BABEL XXI-655

Por SERGIO MONSALVO C.

 

BIG MAMA THORNTON

FUERZA Y PODER

 

 

 

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

https://www.babelxxi.com/655-big-mama-thornton-fuerza-y-poder/

LIBROS: VARIOS (OBRA PUBLICADA)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

VARIOS (OBRA PUBLICADA) (PORTADA)

 DIVERSAS CATEGORÍAS*

A través de la Editorial Doble A he publicado a lo largo de los años una serie de textos de la más variada índole, que abarca lo mismo las más de 600 entregas del programa radiofónico Babel XXI, así como relatos, cuentos infantiles, historias de canciones, fotografías, crónicas y ensayos sobre músicos (Bob Dylan, Patti Smith, Ry Cooder, entre ellos) y diversos escritores y creadores (Julio Torri, Jack Kerouac, R. W. Fassbinder, por mencionar algunos), lo mismo que acerca de la relación entre el rock y otras disciplinas. El catálogo con el título de Varios (Obra Publicada) los reúne.

*La presentada aquí, es una compilación de libros que han sido publicados por la Editorial Doble A y cuyo contenido ha aparecido de manera seriada en el blog Con los audífonos puestos en diversas categorías.

 

VARIOS

(Obra Publicada)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Ediciones”

The Netherlands, 2021

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ALL BY MySELFIE (30)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

FOTOGRAFÍAS

 

ALL BY MySELFIE (30)

All By MySelfie (30)

 

 

 

 

 

 

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JAZZ: SPYRO GYRA

Por SERGIO MONSALVO C.

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FORMULISMO DE LA FUSIÓN

La llamada fusión es una combinación de jazz con pop/rock y/o funk, adicionada sobre todo con ritmos latinos, reggae y música africana, aunque a veces también con música española, india y clásica. 

Para mejor comprensión, habrá que remontarse a los años sesenta, antes del surgimiento de esta música. Algunos jazzistas se sentían atraídos artísticamente por el pop, así que de manera cuidadosa empezaron a experimentar con él, aunque muchas veces también debido a la presión ejercida por las compañías disqueras.

El disco Bitches Brew de Miles Davis y la fundación de los grupos Lifetime (por Tony Williams), Weather Report y el de Herbie Hancock por lo general se consideran como el principio oficial de la fusión, que hasta principios de los ochenta aún se denominaba «jazzrock». Los músicos involucrados en estos proyectos pueden anotarse como la primera camada del género.

De la segunda ola de grupos de fusión que siguieron los pasos de tales innovadores, Spyro Gyra fue el que mayor éxito comercial obtuvo. Ocho de los primeros diez álbumes del conjunto alcanzaron el número uno en las listas de jazz.

El grupo fue fundado en Buffalo, Nueva York, en 1977 por Jay Beckenstein (saxofones, Lyricon) y el tecladista Jeremy Wall. Producido por Richard Calandra, su primer álbum, Spyro Gyra (1977), fue distribuido por ellos mismos e incluyó «Shaker Song», un hit menor después de que el grupo fuera contratado por la sucursal Infinity de la MCA.

La pegajosa pieza «Morning Dance», incluida en el álbum del mismo nombre en 1978, fue un éxito en las listas de pop tanto en los Estados Unidos como en Inglaterra.  Después de Catching the Sun (MCA, 1980), los Brecker Brothers participaron como músicos invitados en Carnival (1980). 

Las influencias latinas y jazzísticas del conjunto se vieron reforzadas después de 1983, cuando el guitarrista Julio Fernández, Richie Morales (batería) y Manolo Badrena (percusiones) se integraron a él. Los dos primeros reemplazaron a Rick Strauss y Eli Konikoff, respectivamente.

Entre sus discos posteriores figuran Access All Areas (1985) y City Kids (1985).  Al poco tiempo de salir Breakout (1986), el productor del grupo, Calandra, falleció. En 1987, sacaron Stories without Words y, en 1989, Point of View.

Debido a su enfoque basado en fórmulas jazzísticas de fusión (de perfecta asimilación en el mercado), Spyro Gyra se convirtió en un blanco fácil para las críticas por sus cortas expectativas, aunque siempre haya habido músicos talentosos en el grupo, incluso más en años recientes tras la contratación por Beckenstein de los mencionados Richie Morales en la batería y de Manolo Badrena para las percusiones (reemplazado posteriormente por Marc Quiñones).

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Por otra parte, a menudo sus arreglos parecen sofocarlos. En ocasión de su antología de los años noventa los acompañó el bajista Oscar Cartaya, quien proporcionó amplias bases funk, latinas y de rock, así como la canción con la que se matiza el disco Spyro Gyra Collection (GRP, 1991). «Para ti, latino» es la pieza donde Beckenstein encabeza los metales, apodados «No Sweat Horns», para condimentar una buena salsa.

A la mitad, el álbum se metió con un funk serio. «Incógnita» de Schuman hizo tan buen uso de la tecnología musical contemporánea que resultó burlarse de su propio nombre. «Shakedown» fue una pieza excelente y bien ejecutada que recordaba a Miles Davis y que fue compuesta por el exintegrante Jeremy Wall; aquí, se apreció a Morales en su momento más despreocupado y a una nueva voz que sabía utilizar su espacio, el trompetista Jeff Beal. 

Otra composición de Jeremy Wall, «Breakout», dio al conjunto la oportunidad de soltarse.  Fue un poco más difícil definir al grupo en esta producción, pues recorrió amplios terrenos.

La balada de su líder, «The Unknown Soldier», fue donde la agrupación se lució, pues aquí el saxofonista no sólo expuso lo que sabía tocar sino también cómo usar el espacio. El y Randy Brecker –como invitado– le tupieron en «Catching the Sun». 

El primer álbum de Spyro Gyra sacudió el mundo de la fusión, y ha habido 17 discos desde entonces. Collection demostró que son capaces de montar un ataque sólido cuando quieren hacerlo. Ojalá hubiera sido ese Spyro Gyra el que se mostrara de ahí en adelante. No lo fue.

VIDEO: Spyro Gyra – Morning Dance (Dubbed), YouTube (Amherst Records)

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RIZOMA: ACTORES (I)

Por SERGIO MONSALVO C.

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CUANDO LA IMAGEN CANTA

El siglo XXI tiene a sus starlettes y su imagen de sensualidad. Cuatro de ellas son actrices de reconocida trayectoria que también han optado por el canto para expresarse. El cabaret y la balada son sus vías, pero también lo son los estilos del country rock o la dark americana. Los tiempos son otros.

Divas del celuloide de físicos atractivos y talentos demostrados, que al recurrir al oficio de cantantes han sabido crearse su repertorio a base de grandes compositores para navegar hacia resultados decorosos. Pero también están ellos, los actores carismáticos, tres en este caso, que siendo ellos mismos evocan su gusto por la música, como carrera paralela. Lo hacen bien y sorprenden en una faceta más de sus personalidades.

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Evan Rachel Wood. Ella ha estado en el reparto de grandes películas como The Wrestler, Whatever Works y The Ides of March, por mencionar algunas. Entre sus muchas aficiones destacan la de cantar, la fotografía y la poesía. Su relación con el canto se hizo patente en el musical Across the Universe con canciones de los Beatles, participación por la que recibió muy buenas críticas con respecto a su voz. Luego participo en la celebración del 35 aniversario de The Rocky Horror Picture Show haciendo lo mismo.

VIDEO: Evan Rachel Wood – “I’d Have You Anytime”, YouTube (AmnistyUSA)

Fue invitada a participar cantando en Chimes of Freedom: Songs of Bob Dylan, un álbum recopilatorio de cuatro volúmenes del 2012 con nuevas versiones de algunos éxitos del bardo de Duluth, realizado por múltiples artistas y cuyas ganancias serían donadas a la organización de derechos humanos Amnistía Internacional. En él Wood interpreta «I’d Have You Anytime», una canción escrita por Dylan junto a George Harrison en 1968.

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Hugh Laurie. Ocho temporadas de TV, personificando al doctor Gregory House, le proporcionaron a este actor, escritor y músico inglés la fama mundial de la que sólo había gozado en la Gran Bretaña. Let Them Talk es su álbum debut como cantante e instrumentista. Disciplinas que comenzó a estudiar desde los seis años de edad. Desde los ochenta las ha hecho públicas. El disco consiste básicamente en un repertorio de blues clásico. Algunas de las piezas cuentan con las colaboraciones de artistas como Tom Jones, Irma Thomas y Dr. John.

 

VIDEO: Hugh Laurie – Buddy Bolden’s Blues (Live At Trianon), YouTube (mandise)

En el álbum Laurie toca el piano y la guitarra, además de ser la voz principal. El disco fue producido por el prestigiado Joe Henry y tiene arreglos hechos por Allen Toussaint, la gloria de los compositores de Nueva Orleáns. Lugar mismo donde Laurie lo estrenó. Tras la aparición del álbum ha realizado presentaciones por todo el mundo (en donde además toca la batería, la armónica y el sax), acompañado por The Copper Bottom Band. En esta faceta también hay excelencia, gusto y calidad.

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Scarlett Johansson, un símbolo sexual del presente (Lost in Traslation, Match Point o The Girl with a Pearl Earring, lo testifican), tiene igualmente una voz sexy que optó por el estilo contemporáneo de la dark americana y el material de Tom Waits para su primer álbum, Anywhere I Lay My Head. Se hizo producir por David Sitek, de TV On the Radio, acompañar por el guitarrista Nick Zinn, de los Yeah Yeah Yeahs. En los coros y los panegíricos nada menos que David Bowie. O sea, la credibilidad bien asegurada. El resultado es ambivalente y fluctúa entre lo místico, lo onírico y lo bucólico.

Para su segunda entrega acudió a Pete Yorn, exitoso cantautor que compuso ocho de los nueve temas de Break Up. Una amalgama de sonidos clásicos e influencias indie-folk. Un trabajo más logrado donde su voz se impone sobre su ubicua imagen.

VIDEO: Pete Yorn & Scarlett Johansson – Relator (Live @ The Interface), YouTube (StepOutAgain)

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BABEL XXI-654

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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EL GRAN GATSBY

(FRANCIS SCOTT FITZGERALD)

(LIBROS CANÓNICOS 40)

 

 

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

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SONORIDADES: AKIRA KUROSAWA

Por SERGIO MONSALVO C.

EL EMPERADOR DEL CINE

¿A qué se debe la continuada admiración mundial por el director Akira Kurosawa? La respuesta es muy simple: Kurosawa fue uno de los más grandes cineastas contemporáneos. No cabe duda de que se trató de uno de los pocos y verdaderos visionarios que han trabajado con este medio a lo largo de su historia.

Durante sus 50 años de trabajo como director, Kurosawa filmó 30 largometrajes, entre otras muchas obras; entre ellas algunos clásicos indisputables, como Yojimbo, Rashomon, Ikiru, Barbarroja, Trono de sangre, Los siete samuráis, Ran, El idiota, Cielo o infierno, Dersu Uzala

¿Por qué Kurosawa fue uno de los más grandes cineastas del siglo XX? Para empezar, fue un gran director de acción. Sin embargo, a diferencia de cualquier otro en la historia del cine, poseyó la habilidad única de evocar la acción a partir de la materia prima de la emoción humana.

Este artista japonés, que nació el 23 de marzo de 1910 en Tokio, ha ejercido una influencia considerable sobre el trabajo de muchos cineastas de la actualidad y no hay que ir muy lejos para hallar la razón. Cada encuadre de sus cintas es como la pintura sobre un lienzo. Ha formado gustos para el arte, lo mismo que para la imagen en movimiento.

(Desde Kagemusha, 1980, Kurosawa pintaba todas las escenas de sus películas antes de filmarlas. Los cuadros servían como material para exposiciones y libros; con base en el proceso de rodaje se realizan programas de televisión y reportajes.)

George Lucas lo supo expresar muy bien. Él tuvo el privilegio de entregarle al cineasta nipón un Oscar Honorario (en 1990), ocasión en la cual dijo: «Alguien le preguntó al señor Kurosawa si sus películas compartían un tema específico. Su respuesta fue que planteaban una pregunta específica: ¿Por qué los seres humanos no pueden ser más felices los unos con los otros? Él ha traducido esta pregunta en términos contemporáneos y también a través de cintas con un alcance histórico épico. Pero siempre la ha contestado en formas que intensifican y finalmente transforman nuestra realidad humana compartida, confiriéndole una belleza asombrosa y a menudo trágica».

Tiempo después Steven Spielberg cenó con Kurosawa en un restaurante de Tokio. Pese a que no saben nada de sus respectivos idiomas, compartieron el lenguaje del cine. Y esa noche el creador japonés le habló de hacer películas…y de la cinta que quería realizar a continuación.  Se trataba de Dreams.

A Spielberg le impresionó sobremanera la profunda trascendencia personal del proyecto…y el gran valor de este cineasta dispuesto a revelar sus sueños más íntimos. Sin embargo, no le fue posible obtener financiamiento para esta película tan significativa. Y a Spielberg le correspondió la oportunidad de convencer a la compañía Warner Brothers de financiar el filme.

Kurosawa (fallecido en 1998) vivió las últimas décadas de su vida en una contradicción insoportable: por una parte, el prestigio y el aparato que lo rodeaba –el arrogante «emperador», “el más grande director de cine vivo”, “uno de los cineastas más destacados de todos los tiempos”, etcétera–; por otra, la humillante situación laboral a la que debía someterse desde que se derrumbó la industria y por ende el objetivo comercial en detrimento de lo artístico: la impotencia absoluta, la realización de un filme cada cinco años y esto sólo gracias al apoyo brindado por sus exitosos colegas estadounidenses.

A pesar de todo, desde el punto de vista occidental, Kurosawa constituyó un fenómeno extraordinario. Fue considerado como el «cineasta más occidental del Japón». De hecho, derivó en inspiración para la hechura de unas cuantas cintas fundamentadas en la literatura europea.

Son muy conocidas las adaptaciones que hizo de El idiota de Dostoievski (Hakuchi), Los bajos fondos de Gorki (Donzoko) Macbeth de Shakespeare (Kumonosu-jo/El trono ensangrentado) y El rey Lear (Ran), así como por último la cinta Rashomon, que recuerda a Pirandello. El director supo traducir sus modelos a un mundo auténticamente japonés. Él lo explicaba así: «El cine es universal, lo mismo que los sentimientos humanos; provoca un encuentro directo entre las culturas. John Wayne no es ningún desconocido para mí».

El pensamiento de Kurosawa fue abierto y universal. Fue un típico hombre renacentista. (No se debe a la casualidad que algunas de sus películas más famosas de samuráis —Los siete samuráis, Kagemusha, Ran, Trono de sangre— estén ubicadas en el periodo del Renacimiento japonés). Al mismo tiempo, Kurosawa advertía las grandes conexiones en el tiempo, pensaba en forma sintética, algo que pudiera decirse también de Haydn o de Stravinski. Su educación internacional y la fusión creativa con otras culturas se erigió en un símbolo de la historia del arte en su conjunto.

VIDEO: Akira Kurosawa’s Dreams – Trailer, YouTube (MrMofMs)

REZA EL GLOSARIO: UBICUIDAD

Por SERGIO MONSALVO C.

 

UBICUIDAD (FOTO 1)

 

Berlín siempre ha sido un irradiador y un difusor de la civilización humana. Es un corazón que ha palpitado fuerte en este sentido, en todos los tiempos. Es un centro importante para lo cultural y lo artístico, para lo filosófico y lo político; un caldero de conceptos para bien y para mal: de Prusia a Weimar, del nazismo al Muro; del expresionismo a la Bauhaus; de la propaganda del Tercer Reich al teatro inmersivo, etcétera.

Hoy vivimos en una época fragmentaria donde la velocidad y el movimiento han adquirido dimensiones tan extraordinarias como riesgosas, en un momento histórico que parece repetirse. Riesgoso por el vértigo y el atolondramiento que pueden provocar, por la falta de reflexión, ya no en un solo lugar sino en todos.

Durante los años treinta de la divulgación ideológica nazi, sus postulados, exigían hacer creer a la gente que todo se movía demasiado deprisa y eso era aterrador. La gente –vociferaban– debía estar consciente de que no se podía hacer nada al respecto. Era la legitimación del miedo permanente, en la que sustentaban su poder quienes dirigían el destino sociopolítico. El momento presente ha vuelto a retomar aquella circunstancia.

Ya no es la publicidad nazi la que lo hace sino sus herederos que ahora utilizan Internet como objeto y herramienta disuasoria. Existe la falsa presunción de que en tal instrumento tecnológico está escondida la revelación de cualquier cosa, situación, hecho o fenómeno de toda índole. Y la gente lo cree y “viaja” por la red, convencida de que en cada momento descubre las respuestas a cada circunstancia.

Cuando la verdadera intención de quienes publicitan aquello lo que busca en realidad es la turbación, la precipitación constante como acto reflejo, sin la reflexión debida. En una época cartesiana, como en la que estamos, es necesario recordar las instrucciones del mismo Descartes: primero dudar, seguido del pensar, para luego darse cuenta de que se existe por ello.

Si del Reichstag berlinés salió aquella propaganda, del teatro de tal lugar han salido también los antídotos a través del arte. Ese ha sido parte del trabajo de la compañía Rimini Protokool y su puesta en escena del concepto “inmersivo”, donde el actor es el espectador mismo, obligado a moverse, mediante el “viaje” por la propia ciudad a través de la orden robótica, los mapas tecnológicos y los audífonos y visores.

Se le presentan escenas y sitios distintos en fugaces desplazamientos con la intención de hacerlo creer, con los sentidos, que con aquel vistazo ya conoce perfectamente su entorno, sus peligros. Puro movimiento, sin pensamiento. Esta alienación se presenta como la realidad y ante ella no queda más que seguir las instrucciones.

Lo que queda claro tras esta propuesta artística es que cada uno ha de replantearse el significado de estar vivo, y que para entender el presente no hay que pasearse sobre él sino pensar desde él. Mantener un flujo de conciencia como hizo James Joyce en el Ulises, para deconstruir su ciudad, la vida y todas sus relaciones en el tiempo.

Eso es lo que no pueden hacer los algoritmos, pensar en el porqué del movimiento, en los resquemores que plantea, y no sólo ejercer en su dinámica con el objeto de desencadenar el aturdimiento frente a ellos. En estos momentos la osadía mayor es anteponer la reflexión a la velocidad, y el uso del espacio para hacerlo, para responder a las situaciones planteadas por el hoy y la sumisión que sugieren en beneficio de un sistema tirano, para el que la ubicuidad, falsa, es la píldora del atolondramiento.

UBICUIDAD (FOTO 2)

Uno de los usos de Internet que hace tal sistema es hacerte creer que a base de clics abarcas la realidad del planeta, que posees el don de la ubicuidad. Si se siente ansiedad al entrar a la Red buscando paliativos, no es la realidad lo que la genera, sino el efecto ubicuo de la vida actual.

En este efecto manipulado, el tiempo no existe, sólo las llamadas de atención, las alertas que gritan a través del black mirror, las pantallas (del teléfono, de la tablet, de la computadora) que el mundo (literal y globalmente) quiere que estemos al pendiente de él sin pausas, ni descansos, que nos olvidemos de quiénes somos, que nos dejemos llevar por el “placer” constante de, precisamente, olvidarlo.

El de ahí es un mundo en el que se cree vivir estando en todas partes y en todas a la vez. Y eso no es posible. Aquí debemos recordar que una persona que busque tener presencia en dos sitios diferentes, en el mismo momento temporal, es físicamente imposible, significaría que todo lo quiere presenciar y vivir en continuo movimiento.

La ubicuidad, esa palabra de origen latino (“ubique”) que significa “en todas partes”, es un término que se utiliza actualmente en las ciencias naturales como la botánica y la zoología –donde se habla de que un organismo ubicuo es aquel que ocupa todas las áreas geográficas del planeta. Por ejemplo, las algas pues éstas se encuentran en todos los continentes así como en la totalidad de las aguas saladas (océanos y mares) y aguas dulces o continentales (ríos y lagos)–, o en la microbiología, donde organismos micros pueden estar en cualquier lugar: en el agua, en el suelo o en el aire.

Y si la teología la había mantenido como una característica de cualquier divinidad, la tecnología lo ha tomado para sí como una cualidad intrínseca. El sistema tirano dice que con Internet podemos estar conectados a la red en todo momento, sin importar el lugar, para estar alertas.

Eso es lo que vende tal sistema a través de la tecnología, la ilusión de la omnipresencia. Hacerle creer a las personas, a cada una de ellas, que tiene la habilidad de estar en todos los sitios precisos, en los momentos precisos, dándoles la impresión de poder estar en todas partes y prevenidos contra algo.

Eso fomenta la adicción a una tecnología que es sólo una herramienta de comunicación, de conocimiento de la realidad (siempre que haya contexto, compromiso y responsabilidad al emitir conceptos, sin anonimato) y no la realidad misma.

El rechazo o la aceptación, la indignación o la adhesión, la manifestación y el acto de asumir, ante una situación dada, ante una noticia, ante una declaración, debe corroborar primero tales hechos y no dejarse arrastrar por la velocidad que exige respuestas rápidas, inmediatas, mañana, tarde y noche, sin pausa ni interrupción y sobre infinidad de cosas.

Debido a ello la humanidad en pleno es más vulnerable que nunca, más maleable. Tratar de seguir esa velocidad, ese aparente movimiento continuo, con la ansiedad que conlleva sentirse ubicuo, hace que el espectador no viva su vida de forma natural, sino sólo la vea transcurrir por la pantalla, sentado en medio de un torrente de información, regularmente innecesaria e imparable, que busca asentarse en un lugar privilegiado en dicha vida.

Imagínese por favor el desperdicio de tiempo que tal circunstancia produce, el lugar que ocupa, la inquietud constante que provoca. Una forma de control político que ya previó la literatura, con Orwell, con Bradbury, con Huxley, y que tanto el nazismo, como el estalinismo y actualmente el capitalismo salvaje, el populismo nacionalista, han utilizado para sus intereses y contra el de los ciudadanos a quienes peroran proteger y dicen representar.

UBICUIDAD (FOTO 3)

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SIGNOS: ALAN FREED

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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EL BAUTISMO DEL ROCK AND ROLL

El de 1951 fue un año clave para el devenir de la música. El dueño de una tienda de discos de Cleveland, Leo Mintzer, se quejó a mediados de año con el disc jockey Alan Freed de que no programaban nada de grabaciones de rhythm & blues en su radiodifusora (WJW) de la que era patrocinador. Música (afroamericana) que los adolescentes blancos y negros le pedían en su tienda en grandes cantidades. Así que debía hacer algo al respecto. Freed se puso a escuchar el mentado género. Obviamente se volvió fan y decidió incluirlo en la programación.

Fue tal la aceptación y el éxito, que Freed buscó él mismo conducir un programa especial al respecto, con la adición de su particular estilo de locución con el sobrenombre de Moondog: durante la trasmisión de las canciones incluía comentarios locuaces, ruidos y onomatopeyas. Circunstancia de la cual brotó un término singular, extraído de una mezcla de nombres de las canciones (entre ellas, las del guitarrista Wild Bill Moore titulada “We’re Gonna Rock, We’re Gonna Roll”, “Rock and Roll, Lilly” de Johnny Copeland y “Rock the Joint” de Jimy Preston, piezas del r&b de la década anterior).

Alan Freed, entonces, acuñó el término «rock and roll» como género musical con las palabras de dichas canciones, para darle título a su programa radiofónico «The Moon Dog Rock and Roll Party», con el objeto de atraerse a la audiencia blanca del rhythm and blues.

Se sabe que Freed vociferaba: “Hey, hey, hey! Let’s rock and roll”. Así que el 11 de julio de 1951 comenzó el programa Moondog Rock & Roll Party, con tal grito. El rhythm & blues, pues, cambió de siglas a rock & roll y el mundo fue otro.

A fines de ese mismo año, ya con el nombre de rock & roll (término genérico novedoso en el que se había grabado y lanzado), Freed presentó el tema «Rocket 88» de Ike Turner y sus Rhythm Kings, que se volvió un éxito en las listas de popularidad negras. Bill Haley hizo su versión de tal pieza también en ese año con la etiqueta Hollyday Records (como primer artista blanco que grabara el rock and roll), y obtuvo el éxito en las listas blancas.

El camino por el que la música negra sería injertada con el gusto blanco ya estaba trazado. Era la ruta de siempre: río arriba el Mississippi hasta las ciudades del Oeste Medio. El mismo año en que Phillips fundó Sun Records, Alan Freed, un deejay de la WJW de Cleveland, había descubierto que su auditorio de adolescentes blancos estaba enloqueciendo con discos negros nunca antes programados para un público blanco, con canciones como “Sixty Minute Man” (1951) de Clyde McPhatter y los Dominoes.

La nueva programación de Freed dio inicio a una de las más grandes travesías culturales. Después de Freed, millones de adolescentes cambiaron su adhesión a los ritmos blancos por los negros. En forma independiente el uno del otro, Freed y Phillips comprendieron que los Estados Unidos de los blancos estaban ansiosos por ser arrebatados por una marea de ritmos africanos, y se aprestaron a proporcionar al mercado lo que pedía.

Esa demanda era un ritmo negro de imitación marcado por genuinas caderas blancas en el caso de Phillips; un auténtico ritmo negro incluido en la programación “blanca” de Freed. El nuevo sonido afroamericano paulatinamente fue apareciendo en las listas musicales blancas, expulsando a las anteriores estrellas de la industria.

A mediados de aquella década (1957), el influyente locutor y productor Mitch Miller dijo a su audiencia que no se preocupara, que el rock habría desaparecido en seis meses (No fue un agorero cualquiera, sino que, como miembro puntal del conservadurismo estadounidense, había recibido la información acerca de un expediente secreto, en el que diversas fuerzas vivas –políticas, económicas, religiosas y militares, entre ellas–, habían acordado arrancar de raíz “aquel mal”).

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Efectivamente, dicho aviso empezó a cobrar forma cuando, en diciembre de ese mismo año, Elvis Presley fue llamado a filas –para cumplir el servicio militar durante el bienio 1958-1960–, a lo cual sucedieron una serie de accidentes –aéreos, de automóvil, de motocicleta– y citaciones diversas –acusaciones fiscales, civiles y penales– en contra de los músicos rocanroleros y sus divulgadores más destacados, entre ellos Alan Freed, al que se le atribuyeron cargos por evasión fiscal, cobros indebidos (payola) y conflicto de intereses.

Nunca le perdonaron que contribuyera a salvar la brecha de la segregación entre los jóvenes adolescentes estadounidenses, presentando en su programa de radio música de artistas negros (en lugar de versiones de artistas blancos) y organizando conciertos en directo a los que asistía un público racialmente mixto.

Freed fue contratado para una serie de televisión semanal en horario de máxima audiencia, The Big Beat, que se estrenó en la cadena ABC el 12 de julio de 1957.​ El programa fue proyectado para un verano, en el entendimiento de que si había suficientes espectadores, continuaría en la temporada de televisión 1957-58. A pesar de que los índices de audiencia del programa eran fuertes, éste fue cancelado repentinamente.

El periódico Wall Sreet Journal resumió la suspensión del programa de la siguiente manera. «A los cuatro episodios de The Big Beat, la serie musical de Freed en horario de máxima audiencia en la ABC, se armó un revuelo cuando el artista afroamericano Frankie Lymon fue visto en la pantalla bailando con un miembro femenino blanco del público». Se emitieron dos episodios más, pero el programa se canceló repentinamente. Algunas fuentes indican que la cancelación fue provocada por un alboroto entre las filiales locales de ABC en los estados del Sur de la Unión Americana.

Al año siguiente, Freed se enfrentó a una polémica en Boston cuando le dijo a su audiencia: «Parece que la policía de Boston no quiere que se diviertan». El Departamento de policía de la ciudad le había enviado la orden de mantener estrictamente separados a los públicos blancos y negros durante un baile organizado por él. Como resultado, Freed fue arrestado y acusado de incitar a los disturbios, y fue despedido de su trabajo en la radiodifusora.

Aquellos escándalos sociales, fiscales y penales, acabaron con su carrera, que se vino a menos rápidamente, hasta quedar el personaje en la indigencia (el fisco nunca dejó de perseguirlo) y sumido en el alcoholismo. Freed murió el 20 de enero de 1965 en California, a los 43 años.

No obstante, la deuda del rock and roll con él si se saldó con su entrada en el Salón de la Fama del mismo en 1986. El director Ejecutivo de la institución declaró entonces, que su «papel en la ruptura de las barreras raciales en la cultura popular de los Estados Unidos en la década de 1950, al llevar a los jóvenes blancos y negros a escuchar la misma música, puso a la personalidad de la radio ‘a la vanguardia’ y lo convirtió en ‘una figura realmente importante'».

Además de Dj radiofónico, Freed también participó en programas de televisión y en el cine, donde apareció en una serie de películas pioneras del rock and roll durante ese periodo. Estas películas fueron acogidas a menudo con gran entusiasmo por los adolescentes, ya que llevaban a la gran pantalla representaciones visuales de sus grupos favoritos, años antes de que los vídeos musicales presentaran el mismo tipo de imagen en la televisión.

Entre ellas Rock, Rock, Rock!, de 1956 en la que interpretándose a sí mismo emite su definición del nuevo género: «El rock and roll es un río de música que ha absorbido muchas corrientes: blues, swing, rhythm and blues, jazz, ragtime, canciones de vaqueros, country, canciones folclóricas. Todas ellas han contribuido en gran medida a crear este gran ritmo».

VIDEO: Rock Rock Rock 1956 Theatrical Trailer, YouTube (Omemeister)

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