Por SERGIO MONSALVO C.

JOHN MAYALL
WITH ERIC CLAPTON
Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.
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Por SERGIO MONSALVO C.

JOHN MAYALL
WITH ERIC CLAPTON
Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

Por SERGIO MONSALVO C.

(RELATO)
A las seis de la mañana abre la cortina metálica de la covacha, saca las dos cubetas de plástico, vuelve a cerrar, pero ahora con candado y se dirige por esa calle de la barriada, muy cerca del Viaducto, a la vecindad que se encuentra en la siguiente cuadra para llenar las cubetas en la llave de la entrada del inmueble.
Sólo perros y señoras embozadas con diferentes prendas deambulan a esa hora. Observa los montones de basura acumulados en las cuatro esquinas de ese crucero pensando que ojalá no salga de ahí ninguna rata. Les tiene horror.
Con la carga de agua en ambas manos regresa por el mismo rumbo, repasa los nombres de cada establecimiento de venta de autopartes sin dejar de emitir gestos que denotan suspicacia.
Los negocios de tal rama en esa colonia siempre provocan esas actitudes aún entre sus propios habitantes y poseedores. Él ha visto y callado, como casi todos los lugareños, demasiadas transas como para sorprenderse de nada. Salvo, quizá, de las que hacen los policías que vienen cuando las razzias de limpia y arrestos. Esos siempre traen nuevas mañas.
La figura de El Suave, tan parecida a la de un personaje de cómic –rechoncha y ridícula–, se detiene frente a la covacha donde vive y que a la vez sirve de vulcanizadora.
Levanta la cortina, se echa agua en la cara y cabello y vacía ambas cubetas en la tina donde prueba las estructuras de las llantas. Se seca la cara y peina el escaso pelo hacia atrás. Comienza a acomodar sus instrumentos de trabajo y a esperar la llegada del primer cliente, que de manera regular es el chofer de algún taxi que trae a reparar una llanta desahuciada.
El Suave ganó su apodo por el trato que da tanto a las llantas como a la gente. Casi no habla, sólo gruñe y mira como fiera. La clientela habitual no lo molesta con pláticas de ninguna índole. Cuando trabaja lo hace rápido y bien. Los clientes ocasionales callan pronto después del vistazo que les echa encima.
El pizarrón con los precios detallados le evita abrir la boca. Los del rumbo siempre lo saludan y esperan un ligero movimiento de cabeza como respuesta. Sólo le dan la vuelta los sábados cuando se emborracha. El martillo de goma que carga encima es su vocero oficial y única forma de comunicarse con el resto del mundo. Algunos lo han comprobado y guardan su marca.

Por SERGIO MONSALVO C.

Con las primeras notas regresé a la mesa. Aquello era la locura, una utopía, un auténtico Shan-gri-la. Y ahí, descubrí una vez más eso que Hendrix expresó con «Excuse Me While I Kiss the Sky»: esa noche actuaba George Thorogood & The Destroyers.
Thorogood, un guitarrista nacido en Maryland, junto a sus compañeros: Bill Blough (bajo), Jeff Simon (batería) y Ron Smith (guitarra) habían decidido tocar un rhythm and blues rústico, áspero, auténtico y lleno de corazón, bajo el nombre de The Destroyers (el explosivo y energético saxofonista Hank «Hurricane» Carter se acababa de integrar al grupo y realizaba con éste sus primeras presentaciones).
George se dedicaba a los riffs directos y nada pretenciosos de un blues urbano actual y sin tapujos. Había estudiado hasta sus raíces las obras de influyentes músicos como Elmore James, John Lee Hooker y Chuck Berry.
El «demonio del slide», sobrenombre con el que se le conocía, se mostraba fascinado por el carácter y ritmo del blues urbano y del rhythm and blues. Su reputación como instrumentista lo elevaba al mismo nivel que Johnny Winter y Rory Gallagher.
Y en esos momentos quien quisiera escuchar la slide tocada como se lo hubiera imaginado el inventor del instrumento, hará bien en elegirlo a él.
La banda mostraba que sabía obtener el máximo efecto con los medios más sencillos. Todo el equipo que llevaban de gira cabía en un camión mediano. No era de sorprender, pues, que en esos tiempos hayan optado por presentarse exclusivamente en salas reducidas.
En los clubes y pequeños auditorios donde encontraban la mejor veta para explotar su música y el contacto espontáneo con el público que hacía tan vivo y eficaz a su sonido.
Thorogood requería del marco íntimo para poder producir el fragor completo de su propuesta musical: un r&b ortodoxo y atemporal. El sax, la poderosa sección rítmica y la bottleneck eran para él lo que marcaba los acentos.

“Su música es viril –escribí después–: se puede oler el sudor y el whisky, el polvo del camino en las botas y la ira esencial. El electrizante grupo atiza el fuego y reinventa el acero, con un filo de hard blues que vierte su ruda energía en urgentes y violentas sacudidas. La velocidad es frenética, ansiosa por alcanzar a su guitarra impaciente.
“Sus propias composiciones tienen tanto ardor como las que pide prestadas (y devuelve pagando altos intereses) a John Lee Hooker y Chuck Berry, ya que indiscutiblemente todos están hechos de la misma fibra. Y agrega la cualidad agresiva, esa brutalidad que despierta los sentidos y los sobresalta, sometiéndolos”.
Aquella noche, gracias a George y a sus Destroyers escuchamos cómo nos gustan las mujeres hasta hartamos; filosofamos con ello a todo pulmón, e hicimos caso sin chistar de sus enseñanzas y experiencias junto con el resto de los cófrades: tipos que festejaban estar enamorados de una mujer, con otra; santos bebedores bendecidos por el regocijo de la música o parejas que festejaban los pecados y la vida.
La guitarra de Thorogood y el sax de “Hurricane” Carter hermanó los corazones y demostró que el alcohol bebido con fe sólo admite comparación con el beso de una mujer.
Algunos días después compré el álbum en vivo: Live: Let’s Work Together, para recordar para siempre todo aquello.
VIDEO: George Thorogood Live – Johnny B. Goode (Lorely 1995), YouTube (Allmusic-Vids 2)


Por SERGIO MONSALVO C.

POP ÍNTIMO Y EJEMPLAR
El concepto actualmente denominado Chamber pop forma parte de una larga tradición de la música popular, la cual se remonta a los años sesenta del siglo XX (una década muy productiva en cuanto a la creación de géneros musicales, como el English Baroque, del que procede).
La progresión de tamaña corriente, o mejor dicho de su postura estética, derivaría poco a poco, a través de los años (y con afinaciones cada vez más sofisticadas), en el actual y cosmopolita Pop intime.
Éste es un estilo que le otorga un lugar privilegiado (VIP) a la crème de la crème de los autores contemporáneos: Neil Hannon, John Grant, Nick Currie, Antony Hegarty, et al.
Un estilo que requiere tanto de armonías vocales como de elementos instrumentales como el harpsicordio, el oboe, la flauta, el violín, el cello, la viola, el arpa, la trompeta, el Grand piano o el corno francés, entre otros. Así como de orquestaciones de la música clásica (tanto del periodo barroco como del consecuente romanticismo).
Lo característico de su actual andanza es el afán incluyente. Es el subgénero culto e hipermoderno (que requiere de una apreciación de más de 140 caracteres).
Subgénero de una era que se distingue por la convivencia de todas las épocas, en el mismo tiempo y en el mismo espacio, y sus aportadores se inscriben desde el pop clásico al alternativo o indie, pasando a veces por el estercolero de las listas de popularidad sin ensuciarse las alas, y con infinidad de intérpretes, conceptos y matices.
En esta línea se encuentra también el grupo Get Well Soon, bajo la guía y el liderazgo de Konstantin Gropper. Un compositor, músico y cantante, nacido el 28 de septiembre de 1982 en Alemania, al sur de Suabia (región colindante con Suiza).
Gropper se caracteriza por varias cosas, entre ellas su gran bagaje intelectual y su perfeccionismo. Ambas cuestiones se reflejan, hasta ahora, en su obra que consta de una decena de álbumes y algunos EPs (una docena en total).
Gropper creció bajo la mirada de un padre intérprete de música sinfónica y dentro de una atmósfera plagada de pintura, libros y cinematografía. A los seis años de edad ya tomaba clases de cello en el Conservatorio de su ciudad natal.

Esta educación lo convirtió en un joven culto y con amplias perspectivas artísticas. Mismas que buscó concretar dentro de la música popular.
Para ello creó al sexteto Get Well Soon a mediados de la primera década del siglo XXI, con integrantes desprejuiciados tanto del purismo clásico como del popular.
El objetivo que perseguía con este grupo era canalizar sus inquietudes litararias, filosóficas y de otras materias recurrentes (estuvo inscrito en ambas carreras en la universidad suaba, pero no le gustaron ni las clases, ni el ambiente, ni la gente, y ponerse a componer canciones le resultó más productivo que el medio académico).
VIDEO SUGERIDO: Get Well Soon – Angry Young Man (Official Video), YouTube (CitySlang)
Konstantin Gropper, personaje muy poco convencional, comenzó sus andanzas grabando el EP A Secret Cave, A Swan (del 2005).
Durante los tres años siguientes fue ensayando y refinando su propuesta hasta contar con el material necesario para realizar su primer disco, al cual puso por nombre Rest Now, Weary Head! You Will Get Well Soon, que apareció en enero del 2008 con el sello City Slang.
Al principio éste sólo se distribuyó en los países de habla germana (aunque estuviera cantado totalmente en inglés), pero ante las buenas críticas y la aceptación pública fue editado también en el resto de Europa en la segunda mitad de dicho año.
Luego tuvieron que pasar otros tres años para publicar el segundo trabajo: Vexations (2011), que amplió el horizonte abierto por el primero.
El contenido de ambos álbumes, y del resto que ha seguido –tanto en sus letras como en su música– está pletórico de referencias, citas y evocaciones culteranas, pero también de crítica social y fino humor, que de ninguna manera resulta chocante puesto que es su ambiente natural (auténtico en un tipo rodeado siempre de libros, música diversa y aficiones cinéfilas).
Así que dentro de sus piezas danzan lo mismo Burt Bacharach que Erik Satie, versos de Baudelaire, pasajes de Sartre, visitas al Museo del Louvre, rememoranzas sobre el cine de Werner Herzog, aforismos de Nietzsche o reflexiones sintéticas sobre Séneca, la obra de Óscar Wilde, la novela histórica o las portadas de la revista People, entre su variedad temática.
Y todo ello arropado con las atmósferas creadas por un sonido de pop romántico que bulle apasionado, lírico y conmovedor, en medio de cuerdas leves, teclados sugerentes, percusiones enfáticas, coros evanescentes o apoteósicos (con arreglos musicales tan intrincados como de relojería perfeccionista) y la voz de Gropper, que matiza con elegancia cada emoción provocada por los textos.
No obstante, y contrario a lo que pudiera pensarse, muchos de sus estribillos son pegadizos y recordables, al igual que su rítmica, como los que utiliza el pop comercial sin alejarse, por ello, ni un ápice de sus objetivos estéticos.
La de Get Well Soon, el proyecto y grupo de Konstantin Gropper, es una manifestación artística de gente curiosa que busca crear algo nuevo a partir de sus muchas influencias de la cultura contemporánea, a veces éstas tan dispares y gozosas como inesperadas.
VIDEO SUGERIDO: HD – Get Well Soon – Good Friday (live) @ Arena Wien 23.11.2010, YouTube (galvanization85)


Por SERGIO MONSALVO C.

En El cielo protector, de Paul Bowles, tres estadounidenses deambulan por una novela que es la caldera del diablo.
África, para estos metropolitanos, es un peregrinaje a tierras marchitas donde la frescura es un concepto desconocido, donde no crece nada excepto el ser humano, que tiene que enfrentarse a sus antagonistas primigenios: el amor, la locura y la muerte.
Paisaje y atmósfera se vuelven uno en cada ser de Paul Bowles, un autor de verdaderas polendas.
Para Paul Frederick Bowles (nacido en Nueva York en 1910, y fallecido en Marruecos en 1999), el trabajo de escribir música y el de escribir palabras eran excluyentes entre sí. En la infancia y adolescencia fue autor de relatos y poesías. Posteriormente se inclinó por su otra vocación: la música.
Bowles abandonó la Universidad de Virginia después del segundo semestre para no volver nunca más. Sus proyectos se encaminaron a dejar la casa paterna y viajar sin dejar de hacerlo. Su primer periplo lo llevó a París, con la intención de conocer a Gertrude Stein.
Después de darse a conocer como autor de novelas y relatos, pasó menos tiempo en la composición musical. Su primer libro importante fue El cielo protector (1949), que fue llevado a la pantalla por Bernardo Bertolucci.
La mayoría de sus libros, posteriores a éste, tiene su ubicación en el norte de África, donde el autor se estableció definitivamente después de la Segunda Guerra Mundial.


Por SERGIO MONSALVO C.
FOTOGRAFÍAS

All By MySelfie (33)

Texto y Fotos de
SERGIO MONSALVO C.

PATTI SMITH
EXPONE EVIDENCIA
(75 AÑOS Y CONTANDO)
Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

Por SERGIO MONSALVO C.

El jazz ha prosperado de forma constante, desde hace más de un siglo, al adquirir nuevas técnicas y nuevos conceptos y, con cada cambio legítimo sigue ampliando sus alcances y extendiendo su creatividad. Las transformaciones periódicas en su historia han implicado rupturas, pero han sido las rupturas inevitables de un crecimiento orgánico, señal indudable de vitalidad.
El jazz, surgido a principios del siglo XX, representó con Louis Armstrong, una de las primeras reflexiones fundamentales sobre el procedimiento y materiales básicos del jazz hasta las siguientes innovaciones de Duke Ellington, Count Basie, Charlie Parker, Thelonious Monk, Charles Mingus, Miles Davis, John Coltrane, Ornette Coleman, Bill Evans, John Zorn y Brad Mehldau, sucesivamente. Y tras la pasión y profundo convencimiento con que la hicieron sus representantes más vanguardistas ya no hubo vuelta atrás.
Hubo desde el comienzo la irrupción del deseo en la liberación de las frases musicales; el empeño en buscar nuevas formas de tocarlo y de cantarlo: sin estereotipos, sin fórmulas previsibles en la manera de interpretar y proceder. Se abolieron las limitaciones armónicas y se consolidó una actitud anti academicista.
No tanto con la idea de hacer desaparecer la academia sino de crear caminos alternativos para el desarrollo de músicos, cantantes y artistas interdisciplinarios. El jazz se volvió una aventura loca y emocionante. Se improvisó colectiva, salvaje y duramente, con líneas que se cruzaban y friccionaban entre sí.
Los únicos límites hacia el futuro se fijaron en aquello a partir de lo cual algo distinto empezara a manifestar su esencia. Nuevos sonidos, nuevas voces, diferentes lenguajes inscritos más allá de cualquier cosa conocida. Ahí es precisamente donde surgieron, trabajaron y crearon los «Hitos del Siglo XX». En el sentido musical de manera específica fueron aquellos que buscaron, que exploraron, que descubrieron nuevos modos, nuevas formas de la experiencia artística.
Es indiscutible que quienes ha sacado mayor provecho de ello ha sido el escucha. A través de la historia de estos músicos se comprueba que es a las figuras que provienen del terreno de lo revolucionario, de lo ignoto, de lo alternativo, a quienes se debe la riqueza de ideas y propuestas que ensanchan los horizontes y proveen de sustento a todos los demás.
Las transformaciones significan la desestabilización de viejas formas musicales y de pensamiento, extinción de informaciones anticuadas o su reordenamiento en contacto con los nuevos saberes, técnicas y tecnologías, que confluyen en nuevas agrupaciones y senderos. Ahí es precisamente donde brotan los artistas novedosos que canalizan sus expresiones al margen de lo netamente comercial. Se evaden de lo acostumbrado, de lo convencional, y mantienen en forma constante la difusión de sus innovaciones, distanciamientos y propuestas estéticas, todo lo cual los convierte en hitos.
*Introducción al libro Doce Hitos del Siglo XX (Jazz) de la Editorial Doble A, que ha sido publicado de manera seriada en el blog Con los audífonos puestos.
Doce Hitos del Siglo XX
(Jazz)
Sergio Monsalvo C.
Editorial Doble A
Colección “Palabra de Jazz”
The Netherlands, 2022
Contenido
Louis Armstrong
Duke Ellington
Count Basie
Charlie Parker
Thelonious Monk
Charles Mingus
Miles Davis
John Coltrane
Ornette Coleman
Bill Evans
John Zorn
Brad Mehldau

Por SERGIO MONSALVO C.

URBANISMO RACISTA
La comunidad afroamericana que llegó a Chicago se asentó en la zona sur. “Al otro lado de las vías” del ferrocarril (Bronzeville), que delimitaban la zona urbana desarrollada de la que no lo era (blancos y negros, respectivamente). El blues eléctrico de Chicago reflejó el carácter de esta sombría ciudad fabril y las miserables circunstancias sociales acarreadas por la migración masiva desde el Sur. Agresivo, siniestro y cargado de tensión suena el nuevo estilo, con la slide guitar y armónica amplificada como sus características principales.
Si bien muchas veces sus cantos eran duros y brutales, esto no era para menos: los hijos blancos del Tío Sam nunca les habían dado respiro y sí todas las restricciones a sus derechos civiles, estigmatizándolos y a su entorno: “No es aconsejable entrar en esas zonas si eres blanco”.
La ciudadanía blanca del norte del país, apenas tenía contacto con la población negra. Sin embargo, con la inmigración masiva debida a la crisis se incrementó la repulsión hacia los negros, que apenas los concebía fuera de un grupo de seres primitivos y peligrosos. Tras la guerra civil y la abolición, la mayoría seguía creyendo en la leyenda del salvaje dominado por creencias irracionales, sometido a todo tipo de impulsos descontrolados.
Los líderes políticos y sociales, los líderes religiosos, los empresarios inmobiliarios supieron explotar ese miedo y, más aún, cuando estigmatizados bajo las leyes sociales de la población blanca, dicho temor redituó en la creación de los ghettos.
El devenir de éstos en la Unión American se encuentra estrechamente asociado con olas de inmigración (externa) y a la migración urbana (interna). La primera comenzó en el siglo XIX con los irlandeses, alemanes y chinos, seguidos de italianos, polacos y suecos. En el inicio del XX llegaron los judíos europeos, los rusos, ucranianos, otros asiáticos y latinoamericanos. Todos ellos crearon sus propios enclaves y barrios con crecimientos y adaptaciones dispares y ambivalentes.
La situación de la segunda, la de los afroamericanos, ha sido distinta. Entre la abolición de la esclavitud y la promulgación de las leyes de derechos civiles de la década de 1960, las costumbres discriminatorias (a veces codificadas en la ley) obligaron a que esta comunidad interna viviera en barrios específicos, conocidos como ghettos.
Las distintas autoridades jurídicas (federales, estatales) aplicaron una lógica perversa para crear con ellos un régimen de marginalidad plenamente aceptado: la tendencia mayoritaria blanca hacia la segregación y el mantenimiento de la desigualdad, la fragmentación laboral y la lumpenización, la reducción del estado de bienestar y la concentración de la pobreza en tales zonas, todo con su debida legalización.

Medio siglo después de la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos (1955–1968), la de los Estados Unidos sigue siendo una sociedad segregada en la que blancos y negros habitan diferentes barrios. Tras la II Guerra Mundial mucha gente blanca estadounidense se mudó de las ciudades a los suburbios recién creados.
El hecho ocurrió, en parte, como respuesta a los negros que se mudaban a los vecindarios urbanos blancos. Las prácticas legales destinadas a «preservar» dichos suburbios limitó el intento de los negros para vivir en ellos, aunque económicamente pudieran hacerlo.
Para conseguirlo, tanto los bancos (préstamos e hipotecas), las compañías de seguros y las empresas negaban o aumentaban el costo de sus servicios, el acceso a puestos de trabajo, a la atención médica, etcétera, en áreas racialmente determinadas.
Los datos sobre el precio de la vivienda y las actitudes contra la integración indican que la segregación es un producto de acciones colectivas, adoptadas por los blancos para excluir a los negros de los mejores barrios citadinos y suburbanos. En la era Trump todo ello se recrudeció e incrementó la violencia y la palabra ghetto cobró nuevos significados para ambas partes (el gobierno usó la tecnología para canalizar su mensaje, mientras que el hip hop recogió la estafeta del blues).
La certeza de que el pasado, en lugar de alejarse, se torna cada vez más presente. El fanatismo y el odio racial y los gritos de supremacía blanca, la xenofobia, ya no están sólo en las hordas encriptadas como el KKK, sino que provienen del gobierno mismo y los han hecho extensivos a todo afroamericano o inmigrante extranjero.
Tal estulticia, además, ha tendido a ser imitada por los políticos populistas demagogos, derechistas y aspirantes a déspotas de diversas geografías del mundo con mayor libertad (amparados en el voto y el retorcimiento de la democracia) y espacios (redes sociales) para tergiversar y extender sus mentiras, desde Asia a Latinoamérica donde las barriadas crecen para poner ahí a los “contrarios y fugitivos del desarrollo”.
VIDEO SUGERIDO: Donny Hathaway – The Ghetto, YouTube (soulfunkist)

