HISTORIA DE UNA CANCIÓN: COSAS QUE CAMBIAN LA VIDA

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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“Dos cosas cambiaron mi vida: una película que fui a ver con mi hermano (cuya vida también se definió ahí) y la posterior una canción que compuse –explicó Chip Taylor en su momento–. La película fue Blackboard Jungle (Semillas de maldad, en su tendenciosa versión al español).

«En Yonkers, NY, mi biografía, está un capítulo donde cuento el día que fui a ver aquella película de Richard Brooks donde al final (durante los créditos) sonaba “Rock Around the Clock”.

 

“Esa pieza representaba la música de los rebeldes de entonces, sonaba irresistible y los casi y adolescentes que estábamos en el cine nos pusimos a bailar, a gritar y a armar un gran desmadre. Cuando salimos, le dije a Jon, mi hermano, que nadie podría parar al rock and roll. Y así fue: la canción llegó al número uno de las listas.

“Recuerdo que cuando salió el disco de Bill Haley, las emisoras de radio lo boicotearon -creían que era un artista negro-. A pesar de eso fue un éxito. Sentía que nuestra generación iba a conquistar el mundo. Al poco tiempo, e influido por aquel sonido, yo ya cantaba en vivo mis primeras composiciones”.

El verdadero nombre de este personaje que ha sido muy importante para el desarrollo del rock y del pop es James Wesley Voight. Nació en 1944, en Yonkers, una localidad industrial cercana a Nueva York. Se lo tuvo que cambiar como autor después de editar discos de rockabilly como Wes Voight («Midnight Blues», «I Want A Lover», «I’m Loving It», «I’m Ready to Go Steady» y «The Wind and the Cold Black Night», entre ellos) hacia el final de los cincuenta y comprobar que los locutores se atragantaban al pronunciarlo.

(Su hermano mayor, al que aquella película motivó a convertirse en actor, curiosamente, sí triunfó como tal llamándose Jon Voight y obtuvo el estrellato con la cinta Midnight Cowboy –un filme clásico).

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Así que a Wes Voight se le vio transformarse en Chip Taylor cuando cantaba en los clubes y antros country de Nueva York y alrededores y cuando entró a trabajar al Brill Building, de Broadway, y vivir el apogeo de aquella fabulosa fábrica neoyorquina de hacer canciones en los primeros años sesenta.

«Eran verdaderos colmenares, plantas enteras convertidas en cubículos donde se componía sin parar. Firmabas un contrato que, a cambio de un salario fijo, te obligaba a crear un número limitado de canciones. Entrabas así en una dinámica muy extenuante: tenías que grabar demos para ofrecérselos a los artistas y terminabas ejerciendo además de arreglista, productor y cantante.

“Ahí yo era un raro: no usaba el piano, tocaba la guitarra y mis temas sonaba más a country y a rhythm and blues que a lo de mi compañero Burt Bacharach, por ejemplo».

Durante los años setenta, Taylor volvió a cantar y editó media docena de álbumes bajo su nombre. Daba la talla como personaje pintoresco. Un sobreviviente de aquella época cavernaria.

Además, tras el fenómeno de Carole King, por venir del Brill Building sumaba méritos ante las compañías discográficas. Pero le costó encontrar mercado: «Era demasiado adulto para el público de los cantautores y demasiado urbano para la gente del country”.

 

Por otra parte, con el olfato bien afinado, Chip Taylor intuyó la llegada de la contracultura, con su énfasis en la autoexpresión (con el músico componiendo e interpretando sus propios temas) y supo entender el cambio de parámetros, que incluía la devaluación del single y la importancia del LP (aquí inició un proyecto con Flying Machine y James Taylor, que da para otra historia), todo lo cual  efectivamente supuso el eclipse del concepto industrial de la música pop, tal como se practicaba en el Brill Building.

 

Sus canciones de entonces, con la habilidad para reflejar la sensibilidad femenina, fueron registradas por Aretha Franklin, Lorraine Ellison, Dusty Springfield, Peggy Lee, Janis Joplin o Barbara Lewis.

Sin embargo, y a pesar del éxito obtenido con varios de sus títulos, a principios de los ochenta, abandonó la música y se convirtió en un jugador profesional de cartas, y apostador en las carreras de caballos, sus otras pasiones. Hasta que sus habilidades (“nada truculentas”, según él) determinaron que los casinos de Atlantic City le prohibieran entrar en sus instalaciones.

Musicalmente, reapareció a mediados de los años noventa, grabando en sellos pequeños y acomodándose en ese movimiento conocido como Americana y alt country, donde muchos de sus intérpretes lo reconocen como un igual y han grabado con él (como Lucinda Williams, entre ellos). Su perfil de yanqui con sonido sureño lo hace especialmente atractivo para el público.

Con la entrada del nuevo siglo, fundó un sello, Train Wreck Records, reinventándose y permitiéndose editar un álbum doble (The London sessions bootleg) y un disco-libro, Songs from a dutch tour.

También ha publicado desde entonces hermosos proyectos country de sus acompañantes habituales: el guitarrista John Platania, que también toca con Van Morrison, o dos poderosas cantantes-violinistas, Kendel Carson y Carrie Rodríguez. Con esta última también ha iniciado un proyecto conjunto con el que graban y salen de gira.

No obstante, la década de los sesenta fue su momento álgido, con dos canciones que lo instalaron en la historia tanto del rock como del pop para siempre. En este último, firmó la pieza Angel of the morning, un tema generador de muchos beneficios para él: ha sido un éxito en diferentes décadas (en películas, anuncios, series de televisión; los derechos le han ayudado a cuadrar sus cuentas en tiempos de vacas flacas).

Al principio, esta canción estuvo pensada para Connie Francis, que no se atrevió a cantarla por la letra: aún no era frecuente contar un affair clandestino, de una sola noche y la mañana siguiente, desde el punto de vista femenino. Francis pensó que eso podría afectar su carrera en la que navegaba con bandera de inocente. Así que el honor recayó en Merrilee Rush, quien la convirtió en un hit de 1968 y en una canción duradera. Con infinidad de intérpretes posteriores en todos los géneros.

La quintesencia de su música fue publicada en una muy destacada antología titulada Wild Thing The Songs of Chip Taylor, donde sobresalen todos los temas suyos en voz de sus mejores intérpretes de ambos lados del Atlántico.

VIDEO SUGERIDO: Chip Taylor “Wild Thing”, YouTube (Music City Roots)

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FRANK ZAPPA: EL QUIJOTE AUSENTE (VI)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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VI

Las razones para su candidatura empezaron con un manifiesto artístico a través del disco Freak Out (1966) y de la fundación del grupo The Mothers of Invention (1967), las tarjetas de presentación de Frank Vincent Zappa (1940-1993), compositor, cantante, guitarrista y embajador de la libertad de expresión. De ascendencia franco-italiana y griego-árabe destacó desde el principio como el ideal del self-made man estadounidense, y como librepensador absoluto estuvo en situación de mostrar a los compatriotas su imagen en el espejo. Zappa siempre le causó horror al estadounidense medio, blanco y temeroso de Dios: era la encarnación absoluta de “la perversa cultura del rock”.

Declaraba cosas como: «Los políticos son unos villanos. Los presidentes de los Estados Unidos se dan aires de ser los amos del resto del mundo. ¿En qué se basan? ¿Se creen los líderes del planeta sólo debido al gran arsenal que manejan? ¿Cómo es posible que un gobierno que está en proceso de llevar a su propia población al abismo se adjudique el derecho de reinar sobre el resto del globo terráqueo?»

En consecuencia, Frank se declaró partícipe en la carrera por la presidencia. ¿Una broma? ¿Una locura?  Depende de los criterios de cada quien. Aunque frente a participantes de su mismo territorio —o de otras “democracias”— a los que ni una idea sobre el buen gobierno caracteriza, el líder de las Madres de la Invención hubiera sido la opción más sensata.

«Me ubico totalmente fuera de la realidad —se le escuchaba decir con burla—. No soy un fanático religioso, no consumo drogas, no soy republicano ni demócrata, y además estoy en mi sano juicio. Mi candidatura la he propuesto en serio. Los republicanos no le han traído nada bueno a este país; y los demócratas son incapaces de regir a la Unión Americana. Los dos grandes partidos no sirven; sus programas no se comprometen a nada y los políticos profesionales son un grupo de canallas. Este país está descendiendo a un nivel preocupante y nadie parece interesado en hacer algo al respecto. La mayoría de los políticos juegan al golf y realizan viajes al extranjero para escapar de la presión. Se portan como adolescentes consentidos. Esa es la tragedia de este país: nos gobiernan hombres que se resisten a ser adultos».

¿Qué hacía entonces a una excéntrica estrella del rock como Frank Zappa competente para dirigir a su país?, se preguntarán los interesados. La respuesta del propio músico era contundente: «No me voy de vacaciones, no juego al golf y admito que uso el W.C. Eso muy pocos políticos lo aceptan».  Al mismo tiempo no quiso hacer campaña alguna: «Me proclamé candidato y con eso basta. Quien quiera votar por mí, que lo haga. No gastaré millones de dólares que no me pertenecen en propaganda».

Se expresó con igual claridad acerca de su programa político: «Para empezar eliminaría los impuestos sobre los ingresos. A continuación, volvería a poner en activo la constitución estadounidense. La constitución fue concebida originalmente como un contrato entre el pueblo y el gobierno, dando al gobierno el derecho de tomar decisiones, en nombre del pueblo, que favorezcan el bienestar del mismo. No se trata de un poder que diga:  ‘Hagan lo que quieran, nosotros los elegimos’.  Todos los escándalos financieros, los asuntos intervencionistas; toda la corrupción que se lleva a cabo entre bastidores prueba cuánto se han alejado los gobiernos de los objetivos originales de la constitución».

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Zappa atribuyó las guerras recientes en que participaban los Estados Unidos al creciente ejército de abogados y juristas, organizado en tal forma que siempre incrementaba al máximo posible el caos y la confusión, para así poder conservar su estatus. «Este país se hunde por la plétora de juicios que tienen lugar. En ninguna otra nación del mundo hay tantos abogados por metro cuadrado como en los Estados Unidos. ¿Para qué sirven?  Todo el sistema jurídico de este país está torcido y se ha pervertido de tal modo que incluso quien se esfuerza por no gastar en toda su vida un centavo en ellos finalmente termina haciéndolo. Yo prohibiría que hubiera más abogados. Deben ser extinguidos».

La imagen de los Estados Unidos como el líder del mundo está caduca desde hace mucho, opinaba Frank. “¡Como si éste fuera un país libre! Hay más gente metida tras los barrotes aquí que en cualquier otra nación occidental. La mayoría a causa de las drogas; ni siquiera por tráfico, sino por consumo».

Él mismo afirmaba no haber probado nunca drogas como LSD o heroína, y que en su obra sólo había propagado las drogas suaves. «El LSD convirtió a personas comunes y corrientes en yuppies —indicó—.  Toda la generación de los sesenta, con su deseo de mejorar al mundo, se basó en el consumo de drogas: un caso de psicosis masiva. El LSD fue inventado por la CIA para confundir al enemigo en tiempos de guerra. En lugar de poner la sustancia a prueba con ovejas, utilizaron a los jóvenes. E incluso, como se vio, tuvieron que pagar por ello.

«Se ha creado una industria millonaria en torno a las drogas. Entre más profundo se hunde el país en el lodo, más grande es su necesidad de drogas. El gobierno prácticamente no hace nada en contra de los grandes capos de la misma. Lo único que le interesa es mantener bajo control a la población.  Sin embargo, este mantener bajo control a la población no está previsto en la constitución. Por eso a mi parecer habría que acusar a nuestro gobierno de alta traición».

VIDEO: ZAPPA FOR PRESIDENT – YouTube (FootageWorld)

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RAMAJE DEL ROCK: ROCK INSTRUMENTAL

Por SERGIO MONSALVO C.

 

ROCK INSTRUMENTAL (FOTO 1)

 

LA VOZ DEL APARATO

 

Como su nombre lo indica el rock instrumental es un subgénero que basa su acontecer en el uso exclusivo de los instrumentos y con una mínima o ninguna participación de la letra. Surgió para dar énfasis a la destreza individual sobre los mismos, que a la larga derivó en virtuosismo.

Para no variar, esta corriente proviene de los intérpretes negros del jazz y del rhythm and blues, sobre todo del estilo jump. Un aspecto importante del jump blues eran las piezas instrumentales, herencia de los comienzos del r&b, cuando el principal interés de los fans era bailar.

El swing hot, el jazz y el country blues se condensaron en forma de jump blues al final de los años cuarenta, empujando a las pistas de baile a una población cansada de la guerra y la inflación. Los pequeños y animados grupos que tocaban secuencias de blues con una energía y un entusiasmo sin precedentes eran acompañados por cantantes gritones de ambos sexos.

El ánimo de los intérpretes se reflejaba en el del público. Los saxofones tenor graznaban y chillaban, los pianos ejercían un papel percusivo y las guitarras eléctricas vibraban y punteaban. Las letras de las canciones eran sencillas y elementales, dirigiéndose a los corazones de los adolescentes mientras el estruendoso ritmo les hacía mover los pies.

Al aumentar la popularidad de tal música, ésta atrajo a hordas de imitadores y admiradores. En pocos años, el jump blues cambió el rumbo de la música popular en los Estados Unidos.

Durante su auge, hasta el comienzo de los sesenta, el poder de convocatoria de tal estilo abarcaba a todas las razas y situaciones económicas, al contrario del country blues y del blues eléctrico urbano, de público en su mayoría negro.

Era capaz de llenar los salones de baile con cientos de escuchas eufóricos. Sin embargo, al llegar el año de 1960, el jump blues había desaparecido de la radio. Algunos de los exponentes del demoledor arte del jump habían encontrado un lugar temporal en el rock and roll, pero la mayoría desapareció.

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Su esencia fue retomada por los guitarristas blancos de ambos lados del Atlántico hacia el final de los cincuenta, con los Tornados y los Shadows, del lado del Reino Unido,

Y con The Champs, Duane Eddy, Link Wray, The Fireballs, The Ventures y Booker T. And The MG’s, del lado estadounidense.

La época de oro del rock instrumental duró hasta la llegada de la Ola Inglesa, a la que influyó, así como lo hizo con el surf y otras corrientes de moda menos importantes y fugaces. Sin embargo, su presencia se ha mantenido a lo largo de las décadas gracias al creciente e innovador virtuosismo de sus intérpretes, quienes han canalizado sus ímpetus hacia la experimentación y el descubrimiento de las posibilidades del instrumento.

En los años setenta la fusión del rock con el jazz y el cross-over brindaron muestras como las de Return to Forever, la Mahavishnu Orchestra, Weather Report y el ya solista Jeff Beck; la corriente progresiva se alzó con los nombres de Mike Oldfield y King Crimson.

Los ochenta pusieron en la palestra a Yngwie Malmsteen, Joe Satriani, Steve  Vei, Steve Morse y Jason Becker, entre otros. En los noventa se sumaron Tortoise, Mogwai, Cul de Sac, Don Caballero, y el director Quentin Tarantino abrió los archivos para darle realce a su Pulp Fiction con Dick Dale, quien resucitó con ello, lo mismo que el rock instrumental de garage por todo el mundo.

Con el nuevo siglo aparecieron nuevos representantes, acordes con la sonoridad vigente: John 5, Eric Johnson, Jim Root, dominaron la primera década. En la segunda, se consolidó el post-rock, y entre su vertiente instrumental se anotaron nombres como Explosions in the Sky, Russian Circles, God Is An Astronaut, Mogwai, Do May Say Think, Black Emperor, Godspeed You!, que son otros ejemplos de post-rock instrumental.

Asimismo, lo son los grupos japoneses Mono, Toe y The Black Mages, o los franco estadounidenses CAB, los rusos de Mooncake, los angelinos Red Sparowes y los texanos Scale the Summit, entre otros muchos.

No obstante, el del siglo XXI es otro cuento, la época temprana (la dorada) de este subgénero es la señalada como clásica por la historia y en donde diversos instrumentos tomaron el papel protagónico antes de que fuera la guitarra, la reina del lugar: El sax con los Champs, por ejemplo (“Limbo Rock”), el órgano Hammond con Booker T. And The MG’s (“Green Onions”), hasta desembocar en los guitarristas como Link Wray (“Rumble”), Dick Dale, Duane Eddy, y The Ventures.

VIDEO SUGERIDO: The Ventures – Hawaii Five-O (original theme song), YouTube (theandrusshow)

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BABEL XXI-687

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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ACID ARAB

EXPANSIÓN ELECTRO DEL GENTILICIO

 

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

https://www.babelxxi.com/687-acid-arab-expansion-electro-del-gentilicio/

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REZA EL GLOSARIO: GLOCAL

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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El hipermodernismo –la era en la que estamos viviendo– no tiene un arte de formas fijas, de estilos definidos, si no de inflexiones que se van produciendo a base de modelos remotos en el ámbito de las urbes excéntricas, principalmente.

Y sus músicos creadores tienen la ventaja de abrevar en fuentes de una larga tradición, dotada de caracteres propios que a ellos corresponde universalizar. Por eso en dicha era la música es glocal (global-local).

Son nuevas maneras de sentir y de pensar. En el caso de Centroamérica en criollo, en mulato, en mestizo, en lengua indígena o jerga negruna, asimilándose al habla o hablas (español, inglés) de razas que capitalmente contribuyeron a la formación –en este caso– de las culturas en el Nuevo Continente. Lo mismo sucede con Medio Oriente, Asia o África.

La música glocal (el paso más allá de la World music y del World beat) en sus diversos caracteres han ido invadiendo al mundo con sus ritmos, sus instrumentos típicos, sus ricos arsenales de percusión, sus modos de cantar o tañer los instrumentos, su lirismo venido de adentro.

Son músicas que ya se escuchan en todas partes y con los contextos de ejecución actualizada que son, en realidad, lo verdaderamente importante.

Por fortuna los músicos inscritos en esta órbita ya no se conforman con nacionalismos trasnochados, cursis o victimistas, sino que enfrentan tareas de búsqueda, de investigación, experimentación, y son los que en todo momento hacen avanzar el arte de sus propios sonidos abriendo nuevas veredas. Pero en tal tarea el profundo conocimiento del ámbito propio puede ser de suma utilidad.

El instrumento eléctrico o electrónico, adaptado por el género, no tiene ubicación geográfica, pero quien lo maneja lleva la suya en las manos.

VIDEO: Afro Celt Sound System, YouTube (Trad TG4)

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LONTANANZA: RAMMSTEIN

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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FUEGO CON FUEGO

 

Rammstein es un grupo de rock con inclinación por las referencias históricas revisionistas. Busca la reinterpretación ritualista de los iconos de la era más oscura de su país, de sus símbolos, de sus emblemas, de sus imágenes, de sus filias y fobias. Y lo hacen desde una concepción artística de ruptura, provocativa y polémica. La crítica de su propuesta se la dejan a quienes los escuchan.

Rammstein es una banda de pura cepa alemana, como lo fue el Wagner del siglo XIX y su ópera total. Poco más de un siglo después de su muerte surgió este grupo que hizo que se volviera a escuchar a aquel clásico, con toda su carga mítica.

Desde su fundación en 1994, hace treinta años ya, la agrupación ha tocado un metal definitivamente industrial con su plétora de antojos mecánicos, y cantado acerca del fuego, la sangre y algunas formas oscuras del erotismo, como lo hizo en su momento el creador del Anillo de los Nibelungos, y con todo su drama musical, libretos y escenografías. Y lo que es más señalado todavía: sus integrantes se sienten orgullosos de ello.

Bajo la consigna primera de que “hay tantos prejuicios contra los alemanes que toda una vida no bastaría para eliminarlos”, ellos le han echado más gasolina al fuego (literalmente). Los temas de Rammstein desde entonces han sido el sadomasoquismo, la necrofilia, el incesto, la zoofilia, la guerra, la xenofobia, el racismo, entre otros semejantes, con todos sus ritos bombásticamente escenificados desde la primera gira que realizaron con el material de su disco debut, la Herzeleid Tour de 1995-96.

Y todo ello usando los imperativos: “Bésame”, “Empínate”, “Castígame”, por mencionar sólo tres títulos de su segundo álbum Sehnsucht, por ejemplo. “Tu cara me da igual, empínate”. Con letras semejantes, se hubiera esperado el contraataque feminista, pero no ocurrió así, se ve que tal bloque es selectivo à la carte.

Al igual que en el caso del conglomerado Rockbitch británico, Rammstein confronta al público con un extraño fenómeno: la aceptación y el rechazo, por igual (“No me gusta, pero sí me gusta”), con toda clase de pretextos para explicarlo.

En la base de este tinglado está un sonido sumamente contagioso que establece el equilibrio perfecto en el filo agudísimo entre el metal y el dance electrónico. Justo lo que anduvieron buscando en su momento grupos como Frontline Assembly, The Prodigy, Moby y The Chemical Brothers, entre otros.

Rammstein ha tenido éxito donde fracasó otro grupo alemán, Die Krupps. Y ha seguido rompiendo todos los récords de ventas en su país, pese a caminar por la delgada línea entre la propaganda y la parodia. Lo suyo hace referencia al espectáculo de cabaret de los años veinte, durante la República de Weimar, pero con el sonido expresionista de la actualidad.

Sehnsucht, su segundo álbum, llegó al número uno en las listas de discos después de permanecer embodegado durante más de medio año, a la espera de que bajaran las ventas del primero, Herzeleid.

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Este grupo originario de la ex Alemania Oriental se ha adaptado rápidamente a la nueva situación político-geográfica: a la prensa internacional le advirtieron que las entrevistas no podían durar más de 20 minutos, tenían que ser en alemán y estaba prohibido tomarles fotos, pero dichas entrevistas se le podían hacer a cualquiera de los miembros (todos son, desde el comienzo, igualmente importantes, por lo cual pusieron en circulación seis portadas diferentes de Sehnsucht y en las playeras inspiradas en éstas).

El éxito del grupo ha sido notable en vista de que sus canciones están prohibidas en la radio alemana y de la gran cantidad de enemigos que tienen entre la prensa de su país. Se les acusa de tocar “rock neonazi” y de dedicarse a puras “bravuconadas faltas de sentido y de contenido”.

Para Felix Klein, comisionado del Gobierno alemán para asuntos de antisemitismo, por ejemplo: “La escenificación de los músicos de Rammstein como presos de campos de concentración condenados a muerte –en uno de sus videos– rebasa una línea roja…Si esto sólo sirve para fomentar la venta de un disco, lo considero un uso de mal gusto de la libertad artística”.

Muchos se preguntan hasta dónde podrá llegar un grupo cuyos miembros no vacilaron en elegir como nombre una referencia evidente al accidente de un avión ocurrido hace algunos años en aquellos lares, en el que 80 personas fueron devoradas por las llamas. Si a eso se agrega que el espectáculo de Rammstein muestra un notable gusto por el fuego, cualquiera puede sacar conclusiones al respecto.

“No nos interesa lo que piense la gente —ha afirmado el tecladista Flake. Creo que una democracia debe ser capaz de aguantar a un grupo como el nuestro. De otra manera habría que prohibir también a Kiss, por el símbolo de la SS que contiene su nombre y el fuego que utilizan en sus conciertos. Somos entertainers, al fin y al cabo, aunque lo somos de nuestra generación. Y ésa es distinta a la de hace 20 o 30 años.”

“Creo que la única oportunidad que tienes como artista es ser sincero contigo mismo, ser auténtico. La música que tocamos debería provocar y polarizar. En el momento en el que empiezas a tener miedo de lo que puedes decir, todo se complica. Creo que hay niveles de moralidad que todos los individuos tienen y líneas que no se quieren cruzar. Se ponen de acuerdo, para que nadie esté incómodo”, ha señalado Richard Zven Kruspe, el guitarrista, por su parte.

Al director cinematográfico de culto David Lynch no le causó ningún problema todo ello. Utilizó dos canciones del álbum debut de Rammstein para el soundtrack de su película Lost Highway. Lynch no habla ni una palabra de alemán, pero lo que le importó fue la atmósfera que creaban sus canciones. Ése es uno de los principales objetivos del trabajo del grupo: “Si la gente se deja provocar por el resultado, es su propio problema”, ha sentenciado el sexteto.

Rammstein no es un conglomerado de psicópatas, sólo tiene los trastornos normales provenientes de su particular contexto: un país dividido y vuelto a unificar por decretos políticos —con décadas e ideologías polarizadas de por medio y como protagonista más conspicuo—, con el cúmulo de problemáticas sociales y psicológicas que ello conlleva. Ellos lo han llevado a la escena, con su propia estética, con el fuego como su principal elemento, ese que lo incendia todo.

Es un grupo sombrío y neo expresionista. Tiene una identidad propia y canta acerca de temas universales que inquietan por su escabrosidad. Les inyecta además a sus presentaciones un impactante toque de histrionismo en el escenario. Un toque que a muchos en el mundo les parece “políticamente incorrecto”. Cosas de la era que vivimos.

Dureza ensordecedora, marcial y goyesca –con ríspida visión infernal incluida–. Brocha gorda, nada de pinceles. Fuego, mucho fuego. Simbólico o destructor. En bruto o con sofisticaciones tecnológicas, militares y evocadoras: lanzallamas, cañones antitanques, ballestas, cohetes, efectos y multitud de juegos pirotécnicos.

Sonido y volumen. Un organismo vivo que se nutre de ellos y se incrusta –literalmente– hasta en el último rincón de un estadio, del cuerpo, del cerebro, que escucha bramidos, que observa nubarrones negros, que intuye hundimientos.

Imágenes caníbales, industriosas, cinematográficas, de golpeteo al músculo como insignia mitológica, de hipnosis, con ecos del krautrock y prácticas à la Mengele. Y más fuego, siempre el fuego, el que limpia, cura y el que reduce.

Iconografía nazi. De nuevo la delgada línea que separa lo crítico de lo fanático. Todo con el afán provocador como medio y como objetivo. Para ello hay una enorme producción en su mise en scène, bombástica y ampulosa, como herramienta para provocar la comunión con el público (gustador del ritual), sin importar que no sepa alemán, como en las óperas de Wagner.

Rammstein: épica y su autoparodia. Y así llegan los 30 años del grupo con un disco homónimo (¿?) y un cerillo como imagen en la portada, listo para incendiarlo todo en medio del paroxismo. Sin restarle un ápice a la música, a su dureza, a su rítmica, que es finalmente lo que más parece importarles.

VIDEO SUGERIDO: Rammstein – Radio (Official Video), YouTube (Rammstein Official)

RAMMSTEIN (FOTO 3)

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JAZZ: JOHN COLTRANE (VI)

Por SERGIO MONSALVO C.

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LIVING SPACE

Cinco grabaciones de un periodo sumamente prolífico en la intensa carrera profesional de John Coltrane, cinco lanzamientos póstumos que documentan a un grupo activo en su instante de florecimiento más pleno, cinco ejemplos de las habilidades de Coltrane como solista, compositor y líder de grupo.

Un equipo, un colectivo cohesionado, que responde al desafío de su líder con la creatividad y el oficio que sólo un conjunto en actividad permanente puede lograr. Cinco joyas, cinco testimonios legados por una agrupación legendaria, el clásico cuarteto de John Coltrane.

Este disco del saxofonista es una reedición del álbum conocido como The Mastery of John Coltrane One: Feelin’ Good, obra que en su momento tuvo una distribución no muy amplia. La de Living Space es una de las últimas presencias del cuarteto clásico antes de la transformación del saxofonista hacia zonas de búsqueda y confirmación espiritual a través de los sonidos, más un inédito («The Last Blues»), que surge como el mejor momento de la sesión.

En 1965, la expansión coltraneana aplicaba de lleno las potencialidades del cuarteto como unidad. La belleza de este álbum es extrema y tensa.

Personal: John Coltrane (saxofones tenor y soprano), McCoy Tyner (piano), Jimmy Garrison (bajo) y Elvin Jones (batería).

VIDEO: John Coltrane – Living Space – YouTube (John Coltrane)

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LIBRO: ISLANDIA (LO OÍDO Y LO VIVIDO)*

Por SERGIO MONSALVO C.

 

ISLANDIA (PORTADA)

 

La llaman Hringvegur (Ring Road) porque tiene forma de anillo. Es la ruta más importante de comunicación en Islandia, circunda todo el país, Su forma y trazado responden a las condiciones del hielo omnipresente, y a la accidentada geografía de aquellos lares, que hacen imposibles determinados puntos y, ligado a ello, en una segunda explicación más sugerente, a la existencia de los elfos, criaturas de las leyendas y el folklore islandés a los que se conoce también como la gente oculta.

Transitar por sus dominios sería enfadarlos y nadie quiere eso. Así pues, se podría decir que la más importante carretera del país está construida teniendo en cuenta algo en lo que se cree, pero no se ve: seres que habitan dominios remotos y quizás ficticios, pero que configuran la realidad local. Y así conviven con ello los islandeses y toda su cultura, entre la cual la música ocupa un papel muy importante.

En las canciones de algunos grupos hay historias maravillosas sobre los elfos y la gente oculta, aunque no todo de lo que hablan tiene que haber sido visto, ¿o sí? Así que la música islandesa, como su carretera primordial, ofrece la posibilidad de viajar, de facto y con las herramientas de la fantasía o la imaginación, acústica o electrónica, sobre la convicción en lo invisible, apuntalando su cotidianeidad sobre ese profundo deseo común.

 

Pero, igualmente, están los otros intérpretes, los que cantan sobre los mitos de la modernidad, sobre las leyendas de lo digital. Del hoy visto desde mañana. Islandia es eso: la convivencia de antaño y hogaño, entre volcanes y glaciares, con la mejor red geográfica y cibernética, en ambos casos.

*Introducción al volumen titulado Islandia (Lo Oído y lo Vivido), una publicación de la Editorial Doble A, cuyo contenido también ha sido puesto online en el blog Con los audífonos puestos.

 

 

ISLANDIA

(Lo Oído y lo Vivido)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Ensayos”

The Netherlands, 2023

 

 

Contenido

A Manera de Introducción

Emiliana Torrini: Seducción por el Misterio

Una Historia (de Monstruos y Hombres)

Björk: Artista Volcánica

Gus Gus: Un Concepto Interdisciplinario

Platillo Frío (Delirio Islandés)

Samaris: El Arte como Solución

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