OBI-2: MIS ROCKEROS MUERTOS (2024)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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El poeta estadounidense Randall Jarrell escribió que “el modo en que perdemos la vida es parte de nuestra vida”. Aunque a veces no lo parezca. Asimismo, entre las sentencias sobre el deceso se encuentra aquello de que “no hay que temer a la muerte, sino a no haber vivido” (habría que preguntarse bajo qué parámetros). Una opinión que parecen compartir muchas personas.

 

Aunque ya entrados en esto de las frases acerca del fin, yo me quedaría con la que lanzó la aguda actriz Mea West, al respecto: “solo se vive una vez. Pero, si lo haces bien, con una es suficiente”. Aunque ahí, igualmente, cabrían los asegunes, y dentro del mundo del rock, aún más, dados sus antecedentes.

 

Si bien la presencia de la finitud de la vida dentro del arte musical rockero ha sido una de sus grandes y publicitadas constantes, al tomar múltiples formas discursivas o representativas, la obsesión y fascinación reflejada por dicho acontecer a veces ha alcanzado cuotas exorbitantes y  desproporcionadas (como en el caso del infamous Club de los 27). ¿Para sus celosos propagadores? Algo totalmente justificado.

 

La histórica incertidumbre y deseo de comprender el ciclo completo de la vida de los músicos del género  desaparecidos mediante imágenes, símbolos, expresiones plásticas, vídeos, instalaciones o arte objeto ha encontrado su eco y significación dentro de las dinámicas sociales, en cualquier época reciente, geografía o contexto, ya sea con fines mercantiles, encomiendas financieras, búsquedas de notoriedad personal o simplemente como testigos de cada período de la historia rockera, cuya cultura ha inscrito a la muerte como una presencia omnipresente.

 

Sin embargo, hay muertos que hacen ruido y lo siguen haciendo como en su momento, y el cual continúa reverberando. Como en el caso del músico japonés Damo Zuzuki (fallecido el 9 de febrero del 2024).

 

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DAMO ZUZUKI

(CAN)

 

A finales de los años sesenta, una vez superada la psicodelia y a punto de entrar en su etapa progresiva, el rock no esperaba encontrarse con algo como el grupo Can. Inspirado tanto por la música concreta, la experimental, el funk, los ritmos étnicos y el free jazz.

 

Can, más que un conglomerado común, eran una estrategia para afrontar la música moderna. Dado lo indefinible e idomable de su estilo, no era una banda hecha para el éxito ni el consumo masivo, pero por eso mismo, sentaron el precedente de algunos de los cambios que tuvieron lugar en la música desde el punk hasta nuestros días.

 

Prueba irrefutable de esa capacidad transformadora es el disco Tago Mago, con sus invocaciones de magia negra y sus alucinaciones sobre hongos, que no son precisamente orgánicos sino fruto de explosiones nucleares (es lo que tiene cuando cuatro alemanes y un japonés, nacidos tras la II Guerra Mundial, se juntan para improvisar). Por todo ello es una de sus más aclamadas liturgias sonoras.

 

Los ritmos hipnóticos de Jaki Liebezeit (difunto en el 2017), las visiones de Suzuki (que en Halleluwah canta “busco mi futuro negro” precisamente por eso, porque se le había perdido por el castillo kafkiano), el insistente bajo de Holger Czukay (muerto en el 2017) y la imprevisible guitarra de Michael Karoli (fallecido en el 2001), así como las improvisaciones de Irmin Schmidt (el único sobreviviente hasta la fecha), dan pie a cualquier cosa, desde collages a lo Mothers Of Invention hasta una balada folk.

 

Reeditado en una versión que conmemoró su 50 aniversario y que añadió un disco en vivo al material de estudio original, Tago Mago fue su tercer álbum y también su primera obra esencial precisamente porque presentaba en toda su plenitud las características que hicieron inimitable al grupo.

 

En Tago Mago confluyen estilos variopintos filtrados a través de la idiosincrasia de cinco músicos que ven su trabajo como materia en constante evolución. Pertrechados en su cuartel general, un castillo de Colonia donde hicieron su estudio entre 1968 y 1969, crearon, junto a vocalistas intermitentes como el americano Malcolm Mooney y el japonés Damo Zuzuki, música que fluía en las más diversas direcciones.

 

El fruto de la improvisación, pero también de la desinhibición, de una actitud libertaria que hizo de los componentes del grupo chamanes que canalizaban energías creativas llegadas de vaya usted a saber dónde. “Eso es lo que nos gustaba de Can -escribió Brian Eno en un breve ensayo sobre el grupo publicado en el disco de remezclas Sacrilege (Mute, 1997)-, atraparon el espíritu de un momento, un lugar y un determinado tipo de comunidad musical, una filosofía que afirmaba que no se trataba solo de la música en sí misma sino también de cómo afrontarla”.

 

La discografía de Can se caracterizó por esa libertad desbocada que les llevó a probar con todos los estilos posibles (música disco incluida) a lo largo de los 12 álbumes grabados entre 1968 y 1989 (año en el que se reunieron tras diez años separados), y entre los que destacan, además del mencionado, Ege Bamyasi (1972) y Future Days (1973).  Huellas indelebles que dejó su música, de la que Zuzuki fue partícipe destacado.

 

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John Mayall

 

 

OTROS MÚSICOS FALLECIDOS

 

Eric Carmen, ex miembro de los Raspberries y creador de la pieza “All By Myself”, con la que regularmente se le recuerda (murió el 11 de marzo). Melanie, la cantante de extracción hippie, que interpretaba “Beautiful People”, “Brand New Key” y una buena versión de “Ruby Tuesday” (23 de enero). Jim Beard, de Steely Dan (2 de marzo). Chris Cross, de Ultravox (25 de marzo), así como Mary Weiss, integrante del puntal grupo girly, The Shangri-Las (19 de enero), Wayne Kramer y Dennis Thompson de MC5 (2 de febrero y 9 de mayo, respectivamente), Dickey Betts de Allman Brothers Band (18 abril), Steve Albini de Shellac (7 de marzo), Doug Ingle de Iron Butterfly (24 mayo), John Mayall  de The Bluesbreakers (22 julio), entre otros.

 

A todos ellos: ¡GRACIAS!

 

VIDEO: John Mayall Feat. Eric Clapton – All Your love, YouTube (Tim Bukto)

 

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MIS ESCRITORES MUERTOS: JOSÉ AGUSTÍN

Por SERGIO MONSALVO C.

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José Agustín (Guadalajara, Jalisco/Acapulco, Guerrero 19 de agosto de 1944- Cuautla, Morelos,16 de enero 2024) casi hubiera cumplido los 80 años de edad. Y siendo tan intenso como siempre.

Las técnicas narrativas de este autor desde siempre mostraron preocupación por el quehacer literario, en fases cíclicas que fueron de la sencillez hasta la extrema experimentación temática o estructural sin perder el hilo conductor que conectaba toda la obra. Tomó de la complejidad los mejores elementos para tornar de nuevo a la sencillez con mayor fuerza y compenetración.

En la narrativa y el ensayo de Agustín, el lenguaje fue la espina dorsal; la persecución y el conocimiento de los personajes a través de éste.  Un lenguaje que continúa poseyendo la carga completa de corrosividad, así como sus especiales significados más allá del tiempo, el cual le dio la verdadera carta de naturalización que siempre mereció, con vitalidad determinada y tino histórico vidente.

En una entrevista que le hice a fines de la década de los noventa para el primer número de una nueva publicación (El Perro Salado), le pregunté que le parecía el manoseo que se estaba haciendo, de parte del gobierno, de la historia de México, y esto fue lo que me respondió en aquel entonces:

“Mucha gente se ha dado cuenta, y entre ella también del gobierno, de la importancia que pueden tener no nada más los fenómenos de la cultura en general y cómo pueden incidir en los problemas políticos, sino ya muy específicamente de ciertas cosas que son determinantes, como la recuperación de la memoria y todos los procesos de trabajo histórico. De un tiempo para acá se han conocido gran cantidad de textos de primera línea e importancia que ponen la realidad tal cual es y con todos los hilos de los datos perfectamente establecidos. Esto ha resultado en una visión muy desmitificadora del Estado y del gobierno, lo cual ha incidido de manera directa en una toma de conciencia por parte de sectores muy importantes de la población en nuestro país. Por ende, la respuesta ha sido tratar de manipular más cada vez no sólo los procesos culturales, sino todos aquellos que repercutan en la toma de conciencia o en la posibilidad de actos concretos por parte de la sociedad. Se ha llevado a cabo una suerte de contrarrevolución cultural, para desmantelar, por una parte, toda la libertad de expresión que se había conquistado con sangre, con esfuerzos inauditos, con el objeto de recuperar el control de la información que se les está yendo de las manos a las autoridades, y para poder perfilar las cosas según sus necesidades. Por eso a ellos no les importa para nada maquillar la realidad. Son expertos en hacerlo. Maquillan las cifras electorales, las de la contaminación, las económicas. Hasta ellos mismos se maquillan para salir en la televisión. Por lo tanto, no me parece nada extraño que se hayan metido a manipular la historia, sobre todo a partir de los últimos años en que todo el trabajo de investigación que se lleva a cabo de la historia reciente y antigua ha sido más intenso. No podremos entender lo que está ocurriendo ahora ni lo que va a ocurrir si no sabemos qué nos ha pasado anteriormente”. Les suena a algo…

Ello mostró al escritor preocupado por su tiempo y circunstancia; por la exploración en sus libros del mundo de las clases medias mexicanas, de la adolescencia, juventud, drogas, esoterismos, alcohol, el sentido interno de la identidad, con sus melodramas, ambigüedades, miedos y absurdos; con personajes vivos al igual que el habla que les correspondía.

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Es por todo eso que una venerable anciana (siempre ha sido las dos cosas) lo odió y a sus semejantes (Gustavo Sáinz, Parménides García Saldaña y algunos otros por ahí), y con toda la mala intención del mundo les endilgó un epíteto peyorativo a lo que hacían(“literatura de la onda”), que con el tiempo paso de ser un insulto individual soterrado a un reconocimiento generacional, cuyos miembros desde entonces calificaron a Agustín de Maestro, y así se le saludaba en todos los lugares a los que llegaba.

Es por todo esto que yo, a mi vez, le tomé el gusto a la literatura. Agustín me la hizo reconocible, identificable con su cúmulo de transformaciones.  Su obra ha trascendido y se ha erigido en algo que abarca ya a varias generaciones; en algo que nos pertenece a todos los aparecidos en esta mitad del siglo XX.  El tiempo estuvo de su lado y del nuestro también.

Y si a él se le reconoce la ruptura en varios sentidos a nivel literario, igualmente es justo equiparar su labor en la apertura de nuevas sensaciones a nivel de otra estética que, aunque muy ligada al desarrollo literario y cultural de esta mencionada mitad del siglo, en su país de origen se le sigue viendo mal y negando la existencia por múltiples prejuicios e ideas anquilosadas. Me refiero a la estética rocanrolera que en forma semejante tuvo en Agustín a su precursor primigenio.

Agustín fue el iniciador de todo esto, y no desperdició oportunidad para asentarlo:  «A mediados de los sesenta me soplé mi primera nota roquera.  Fue sobre Dylan y `Like a Rolling Stone’.  De esa maniobra vine a ser el primero que escribía sobre rock en México con cierto enfoque crítico…», indicó en su momento.

Ahí fue cuando lo comencé a conocer y a leer, primero como articulista y, luego, como escritor de libros. En mi primera adolescencia, tenía bien marcados ya mis gustos y filias: el futbol, las chavas, la literatura y el rock and roll. A Agustín lo leía semanalmente en el periódico que mi padre compraba y devoraba lo que hubiera escrito sobre algún grupo o canción. Incorporaba toda aquella información a mi bagaje y lo incrementaba adquiriendo ese disco o los que mencionara, así como la obra de los autores que también citaba.

Así amplié mi mundo y llegué a los beats, a los simbolistas franceses y al nuevo periodismo estadounidense, que señalara, pero también a Gustavo Sáinz y a Parménides García Saldaña, quienes también me enseñaron otras formas de ver, leer y escribir.

Agustín lo hacía de manera intensa, con todo lo que escribía, era contagioso. Y con el tiempo igualmente me dediqué al periodismo literario y cultural, y también escribí libros y de tal suerte lo pude conocer personalmente, en las mesas redondas que compartimos (sobre rock y literatura), en las entrevistas que le hice, en las visitas a lugares de provincia donde nos invitaban a hablar sobre algo, en los conciertos en los que coincidíamos, como cuando vinieron los Rolling Stones por primera vez a México, y él llegó a las gradas de prensa con su computadora y se puso a escribir in situ la crónica de sus pareceres sobre aquello. Sí, era intenso y era contagioso.

Para Agustín era importante entonces comprobar varias cosas por parte del escucha, y edificó ciertas instancias al quehacer crítico sobre el género: que el rock debía sentirse auténtico, tener coherencia y sensibilidad artística; que tratara de expresarse a sí mismo; que existiera en él una verdadera unidad; que su mensaje estuviera en equilibrio con la música.

Pero igualmente, que se advirtieran en él las tendencias hacia una evolución; que su experimentación respondiera a verdaderas necesidades; que hubiera belleza en él (por terrible que fuera), que se percibiera una preocupación humana esencial; y en sus artistas, una visión del mundo, que existiera en ellos la honestidad, la autenticidad, la frescura, la claridad y el vigor necesarios.

Por supuesto, las mencionadas no son todas las condiciones que debe tener el buen rock:  hay muchas más, que surgen del contexto en particular del artista que lo exprese.  Y sobre ello, se extendió:  «El rocanrolero deberá desconfiar y luego mandar al carajo las corrientes en boga y abrirse:  aprender de todo, agarrarle la onda a la cultura porque eso lo eleva y enriquece…  El rock es algo muy complejo y en perfecta evolución:  no está yendo hacia la decadencia ni se ha estancado ni se acabó:  es un ondón que seguirá adelante adaptándose a los cambios tan radicales e imprevisibles de nuestro tiempo”, escribió.

Desde entonces, en Mexicalpán de las Tunetas (como le decía al globero país llamado México), escuchar, hacer o criticar rock constituyeron oportunidades extraordinarias para enriquecernos, para ensanchar nuestra mente, para comprender el sentido de todo lo que nos rodea, para desarrollarnos mejor, al mismo tiempo que reflexionar sobre cosas auténticas, alegres o rabiosas, azotadas o sublimadas, pero siempre verdaderas. Sí, este autor y rockero fue intenso y pegajoso.

Hasta pronto Maestro Agustín y gracias por tu legado y escritos.

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OBI-2: MIS COMPOSITORES MUERTOS (2023)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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Cynthia Weil

Los obituarios sobre músicos representan un hecho periodístico paradójico: gozan de un enorme atractivo entre los lectores, pero resultan muy penosos para quien los escribe. Las noticias de una muerte importante en el género caen en el periodista especializado como una bomba.

Las redacciones de prensa tienen archivos para lidiar con esa emergencia en distintos campos, pero cuando se trata de un rockero aquello se convierte en un desierto, entonces repiten de cajón lo que mandan las agencias informativas o inteligentemente llaman al colaborador para que las saque del apuro a la mínima brevedad.

El escritor ante la emergencia tendrá que lidiar primero con la pena personal (el deceso de un rockero siempre será una cuestión personal) y enjugándose las lágrimas buscará redactar coherente y lapidariamente una vida en unas cuantas líneas, sabiendo que esa nota debe contener la información básica (quéquiéncuandocómoydónde), opiniones suplementarias y sentimientos disfrazados de objetividad, para luego de su fugaz momento público, ser archivada para el futuro de quienes vengan después buscando agua en su propio desierto. O sea, que no puede escribir cualquier cosa, sino la pura esencia, con estilo y con las mejores palabras. Todo un reto.

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Burt Bacharach

El año 2023 no se olvidará por sus bajas y no hay que dejar que eso suceda. Ya sabemos lo que sienten en los westerns quienes ven a quienes los han salvado enfilar sus caballos hacia el horizonte. En este caso los rockeros que nos han acompañado y ahora desaparecido (como Jeff Beck, David Crosby, Tom Verlaine, Tina Turner, Sinéad O’Connor, Sixto Rodríguez, Robbie Robertson o Shane MacGowan, entre ellos). En nuestros días hay mucha incertidumbre y no se le ve el fin. Y a los rockeros muertos en tal año habrá que escucharlos una y otra vez, sin olvidarlos y no dejar que eso suceda nunca.

Sin embargo, en esta ocasión igualmente hay que hacerlo con los compositores fallecidos, que nos legaron un buen puñado de canciones. Y a los que no siempre se les menciona cuando uno de sus temas, interpretado por una luminaria, obtiene el éxito y la posibilidad de perdurar y convertirse en un clásico.

Son de esos oficios que orbitan alrededor del rock y muchas veces por cuestiones de injusticia estuvieron fuera del radar de los medios y su quehacer tendió a resultar invisible. Se merecen una despedida que refleje su creatividad, que se recuerde que sus temas fueron parte de gozosos momentos y fieles compañeros en los que no.

Los nombres:, Barrett Strong (“Money” y “Papa Was a Rolling Stone”), Burt Bacharach (“Baby It’s You”, “I Say a Little Prayer”), Billy “The Kid” Emerson (“Red Hot”, “When It Rains”), Pete Brown (“Sunshine of Your Love”, “White Room”), Keith Reid (“A Whitter Shade of Pale”, Whiskey Train”), Cynthia Weil (coautora de “You’ve Lost That Lovin’ Feelin’ y autora de “We Got Gett Out of This Place”) Obviamente, compusieron más piezas, pero aquí sólo menciono dos temas representativos.

A todos ellos

!GRACIAS!

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Keith Reid

VIDEO: Righteous Brothers – You’ve Lost That Lovin’ Feelin’ (1964), YouTube (Classic Hits Studio)

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MIS ROCKEROS MUERTOS: OCTUBRE-DICIEMBRE (2023)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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Cuando a Groucho Marx le preguntaron qué opinaba sobre la posibilidad de morir, con la seriedad que lo caracterizaba, respondió: “Estoy en contra”.

Lo mismo me digo cada vez que muere algún rockero.

Esa naturaleza fugaz, es inseparable del arte genérico, por más que no nos guste. Debemos conformarnos con saber que hay gente en él, sus artistas, que intentan crear algo permanente para el resto de su vida, de la nuestra y de la historia, aunque a veces el envite resulte algo ingenuo. Sin embargo, el resultado es cuestión de tiempo.

Cualquier obra puede acabar olvidada. No obstante, lo único que importa realmente son las ideas, las emociones, los sonidos, que emanan de ellas, que son lo que realmente perdura. Haciendo una reflexión sobre el tiempo, habría que enlazar la obra artística con una tradición tan antigua como la propia historia del arte. Muchas culturas aconsejan contemplar las cosas emanadas de ello con la siguiente perspectiva: cuando creas, ves o escuchas una obra que habla abiertamente de ti, de la época, de ese momento que viviste, es cuando debes apreciar lo que de verdad sucede en la (tu) vida.

ENTERTAINMENT-CANADA-IRELAND-MUSIC-O'CONNOR

De ahí la importancia de que sepamos bien cuál es nuestro sountrack particular, porque algunas canciones y temas que contiene, y que nos explican de alguna manera, nos cayeron por azar, sin que los eligiéramos. Eran las que sonaban en la radio, en el aparato de sonido, en los audífonos, durante los viajes largos en el coche, en las reuniones, las que se ponían en las noches o durante las horas de trabajo o estudio. Y tú no reparabas en ello, hasta que el cantante o el músico que interpretaba la canción muere y, sin que lo pretendas en ese momento, surge en tu mente la portada de aquel disco o algún otro recuerdo relacionado con aquello sonidos con los que lo identificabas.

Luego, con los años, aparecerá dicha canción igualmente por azar una noche entre tus pensamientos y votarás de nuevo contra la muerte del rockero y empezarás a recuperar lo olvidado, y te darás cuenta de que quizá tu mundo sea otro debido a esa canción.

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En este trimestre fallecieron: Sinéad O’Connor, Randy Meisner, Bernie Mardsen, Robbie Robertson, Sixto Rodríguez y Shane McGowan, entre otros.

A todos ellos: ¡GRACIAS!

VIDEO: Sinead O’Connor – Nothing Compares 2U (Official Music Video) (HD), YouTube (SineadOConnorVEVO)

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MIS ROCKEROS MUERTOS: JULIO-SEPTIEMBRE 2023

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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Cuando a Groucho Marx le preguntaron que opinaba sobre la posibilidad de morir, con la seriedad que lo caracterizaba, respondió: “Estoy en contra”.

Lo mismo me digo cada vez que muere algún rockero.

Esa naturaleza fugaz, es inseparable del arte genérico, por más que no nos guste. Debemos conformarnos con saber que hay gente en él, sus artistas, que intentan crear algo permanente para el resto de su vida, de la nuestra y de la historia, aunque a veces el envite resulte algo ingenuo. Sin embargo, el resultado es cuestión de tiempo.

Cualquier obra puede acabar olvidada. No obstante, lo único que importa realmente son las ideas, las emociones, los sonidos, que emanan de ellas, que son lo que realmente perdura. Haciendo una reflexión sobre el tiempo, habría que enlazar la obra artística con una tradición tan antigua como la propia historia del arte. Muchas culturas aconsejan contemplar las cosas emanadas de ello con la siguiente perspectiva: cuando creas, ves o escuchas una obra que habla abiertamente de ti, de la época, de ese momento que viviste, es cuando debes apreciar lo que de verdad sucede en la (tu) vida.

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Sinéad O’Connor

De ahí la importancia de que sepamos bien cuál es nuestro sountrack particular, porque algunas canciones y temas que contiene, y que nos explican de alguna manera, nos cayeron por azar, sin que los eligiéramos. Eran las que sonaban en la radio, en el aparato de sonido, en los audífonos, durante los viajes largos en el coche, en las reuniones, las que se ponían en las noches o durante las horas de trabajo o estudio. Y tú no reparabas en ello, hasta que el cantante o el músico que interpretaba la canción muere y, sin que lo pretendas en ese momento, surge en tu mente la portada de aquel disco o algún otro recuerdo relacionado con aquello sonidos con los que lo identificabas.

Luego, con los años, aparecerá dicha canción igualmente por azar una noche entre tus pensamientos y votarás de nuevo contra la muerte del rockero y empezarás a recuperar lo olvidado, y te darás cuenta de que quizá tu mundo sea otro debido a esa canción.

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Robbie Robertson

En este trimestre fallecieron, entre otros, Sinéad O’Connor, Randy Meisner, Bernie Mardsen, Robbie Robertson y Sixto Rodríguez.

A todos ellos: ¡GRACIAS!

VIDEO: Sinead O’Connor – Nothing Compares 2U (Official Music Video) (HD), YouTube (SineadOConnorVEVO)

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Sixto Rodríguez

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MIS ROCKEROS MUERTOS (ENERO-JUNIO 2023)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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Todas las personas somos mortales. Pero tal verdad para los músicos rockeros significa dos cosas: la primera, que morir es un repudiado accidente y, por otro lado, una oportunidad única. El escritor francés Guy de Maupassant dijo que la muerte nunca nos deja de erosionar, día tras día, y es una presencia con la que no se puede negociar. Sin embargo, hoy sabemos que se le puede utilizar como legitimadora.

En este género la muerte es la totalidad de las fuerzas que destruyen la vida, pero puede resucitarla mejor (si se ha sembrado una obra destacable). Es una forma de alcanzar la eternidad. Eso se sabe desde el primer momento de pulsar un instrumento: para conocer la vida eterna, primero hay que morir. Esa es la otra verdad en la idea de inmortalidad. Algunos la consiguen.

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JEFF BECK

Un guitarrista mítico que nunca dejó de sorprender a lo largo de sus seis décadas en el candelero del rock. Los rumbos estéticos por los que transitó este músico sólo él los dirigió, sin mirar jamás a las listas de popularidad o a las modas consuetudinarias. En el sonido conseguido en las muchas vertientes en las que se embarcó radicó en mucho la magia de este músico fantástico: a Beck no le interesaba tocar rápido ni presumir su magisterio, aunque tuviera la capacidad y el derecho legítimo de hacerlo.

En el entarimado o en el estudio, la guitarra ocupó, desde luego, el centro de su atención, pero como intérprete siempre se puso al servicio de las canciones o las piezas. Su técnica y virtuosismo nunca se convirtieron en un fin en sí mismo.

Jeff prefería experimentar en cada tema con estructuras y ritmos contemporáneos más que con escalas y efectos especiales. Le importaban finalmente y, sobre todo, las texturas sonoras, que legó tras haber transitado por varios géneros, del blues, al jazz, de la electrónica a la música clásica junto a una orquesta. Una herencia fastuosa que tras su muerte (el 10 de enero del 2023), no hace más que engrandecer su leyenda.

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DAVID CROSBY

 

David Crosby era originario de Los Ángeles e hijo del director de fotografía Floyd Crosby. Creció queriendo ser actor, una idea que abandonó cuando tenía 20 años y se dedicó a tocar la guitarra con un grupo de folk del condado de Orange, al sur de la ciudad angelina. Aquellos eran los primeros años de la década de los sesenta, y la costa oeste de Estados Unidos estaba llena de sonidos y experimentaciones que estaban por definir el sonido de una década.

Jet Set fue uno de aquellos experimentos, una banda que unió a Crosby con Gene Clark y Roger McGuinn, quienes conocían la escena tocando la guitarra en cafeterías folk. La agrupación se cambió el nombre un par de veces, pero halló la fama cuando se convirtieron en The Byrds. En 1965 lanzaron su debut, Mr. Tambourine Man, una canción de Bob Dylan que fue reconvertida en un exitoso sencillo. Uno de los mejores primeros álbumes de la historia, según los expertos.

Aquel estreno fue suficiente para consolidar a Crosby como el cerebro de las armonías del grupo que, con el paso de los años, fue mostrando su interés en la música hindú, la psicodelia y el jazz. El músico siempre citó entre sus influencias a John Coltrane y Miles Davis, quien en 1970 hizo una versión de su tema, Guinnevere.

Sin embargo, los problemas internos llevaron a que Crosby fuera despedido del grupo que fundó. Había colmado la paciencia de McGuinn por ser demasiado “asshole”, como el mismo se definió.

Iniciaría una nueva etapa años después gracias a su trabajo junto a Stephen Stills y Graham Nash con quienes lanzó en 1969 un álbum donde figuraban solo sus apellidos. Con más de cuatro millones de discos vendidos, se convirtió en un éxito. Un año después, en 1970, el trío sumó a Neil Young.

Así nació Crosby, Stills, Nash & Young, conocido también como CSNY. El grupo formó parte del cartel original de Woodstock. Neil Young dijo al conocer la muerte de David que Crosby había sido “el alma del grupo” en una despedida publicada en su página oficial. En 1971 Crosby firmó su primer disco como solista.

La década de los setenta fue especialmente destructiva para él por sus adicciones a varias drogas, lo que a la larga afectó su organismo, el hígado sobre todo, lo cual motivaría su retiro de los escenarios en el siglo XXI. Sin embargo, también anunció que grababa un nuevo disco, el decimosexto como solista.

El álbum For Free fue también su despedida. “Ahora tengo 80 años, así que moriré bastante pronto… Estoy tratando de producir tanta música como sea posible, siempre que sea realmente buena”, dijo.

David Crosby, fallecido el 18 de enero, fue la argamasa que fundió a aquellos grupos que crearon un nuevo sonido y que le darían al rock una nueva vertiente: el folk-rock. Su paso por The Byrds y CSN&Y le valieron dos entradas al Salón de la Fama del género.

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BURT BACHARACH

Bacharach fue un rockero honorario. En ese reino genérico sus canciones pop se convirtieron en éxitos en las voces de artistas como Zoot Money, que hizo “Please Stay, Billy J. Kramer con “Trains and Boats and Planes, por supuesto The Beatles con “Baby It’s You”, y qué decir de la versión de los White Stripes de “I Dont Know What To Do With Myself”. En su estilo compositivo estaba la peculiaridad de sus ritmos que los hacía irresistibles en todas las corrientes y que no podías inscribirlos en una tradición concreta.

El rock and roll nació de una alquimia musical y su germen está en la heterodoxia. En él se puede oír claramente la promesa de la libertad en la imaginación compositiva y eso provocó que el inmenso alcance de la obra de alguien como Burt Bacharach se injertara también en él.

Burt Bacharach definió más que ningún otro compositor el pop de los años sesenta. Lo hizo con una lista casi interminable de éxitos masivos que, en las voces más dispares, seguían sonando irremediablemente a él: Walk on by, The Look of Love, I Say a Little Prayer, Raindrops Keep Falling on my Head…, etcétera. Fue alguien cuya música acompañó a los jóvenes mientras crecían. Aquellas canciones, pasaron de resultar extrañas al medio a conmover profundamente a aquellos jóvenes al convertirse en adultos.

Pero eso es indicativo de hasta qué punto sus canciones importaban. El pop no giraba alrededor de la imagen y la identidad de los artistas, sino de las composiciones. Y así es como Burt Bacharach se hizo tan popular. El locutor de radio o el vocalista de una banda anunciaba: ‘Y ahora, un tema nuevo de Burt Bacharach’. Aquel fue probablemente el primer nombre de un compositor que hubieran escuchado en su vida, y que permanecería con ellos para siempre. Por eso es un rockero honorario al que se despide con agradecimiento tras su fallecimiento el 8 de febrero.

Otros destacados fallecidos entre enero y junio: Robbie Backman (Backman, Turner & Overdrive), Tom Verlaine (Television), Wayne Shorter (jazz rock), David Lindley (Kaleidoscope), Jim Gordon (Derek and The Dominos), Tina Turner (Ike & Tina Turner), Astrud Gilberto (bossa nova).

A todos ellos: ¡GRACIAS!

VIDEO: The Beatles – Baby It’s You (Remastered 2009), YouTube (The Beatles)

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Por SERGIO MONSALVO C.

 

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MIS ROCKEROS MUERTOS

(2022)

 

 

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

https://www.babelxxi.com/630-mis-rockeros-muertos-2022/

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MIS ROCKEROS MUERTOS (2022)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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Las cosas eran muy distintas en los sesenta a como son ahora, diría Perogrullo. A veces parece que no hace tanto tiempo, pero lo fue. El rock abrazó con toda su fuerza en aquella época. Hubo luz y ganas siempre de emprender el viaje por la ruta de la vida con nuevas opciones, todo dependía de los jóvenes. Eran los conductores del periplo.

Unos rockeros señalaban el camino a otros y esos otros a otros, y así sucesivamente. Unos a otros. En ese camino aparecieron tempranamente las girly groups (con las Ronettes a la cabeza) y al final de la década quedó el Festival de Woodstock como testimonio de lo acaecido. Fue una ruta tan larga, y tan llena de cosas, que aún no le vemos el fin culturalmente. Tal vez, porque no lo tiene.

Sin embargo, para las personas sí lo hubo, como aquellos que representaron aquellas cosas. El año pasado, lamentablemente, me tocó poner sus discos para recordar y despedir a algunos de ellos. Pero también para reflexionar sobre su papel en la vida de muchos.

Ellos nos acompañaron en el camino y los ecos de su accionar, musical y social, nos siguen dando aliento, para sentir que respiramos en compañía. Es una nueva vida tras la muerte. El rock es ese árbol que descansa y crece sobre la misma tierra que acoge en sus raíces a los artistas que nos hicieron emocionar con su música y con su amor por ella.

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MICHAEL LANG

Michael Lang (nacido en Brooklyn en 1944), fue uno de esos personajes que mostraron su amor por la música. Fue un promotor de conciertos, que en 1969 fijó un hito cultural para siempre. Él y otros tres promotores, de poco más de 20 años cada uno, concibieron originalmente el festival de Woodstock como «Tres días de amor, paz y música» al aire libre. Lo que hicieron fue fundar, por un fin de semana (del 15 al 17 de agosto de 1969), la tercera ciudad más populosa del estado de Nueva York. Pero también crearon, sin saberlo, una leyenda para toda la vida, que no se repetiría jamás. Michael Lang falleció en Nueva York el sábado 8 de enero, a los 77 años.

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RONNIE SPECTOR

Los miércoles tienen algo de cenizos. Y éste aún más, ese día (12 de enero) murió Ronnie Spector, la voz que te tomaba de la mano, abrazaba y hablaba al oído, que te acompañaba para arropar tus ansias y temores primigenios; la muchacha que te estremecía el cuerpo con sus movimientos y coreografías; la que sedujo con su talento y carisma. Ella nació en 1943 como Veronica Bennett en Nueva York. A los 16 años comenzó a actuar al lado de su hermana Estelle y de su prima, Nedra Talley. Se convirtieron en The Ronnettes, en el acontecimiento musical que lideró el movimiento de las girly groups en los sesenta. Ellas eran diferentes. Ronnie era diferente.

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MEAT LOAF

Met Loaf (Marvin Lee Day, su verdadero nombre) fue uno de esos personajes que le aportaron originalidad al género rockero. Nació el 27 de septiembre de 1947 en Nueva York. Durante su vida se desarrolló como compositor, productor y cantante. Con esto último realizó uno de los mayores discos clásicos de la historia del rock: Bat Out of Hell. Un álbum que se puede codear con los mejores por sus aportaciones particulares a la cultura rockera. En él confluyeron los talentos del cantante Meat Loaf, la producción de Todd Rundgren y la composición de Jim Steinman, donde éste aprovechó para mostrar sus variadas influencias. Murió el 20 de enero.

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VANGELIS

Tras la disolución de Aphrodite’s Child, en 1973, Evángelos Odysséas Papathanasiou, conocido como Vangelis (teclados, la flauta y percusiones, nacido el 29 de marzo de 1943, en Volos, y fallecido el 17 de mayo del 2022) destacó como solista con sus imaginativos y extrovertidos experimentos musicales, dándose a conocer a nivel mundial con su música New Age y ambient para soundtracks de películas: Chariots of Fire, Blade Runner o 1942, entre decenas de ellas. Las características de su obra: “pasión por ambientes planetarios, vocación sinfónica con dimensiones melódicas muy accesibles, y un dominio efectista de los sintetizadores”.

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KLAUS SCHULZE

El avance de las ideas que se aplican a la creatividad de la música electrónica y sucedáneas sólo llegan a través de la necesidad por la experimentación, por la curiosidad por plantear preguntas genuinas e interesantes y la tosudez para responderlas. Para hacerlo se requiere de ser seriamente creativo y no adaptarse a aquella acomodaticia plegaria por un mundo que sea lineal y estable. Porque todo él no lo es. Klaus Schulze (músico y compositor, nacido en Berlín el 4 de agosto de 1947 y fallecido el 26 de abril del 2022) fue un adalid y un evangelista en todo ello. Primero con el grupo Tangerine Dream y luego como solista con una estética de corte espacial y muy cinemática.

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RICKY GARDINER

El escocés Ricky Gardiner (nacido en 1948 en Edimburgo) fue un guitarrista y músico forjado a sí mismo. En los años sesenta integró un grupo de rock progresivo con cierto éxito, Beggar’s Opera. Participó como músico sesionista en grabaciones del productor Tony Visconti. Así se conectó con David Bowie, al cual acompañó en su legendario viaje a Berlín y participó en la grabación de Low de aquél y en Lust for Life de Iggy Pop, y en los conciertos posteriores de ambos, a fines de los setenta. A la postre, decidió  armar su propio estudio de grabación en el que se centró en la música para la meditación. Murió el 15 de mayo del 2022.

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ANDREW FLETCHER

Andrew Fletcher nació en Nottingham en 1961, y en su niñez coincidió con Martin Gore, compañero de colegio, con el que más tarde acabaría tocando en Depeche Mode. Fletcher empezó en el grupo como bajista, aunque pronto se pasaría a las teclas una vez la banda tomó rumbo hacia la electrónica y los sintetizadores (hasta su deceso el 26 de mayo).

Durante los años ochenta algunas compañías discográficas dedicadas a synth-pop obtuvieron resultados memorables a largo plazo. Sin embargo, ninguna de aquellas formaciones pudo competir con Depeche Mode, también syth-pop, pero con actitud. Eran una banda con electrónica y un tipo de pop nuevo, lo que les permitió hacer una carrera creciente con influencias punk, del krautrock y el glam, en su parte oscura.

Otros fallecidos en tal año: Bobby Ridell (teenage idol) Mark Lanegan (Screaming Trees), Taylor Hawkins (Foo Fighters), Ric Parnel (Atomic Rooster), Rick Price (Move), Alan White (Yes), Steve Broughton (Edgar Broughton Band), Kelly Joe Phelps (sesionista), Alec John Such (Bon Jovi), Julee Cruise (cantante y colaboradora de David Lynch), Paul Anthony Ryder (Happy Mondays), Jody Abbot (Fuel), Bob Heathcote (Suicidal Tendencies), Jim Sohns (The Shadows of Knight), Raymond Raposa (The Castanets), Nicky Moore (Samson), Sam Wooden (The Impressions), Judith Dorham (The Seekers), David Muse (The Marshall Tucker Band), Gord Lewis (Teenage Head), Lamont Dozier (compositor), Darryl Hunt (The Pogues), Bill Pitman (The Wrecking Crew), Steve Grimmett (Grim Reaper), Kal David (bluesmen), Stuart Anstis (Cradle of Filth), Jerry Allison (The Crickets), Fredy Studer (OM), Piotr Szkudelski (Perfect), Rimmo Blom (Raskasta Joulua), John P. Varkey (Avial), Marciano Cantero (Enanitos Verdes), Sonny West (Buddy Holly), David Andersson (Soliwork), Anton Fer (Lounge Lizard), Kyle Maite (Hit the Lights), Prince Póló (Skakkamanage), Davis Malachowski (Comander Cody), Bin Valencia (Almafuerte), Mon Legaspi (Wolfgang), Steve Roberts (U.K. Subs), Robert Gordon (Tuff Darts), Gregg Philbin (REO Speedwagon), Paul Stoddard (Diecast), Jerry Lee Lewis (pionero del r&r), D.H. Peligro (Dead Kennedys), Ryan Karazija (Low Roar), Robin Sylvester (RatDog), Michal Ambroz (Jasna Páka), Dan Fawcet (Helix), Jeff Cook (Alabama), Dan McCafferty (Nazareth), Gary Roberts (Boomtown Rats), Keith Levene (The Clash), Robert Noakes (Stealers Wheel), Gene Cipriano (The Wrecking Crew), Serhiy Stepanenko (Komu Vnyz), Danny Kalb (The Blues Project), Riho Sibul (Ultima Thule), Wilco Johnson (Dr. Feelwood), Shel Macrae (The Fortuns), Christine McVie (Fleetwood Mac), Swenne Hedland (Idolerna), Jim Stewart (STAX), Jess Barr (The Slobberbone), Jett Black (The Stranglers), Hamish Kilgoar (The Clean), Roddy Jackson (Rockabilly), Mack Allen Smith (Rockabilly), Heubert Deutsch (co-inventor del sintetizador MOOG), Tracy Hitchings (Landmarq), Sol Amalfio (Osibisa), Dino Danelli (The Rascals), Rick Anderson (The Tubes), Jean-Pail Carbineau (Tri Yann), Charloe Green (Cantante), Terry Hall (The Specials).

A todos ellos: ¡GRACIAS!

VIDEO: Be My Baby – The Ronettes – 1963 – Stereo – Music Video, YouTube (namnoiz)

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MIS ROCKEROS MUERTOS (JULIO-SEPTIEMBRE 2022)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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Sabemos, por conocimiento generalizado, que los grandes temas de la música son el amor y el desamor y, por lo mismo, de la vida emocional. Como es comprensible, preferimos escuchar sobre el primero que padecer las sonoridades del segundo. Algunas canciones sur­gidas de estos ámbitos se convierten en presencias perennes en la cultura popular o en nuestra existencia. Estas piezas trasmutan en inmortales porque su interés ha rebasado el momento de su lanzamiento original y, en muchos casos, la muerte de sus compositores.

Éstos nos han acompañado en el camino y los ecos de su accionar, musical y social, nos siguen dando aliento, para sentir que respiramos en compañía. Es una nueva vida para su labor artística, tras su muerte.

Cuando la canción escogida empieza a sonar y nos envuelve, ese es uno de los momentos en que se vive apasionadamente, ¡en el aquí y ahora! Quizás muchos momentos le sigan a éste de la misma manera, o en algunos tristes, porque la vida es un continuo, discontinuo, en el cual se equilibran sentimientos y vivencias.

Cuando desaparece un personaje que ha creado uno de esos temas, es un pedazo del entorno que se va y duele, pero la existencia se encarga de que se sigan descubriendo diversas interpretaciones de dichas piezas y mientras se tenga aliento, las escucharemos como algo nuevo.

La cultura del rock es ese árbol que descansa y crece sobre la misma tierra que acoge en sus raíces a los artistas que nos hicieron emocionar con su música y con su amor por ella. En este campo los que se mueren no son personajes imaginados, sino reales a los que consideramos como seres queridos. Uno de ellos falleció en este trimestre: Lamont Dozier.

Él fue un personaje clásico que vivió y creó, con sus aportaciones, un trozo de la historia de la música contemporánea: el soul, terreno que abonó desde el muy prestigioso sello Motown, del que fue pilar y estandarte con sus composiciones siempre bellas y suntuosas (“Stop In The Name of Love”, “Nowhere To Run”, “Reach Out, I’ll Be There, entre muchas otras).

El soul hundía sus raíces en los errabundos misioneros evangélicos que promovían una música más relajada que los cantos de iglesia más tradicionales, aunque seguía los mismos patrones musicales. Se trataba pues, de una música viajera que se extendió por todas las áreas de la Unión Americana. A los patrones de los campos no les molestaba (a fin de cuentas, se trataba de difundir la cristiandad entre los “salvajes” pizcadores), y para los trabajadores negros era una oportunidad de hacer música, cantar y bailar, sin problemas.

De esta manera este tipo de música se fue desarrollando por la cultura negra hasta crear una nueva manifestación: el góspel, que hacía uso de la técnica “llamada-respuesta”, propia de las canciones sacras interpretadas en los campos de trabajo. Durante mucho tiempo se mantuvo esta expresión sin alteraciones hasta que en los años cincuenta los jóvenes fueron apropiándose de esta música, pero como creadores ejecutantes y con cambios en la temática de lo sacro a lo profano.

Se habían decepcionado de lo que siempre les habían prometido en los templos: igualdad y justicia. Así que decidieron transformar las cosas desde su punto de vista. Los cantos ya no se dirigían a Dios sino al hombre o la mujer amada y a la vida mundana, con los mismos cartabones musicales.

De esta manera los nuevos intérpretes atrajeron a nuevos públicos hacia la música negra cuando ésta comenzó a llamarse soul. Dicha expresión artística empleaba elementos que reflejaban, aunque de manera tenue, aquella música ancestral, el góspel y también el blues (con sus vertientes del doo-wop y el rhythm and blues), pero con swing suave.

Esta idea fue producto de un esfuerzo dirigido a mostrar nuevas perspectivas sociales y también en lo profesional y comercial (a los negros se les tenía vetado el acceso al trabajo en la música clásica, en la radio comercial o a los estudios de grabación como productores, compositores o técnicos). De esta manera comenzaron una nueva música sin elementos blancos en ninguno de aquellos sentidos. El género comenzó a arraigarse. Y paradójicamente, a futuro, fue el mejor frente que presentó la industria estadounidense ante la Invasión Británica.

Así surgieron tres vertientes, que enarbolaron con sus sellos representativos, el soul que permearía el ámbito musical durante las siguientes dos décadas: Stax, Muscle Shoals y Motown. El primero en su acepción más visceral y vibrante, el segundo con el influjo de las corrientes sureñas, y el tercero, con su cosmopolitismo, su maquinaria creativa y su búsqueda del mercado blanco.

En la Motown, el soul no negaba su vocación comercial, y bajo esta consigna derribó obstáculos entre la race music y las listas de ventas, y con ella triunfó en las todas las comunidades para normalizar la idea de iconos de la etnia negra.

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La discográfica fue fundada en la ciudad de Detroit y ahí fabricó decenas de éxitos que se lanzaron desde la llamada Motor City y luego desde Los Ángeles. La obsesión de su dueño, Berry Gordy Jr, era publicar su propia concepción del pop, pero para todos los colores de piel y hasta 1979 sus joyas se colaron en las listas del Top 10, con Mary Wells, The Four Tops, Stevie Wonder, Marvin Gaye o The Supremes, como síntesis perfecta. Por eso se convirtió en un blasón y en una dinastía, con sus ídolos, características, territorios y tabernáculos, al igual que con sus malas artes para con sus empleados a través del tiempo.

En todo ello tuvo que ver Lamont Dozier. Él formaba parte del Holland-Dozier-Holland, un trío de cantantes y compositores, primero, y luego productores de aquel sello, cuyo nombre se transformó también en un estilo músical, por méritos propios. Ellos supieron durante los años sesenta escoger y ensamblar diferentes voces para interpretar cada uno de sus temas. Los Four Tops, los Elgins, los Isley Brothers, las Marvelettes, Martha and The Vandellas y las ya citadas Supremes se beneficiaron de su intuición y estética a la hora de encontrar el tono emocional en sus canciones.

El listado de sus composiciones (algunas han sustentado el soundtrack de esta emisión) es largo, largo, al igual que sus logros. Llevaron a todos sus intérpretes a las listas de popularidad y tangencialmente, surtieron también de material a los músicos británicos, durante su etapa beat, para confirmar su influencia y con ella conformar parte de sus repertorios.

Su impacto dentro de la industria y de su propia discográfica los motivó a querer crear su propia editorial subsidiaria de la Motown. Aquel fue el principio de un largo litigio, ya que Gordy no quería nada de independencias. Abandonaron la compañía hacia el fin de los sesenta y fundaron la propia, sin buenos resultados.

Al poco tiempo Lamont Dozier abandonó el proyecto y se lanzó a grabar con su nombre. Tuvo aciertos dentro de la reivindicación de la cultura afroamericana que por entonces luchaba por ello. En los años ochenta, Dozier se fue a vivir al Reino Unido, donde obtuvo un nicho por su trayectoria. Escribió algunos éxitos para Alison Moyet, Phil Collins, Eric Clapton y Simply Red. Grabó bajo su nombre una docena de discos, pero sin la repercusión que tuviera antaño. Murió el 8 de agosto del 2022.

Otros fallecidos en el trimestre:

Gord Lewis (Teenage Head), Darryl Hunt (The Pogues), Bill Pitman (The Wrecking Crew), Steve Grimmett (Grim Reaper), Kal David (bluesmen), Stuart Anstis (Cradle of Filth), Jerry Allison (The Crickets), Fredy Studer (OM), Piotr Szkudelski (Perfect), Rimmo Blom (Raskasta Joulua), John P. Varkey (Avial), Marciano Cantero (Enanitos Verdes), Sonny West (Buddy Holly), David Andersson (Soliwork), Anton Fer (Lounge Lizard), Kyle Maite (Hit the Lights), Prince Póló (Skakkamanage), Davis Malachowski (Comander Cody).

A todos ellos: !GRACIAS!

VIDEO: Four Tops “Reach Out I’ll Be There” on The Ed Sullivan Show, YouTube (The Ed Sullivan Show)

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