THE WATERBOYS

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL MATERIAL DE LOS SUEÑOS

Las imágenes oníricas, místicas y esotéricas son parte de la mente del ser humano mismo y siempre es interesante descubrir con qué aspectos de éstas se identifica y cuáles proyecta en otras figuras. El significado de aquellas se hace claro solamente si se deja que esas imágenes entren en diálogo abierto con quien las ha percibido, dejándolas que hablen y se manifiesten: como en la poesía, por ejemplo.

Cuando los sueños o visiones alteran la realidad, como sucede la mayoría de las veces, el origen de las alteraciones está en la propia mente del receptor y éstas pueden decirnos a la larga muchas cosas sobre él.

“Un hombre inteligente y hábil –escribió W. B. Yeats– lee sus sueños en busca del conocimiento de sí”. Los sueños y las miradas hacia lo desconocido, pues, son una forma de despertar, una forma primaria de visión y de conciencia, en que el soñador se siente tocado o llamado por algún extraño lugar donde se le espera. El lugar del deseo donde lo esotérico predomina.

En este sitio se han ubicado The Waterboys a lo largo de su obra (de casi tres décadas, diez álbumes de estudio e infinidad de compilaciones) y aquí, especial y acrisoládamente, con el disco An Appoinment With Mr. Yeats.

En él podemos encontrar cabalística, mitología, poesía romántica, renacimiento ontológico, simbolismo, enamoramiento, el espíritu místico del bardo irlandés por excelencia (que en su obra se refiere a la lucha entre los contrarios -arte y vida, cuerpo y alma-, situada en la base de su pensamiento) y, en la misma correspondencia, un folk rock identitario y trascendental, de parte del grupo.

Con un objeto mágico de tal naturaleza, y buscando las palabras justas, es imprescindible pedirle al escucha  que abra suavemente los oídos, porque las piezas de estos escoceses tienen sus muchos momentos importantes y bellos, tanto en el uso de las palabras del poeta como en su búsqueda por capturar lo fugaz, el atisbo de nuevas vidas y sus cantos para proporcionarnos placer.

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Y lo hacen de una manera casi perfecta por la levedad de su contenido. Esa condenada levedad italocalvínica tan difícil de conseguir Un trabajo intenso, caleidoscópico, con una mezcla de rock, folk, psicodelia y música férrica, es decir: el mundo de los Waterboys.

Mike Scott (líder indiscutible y mater mind de este conglomerado musical, que abarca decenas de integrantes y dos etapas bien definidas como grupo: la que va de 1983 a una década posterior y la del año 2000 al presente, con un interludio solista) consigue cuadrar el círculo tras varios intentos a través de los años: concretar en una sola obra la poesía de Yeats sobre la mitología celta y su folklore con la musicalidad del rock (“The Stolen Child” en Fisherman’s Blues y “Love and Death” de Dream Harder son los anteriores poemas del irlandés que Scott había musicalizado).

El sofisticado vate y dramaturgo que fue William Butler Yeats (quien nació en Dublín en 1865 y falleció en Francia en 1939) fue el creador del llamado estilo celta crepuscular y sin duda el máximo representante del renacimiento de la literatura irlandesa moderna. Este escritor fue uno de los autores más destacados del siglo XX por esa labor. Misma por la que  recibió el Premio Nobel de literatura en 1923.

VIDEO SUGERIDO: The Waterboys – An Appoinment with Mr Yeats – Before the World Was Made, YouTube (lare19)

Yeats supo separar la cultura irlandesa y llevarla lejos de los cartabones ingleses, tanto en la materia a tratar como en su manifestación (tras descubrir el hinduismo, la teosofía y el ocultismo, y al interesarse por la magia y el espiritualismo, entre otros temas).

Su poesía se fundamentó e inspiró básicamente en el panorama, las atmósferas, la mitología tradicional de su país y, de forma puntual, en las leyendas de origen celta. Elementos a los que agregó una constante preocupación por la musicalidad del verso.

Mike Scott y sus Waterboys, más artistas que nunca, logran con un disco ejemplar el tono romántico y melancólico que Yeats creía característico de aquellos seres míticos.

Una música  así (art rock sin ambages) es parte fundamental de un canon de excelencia del género. Y grupo semejante se ha forjado, a base de bagaje, un sitio especial entre la prosapia rockera.

Los Waterboys, señeros y generosos con la poesía en la que han asumido un enorme conocimiento desde sus comienzos (con el disco homónimo, The Waterboys, de 1983), generan tanto encanto con sus melodías y propios textos (surgidos de la pluma de Scott) como la afirmación de que se puede musicalizar íntegro el material de los sueños. Y cualquiera, con un corazón en el pecho, juraría por el mismo dios Pan que sus límites comienzan en esos sueños.

Ese mismo dios al que los Waterboys han homenajeado en la pieza “The Pan Within”, del celebrado álbum This is the Sea, y luego con “The Return of Pan” en Dream Harder. Ese dios poético con el que uno se embriaga con whisky a la primera oportunidad, para celebrar la vagancia, el aire, la piel, el enamoramiento; por el absurdo del hoy y del mañana; por la desazón, la avidez, la calma, la alegría, la nostalgia o también, ¿por qué no?, por el ansia del comienzo.

Con su  ya extensa producción los Waterboys provocan todo esto. Ahora, en la segunda década de los años cero, Mike Scott es el único miembro efectivo original. Él es el grupo (Anto Thistletwaite, quien lo acompañó largo rato en la época de la Big Music, se ha separado llevándose su polifacética personalidad). Y entretanto llega An Appoinment With Mr. Yeats y logra sublimar el sonido que los ha hecho famosos con la diferencia de una producción más “pánica” que nunca.

Scott ahora echa mano del blues (“The Lake Isle Of Innisfree”), del country (“Sweet Dancer”), de la psicodelia (“A Fool Moon In March”), de la balada (White Birds”), del folk (Song of Wandering Aengus”) y por supuesto del rock celta (“The Hosting Of The Shee”) a lo largo del álbum, en una combinación acertada y emotiva, como la ocasión merece.

An Appoinment With Mr. Yeats es un homenaje al renacimiento espiritual que encabezó el escritor, vía la expectativa quimérica. Está plagado de simbolismos herencia de la poesía tradicional de aquellos lares, en la que se trasluce la emoción y la fuerza del convencimiento.

Scott es un nómada hipermoderno de cuerpo y alma y su música siempre ha reflejado estas migraciones en el ámbito sonoro y textual. Luego de la partida de Anto, su compañero de aventuras, del Best Of que resumió sus andanzas hasta esa fecha, del camino solista (en dos discos) y del álbum Dream Harder, donde volvió a hacerle un guiño a la poesía irlandesa, sintió que se acercaba de nuevo el momento definitivo de un encuentro total con Yeats.

Así que cambió de situación y su destino fue hacia el interior de sí mismo, y qué hay más íntimo que las lecturas poéticas y los sueños que provocan. Estos son parte integrante de la vida de todos; la oscura o nítida raíz de la sustancia individual. En los pasajes de este nuevo material se manifiestan las “ínferos” de la cosmogonía celta, en donde el escucha atento ha de transitar a través del ejercicio de la libertad onírica como Yeats y los Waterboys proponen.

En la Oniria, el país donde siempre se nos espera –que el primero describe y los otros interpretan hasta hacerla suya con su particular expresión estética–, se retorna a los mitos, se evoca a la poesía mediante la palabra y la música e igualmente, ¿qué mejor?, se plantea la anhelada posibilidad de entrar con ellas, todos juntos, en el mismo sueño: que para eso también sirve la poesía.

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VIDEO SUGERIDO: The Waterboys – Sweet Dancer (Later with Jools Holland), YouTube (pkrips0791)

 

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Por SERGIO MONSALVO C.

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Leonard Norman Cohen nació en Montreal en 1934. Su padre, un ingeniero dueño de una empresa textil, murió cuando él tenía nueve años. A los diecisiete entró a la Universidad McGill, donde fundó un trío de country llamado Buckskin Boys.

También empezó a escribir poesía y se integró a la escena bohemio-literaria local, tan underground que carecía de “intenciones subversivas, porque incluso eso hubiera sido indigno de ella”, según Cohen. Su primer poemario, Let Us Compare Mythologies, fue publicado en 1956, cuando aún estudiaba la licenciatura. The Spice Box of Earth (1961), su segundo libro, le ganó reconocimiento a nivel internacional.

Después de una breve estadía en la Universidad Columbia de Nueva York, Cohen obtuvo una beca y pudo escapar de los confines de América. Recorrió toda Europa y finalmente se estableció en la isla griega de Hydra, donde compartió su vida con Marianne Jenson y el hijo de ésta, Axel.

Con algunas interrupciones, Cohen permaneció siete años en Grecia. Escribió otro poemario, el controvertido Flowers for Hitler (1964), así como dos novelas célebres, The Favorite Game (1963), su retrato del artista como joven judío en Montreal, y Beautiful Losers (1966), descrito en la solapa como “una epopeya religiosa desagradable de belleza incomparable”. Cuando se publicó, los medios lo anunciaron así: “James Joyce no ha muerto. Vive en Montreal y se llama Leonard Cohen”.

Sin embargo, el espíritu inquieto de Cohen no se dejó contener, ni siquiera por aquel tibio clima de Hydra. “Para escribir libros, hay que quedarse en un lugar –dijo en una entrevista al respecto–. Se tiende a reunir cosas alrededor. Se necesita una mujer. Un lugar limpio y ordenado, comida. Quizá unos cuantos niños. Yo tuve todo eso, pero decidí hacerme cantautor y aquello se acabó”.

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SONGS OF LEONARD COHEN

LEONARD COHEN

(Columbia)

Cohen abandonó su vida doméstica griega y volvió a los Estados Unidos, con la intención de vivir cerca de Nashville y de dedicarse a una carrera musical. Invitado por Judy Collins, quien le grabó “Suzanne” (uno de sus más bellos poemas cantados) y “Dress Rehearsal Rag” en su álbum My Life, Cohen se presentó en el festival de folk de Newport en 1967, donde llamó la atención del legendario John Hammond de la compañía Columbia (quien había reclutado a Bob Dylan para la disquera). Al año siguiente dicho sello sacó su primer álbum, The Songs of Leonard Cohen.

Si bien se mencionaba mucho al cantautor en el contexto del movimiento folk de Nueva York, se distinguía de éste en varias formas. Tenía más de treinta años cuando salió su primer disco y prefería vestir trajes caros en lugar de mezclilla y camisas a cuadros. Tampoco compartía el interés del movimiento por la política izquierdista o radical. Prefería concentrarse en temas como la soledad y el deseo.

“Crecí vistiendo trajes –afirmó con respecto a aquella época–. Nunca traté de manifestar nada ni de diferenciarme de los demás y tampoco me gustaban los pantalones de mezclilla. Cuando usarlos comenzó a significar algo yo ya era un adulto y no me avergonzaba de mi educación ni fingía ser un campesino. No trataba de ser nadie más. Me llamaba Leonard Cohen. Escribía libros y había ido a la universidad. Eso era todo”.

Fue un debut extraordinario. Canciones como “Suzanne”, “Hey, That’s No Way to Say Goodbye”, “So Long, Marianne” y “Sisters of Mercy” lo llevaron hasta la cima de la música  confesional.

Las letras de sus canciones poseían mucha fuerza (tanta que las piezas de Cohen que usó Robert Altman para su película McCabe y Mrs. Miller se convirtieron de hecho en largos videos para ellas) y representaban el mismo romanticismo expresado en su obra literaria: erotismo mezclado con imaginería religiosa (“Sisters of Mercy”), desesperación melancólica (“So Long, Marianne”) y elementos de misticismo esotérico (“Master Song”).

Cohen entonaba las palabras suavemente, con su voz grave, ante un fondo acústico escaso, elemental, mientras que la sobria producción de John Simon logró equiparar en forma apropiada el sonido y el significado.

Desde entonces, lo mismo en una montaña en Montreal, Canadá, o en la isla de Hydra, frente a las costas de Grecia, pasando por una infinita sucesión de habitaciones de hotel, un monasterio budista y hasta una casa modesta en Los Ángeles, Leonard Cohen exploró las posibilidades humanas y sus sentimientos in extremis, como los ya mencionados de la soledad y el deseo, con un apetito a veces voraz y a veces espartano.

Fue pues en 1968, tras algunos poemarios y dos novelas, que Cohen decidió compartir con este primer álbum su visión mística del mundo, del amor, de la pareja, con aquellos que se dan cuenta de que los enigmas de la vida interior, así como los de la realidad constituyen siempre un reto a sondear, interminablemente, por medio de la palabra.

Su poesía intimista (escrita y cantada), su aguda prosa y sus intenciones de marcado carácter literario en ellas, le valieron desde entonces ser el creador de un destacado “imaginario sentimental” en el que la poesía y la música se funden efectivamente en un valor inalterable.

Como cantautor editó este primer disco en 1968 y no paró hasta su fallecimiento. ¿Qué hacer con el arte de la palabra cuando a los 30 años se ha convencido al mundo con él y develado el sentido de muchas cosas que rodean al ser humano? Pues seguir haciéndolo. Y eso resolvió este artista, pues al fin y al cabo cualquier motivación es buena, máxime cuando la vida siempre se renueva, como sus misterios.

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Personal: Leonard Cohen, voz y guitarra; David Lindley, guitarra y mandolina, fiddle; Chris Darrow, bajo y guitarra; Solomon Feldthouse, cuerdas diversas y acordeón; Chester Crill, violín, viola, bajo, órgano, piano; John Vidican, batería y percusiones; además de músicos sesionistas de aliento, cuerdas y coros femeninos. Portada: foto de Leonard Cohen.

VIDEO SUGERIDO: Leonard Cohen: “Sisters Of Mercy” (Unknown location – 1972), YouTube (Frank Lyalone)

Graffiti: “La poesía está en la calle

STRANGE MESSENGER

Por SERGIO MONSALVO C.

STRANGE MESSENGER (FOTO 1)

(THE WORK OF PATTI SMITH)

 

Escucharla en el silencio, aquí

a una mujer sin cánones

sin fugacidades ni depilación

que arranca con trazos ansiosos

los gritos de su vida

los de sus amores muertos

símbolos y deidades

(ella es un pájaro nervioso

bañándose en la luz violeta

con batir de alas acerinas

nigger/nigger/nigger/nigger/nigger/nigger/nigger

 imágenes en suspenso y climax

poetry’n’roll)

 voces de alebrijes aventureros

con mundos de plata y gelatina

bosques y puentes de papel

Todo en el silencio, aquí

como objetos de locura-ascensión-conjetura

como posibilidad de fijar

los sueños soñados

en su sagrada torre de babel

(SMC)

Rotterdam / agosto 04

 

 

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