MY BACK PAGES: NATURAL FAKE (DE-PHAZZ)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

NATURAL FAKE (FOTO 1)

 

A mediados de la primera década del siglo XXI, el jazz electrónico con las medidas de los soft y long drinks, de la bossa nova, del lounge y de latin mood, a base de exóticos cocteles hi-fi y estética retro, inició su camino como downtempo-jazz

La sofisticada geometría geográfico-sonora que comenzó el andar de éste último con el triángulo Inglaterra-Italia-Noruega, se fue transformando con la adición del cuadro alemán hecho por De-Phazz. En lo musical surgió como una corriente, avanzó a movimiento y evolucionó a género.

El eclecticismo de estos alemanes abarcó, además de lo ya citado, músicas originarias en las décadas de los años 50 y 60, jazz tradicional, cha cha chá, drum’n’bass, mambo, reggae, trance, latin rhythms, ragas, pop, world beat, blues, soul, cajas de ritmos, cuts y grooves cariboasiáticoafricanos, sonoridades atmosféricas y ambientales y el remix (con toda su magia en el tiempo y el espacio).

Así como el infinito poder de la imaginación de su líder y mente maestra: Pit Baumgartner, igualmente el credo primigenio sobre la belleza apoyado por la tecnología para innovar. Y todo con el fin último de poner literalmente a todo el mundo a gozar. Un auténtico deseo hipermoderno.

Haber evolucionado de esta manera ha hecho que el jazz haya seguido extraordinariamente en contacto con la fuerza impulsora de sus orígenes: la mezcla. El estilo downtempo-jazz, como el jazz en general, es cualquier cosa menos un género hermético. Lo que hace de él una cuestión artística vital es su asombrosa capacidad de absorber la historia de la que forma parte, brindando siempre estilos frescos así como el planteamiento de nuevas preguntas sobre el porvenir.

En el mundo en general, las sociedades avanzan en el vacío sobre el sentido último del ser humano. Para evitar la depresión por las esperanzas frustradas en el acontecer cotidiano, los artistas del estilo mencionado en la música de club europea han proporcionado una respuesta ante la crisis: la construcción del placer mediante la música de baile o el relax de la escucha nítida y persuasiva.

El downtempo-jazz encarnado por De-Phazz, en su disco clásico Natural Fake (del 2005) es, pues, además de un estilo con ya más de una década de existencia, una metáfora epistemológica de la contemporaneidad que busca precisamente al sujeto y su sentido como ente hedonista. Los integrantes del hoy octeto echaron mano del jazz en su antigua sabiduría para intentar hacer feliz a la gente de las tribus cosmopolitas. Proporcionándoles un artefacto cultural sensible que se hace vida en la práctica con el movimiento de su satín sonoro.

Y para todo ello De-Phazz se ayudó de las herramientas y los mecanismos que utilizan las nuevas escuelas del sonido, de los lenguajes y técnicas del down tempo, del trip hop, de los instrumentos inventivos de la electrónica contemporánea, para facilitar con su reunión tanto los procesos cognoscitivos como los emotivos que, juntos, están en la base de la formación del urbanita en el preludio del siglo XXI.

La verdadera función de las hermosas piezas y líneas melódicas que componen el mencionado álbum, es servir como recurso para mostrar rítmicas, timbres, texturas, colores. Es un viaje al sonido en el sentido más lúdico del término, uno de los múltiples viajes propiciados por la música nacida del maridaje entre los organismos y las máquinas. Es un arte que transforma en música al entorno.

El puñado de piezas que lo componen (“Astrud Astrunette”, “Eternity Is”, “Love is Natural” o “Close to Jazz”, entre ellas) está marcado por la fascinación y el atractivo de las ingeniosas combinaciones. Baumgartner ha hecho de cada tema del disco un coctel maravilloso que, en conjunto, son un disparo al corazón, besos ligeros o instantes de embelesamiento, arropados en mezclas asombrosas y con el destilado rítmico de laboriosa sencillez.

Y como sucede con las buenas preparaciones, los sentidos danzan alegres hasta el final de la música, dejando al degustador pletórico y ahíto. Con la sensación de haber rozado lo perfecto, un espejismo de consoladora armonía, un atisbo de orden atmosférico con la belleza sonora que lo enmarca todo. Lo dicho: De-Phazz es un coctel nu-chic para el nuevo ser hedonista.

VIDEO SUGERIDO: De-Phazz – Backstreets of My Mind (Natural FakeCD).wmv, YouTube (sbniram)

NATURAL FAKE (FOTO 2)

Exlibris 3 - kopie

ON THE ROAD: «EL SISTEMA»

Por SERGIO MONSALVO C.

 

EL SISTEMA (FOTO 1)

 

(CRÓNICA)

 

Estábamos en París, mi mujer, su hija adolescente y yo. Justo en medio de nuestra estancia vacacional. Mi mujer quería ir a visitar a unos familiares que no veía desde su infancia. La adolescente y yo nos negamos. Así que ella se fue y nos dejó para que nos la arregláramos solos hasta la hora de la cena. Teníamos muchas horas por delante.

“Quiero ir a una conferencia que me interesa”, le dije a la jovencita. “Yo quiero ir de compras”, replicó. “Houston, tenemos un problema”, espeté para tratar de aligerar el asunto. No se dio por enterada.

“Está bien –dije–. Yo entro a la dichosa plática, y tú, mientras tanto, vas a todas las tiendas que estén en las cercanías del lugar en donde voy a estar. Nos reuniremos cuando termine la conferencia. Eso te da tiempo para escoger tus cosas. ¿De acuerdo?”. Lo estuvo (obviamente lo hizo porque se vería libre y a sus anchas).

Nos encaminamos hacia el lugar donde se ubica la Escuela de Estudios Superiores de Ciencias Sociales (EHSS, por sus siglas en francés) en el Boulevard Raspail. Un Quartier, el sexto, ideal para ir de compras. Convinimos en la hora del encuentro y nos separamos (primero hice que anotara todos los datos del edificio en el que yo iba a estar y la hora de volver a reunirnos ahí).

Entré, pues, a la citada disertación que versaría sobre “Creación, edición y lectura: presente y pasado”, que impartiría Roger Chartier, la cual resultó muy, muy interesante, acerca de la hechura de buenos lectores frente a y a través de Internet; la actual y pasada vida del libro, y sobre los nuevos riesgos en la cadena de difusión del mismo.

Entre las anotaciones que hice al respecto resaltan las evocaciones que hizo el historiógrafo acerca de la lectura, del acto de leer, y citó a Pavese para decir que con el verbo leer se trata siempre de aprender las palabras de un hombre, y que lo importante del acto de hacerlo está en el momento en que se encuentra uno solo frente a la página que tiene enfrente, como lo estaba también el que la escribió.

Esa poética (y citó esta vez a Italo Calvino) explica que lo que la literatura enseña no son métodos prácticos para vivir, sino una toma de posición al respecto. El resto es la vida la que debe enseñarlo.

A la salida, y contra todo pronóstico, nos reencontramos puntualmente la adolescente y yo, sin ningún problema. Aún faltaba tiempo para la cena, así que le propuse ir a Fnac –la cadena francesa que vende un sinfín de cosas—para buscar un libro que me encargó un colega, discos y un par de películas.

Para evitar cualquier pero le ofrecí comprarle también algún disco (su madre me comentó que había hecho una larga lista de ellos). Le ayudé con las bolsas que llevaba y emprendimos la ruta hacia la sucursal más cercana (ella sin dejar de ver y teclear su teléfono). Todo estuvo bien, excepto que no encontré el libro buscado, por lo cual le solicité ayuda al encargado. Tuve que deletrearle varias veces el nombre del escritor para que lo buscara en la computadora. “No aparece en el sistema–dijo–. ¿Está seguro del nombre?”

Lo miré como se mira una boñiga de caballo y le pedí que llamara al supervisor. Tardó, pero vino. Le volví a hacer la petición. Me miró, miró al empleado y fue a la computadora. “No está en el sistema. ¿Está seguro del nombre?, dijo. Estuve a punto de decirle que era un estúpido, que sus padres seguro que también lo eran y toda su familia en algún grado superior de la estulticia. Pero me contuve y, a cambio, le deletree lenta, muy lentamente, el nombre del escritor y del libro: M-a-r-c-e-l P-r-o-u-s-t, es un autor francés, le aclaré y también la obra la escribió en francés: À la recherche du temps. (En busca del tiempo perdido). Así que es un compatriota suyo y, por lo demás, puede que él y el libro sean conocidos, expliqué.

Volvió a la pantalla. “No, no está en el sistema, Monsieur, y el sistema no se equivoca”, me espetó. Luego de un intercambio de palabras, la pena y furia que tenía la adolescente y mi rabia particular, salimos de aquel establecimiento de la cadena.

Me llevé mi coraje y a la adolescente a orillas del Sena, a los eternos puestos de libros de segunda mano (los sempiternos bouquinistes). Compré el mencionado título en sus varios volúmenes, en una edición en rústica muy bonita, e hice que el vendedor escribiera una dedicatoria firmada por Proust (una broma para mi amigo, que recibió todo ello con mucho gusto).

El caso es que tiempo después, me sucedió algo semejante en Nueva York, en otra librería de cadena y lo mismo en otra de Berlín y Londres. Y en todos lados la respuesta era más o menos la misma para ellos, aunque en diferentes idiomas: “No aparece en el sistema, por lo tanto el libro no existe”.

FOTO 2

Exlibris 3 - kopie

CANON: AEROSMITH

Por SERGIO MONSALVO C.

 

FOTO 1

(EN EL ESPEJO DE PIEDRA)

Con la clara influencia de los Rolling Stones —desde el formato hasta su interpretación del rhythm and blues, además de que su vocalista se ha preciado siempre de parecerse a Mick Jagger, y no sólo en el físico, sino también en su forma de moverse sobre el escenario, como vocero principal del grupo, por haberse casado con modelos y actualmente también por tener hijas en la farándula—, Aerosmith fue fundado en 1970, en New Hampshire, por el cantante Steven Tyler y el guitarrista Brad Whitford. Con Joe Perry en la guitarra, Tom Hamilton en el bajo y Joey Kramer en la batería, el grupo tocó en los bares y clubes de Nueva Inglaterra hasta contratarse con Columbia en 1972.

Tras editar un álbum homónimo, coescrito por Tyler y Perry (dupla semejante a la de Jagger-Richards, los compositores del grupo en una mancuerna lírico-musical que ha redituado infinidad de hits y temas clásicos, como en los Stones), el productor Jack Douglas se encargó de Get Your Wings (1974).

Los conciertos dados en toda la Unión Americana impulsaron las ventas de Toys in the Attic (1975) a más de un millón de copias; «Sweet Emotion» fue un éxito menor, mientras que «Dream on» (del primer álbum) alcanzó el Top Ten en 1976. «Walk This Way» y «Last Child», de Rocks (1976), también fueron muy populares en su momento.

Después de grabar Draw the Line (1978), el grupo apareció en la película Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band, en la que interpretó «Come Together» de los Beatles, versión que logró penetrar en los primeros lugares de popularidad —un cóver del Cuarteto de Liverpool, “I Wanna Be Your Man”, le significó también a los Rolling Stones un éxito en sus comienzos—.

El álbum Live Bootleg salió en 1979. Y al poco tiempo de aparecer Night in the Ruts, Perry abandonó al grupo para fundar el Joe Perry Project, con el que grabó Let the Music Do the Talking (Columbia, 1980) y I’ve Got the Rock’n’Rolls Again (1981).

En estas circunstancias las igualdades con los Stones se acentúan: como en ellos, se había dado una transformación profunda en el trabajo para componer. Tal hecho se mostró con claridad por primera vez en el último disco.

Tyler y Perry ya no eran sólo la proyección de los adolescentes de New Hampshire, sino también unas solicitadas y experimentadas estrellas del rock que habían recorrido el mundo. Ambos se habían creado un entorno personal y desarrollado intereses específicos. Por lo tanto, eran cada vez más las canciones que producían cada uno por su lado. Rara vez se sentaban en a crear algo juntos.

En el álbum Night in the Ruts el dogma del entretenimiento puro que en él se manifiesta —como en los Stones de los ochenta— pareció convertirse en el credo aportado por Perry, mientras Tyler por su parte, se hundía cada vez más en el pantano de las drogas (tal como sucedía con Jagger y Richards). Como sus semejantes, no faltó mucho para que el grupo se desintegrara.

Los ingleses se enfrascaron en un largo pleito atravesado, desde que Jagger decidió producir su primer álbum como solista (She’s the Boss), salir de gira para promoverlo e interpretar en vivo algunos temas de los Stones. Richards respondió con un grupo paralelo, The Expensive Winos, con el que se lanzó también como solista (Talk is Cheap). Sin embargo, a la postre se reconciliaron.

FOTO 2

En Aerosmith, la falta de éxito del álbum Rock in a Hard Place, debido a las renuncias de Perry y de Whitford, quien grabó un disco con Derek St. Holmes, dio lugar a la pacificación y a la reunión de la alineación original en 1985, tras ser contratados por Geffen para grabar Done with Mirrors.

El grupo tuvo un hit sorpresa al año siguiente, cuando los raperos de Run DMC resucitaron «Walk This Way»; Perry y Tyler participaron en la nueva versión. El siguiente álbum Permanent Vacation (1987), producido por Bruce Fairbairn, incluyó el sencillo «Dude (Looks Like a Lady)» y una versión de «I’m Down» de Lennon y McCartney.

Después figuraron en las listas de éxitos de 1989 con «Love in an Elevator», del álbum Pump. Ya en una nueva década, la de los noventa, se puso a la venta la caja compilatoria Pandora’s Box y en 1993 sacaron a la luz Get a Grip, álbum que se proclamó en uno de los de mayores ventas en el mundo. De él se extrajeron sencillos como «Livin’ on the Edge» y «Crazy».

A pesar de estar entre los millonarios del rock and roll, estos elementos del mundo musical continuaron (y continúan) siendo escandalosos y rebeldes, negándose a ingresar al círculo de los ricos respetables (al igual que sus emulados: Jagger, un playboy del jetset, y Richards, con la horma impresa del cigarro, el vaso y la ropa estrafalaria). La música de Get a Grip, desbordó agresividad en este sentido.

Afortunadamente Tyler y Perry, los guías del grupo, no han perdido nunca la actitud juvenil (el emblema del romanticismo rockero por antonomasia). Con cada nuevo álbum, como los Stones, quieren demostrar al planeta cuánto aún pueden seguir dando de sí (Nine Lives, A Little South of Sanity, Just Push Play).

Si bien Tyler no escucha nada de música mientras graba, a fin de no dejarse influir, este originario de Massachusetts es un fanático del rap el resto del tiempo. Para él, los negros lo lograron de nuevo: crearon una nueva forma de arte. Mick Jagger dijo en su momento algo parecido con respecto al r & b. Los manifiestos de ambos son festejos a la negritud.

En lo musical, los dos grupos dominan sus opciones, y su rock de patente —basado en el r&b, el soul acompañado por salidas ocasionales hacia el country, el reggae, las baladas o el hard y el rap, respectivamente— no agrega nada fundamental a su paleta.

En la actualidad, Aerosmith, como los Rolling Stones, logran reunir en sus conciertos a distintas generaciones y familias enteras. Perry, como Richards, se planta bajo los reflectores a recrear los riffs que lo han hecho famoso, y tiene en Whitford a su compañero congenial (como Richards y Ron Wood).

Asimismo, en determinado instante de los conciertos toma el lugar tras el micrófono, a la usanza de Richards. Mientras que Tyler, como Jagger, hace gala de una gran condición física a pesar de tener 75 años. Causa tanta admiración su energía, como la del británico.

Las giras de ambos longevos grupos, catalogadas desde hace décadas sólo para estadios, se erigen en auténticos shows profesionales y emotivos de dos o tres horas de duración. Y aunque los conciertos en general no brillen sobremanera, siempre se distinguirán por su capacidad para convertir hasta una noche promedio en una experiencia memorable.

Aerosmith llega a la tercera década del siglo XXI con una vitalidad asombrosa y sólo con un par de discos de estudio en el presente siglo: un álbum de blues (vuelta a las raíces, como lo hicieron los Stones con Blue and Lonesome) titulado, Honkin’On Bobo y otro, Music For Another Dimension, de hace una década. Por supuesto, tienen su lugar en el Salón de la Fama del Rock & Roll.

VIDEO: Aerosmith – Livin’ on the Edge (from You Gotta Move – Live), YouTube (Aerosmith)

FOTO 3

Exlibris 3 - kopie

ROCK Y LITERATURA: EL PERFUME (PATRICK SÜSKIND)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

FOTO 1

 

Patrick Süskind (nacido en Ambach, Alemania, el 26 de marzo de 1949), es un escritor alemán, novelista, dramaturgo y guionista de cine, que actualmente radica en Munich, y el cual nunca esperó el éxito de su primera novela, Das Parfum (1985: «El Perfume”). Afirmó, tras su edición y buen recibimiento, que la escribió en secreto y que sus amigos y familiares no sabían de su existencia hasta que fue publicada.

«Pensé que era una historia tan absurda que, en caso de terminarla alguna vez, pudiera tener algunos cuantos lectores entre personas interesadas en la historia y la literatura», recordaba Süskind por entonces.  Cuando los críticos y los lectores en todo el orbe aclamaron la novela como una asombrosa hazaña –que para ese momento ya había sido traducida a más de 12 idiomas— el escritor respondió con cautela ante el asedio mediático.

Concedió pocas entrevistas y rechazó un premio de literatura de cinco mil dólares del periódico de Frankfurt que originalmente presentó la novela en forma seriada, jurando que jamás aceptaría un premio por lo que escribía (obviamente con el tiempo cambió de parecer).

El Perfume es un relato extraño, irónico y perturbador en torno a un antihéroe enajenado de la sociedad. Jean-Baptiste Grenouille es un bastardo huérfano, despreciado y degradado, que vaga por la Francia del siglo XVIII asesinando a hermosas jóvenes a fin de destilar con sus aromas corporales un perfume que lo transformará en el hombre más deseable y poderoso sobre la Tierra.

Los críticos han descrito la novela regularmente como un cuento de hadas, como una novela filosófica y como una alegoría de la megalomanía política.  En este último caso, algunos de dichos especialistas han trazado paralelos entre Grenouille y Adolf Hitler. Súskind confirmó la observación. El Tercer Reich, explicó, «siempre estuvo al fondo de las mentes de los miembros de mi generación. No importa que uno escriba poemas, obras de teatro o novelas. Incluso entonces es el tema», afirmó.

FOTO 2

El autor bávaro observó con interés que los críticos franceses y anglosajones captaron la alegoría política de su relato, mientras que los críticos de su propio país no la vieron.

Los reseñistas alabaron la espléndida evocación lograda por Süskind del París y de la campiña francesa del siglo XVIII. También elogiaron sus discursos fascinantes y detallados sobre el proceso de la fabricación del perfume que figuran a lo largo de la novela. Uno de los aspectos más descollantes de la misma.

Según coinciden la mayoría de los especialistas, parte de la brillantez del texto es el uso que el autor da a los olores, tantos los sensuales como los repugnantes, como un leit motiv. El reconocido escritor y crítico John Updike llamó a esta «reconstrucción del mundo en términos de aroma» una «proeza encantadora».

Süskind, asimismo, habló de su método de investigación como el de un sumergimiento en el mundo de los olores durante los dos años que dedicó a escribir la novela. Viajaba por las regiones productoras de perfume del sur de Francia sobre una pequeña motocicleta (Scooter): «Con los goggles puestos, apenas podía ver; y con el casco, no escuchaba nada –ha recordado -. El olfato era prácticamente el único sentido que me funcionaba sobre la Vespa».

Asimismo, y en oposición, algunos críticos hicieron hincapié en que varios aspectos cruciales de la historia parecen artificiosos, sobre todo el desenlace.

Igualmente, se cita la incongruencia de que uno de los rasgos monstruosos de Grenouille sea la ausencia total de olor corporal, a la vez que por coincidencia posee también un sentido del olfato extraordinariamente agudo.

Sin embargo, lo que más apaciguó a los reseñistas, fueron, quizá, el acierto del autor de no crear personajes de más en la novela, y el hecho de que Süskind no haya incitado en los lectores empatía alguna con el protagonista, a pesar de la habilidad de Grenouille para cautivar y mantener la curiosidad sobre sí mismo, a través de toda la historia.

A la postre, la mayoría de los críticos llegó a la conclusión de que la narración absorbente e imaginativa de Süskind permitía dejar de lado la verosimilitud y abandonarse al fascinante texto escrito con un magnífico estilo.

En fin, yo creo que al igual que El nombre de la rosa de Umberto Eco, El Perfume es una fábula histórica y un libro canónico que se fundamenta (y muy bien) en la ficción, no en el realismo, para intrigar y deleitar a los lectores (con todos sus sentidos), y para reincidir en ella, tanto como para leerla diez veces y escribir alguna canción ilustrativa, como en el caso de Kurt Cobain, que descubrió en ella infinidad de cosas

VIDEO: Nirvana – Scentless Apprentice (MTV Live And Loud, Seattle – 1993), YouTube (DrainedNirvana)

FOTO 3

Exlibris 3 - kopie

BLUES: DOCE HITOS DEL SIGLO XX (ALBERT KING)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

ALBERT KING (FOTO 1)

 

DOS MOMENTOS

 

(I)

BAJO EL SIGNO DE STAX

 

El guitarrista zurdo Albert King nació el 25 de abril de 1923 en Indianola, Mississippi.  Con el nombre de Albert Nelson tocó la batería y la guitarra a fines de los años cuarenta con In the Groove Boys, en Arkansas. En 1952 apareció en Chicago y en el cercano Gary como baterista con John Brim y Jimmy Reed.

Un año después realizó sus primeras grabaciones para la compañía disquera Parrot (ahora Chess), en las cuales se aprecia una afinidad estilística con el blues de Chicago.

Entre 1959-1961 llevó a cabo una serie de grabaciones para la Bobbin Records de St. Louis, en las que por medio de la evidente influencia de B.B. King se revela la búsqueda de un estilo original.

A ello le siguieron varias grabaciones para Chess, King y la compañía Coun-Tree-label de Leo Gooden.  En 1966 se inició el auge de Albert con el sello Stax y su estilo pareció adquirir su forma definitiva.

La variación entre los discos fue el resultado del acompañamiento y la producción ajustada a las tendencias recientes (gracias a ello, sobre todo Born Under a Bad Sign y Blues at Sunset, entre una decena de álbumes) alcanzaron bastante éxito comercial).

Las cosas siguen igual cuando en 1976 King se cambió a la disquera Utopia y siguió sacando su viejo fraseo bluesístico de la guitarra, con un acompañamiento cambiante de blues, rock y funk.

En 1990 participó en la popular grabación I Still Got the Blues del guitarrista inglés Gary Moore. El renombre adquirido de esta manera sirvió para aumentar las ventas de Roadhouse Blues más que en mucho tiempo. Albert King murió el 21 de diciembre de 1992, en Memphis, a los 69 años de edad.

ALBERT KING (FOTO 2)

                                     (II)  

LAS SESIONES PERDIDAS

Bill Belmont, director de ventas internacionales de Fantasy Records, estaba revisando el material correspondiente a Stax en las enormes bóvedas de la compañía, en busca de piezas inéditas de Albert King a fin de compilar un álbum del periodo más productivo de este titán del blues.

A primera vista, las hileras de cajas con los masters y los archiveros con datos discográficos parecían haberse conservado cuidadosamente, tanto en su sede original de Memphis y luego por Fantasy en Berkeley.

Belmont había ubicado a suficientes canciones fuertes para dos tercios de un álbum, pero se sintió frustrado al no encontrar parte del material mencionado en los archivos. Las fichas detalladas incluían una sesión con Willie Dixon en Chicago y una segunda grabación con Don Nix (la primera resultó en el extraordinario álbum Lovejoy, Stax MPS-8517), pero ¿dónde estaban las cintas?

Metido en eso Belmont se encontró con dos masters de los que no había referencias en los archivos. Colocado en el estante, al parecer sin haberse tocado en 15 años, estaba un álbum completo de Albert King producido por el bluesero inglés John Mayall en los Wolfman Jack Studios de Los Ángeles el 28 de agosto de 1971. Belmont escuchó las cintas y se convenció de inmediato de que la sesión era única y merecía ser editada lo más pronto posible. La compilación podía esperar.

La combinación de los dos músicos fue inspirada. King era el guitarrista más influyente de la era moderna del blues; y Mayall, el principal conceptualista del revival inglés del blues en los sesenta. El álbum no fue editado en su momento porque, si bien encargado por Stax, el sonido no coincidía con el catálogo general de la disquera.

En efecto, The Lost Session (como se llamaría a la postre) suena muy distinto de todo lo grabado por King antes o después. Se trató de una fusión triple de blues del delta del Mississippi, blues inglés y jazz de Los Ángeles.

Excepto la grabación hecha por King a principios de los sesenta de «Let’s Have a Natural Ball» para Bobbin, en la que intercaló «Cooking at the Continental» de Horace Silver con «T-Bone Shuffle» de T-Bone Walker, es la única ocasión en que King se había acercado tanto al jazz.

El contenido jazzístico de este álbum es más obvio en el sustancioso solo de Ernie Watts en el sax tenor que se incluye en «Money Lovin’ Women», en el abrasador alto de Clifford Solomon en «Cold in Hand» y en la transparente trompeta blusy de bop de Blue Mitchell en «Tell Me What True Love Is». El toque suelto y sincopado de Ron Selico en toda la extensión del álbum otorgaron a la sesión una ligereza semejante a la que Mose Allison pedía a sus bateristas.

Si bien King no siguió en la dirección del jazz-blues introducido en esta sesión, el proyecto marcó un giro en la carrera de Mayall. Fue la primera vez que tocó con Solomon y Mitchell, quienes acababan de dejar el grupo de Ray Charles.  Junto con Selico y el bajista Larry Taylor, formaron el núcleo del innovador grupo Jazz Blues Fusion encabezado por Mayall a comienzos de los años setenta.

Poco se sabe acerca de los otros dos músicos participantes. El guitarrista rítmico era un primo de Albert, Lee King, y el tecladista de «Money Lovin’ Women», «She Won’t Gimme No Lovin'» y ambas versiones de «Sun Gone Down» fue alguien llamado Kevin, según Mayall «un amigo de Lee King».

Otro aspecto único de la sesión es la elección intencionada por Mayall de claves, para algunas de las melodías, diferentes de las claves de la menor, si menor y mi menor que King toca con mayor frecuencia. «El cambio de claves obliga a pensar de otro modo –explicó Mayall en su momento–. Lo mantuvo alejado de los clichés y Albert sacó unas cosas maravillosas”.

Todas las canciones son colaboraciones entre Albert King y John Mayall. «El salía a tomar café y yo elaboraba la canción ‑‑recordaba Mayall–. Cuando regresaba, se la teníamos lista. La escuchaba y tocaba, como en una jam session, luego inventaba las palabras y ya”.

The Lost Session había sido encontrada e impresa en vinil.  ¿Cuántas joyas habrá aún perdidas por ahí?

VIDEO SUGERIDO: Albert King – 1981- Born Under a Bad Sign, YouTube (killerclam)

ALBERT KING (FOTO 3)

Exlibris 3 - kopie

BABEL XXI-660

Por SERGIO MONSALVO C.

 

FOTO

 

JOHN MAYALL

WITH ERIC CLAPTON

 

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

https://www.babelxxi.com/660-john-mayall-with-eric-clapton/

Exlibris 3 - kopie

CARTAPACIO: «LA MARCA DEL SUAVE»

Por SERGIO MONSALVO C.

 

FOTO 1

 

(RELATO)

A las seis de la mañana abre la cortina metálica de la covacha, saca las dos cubetas de plástico, vuelve a cerrar, pero ahora con candado y se dirige por esa calle de la barriada, muy cerca del Viaducto, a la vecindad que se encuentra en la siguiente cuadra para llenar las cubetas en la llave de la entrada del inmueble.

Sólo perros y señoras embozadas con diferentes prendas deambulan a esa hora.  Observa los montones de basura acumulados en las cuatro esquinas de ese crucero pensando que ojalá no salga de ahí ninguna rata. Les tiene horror.

Con la carga de agua en ambas manos regresa por el mismo rumbo, repasa los nombres de cada establecimiento de venta de autopartes sin dejar de emitir gestos que denotan suspicacia.

Los negocios de tal rama en esa colonia siempre provocan esas actitudes aún entre sus propios habitantes y poseedores. Él ha visto y callado, como casi todos los lugareños, demasiadas transas como para sorprenderse de nada.  Salvo, quizá, de las que hacen los policías que vienen cuando las razzias de limpia y arrestos. Esos siempre traen nuevas mañas.

La figura de El Suave, tan parecida a la de un personaje de cómic –rechoncha y ridícula–, se detiene frente a la covacha donde vive y que a la vez sirve de vulcanizadora.

Levanta la cortina, se echa agua en la cara y cabello y vacía ambas cubetas en la tina donde prueba las estructuras de las llantas. Se seca la cara y peina el escaso pelo hacia atrás. Comienza a acomodar sus instrumentos de trabajo y a esperar la llegada del primer cliente, que de manera regular es el chofer de algún taxi que trae a reparar una llanta desahuciada.

El Suave ganó su apodo por el trato que da tanto a las llantas como a la gente.  Casi no habla, sólo gruñe y mira como fiera. La clientela habitual no lo molesta con pláticas de ninguna índole. Cuando trabaja lo hace rápido y bien. Los clientes ocasionales callan pronto después del vistazo que les echa encima.

El pizarrón con los precios detallados le evita abrir la boca. Los del rumbo siempre lo saludan y esperan un ligero movimiento de cabeza como respuesta.  Sólo le dan la vuelta los sábados cuando se emborracha. El martillo de goma que carga encima es su vocero oficial y única forma de comunicarse con el resto del mundo. Algunos lo han comprobado y guardan su marca.

Exlibris 3 - kopie

PRIMERA Y REVERSA: MONSTER (R.E.M.)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

FOTO 1

 

Hablar de R.E.M. no es fácil, no fueron un grupo de artistas unidimensionales. Para hacerlo se necesita de herramientas interdisciplinarias. La historia tal vez sea la más adecuada en este caso. Al grupo y su discografía hay que escucharlo junto a las páginas de la hemerografía cotidiana, leerlo a la par de los acontecimientos y desarrollo de la política de su país en todos los niveles.

Sus primeros EP’s coincidieron con el final del gobierno de James Carter, un presidente salido del Sur Profundo como ellos, que enfatizó la crisis entre lo que se desea y la realidad, con la ideología segregacionista sureña acentuando su reaccionarismo.

Como universitarios que eran, los miembros del grupo asombraron a las radios sectoriales con los mensajes de “Sitting Still”, por ejemplo, así la radio independiente los encumbró por su alternatividad y lanzó de gira por esos estados.

En lo musical —y esto hay que señalarlo muy claramente—, ningún grupo como R.E.M. marca tan bien el punto en que el postpunk se convirtió en rock alternativo.

El ascenso de Bill Clinton y su administración, puso en la mesa la hipocresía social y la doble moral gracias al “escabroso» tema del sexo y su politización. Los escándalos de la Sala Oval permanecerán vibrando por el resto de la vida.

El disco Monster fue el encargado de matizar la postura del grupo respecto al manejo político del asunto como noticia o como entretenimiento, sobre el aumento del poder mediático en general y su acoso, de su tergiversación ética “(King of the Comedy” o el tema dedicado a la muerte de su amigo Kurt Cobain, “Let Me In”, son la muestra).

Con Monster (1994) R.E.M. dio el salto hacia el mainstream sin comprometer por ello su intención original. En sus comienzos fueron alternativos, pero ya no lo fueron y con este nuevo disco lo confirmaron. El cuarteto no realiza en él ya las innovaciones musicales de otros grupos. Aquí regresan, por decirlo así, al garage y se ponen a rocanrolear con el espíritu in situ. Su sonido continúa siendo casero y frío, pero sin amedrentar.

VIDEO: R.E.M. – Wath’s The Frequency, Kenneth? (Official Music Video), YouTube (remhq)

FOTO 2

Exlibris 3 - kopie

DISCOS EN VIVO: LIVE: LET’S WORK TOGETHER (G. THOROGOOD)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

FOTO 1

Con las primeras notas regresé a la mesa. Aquello era la locura, una utopía, un auténtico Shan-gri-la. Y ahí, descubrí una vez más eso que Hendrix expresó con «Excuse Me While I Kiss the Sky»: esa noche actuaba George Thorogood & The Destroyers.

Thorogood, un guitarrista nacido en Maryland, junto a sus compañeros: Bill Blough (bajo), Jeff Simon (batería) y Ron Smith (guitarra) habían decidido tocar un rhythm and blues rústico, áspero, auténtico y lleno de corazón, bajo el nombre de The Destroyers (el explosivo y energético saxofonista Hank «Hurricane» Carter se acababa de integrar al grupo y realizaba con éste sus primeras presentaciones).

George se dedicaba a los riffs directos y nada pretenciosos de un blues urbano actual y sin tapujos.  Había estudiado hasta sus raíces las obras de influyentes músicos como Elmore James, John Lee Hooker y Chuck Berry.

El «demonio del slide», sobrenombre con el que se le conocía, se mostraba fascinado por el carácter y ritmo del blues urbano y del rhythm and blues.  Su reputación como instrumentista lo elevaba al mismo nivel que Johnny Winter y Rory Gallagher.

Y en esos momentos quien quisiera escuchar la slide tocada como se lo hubiera imaginado el inventor del instrumento, hará bien en elegirlo a él.

La banda mostraba que sabía obtener el máximo efecto con los medios más sencillos. Todo el equipo que llevaban de gira cabía en un camión mediano.  No era de sorprender, pues, que en esos tiempos hayan optado por presentarse exclusivamente en salas reducidas.

En los clubes y pequeños auditorios donde encontraban la mejor veta para explotar su música y el contacto espontáneo con el público que hacía tan vivo y eficaz a su sonido.

Thorogood requería del marco íntimo para poder producir el fragor completo de su propuesta musical: un r&b ortodoxo y atemporal. El sax, la poderosa sección rítmica y la bottleneck eran para él lo que marcaba los acentos.

FOTO 2

“Su música es viril –escribí después–: se puede oler el sudor y el whisky, el polvo del camino en las botas y la ira esencial. El electrizante grupo atiza el fuego y reinventa el acero, con un filo de hard blues que vierte su ruda energía en urgentes y violentas sacudidas. La velocidad es frenética, ansiosa por alcanzar a su guitarra impaciente.

“Sus propias composiciones tienen tanto ardor como las que pide prestadas (y devuelve pagando altos intereses) a John Lee Hooker y Chuck Berry, ya que indiscutiblemente todos están hechos de la misma fibra. Y agrega la cualidad agresiva, esa brutalidad que despierta los sentidos y los sobresalta, sometiéndolos”.

Aquella noche, gracias a George y a sus Destroyers escuchamos cómo nos gustan las mujeres hasta hartamos; filosofamos con ello a todo pulmón, e hicimos caso sin chistar de sus enseñanzas y experiencias junto con el resto de los cófrades: tipos que festejaban estar enamorados de una mujer, con otra; santos bebedores bendecidos por el regocijo de la música o parejas que festejaban los pecados y la vida.

La guitarra de Thorogood y el sax de “Hurricane” Carter hermanó los corazones y demostró que el alcohol bebido con fe sólo admite comparación con el beso de una mujer.

Algunos días después compré el álbum en vivo: Live: Let’s Work Together, para recordar para siempre todo aquello.

VIDEO: George Thorogood Live – Johnny B. Goode (Lorely 1995), YouTube (Allmusic-Vids 2)

FOTO 3

Exlibris 3 - kopie