LA POÉTICA DEL NOMBRE (I)

Por SERGIO MONSALVO C.

POÉTICA DEL NOMBRE (I) (FOTO 1)

“GLORIA”

El nombre de una persona dicho por otra siempre será diferente. ¿Por qué?

Porque lo pronunciará de manera distinta, se percibirá de manera distinta, se imaginará de manera distinta y se utilizará de manera distinta. Todo ello constituirá la poética del nombre. Y como ejemplo están las canciones que llevan uno por título, se han vuelto populares y han recibido el honor de la versión en la mejor acepción de la palabra.

La versión es un término (y un campo de acción) muy amplio. A menudo los escuchas piensan, de manera muy reduccionista, que versionar es sólo cantar canciones que otros cantaron antaño. Sin embargo, no es tan simple. En una versión, no se trata de hacer una vil copia, sino de arreglarla de una nueva manera. De deconstruir la pieza original y reconstruirla con otros elementos.

En un mundo en el que la memoria es un valor a la baja, a veces de lo que se trata al hacer una versión es de recuperar un tema olvidado, pero aún reconocible, y se hace por distintas razones. Por ejemplo, si es una pieza que le gusta particularmente al artista y quiere hacer su versión, su interpretación de la misma, rendirle tributo de esa manera.

Por eso mismo nadie puede rebajar a reproche esta declaración tributaria, salvo en el caso de una vulgar fotocopia, pues gracias a dicho tributo nos ha sido dado disfrutar de un nuevo estrato para la canción recurrente. Es un estadio nuevo para una canción previamente grabada, es decir: otro rubro en el quehacer cultural.

Y si la versión funciona, el efecto puede ser muy grande y abrir otros horizontes, nuevos puntos de vista, crear una estética distinta. Si hacer versiones buenas fuera tan poco creativo “Hound dog” sería aún un rhythm & blues lento y no el rock and roll del preludio; “That’s all right mama” se hubiera quedado en el country sin evolucionar hacia el rockabilly y “Louie Louie” hubiera quedado como una canción caribeña que solo conocería un puñado de personas, y no una piedra fundamental del rock de garage, por mencionar algunos ejemplos históricos.

En cuanto a los nombres, una muestra clásica sería la pieza “Gloria” de Van Morrison. Al respecto de ella, convendría primero dar una explicación digamos anatómica sobre su pronunciación: comenzando por el chasquido consonántico al principio del nombre. Ahí la punta de la lengua se encoge bruscamente bajo el paladar y hace un “klo”, como al abrir algo. Puede ser un sonido muy fuerte y atraer la atención de quien lo escucha. Es el llamado chasquido palatino que se hace con toda la lengua en un movimiento casi vertical que acabará con una clara y anhelante exhalación.

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Una vez dicho esto, pasemos a la versión original y posteriormente a la poética de la representación. En ese primer ámbito se puede encontrar solaz y certidumbre, avidez y deseo. La satisfacción que puede brindar un encuentro afortunado con una mujer con tal nombre, brinda en el original de Van Morrison ese momento que quema con la exaltación del enamoramiento lascivo ya detectado y la concentración en su disfrute.

Dominando la guitarra y el sax tenor, Van Morrison (Belfast, Irlanda del Norte, 1945) destacó en su ámbito local lo que le permitió integrarse a las bandas más conocidas de la zona. Luego le dio por viajar. Compuso «Gloria» mientras tocaba con The Monarchs en Alemania durante una estancia veraniega en 1963, cuando tenía dieciocho años de edad.

Morrison comenzó a interpretarla en el Maritime Hotel cuando volvió a Belfast y se integró a The Gamblers para  luego formar finalmente el grupo Them, con Billy Harrison (guitarra), Alan Henderson (bajo), Ronnie Milligans (batería) y Patrick John McCauley (en los teclados).

Durante las presentaciones que tenían, Van añadía versos a voluntad, improvisando la letra y alargando la interpretación hasta los quince o veinte minutos. Tras firmar un contrato con el sello Decca, el grupo se trasladó a Londres donde realizaron una sesión de grabación el 5 de julio de 1964 en  el Decca Three Studios de West Gampstead. El grupo grabó «Gloria» junto a otras seis canciones.

A la par de los miembros del grupo, el productor, Rowe contrató a músicos sesionistas como Arthur Greenslade, Jimmy Page y Bobby Graham por considerar que los miembros del grupo eran aún muy bisoños. El sencillo que seleccionaron como debut, y que llevaba por título The Angry Young Them, contenía «Baby Please Don’t Go», por un lado, y «Gloria», por el otro, los lanzó a la fama.

La letra nos habla de una joven que no es muy alta y más bien fiestera, y que cuando llega a la casa de quien narra y sube a su habitación, le muestra todas sus habilidades amatorias, que resultan muy satisfactorias para el protagonista. Lo hace sentir tan bien que lo lleva a la Gloria (Morrison juega todo el tiempo con los significados de esta palabra, incluso en el del latín).

La composición musical es un rock clásico con la guitarra y su legendario riff, un bajo marcando un ritmo pulsante que nunca varía los tres acordes, usando sólo cambios dinámicos para aumentar la tensión, mientras la batería y el órgano Hammod al fondo sirven de acompañamiento a la poderosa voz del cantante.

Like to tell you ’bout my baby,

you know she comes around,
just ’bout five feet four

a-from her head to the ground.
You know she comes around here

just about midnight,
She make me feel so good, lord,

she make me feel all right.
And her name is G-l-o-r-i-a,
G-l-o-r-i-a, Gloria
G-l-o-r-i-a, Gloria

I’m gonna shout it all night: Gloria
I’m gonna shout it every day: Gloria
Yeah yeah yeah yeah yeah yeah.

POÉTICA DEL NOMBRE (I) (FOTO 3)

Debido a su sencilla estructura el tema fue fácil de aprender y la canción se convirtió al poco tiempo en un tema básico del rock de garage y parte del repertorio de otras bandas de rock. Desde entonces ha sido versionada por centenares de grupos, destacando mayormente las interpretaciones de los Doors y la del Patti Smith Group.

Si en el caso de Van Morrison lo que implica la canción es la pulsión y el ardor sexual de un adolescente, el de obtener satisfacción para sus necesidades carnales, en la situación de las versiones hechas por los grupos mencionados el significado de las imágenes de los líderes de ambas bandas tiene una gran importancia su peso icónico: Jim Morrison y Patti Smith.

Hay, en estas figuras, una gran significancia tanto en la voz que canta, la mano que escribe, como en el cuerpo del que interpreta. Si tal hecho se percibe, habrá un par de valores agregados a la versión: el reconocido intelecto de ambos personajes, así como su proyección sexual pública.

Y, si así sucede, el escucha atento no podrá hacer otra cosa que rehacer su propia tabla de evaluación sobre la canción, ya que en la relación con tales figuras entrará el elemento erótico de la reescritura de la pieza, sumado a un tema ya de por sí libidinoso.

El rock forma parte de la tradición romántica que se regocija con el impulso sexual como principal ingrediente de la energía que arroja de sí las limitaciones en su búsqueda del infinito. Muchos de los excesos sexuales retratados por el rock alcanzaron un nivel de extravagancia orgiástica en el caso de Jim Morrison, que en la dirty version que hace de “Gloria” se explaya en ello.

POÉTICA DEL NOMBRE (I) (FOTO 4)

Patti Smith, por su parte, representaba, en el momento de rehacer el tema, una nueva forma femenina, que coqueteaba con la androginia, con la libertad artística, con el poder del rock apoyando la palabra poética escrita y dicha y viceversa. Todo esto mostrado en un nuevo escenario musical: el punk. Una revolución en marcha, que utilizaba con ella la imaginería erótica para fundamentar una estética diferente, poderosa y sensual.

VIDEO SUGERIDO: Patti Smith – Gloria (1979) Germany, YouTube (PretzelFarmer)

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BIBLIOGRAFÍA: REVISTA BEMBÉ

Por SERGIO MONSALVO C.

BEMBÉ (FOTO 1)

(REVISTA)*

SON DEL MUNDO

                                                STEVE COLEMAN

EL TAM-TAM DE LA ESOTERÍA

Por SERGIO MONSALVO C.

Para realizar el proyecto The Sign and the Seal (RCA Victor, 1997), el saxofonista alto Steve Coleman se instaló en una casa de La Habana, Cuba, a fin de convivir y ensayar durante doce días con los once integrantes de su Mystic Rhythm Society, así como con los diez miembros del grupo folklórico AfroCuba de Matanzas. Si bien Coleman incluye referencias musicales a Dizzy Gillespie y al trabajo pionero hecho por el trompetista con Chano Pozo, o de Bird con Machito, El signo y el sello no reproduce experimentos anteriores en los campos del afro-cubop ni del latin jazz inspirado en la salsa.

AfroCuba es un grupo de danza, percusión, canto y teatro dedicado a preservar y a trasmitir los ritmos y las creencias tradicionales yorubas y cubanas por medio de la música. Mientras que la Mystic Rhythm Society es un concepto musical que pretende explorar la estructura del universo y expresar esas formas por medio de la música, del bebop al hiphop con un fuerte matiz freejazzero.

En El signo y el sello, Coleman combina su propio sistema musical complejo, melodías aceleradas y armonías agridulces con las apesadumbradas meditaciones espirituales polirrítmicas de AfroCuba. Lo que fácilmente hubiera podido resultar en un choque cultural se resuelve como algo disonante, encantador y con un buen groove.

AfroCuba marca el pulso junto con los delicados acordes en bloque de Andy Milne y las líneas del bajo de Anthony Tidd, inspiradas en el rhythm and blues. La música sube en espiral hacia un reino hipnótico y etéreo, imbuido por el sax tenor de Ravi Coltrane o por la trompeta de Ralph Alessi, que se mueven entre gemidos ansiosos y gritos catárticos. Al salpicar los arreglos con tersos ciclos de metales al unísono, Coleman permite que su música construya un sentido de expectación y energía sin residuos maníacos.

Cantos como «The Seal» contienen ciertas insinuaciones de un afrobeat más mundano al aportar Milne sus líneas y solos semejantes a una guitarra a los ritmos de AfroCuba, los cuales giran y picotean como un gallinero de bateristas. En este tema se ilustra de nueva cuenta la mezcla practicada por Coleman de lo antiguo con lo moderno. La percusión y las voces de llamada y respuesta se encuentran respaldadas por una sólida línea en el bajo, mientras que unas frases retorcidas de bebop en los metales se suspenden sobre la mezcla.

Si bien todo ello suena como un brebaje demasiado denso de estilos, no es así. En vista de que AfroCuba aporta percusiones y cánticos, sus líneas vocales proporcionan una sofisticación rítmica cohesiva, pese al gran número de veces en que los Mystics incrementan la velocidad, sobre todo para dar lugar a las expresiones abstractas del rapero Kokayi.

Al parecer, en El signo y el sello debería haber contrastes bruscos y turbantes, pero sucede todo lo contrario. Los raps agresivos y claramente urbanos de Kokayi, al entrelazarse con los cantos yoruba y las tiernas letras portuguesas de Rosangela Silvestre, parecen menos literales, pero de algún modo adquieren más sentido. La interpretación de Coleman se eleva sobre la percusión o se hunde en ella, moviéndose en su propio terreno.

Si bien hay momentos en que los metales relegan a las voces de AfroCuba a la posición de un coro, en términos generales se mantiene el equilibrio, de tal manera que el juego entre la voz humana y los instrumentos fabricados subraya el lirismo real e inherente a ambos.

Al cerrar el álbum con algunas variaciones sobre la rumba y otros géneros cubanos populares, Coleman rinde tributo a los aspectos de celebración e interactivos que posee esta música, y reúne un sentido espiritual y material suficiente para impulsar el cuerpo y el alma hacia un frenesí lleno de regocijo.

*Colaborador en la revista Bembé desde el año de 1997 con la columna “Son del Mundo”.

BEMBÉ

Director Responsable:

Ernesto Márquez G.

Revista periódica de divulgación

Científica y cultural

México, D. F.

Año de inicio 1997

Algunas colaboraciones de Sergio Monsalvo C.

Bembé, núm. 1, agosto 1997: «Tocando son en los Países Bajos», p. 11.

Bembé, núm. 2, septiembre 1997: «Junkanoo, el ulular de las Bahamas», p. 7.

Bembé, núm. 3, octubre 1997: «Steve Coleman, el tamm-tamm del esoterismo», p. 30.

Bembé, núm. 4, noviembre 1997: «Les Têtes Brulées: exotismo del bikutsi», p. 7, y «Emilio Ballagas: el gozo de la expresión», pp. 42-43.

Bembé, núm. 8, marzo 1998: «La leyenda de una ciudad con nombre», pp. 28‑29, así como la reseña «Blues Tears», p. 32.

Bembé, núm. 9-10, abril/mayo 1998: «Belice en el mapa del world beat», pp. 32-33.

Otras colaboraciones

Ry Cooder

“Nunca olvidaré esos días en la Habana”

(Entrevista)

Nueva Orleans

“Leyendas de una ciudad con nombre”

Nuyorican Soul

“El alma de la Urbe de Hierro”

Planet Soup

“Nuevos sonidos para el caldo planetario”

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RADIOHEAD-11

Por SERGIO MONSALVO C.

 

RADIOHEAD 11 (FOTO 1)

 

¡AVE AL LADRÓN!

El manifiesto o la declaración que Yorke relacionaría con lo que Radiohead estaba haciendo entonces era: “El fruto de la libertad absoluta de movimiento. Podemos hacer lo que queramos cuando queramos y con el estilo o la forma que sea. Sin ninguna presión de fuera, sin cumplir con expectativas, sin satisfacer ninguna pregunta y sin tomar en cuenta las tendencias musicales. La libertad ab-so-lu-ta”.

Entonces, ¿qué es lo que haría que Radiohead siguiera siendo Radiohead? “Nada. Y eso es bueno —contestó—. Se ha vuelto muy difícil hablar sobre nuestra música en términos generales. Y no hay nada más bello que sorprenderse uno, como grupo, de la velocidad con la que se está evolucionando y de todo lo que se sabe hacer. Así como de la coherencia que sí hay entre los cinco. Nadie quiere disponer solo del rumbo de Radiohead, todos reaccionan muy bien ante las ideas que aportan los demás, todos traen sus propios descubrimientos y existe un acuerdo silencioso acerca de lo que debe ocurrir con las ideas musicales que no convencen a todos: a la basura”.

A pesar de que a principios del 2002 todo estuvo muy tranquilo alrededor de la banda, el mundo observó con atención al grupo nombrado “Best Act in the World Today” en los Q-Awards. Thom Yorke y sus compañeros se dieron una breve pausa creativa. Luego, tras los seis meses de descanso que los miembros del grupo se permitieron al término de los últimos compromisos de la gira para promover Amnesiac, se impusieron un calendario muy riguroso: escribir y dominar el material nuevo durante tres meses.

El quinteto ensayó 16 canciones nuevas relativamente libres de computadoras, de las que ocho se presentaron en vivo en unos conciertos en Portugal y España, en una pequeña gira para probar las aguas y al final grabar el nuevo CD. Tanto a los textos como a la música del álbum les imprimirían cierta inmediatez y espontaneidad. Las cosas al parecer seguirían siendo emocionantes.

En el mes de abril del 2002 Radiohead entró de nueva cuenta al estudio de grabación y con ello se anunció la hechura de un álbum que llevaría por nombre Hail to the Thief. Este sexto disco con el sello Parlophone salió a la venta la primera quincena de junio del 2003 y tuvo como sencillo el tema “There There”, acompañado de un impresionante video que se puso en circulación el 26 de mayo de este mismo año.

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El CD contiene catorce tracks que fueron grabados en Oxfordshire y Los Ángeles bajo la producción y mezcla de Nigel Godrich y la banda. Los títulos son los siguientes: “2 + 2 = 5”, “Sit Down, Stand Up”, “Sail to the Moon”, “Backdrifts”, “Go to Sleep”, “Where I End You Begin”, “We Suck Young Blood”, “The Gloaming”, el ya mencionado “There There”, “I Will”, “A Punch-Up at a Wedding”, “Myxamatosis”, “Scatterbrain” y “A Wolf at the Door”.

Al escucharlos se cae en la cuenta de que el legado de Can y Neu!, sus influencias manifiestas, han resistido el paso del tiempo. Donde más se nota su huella es en el tratamiento que Radiohead hace del post-rock, con su rítmica y matices sonoros.

Yorke mantiene la sensación de viajar por una carretera recién inaugurada cada vez que los evoca. Sin embargo, ése es sólo uno de los elementos que el grupo maneja a lo largo del álbum. Otro es el sentido emocional que le dan a la experiencia de vida en la que hay arte y verdad. Asimismo se percibe el trabajo de buscar el equilibrio entre lo accesible y lo por venir en el aspecto musical. Aquí aparece la tercera piedra fundamental de su concepto: el método de grabación que exponen. Eso la hace una banda comprometida con su actualidad bajo los signos de la decisión y la autonomía creativa.

 Hail to the Thief es una obra matizada en la exploración por el laberinto existencial de los traumas de la sobreinformación y del temor; es una reflexión apocalíptica, críptica en algunos aspectos, sarcástica en otros. Es, a final de cuentas, una pieza más en el gran rompecabezas de conciencia que Radiohead está empeñado en construir con inteligencia, emoción  y buena música.

El título de la obra ha sido interpretado como una referencia irónica al presidente de los Estados Unidos, George Bush, quien recibió la ayuda de su padre para asumir el poder. El nombre pretende retratar la hipocresía y la banalidad en el pensamiento estadounidense, de manera hilarante pero también contradictoria. Como contradictorio es que este disco, de claros tintes antiestadounidenses, se haya grabado en la Unión Americana.

El proceso de preparación para Hail to the Thief se realizó por dos frentes. Por un lado, Thom Yorke estaba abrumado por la sensación de que el mundo se hallaba en transición hacia una era muy diferente, otra forma de convivir y de vivir. Así experimentó la cruda del 11 de septiembre, la guerra en Afganistán, la paranoia común y mediática que se desató ante la posibilidad del terrorismo en aquella época. Todas estas impresiones dieron color a sus nuevas letras.

Por otra parte, los guitarristas Jonny Greenwood y Ed O’Brien, el bajista Colin Greenwood y el baterista Phil Selway andaban ocupados con la música e ideas clave como el pop, las guitarras y las canciones. En cierto sentido el grupo le dio una vuelta de tuerca a su historia, la sintetizó, pero armado con los conocimientos y los logros cosechados durante los años de Kid A y Amnesiac.

Con este material Radiohead realizó una corta gira por el Reino Unido e Irlanda, la cual comenzó en Dublín el 17 de mayo y continuó por Belfast, Edimburgo, Manchester y Londres. El 28 de junio se programó que abrieran el Festival Glastonbury, lo cual fue el inicio de presentaciones sucesivas en diversos festivales europeos para el resto del año.

VIDEO SUGERIDO: Radiohead – There, There, YouTube (Radiohead)

RADIOHEAD 11 (FOTO 3)

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BIBLIOGRAFÍA: 76 POETAS EN GENERACIÓN

Por SERGIO MONSALVO C.

76 POETAS EN GENERACIÓN (PORTADA)

“El Silencio de Ella”

Sergio Monsalvo C.

76 Poetas en Generación

Libro colectivo

Compilado por

Carlos Martínez Rentería

Editorial Praxis

Colección Dánae

México, D.F., 2000

pp.116

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BABEL XXI-502

Por SERGIO MONSALVO C.

BXXI-502 (FOTO 1)

WIM MERTENS

EL PROVOCADOR

Programa radiofónico de Sergio Monsalvo C.

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BIBLIOGRAFÍA: ASAMBLEA DE POETAS JÓVENES DE MÉXICO

Por SERGIO MONSALVO C.

ASAMBLEA DE POETAS JÓVENES DE MÉXICO (PORTADA)

(ANTOLOGÍA)*

“México ha sido siempre tierra de poetas, pero la situación actual no tiene paralelo histórico. Hay unos 600 poetas jóvenes que han empezado a publicar después de nuestras antologías. Poesía en movimiento(1966), Poesía joven de México(1967) y Ómnibus de poesía mexicana(1971). Esta Asamblea de poetas jóvenes de México reúne a 164 nacidos entre 1950 y 1962.

El concepto de asamblea, el método para reunirla y presentarla, han sido creados para un caso sin precedentes: una explosión de la población poética que, como fenómeno de conjunto, rebasa los marcos ordinarios de la crítica y resulta difícil de apreciar.

Desde mediados del siglo XIX, hay un crecimiento sostenido de la poesía mexicana, una tradición creadora, una autonomía y originalidad que México no ha logrado en muchos campos (artísticos, intelectuales, científicos, económicos, deportivos). No hay razón alguna para suponer que esta tradición vaya a interrumpirse. La abundancia, la juventud, cierta falta de oficio, algunos cambios de gusto, la dispersión de grupos y publicaciones, hacen confuso el panorama. Pero de la abundancia quedarán las excepciones, el tiempo corre, el oficio se adquiere: la confusión oculta una explosión de salud”.

*Texto de la contraportada del libro Asamblea de Poetas Jóvenes de México. Publicación en la que incluyeron dos textos míos en la página 107.

ASAMBLEA DE POETAS JÓVENES DE MÉXICO (ÍNDICE)

Asamblea

De Poetas Jóvenes

De México

Presentación de Gabriel Zaid

Siglo XXI Editores

México, D.F., 1980

pp. 290

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«MAKE IT RAIN»

Por SERGIO MONSALVO C.

MAKE IT RAIN (FOTO 1)

(CRÓNICA)

En la ocasión que me tocó ver a Tom Waits (en la primera década del XXI), éste quiso mostrar frente al público su tarea reciente. Optó por Europa y con ocho únicos conciertos: en Amberes (Bélgica), tres en Berlín (Alemania), tres en Ámsterdam (Holanda) y el cierre en Londres (Inglaterra).

En Ámsterdam se anunciaron con muchos meses de antelación. En un día se agotaron todos los boletos, con precios que oscilaban entre 85 y 100 euros. A partir de ahí el mercado negro de la reventa comenzó la carrera ascendente en el costo de las entradas. Media hora antes de la primera fecha la cantidad a desembolsar era entre 400 y 500 euros. Nadie chistó al adquirir uno.

Waits eligió de tal ciudad la sala llamada Carré (un teatro mediano de añeja  tradición dentro del espectáculo —siglo y medio— que con él inauguró una larga remodelación de un año) para exponer sus canciones. El cantante sabe, con conocimiento de causa, que en los espacios mayores se perdería buena parte de su efecto intimista.

Las nocturnas aguas del río Amstel, frente a las que se asienta el teatro, vieron la llegada de los dos mil  primeros devotos de diversas partes de Europa (en total serían seis mil), que entraron al recinto para recibir durante dos horas la fuerza de las devastadoras historias del cantautor, los temas de sus recientes discos.

Títulos que tiene una doble acepción: la jazzística, con la cual se señala al músico arrebatado en el escenario; y la coloquial, con la que se menciona a quien ha muerto o se mantiene en estado de marginación. Un juego de palabras pleno de humor negro.

Tom aparece en escena en punto de las ocho de la noche, con su figura de espantapájaros y el traje hipster acostumbrado, de color café y sombrerito. Una presencia que por sí sola llena el estrado. Pero él no se conforma con eso, se hace acompañar del mismo excelente grupo base que colaboró con él en las grabaciones: Marc Ribot, Larry Taylor y Brian Mantia.

Ellos crean la sonoridad rocosa, el motor noise del que surge intimidando, el canto rasposo, retumbante de Waits, el cual brota de las profundidades de su caja torácica como si fuera producido por un rallador pétreo del alma. El público por supuesto ruge ante la descarga iniciática: “Make it Rain”.

MAKE IT RAIN (FOTO 2)

Y de ahí en adelante, entre la amplificación de lo subterráneo y el megáfono del realismo se pasea contundente la protagonista principal de sus actuaciones: la voz. Ésa que años de cigarros, whisky y desvelos convirtieron en bestia para un solo domador. Un animal salvaje que le proporciona su tono individual, único.

La quintaesencia del concierto es eso precisamente: el desarrollo y estilización de un instrumento expresivo, la construcción artística del tono, de cada tono. Waits no gruñe ni farfulla, cada una de sus sílabas se entiende, se siente. Arañan el corazón, la piel, la imaginación.

Los temas y personajes desfilan así, con sus crónicas desdichadas y ecos de tiempos duros, terribles, que permiten por igual vislumbrar el interior del propio narrador (un desliz procurado a voluntad).

Y en el inter entre cada fabuloso testimonio, aparece el excéntrico actor/presentador que es también este oriundo de Pomona, para de una manera ensimismada contar anécdotas bizarras o absurdas sobre fieras peligrosas de Indonesia; el envenenamiento con plomo debido a los jitomates, o sobre la posibilidad de ser sepultado con un cordón atado a la muñeca, para desde el ataúd poder hacer que suene una campanita por si lo han enterrado a uno vivo, etcétera.

Así como el actor entra, por igual desaparece y resurge esa forma de espetar palabras que es Tom Waits. Incluso con tal fuerza que es posible que el techo se venga abajo. Tras cada monólogo reaparece su tormenta vocal con furia aún mayor, nutrida por los relámpagos producidos sin cesar por Marc Ribot. Es el malabar adjunto que a través de su ingeniosa guitarra juega con el fuego y con los cuchillos de doble filo, con el estandarte de la estructura melódica, para poner aún mayor énfasis en lo que desfila, en lo vivido, en lo contado.

La voz se convierte en una sirena de niebla gutural distante y amenazadora, que convoca a sus fantasmas más influyentes: Kurt Weill y  Edith Piaf, guiados por el Captain Beefheart. Aúlla y distorsiona. Su sonoridad crea olas pantanosas en donde el ritmo se vuelve cada vez más importante y preciso, el ritmo y su instrumentación sobre relieve, hasta llegar a los conjuros de “Sins of the Father” con un acercamiento al gospel intenso, el cual prepara los espíritus para “Day After Tomorrow” y sus cavilaciones sobre las secuelas de la guerra y la omnipresencia de la muerte. El callejón sin salida.

Tras impactar con lo estrenado, interpreta también algunos temas de discos como Swordfishtrombones, The Black Rider, The Mule Variations, una excelente versión de “Alice” susurrada a los oídos, “House Where Nobody Lives”, la pieza final del concierto, o la canción con la que comienza el encore: “Invitation Blues” de Small Change.

Waits es un artista del ahora (en cada una de sus épocas), y en el ahora no hay belleza. Ésta no es lo importante para el arte. Lo relevante es el significado de la obra. Y en su obra hay significado con estilo personal y poesía —ríspida, grotesca, cruda—.

Waits ha alcanzado este punto culminante, universalista. Y lo ha hecho con una sustancial obra discográfica y con una auténtica puesta en escena de ella. Prácticamente se le ha visto estallar en el foro. La poesía no ha sido en este caso, como dijera T.S. Eliot, expresión de la personalidad, sino una liberación de la misma.

«Una fiebre descomunal pulsa en su cabeza como un tambor», se escucha en una de sus canciones. Ese sería una buena síntesis de todo Tom Waits. Un delirio constante. Al menos eso cree uno al principio. Una vez que se domestica la oscuridad aparecen algunos momentos de reposo. Tiempo para un poco de ternura, para una borrachera, para una de las baladas vacilantes de siempre o para una fisura sorprendente. 

Se aprecia que la economía de los medios no entorpece en absoluto la riqueza musical de este autor. Ni la fuerza evocadora. Waits coquetea desde hace mucho tiempo con las imágenes, y a veces ha compuesto para ellas una música inolvidable. Las imágenes forman una parte integral de la música, engendradas por las palabras y los sonidos. Sólo faltan las que cada uno aportará, según su propia fantasía.

Tom Waits sólo tiene que abrir la boca para hablar, ya no cantar, y todo mundo empieza a calcular mentalmente la cantidad de cajetillas de cigarros y botellas de whisky que ha consumido este ser extraordinario.

La imagen del excéntrico poeta de bar que canta cuentos y pone música a su vida es la que domina en la imaginación de sus seguidores, los años destrampados. Sin embargo, no todo ha sido eso. Le ha dedicado mucho tiempo también al cine, al teatro y a trabajos musicales por encargo.

En sus álbumes de estudio cuenta las historias del subsuelo que se quieren oír con un humor extravagante, trabajando en el sufrimiento y a veces con maliciosa brutalidad su blues minimalista se balancea al borde del abismo. El teatro del absurdo para el oído.

Según Waits, tener una imagen fija es una bendición y una maldición al mismo tiempo. Cuando no se tiene, se quiere obtenerla, y cuando uno la tiene, se esfuerza por deshacerse de ella: “Por lo menos la gente así tiene alguna idea de mí en la cabeza, y eso es mejor que nada”, ha dicho. Y para ello ha creado muchas oportunidades para reforzar dicha idea: como vampiro, como pastor evangélico ebrio, como fugitivo de la justicia, como cínico barman, como sombrerero loco, como hacedor de lluvia, etcétera, etcétera.

VIDEO SUGERIDO: Tom Waits – Cold Cold Ground, YouTube / o Tom Waits – Dirt In the Ground – Live 2008 (Concert Folm), YouTube

MAKE IT RAIN (FOTO 3)

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BIBLIOGRAFÍA: MINUTOS VELARDIANOS

Por SERGIO MONSALVO C.

MINUTOS VELARDIANOS (PORTADA)

RAMÓN LÓPEZ VELARDE

«UN EXISTIR APASIONADO»

(ENSAYO)

PRESENTACIÓN

Mucho se ha escrito sobre Ramón López Velarde, y la fascinación de su obra que crece día a día posibilitará siempre un profundo interés. Hace algunos años, en1971, con motivo del primer cincuentenario de su desaparición, la Secretaría de Educación Pública editó el Calendario de Ramón López Velarde en doce atracti­vos tomos, publicación que prestó una generosa ayuda a los estudiosos de la vida y la poética del escritor zacatecano al conjuntar la gran mayoría de los textos críticos, anecdóticos, así como de semblanza que sobre él se han hecho. El 15 de junio de 1988, Ramón López Velarde cumple cien años y sus aniver­sarios seguirán porque su palabra, su voz, vencieron al tiempo. Hoy el Instituto de Investigaciones Estéticas que en su quehacer, atiende tam­bién a la crítica y al análisis literario, desea contribuir con estas aportaciones a ese aniversario de uno de nuestros mayores poetas de este siglo. El presente volumen conjuga un buen número de textos escritos por reconocidos profesores, creadores, e in­telectuales de nuestro medio cultural. Como coordinadora de esta obra, deseo testimoniar mi agradecimiento al Dr.Jorge Carpizo, Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México y miembro de la Comisión Conmemorativa del Centenario de Ramón López Velarde por designar y apoyar al Instituto de Investigaciones Estéticas en la realización de este proyecto.

Doctora Elisa García Barragán,

Directora del Instituto de Investigaciones Estéticas

Ramón López Velarde

“Un existir apasionado”

Sergio Monsalvo C.

Pág. 149

Minutos Velardianos

Ensayos de Homenaje

En el centenario de

Ramón López Velarde

(Cuadernos de Historia del Arte)

Instituto de Investigaciones Estéticas

Universidad Nacional Autónoma de México

México, D.F., 1988

pp. 270

MINUTOS VELADIANOS (FOTO 2)

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BALADAS I («RITA»)

Por SERGIO MONSALVO C.

BALADAS VOL. 1

(POEMA)

FOR THE GOOD TIMES

Habrá que confesarlo:

aquellos ojos abatían

 la ebriedad con su encanto

el efecto eléctrico producido

 por aquel instante perfecto

era la locura plena del sentimiento

contenida en un reflejo metálico

que al descubrirlos

comunicaba a la voz

sus acentos / la seducción

de un amor en vías de marchitarse

fugaz martirio que aseguraba

el credo

de esa nueva religión

cuya gracia brillaba

con la malignidad

de la pérdida

que la sentía

húmeda / extasiada

suya

*Texto que forma parte del poemario Baladas I, de la Editorial Doble A

Baladas I

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Palabra de Jazz” Núm. 8

The Netherlands, 2006

RITA (FOTO 2)

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