BRUCE SPRINGSTEEN

Por SERGIO MONSALVO C.

BRUCE FOTO 1

 THE BOSS

En un paisaje poblado por nuevos dioses y pocos héroes, Bruce Springsteen no optó por el camino de estos últimos para asumir su papel en la historia. No. Él fue señalado como tal por sus compañeros de aventura. De ahí su sobrenombre: The Boss. Y, a pesar de no querer serlo, desde el principio se encarriló con tal suerte en su propia narración dentro de la música y, eso sí, a ésta la volvió homérica.

Unas veces lo ha hecho desde la Iliada (con la responsabilidad), otras desde la Odisea (con el compromiso), con esa voluntad eterna por instalar al ser humano más común u olvidado en el centro de su épica, trasladarlo al escenario de sus canciones e insuflarle el gran reto de la ilusión a pesar de todos los obstáculos que tiene la vida. En los libros de Homero está el origen de la historia humana, de su relación atávica con la mitología, de su papel enfrentado al victimismo del destino.

Es importante por ello escuchar la voz de Bruce, escarbar en sus temas, las historias que hay en medio de tanta villanía empleada y creada por los poderes políticos o financieros de hoy. Su canto nos sirve para reflexionar juntos sobre quiénes somos y ante qué nos enfrentamos, y la forma de actuar o sentir en la búsqueda de una Ítaca personal y colectiva.

Su voz, desde los primeros tracks con la legendaria E Street Band, ya abrazaba como una fuego inquieto en el cuerpo. Sólo basta escuchar “Growin’ Up” o “Spirit in the Night”, por ejemplo, con la introducción in crescendo, crepitante, que da paso a un incendio, a un flamear de guitarras, en su desafío encendido, para sentir que el mundo se inflama hasta el infinito, explota en pedazos y empieza a recomponer el/tú/nuestro horizonte.

Por eso es fácil identificarse con el personaje de Nick Hornby que lo trae a colación en High Fidelity (en el libro o la película correspondiente), el Boss siempre tendrá las palabras necesarias, la pieza para curar y el aliento del colega solidario que da el impulso hacia adelante, sin claudicar.

Pero también Bruce da voz a los marginados y a los abandonados por la sociedad. Es un autor de lo cotidiano, de su poética. Sus personajes se ensucian, visten ropa de trabajo o jeans de marcas plebeyas y hablan sencillamente. En esto el cantautor se parece a John Steinbeck, uno  de sus preceptores. Por muy sobrias y objetivas que parezcan las descripciones que haga, siempre serán compasivas y llenas de simpatía por los “perdedores”, por los “solitarios” y sus momentos, donde juega la honestidad, serán aptos para conmover y hacer de sus álbumes algo extraordinario.

Con sus temas hay que emocionarse al escuchar que tras la espesura de los problemas y el quiebre o falta de valores hay una luz o muchas, que existen dentro y gracias al espíritu rockero, y eso es algo que hay que cuidar entre todos, como comunidad.

Por eso, Bruce asume que tiene un compromiso con dicho espíritu y nunca lo olvida (“Cuidar de los nuestros…”). En ello radica su poder de convocatoria y la fuerza del enlace resultante. Siempre se ha hecho eco de su entorno, late en él, y ahí encuentra el fondo de su obra conceptual. Por eso sus canciones tienen nervio y maravillan por su voluntad artística.

Él ubica al rock en un nivel de nexo grupal, en el de himno interpretado a modo personal o en estadio, en el grito intenso que es de una colectividad entera, de una unión que se necesita reconocer en dicha voz conjunta, en el vínculo espiritual que busca instalar su razón de ser en el andar hacia su horizonte, hacia la promesa inexplicable de esa música. Por eso el hombre que nunca quiso ser “el jefe” se ha elevado por encima de las categorías y se ha erigido también en el Clint Eastwood del rock.

Y como icono mundial siente la responsabilidad, igualmente asumida, de estar a la altura del acontecimiento social que representa; de su propio discurso, planteamiento y convicciones frente a su público, sin dobleces, como desde hace cuatro décadas.

Bruce Springsteen And The E Street Band

 

 

Es un arte que ha mantenido el enfoque en la vida de sus personajes con la habilidad de un maestro en el cuento corto. Y que como tal tiene muchas influencias y experiencias como el lector que es y ha sido. Con los libros, la palabra y la poesía, el rock se volvió vigoroso y neuronal desde la década de los sesenta –de la que Bruce es beneficiario–, además de energético e instintivo. Él es un conocedor de ello.

Cada artista construye su propia tradición sin obedecer más límites que los de sus capacidades personales, sus afinidades o sus azares de identidad. El poeta T. S. Eliot escribió que “un creador influye en sus antecesores, porque fuerza a mirarlos a través del ejemplo que él ha establecido”. Efectivamente, en la razón (o sinrazón) de sus mentores está contenido el sentimiento que le inspira vida al rock desde que éste tuvo a sus pensadores como representantes: Bob Dylan, los Morrison (Jim y Van), John Lennon, Lou Reed, Leonard Cohen, Neil Young, Patti Smith, Nick Cave, David Byrne, Thom Yorke, Jarvis Cocker, Damon Albarn, Bruce Springsteen…

VIDEO SUGERIDO: Bruce Springsteen – Prove It All Night – Largo live 1978 (Blu-ray), YouTube (Brucetapes)

Su Yo dinámico es fruto de selecta literatura (desde los primeros escritos homéricos, pasando por el romanticismo decimonónico o la líbido freudiana y el viaje beat exterior e interior del siglo XX, el género puede adoptar estas apariencias o cualquier otra, según las lecturas de su autor.

No se puede ser un músico trascendente sin una tradición. Cada exponente del género, más o menos, ha ido eligiendo la suya. De este modo Homero, Herman Melville, Walt Whitman, Richard Ford, John Cheever, William Blake, Herman Hesse, J.D. Salinger, Aldous Huxley, George Orwell, J. R. R. Tolkien, Jack Kerouac, entre otras docenas de escritores, se han vuelto grandes rockeros sin haber escrito una sola canción o haberse armado con una guitarra eléctrica. Es otra de las cosas grandes que posee el género.

Sus textos han tenido que ver con la ontología genérica, con su andadura existencial y la hondura en su pensamiento. Y los rockeros gigantes (los mencionados, la intelligentsia, pues) han influido en ello como dijo Eliot, las nuevas generaciones los leen a partir de la obra del músico que los ha mencionado, influenciando a su vez a aquellos, sus mentores.

Por eso es muy importante conocer y saber qué han leído y leen esos músicos, de qué o quienes se han nutrido para llenar sus necesidades o crear su obra o ambas cosas a la vez. Cuando esos rockeros alcanzan una edad provecta, antes inconcebible, la necesidad de tales conocimientos es aún mayor, puesto que su experiencia de vida los ha dotado de sabiduría y ésta debe iluminar al resto de la comunidad.

Debido a ello, cuando leí la entrevista que el New York Times le hizo a Springsteen al respecto a finales del 2015, mi alegría fue enorme por el legado que ello significa y que será un referente de ahora en adelante para calibrar sus obras y su autobiografía, escrita de su puño y letra, y que ha sido todo un acontecimiento para la cultura del rock tras su aparición.

Por dicha entrevista sabemos que el músico tiene en su mesita de noche en estos momentos: Moby Dick, la cual le parece una hermosa historia de aventuras, la cual no quiere que termine nunca. Y junto a ella, El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez. “Simplemente porque trata muchos aspectos del amor humano. Luego vendrán Las aventuras de Augie March y Henderson, el rey de la lluvia de Saul Bellow”).

Sabemos que le gustan los escritores rusos: “los relatos cortos de Chejov, las novelas de Tolstoi y Dostoievski, me parecen totalmente modernos desde un punto de vista psicológico. Mis favoritas son Los hermanos Karamazov y, naturalmente, Ana Karenina”. Sabemos que leyó Las uvas de la ira “que es como esperaba que fuera”.

Igualmente hemos descubierto que lee mucho sobre el béisbol (la autobiografía de Mariano Rivera, el más reciente de ellos), cosmología (Corazones solitarios en el cosmos, de Dennis Overbye, fue uno de sus primeros libros en este sentido: “La lucha de los hombres y de las mujeres por contestar las preguntas más profundas que podemos plantearnos, me parece liberadora. También me hace ver en su justa medida los pequeños problemas que pueda tener a diario”).

Y, en buena medida, volúmenes sobre filosofía: “El libro que hizo orientarme hacia ello fue Historia de la filosofía occidental, de Bertrand Russell. Los más recientes, Vidas en examen, de Jim Miller, y Cómo vivir. Una vida con Montaigne, de Sarah Bakewell”.

Sabemos que el primer libro que leyó de niño fue El Mago de Oz: “Recuerdo que el libro y el hecho de poder leer me entusiasmaron”. Y que sus autores preferidos actuales son Philip Roth “por su humor escandaloso y subido de tono, por su excelencia y por su longevidad. Es difícil superar Pastoral americana, Me casé con un comunista y El teatro de Sabbath”; al igual que Cormac McCarthy (Meridiano de sangre y The Road ocupan un lugar destacado en sus estantes), lo mismo que Richard Ford (sus favoritos: “El periodista deportivo, El día de la independencia y Acción de gracias).

Siente especial afecto por Walt Whitman: “El verano siempre hace que quiera hojear Hojas de hierba durante un rato y sentarme en el porche delantero de mi casa. Al dejarlo, me siento más contento. Sé algo más sobre la democracia y eso de cuidarnos los unos a los otros”.

 Sabemos quiénes influyeron en su decisión de volverse músico y compositor y contribuyeron a su desarrollo artístico: “Fui muy poco a la universidad porque me convertí en músico y me eché a la carretera, pero por aquel entonces leía a Flannery O’Connor, James M. Cain, John Cheever, Sherwood Anderson y Jim Thompson. Estos autores influyeron mucho en el giro que dio mi música en torno a los años 1978 y 1982. Aportaron un sentido geográfico y la vena oscura a lo que escribía, ampliaron mis horizontes sobre lo que se podía lograr con una canción de rock y siguen siendo literalmente la base de lo que intento lograr hoy en día”.

Nos enteramos que los libros que lo han puesto furioso sobre el presente son Too Big to Fail, de Andrew Ross Sorkin; La gran apuesta, de Michael Lewis, y Someplace Like America, de Dale Maharidge, con fotografías de Michael S. Williamson y Someplace Like America, para el que escribió el prólogo. Libros sobre el reciente hundimiento financiero. “Los escándalos delictivos y la insensatez que se describen me llevaron directamente a crear mi álbum Wrecking Ball”, ha dicho.

Y, sobre todo, sabemos que si tuviera que nombrar un libro que lo haya convertido en quien es, le sería difícil nombrar sólo uno, pero que los cuentos cortos de Flannery O’Connor lo impactaron mucho: “Se puede sentir dentro de ellos la impenetrabilidad y los misterios intangibles de la vida que confunden a sus personajes, y que encuentro frente a mí todos los días”.

Gracias Boss.

BRUCE FOTO 3

VIDEO SUGERIDO: Bruce Springsteen – Born to Run (Live Glastonbury 2009), YouTube (AL SEN)

 

Exlibris 3 - kopie

LAURA KOESTINGER

Por SERGIO MONSALVO C.

LAURA KOESTINGER (FOTO 1)

 UNA VOZ COMO MONTAÑA*

 Laura Koestinger lanzó el disco Drown in My Own Tears (Ahogada en mis propias lágrimas). Las piezas que componen el álbum dividen su gusto por el blues y el jazz. Y con el transcurrir de los doce tracks se confirma aquello que una vez le dijera un amigo suyo: “Tu voz suena como una montaña”. Y la suya es una que ha sabido apuntalar su solidez con un grupo igual de compactado y expresivo.

Habla Laura:

“A mí me gusta interpretar el blues y el jazz, aunque me identifico más con el primero. No obstante, reconozco que musicalmente tiene más riqueza el jazz. Ambos, sin embargo, están detrás de toda la música importante que se compuso a través de las décadas del siglo XX. Para mí el blues es como una forma de llanto. Es llorar por todas las cosas que somos en la vida y por las que no somos; es el llanto por saber que somos mortales, imperfectos, que nos equivocamos a cada rato, una y otra vez. Esa parte de la naturaleza humana es lo que se oye en el blues, también en el jazz, aunque recreada. Y eso es lo que a mí me gusta de dichos estilos.

“Nací en la Ciudad de México en 1963. Aprendí el inglés de niña junto con el español. En mi casa fuimos 10 hermanos, hijos de un papá austriaco y una mamá veracruzana. Siempre hubo música en la casa. La hora de la comida se ambientaba con ella o no se comía. Sólo dejamos de oírla unos días cuando murió una de mis hermanas, pero de ahí en fuera siempre. De niña, una cosa que me llamaba mucho la atención cuando iba de visita a la casa de mis amigas era que no tenían radio en los baños. Yo me decía “qué casas tan raras”, pero la rara era la mía. Nosotros oíamos música todo el santo día, por todos lados: mi papá con sus discos de música  clásica y de big bands, que le eran sagrados (cuando yo nací mis papás ya no iban a bailar como solían hacerlo cuando eran jóvenes, pero esos discos de bandas eran como un recuerdo de todo aquello que habían vivido). Mi mamá a toda hora silbaba por la casa. Ella afina perfectamente y canta bonito, le gusta la marimba, las canciones de Agustín Lara y esas cosas.

“Entre mi hermana la mayor y yo hay unos 15 años de diferencia. A mí me tocó verla aprender a bailar rock and roll. Elvis era su máximo. Luego vienen las que seguían a los Beatles, Donovan y qué sé yo: Jethro Tull, Cat Stevens, los Bee Gees y así, hasta que a mí me tocó de los Carpenters hasta U2. Con mis hermanos todo el tiempo fue memorizar las canciones. Haber aprendido inglés de chica influyó mucho en mí, porque el espectro musical se volvió más amplio, casi no oía temas cantados en español, la verdad. Escuchaba Radio Éxitos y La Pantera, mis estaciones favoritas.

“Cuando tuve edad para andar de noviera, lo hice con puros cuates a los que les gustaba la música. Cada uno me fue enseñando cosas en ese sentido. Uno de ellos me puso a John Mayall. Llegó a la casa un día y vio el disco que era de una de mis hermanas, de hecho era de mi hermana la que había fallecido: “¿Ya lo oíste?”, me preguntó. Para mí era uno de entre millones de discos que tenían mis hermanos y que yo nunca había escuchado. Lo puso y me dijo que le prestara atención. Ese fue mi primer clinch con el blues.

“Luego tuve otro novio, un fantasioso que quería tocar la batería. Con él oía a Genesis y a Phil Collins en la bataca y también el mismo disco de John Mayall. Sólo que a éste le gustaba la canción que se llama “The Bear”, donde el baterista hace unas síncopas muy particulares e increíblemente perfectas, a perfecto contratiempo. Hoy me acuerdo cómo me enseñó a escucharlo y me despierta cantidad de cosas. En aquel entonces me emocionaba verlo a él emocionarse con la canción, moverse al ritmo de la rola. La bailábamos mucho y lo hacíamos muy parejitos, me encantaba. Asimismo tuve un amigo que con la música clásica hizo igual conmigo: me sentó para que escuchara esto y aquello, y yo cada vez más impactada y maravillada con todo lo que no oía regularmente.

“Así fue que con estos novios, amigos y familia se me fue abriendo la oreja. Por otro lado está el hecho de que siempre he sido una melancólica, una llorona que sufre por todo a pesar de tener una vida perfecta. Soy muy azotada por naturaleza, por carácter. De esta manera yo creo que se me juntaron todas las cosas y apareció el blues en mi horizonte.

“El blues fue lo único que sentí que cantaba de manera natural y no aprendida. Resulta curioso porque no soy negra, ni nací en los campos de algodón, ni fui esclava, ni nada de eso. Pero por dentro siento como si de verdad hubiera tenido que ver algo con aquello. Empecé tratando de cantar cosas como baladas y música ranchera. Cantaba dos o tres piezas de ellas, pero me sabían todas iguales, no me salían del corazón.  En cambio el blues fue el único género que sentí me brotaba de adentro, natural. De niña, en mi casa, oía cantar todo el tiempo, todos lo hacíamos. Yo comencé a hacerlo más en forma a los 16 años. Tomaba la guitarrita en las fiestas e interpretaba canciones del momento como “Hotel California”, por ejemplo. Afortunadamente nunca llegué a cantar boleros como “Novia Mía” o “Usted es la culpable” y esas cosas.

LAURA KOESTINGER (FOTO 2)

“A los 20 años ya tenía un grupo con mis hermanos mayores. Hacíamos tocadas o nos contrataban para fiestas y ondas así. Nos llamábamos Los Tropinautas del Rock, aunque no lo creas. Recuerdo haber cantado desde siempre, pero tomármelo ya en serio fue hasta 1990, porque uno de mis hermanos formó el grupo de rock Planeta Pop con el que hoy curiosamente es mi guitarrista. A veces me daban chance de hacerles coros. Yo en realidad me juntaba con ellos porque estaba muerta de amor por el bajista. Con el tiempo me convertí en la voz principal. Sin embargo, al año el grupo se desarmó y yo me quedé con ganas de seguir. Como no sabía qué hacer me fui a tomar clases para de verdad aprender a cantar.

“Conocí a una maestra que daba clases particulares. Se llama Susana Herner, concertista soprano de Bellas Artes. Con ella he trabajado desde 1991 hasta la fecha. Ha sido mi única tutora, mi profesora de canto y de muchas cosas más, porque ella, como maestra de canto seria y profesional, no sólo me enseñó a modular, colocar o impostar, sino que me ayudó mucho a encontrar el color de mi voz. Yo quería cantar muy agudo, y a ella como soprano le encantaba la idea de que lo hiciera. Estuvimos como un año tratando de poner piezas clásicas de teatro y siempre en los tonos altos, pero estábamos como atoradas, hasta que empezamos a bajar el tono y a explorar. Nos fuimos hacia los colores oscuros, las tonalidades más graves de la voz, y ahí fue donde comencé a agarrar mi verdadero registro. Fue muy bonito, muy tranquilizador, porque supe que podía hacerlo. Sobre eso empezamos a trabajar y ya de ahí me seguí. Gracias a ella lo aprendí todo: a respirar, a modular, a cantar.

“Le puse el nombre de Drown in My Own Tears a mi disco debut porque es una de mis canciones favoritas y es con la que abre el CD, aunque no es una de las que haya cantado siempre. Es bastante reciente en mi repertorio. Expresa el contenido del álbum, en lugar de titularlo Laura Koestinger & El Club del Algodón Jazz & Blues, le pongo Drown in My Own Tears y el que sabe, sabe. Es parte del mismo sentir.

“Los músicos que me acompañan en el álbum son mi banda fija desde 1994. Con ellos trabajo desde que se deshizo un grupo que tenía anteriormente con Francesc Alcácer y el baterista Edgar Campos. Todos ellos son egresados de la escuela de música de la UNAM o de Bellas Artes. Todos son académicos, con muchos estudios, y además son gente que huesea todos los días. Y esa es una de las ventajas del hueso, los mantiene aceitadísimos. Mi pianista, Guillermo Carvajal, es exquisito, de verdad es muy bueno. Musicalmente ha crecido y madurado mucho desde que lo conocí. Domina muy bien su instrumento.

“Entre mis principales influencias en la voz están Sarah Vaughan y Dinah Washington. Después de eso pedacitos por aquí y por allá de otras cantantes.

“Le puse como nombre El Club del Algodón a mi grupo por el Cotton Club de Nueva York. Cuando yo todavía no cantaba vi la película de Coppola y me impactó muchísimo la música. Ahí canta Lena Horne y dije ¡wow! No había visto una cinta donde la música fuera tan importante como la trama. Me gustó mucho y me la quedé como si fuera un muñeco de peluche, como mi mascota, mi talismán. Era mi película, y entonces cuando comenzamos a integrar la banda se me ocurrió que El Club del Algodón sonaba bien y se lo puse. Todos los temas los canto en inglés, pero el nombre del grupo se quedó en español, era algo que yo quería que la gente pudiera reconocer, aprendérselo.

“El concepto musical que quise plasmar en el disco es el del Club del Algodón como grupo. En estos años que hemos trabajado juntos llegué en mi mente a un sonido, a una imagen, a una armonía, a un tipo de balance y variedad de ritmos. Concreté mi idea del Club del Algodón, y eso fue lo que quise poner en el álbum. Es un concepto totalmente egoísta y egocéntrico, pero es como yo lo quería hacer, con quienes lo quería hacer y según lo concebía.

“Escogí el material que compondría mi primer disco en base a la vida. A lo que voy oyendo y a lo que me va gustando. La canción más antigua en mi repertorio es “Summertime”. Ésa la cantaba yo desde antes de tomar clases de canto. No sé ni dónde ni cuándo la conocí, pero me gustó mucho. La cantaba a capella o con el piano, o la guitarra o con quien se dejara, así que siempre ha estado ahí. En ella hay un homenaje a Janis Joplin. Es un arreglo mío trabajado con el pianista y está basado en la Janis. Los primeros compases son tal cual la versión del “Kosmic Blues”, y al final la voz aguda y la figura de la guitarra también, lo mismo que algunos fraseos que trato de hacer a mi manera.

“Todas las demás piezas, standards y versiones mías, han sido producto del tiempo. Las he escogido por diferentes razones: emocionales o sentimentales.

“Eso sí, todas las canciones son las que a mí me gustan. Por otro lado, tengo muchos amigos a los que les encanta alguna de ellas, como “As Time Goes By”, y por eso la incluí, por cariño a ellos. Son amigos cineastas. Sabía que cuando realizara mi disco esperarían que estuviera. La de “They Can’t Take That Away From Me” la metí porque era algo que yo quería decir.

“Estoy impactadísima con el resultado del disco porque ya tenía esta imagen mental del Club del Algodón y su sonido, pero nunca soñé que fuéramos a lograrlo. Pensé que el CD iba a estar bonito, decoroso, agradable, que me iba a gustar y punto, pero ha sido mucho más que eso. Creo que incluso todas las pausas durante la grabación sirvieron, porque dieron tiempo a madurar los sonidos y la concepción de los mismos. Según yo quedó espectacular, y lo mejor todavía es que es perfectible. Estoy supersatisfecha. Tanto que si después de él no pasa nada no me importa. Está impreso y habla muy elocuentemente de lo que yo siempre quise hacer”.

Al experimentar la vida se revela la existencia de un huésped alojado en el corazón encogido. Es un dolor iluminado por la luz azul de las emociones. Se trata del blues, que según los entendidos es el recuerdo del amor y la certeza de la muerte, todo al mismo tiempo. Es el canto que se apersona en la garganta de hombres y mujeres escogidos por él, como en el caso de Laura Koestinger.

* Este texto es fundamentalmente el guión literario del programa número 45 de la serie “Ellazz”, que se trasmitió por Radio Educación a fines de los años noventa y principios de los años cero, del que fui creador del concepto y nombre, entrevistador, investigador, guionista y musicalizador. El programa se realizó con la entrevista que le hice a Lura tras la publicación del disco Drown in My Own Tears en el año 2000.

 

LAURA KOESTINGER (FOTO 3)

VIDEO SUGERIDO: Laura Koestinger – Summertime, YouTube (BluesisFeeling Memories)

 

Exlibris 3 - kopie

‘TIL WE OUTNUMBER ‘EM

Por SERGIO MONSALVO C.

'TIL WE (FOTO 1)

 (TRIBUTO A WOODY GUTHRIE)

Woody Guthrie  murió en octubre de 1967 y actualmente, a más de medio siglo de aquello, se mantiene latente como vocero del proletariado de la Unión Americana. A través de su canto se manifiesta el hombre sin mayor cosa que su propio trabajo, de aquél al que la suerte, ni el destino, ni su medio han podido sacar de la cuneta, pero cuya voluntad es férrea y constante para continuar sobreviviendo.

Gutrhrie nació durante la segunda década del siglo XX, y el transcurso de su existencia está señalado por dos polos: la lucha contra las viscisitudes de una vida rodeada de pobreza y la dejadez del hobo (ése vagabundo que opta por seguir el silbido del tren y los aires que dibuja el humo de su traqueteo).

Consecuentemente se hizo músico. La guitarra fue el instrumento de este ser inquieto, su máquina de escribir canciones e igualmente para “matar fascistas” (como llevaba inscrito). Su vida estuvo marcada por su origen, Okemah, en el estado de Oklahoma, un lugar  de desastres naturales, económicos, de pobreza extrema y de falta absoluta de oportunidades.

Era un “okie” (apelativo de menosprecio con el que se dirigía el resto del país a la gente proveniente del medio oeste, donde se ubican las grandes llanuras y que fue la víctima número uno durante la época de la Gran Depresión que asoló a dicha nación).

Por todo ello Guthrie tenía opiniones muy claras sobre el mundo que lo rodeaba, donde unos ganaban mucho y otros apenas lo suficiente para mal vivir. “El dinero era lo que decidía si te trataban como un ser humano, como a un asno o como a un perro”, denunció en su autobiografía: Bound for Glory (Con destino a la Gloria).

'TIL WE (FOTO 2)

VIDEO SUGERIDO: Woody Guthrie – All You Fascists Bound To Lose, YouTube (UnAmericanBandstand)

Woody Guthrie observó y vivió en carne propia los sufrimientos y las penalidades de los desplazados y las describió en sus canciones.

Este cantautor estadounidense murió, pero su legado dentro de la música popular y dentro del rock, en específico, ha permanecido tan fresco como el primer momento en que Bob Dylan lo presentó a una nueva generación con versiones de sus cantos.

Y esta generación supo que el nuevo rock ahora era posible porque Guthrie había sabido llegarle a la gente con la música, hablándole de sus problemas, de sus esperanzas y de sus luchas. Desde entonces la lista de quienes le han rendido tributo no ha parado de crecer: Byrds, Donovan, U2, Klezmatics, Wilco, Anti-Flag, Meat Puppets, Lou Reed, etcétera.

Uno de los mejores homenajes discográficos que se le han rendido es la compilación que reunió Ani DiFranco, ‘Til We Outnumber‘Em (del concierto celebrado en el Severance Hall en el año 2000) y publicado en su propio sello discográfico Righteous Babe, con la participación de artistas como Jack Elliott, Arlo Guthrie, Billy Bragg, Bruce Springsteen y Country Joe McDonald, entre otros.

Woody Guthrie entró en el Salón de la Fama del Rock en 1988.

'TIL WE (FOTO 3)

 

Exlibris 3 - kopie

EMILIO BALLAGAS

Por SERGIO MONSALVO C.

 EMILIO BALLAGAS (FOTO 1)

 EL GOZO DE LA EXPRESIÓN*

La evolución de la poesía cubana durante las décadas de los años veinte al cuarenta del siglo XX tuvo entre sus figuras preponderantes a Emilio Ballagas. En este poeta se concretan tendencias aparentemente inconciliables. Como todo bardo cubano, Ballagas tuvo sus raíces literarias en José Martí y Rubén Darío. Él se nutrió de esas fuentes, pero de igual manera se apoyó en otro pilar: el negrismo y su magia.

Muy bien se podría decir que a causa de esta conformación tripartita, la de Ballagas podría haber sido una personalidad o una poesía dividida. Nada de eso. Su obra está constituida de matices y primores lingüísticos. Lo popular adquiere en su pluma calidades de sutil artificio, y lo en apariencia inaccesible se convierte en lo contrario. Arte poética de excelente acabado, sólo interrumpida por su prematura muerte en La Habana, el 11 de septiembre de 1954.

Ballagas nació en la ciudad de Camagüey el 7 de noviembre de 1908, una urbe campesina del centro de la Isla, donde aún en la actualidad perduran arcaicas tradiciones. Según retratos de la época, el escritor era un hombre de estatura mediana y fino perfil: “Tenía un rostro de angelote, los ojos grandes, la frente tersa, tímido el gesto, la voz suave. Había en él una especie de aprendiz de brujo”, lo describían. Formaba parte de un grupo de escritores jóvenes, entre los que destacaban Eugenio Florit y Nicolás Guillén. El país por entonces vivía bajo el despotismo político opresor del general Gerardo Machado.

El grupo al que pertenecía el poeta estaba constituido por intelectuales y universitarios de diversas procedencias ideológicas. Tras la caída de Machado, en 1933, Ballagas inició sus primeras salidas de Cuba. Era gran conocedor del lenguaje español, lo mismo que del inglés y el francés, de los cuales se convirtió en reconocido traductor. De tal suerte visitó Europa, Estados Unidos y Sudamérica, descubriendo las obras de escritores puntales en diversas vanguardias.

A mediados de los años treinta entró en circulación la poesía negrista, de cuyo ritmo casi ningún escritor cubano pudo evadirse. Inserto en dicha propuesta poética, Ballagas se dio a conocer rápidamente a través de su libro Cuadernos de poesía negra (Santa Clara, 1934), el cual llegó a todos los rincones de la isla y se expandió luego por diversos lugares del continente americano. En Europa, sólo algunos sectores, sobre todo franceses, pudieron hacer acuse de recibo a través de revistas y suplementos culturales.

Su ritmo entre épico, elegíaco y popular, es la triple circunstancia de su obra poética. De esta etapa otra de las cosas conocidas de Ballagas es su “Para dormir a un negrito”, poema adocenado pero rebosante de escondidos tesoros, hasta su imitativo vocabulario popular.

Dórmiti mi nengre,

dórmiti ningrito.

Caimito y merengue,

merengue y caimito.

Dórmiti mi nengre,

mi nengre bonito.

¡Diente de merengue,

bemba de caimito!

Cuando tu sía glandi

va a ser bosiador…

Nengre de mi vida,

nengre de mi amor…

(Mi chiviricoquí,

chiviricocó…

Yo gualda pa ti

tajá de melón)…

En todos sus poemas no hay ninguna intención política, demagogia racista o protesta lacrimosa. Con terneza, Ballagas enumera, pinta, evoca, describe, presenta, sugiere y siempre canta…

*Fragmento del texto El gozo de la expresión, publicado en la sección “Son del mundo” de la revista Bembé, en 1998.

 

EMILIO BALLAGAS (FOTO 2)

 

Exlibris 3 - kopie

MARSALIS x ACEVES*

Por SERGIO MONSALVO C.

MARSALIS x ACEVES (FOTO 1)

 

El ojo mira y espera

como araña teje líneas

crea su geografía

Cabe todo lo que ve

Y escucha

lo que vive

lo que imagina

a veces

Forma y teje geometrías

del allá

del aquí

La obra es al fin

el objeto

Cuelga del deseo

atrapado

 un Marsalis puro:

 imago

con swing

 

*Foto de Branford Marsalis realizada por Fernando Aceves (junio 2006).

 

 

Exlibris 3 - kopie

EL VIAJE DEL EXILIADO

Por SERGIO MONSALVO C.

EL VIAJE DEL EXILIADO (FOTO 1)

 (RELATO)

 El autobús iba sobre la avenida rumbo al centro de la ciudad, con los asientos y pasillos repletos, pero curiosamente reinaba en él un insólito silencio de palabras. El autobús es el tipo de transporte donde, según los antropólogos más avezados, menos brota el arte de la comunicación humana.

Tras detenerse en una parada obligatoria se oyó la voz de un anciano, sentado atrás: “Está bien, voy a darte algo, pero no sigas haciendo esto. Es indigno andar pidiendo dinero. Yo a tu edad ya me sobaba el lomo trabajando”. Le dio el dinero de tal manera que el muchachito aquél lo recibió con desgana.

El anciano, dirigiéndose al pasajero que tenía al lado, le dijo: “¿Vio eso? ¡Así está la juventud! Viviendo de lo que le dan los ingenuos como yo…Este país no tiene remedio –agregó–. La culpa la tiene el gobierno por solapar a los huevones”.

El muchachito, a quien no pareció interesarle la crítica al gobierno, buscó a otro posible donador. “¿A dónde?”, le preguntó éste al escuchar el nombre de la lejana provincia. “Soy de allá. Quiero regresarme, pero todavía no completo para el pasaje”. El hombre buscó en su pantalón y le dio unas monedas.

“¡Ja! Ése cayó también”, dijo el anciano. “Pero le apuesto que a las señoras no les pide nada: las mujeres no son tan generosas como uno, sólo se apiadan de los lisiados, con tal de que se alejen rápido de ellas”. Efectivamente, el muchachito pasaba por alto al personal femenino y sólo contaba su historia a otro representante del sexo masculino.

De esta manera fue recorriendo todo el autobús. Una vez que lo hubo hecho regresó por el pasillo en busca del timbre y la puerta para bajar. El rostro lo mantenía impasible. El camión se detuvo y el muchachito bajó.

“Estoy seguro de que ahora va a subirse a otro transporte para repetir el truco con la misma historia”, afirmó el anciano nuevamente al vecino. “No me cabe la menor duda”, asintió éste, un tanto fastidiado por tener que abrir la boca, y por no atreverse a pensar que quizá de verdad el joven pedigüeño regresaba a dicha provincia, tal vez para cuidar ovejas, estudiar para abogado y volverse presidente de la República.

 

Exlibris 3 - kopie

68 rpm/55

Por SERGIO MONSALVO C.

68 RPM 55 (FOTO 1)

Por cuestiones contractuales los integrantes de Soft Machine (a  pesar de sus discrepancias) tuvieron que volverse a reunir para grabar el Volume Two que, no obstante, también se convirtió en modelo de tal música (con la influencia de Frank Zappa); por lo mismo, ambos títulos (el anterior Volume One y éste segundo) siempre han aparecido juntos en sus diversas ediciones a través de los años.

68 RPM 55 (FOTO 2)

VOLUME TWO

SOFT MACHINE

(ABC Prove)

Soft Machine, con una gran variedad de integrantes, siguió actuando hasta los años ochenta y de sus muchos componentes han derivado infinidad de agrupaciones.

68 RPM 55 (FOTO 3)

Personal: Robert Wyatt, batería y voz; Kevin Ayers, guitarra, bajo y voz; Mike Ratledge, órgano y piano; músico adicional: Hugh Hopper, en el bajo. Portada: Diseño de los artistas gráficos de la compañía.

VIDEO SUGERIDO: SOFT MACHINE- Volume Two – 11 – As Long As He Lies Perfectly Still – Prog Rock – (1969), YouTube (Aspros Pavilis)

Graffiti: “La libertad es la conciencia de la necesidad

LA MUERTE Y SUS CRIATURAS

Por SERGIO MONSALVO C.

LA MUERTE Y SUS CRIATURAS (FOTO 1)

 (FRAGMENTO)*

 “Desde hace siglos, la melancolía ha proyectado una sombra gigante sobre el arte. La poesía, escultura, pintura, novela, música han creado monumentos impresionantes a tal sentimiento, con toda una corriente subterránea dirigida a exaltar la tristeza de este mundo: el weltschmerz romántico, como lo atestigua el concepto estético que declaró al dolor espiritual como parte esencial de lo poético.

“Hoy en día, quizá ellos —los hacedores de los géneros musicales del dark wave, ethereal, illbient, gótico, bluepop, spiritual trance, ambient retro, simphonic metal o alguna variedad de la música atmosférica, entre otras— se asuman en el eco, en la súplica poética por la vida extraterrena, en el anhelo irrestricto y exigente de otra realidad sobrenatural.

“Quizá ellos lo perciban, y lo hacen por esa sombría avenida donde como músicos deambulan mascullando sus tristezas. Quizá de cualquier manera tengan que emprender la vagancia imaginaria alrededor de sus desiertos cotidianos, gritando su desesperanza. A veces juegan a la música distrayendo la pena. La certeza de que la vida no significa nada, de que todas las cosas hechas por ellos en el intento de parecer productivos no tienen ningún valor en la vida, los llevó, armados de un fuerte nihilismo, a una búsqueda interior, para explorar quiénes son y quiénes desean ser…”

*Fragmento del libro La Muerte y sus Criaturas, publicado en la Editorial Doble A. El CD que acompaña este texto se compone de la versión sonora que hizo Will Lagarto sobre el mismo, con su proyecto musical Las Brujas.

 

LA MUERTE Y SUS CRIATURAS (FOTO 2)

 

La Muerte y sus Criaturas

Sergio Monsalvo C.

Las Brujas/Will Lagarto

Editorial Doble A/ISY Records

Colección 2×1 (Words & Sounds)

Título número 1

The Netherlands, 2007

 

Exlibris 3 - kopie