísimas más— resultaron en una tensión extraordinaria, una excitación sostenida, una rasgadura social con un torrente de música memorable, un desfile de héroes, mártires, traidores y fraudes y una oportunidad casi ilimitada para el arte popular.

*Fragmento de la introducción al texto Punk: Movimiento y Atentado, de la Editorial Doble A, que se publicó íntegro, como serie por entregas, en el blog Con los audífonos puestos, en la categoría “Punk”.

Punk

Movimiento y Atentado

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A/

Con los audífonos puestos (blog)

Colección “Textos”

The Netherlands, 2020

Exlibris 3 - kopie

BABEL XXI-504

Por SERGIO MONSALVO C.

BXXI-504 (FOTO 1)

TARJETA POSTAL

UNA ESPECIE EXTINGUIDA

Programa radiofónico de Sergio Monsalvo C.

Exlibris 3 - kopie (2)

BIBLIOGRAFÍA: ÉSTE ERA UN GATO…

Por SERGIO MONSALVO C.

ÉSTE ERA UN GATO...

(RELATOS)*

Un día llegó a vivir al edificio un nuevo inquilino. Era músico, trabajaba por las noches y dormía durante el día. Antes de irse a trabajar, al caer la tarde, ponía en su aparato de sonido un disco de blues. Siempre el mismo. Nos dimos cuenta, luego de un tiempo, de que el gato en esos momentos se metía nuestra recámara y se subía a la otra ventana, que daba a un cubo de luz en el interior del inmueble.

“Se sentaba con la mirada fija al frente y movía lentamente la cola. De vez en cuando se lamía una de las patas traseras como curándose una vieja herida. Al terminar una canción, la misma, se bajaba del alféizar y se iba al sillón de la sala. Se enroscaba y dormía durante horas…”

*Fragmento de uno de los textos que integran el volumen Éste era un gato…, publicado por la Editorial Doble A, y de manera seriada a través del blog Con los audífonos puestos.

Éste era un gato…

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Textos”

The Netherlands, 2021

Contenido

Cat’s Blues

Demóstenes

Esperanzas

Éste era un gato…

Gato encerrado

Infatuación

Who Are You?

Exlibris 3 - kopie

BIBLIOGRAFÍA: ELLAZZ (.WORLD) VOL. II

Por SERGIO MONSALVO C.

ELLAZZ (.WORLD) VOL. II (PORTADA)

LA MUJER EN EL JAZZ*

Durante muchos años, las cualidades necesarias para adentrarse en el mundo del jazz se consideraron prerrogativas netamente masculinas. Entre ellas estaba una agresiva confianza en sí mismo, con la disposición a lucir e imponer la capacidad y potencia de interpretación en el escenario. Otra era la concentración exclusiva en la profesión, incluyendo ausencias frecuentes de casa y el derivado abandono de la familia.

A lo ya mencionado se agregaba la capacidad de moverse en ambientes difíciles y peligrosos, como lo eran los clubes nocturnos, infestados de vicios y administrados muchas veces por gángsters. Con frecuencia a las circunstancias mencionadas se sumaba la posibilidad de beber vastas cantidades de alcohol, ingerir drogas duras o las dos cosas juntas, según el caso, sin dejar de tocar de manera coherente hasta el amanecer del siguiente día.

En el pasado, una mujer decidida a formar parte de la comunidad de músicos y a no dejarse intimidar por dicho ambiente duro e impregnado de humo, en el que los compañeros de trabajo solían ser puros hombres, con frecuencia tenía que pagar el precio de su osadía, con costos tendentes a ponerla en su lugar, tales como la pérdida de su respetabilidad, la cual encabezaba la lista, además de la desaprobación social y familiar, y a veces ser relegada al ostracismo.

*Fragmento de la introducción al libro Ellazz (.World) Vol. II, publicado por la Editorial Doble A, y de manera seriada en el blog Con los audífonos puestos.

Ellazz (.World) Vol. II

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Palabra de Jazz”

The Netherlands, 2020

Contenido

Jesse (Relato)

Esperanza Spalding

Hülsman-Lavergnac

India

June Tabor

Karrin Alyson

Lisa Bassenge

Lynn Arriale

Madeleine Peyroux

Exlibris 3 - kopie

LA MUERTE EN EL ROCK (I)

Por SERGIO MONSALVO C.

LA MUERTE EN EL ROCK (PORTADA)

ELVIS

EN EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS*

En 1956 la muerte entró como tema en las canciones del rock and roll. Y lo hizo a través de quien haría de ese año su año: Elvis Presley. La figura de Elvis, desde el momento de su aparición en la escena musical, se constituyó en un icono cultural generador de tópicos.

El de la muerte fue uno que se sumó a los del peinado, el movimiento de los labios, el uso de la ropa, el micrófono, la postura en el escenario, la guitarra como escudo, lanza y estandarte, los movimientos corporales, la estridencia del rock & roll star, la vida como tal, etcétera, etcétera. Con él comenzó prácticamente todo y de él derivó también prácticamente todo. Las leyendas surgidas del género en uno o varios aspectos lo tienen a él como referencia definitiva. Es el hito y el mito por excelencia.

Well, since my baby left me,

I found a new place to dwell.

It’s down at the end of lonely street

At Heartbreak Hotel

El 10 de enero de 1956, sólo dos días después de haber cumplido los 21 años, Presley entró a los estudios de la compañía RCA en Nashville para grabar sus primeros tracks para un sello importante. Aquella primera sesión produjo un tema que haría época, “Heartbreak Hotel”, uno de los discos más impactantes del rock que se hayan editado jamás. La canción había sido compuesta entre Mae, la madre de Hoyt Axton (cantante y compositor country), Tommy Durden y Elvis, y evocaba una visión de desesperanza sepulcral absoluta.

Nada en el horizonte musical de aquel tiempo insinuaba siquiera un grado de desolación semejante. La interpretación de Elvis resultó extraordinariamente madura y conmovedora, evitando de manera resuelta cualquier actitud histriónica para aceptar, con dolor y resignación, una soledad equivalente a la muerte.

El trabajo escueto pero enfático de Floyd Cramer en el piano enriqueció el ambiente de la pieza, captada por una producción minimalista muy apropiada. El carácter original e intenso de “Heartbreak Hotel” cautivó primero al público de la Unión Americana y lo mantuvo como sencillo en el número uno de las listas de éxitos durante el largo y asombroso periodo de ocho semanas.

En forma independiente a sus logros posteriores, Presley se reservó un lugar en la historia del rock por uno de los mejores discos debut realizados por artista alguno con una disquera de tal magnitud. En el mismo mes que grabó “Heartbreak Hotel”, Elvis apareció por primera vez en la televisión estadounidense, a nivel nacional, para mostrar sus movimientos abiertamente sexuales a un confundido público adulto, cuya supuesta indignación llevó a los productores a realizar tomas de la emergente estrella de la cintura para arriba. Lo demás se volvería historia.

And although it’s always crowded,

You still can find some room.

Where broken-hearted lovers

Do cry away their gloom.

En los dos años siguientes, el rock & roll se consolidó como género y se extendió como una nueva (contra)cultura por todo el mundo. Elvis Presley fue el adalid y la imagen constitutiva del movimiento e impuso sus huellas por doquier. Sin embargo, el status quo no se iba a resignar tan fácilmente ante la avasalladora presencia.

La ideología dominante, el talón de aquiles presleyano, necesitaba someter al héroe y, como en cualquier choque cultural, lo puso en la palestra: fue llamado a filas durante la intervención norteamericana del momento.

Elvis no murió en el frente (el sistema tampoco era tonto y no iba a permitir que un filón de oro como aquél desapareciera sin más del mapa), pero se desvaneció el rockero primigenio, el esencial, que se elevó a la categoría de guía parnasiano y que no volvería a encarnar en él.

De ahí en adelante como personaje mítico sería sacrificado una y otra vez (en otros cuerpos, con otros nombres) en castigo por haber incendiado los espíritus. Mientras, Elvis —el humano— sería domesticado, cuasi rapado y convertido a la larga en un cantante de variedad y películas lastimosas. El hecho se constituiría de forma metafórica en la primera “muerte” ritual dentro del género, pero no del rock mismo. Éste ya había trascendido a los individuos. El año, 1958.

“El rock and roll llegó para quedarse y no morirá nunca”, cantaron Danny Rapp y los Juniors en 1959, luego de las inesperadas y trágicas muertes de Big Bopper, Buddy Holly y Ritchie Valens en un accidente aéreo. Danny Rapp deseaba crear algo parecido a un llamado a cerrar filas, a un himno para la generación. Sin embargo, y aunque no se erigió en tal himno, dentro de su candidez se puede denominar una auténtica declaración de fe, producto de una era caracterizada en igual medida tanto por su inocencia como por su ardor. La muerte era ya una presencia concreta.

Casi un cuarto de siglo más tarde, en 1983, no quedaba nada de aquella inocencia y ardor. Danny Rapp se encerró en la habitación de un motel en Arizona y se dio un tiro en la cabeza. El rock continuó. Rara vez es posible observar una ironía tan rica en dolorosas implicaciones. No tiene caso analizar la muerte de Danny Rapp. Es un tópico. El rock cobró otra víctima y expresó una verdad en forma tan sobrecogedora que se convirtió en un cliché más que evidente.

Además del sexo, las drogas y los cortes de pelo, la muerte ha dado el tono para el rock desde sus comienzos. Y tanto como otras decenas de aspectos cualquiera, vincula a Elvis Presley con los Rolling Stones, los Beatles, los Sex Pistols, Joy Division y Nirvana.

El rock sigue vivo, pero muchos de sus dirigentes puntales no. La mayoría han muerto jóvenes y algunos, tristemente, en condiciones absurdas: víctimas del abuso de las drogas y el alcohol, en accidentes automovilísticos y aéreos, por depresiones severas, suicidios y por otras causas inimaginables. Es ya una tradición añeja.

*Fragmento del ensayo “Elvis en el corazón de las tinieblas”, que forma parte del libro La Muerte en el Rock, publicado por la Editorial Doble A, y por entregas en el blog Con los audífonos puestos.

VIDEO SUGERIDO: Elvis Presley Heartbreak Hotel Live (1956), YouTube (John56517)

LA MUERTE EN EL ROCK (FOTO 3)

La Muerte en el Rock

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Textos”

The Netherlands, 2020

Exlibris 3 - kopie

BIBLIOGRAFÍA: ELLAZZ (.WORLD) VOL. I

Por SERGIO MONSALVO C.

ELLAZZ (.WORLD) VOL. I (PORTADA)

LA MUJER EN EL JAZZ*

Para escuchar a las mujeres en el jazz no bastan ni las expectativas ni los manierismos en el dibujo de lo esperado. Ellas generan con sus historias ese placer impagable del desarrollo histórico argumentado y cifrado en sus intersticios creativos, en los relatos biográficos, en las obras conseguidas. En líneas generales, las mujeres en el jazz no traicionan la poética del género como muchos pudieran pensar, es más, le insuflan un interés que trasciende las perspectivas habituales.

Uno escucha los discos de las jazzistas no tanto para saber cómo argumentan sino para disfrutar con su transcurso en la construcción del argumento. Esta es una manera de defender un género, desde su esencia Y buscar así el diverso ángulo creativo. Es decir, las mujeres tienen en el jazz el mismo problema que los hombres: la necesidad de un público.

El de las mujeres en este género es el arte de acomodar su música a unas leyes que a muchos oídos parecen infranqueables, tanto como una teoría cibernética. Y justamente es en esa maestría, en ese difícil arte de transitar por lo ignoto (original), tanto como por lo transitado (standard), con la sensación de la singularidad y la brillantez, donde estriba gran parte del atractivo mayor de sus propuestas.

Un tema como el de ellas en el jazz adquiere existencia gracias a la evolución constante de la que han sido capaces. Quienes se han sumergido en tal evolución las han contemplado a sus anchas y encarnado en la concreción de sus músicas, creando con tal circunstancia un armonioso y preciso encadenamiento de evocaciones, de recuerdos, que siempre sorprenden, y en lo que el tiempo pierde toda consistencia y no impone su rígido orden.

La serie Ellazz (.World) ha mostrado la complejidad y riqueza de sus vidas. Con sus ritmos propios y asociaciones entre imágenes, pensamientos, situaciones, sensaciones, amistades, ternuras, amores, nostalgias, y también miedos, ansiedades y a veces el logro del sosiego y la serenidad de lo ejecutado. Y no hay nada en sus discursos particulares que sea indiferente, todo cuanto compone la vida de una jazzista, aun cuando algo parezca nimiedad, adquiere una gran relevancia, cada instante de vida rememorado posee un enorme interés.

*Fragmento de la introducción al libro Ellazz (.World) Vol. I, publicado por la Editorial Doble A, y de manera seriada en el blog Con los audífonos puestos.

Ellazz (.World) Vol. I

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Palabra de Jazz”

The Netherlands, 2020

Contenido

Aki Takase

Andrea Parker

Anita O’Day

Aziza Mustafa Zadeh

Barbara Dennerlein

Bebel Gilberto

Dee Dee Bridgewater

Diana Krall

Dinah Washington

Eliane Elias

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BIBLIOGRAFÍA: EL NACIONAL

Por SERGIO MONSALVO C.

EL NACIONAL (FOTO 1)

(PERIÓDICO)*

“Las cosas como fueron: …a principios de los años 90 la sección de espectáculos del periódico El Nacional congregó a un equipo de colaboradores que hicieron de la crítica, la crónica, la reseña, la entrevista, el reportaje y el análisis del rock un asunto serio. (Algo similar se hizo con el jazz, el teatro, el cine, la radio, los videojuegos y hasta la pornografía). En adelante, otros periódicos comenzaron a prestarle mayor atención a un fenómeno que había sido tratado, la mayoría de las veces, como información de farándula.

“Dos páginas del diario de tamaño tabloide se destinaban semanalmente a examinar el rock desde los representantes del subterráneo hasta las superestrellas. Músicos nacionales y extranjeros desfilaron por las páginas en las que escribían: Jaime Bravo, David Cortés, Leonardo García Tsao, Sergio Monsalvo C., José Xavier Návar, Óscar Sarquiz, Xavier Velasco, un servidor y otros colaboradores esporádicos”. (Esto escribió el autor, músico y periodista Xavier Quirarte en el diario Milenio del 15 de enero del año 2020).

*Yo colaboré en las secciones de rock y jazz (con diversas columnas: “Fichero”, “Primera y Reversa”, entre ellas, en el primero; “Speakeasy”, en el último) del periódico El Nacional en la década de los noventa, desde el 26 de septiembre de 1990, inicialmente en la sección “Carteleras” con el texto “ABC: El Soul de los Ojos Azules” (pág. 12), hasta el cierre definitivo del periódico el 30 de septiembre de 1998, en el que apareció mi texto “Tortoise: Suma explosiva de genialidades” (pág. 54). Fueron más de 1000 colaboraciones las que hice para esta publicación en ambos géneros musicales.

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BIBLIOGRAFÍA: REVISTA BEMBÉ

Por SERGIO MONSALVO C.

BEMBÉ (FOTO 1)

(REVISTA)*

SON DEL MUNDO

                                                STEVE COLEMAN

EL TAM-TAM DE LA ESOTERÍA

Por SERGIO MONSALVO C.

Para realizar el proyecto The Sign and the Seal (RCA Victor, 1997), el saxofonista alto Steve Coleman se instaló en una casa de La Habana, Cuba, a fin de convivir y ensayar durante doce días con los once integrantes de su Mystic Rhythm Society, así como con los diez miembros del grupo folklórico AfroCuba de Matanzas. Si bien Coleman incluye referencias musicales a Dizzy Gillespie y al trabajo pionero hecho por el trompetista con Chano Pozo, o de Bird con Machito, El signo y el sello no reproduce experimentos anteriores en los campos del afro-cubop ni del latin jazz inspirado en la salsa.

AfroCuba es un grupo de danza, percusión, canto y teatro dedicado a preservar y a trasmitir los ritmos y las creencias tradicionales yorubas y cubanas por medio de la música. Mientras que la Mystic Rhythm Society es un concepto musical que pretende explorar la estructura del universo y expresar esas formas por medio de la música, del bebop al hiphop con un fuerte matiz freejazzero.

En El signo y el sello, Coleman combina su propio sistema musical complejo, melodías aceleradas y armonías agridulces con las apesadumbradas meditaciones espirituales polirrítmicas de AfroCuba. Lo que fácilmente hubiera podido resultar en un choque cultural se resuelve como algo disonante, encantador y con un buen groove.

AfroCuba marca el pulso junto con los delicados acordes en bloque de Andy Milne y las líneas del bajo de Anthony Tidd, inspiradas en el rhythm and blues. La música sube en espiral hacia un reino hipnótico y etéreo, imbuido por el sax tenor de Ravi Coltrane o por la trompeta de Ralph Alessi, que se mueven entre gemidos ansiosos y gritos catárticos. Al salpicar los arreglos con tersos ciclos de metales al unísono, Coleman permite que su música construya un sentido de expectación y energía sin residuos maníacos.

Cantos como «The Seal» contienen ciertas insinuaciones de un afrobeat más mundano al aportar Milne sus líneas y solos semejantes a una guitarra a los ritmos de AfroCuba, los cuales giran y picotean como un gallinero de bateristas. En este tema se ilustra de nueva cuenta la mezcla practicada por Coleman de lo antiguo con lo moderno. La percusión y las voces de llamada y respuesta se encuentran respaldadas por una sólida línea en el bajo, mientras que unas frases retorcidas de bebop en los metales se suspenden sobre la mezcla.

Si bien todo ello suena como un brebaje demasiado denso de estilos, no es así. En vista de que AfroCuba aporta percusiones y cánticos, sus líneas vocales proporcionan una sofisticación rítmica cohesiva, pese al gran número de veces en que los Mystics incrementan la velocidad, sobre todo para dar lugar a las expresiones abstractas del rapero Kokayi.

Al parecer, en El signo y el sello debería haber contrastes bruscos y turbantes, pero sucede todo lo contrario. Los raps agresivos y claramente urbanos de Kokayi, al entrelazarse con los cantos yoruba y las tiernas letras portuguesas de Rosangela Silvestre, parecen menos literales, pero de algún modo adquieren más sentido. La interpretación de Coleman se eleva sobre la percusión o se hunde en ella, moviéndose en su propio terreno.

Si bien hay momentos en que los metales relegan a las voces de AfroCuba a la posición de un coro, en términos generales se mantiene el equilibrio, de tal manera que el juego entre la voz humana y los instrumentos fabricados subraya el lirismo real e inherente a ambos.

Al cerrar el álbum con algunas variaciones sobre la rumba y otros géneros cubanos populares, Coleman rinde tributo a los aspectos de celebración e interactivos que posee esta música, y reúne un sentido espiritual y material suficiente para impulsar el cuerpo y el alma hacia un frenesí lleno de regocijo.

*Colaborador en la revista Bembé desde el año de 1997 con la columna “Son del Mundo”.

BEMBÉ

Director Responsable:

Ernesto Márquez G.

Revista periódica de divulgación

Científica y cultural

México, D. F.

Año de inicio 1997

Algunas colaboraciones de Sergio Monsalvo C.

Bembé, núm. 1, agosto 1997: «Tocando son en los Países Bajos», p. 11.

Bembé, núm. 2, septiembre 1997: «Junkanoo, el ulular de las Bahamas», p. 7.

Bembé, núm. 3, octubre 1997: «Steve Coleman, el tamm-tamm del esoterismo», p. 30.

Bembé, núm. 4, noviembre 1997: «Les Têtes Brulées: exotismo del bikutsi», p. 7, y «Emilio Ballagas: el gozo de la expresión», pp. 42-43.

Bembé, núm. 8, marzo 1998: «La leyenda de una ciudad con nombre», pp. 28‑29, así como la reseña «Blues Tears», p. 32.

Bembé, núm. 9-10, abril/mayo 1998: «Belice en el mapa del world beat», pp. 32-33.

Otras colaboraciones

Ry Cooder

“Nunca olvidaré esos días en la Habana”

(Entrevista)

Nueva Orleans

“Leyendas de una ciudad con nombre”

Nuyorican Soul

“El alma de la Urbe de Hierro”

Planet Soup

“Nuevos sonidos para el caldo planetario”

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BIBLIOGRAFÍA: 76 POETAS EN GENERACIÓN

Por SERGIO MONSALVO C.

76 POETAS EN GENERACIÓN (PORTADA)

“El Silencio de Ella”

Sergio Monsalvo C.

76 Poetas en Generación

Libro colectivo

Compilado por

Carlos Martínez Rentería

Editorial Praxis

Colección Dánae

México, D.F., 2000

pp.116

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