GARAGE/45

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL HIPERMODERNISMO

 La cosecha de grupos del 2003 que contaban con uno o más elementos del rock de garage resultó excelente. El primero de ellos y ya clásico es Franz Ferdinand, oriundo de Escocia y cuyos miembros adoptaron tal nombre como homenaje al histórico emperador austrohúngaro que se caracterizó por implementar la cultura en todos los niveles durante su reinado. El grupo surgió de las escuelas de arte escocesas.

Esta banda de Glasgow es ya un referente de época y a su indie rock lo han complementado con sus influencias del garage rock sesentero, el sonido new wave, el post-punk y los ecos de algunos grupos británicos de la década de los noventa. Gang of Four, Talking Heads, Duran Duran, The Fall y Joy Division, están dentro de la mezcla, es decir, todo un bagaje ecléctico diseñado para trascender.

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Nueva Zelanda es mucho más que los paisajes y sitios inhóspitos de exótica naturaleza que ha presentado la literatura y el cine contemporáneos. Los sonidos urbanos del rock de garage con énfasis en el hard, se han hecho sentir en todo el mundo gracias a la presencia del grupo The Datsuns, un conjunto originario y original de la ciudad neozelandesa de Cambridge que compone sus propias piezas.

Los neozelandeses firmaron contrato con la compañía V2 y grabaron un disco homónimo que en varios lugares del planeta fue catalogado como el futuro del rock. Mientras tanto el excéntrico grupo permeó todos los países de habla inglesa, se hizo producir por el ex Led Zeppelin John Paul Jones y ha acompañado a grupos fuertes y mediáticos como Ozzy Osbourne, Korn, Marilyn Manson y Metallica.

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A la cosecha del 2003 los Estados Unidos aportaron a los Kings of  Leon. Agrupación musical del sur de la Unión Americana. El muy tradicional estado de Tennessee lanzó a esta banda integrada por los tres hermanos Followill y su primo Matthew, del mismo apellido. Lo suyo es un rock de garage mezclado con el Southern rock y el indie de extracción británica. Rápidamente cobraron fama con su estilo campirano.

Las raíces de esta familia montañesa se remiten a su pasado infantil, cuando viajaban incansablemente por la región sureña acompañando a su padre, un predicador religioso y a su educación en los caminos transitados. Independizados de la influencia paterna se trasladaron a Nashville, el corazón musical de la zona, formaron la banda con dichas influencias y adquirieron éxito mundial al acompañar a U2 en sus giras.

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El contexto planetario, el latir del nacimiento de una nueva época, los sonidos interrelacionados y el vaciado cultural de las corrientes en fundidos varios determinan al garage supramodernista del primer lustro del siglo XXI.

VIDEO SUGERIDO: Kings of Leon – Red Morning Light (VIDEO), YouTube (Kings of Leon)

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JOHNNY CASH

Por SERGIO MONSALVO C.

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 LA ROCKOLA DE CARONTE

Este fue un pequeño homenaje con motivo del que hubiera sido el 80º aniversario del nacimiento del hombre que cruzó las líneas de los géneros y con ello rompió esquemas y purismos. Mostró que el origen es destino al caminar del lado oscuro de la vida y con la soledad del outsider. Su nombre Johnny Cash…

Mientras escucho, puedo ver cómo Rick Rubin camina hacia Johnny, que se encuentra sentado y silencioso en aquel sillón. Lo toma del brazo y lo lleva delante de sus responsabilidades, frente a su guitarra, al micrófono, la consola de grabación, frente a su vida y su muerte. Frente a un espejo enmarcado por luces apagadas.

Nada invita a la ensoñación y es como si la dignidad que rodea al cantante consistiera en un edificio recién bombardeado, con cascajo amontonado y hierros retorcidos. El paisaje para después de la batalla. En esta ocasión —la última— el músico no cantará sólo sus piezas, algunas serán ajenas en autoría, no así en identificación.

La guitarra suena y Johnny canta franca y sinceramente en sus discursos vitales lo que alberga su corazón al final del día. La puesta en escena del productor Rubin es la necesaria: dentro de la iglesia episcopal St. James se lleva a cabo este oratorio.

Quienes lo rodean se miran a los ojos y la tensión está a tope. Ya saben lo que va a suceder. Las cartas están echadas y conocen el desenlace. Johnny, al igual que su antiguo camarada Elvis, también abandonará el edificio tras la función de este postrer escenario.

Todos quieren saber más cosas sobre él, no únicamente las leyendas y tópicos cinematográficos. Cosas que no se saben y que ahora pondrá en la mesa. Su serenidad y aplomo impresionan y alborotan la inquietud colectiva.

Hablará en cada tema de sus obsesiones, adicciones y de cómo caminó siempre por la fina línea abismal que ahora se borra al estar cara a cara con esa presencia oscura, intangible y determinante.

Escuchamos cada track como un réquiem de cuerpo presente. Asistimos al anticipado funeral de Johnny cantado por Cash. La cuarta y final entrega de su testamento musical se llama The Man Comes Around.

Johnny tiene ganas de enfatizar, de manifestar sus sentimientos de manera fuerte y contundente. En fila, una tras otra, surgen entonces 15 canciones enmarcadas de una forma tan seca, espartana y orgánica como sólo lo puede hacer Rick Rubin (un ecléctico productor discográfico de amplia paleta que sabe sacar el oro de las canteras más duras, enraizadas y escurridizas).

VIDEO SUGERIDO: Johnny Cash – Personal Jesus, YouTube (isodradek)

Se trata de un conjunto tan bello como turbador. La belleza de la herida no deja de sorprender. El mismo Johnny, tan curtido en las idas y vueltas al infierno, aún es capaz de admiración por ese sonido que le asignó Rubin.

De esta manera el propio Cash ha plasmado su necrología, quizá para aliviar el dolor. Todas esas imágenes reunidas vienen del camino ¿de dónde si no? Y todas tienen características en común. Todas están impresas en blanco y negro, mejor dicho en diferentes tonos de gris, como ya poco se estila, y por lo tanto todas están desprovistas de color.

Son documentos hermanos para testimoniar los vuelcos y revuelcos de un cantante country que siempre supo transformarse para continuar. Y lo hace hasta con su propio fin.

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Se percibe en las canciones la espesura que envuelve las dos orillas del río: la de la vida, agridulce, densa y plagada de dudas, y las de la desoladora nada: “Conozco la muerte —dice un personaje de La montaña mágica de Thomas Mann—, salimos de las tinieblas y entramos en las tinieblas”. Cita confirmada por el cantante.

¿Pero, qué es lo maravilloso de todo este cuadro? El hecho de que Cash, bajo las circunstancias en que se encuentra (con la parca rodeándolo por doquier, con 70 maltratados años a cuestas, entre drogas, alcohol y otros excesos; el reciente fallecimiento de su llorada esposa June y enfermo de neumonía con varias recaídas durante las sesiones de grabación), haya percibido claramente los signos de otros músicos que saben quién es quién, pero que —en el imaginario colectivo— tienen poca relación entre sí, para armar su repertorio de canciones de despedida.

Porque eso es lo que quería, un disco de despedida y no uno póstumo. Uno para el que se preparó durante la última década con la serie American.

Cuatro discos que convocaron géneros diferentes al igual que sus características, pero que esencialmente se erigen en la defensa de un conjunto de valores que se saben extintos y marcados en definitiva por la personalidad de su intérprete.

En la cuarta entrega aparecen temas de Paul Simon (“Bridge over Troubled Water”), Sting (“I Hung My Head”), Ewan McColl (First Time Ever I Saw Your Face”), The Beatles (“In My Life”), The Eagles (“Desperado), Hank Williams (I’m So Lonesome I Could Cry”) y sobre todo el sarcasmo de Martin Gore (“Personal Jesus”) tornado en creencia inquebrantable, así como “Hurt” de Trent Reznor y sus razones sobre la autodestrucción.

Metáforas, declaraciones, reafirmaciones, confesiones, luchas con fantasmas y manifiestos hechos por un intérprete transgenérico, como reclaman los nuevos tiempos y los nuevos públicos, ante la resignación del último aliento.

Los enigmas del arte, en la frontera de la vida, asomaron las orejas e hicieron a Johnny más sabio por diablo que por viejo.

A los demás nos queda escuchar de qué manera alguien como él, que permeó su género por medio siglo a base de baladas mórbidas y marginales, hace mutis del foro volviéndose a transformar.

Y esa transformación se escucha de forma tan impactante (vía la producción tecnológica) y conmovedora (vía la lírica rockera), con las palabras de otros hechas suyas, acercadas a su terreno, y con una voz en primer plano llena de la autoridad y verosimilitudes, que permite oír y saberla muy real y humana. Así cantó para despedise el Hombre de Negro.

VIDEO SUGERIDO: Johnny Cash – In My Life, YouTube (mawrazen)

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EL BEAT DE LA IDENTIDAD

Por SERGIO MONSALVO C.

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 (1964)

 En 1964, Lyndon Johnson fue electo presidente de los Estados Unidos.

Martin Luther King fue designado Premio Nobel de la Paz.

Leonid Brezhnev sustituyó a Krushev como líder del Partido Comunista Soviético.

Se estrenaron las películas Yeah, Yeah, Yeah de Richard Lester y Doctor Insólito de Stanley Kubrick.

La Ola Inglesa llegó a las costas de América y cundió la beatlemanía. Los Beatles iniciaron su gira por la Unión Americana y colocaron dos número uno en las listas. El primero de ellos fue «I Want to Hold Your Hand».

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Tras el primer embate de la Invasión Británica a cargo de los Beatles, los Rolling Stones y Manfred Mann, entre otros, apareció una segunda ola encabezada por los Kinks, un grupo del norte de Londres liderado por el brillante compositor Ray Davies. Su tema «You Really Got Me», basado en los compases de «Louie Louie», alcanzó rápidamente la cima y mostró que esta agrupación había llegado para quedarse.

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Después de haber ganado un concurso de talentos, los Zombies, un grupo de Saint Albans, Inglaterra, fueron contratados por la compañía Decca. Su primer sencillo, «She’s Not There», tuvo un éxito relativo en la Gran Bretaña, pero vendió más de un millón de ejemplares en los Estados Unidos. Destacó de ellos su orquestación y el talentoso tecladista Rod Argent.

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Por la época en que The Animals comenzaron a grabar, estos oriundos de Newcastle habían ampliado su horizonte y estaban experimentando con versiones eléctricas de canciones folk estadounidenses y el blues.

Un tema incluido en el primer disco de Bob Dylan, «The House of the Rising Sun», fue retomado por ellos para su primer sencillo, que se convirtió al instante en número uno a ambos lados del Atlántico.

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 La beatlemanía y el resto de la ola inglesa prendieron en la Unión Americana aún con mayor fuerza que en la Gran Bretaña, hasta el punto que durante la primera mitad de 1964 los discos más vendidos eran todos de los Beatles y grupos afines, y por esta vía llegó la pasión por todo lo que fuera británico. Una nueva cultura se generó a través del mundo entero. El universo del rock otra vez estaba rebosante de salud y el horizonte se llenaba de promesas.

VIDEO SUGERIDO: The Beatles – NME – 1964 LIVE, YouTube (silvertwin7)

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GARAGE/44

Por SERGIO MONSALVO C.

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 DISTINTOS CAMINOS

En el cedazo de los cientos de grupos formados en el comienzo de la primera década del siglo XXI destacan, en el rock de garage, los hipermodernistas Black Rebel Motorcycle Club del 2002.

Los humos de la psicodelia unidos al exuberante rock alternativo, son los elementos de la banda australiana de garage conocida como The Vines.

Los también australianos The Walkmen causan impresión con su aparición en el campo del post rock influenciado por el garage-rock.

The Warlocks, un nombre bastante recurrente en la historia del rock, aparece como referente de la corriente psicodélica en el nuevo siglo.

Nueva York, una vez más, aporta su cuota de calidad con el garage punk representado por la onomatopéyica banda de los Yeah Yeah Yeahs.

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La música de este grupo neoyorquino es una mezcla de estilos retro complementados con el fuerte apoyo de las guitarras punketas.

El fuerte guitarreo, los sonidos sintéticos y chillones, desvariados y la voz melancólica caracterizan el garage punk de esta banda líder.

El Indie rock, el rock alternativo, la psicodelia y el punk, adornan con sus salpicaduras de brocha gorda los nuevos caminos del garage.

VIDEO SUGERIDO: Black Tongue – Yeah Yeah Yeahs, YouTube (rjmora86)

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GARAGE/43

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL NIHILISMO

El rock de garage, puro y llano, dio una nueva vuelta de tuerca al comenzar el siglo XXI. Y lo hizo en la ciudad cuna de muchos de sus hitos y mitologías: Nueva York. De la Babel de Hierro, no de sus pestilentes calles sino de sus penthouses, escuelas de arte y ambientes bohemios, brotaron los jóvenes adalides. Se hicieron llamar The Strokes y representaron al garage de raíces urbanas perfilado hacia el futuro.

Los Strokes reactivaron la constante modernista del subgénero con inspiradas líricas y sonidos acuñados en el lo-fi. Con su aparición el clasicismo del Uptown se hizo presente. Ritmos poderosos, elementales, melodías haciendo malabares en el swang de las cuerdas, vocalizaciones envasadas en deliciosos monotonos, todo el implícito necesario para el show del nuevo estilo.

Los Strokes ubicaron las raíces del garage en los nuevos tiempos. Los ecos del Velvet Underground y de los ex inquilinos punks del CBGB’s reververaron en la Sala Lounge de Manhattan donde los Strokes sentaron sus convicciones “políticamente incorrectas”. Con ellos se dieron cita la tradición y el hipermodernismo justo en el preludio de una era diferente, la cual  enfrentaba al rock a inéditos retos existenciales.

Comienzos del siglo XXI. Año 2001. Un nuevo orden mundial acompañado de nuevos léxicos y nuevos miedos. El 11-S —la referencia histórica a los atentados de extremistas islámicos contra las torres gemelas de Nueva York—  queda impreso en la conciencia de todos. La tenaz lucha del grupo sueco International Noise Conspiracy por los cambios sociales le imprime al género su sello garage-punk.

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El garage-punk de estos suecos, que no quitan el dedo del renglón sobre su activismo comunista, llama en su apoyo al destacadísimo e importante productor Rick Rubin para continuar con sus críticas radicales al sistema capitalista, enmarcadas con el sonido Lo-fi que los ha caracterizado. Música y política se entrelazan con letras contundentes, ritmos frenéticos y actitudes reivindicativas no sin contradicciones.

Dentro del mismo país escandinavo, otra banda sueca, Randy,  liderada por los hermanos Ganberg, da a conocer también su punto de vista sobre el mundo con el garage-punk más hardcore que se ha escuchado por entonces en aquellas tierras. El cuarteto de Estocolmo practica vigorosamente un sonido que emula el de sus contrapartes de Green Day, en otro punto del planeta.

Suecia es un territorio que se ha caracterizado por ser un semillero del heavy metal y del hard. Sin embargo, sus afluentes dentro del garage son también muy reconocidos. Randy es uno de los grupos más destacados en este sentido por su balance entre energética feroz, juventud y apego al rock and roll. El frenesí de sus riffs y su iconoclastia temática los ubican prontamente en el mapa garagero internacional.

El shock del 11 de septiembre del 2001 le proporcionó al rock de garage un nihilismo ignoto que lo caracterizaría en el mundo desde entonces.

VIDEO SUGERIDO: randy welfare problems, YouTube (punk4rOckr)

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COLE PORTER

Por SERGIO MONSALVO C.

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 MÚSICA CONTRA EL VIRUS

 La vida del compositor estadounidense Cole Porter ha sido materia literaria y fílmica. De hecho sólo una cosa es más extraordinaria que su vida: su obra. Por ello Porter se ha convertido a lo largo de los años (desde la década de los treinta) en uno de los compositores más importantes de la música popular del siglo XX.

Este autor fue construyendo sobre los escenarios de Broadway y los estudios de Hollywood una materia musical donde la sofisticación se combinó con el cinismo más elegante; donde las pasiones del amor se fundieron con las burbujas de la vida ligera y alegre con olor de gardenias y trajes esmoquin.

Porter retrató en sus mil canciones el amor desde su estadio más inocente hasta sus profundidades más dolorosas. Como señaló su discípulo, el letrista Alan Jay Lerner: “Cole ha sido el único en describir la pasión, nadie le ha igualado; otros han escrito piezas tiernas, románticas, melancólicas, pero nadie ha cantado a la pasión como él”.

El “toque Porter” hizo de él uno de los creadores más sensibles e ingeniosos de su generación y acabó por transformar la escritura musical. Con él se dio el nacimiento de la canción moderna y su mayoría de edad. Tal como testimonia William McBride en su biografía sobre el compositor: “Cole Porter creó todo un mundo de una manera que ninguna canción de su época había logrado. Era un reino entre guerras de intransigente elegancia y despreocupación indiferente. Y era muy sexi que te invitaran a aquel lugar”.

Tras medio siglo después de su muerte (1964), sus canciones no han dejado de sonar, y hasta se podría dar la vuelta al mundo con todos los intérpretes que las han cantado y los músicos que han buceado en ellas adaptándolas a los más diversos géneros.

Del gran Songbook americano, (que cuenta con los nombres de Richard Rodgers y Lorenz Hart, Irving Berlin, George Gershwin o Johnny Mercer), Porter sigue siendo el más homenajeado. Sus canciones sirvieron de bandera, por ejemplo, para el primer gran proyecto musical en la lucha contra el sida, Red hot + blue (1990), que reunió a la crema y nata del rock y pop internacionales.

El proyecto de ese álbum doble, tributo al compositor estadounidense, tuvo el propósito de recabar fondos para la investigación mundial del SIDA y atender a los afectados por esta deficiencia inmunitaria.

Cole Porter (nacido en 1891 y fallecido a los 73 años) escribió más de veinte obras musicales para ser representadas en Broadway. La mayoría de ellas ‑‑excepción hecha con Kiss Me Kate— era poco más que temas unidos por tramas un tanto endebles.

El fuerte de Porter radicaba más bien en las canciones individuales, perturbadoras y glamurosas con ritmos frágiles y animados, la mayoría de las veces con textos de doble sentido que las volvían controversiales y siempre dispuestas a escandalizar a la recatada audiencia burguesa.

VIDEO SUGERIDO: You Do Something To Me, YouTube (chubbynapinay)

Pese a que Porter vivió largos periodos de su vida en Europa (París principalmente) y aportó una gran sofisticación a la música, nunca dejó de utilizar el slang y el lenguaje cotidiano en sus letras. De esta manera se convirtió en un clásico de la cultura popular estadounidense.

John Carlin, abogado neoyorquino que trabaja para el bufete encargado de administrar el legado musical de Cole Porter, tuvo la idea de rendirle un homenaje al importante creador de aquellos  musicals en el aniversario de los cien años de su nacimiento y, al mismo tiempo, brindar apoyo a las instituciones mundiales que investigan las causas del SIDA y asisten a los enfermos de dicho mal.

Hacía años el SIDA era el mayor tema de actualidad; sin embargo, la preocupación se había ido disolviendo y urgía un nuevo recordatorio a los medios y a la conciencia general.  De tal manera surgió el proyecto de realizar un álbum antológico que rindiera frutos tanto de difusión como económicos (hasta la fecha ya suman quince discos).

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En Red, hot and Blue se conjuntan veinte piezas clásicas del fallecido compositor, interpretadas por otros tantos artistas. Neneh Cherry se encargó de abrir el repertorio con «I’ve Got You Under My Skin», un rap que entró de inmediato como sencillo en las listas de popularidad.

Ella cambió un poco el texto a fin de adaptarlo a la época: «Espero que Cole Porter me lo haya perdonado, pero con esta música quería dirigirme a los muchachos menores de 16 años, los cuales debían y deben enterarse de lo que es el SIDA y de la necesidad de los condones para preservar su vida», declaró.

A Cherry le siguen los Neville Brothers con «In the Still of the Night», luego Sinéad O’Connor con una conmovedora versión de «You Do Something to Me» y la excentricidad funky doudou de Salif Keita con «Begin the Begin»; The Fine Young Cannibals le puso lo pop a «Love for Sale»; y el dúo de Debbie Harry e Iggy Pop, la dureza a «Well Did You Evah!»

De ahí en adelante hay versiones destacadísimas por su originalidad, como las de The Pogues, David Byrne, Tom Waits, Annie Lennox, U2, Les Negresses Vertes y K.D. Lang. El resto de los invitados estuvo constituido por The Thompson Twins, Erasure, The Jungle Brothers, Lisa Stanfield, Jimmy Somerville, Jody Watley y Aztec Camera.

Lo sorprendente de este álbum es que mantiene un primer nivel musical a lo largo del mismo y se escucha como núcleo artístico pese a la variedad establecida.  Ello se debe a que todas las composiciones son del mismo autor y al trabajo de Steve Lillywhite, el productor ejecutivo, quien consiguió trazar una línea clara de sonido.

Especial importancia tuvo que además de auténticas joyas el álbum también contuviera temas comerciales con los cuales alcanzar al público joven. A fin de cuentas, Red, Hot and Blue empezó sobre todo con la ambición de proporcionar a tal público la información suficiente acerca de cómo protegerse de la epidemia mortal.

El proyecto fue apoyado igualmente por modistos de renombre como Jean-Paul Gaultier, Keith Haring, Bárbara Kruger y Rifat Ozbek, entre otros, los cuales diseñaron el material gráfico para las camisetas promocionales; así como por los cineastas Wim Wenders, Jim Jarmush y Percy Adlon, quienes realizaron algunos de los videos.

Las ganancias totales financiarían las investigaciones de ayuda para combatir el SIDA, sobre todo en los países en vías de desarrollo. A través de eventos culturales como el mencionado se ha mantenido hasta la fecha el objetivo urgente de hacer entender al público que no sólo los científicos y los enfermos tienen la necesidad de informarse sobre los pormenores del mal; que cada uno esté consciente de su responsabilidad para terminar con él.

Aquel primer álbum señaló el músculo vigoroso de las composiciones que 60 años atrás había creado el compositor y su rabiosa modernidad a prueba de modas y gustos. Cole Porter siguió y sigue seduciendo con su magia a las nuevas generaciones como lo hizo con las anteriores.

VIDEO SUGERIDO: Neneh Cherry – I’ve Got You Under My Skin (HQ Original Video), YouTube (zoppo9999’s cannel)

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EL BEAT DE LA IDENTIDAD

Por SERGIO MONSALVO C.

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(1963)

En 1963, se instaló una línea telefónica directa entre la Casa Blanca y el Kremlin.

El reverendo Martin Luther King pronunció su célebre discurso «Tengo un sueño».

El 22 de noviembre, el presidente John F. Kennedy fue asesinado en Dallas, Texas.

Hasta este año, casi todos los grupos o cantantes con algún valor artístico en el mundo del rock habían sido estadounidenses. Pero 1963 fue un año de transición en este sentido; el momento de hacer cambios generales había llegado definitivamente a cargo de la Gran Bretaña. No es que en la Unión Americana no hubiera cosas importantes como Stevie Wonder o las Chiffons, pero el escenario del rock británico ya bullía.

Sin embargo, hay que hacer mención especial del tema «Louie Louie» de los Kingsmen, que con un rock estilo garage todavía conmovió las listas de popularidad e influyó en músicos como Frank Zappa o en movimientos como el de los mods en Inglaterra.

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En Londres empezaron a surgir grupos como el del pianista Manfred Mann, el cual ya había logrado una sólida reputación en los clubes de su ciudad, principalmente en el barrio de Richmond, donde llegó a sustituir a los Rolling Stones, quienes ya habían despegado hacia otras latitudes. Obtuvieron varios éxitos, pero los más celebrados fueron: «Pretty Flamingo», «The Mighty Queen» y «Do Wah Diddy».

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El más importante grupo londinense de 1963 eran los Rolling Stones. El cual había surgido en el verano de 1962 tras muchos problemas para integrar la formación en el club de Alexis Korner, donde se reunían los escasos partidarios del R&B.

A principios de 1963, el grupo había quedado como sexteto: Mick Jagger, Keith Richards, Brian Jones, Bill Wyman, Charlie Watts e Ian Stewart. Apenas constituidos los Rolling Stones, lograron asegurarse apariciones en el Crawdaddy Club de Richmond. Fue ahí donde los descubrió Andrew Loog Oldham, quien se convirtió en su representante. Lo primero que hizo fue despedir a Stewart, quien a su parecer no correspondía a la imagen que él quería del grupo.

En pocos meses, sus sencillos con versiones de Chuck Berry y Buddy Holly culminaron con la obtención del número uno en Inglaterra, con el tema «It’s All Over Now». El primero de una larguísima lista que aún continúa hasta la fecha.

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El escenario del rock británico ardía con tremendo entusiasmo y energía. Destacados y por encima de los demás estaban los Beatles, que alcanzaban con el tema «From Me to You» rápidamente el número uno. Su primer álbum, Please Please Me, encabezó las listas durante 30 semanas. Sin embargo, su éxito se limitaba a la Gran Bretaña, aunque ya preparaban una gira por los Estados Unidos, misma que iniciaría la llamada Invasión Británica, la Ola Inglesa del año siguiente.

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Tres puertorriqueñas de Nueva York eran el único argumento artístico válido en los Estados Unidos, demasiado poco para combatir la invasión que se avecinaba. Las Ronettes estaban encabezadas Verónica Bennett (Ronnie). Se caracterizaban por la espectacularidad visual, que incluía cuerpos esculturales, faldas abiertas, tacones y peinados altos y sofisticados.

Phil Spector las descubrió mientras se dedicaban a ser coristas de estudio. Reconociendo de inmediato su potencial, las contrató y les escribió la pieza «Be My Baby» para su debut. Vendió más de un millón de ejemplares. A las Ronettes, desde entonces, debe considerárseles como uno de los mejores grupos de su especie de todos los tiempos. La voz lastimera de Ronnie se complementaba perfectamente con el famoso «muro de sonido» de Phil Spector, producido por el doblaje de cuatro guitarras, tres pianos, dos contrabajos, un tambor y otros tres instrumentos de percusión.

VIDEO SUGERIDO: The Ronettes – BE MY BABY – live @ Moulin Rouge Club, YouTube (MrHaagsesjanny1)

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GARAGE/42

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL IMPERIO DE LAS RAYAS

Detroit, en el estado de Michigan, es la cuarta capital de la música en los Estados Unidos. De ahí brotaron los mejores ejemplos del soul, del proto-punk y el garage revival hipermoderno, con sus riffs y lo-fi.

El revival del siglo XXI, encarnado por los White Stripes, oriundos de Detroit, es la sublime síntesis donde confluyen todos los subgéneros del garage (sesentero, proto-punk, punk, psycho, psicodelia, underground…) junto al blues, el country y el folk.

Jack White, el cerebro del dueto, entra en la categoría de los que hacen art-rock, por su formación cultural y todos los intereses que ha mostrado junto a la música: pintura, arquitectura, cine y músicas diversas.

Todo el bagaje de Jack se ha canalizado hacia un minimalismo donde el axioma “menos es más» ha conseguido la legitimación de lo auténtico. Meg White (la baterista, compañera y esposa) le puso el beat elemental.

El estilo de los White Stripes se encuentra en lo musical y también en todo el arte que rodea al dúo: los videos (dirigidos siempre por reconocidos cineastas), escenografías, vestuarios y portadas de discos.

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Tras una década de andanzas, discos y otros proyectos paralelos, Jack White está considerado como uno de los mejores compositores de rock de todos los tiempos y también uno de sus máximos guitarristas.

Los White Stripes representan la hipermodernidad del garage en la primera década del siglo XXI, con la múltiple selección de cosas por sobre el imperio del tiempo.

VIDEO SUGERIDO: The White Stripes – Jimmy The Exploder, YouTube (whitEstripEdElephant)

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1958

Por SERGIO MONSALVO C.

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 VALORES Y SIGNIFICADOS

El significado mayor de una canción se obtiene cuando ésta entra en la historia por sus méritos estéticos y sociales. Esa es la manera en que una pieza produce un significado y un valor agregado a la misma.

Algunas canciones del rock & roll que surgieron en 1958 (más que los discos, de los que sólo tres pueden ser considerados importantes: Bo Diddley, homónimo del músico; Elvis Golden Records, de Elvis Presley y el debut de Duanne Eddy con Have ‘Twangy’ Guitar Will Travel) lo han conseguido con una presencia al principio discreta por la situación por la que pasaba el género, pero que con el tiempo se ha vuelto indispensables, clásicas y standards para explicar, con la eterna frescura que conservan, toda una era, y en algún caso a la creatividad humana misma.

El reconocimiento de tales piezas proviene de una diversidad sustentada en su poderoso lenguaje y en la pugna por la identidad en un tiempo crítico y en mutación. Diez grupos o solistas presentaron su propuesta rockera ese año marcada por las circunstancias y lo colectivo.

(“Ramrod” – Duanne Eddy; “Johnny B. Goode” – Chuck Berry; “Great Balls of Fire” – Jerry Lee Lewis; “Summertime Blues” – Eddie Cochran; “Yakety Yak” – The Coasters; “High Class Baby” – Cliff Richard; “Rave On” – Buddy Holly; “Hard Headed Woman” – Elvis Presley; “Come On Let’s Go” – Ritchie Valens y “At The Hop” – Danny & The Juniors)

Temas creados en un tiempo en el que la poética del rock, escrita y cantada, comenzó a ser una realidad beligerante y cierta, frente a las represiones sociales, la censura, los ataques y descalificaciones hacia una generación que emergía con necesidades y reclamos diferentes.

La nómina de canciones mostrada deriva, ante todo, de la sensibilidad y el gusto de una juventud que se reconocía a sí misma y a sus representaciones en dichos temas. La lista mencionada  parte desde la absoluta conciencia de no ser subjetiva, sino histórica, reafirmando así su presencia indiscutible.

Con su malestar social todos esos tracks son la réplica generacional a un mundo al que se le desmoronaban las verdades establecidas.

 En ese año, la revista Music Journal condenó al rock como «regresión a los ritmos de la selva que incita a los jóvenes a orgías de sexo y violencia. Los adolescentes lo utilizan como pretexto para olvidarse de toda inhibición y pasar por alto por completo las convenciones de la decencia».

Cada una de las sucesivas manifestaciones del rock and roll surgió brutal en los lugares en donde fue creada. El poder en los Estados Unidos las consideró desde entonces peligrosas, subversivas y una amenaza para la juventud, pidiendo al mismo tiempo que se hiciera algo al respecto. Y el gobierno realmente lo hizo. Los encargados de vigilar y castigar se dieron a la tarea de mediatizar a la bestia (luego en cada lugar de la Tierra otros gobiernos hicieron lo mismo).

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El 24 de marzo de 1958, Elvis Presley fue llamado a filas y rapado por el ejército estadounidense para cumplir con su servicio militar. Como Elvis no era precisamente muy consciente del fenómeno que representaba, dobló las manos sin mayor aspaviento. Su ingreso al ejército recibió la mayor publicidad.

Sin embargo, el poder no contaba con que en el rock and roll hubiera más de una cabeza y tuvo que replegarse para volver a planear una nueva estrategia destructiva.

La canción del año de 1958 fue «At the Hop» de Danny and the Juniors, un grupo que tenía sus orígenes en el doo-wop de Filadelfia. Habían saltado a la fama gracias a sus apariciones en el famoso Show de Dick Clark, American Bandstand, y por enfrentarse con temas como «Rock and Roll Is Here to Stay» (El rock and roll llegó para quedarse) al ataque social que estaba recibiendo el género, del que incluso se hacían masacres disqueras —rompiendo acetatos— por parte de estaciones de radio retardatarias y fundamentalistas que sólo gustaban de la música campirana.

VIDEO SUGERIDO: Buddy Holly & The Crickets “Maybe Baby” 720p HD, YouTube (LochlouieLiving)

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