CANON: SONIC YOUTH

 

Por SERGIO MONSALVO C.

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CONTEXTUALIZACIÓN Y OÍDO

No hay movimiento sin banda sonora. Es decir, ninguna corriente sociopolítica, ninguna acción cultural, ningún levantamiento de voz en el ámbito que sea tendrá significancia o trascendencia si no es acompañado, envuelto y avalado por una música característica.

Toda época histórica, todo ísmo artístico, se apoya en las notas que abstraen sus ideas y lo divulgan con cantos y composiciones que lo definen en el oído.

El contextualismo es una tendencia de vanguardia que surgió con los años ochenta del siglo XX y que buscó, desde el inicio, la integración de nuevos conceptos dentro de un ámbito tradicional ya prestablecido.

Es un movimiento cultural que abarca desde la arquitectura hasta la escultura urbanita, pasando por la plástica, el arte digital, video, cine y literatura. Es un movimiento que cuenta la novedad en función del lenguaje.

La música ha participado de todo ello con muchos ejemplos a través de las últimas décadas. Uno de sus estilos más representativos es el noise rock, que tuvo al grupo Sonic Youth como uno de sus máximos exponentes.

Dicha banda sostuvo su preponderancia con la participación estética de la ciencia del sonido, la cual desarrolló de manera notable con una mezcla de géneros, tecnología y tradición. La tradición del contexto que le dio origen: la ciudad de Nueva York.

El noise es un género derivado de la música experimental que utiliza sonoridades compuestas por elementos musicales heterodoxos, y carece de estructuras como la armonía y el ritmo.

A ello se incorporan todo tipo de elementos no musicales con un volumen fuerte y/o disonante, ruidoso. El noise rock, subdivisión de aquél, suma a su vez elementos del punk y el metal a las calidades abrasivas del noise puro.

El noise rock, emparentado con el no wave, el avant-garde y el progresivo, es descendiente directo del art rock, un género que comenzó sus andares y tradición en los subterráneos de la ciudad de Nueva York.

El primer paso con el grupo Velvet Underground (y el álbum White Light/White Heat) y reafirmó su identidad con Metal Machine Music, el disco como solista de unos de sus integrantes: Lou Reed, entre otros referentes.

John Cale, otro importante elemento del Velvet ha dicho lo siguiente del contexto en el que se materializó dicha música: “Fue una tradición extraña la que surgió en Nueva York. No estuvo basada en la adulación del pasado ni en la interacción con otros hacedores, sino más bien al contrario. El progreso se dio por medio del rechazo. La originalidad de esta propuesta aderezada con la autocrítica despiadada, que distingue la vida de esta ciudad, mantuvo vivo el fuego y lo continuará en el futuro”.

El futuro profetizado por Cale continuó su desarrollo con Sonic Youth en las mismas calles neoyorquinas, en las mismas aulas de sus universidades y escuelas de arte, en el mismo rechazo al mainstream.

VIDEO SUGERIDO:  Sonic Youth – Antenna (Live Jools Holland 2009) HQ, YouTube (BillieJeanls)

Sonic Youth nació como descendiente de aquel underground sesentero y como hijo putativo del punk, pero solo en la actitud, ya que en cuestión de sonido no admitió comparación con nada.

Su música como la de sus antecesores, sacudió los cimientos de la escena de manera irreversible.

El fundamento contextualista de esta agrupación neoyorquina se basó en la creación de ambientes aparentemente caóticos, pero controlados en lo absoluto por sus habilidades como instrumentistas.

En sus conciertos se dejaban llevar por la imaginación y usaban desarmadores, alicates, el rasgueo de las cuerdas con materiales diversos, utilizan hasta veinte guitarras con distintas afinaciones.

Todo era necesario en dicho concepto. De esta manera dieron cátedra durante tres décadas.

SONIC (FOTO 2)

Cuando la mayoría de los grupos se queda sin nada qué decir o se disuelven por las ansias megalómanas de sus integrantes, en Sonic Youth sucedió lo contrario. No perdieron la frescura porque su éxito artístico no se basó en una innovación puntual, sino en la experimentación constante y las tensiones internas entre sus miembros eran inexistentes: todos tenían uno o varios grupos paralelos y actividades dentro de otras disciplinas.

Las funciones estaban repartidas: Kim Gordon llevaba el peso del apartado intelectual, mientras Lee Renaldo, Thurston Moore y Steve Jay Shelley lo hacían con el complejo aparataje musical.

De esta manera a lo largo de su desarrollo y evolución Sonic Youth encantó y sorprendió, ensordeció y musicó, divertido y polemizado a una audiencia que vio cómo a lo largo de los años muchas agrupaciones se iban alimentado de sus inventivas, como el noise pop, por mencionar alguna.

El noise pop es un estilo musical ubicado dentro del rock alternativo o indie que se caracteriza por el uso que hacen los grupos inscritos en él de la guitarra eléctrica, incorporando ingredientes del experimentalismo, el post punk, el no wave y el noise.

Esto se evidencia en la materialización de sus distorsiones, en las afinaciones disonantes, en los acoples, en el feedback y otros efectos sonoros generados por las guitarras eléctricas.

Las bandas enlistadas en dicho estilo también se caracterizan por emplear una contundente base rítmica heredada del punk y del hard y por la utilización selectiva de melodías inspiradas  en el pop clásico y en el arcón de la new wave.

El grupo que dio origen a todo ello, el que puso las pautas, fue Sonic Youth con sus afinaciones originales y hasta entonces nunca empleadas en el rock. Su enfoque conceptual y bases arty, ejercieron y ejercen una influencia que continúa contextualizándose, a pesar de su disolución en el 2011. No por desacuerdos musicales o artísticos, sino paradójicamente por el cliché matrimonial más antiguo del mundo: el cambio por una pareja más joven.

VIDEO SUGERIDO: Sonic Youth – I Love Your Golden Blue (2005/06/03), YouTube (ICAndrei)

SONIC (FOTO 3)

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ÁLBUMES SUPREMOS-7 (AÑOS 10’s)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

ÁLBUMES SUPREMOS (FOTO 1)

 

Hay discos que jamás dejan de llamar la atención. ¿Por qué? Porque son clásicos. Pero ¿qué es lo que los convierte en clásicos? En el mundo grecolatino, durante la época de Sófocles, el término “clásico” se utilizó para designar a las personalidades de primera clase, es decir, a los miembros más sobresalientes de la cultura.

En el campo que nos convoca, la música, el rock fundamentalmente, posee por supuesto su material clásico, y éste en primera instancia no es lo incomprensible, sino lo misterioso disfrutable. Es aquello con lo que se puede deleitar (individual o colectivamente) toda la vida; lo que continúa conmoviendo y sorprendiendo; es aquello que es imposible hacer mejor (en su momento y circunstancia).

En el arte, cualquier arte, lo clásico resulta fascinante porque contiene un secreto, tanto para sí mismo como para quien lo contempla o escucha, y se mantiene vivo porque dicha fascinación prodigiosa envuelve siempre, sin faltar, y esa poética se verá legitimada constantemente por sus principales avales: valor y tiempo.

AÑOS 10’S*

BEST 10'S (FOTO 2)

 Radiohead (The King of Limbs, XL 2011)

 

 

BEST 10'S (FOTO 3)

 

 Best Coast (The Only Place, Mexican Summer 2012)

 

 

BEST 10'S (FOTO 4)

 

 Arcade Fire (Reflektor, Merge 2013)

 

 

BEST 10'S (FOTO 5)

 

 The War on Drugs (Lost in the Dream, Secretly Canadian 2014)

 

 

BEST 10'S (FOTO 6)

 

 Alabama Shakes (Sound & Color, ATO Records 2015)

 

 

BEST 10'S (FOTO 7)

 

 David Bowie (Black Star, ISO Records 2016)

 

 

BEST 10'S (FOTO 8)

 

 LCD Sound System (American Dream, DFA 2017)

 

 

 

BEST 10'S (FOTO 9)

Arctic Monkeys (Tranquility Base Hotel & Casino, Domino 2018)

 

 

BEST 10'S (FOTO 10)

 

 Courtney Barnett (Tell Me How You Really Feel, Milk! Records 2018)

 

 

BEST 10'S (FOTO 11)

 

 The Black Keys (Let’s Rock, Easy Eye Sound 2019)

 

 

 

 

 

*Lista definitivamente subjetiva, como todas las listas.

 

ÁLBUMES SUPREMOS (REMATE)

BABEL XXI-557

Por SERGIO MONSALVO C.

 

BXXI-557 (FOTO)

PROTAGÓNICOS Y OTROS

(PEQUEÑOS HOMENAJES)

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

https://www.babelxxi.com/557-protagonicos-y-otros-pequenos-homenajes/

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LIBROS: LAS LLAVES DEL GARAGE

Por SERGIO MONSALVO C.

 

LAS LLAVES DEL GARAGE (PORTADA)

 

ORIGEN ES DESTINO*

 

La historia del rock son sus mitos. Y los que contiene el del garage son de los más grandes. La serie “Las Llaves del Garage”, trata del rock como música y como idea. Vale la pena apuntar que como música no es más sencillo que como idea.

El rock de garage es la música más disponible de nuestra cultura global —una cultura más homogénea de lo que por lo común se quiere admitir—, pero disponible no es sinónimo de fácil. Aquí cabe apuntar que como idea surge de los veneros del romanticismo filosófico.

El rock y su mitología son profundamente románticos. Le otorgan el mayor mérito a toda desmesura y a las explosiones del genio individual, sobre todo a aquello que refleje el barullo mental y emocional que se transpira siendo de naturaleza airada y víctima circunstancial del mundo circundante.

Y su constante es la necesidad del descubrimiento, de lo dinámico y de lo evolutivo. El papel que sus intérpretes y seguidores le asignan a la música se acerca mucho al de un credo pagano, por cuanto tiene la misión de hacer visible la intuición absoluta y su revelación.

La serie “Las Llaves del Garage” define la cualidad musical de un rock al que es imposible imitar por parte de quienes no comparten el espíritu del género, y explica el mundo y pensamiento en el que viven sus hacedores desde su primera manifestación hace varias décadas, un mundo literalmente impensable, que avanza a toda velocidad y en retrospectiva cuidando su precioso arcano contra viento y marea.

 

 

*Fragmento de la introducción al libro Las Llaves del Garage de la Editorial Doble A. La primera emisión fue trasmitida a finales de la primera década del siglo XXI (los años cero) a través de Radio Educación (México). La segunda, por entregas online en el blog Con los audífonos puestos en el año 2019.

 

 

Las Llaves del Garage

(Origen es Destino)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Textos”/

Con los audífonos puestos (Blog)

The Netherlands, 2019

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ROCK AND ROLL LXX: AÑOS 10’s (II)

Por SERGIO MONSALVO C.

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70 AÑOS DEL ROCK (10’s/II)

 

SEGUNDA PARTE

Desde hace tiempo la democracia ha consistido en la revuelta contra los vencedores del capitalismo global. Dichas acciones se han repetido en muchos lugares del mundo en este último lustro para no olvidar lo que para Whitman significaba esto: una actitud ética y social que implica actuar con responsabilidad, asumiendo la obligación social compartida de cuidarnos mutuamente en fraternidad, camaradería e igualdad.

Ese fue el meollo del primer lustro: la desilusión. Y uno de sus señalados síntomas: el consumismo. Una tendencia quizá apuntalada por el desencanto sobre el futuro que plantearon los neocons y que no ha llegado aún. El aspecto futurista del mundo contemporáneo justo desde la mitad de la década estaba en cosas tan fascinantes como triviales, como la última generación de teléfonos celulares, de Tablets, de relojes digitales, de videojuegos, el entretenimiento como única forma de estar  (on line) en el mundo.

Y ello puso en peligro a la cultura misma. El unívoco interés por el universo del espectáculo que se mueve entre lo frívolo, lo deportivo y lo político, por la banalidad de estos tiempos que ya forma parte del comportamiento (¿o no, Instagram?), esa perturbadora diferencia entre lo visto y lo difundido (sea mentira, posverdad o fake news). La impostura de quienes masivamente no han visto casi nada y opinan de todo a botepronto en cualquiera de sus cuentas en la red, y si lleva la firma de un famosillo se vuelve el trend topic del momento, el cual cambia con el siguiente.

Walter Benjamin decía que uno articula el presente no cómo ha sido sino como uno lo recordará en un instante de peligro, como el de ahora en que la salud, la economía, la cultura en general, lo está. Se lee menos (los mínimos  caracteres han cooperado a eso), se escribe menos (y si es con caligrafía personal una rareza), la música se escucha generalmente a través del teléfono o la Tablet, donde los tonos bajos ya casi han sido eliminados, lo mismo que la voluntad o libertad para seleccionar qué oír porque los gustos personales están bien clasificados y enlistados tecnológicamente (Spotify).

Donde en esos sistemas de comunicación se olvidan voluntariamente de las palabras en favor de los símbolos y las caritas en un retorno a las cavernas; donde se hacen menos películas interesantes o para adultos y más sagas de Marvel, de blockbuster o remakes para público adolescente; o donde el arte de la conversación prácticamente ha desaparecido en favor del chateo multitudinario y anónimo, aun estando juntos; donde los recuerdos personales son relegados para remitirse mejor a un aséptico Internet.

Mientras tanto, el rock con su amplia, expansiva y omnipresente cultura aún les causa escozor a los conservadores ideológicos de toda ralea. Comenzó hace 70 años exactamente con el rock & roll clásico, el cual fincó los pilares y hoy hay que sanear dicha verdad y el ambiente que la rodea desde la composición hasta las listas de éxitos, a fin de investigar en sus fundamentos para informar y formar a las noveles oleadas de escuchas que tanto lo necesitan.

La revaluación de la importancia que tiene el r&r es quizá el compromiso cultural con mayor sentido en estos momentos, cuando todo impulso parece relegado a las máquinas, al criterio de los DJ’s, a los raperos sin bagaje, a las coreográficas boy bands o vedettes del pop y al flagelo de lo transitorio.

VIDEO SUGERIDO: The Vaccines – Teenage Icon, YouTube (TheVaccinesVEVO)

Por eso la irrupción de The Strypes, Jim Jones Review, The Vaccines, The Black Keys, en el mundo discográfico y en el escénico hace que la esperanza del viaje a la semilla brote gloriosamente. Y, como la vida misma que el género representa, lo que uno encuentra en estos grupos es riesgo, voluntad y actitud.

Actitud es la palabra clave. El r&r es un lugar increíble para hacer todo tipo de preguntas, precisamente porque nadie espera encontrárselas ahí. Tal música sigue planteándose las mismas cuestiones esenciales. Como la de la identidad, por ejemplo.

R & R LXX VII II (FOTO 2)

Los nuevos grupos han vuelto a echar mano del sonido primigenio, pero también del rhythm and blues y el blues eléctrico de Chicago y rinden tributo a los emblemas del rock and roll clásico, a la escuela del blues-rock británico, al pub-rock y al punk. Escuchar a estas agrupaciones es oír el latido vital de la libertad y la excitación de un género que desde hace seis décadas y media es un disparador contra la uniformidad cotidiana.

Con ellos se dilucida cómo ha sido su paseo por la genealogía del género para llegar a lo que hoy viven: la experiencia sonora del origen,  extendida horizontalmente en una concatenación hipermoderna. Una experiencia que, repetida a lo largo de las épocas por otras agrupaciones, es paradójicamente única (una vez más).

Tales bandas son hoy, en este momento, la verdadera extensión entre lo ya hecho y la construcción de un nuevo carácter interpretativo. Son actores como estos los que hacen que la función del r&r, a pesar de ser la misma, al final sea tan diferente. Sería una falta grande perderse este universo cultural vivo desarrollándose genuinamente.

Su punto de partida a la hora de escribir las letras responde a las preguntas de siempre: el amor, la soledad, la fragilidad, los desencuentros, la necesidad de ser amado y el humor. Y su música es de la memoria y de la solidaridad histórica con ella.

El secreto de estos jóvenes músicos está en hacer aquello que los quema por dentro, que nace de la necesidad de reconocerse en el origen, ahí está el latido de la auténtica actitud; la del Homo sapiens rocanrolero que busca anticipar el futuro en nombre de la supervivencia y rebusca en el pasado en honor de su identidad.

Esta celebración de la vida, sin embargo, se desarrolla en medio de la inquietud sanitaria y sociopolítica global. El segundo lustro de la década de los años diez del siglo XX ha finalizado de manera horrible: con una epidemia generalizada (el Corona virus, causante de un sinnúmero de muertos en el mundo y sin perspectivas de finalizar), con el racismo rampante, con miedo a la recesión económica, al presente que ha dejado de ser lo que era y al futuro inmediato y mediato.

Sin embargo, hay que seguir adelante con la ceremonia de la música, por ejemplo, un mensaje desafiante ante la incertidumbre y dejar en claro que, pese a todo, se seguirá celebrando la vida, como ahora con los 70 primeros años del rock y de su cultura.

VIDEO SUGERIDO: The Black Keys – Go (“Let’s Rock” Tour Rehearsals), YouTube (The Black Keys)

R & R LXX VII II (FOTO 3)

ROCK AND ROLL LXX (ILUSTRACIÓN)

BABEL XXI – SINOPSIS (111)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

BABEL XXI (FOTO 1)

 

BABEL XXI / SINOPSIS (111)

 

(551-555)

 

SINOPSIS 111 (FOTO 2)

 

BXXI-551 EL BEAT DE LA IDENTIDAD (XI)

 

El acontecimiento más importante (y trágico) del año fue la llegada del Corona virus que arrasó con cientos de miles de vidas humanas y con la salud, economía y socialización de los países del orbe en general, con secuelas aún ignotas, pero nada buenas para el mundo. Las películas, discos, tours, festivales, estrenos, exposiciones, campeonatos deportivos y demás actividades culturales debieron cancelarse, posponerse o realizarse sin público, hasta esperar nuevas disposiciones sanitarias y temporales en cada país debido a la pandemia global. La otra noticia sobresaliente fue la salvaje defensa del racismo y la xenofobia en los Estados Unidos, donde el presidente Trump, su vocero, hizo de todo para reelegirse y mantenerse ahí.

VIDEO: Agnes Orbel – Camera’s Rolling (Official Video), YouTube (Agnes Orbel)

 

SINOPSIS 111 (FOTO 3)

 

BXXI-552 BOB DYLAN 80-11

Alguna vez Dylan fue sospechoso de vagancia, de pasear a su aire, de ir pensando, de padecer un sentimiento, de vestir de mala forma. Fue sospechoso ante la gente, sospechoso ante la autoridad. Fue sospechoso. Punto. Lo soltaron, pero sin creerle del todo que era Bob Dylan. Kenneth Rexroth –otro poeta– lo había intuido. Supo de antemano la suerte que la sociedad le reserva a tales seres. “El estado y la condición del poeta revela, sin lugar a dudas, el verdadero estado de la vitalidad de un pueblo”. Henry Miller había escrito a su vez: “Lo que evidentemente falta en este país y de cuya carencia ni siquiera estamos conscientes, es el soñador, el loco inspirado…Con siniestro regocijo hurgan, cuando llega el momento de cavarle una fosa”.

 

VIDEO: Love Sick – Bob Dylan, YouTube (Luiz Cruz)

SINOPSIS 111 (FOTO 4)

 

BXXI-553 1971 (I)

Desde 1971 han pasado 50 años. Al comenzar los años setenta grupos como The Who, los Rolling Stones o cantautores como Leonard Cohen grabaron cosas trascendentes. De tal manera lograron producir canciones importantes y memorables. El tiempo ha pasado y se han reafirmado en ello. El mito de los Rolling Stones, por ejemplo, se mide, entre otras, con las canciones de su álbum Sticky Fingers en el catálogo de oro del grupo: con “Brown Sugar” (quizá la mejor pieza del rhythm and blues británico, por su riff, por su sonido absolutamente grasoso, por su progresión instrumental) o “Can’t You Hear Me Knocking”, “Sister Morphine” o “Dead Flowers”, como muestras. Tales grupos y solista forjaron nuevos estándares en aquel entonces.

VIDEO: The Rolling Stones – Brown Sugar (Live) HD Marquee Club 1971 NEW, YouTube (genaro garcia)

SINOPSIS 111 (FOTO 5)

BXXI-554 1971 (II)

Hay discos que jamás dejan de llamar la atención. ¿Por qué? Porque son clásicos. Pero ¿qué es lo que los convierte en clásicos? Actualmente, cuando la capacidad de atención es tan limitada y fragmentaria: los álbumes clásicos como los de 1971, que han cumplido cincuenta años, como Tago Mago (Can), IV (Led Zepelin) y Electric Warrior (T. Rex), proponen el desafío y la recompensa de una atención que se mantiene alerta a lo largo del tiempo (tanto del que dura la obra, como del transcurrido desde su realización), de un placer que es más profundo precisamente porque no se agota en la fruición instantánea. La modernidad de la vigencia es lo que se dice de un clásico como los mencionados.

VIDEO: Can – Peperhouse 1971 (Tago Mago), YouTube (aleko jojua)

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BXXI-555 EL BEAT DE LA IDENTIDAD (XII)

Como una manera de festejar el aniversario número 70 del rock, me propuse exponer en el soundtrack de esta emisión una lista, del todo subjetiva y sintética, con las siete canciones que a mi parecer representan a cada una de esas décadas: En realidad, para quien quiera cubrir el camino andado por el género, o plasmar en un mapa lo que abarque su periplo musical, dicha persona tendría que remitirse a las listas oficiales (el Billboard, por ser la decana) y anotar un mínimo de 1200 canciones por año, las que abarcan el Top 100. Eso llevaría a la presentación de 8400 piezas, para darse una idea aproximada y reductiva del asunto cultural que habría que enfrentar con dicha empresa y contar, además, la derrama social que todo ello signifique.

VIDEO: Rocket 88 (Original Version) – Ike Turner/Jackie Brenston, YouTube (Huck Toohey)

 

 

*BABEL XXI

Un programa de:

Sergio Monsalvo C.

Equipo de Producción: Pita Cortés,

Hugo Enrique Sánchez y

Roberto Hernández C.

Horario de trasmisión:

Todos los martes a las 18:00 hrs.

Por el 1060 de AM

96.5 de FM

Online por Spotify

Radio Educación,

Ciudad de México

Página online:

http://www.babelxxi.com/

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BOB DYLAN 80 (XII)

Por SERGIO MONSALVO C.

DYLAN 10 (FOTO 1)

EL CROONER

Cumplir 75 años no era una cuestión baladí. Acceder a ellos en el mundo del rock aún menos y más raro. Muchos no lo han logrado. Bob Dylan es un dios contemporáneo (omnipresente y ubicuo, pero no a la usanza de Zeus y demás colegas sucedáneos, sino uno completamente humano, insondable) que encarnó como artista y que como tal, a esa edad provecta, afrontó otro reto ante la posibilidad de quedarse afónico para siempre.

Como en Locarno, Suiza, mientras actuaba con Tom Petty y los Heartbrakers y de repente se quedó sin voz (momento en que experimentó una epifanía, según cuenta en el libro Cronicles Vol. 1, y decidió iniciar la Never Ending Tour, con un grupo fijo, y con la cual lleva 30 años). Circunstancia  que lo condujo a plantearse nuevas rutas como el ente moderno que es, como el veinteañero que habita en él desde hace una eternidad, aunque ésta no exista.

Uno de dichos objetivos era hacer un disco con los standards estadounidenses que más le habían gustado a lo largo de su vida, y que había cantado Frank Sinatra en su etapa con la Columbia Records. Un creador como Dylan nunca deja de sorprender y siempre estará inaugurando caminos, extendiendo  o deconstruyendo los ya andados, sin importarle nada más.

Este icono contemporáneo, a los setenta y cinco años (festejados el 24 de mayo del 2016) y con más de cinco décadas en la escena musical, decidió que era buen momento para hacer algo diferente, en una vía ignota para él: como crooner.

Escogió tal sendero por un sólo motivo: el ajuste de cuentas. Primero por una cuestión histórica y luego por un capricho estético. El Dylan adolescente que escuchaba en los años cincuenta la radio en su natal Duluth, Minnesota, y se extasiaba con Elvis Presley, Little Richard y Jerry Lee Lewis, escuchó al locutor de aquel desierto paraje provinciano repetir las palabras que Frank Sinatra acababa de pronunciar con respecto al naciente rock and roll: “Es la forma de expresión más brutal, nauseabunda, desesperada y viciosa que he tenido la desgracia de escuchar. Lo que me consuela es que en seis meses habrá desaparecido”. 

Esa espina se le quedó clavada como a millones de jóvenes, a quienes el género mismo ha resarcido de aquella estúpida declaración durante siete décadas con una interminable lista de nombres y obras que lo han encumbrado y acallado aquella tontería. Lo mismo con la fatua definición de que él (Sinatra) no vendía voz sino estilo.

Así, Dylan, el más conspicuo habitante del Olimpo rockero, con tres cuartos de siglo de vida encima decidió que era hora de entrar en aquellos terrenos de la memoria histórica para saldar cuentas con la misma herramienta de marras: el estilo. Esa característica que distingue a un autor de otro.

Y con ello, además, matar varios pájaros de un tiro: primeramente, la estulticia del conservador cantante y, en segundo término, las críticas a su propia forma de cantar desde que empezó en esas andanzas, por parte de muchos escribas de la prensa especializada y otros tantos colegas de la escena. A fin de cuentas, su propia forma interpretativa.

VIDEO SUGERIDO: Bob Dylan – The Night We Called It A Day, YouTube (BobDylanTV)

Él no sería un crooner a la usanza. No quería serlo, ni vestirse como tal, ni atender las instrucciones del productor para confeccionar el disco. No. Él era Bob Dylan y lo haría a su manera, como siempre (a fin de cuentas la palabra crooner, proveniente del inglés tiene connotaciones semejantes a trovador).

Con el apelativo crooner se define a los cantantes masculinos que interpretan piezas clásicas del ámbito conocido y standards (término que suele aplicarse a las canciones sur­gidas del ámbito pop, cuyo interés ha rebasado el momento de su lanzamiento original y, en muchos casos, la muerte de sus compositores. Con frecuencia se trata de piezas tomadas de obras musicales, del Tin Pan Al­ley, del cancionero popular, del teatro, del cine o recientemente del Top Ten). Dicho cantante suele poseer una voz grave, magnífica, aterciopelada o sedosa, seductora, y normalmente se hace acompañar por una orquesta o una big band.

Dylan usó dos medios para su construcción como tal. Uno, el musical, con el particular repertorio de Sinatra (el crooner por excelencia) y dos, con la palabra, su bagaje más contundente. Para la respuesta musical creó un disco con 10 tracks, acompañado de un quinteto y un grupo adicional de alientos (directo, sin overdubs ni sobreproducción y en el que incluso se le oye respirar).

DYLAN 10 (FOTO 2)

El título: Shadows in the Night. Su trigésimo sexto álbum de estudio y segundo, en 50 años de grabaciones, en el que se comprometió con canciones que no eran de su autoría (el anterior fue de canciones navideñas, Christmas in the Heart del 2009, hecho con fines benéficos).

El repertorio (“I’m a Fool for Want You”, “Some Enchanted Evening”, “Autumm Leaves”, “What’ll I Do?”, standards de Sinatra, Rogers & Hammerstein, Prévert e Irvin Berlin, respectivamente, entre ellos) interpretado con el modo crepuscular del Dylan actual, con el desgaste de la voz a causa de la existencia misma y bajo el conjuro de cada palabra y su peso al decirla, más que cantarla.

Puesto que esa reconocible voz nasal, terrosa, incisiva y que obliga a prestarle atención, ajusta las piezas escogidas a su intrincada modulación. La cual a veces suena sufrida, frágil, pero digna y contundente al mismo tiempo. El insospechado Dylan festejó los 50 años de sus discos canónicos, Bringing it all back home y Highway 61 revisited, con esta boutade como ejercicio de estilo.

Shadows in the Night (de sonido bello y delicadamente triste) es el disco dylaniano del ecuador de su séptima década vital. Lleva, como muchos otros suyos, una enorme lista de acotaciones para explicarlo y, entre ellas, la sutileza no señalada de dedicárselo a los críticos, a los que dice despreciar pero a los que no deja de seguir para cotejar sus propios argumentos (ya sea en las canciones, en las pocas entrevistas que concede o en los manifiestos que lanza de vez en cuando), verse reflejado y continuar redefiniéndose como desde el principio, como lo hizo al recibir el Premio MusiCares Person of Year 2015, por ejemplo.

Porque de eso se trata la carrera y el arte de Dylan: del diálogo consigo mismo. Y no importa en qué fecha se le ubique, en qué género trabaje o el espacio en vivo en el que se le capte: interpretará quizá una canción familiar pero ésta será otra porque consistirá en lo que ella diga de él o para él, no al revés. Mientras Bob, a su vez, ya estará en otro tiempo, el suyo. “Soy un artista del trapecio”, dijo en 1965, para mayor señalamiento esencial.

Esto conlleva una verdad clara: como buen artista Dylan no explica nada, esa es labor de quien lo oye, a él no le gustan los escuchas ociosos. Shadows in the Night le ha servido una vez más para ello (al igual que el siguiente álbum: Fallen Angels, en la misma tesitura). “Mis canciones son música personal; no son comunales. Lo que un músico tiene que conseguir es que la gente sienta sus propias emociones”.

Aquí habría que citar pertinentemente al poeta T.S. Eliot quien argumentó de manera semejante, con respecto al trabajo y al estilo: «Pongo mis sentimientos en palabras para mí. Y para todos debe ser el equivalente a lo que he sentido».

Yo, por mi parte, diría que el estilo consiste en hablarle al papel, a la materia plástica (o al micrófono, en este caso) con la misma franqueza con la que hablamos con nosotros mismos. Dylan lo hizo con este ejercicio estilístico a los 75 años, como expresión estética y, como siempre, a su manera.

VIDEO SUGERIDO: Bob Dylan – Fool Moon And Empty Arms (Audio), YouTube (BobDylanVEVO)

DYLAN 10 (FOTO 3

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PULSOR 4×4 – 65

 

 Por SERGIO MONSALVO C.

 

PULSOR 2018 (FOTO 1)

 

EL BEAT DE LA IDENTIDAD

(2018)

 

Científicos chinos reportaron a la publicación Cell, especializada en ciencias, la creación de los primeros chimpancés clonados mediante transferencia nuclear de células somáticas. Sus nombres: Zhong Zhong y Hua Hua.

 

En este 2018, en Rusia fue electo el tenebroso Vladimir Putin para presidente por cuarta ocasión consecutiva. Suma y sigue…

El último ejemplar del rinoceronte blanco en el mundo, un macho, murió en Kenia dando por extinta a tal especie. Resta y sigue…

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Mark Oliver Everett es un tipo tan ordinario como el que se vuelve testigo en el orden sucesivo de la enfermedad, del accidente, del terrorismo, del suicidio, de la muerte. Tan ordinario como el que hace de tripas corazón y escribe canciones tristemente agridulces sobre todo ello, en dosis pequeñas de oxímoron para no enloquecer y bajo distintas metamorfosis (como E, Mr. E o Eels, con un puñado de discos en su haber).

El arte rockero de Everett en cada uno de sus discos, y The Deconstruction del 2018 (como Eels) no es la excepción,  aspira a lo que Edgar Allan Poe (uno de sus héroes románticos) llamó «Unidad de Impresión». Ésta es la coherencia emocional en el yo que experimenta la obra, es decir la buscada confusión de los diferentes “yos” que hablan y se interfieren en la reinterpretación de la vida personal. Ése es en definitiva uno de los encantos de la música de Everett. Las letras de sus canciones constituyen el modo natural de expresión para su estética particular.

PULSOR 2018 (FOTO 2)

Como una comuna del siglo XXI, ubicada en un lugar entre la Factory (“Everybody Wants To Be Famous”), sin sus oscuridades, y el San Francisco sesentero, con sus psicodelias (“Something For Your M.I.N.D.”), los integrantes de este grupo multicultural comenzaron a vivir juntos en Londres y a armar el material musical que los daría a conocer con el nombre de Superorganism.

Y lo hicieron con empatía y aceptando la posibilidad de la equivocación o del fracaso, pero sin miedo. Su material expositivo, en el álbum homónimo, funcionó como un texto nuevo que volvía sobre ideas que habían aparecido entre sus anteriores chats. Las suyas (sus ideas vueltas canciones) son precisas, livianas, rigurosas y divertidas (“Reflections on the Screen”). Son artistas volcados en pensar la rítmica entre la palabra y su sonido, con el material más cercano, portátil y económico que existe en una de las vertientes, quizá la más inteligente, de la escena musical más joven.

VIDEO SUGERIDO: Superorganism – Everybody Wants To Be Famous (Official Video), YouTube (Superorganism)

El mejor disco de rock del 2018 no es necesariamente uno que aparezca en las listas de popularidad, pero contiene los elementos básicos para erigirse en tal, dadas sus cualidades en varios sentidos y de manera principal en uno: es un auténtico disco de rock and roll. Se titula Tell Me How You Really Feel y está firmado por Courtney Barnett.

El rock & roll auténtico posee dos características fundamentales en su razón de ser: la intuición y la actitud. Y con éste, su segundo álbum, Barnett entra definitivamente en ese amplio y reivindicable grupo de rockeros nuevecitos, autores de gran calidad de última generación como lo son los Strypes, Django Django, Ty Segall o The Savages.

Porque con canciones como “City Looks Pretty”, “Charity”, “Need a Little Time” o con el puño levantado de  “I’m Not Your Mother, I’m Not Your Bitch”, se descubre una verdad pura: que en cada uno de sus discos del presente se puede ver y escuchar la actitud primigenia, así como la construcción de su pasado, pero también la de su futuro y la del género mismo.

VIDEO SUGERIDO: Courtney Barnett – I’m Not Your Mother, I’m Not Your Bitch (Live from Piedmont Park), YouTube (mikerecordsmelbourne)

PULSOR 2018 (FOTO 3)

PULSOR 4x4 (REMATE)

LIBROS: LA CANCIÓN DEL INMIGRANTE (DE AZTLÁN A LOS LOBOS)

Por SERGIO MONSALVO C.

La canción del inmigrante (Foto 1)

 

LA CANCIÓN DEL INMIGRANTE

DE AZTLÁN A LOS LOBOS*

La Canción del Inmigrante, es una excelente investigación histórica, para tener la oportunidad de escribir acerca de uno de los grupos más representativos de la ‘Raza’, que surge como movimiento contracultural localizado al Este de la Ciudad de Los Ángeles, California. Me refiero a Los Lobos; sí, esos que hicieron parte de la música de la película La Bamba, basada en uno de los iconos de la década de los cincuenta: Ritchie Valens.

“El libro inicia relatando la mítica migración de Aztlán, que al parecer el autor la ubica en aquella zona de California. Este primer capítulo hace un recuento exacto de las crónicas que sitúan al mítico Aztlán, al que muchos mencionan, pero que arqueológicamente, no se ha podido localizar.

“El segundo capítulo nos hace un recuento de las hazañas de algunos aventureros del S XVI, entre ellos Cabeza de Vaca, en las que mencionan a Chicomoztoc, lugar de las siete cuevas, lo cual abrió más el apetito a otros aventureros que incursionaron hacia el norte de la Cuenca de México en busca de las ciudades que ‘brillaban de tanto oro’.

“En ese mismo capítulo nos hace un balance rápido de la historia del México en la Guerra de Independencia, el Primer Imperio, la lucha entre conservadores y liberales por establecer una república, hasta llegar a la apropiación de los EU de una buena parte del territorio de México.

“En muchas ocasiones, cuando imparto alguna clase de Historia de México y vemos esa época, les preguntó a los alumnos cuál sería su reacción, si de un día a otro, dejarán de ser mexicanos y se despertaran con la noticia que deben entonar otro himno y honrar otra bandera. Pues eso es exactamente lo que les sucedió a los mexicanos de mediados del S XIX, que tuvieron que resistir en un principio y sucumbir después, al expansionista gobierno de los EU.

“A finales del siglo XIX, el crecimiento de California permitió el establecimiento de muchos, ya en ese momento México-Norteamericanos, que aunque no entendían el lenguaje, las leyes y las costumbres, prefirieron quedarse en EU, que migrar a su país de origen, que después de la invasión norteamericana, se vio envuelto en una guerra civil, una invasión francesa, un segundo imperio, una restauración de la república y una dictadura.

“Ya en el siglo XX, como parte de la consolidación de una nación poderosa, esos México-Norteamericanos han adoptado muchas costumbres que van fusionando con las propias. Una de las más importantes es la devoción por la Virgen de Guadalupe, como símbolo de resistencia (así como lo hizo Hidalgo en la guerra que inicio en 1810); como un icono que no permite otras ideas religiosas que no sean las que permanecían al momento de sucumbir durante la expansión estadounidense, pero sobre todo que privilegian su procedencia y sus raíces mexicanas.

“El recuento histórico sigue, para tener las bases e ir definiendo los movimientos contraculturales en Los Ángeles en las décadas anteriores y posteriores de las dos guerras mundiales, y que darán pie a personajes de origen ‘chicano’, dedicados a la música, al cine, al teatro, a la plástica, a la literatura, etc. y de donde se desprende la historia de Los Lobos, con ese estilo Chicano Power, que nos lleva desde una balada tradicional, y nos demuestra que con ese estilo México-Norteamericano, un huapango, un blues, un corrido, un boogie, un rock, suenan muy bien.

“Dejaré unas ligas para que Usted, estimado lector, pueda escuchar a este magnífico grupo pero, sobre todo, consiga el libro y lo pueda disfrutar. Dejo aquí también la liga de la biografía de Sergio Monsalvo C., para que tenga la oportunidad de conocerlo. Gran escritor, analista musical y colaborador de una infinidad de publicaciones, en las que normalmente escribe de música y músicos”.

 

 

*Reseña escrita por Luis Humberto Carlín Vargas (arqueólogo, ingeniero, profesor y músico) con el título “La Canción del inmigrante (1989) de Sergio Monsalvo C.”, en la publicación Zona Franca, de León, Guanajuato, el 8 de julio del 2019.

 

 

La canción del inmigrante:

De Aztlán a Los Lobos

Sergio Monsalvo C.

Tinta Negra Editores‑As de Corazones Rotos

México, 1989

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