*Texto incluido en el libro Miles Ahead, publicado por la Editorial Doble A y, de manera seriada en el blog Con los audífonos puestos bajo el rubro de Tiempo del Rápsoda.
En forma conjunta, Edgar Allan Poe descubrió las reglas del subsecuente relato policiaco: «Una vez que el autor ha optado por el misterio ‑‑subrayó– es absolutamente necesario que, en primer lugar, no emplee ningún medio indebido o poco artístico para ocultar el secreto de la trama y, en segundo término, que el secreto sea bien guardado… Si la verdad se filtrara antes del momento culminante del dénouement, el efecto buscado cedería lugar a la más grande de las confusiones.
“Si el secreto se despeja contra la voluntad del autor, sus propósitos se verán inmediatamente frustrados, pues escribe fundándose en la suposición de que ciertas impresiones han de adueñarse del ánimo del lector, lo cual no es así en la realidad si el misterio ha dejado de serlo».
Asimismo, fundamentó el modelo precoz del tipo y estilo del detective. Poe, como buen romántico, fue siempre un exponente del «yo» hipostático, del escritor que se propone continuamente el «yo» como sujeto, del artista que mira «hacia adentro» y escribe.
Esto era, por decirlo así, como tener «otra existencia». De este principio nació la investigación artística. Tomando en consideración que mucho de la vida del arte es inconsciente y la mayor parte de su actividad un misterio, en la época de Poe se mantuvo firme el principio de que el arte es, de algún modo, divino. Por consiguiente, con el fin de consumar su divinidad, la investigación artística debe destruir y transformar los obstáculos que se oponen a la comprensión y a la percepción.
*Fragmento del ensayo “Edgar Allan Poe: La Poesía en el Crimen” del libro El Lugar del crimen, de la editorial Times Editores, cuyo contenido ha sido publicado de manera seriada en el blog Con los audífonos puestos.
El lugar del crimen
(Ensayos sobre la novela policiaca)
Sergio Monsalvo C.
Times Editores,
México, 1999
ÍNDICE
Introducción: La novela policiaca, vestida para matar
Edgar Allan Poe: La poesía en el crimen
Arthur Conan Doyle: Creador del cliché intacto
Raymond Chandler: Testimonio de una época
Mickey Spillane: Muerte al enemigo
Friedrich Dürrenmatt: El azar y el crimen cotidiano
Patricia Highsmith: El shock de la normalidad
Elmore Leonard: El discurso callejero
La literatura criminal: Una víctima de las circunstancias
*Texto incluido en el libro Miles Ahead, publicado por la Editorial Doble A y, de manera seriada en el blog Con los audífonos puestos bajo el rubro de Tiempo del Rápsoda.
“El rock es la forma de expresión
más elevada y universal
desde la lengua perdida
(antes de Babel)”
Patti Smith
Los movimientos culturales de la poesía y rock comparten algunas características esenciales, así como patrones evolutivos semejantes, desde que el rock mostró sus atributos, a partir de los años sesenta de la centuria pasada. Ambas disciplinas crearon su estética por medio de la poesía simbolista y el verso libre imaginista, con los poetas beats a la cabeza (que agregaron el orientalismo, el surrealismo y otros ismos, como componentes). Las dos actividades crearon su obra más memorable y ambiciosa durante las últimas cuatro décadas del siglo XX, primeramente, y el XXI lo continúa ratificando.
Durante los años sesenta se dio un cambio en el ámbito de la música popular. Por un lado, la poesía llegó a las canciones a través de Bob Dylan. Por otro, Se concretó musicalmente la amenaza seductora y hereditaria de Elvis Presley, de los tempranos Rolling Stones, así como y el nihilismo abierto de grupos como el Velvet Underground, The Doors o los Stooges.
Durante esos años se lanzaron álbumes, cuyos compositores han ejercido una influencia inmensa desde entonces (y que continúan haciéndolo en las nuevas generaciones de grupos y sus creadores), entre otros el mencionado Bob Dylan, Lou Reed, John Cale, Nico, Jim Morrison, Leonard Cohen, Neil Young, Van Morrison, por mencionar algunos, que continúan siendo análogos (vivos o muertos) con las principales obras de la poesía modernista.
De manera semejante, en los setenta aparecieron el punk y el pospunk, y los piercings y los estoperoles. El punk se empeñó intencionalmente en reproducir el sentido original del peligro presente en el rock, y por ahí surgieron Joe Strummer, Pete Shelley, Nina Hagen, Blixa Bargeld, Tom Verlaine y Patti Smith.
En los ochenta y noventa emergieron Nick Cave, Ian Curtis e infinidad de compositores del estilo gótico y dark wave. En el nuevo siglo están los indies y los cultivadores de la llamada americana.
La poesía modernista y modernista tardía y el rock son ahora tanto rizomas como géneros independientes y al mismo tiempo interconectados con una gran variedad de corrientes artísticas o no. La primera ocupa un nicho seguro dentro del mundo académico, las editoriales universitarias y las revistas y suplementos literarios; el otro ocupa un nicho mucho más grande, firme y en desarrollo constante dentro del mundo musical y del cultural, en pleno, definitivamente.
La poesía del siglo XX y el rock son paradigmáticos, por lo tanto, de la forma en que los movimientos del avant-garde han sido integrados a la psique colectiva durante la presente centuria. Profundizar en este tema y proceso es tan interesante como enriquecedor para la cultura en general, y un ejercicio indispensable para todo aquel que se diga rockanrolero.
Cuando hablo de la influencia recíproca entre el rock y la poesía, debería poner énfasis en el hecho de que la poesía contemporánea se ha beneficiado más con el rock de lo que el rock ha obtenido de la poesía contemporánea. Los motivos son evidentes: el rock ha servido de soundtrack a la generación nacida inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial y a las siguientes, hasta la fecha.
Las canciones del rock a partir de los años cincuenta del siglo XX –fecha en que se empezó a documentar su trascendencia en las listas de popularidad— se han significado como una matriz de la cual todos los comportamientos tradicionales con respecto a las obras musicales salieron bajo una forma distinta.
Una que rara vez ha rebasado los cinco minutos de duración, y que se convirtió en terreno fértil para el uso de muchos buscadores de una educación sentimental y emocional. Con las canciones de este género surgió una nueva subjetividad, tanto social como psicológica y, sobre todo, romántica.
Los temas de estos cantos se convirtieron en una especie de arquitectura comunitaria; un arte cuya recepción ha sido consumida por una colectividad en estado de “percepción”. Representan el acceso compartido de una sensación en un mundo que mantiene separada y a distancia a la gente con sus problemas.
Desde el comienzo, la experiencia de escuchar a un grupo o a un solista interpretando una canción fue como oír los propios sentimientos y enfrentarlos a la divulgación. Apareció un YO social diferente como resultado de esta noción. Se dio el hecho de una catarsis nunca antes vista (baste el ejemplo de la conmoción causada por los conciertos de rock de Patti Smith, desde entonces).
*Texto de presentación del libro Patti Smith, la poesía amplificada, publicado por la Editorial Doble A y, de manera seriada, en el blog Con los audífono puestos.
VIDEO: Patti Smith ‘Gloria’ 1976, Belgium, YouTube (Gazeli Gaze)
Patti Smith La Poesía Amplificada Sergio Monsalvo C. Editorial Doble A Colección “Ensayos” The Netherlands, 2023
El azul no es una cuestión de tono
sino de doce compases del corazón
S.M.C.
lonesome in my bedroom
(para Luther Johnson)
I
un cuarto en penumbras
subyugado y denso ante las
cuerdas a rastras de la slide
el disco gira impasible
con un roce filoso, primitivo
entre la aguja y el vinil
el eco de un amor engañoso
de una soledad a solas
del sudor por lo vivido
el infierno es uno
el infierno eres tú
el infierno es la memoria
la grisura del amanecer
en su agotado desvelo
repite el canto y su llaga
un trago ardiente, justo
en medio del corazón roto
flamable e inagotable
II
Tu canto no es de amplias salas y violines melancólicos
pero sí de habitaciones pequeñas
—los grandes mueren en habitaciones pequeñas, desnudas—
quizá una lámpara, una silla
quizá sea necesario que acabe así, sin mucho más
lo necesario para abarcar el páramo inmenso de una soledad
como el desierto, sin confines, seca y dura
el escenario injusto donde se asome el precipicio
alrededor de la pérdida y el desconsuelo
—el blues de la condición humana—
de quienes se han perdido
de quienes procuran mantener la dignidad
y todo en tu canto a media voz
donde se muestran, en primer término
sobre todo, las torpezas de quienes tratan al amor
en diferente lengua, como si no fuera la suya
escenario justo para conocer la medida de tu soledad
que es también la de todos los demás
*Poemario publicado en la Editorial Doble A y, de manera seriada, en el blog Con los audífonos puestos en la categoría “Tiempo del Rápsoda”.
Blue Time (Poemario) Sergio Monsalvo C. Editorial Doble A Colección “Poesía” The Netherlands, 2022
CONTENIDO
Blue
Time
I Woke up This Morning
Bluebeat
Blue Light
Drinkin’ Blue
Love in vain
Burnside
Talkin’n the Blues
After Hours
Some Old Blue
Lonesome in My Bedroom