EDGAR ALLAN POE (III)

Por SERGIO MONSALVO C.

EDGAR ALLAN POE (III) (FOTO 1)

LA MUERTE (III)

(Masque of the Red Death)

Por sugerencia de su hermano mayor Philip Dimitri (libretista y productor teatral con el que estaba muy unida), Diamanda Galás –artista californiana de origen griego– se introdujo en el mundo del cabaret y en la obra de escritores como Nietzsche, Artaud, Nerval, los poetas malditos franceses y sobremanera en Edgar Allan Poe.

En un momento dado empezó a componer su propia música y performances, inspirada por esos maestros de la oscuridad. Creó así su propio teatro de la brutalidad terrena.

Ella es una cantante dotada de un amplio alcance (una extensión de tres octavas y media y sonidos polifacéticos) capaz de iniciar la velada como soprano lírica y finalizarla con aullidos bestiales.

Su trabajo asimismo implica multifonía y otras técnicas vocales extremas, así como mucha improvisación. Se dio a conocer a nivel mundial como una artista provocadora (arrestada en más de una ocasión por sus presentaciones) y comprometida con el arte y su circunstancia.

La temática de sus obras desde siempre ha tenido que ver con la observación y el conocimiento cercano de los males que permean la vida en el mundo (sin fantasías, pura realidad): Sida, locura y otras enfermedades, plagas, intolerancia, asesinato, repulsión, dolor (traza recorridos angustiosos y exploratorios por los efectos de la tortura física y psíquica, así como por las manipulaciones químicas del cerebro) y, finalmente, la transición lacerante hacia la muerte y la nada.

El aullido que penetra lastimoso, las risas inquietantes y los ruidos guturales bajos que lanza en estos viajes difíciles y extraños son más que una firma sonora de la Galás: constituyen su seña inimitable.

Desde hace cuatro décadas ha utilizado su extraordinario alcance vocal y el lenguaje corpóreo para dar voz a individuos o poblaciones silenciosas y a estados mentales de la existencia, iluminando los peores mundos internos y externos posibles, los rincones impronunciables (pero infinitamente vociferables) de la condición humana, con el fin de hacer conciencia.

EDGAR ALLAN POE (III) (FOTO 2)

Con su presencia estremecedora, demoníaca y expresividad orgánica, amalgamada a una masa hirviente de poderío vocal (alaridos, jadeos, gemidos, suspiros, gruñidos, rugidos y susurros), acompañamientos electrónicos, melodías intergenéricas (de lo clásico al avant-garde, pasando por el rock industrial y el soul) y manejos de la luz, Diamanda Galás deja huella aterradora dondequiera que se presenta y con los discos que graba.

Cuando la infección viral del Sida cobró víctimas entre sus conocidos (entre otros su hermano Philip‑Dimitri) dio comienzo a las grabaciones de lo que terminaría siendo la trilogía Masque of the Red Death (evocación pura), que finalmente editó en una caja de dos compactos (bajo el sello Mute).

La idea se basó en la obra original del mismo nombre de Poe como punto de partida para una trilogía sobre la muerte y las reacciones arquetípicas ante la peste, tal como las describe el Antiguo Testamento.

La primera parte, The Divine Punishment, trata la histeria provocada por el mal, que sobre todo en los Estados Unidos es la responsable de cuadros a veces espeluznantes. En Florida, por ejemplo, las casas de algunos contagiados fueron incendiadas y quemadas por completo.

Saint of the Pit, la segunda parte, habla de la muerte misma, del ceremonial de la muerte lenta, de la transición hacia la nada. Y en You Must Be Certain of the Devil, la tercera, hace escuchar al dolor.

Es la súplica vociferada por atención. En esta forma de tríptico, Galás presenta una de las declaraciones más imponentes en la música sobre la muerte. Es un viaje de horror que no tiene nada de fantástico y todo de real. La repulsión y la locura en cantos fúnebres, en canciones cuyos textos fueron inspirados por sus escritores influyentes, entre ellos su maestro Edgar Allan Poe.

VIDEO SUGERIDO: Diamanda Galás. Musique of the red death. Finish., YouTube (Solamente Diamanda Galás)

EDGAR ALLAN POE (III) (FOTO 3)

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BIBLIOGRAFÍA: CORRIENTES DE LO ALTERNO VOL. II

Por SERGIO MONSALVO C.

 

CORRIENTES DE LO ALTERNO VOL. II FOTO 1

 (TEXTOS SOBRE MÚSICA)

 “El extenso conjunto de ensayos que conforman estos dos volúmenes fue concebido para devolver a la palabra su importancia fundamental en beneficio del análisis musical cotidiano; reflejar la pasión por la búsqueda y el descubrimiento de los sonidos que componen diversas realidades, así como transmitir a la vanguardia la información sobre las expresiones artísticas que se originan en el underground, tras los límites o al margen de los canales más comerciales, y que representan otras elecciones estéticas”. (Contraportada)

CORRIENTES DE LO ALTERNO VOL. II FOTO 2

Ilustración de la portada: PELÁEZ

 

 

Corrientes de lo Alterno Vol. II

(Compilación)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Ponciano Arriaga

Colección Ciencias Sociales

San Luis Potosí, México, 1998

 

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MY BACK PAGES: JIMI HENDRIX

Por SERGIO MONSALVO C.

 

JIMI HENDRIX (FOTO 1)

 

EL ARCANO Y SUS FÁBULAS

 (50 AÑOS RIP)

 Jimi hendrix nació el 27 de noviembre de 1942 en Seattle, Washington, y murió el 18 de septiembre de 1970 en Londres, Inglaterra.

Durante los breves cuatro años que duró su reinado como superestrella, Jimi amplió el vocabulario de la guitarra eléctrica en el rock más que cualquier otro antes o después de él. Fue un maestro en sacarle a su instrumento todo tipo de sonidos imprevistos, frecuentemente a través de experimentos innovadores de amplificación que producían un feedback astral y distorsiones estruendosas.

Sus estallidos frecuentes de ruido, como huracanes, y sus espectaculares presentaciones –tocaba la guitarra detrás de la espalda y con los dientes, o bien le prendía fuego—en ocasiones han distraído de sus considerables dones como compositor, cantante y maestro de un amplio abanico de estilos propios del blues, el rhythm and blues y el rock.

Cuando Hendrix se convirtió en una superestrella internacional en 1967, parecía acabado de bajar de una nave espacial marciana, pero de hecho había cumplido con un largo y mundano aprendizaje como integrante de numerosos grupos de rhythm and blues, tocando en clubes nocturnos para el público negro en los Estados Unidos.

Desde comienzos y hasta mediados de la década de los sesenta trabajó con grandes del rhythm and blues y del soul, como Little Richard, los Isley Brothers y King Curtis, como guitarrista de respaldo. En ocasiones llegó a grabar como sesionista (el sencillo “Testify” de los Isley Brothers, de 1964, es el único de estos primeros tracks que permita vislumbrar siquiera la genialidad que desarrollaría posteriormente).

Sin embargo, a las estrellas no les agradaba que les quitara atención y Hendrix se vio obligado a cumplir como acompañante, lo cual no le permitía  desarrollarse como solista. El paso lógico era que lo intentara solo, lo cual hizo en Nueva York a mediados de los sesenta. Ahí tocó con varios músicos en clubes locales y formó parte por un tiempo del grupo del cantante blanco de blues-rock John Hammond, Jr.

Fue en un club neoyorkino que el bajista de los Animals, Chas Chandler, se encontró con Hendrix. La agrupación original de los Animals estaba a punto de desintegrarse y Chandler, quien deseaba establecerse como mánager, persuadió a Hendrix de cambiarse a Londres y de grabar como solista en Inglaterra. Ahí se armó un grupo en torno a Jimi, con Mitch Mitchell en la batería y Noel Redding en el bajo; le pusieron el nombre de Jimi Hendrix Experience.

El trío ascendió al estrellato en el Reino Unido con una velocidad asombrosa, pues “Hey Joe”, “Purple Haze” y “And the Wind Cries Mary” llegaron al Top 10 durante la primera mitad de 1967. Los tres tracks también formaron parte de su álbum debut, Are You Experienced?, una obra maestra psicodélica que tuvo muchísimo éxito en los Estados Unidos después de que Hendrix causó sensación en al Festival de Pop de Monterey en junio de 1967. El resto de su vida es parte importante de la historia del rock y está completamente datado, hasta su muerte en 1970.

 En la actualidad todos los géneros lo tienen presente: los representantes del blues rock y del hard, la psicodelia y el avantgarde, las cuerdas clásicas y la electrónica: todos ven en Jimi Hendrix a su antepasado genial y santo patrono. Desde luego también los jazzistas.

JIMI HENDRIX (FOTO 2)

Durante las últimas semanas de su vida, Hendrix se ocupó en un proyecto de big band bajo la dirección de Gil Evans. Ya no pudo ser realidad, pero inspiró a Evans para que en 1974 llenara de público un concierto en el Carnegie Hall con las composiciones de Jimi.

El mismo año sacó el disco correspondiente (Gil Evans Plays the Music of Jimi Hendrix) y su admiración por el guitarrista volvió a rendir frutos años después, en colaboración con Sting. El viejo y legendario compositor-director y sus arreglistas lograron traducir de alguna manera la música de Hendrix a los colores de una orquesta de jazz, con una fuerte dosis de sonidos suaves y transparentes. Según el propio Evans, se trató de tener presente el estilo de Jimi en la guitarra.

Desde entonces, los tributos a Hendrix son cosa de todos los días, más en los aniversarios redondos de su muerte. En 1990, la delegación neoyorkina reunida en torno a Geri Allen, Craig Harris y Oliver Lake se solazó al recorrer los festivales de jazz con su particular homenaje hendrixiano.

Los guitarristas de entonces —Jean-Paul Bourelly, David Torn— repitieron el acto en otros años, al lado de Cassandra Wilson, Jack Bruce y Don Byron. Y la Knitting Factory mandó de gira también a miembros de su catálogo con su propia interpretación.

En su presentación del 2004, en el North Sea Jazz Festival, el vietnamita Nguyén Le mostró su versión personal de lo mismo, entre muchos otros a lo largo de las últimas tres décadas.

También en CD se encuentran muchos homenajes. Stone Free (Reprise/WEA) reúne a 14 agrupaciones diferentes en la adoración del difunto. El espectro abarca desde el blueman Buddy Guy hasta el jazzista Pat Metheny, del rapero Ice-T a las catacumbas de The Cure.

Virtuosos de las cuerdas de todo tipo (incluyendo al violinista Nigel Kennedy y al Kronos Quartet) en la cumbre fundamentalista. Los resultados de tales homenajes son ambivalentes. Unos son copias más o menos perfectas de la experiencia sonora original; otros, animadas pero fallidas reuniones con un poco de sampleo, pero sin ingredientes propios de consideración, como el caso de In from the Storm. The Music of Jimi Hendrix (BMG/RCA).

Defunkt, asimismo, emprendió el asunto de manera tosca y directa. En el Blues Tribute (Enemy/EFA) dedicado a Jimi Hendrix y Muddy Waters. No hay matices, pero el mensaje se comunica. Tiene muchas más ideas el flautista Robert Dick: su CD Third Stone from the Sun (New World/FONO) subraya el elemento espacial en la música de Hendrix, hundiéndose en las profundidades del espíritu hendrixiano con un cuarteto de cuerdas que reproduce los solos de Jimi y una flauta que convierte su sonido en meteoritos resplandecientes.

Hay varias grabaciones que valen la pena por curiosas hechas por cuartetos de cuerdas: Soldier y Auryn (además del mencionado Kronos).

Y al final aparecen los guitarristas que se han dejado avasallar por el ejemplo de Hendrix. Algo forzado, pero digno: el puente tendido por Christy Doran entre el rock y el avant-garde. La tradición de la Europa Oriental aparece personificada por el dúo de Joe Sachse con Pinguin Moschner.

Como ejemplo de música de cámara virtuosa está James Emery con el String Trio of New York. Y una celebración particularmente bella y sensible le salió al alemán Andreas Willers (con la disquera Nabel). De veras se percibe que Jimi vive a través del mundo actual.

 Lo único cierto en realidad es que tras la muerte del guitarrista, todos los géneros hicieron explosión, desde el reggae hasta el funk, el blues, el rap y el jazz, la música contemporánea y de ambiente, el techno y todos los punks y neos que uno quiera. Los espíritus comenzaron a abrirse en un fenómeno cultural sin precedente que pudo aparecer gracias a la vuelta de tuerca completa sobre ese pilar fundamental llamado Jimi Hendrix.

 

VIDEO SUGERIDO: Jimi Hendrix – Lover Man, YouTube (Jimi Hendrix)

 

JIMI HENDRIX (FOTO 3)

 

 

 

Tornamesa

BIBLIOGRAFÍA: CORRIENTES DE LO ALTERNO VOL. I

Por SERGIO MONSALVO C.

CORRIENTES DE LO ALTERNO VOL. I (FOTO 1)

 

(COMPILACIÓN DE TEXTOS MUSICALES)

Corrientes de lo alterno es una deliciosa colección de ensayos sobre música cuyos temas van del trash al acid jazz, pasando por el rock chicano, el grunge, Frank Zappa y la música minimal. Los ensayos aparecieron originalmente en la revista Corriente alterna, y luego fueron compilados por Sergio Monsalvo para la Editorial Ponciano Arriaga de San Luis Potosí, que los editó en dos volúmenes.

Además de abordar la historia de los géneros y dar buenas referencias de discos quehayqueescuchar, este libro trae una amplia colección de anécdotas del rock, e información sobre ciertos temas que están estrechamente relacionados con él, como el sadomasoquismo, el cyberpunk o el (des)uso del vinil”.*

 

 *Texto referencial aparecido online en el blog mislibrossonrock.blogspot el 9 de enero del 2008.

 

CORRIENTES DE LO ALTERNO VOL. I (FOTO 2)

Ilustración de la portada: PELÁEZ.

 

 

Corrientes de lo Alterno Vol. I

(Compilación)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Ponciano Arriaga

Colección Ciencias Sociales

San Luis Potosí, México, 1998

 

 

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PRIMERA Y REVERSA: CARMINA BURANA

Por SERGIO MONSALVO C.

 

CARMINA (FOTO 1)

 

(RAY MANZAREK)

Qué mejor conexión entre siete siglos de diferencia que la contracultura. Por un lado la de la Edad Media y, por otro, la de los muy frescos años ochenta del rock del siglo XX. Emergido de este último fue el músico Ray Manzarek.

Raymond Daniel Manczarek, mejor conocido como Ray Manzarek (12 de febrero de 1939 – 20 de mayo de 2013) fue un músico, cantante, productor, director de cine, escritor y cofundador de los Doors junto a Jim Morrison, Robbie Krieger y John Densmore.

Con sus teclados y orquestaciones le proporcionó a Morrison las atmósferas necesarias y pertinentes para sus poemas. De esta manera dicho grupo se convirtió en un referente indiscutible en la historia del rock.

Artista inquieto, tras la muerte de Morrison, Manzarek mostró el bagage del que era poseedor. Suya fue la versatilidad musical mostrada con el grupo angelino (entre cuyos temas incluyó cosas de Kurt Weil y Bertolt Brecht , del tango, de la música eslava, del blues, de Albinoni, del jazz de Coltrane, de Chopin).

CARMINA (FOTO 2)

Pero, igualmente durante su carrera como solista (iniciada en 1974, con discos como The Golden Scarab, The Whole Thing Started With Rock and Roll It’s Out of Control o Love Her Madly) y en colaboración con poetas (Michael McClure) y otros músicos (el grupo Nite City, Darryl Read, Bal, Roy Rogers, Michael C. Ford, Bruce Hanifan y hasta con Al Yancovic) el tecladista manifestó las influencias del funk, del new age, de la spoken word, de Eric Satie, de Manuel de Falla, entre otros.

Entre esos otros estuvieron también los Goliardos, a través de la obra de Carl Orff, de la cual tomó la puesta para hacer su propia versión de Carmina Burana (una propuesta muy interesante de 1983).

La armó poniendo énfasis en los sintetizadores, los coros, la percusión y la guitarra, con la colaboración de Philip Glass, Michael Reisman y un puñado de músicos y coros selectos para el caso.

La portada del álbum fue un destacado ejemplo del diseño llevado hasta el arte, con una ilustración de Hieronymus Bosch, trabajada por Lynn Robb y Larry Williams.

Los viejos goliardos fueron electrificados para bien, y enchufados a una nueva época y generación, con disidencias semejantes.

VIDEO SUGERIDO: Carmina Burana – Ray Manzarek – The Wheel of Fortune (O Fortuna), YouTube (Fenris307)

CARMINA (FOTO 3)

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BABEL XXI-492

Por SERGIO MONSALVO C.

 

BXXI-492 (FOTO)

 

UZEDA

(QUOCUMQUE JECERIS STABIT)

 

 

Programa radiofónico de Sergio Monsalvo C.

 

https://www.babelxxi.com/?p=7746

 

 

 

 

 

 

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BABEL XXI-492

UZEDA

(QUOCUMQUE JECERIS STABIT)

Por SERGIO MONSALVO C.

UZEDA (FOTO 1)

El rock de la Italia de hoy, es producto de la industria y la eclosión punk de la segunda mitad de los años ochenta. Aquella bota europea ha tenido desde siempre el beneficio de la geografía. País abierto a todos los puntos cardinales, país lleno de puertos, de imanes hacia todas las culturas. Sin embargo, para el rock las cosas no han sido fáciles. 

Italia, nación industrial por excelencia que ha asumido su condición intelectualmente y promovido el experimentalismo artístico interesado, no en una realidad deseada sino en el proceso de cambio y asimilación. 

Esta doble orientación ha dado lugar a una búsqueda de las relaciones entre la música y la industria, concebida ésta como la manifestación máxima de la nueva sociedad italiana; al análisis de la realidad determinante, en su enajenante eficacia, pero también con sus propias posibilidades de liberación humana, la cual hace del mundo industrial el centro de su inspiración.

El detonante para todo ello fue el punk, que vino a romper con todo, incluyendo la rigidez sobre la música que debía escucharse. La secuela punk abrió paso a la tecnología, paradójicamente, género que entonces mostró sus posibilidades ilimitadas. 

A finales de los setenta los grupos italianos se dieron cuenta real de ello y, aunado a la teoría filosófica ancestral, se inició un cultivo de todas las formas musicales contemporáneas, con un componente alternativo que les proporcionó una especie de realismo desenfrenado y salvaje, inmerso en el seno de la sociedad industrial de la que habían surgido, ebrios de sus sonidos particulares, fascinados por su propia fuerza, pero atentos a su independencia, a negar cualquier compromiso con multinacionales.

Así, desde los ochenta, Italia se erigió como un irradiador importante para el rock, pleno de energía e imaginación.  El desarrollo se observó por todas partes y a ello cooperaron las disqueras independientes que apoyaron a los nuevos grupos. 

Muestra de este devenir fueron Contempo o A. V. Arts, compañías indie que aglutinaron en el presente a grupos como Black Rose, lleno de la intensidad vocal de Mara Bressi y de la aventura espiritual; Kirlian Camera, con sus recargadas sucesiones y rítmica techno; Lord Chapeau y el minimalismo de cambiante estado anímico; Baciamibartali y sus angustiosas armonías o el enorme grupo Uzeda, una agrupación dura que no requería de prisioneros sino de luchadores imaginativos dispuestos a abrir sus sentidos.

En fin, el catálogo de Uzeda a partir de su asociación con A.V. Arts produjo el álbum debut Out of Colours (1991) y Waters (1993). Tras el lanzamiento del primero conocieron e hicieron amistad con Steve Albini, quien desde entonces los ha acompañado a lo largo de sus producciones.

UZEDA (FOTO 2)

El músico Steve Albini (californiano nacido en 1942) además de ser el guitarrista, cantante y compositor de varios grupos a través de su carrera (Big Black, Rapeman, Flour y Shellac), es periodista especializado en música y productor discográfico (aunque prefiere el título de Ingeniero de sonido).

“Siempre me ofendió que cuando estaba en el estudio, con el grupo del que formaba parte, el ingeniero de sonido o el productor empezaba a mandar y controlar a la banda sobre su propia música. Eso siempre me ha parecido un insulto horrible. La banda paga para tener el privilegio de estar en un estudio de grabación y, normalmente cuando pagas por algo, tienes derecho a decidir cómo se hará. Así que, cuando empecé a trabajar como ingeniero de sonido profesional, me impuse la idea de que yo no sería así”, ha comentado con respecto a su oficio (lo cual han confirmado grupos como Nirvana, Breeders, The Stooges o Pixies, entre otros 1500 ejemplos de colaboración).

Por ello, es el connotado fundador de los estudios de grabación Electrical Audio, ubicados en Chicago, los cuales se han forjado a pulso una buena reputación y sustentada leyenda. Por otro lado, Albini es un caso único de generosidad en el medio musical. Sólo cobra el tiempo que trabaja con el grupo y con la tarifa más baja al realizar el trabajo de ingeniero de sonido. Por ello se ha descrito su Electrical Audio como “el estudio de primera clase más accesible que existe”.

El uso de dicho estudio es libre y gratuito para los músicos y amigos de los que respeta su trabajo y sean ellos mismos quienes dirijan sus sesiones de producción. Por lo demás, Albini basa su aceptación de acceso al estudio en relación al presupuesto con el que cuente el grupo, la empatía que sienta por éste, si forman parte del catálogo de una compañía independiente o no, y si interpretan el rock a su gusto.

Graba los discos de forma rápida y con bajo presupuesto, con una calidad y sensibilidad respetuosa del sonido y estética del grupo con el que esté trabajando. Por eso sus sello en las realizaciones es distintivo: son producciones básicas pero exactas, pocos efectos especiales, el sonido de las guitarras es agresivo, una sección rítmica compacta, mantiene la voz a bajo volumen, hace énfasis en la posición y distribución de los micrófonos y prefiere grabar “en vivo” principalmente, tocando todos en el mismo lugar y al mismo tiempo para conseguir el sonido más natural de la agrupación.

Albini opina que la grabación análoga es mejor que la digital y que la ética y prácticas de las grandes compañías no debe influenciar a los sellos independientes. Por eso ha trabajado regularmente con Touch and Go (fundada en 1979 en Chicago).

Ahí (con el disco 4, 1995) el grupo Uzeda se volvió importante (Different Section Wires, 1998; Stella, 2006), con enormes espacios de tiempo entre una grabación y otra,  y mucha libertad para un grupo que se atrevía a salir de los caminos establecidos. 

Era un grupo con un sonido propio y que basado en su calidad difundió la música más allá de las fronteras. La alternatividad más pesada y dark en un muestrario de concreto nihilismo, propio de la nueva cultura postindustrial. A esta evolución musical se debió la causa directa el enorme crecimiento experimentado por este grupo originario de Catania, Sicilia (donde se fundó en 1987, con la cantante Giovanna Cacciola, los guitarristas Agostino Tilotta y Giovanni Nicosia, el bajista Raffaele Gulisano y el baterista Davide Oliveri, con la única baja de Nicosia en su historial).

Sin embargo, tras la última obra pasaron 13 largos, largos años, en los que Uzeda se diluyó en un proyecto alterno llamado Bellini, para retornar en el 2019 con el oscurísimo álbum Quocumque jeceris stabit (“donde lo pongas se sostendrá”, en una versión de traducción aproximada).

En los ocho temas que lo componen aparecen sus obsesiones rodeadas de sombras y los espacios que las contienen (“Deep Blue Sea”, “Mistakes”, “Nothing but th Stars”, Blind”, “The Preacher’s Tale”). Parecen extensos horizontes que aluden a una autonomía humana imprecisa, como si fuera una medida de difícil acceso y obstáculos por doquier.

UZEDA (FOTO 3)

Muestra el grupo un complejo hiato entre la experiencia de lo privado y lo público, temática por demás actual. Experiencia donde muchas veces se diluyen las referencias espacio temporales. Y para las que Uzeda se vuelven momentos de pura posibilidad, especulando con las muy variadas y posibles escenas para el intento de sobrevivir.

En ello influyen los mismos miedos y las mismas dudas, la misma desilusión y desesperanza. La nueva producción de Uzeda se ubica, pues, entre el espacio físico y el emocional. Una grieta en la que conviven muchos contemporáneos en los tiempos fragmentarios que corren, tratando de ajustarse en lo posible para no terminar rompiéndose.

VIDEO SUGERIDO: Uzeda – Deep Blue Sea, YouTube (Temporary Residence Ltd.)

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LOS OLVIDADOS: MIKE BLOOMFIELD

Por SERGIO MONSALVO C.

MIKE BLOOMFIELD (FOTO 1)

PRECURSOR DE TODO

Entre el grupo de jóvenes blancos de Chicago que descubrieron un mundo de música en su propio patio estaba Mike Bloomfield (nacido en 1945). Un muchacho zurdo que aprendió rápidamente a tocar la guitarra. Se integró a la corriente rocanrolera de su generación a los 15 años, tocando en grupos para amenizar bailes.

Entonces, con la curiosidad de un tipo que quiere conocer su oficio desde las bases, se dio a la tarea de buscar en los barrios bajos de Chicago a los auténticos intérpretes del blues urbano. Vagó por los bares y los sitios donde se reunían los fanáticos del blues y frecuentó con asiduidad el ambiente de los bluesmen negros.

A partir de ahí, Bloomfield tocó con éstos en lugares para aficionados a la música folk, interpretando desde canciones de Woody Guthrie hasta country blues.

A los 18 años formó The Group, una banda que acompañó a Big Joe Williams por un año aproximadamente. Fue acompañante también de Muddy Waters, Howling Wolf, Buddy Guy, Otis Rush, Big Walter, Junior Wells y varios músicos más.

“Había que pegarse a los bluesmen —diría a la postre Bloomfield—, tocar con ellos más y más. Trascender la calidad de blanco, si se quería absorber la música. Toqué en algunos sitios de Chicago donde no se había visto a un blanco desde hacía años.”

Por 1964, Paul Butterfield, otro músico blanco de gran arraigo en Chicago, iba a grabar un disco y necesitaba que alguien tocara la guitarra slide. Bloomfield hizo la prueba y grabó con él.

Tras el buen acoplamiento, Paul le pidió que se integrara a la recién formada Butterfield Blues Band. La presencia de un guitarrista como Bloomfield tuvo mucho que ver con la modernidad de la misma.

Sin embargo, tenía una oferta de Bob Dylan para acompañarlo en la también grabación de su álbum Highway 61 Revisited, que se realizaría a principios de 1965.

El rock había llegado a un punto en que ya se debían plantear preguntas vitales, de importancia fundamental. Aquella generación empezó a hacerle exigencias mayores al género, relacionadas con su propio crecimiento como seres humanos. Los textos de Dylan en tal disco tomaron al cielo por asalto.

Le dio a la canción, como tal (con “Like a Rolling Stone” encabezando el disco), dimensiones universales y también a la poesía emanada de ella, la parte que le correspondía de una larga tradición artística. Retrató la condición humana con el instrumento de la palabra, con su mejor uso y estilo.

Una obra maestra necesita el paso del tiempo para consolidar su peso, adquirir su suprema estatura y Dylan, con su aura de clásico contemporáneo, su voz raída y sus texturas añejas en blues y folk, se planteó como una novedad tan enigmática, tan individual y tan bien construida, que marcó para siempre la diferencia.

Con este álbum tuvo Dylan la certeza de que tenía que grabarlo, y que necesitaba algo fuerte, poderoso: la electricidad del rock fue la respuesta. Y llamó a los amigos que tenía en dicha escena: Mike Bloomfield (en la guitarra principal), Al Kooper y Paul Griffin (órgano y piano), Bob Gregg (batería), Harvey Goldstein (bajo) y Charlie McCoy (guitarra de acompañamiento). El propio Bob tocó la guitarra, el piano y la armónica.

Dicho grupo creó una enorme pulsión de energía. Todo empezaba con un golpe rápido del tambor, entraban entonces el órgano, el piano y la guitarra impactando con su riff al oyente, para dar finalmente paso a las palabras: “¡Había una vez…!”. Todo se contagió a partir de ahí.

Dylan hizo público su manifiesto y Bloomfield estuvo junto a él en la vorágine que se generó. Y tras ella Bob también le pidió integrarse a su grupo de acompañantes, pero Mike lo pensó y decidió aceptar el trabajo con Paul Butterfield.

Al amparo de largas improvisaciones, como en la del disco East-West de 1966, Bloomfield llegó a aportar al grupo un clima muy propio del blues y su eterna preocupación personal por la búsqueda de nuevos sonidos y la utilización de fraseos guitarrísticos novedosos.

De este modo, su manera de tocar la guitarra anunció muchos desarrollos posteriores del blues-rock, como el de la fusión. Un progresismo firmemente cimentado en las vertientes musicales negras.

MIKE BLOOMFIELD (FOTO 2)

En la búsqueda de los caminos que su inquietud le marcaba, el ya considerado un genial guitarrista, en 1967 fundó al grupo Electric Flag, que contó entre sus miembros a Harvey Brooks, Nick El Griego, Buddy Miles y Barry Goldberg, entre otros.

La tendencia de la banda se inclinó un poco hacia el jazz e inició con ello la corriente de fusión (el jazz-rock experimental) que posteriormente se reafirmaría con otros grupos.

La llamada fusión era en aquella época una combinación de jazz con el rock y/o el funk/soul, aunque a veces también con músicas extraradio (hasta los años ochenta se le denominó jazz-rock).

Para la mejor comprensión de ello, hay que remontarse a este año precisamente, cuando aparecieron los pioneros de esta música. Algunos jazzistas se sentían atraídos artísticamente por el rock, así que de manera cuidadosa empezaron a experimentar con él.

El disco Bitches Brew de Miles Davis y la fundación del grupo Lifetime por Tony Williams por lo general se consideran como el principio oficial de la fusión del lado jazzístico.

Por el lado del rock apareció Electric Flag con Bloomfield al frente. Los músicos involucrados en estos proyectos pueden anotarse como la primera camada del género. Todos se convirtieron en líderes de banda tras su paso por el grupo.

El disco A Long Time Comin’, es de una frescura envolvente. Una ventana abierta a un amplio horizonte que trae nuevos vientos. A pesar de haber sido un grupo fugaz, dejó algunas piezas que serían piedra de toque para futuras formaciones bajo dicho signo: “Groovin’ is Easy” (de Gravenites), “Texas” (de Bloomfield y Miles), “Sittin’ in Circles” (de Barry Goldberg) o “Killin’ Floor” (una versión de Howlin’ Wolf).

La fusión combinó, desde entonces, sobre todo la libertad y la complejidad del jazz con el carácter más directo y agresivo del rock (con sus vertientes blueseras, del soul y del funk).

La música tuvo éxito entre el público de ambos campos. Bloomfield abandonó la banda ese mismo año (1968) en busca de nuevas aventuras musicales.

Al año siguiente se integró a la Fathers and Sons para la grabación de un álbum doble con Muddy Waters, Otis Spann, Sam Lay, Donald “Duck” Dunn y Paul Butterfield.

Luego tomó un breve descanso para volver con Triumvirat, trío formado con John Hammond y Dr. John en 1974. Un año después se unió a la KGB con Carmine Appice, Rick Grech, Barry Goldberg y Ray Kennedy.

Posteriormente se convirtió en solista grabando el tradicional blues estadounidense. Murió el 13 de febrero de 1981 a la edad de 36 años.

VIDEO SUGERIDO: The Electric Flag – Killing Floor, YouTube (NoRosesForMe)

Mike Bloomfield with Electric Flag

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LOS EVANGELISTAS: DICK DALE

Por SERGIO MONSALVO C.

DICK DALE (FOTO 1)

EL REY DE LA GUITARRA SURF

Ubiquémonos primero. Estamos en 1958, en el tiempo en que Elvis tuvo que ingresar al ejército y faltaban cinco años para el primer hit de los Beatles. Los Estados Unidos eran acosados por estrellas pop higiénicamente limpias y aptas para toda la familia. Sin embargo, en la población surcaliforniana de Balboa se sacudía el Rendevouz Ballroom con el primer concierto del guitarrista Dick Dale.

El público estaba formado por los amigos con los que Dale salía a surfear todos los días. «¡Oye! –le dijeron al terminar la presentación–. Eres lo máximo, ¡el rey! ¡Eres el rey de la guitarra surf!» Le gustó el título y se lo quedó. Dos meses después ya atraía al lugar alrededor de 4 mil personas. Así nació el sonido surf.

El guitarrista en realidad se llamaba Richard Anthony Monsour. Llegó a California con un carácter huraño y gustos musicales nada comunes. Por su padre libanés-egipcio estaba muy familiarizado con la música del Oriente Próximo; debido a la influencia de su madre polaca tampoco desconocía la animada polka. Además, le encantaba Gene Kruppa, el baterista de Benny Goodman.

El guitarrista argumentaba que la música era sexo. Y su guitarra, el rugido del puma y el murmullo del océano. El sonido de la naturaleza salvaje. Eso era lo que buscaban los jóvenes surfistas del sur de California, bronceados aficionados a tal naturaleza que buscaban el contacto con los elementos y su rugido sonoro. Su música era producida por en un alto volumen debido a que Dale buscaba emular el sonido del océano y lograr que «los oídos de la audiencia sangraran».

DICK DALE (FOTO 2)

VIDEO SUGERIDO: Dick Dale – Nitro (Live on KEXP), YouTube (KEXP)

El fabricante de instrumentos Leo Fender, entonces, abasteció a la comunidad con las obligatorias guitarras Stratocaster y con amplificadores provistos de aparato de eco ya instalado, los cuales resultarían característicos para dicho sonido. Fender produjo en aquella década una guitarra y un amplificador que pudo llegar los decibeles que Dale buscaba con sus interpretaciones. Esto representó un cambio significativo en la industria musical que más tarde fue aprovechado por nuevas bandas de rock. 

Dick Dale, por su parte, había mezclado sus influencias con las melodías de sus padres; de esta manera, proporcionó a la música un exotismo auténtico que luego degeneraría en kitsch gracias al despiadado efecto de miles de grupos de música ligera. Entre 1958 y 1961, Dale tuvo varios éxitos a nivel local. En agosto de 1961 grabó «Let’s Go Trippin», su hit más grande hasta ese momento, y de su primer álbum, Surfer’s Choice, se hicieron 80 mil pedidos anticipados. También en otras partes se le hallaba ya el gusto por el sonido del surf.

La ola se volvió incontenible. Por todas partes surgieron grupos con nombres como Rivingtons, Challengers, Nobles, Frogmen, Phantom Surfers, Bel-Airs y los atípicos y duros Trashmen.

En 1963, Dale alcanzó la fama nacional al interpretar el tema “Misirlou” en The Ed Sullivan Show, una melodía con influencias griegas y de Oriente Próximo. Por el camino abierto por él siguieron docenas de grupos de surf con convicciones semejantes, que rendían tributo al sonido speed instrumental enriquecido por el eco.

A la postre, cuando The Ventures lograron un éxito a nivel mundial con «Let’s Go», en 1963, las compañías disqueras desde luego presentaron grandes cantidades de obras hechas al vapor, como la Capitol, por ejemplo, según la cual el surf era sólo un truco sin fondo.

La industria del esparcimiento, a su vez, se dedicó a abrir el mercado para la patineta y el esquí. Parecía que todo estaba dicho. No obstante, sin Dick Dale no hubieran existido los Ramones, los B-52’s, The Cramps ni Weezer o Supergrass, por sólo mencionar a algunos, y su influencia enriquecería la obra de Jimi Hendrix o Eddie Van Halen. La revista estadounidense Guitar Player, por ejemplo, denominó entonces a Dale como el «padre de la guitarra heavy metal».

En 1990, su emblemática pieza revivió en Pulp Fiction, la cinta de Quentin Tarantino. «Tener Misirlou para la escena de apertura fue muy intenso. La música te decía que estabas viendo una película épica», comentó el cineasta. Desde entonces, los famosos acordes han sido llevados a otras películas, anuncios y videojuegos. Dale se convirtió así en estrella de culto.

No es de sorprender que en todo el mundo haya nacido una ola nueva y más dura de surf. En el norte de Alemania, los Looney Tunes pusieron a rugir sus Fenders; los finlandeses de Laika & The Cosmonauts tuvieron éxito en los Estados Unidos; en Seattle, la etiqueta Estrus reunió a grupos como Man or Astro Man o The Go-Nuts; la IRS sacó así poco después la antología Pulp Surfin’.

¿Y el «rey de la guitarra surf»? Él, a finales de la década de los noventa, se encontraba celebrando el sonido con una gira por Europa y otras partes del mundo. Sin embargo, comenzó a padecer por distintos problemas de salud, los cuales lo llevaron a la muerte el 16 de marzo del 2019, a la edad de 81 años de edad, pero su legado continúa vivo.

VIDEO SUGERIDO: Dick Dale – Misirlou (Live) 1995, YouTube (neveratime)

DICK DALE (FOTO 3)

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