Por SERGIO MONSALVO C.
(FOTOGRAFÍAS)

Street Music (31)

Por SERGIO MONSALVO C.
(FOTOGRAFÍAS)

Street Music (31)

Por SERGIO MONSALVO C.

(COMPILACIÓN DE TEXTOS MUSICALES)
“Corrientes de lo alterno es una deliciosa colección de ensayos sobre música cuyos temas van del trash al acid jazz, pasando por el rock chicano, el grunge, Frank Zappa y la música minimal. Los ensayos aparecieron originalmente en la revista Corriente alterna, y luego fueron compilados por Sergio Monsalvo para la Editorial Ponciano Arriaga de San Luis Potosí, que los editó en dos volúmenes.
Además de abordar la historia de los géneros y dar buenas referencias de discos quehayqueescuchar, este libro trae una amplia colección de anécdotas del rock, e información sobre ciertos temas que están estrechamente relacionados con él, como el sadomasoquismo, el cyberpunk o el (des)uso del vinil”.*
*Reseña referencial aparecida online en el blog mislibrossonrock.blogspot el 9 de enero del 2008.

Ilustración de la portada: PELÁEZ.
Corrientes de lo Alterno Vol. I
(Compilación)
Sergio Monsalvo C.
Editorial Ponciano Arriaga
Colección Ciencias Sociales
San Luis Potosí, México, 1998

Por SERGIO MONSALVO C.

MILES DAVIS – VI
CREADOR DE OBRAS MAESTRAS
(DOO-BOP)
Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.
https://www.babelxxi.com/708-miles-davis-vi-creador-de-obras-maestras-doo-bop/

Por SERGIO MONSALVO C.

Es de noche y llueve en París. Acabamos de salir del concierto que dieron los Rolling Stones en el Parque de los Príncipes. Delante de nosotros van Diego y Rossy abrazados bajo un paraguas. Vamos a ir a cenar al restaurante árabe donde nos gusta el cous cous que preparan. Es medianoche y tenemos que apurarnos si queremos todavía tomar el Metro, con sus diversos transbordos.
Logramos subir al último convoy de cada línea. Abundan los clochards y los junkies en cada una de las estaciones. Ahí pasan la noche. Algunos pelean por las botellas de vino; otros tiemblan en los rincones o se rascan desesperados. La muchedumbre que nos acompañaba desde la salida del estadio se ha diluido con la lluvia y ahora somos los únicos que emergemos a la superficie en la estación Abbesses.
A Diego se le ocurre ir a echarse un trago antes de cenar, así que nos dirijimos al bar Chateau Rouge que está en la Rue Picard. La realidad es que el hash se le terminó y quiere comprar una buena dotación con el conecte que conoce ahí. La calle por donde llegaríamos está acordonada. Pusieron una bomba en el bistro de media calle y al parecer hay heridos y muertos.

La ultraderecha, la ultraizquierda o tal vez algunos inmigrantes descontentos pusieron el artefacto. Sirenas, luces rojas, bomberos y patrullas invaden el lugar. Todavía hay fuego y mucho humo. Como no podemos pasar tenemos que dar un rodeo. Cruzamos una plaza donde putas, proxenetas, pushers, travestis y otras especies se dan cita por las noches. Gritan. Ríen estruendosamente. Negocian. La lluvia ha cesado y los charcos reflejan las luces de los arbotantes y de los cerillos que se prenden. Hay jeringas y restos de papeles por doquier.
Por fin llegamos al Chateau Rouge. La calle está desierta y subimos por ella. El letrero en neón del bar ilumina leve el horizonte. La música, el olor a cigarro y el ruido de las voces aparecen de repente al entrar. Hay casa llena, pero podemos conseguir un apartado casi en la entrada. Nos quitamos las chamarras. Diego y yo vamos a la barra a pedir los tragos. Él se queda hablando con el barman mientras yo recojo los vasos y las copas.
Al regresar a la mesa descubro que hay dos tipos sentados haciéndoles la plática a Rossy y a Mara, que han tenido que correrse hacia la pared. Rossy me ve y me saluda ostensiblemente con la mano. Los tipos voltean, me ven, se paran del asiento y se van. Deposito los tragos y me acomodo junto a Mara. Rossy me dice en voz baja que son policías, judiciales, flics, y quieren que se vayan con ellos a otro lado, “a mostrarles París”.
Ambos tipos están sentados en el extremo opuesto de la barra donde Diego continúa hablando con el barman. Echan alguna cínica mirada hacia nosotros. En ese momento veo que Diego recibe un paquete de “chocolate”. Se lo guarda en la bolsa del pantalón y camina hacia el apartado.
Los policías no dejan de vernos. Diego se aposenta y toma con una mano la de Rossy y con la otra su cerveza. Cuando uno de los tres le va a decir lo que está sucediendo, de una puerta tras del bar sale un fulano y mete unas monedas a la rockola que enseguida suena una pieza de los Stones por encima del ruidoso murmullo: “Time Is on My Side”.
Al parecer también estuvo en el concierto, porque al escucharla hace los mismos movimientos que hizo Jagger con una sombrilla china al interpretarla. El tipo está ebrio o muy drogado. Sus gesticulaciones son lentas. Al ir hacia el baño pasa frente a nosotros. Sonríe y canta al unísono del disco. Diego le devuelve el canto pastoso y brinda con él.
El tipo se sostiene de la orilla de la mesa. Tiene puesta una camiseta negra, sucia. Bajo la manga izquierda le escurre un hilillo de sangre. Se acaba de inyectar. Repite el coro de la canción y se va. Nadie le presta atención en medio del cargado ambiente, pláticas fuertes y música. Me inclino hacia Diego para decirle que tenemos que irnos rápido, pero con el rabillo del ojo alcanzo a ver que los policías luego de un intercambio de palabras vienen hacia nosotros.
Las mujeres voltean a verse entre sí y luego a mí. Agarro firmemente mi vaso y espero. Los judiciales se recargan en las cabeceras del apartado y les hablan en francés a ellas como si Diego y yo no estuviéramos. “Dejen a estos idiotas y vengan con nosotros”. Parece más una orden que una invitación. Ahí sentado puedo ver cómo debajo de su chamarra y del brazo pende una pistola en su cartuchera.
En mi cerebro escucho la canción que ahora se repite de manera tan clara como las imágenes de los músicos en el escenario, rodeadas de la algarabía de aquel estadio. Alcanzo a ver a Charlie Watts, su serenidad y semisonrisa. Tres horas de una magnífica presentación.
Mientras Rossy y Mara repiten que no por tercera o cuarta vez, Diego las mira a ellas, a mí y a los policías todo desconcertado. Yo no me puedo mover. Tengo a uno de los tipos casi encima, con una mano sobre mi cabeza y a la vista la cacha de su arma. Cuando me armo del vaso y toda la decisión para levantarme con fuerza, la puerta del bar se abre. Un hombre se asoma y al ver a los judiciales les hace una seña de que vayan con él. Salen.
Tras un silencio que parece eternizarse me tomo el whisky de un solo trago y digo: “Vámonos”. La frescura de la calle se mezcla con el olor del humo de la explosión que aún no se mitiga. Diego y Rossy caminan otra vez delante de nosotros. Ella lo abraza de la cintura mientras él sostiene el paraguas. Llueve otra vez en París. “¿Te gustó el concierto?”, le pregunto a Mara.


Por SERGIO MONSALVO C.

Maggie Bell se aficionó por esos sonidos del blues, por esa vitalidad y energía. Y como una cosa lleva a la otra, descubrió el blues y a Muddy Waters, a Howlin’ Wolf, a John Lee Hooker. Pero igualmente descubrió que podía cantarlo.
A mediados de la década de los sesenta la injerencia femenina en los asuntos del rock era bastante nueva en Inglaterra. Se trataba de una música para hombres donde las mujeres no eran admitidas más que a un lado del escenario, a los pies de los músicos.
La llegada de Maggie Bell (nacida el 12 de enero de 1945, en Maryhill, Escocia) conmocionó de algún modo ese sistema de valores, al que también se habían enfrentado las blueseras estadounidenses durante la primera mitad del siglo XX.
Maggie inició su carrera profesional en Escocia con el grupo Blue Mink hacia 1968. Lo abandonó al cerrar la década, en busca de nuevos horizontes. Éstos se abrieron con la formación en 1970 del grupo Stone the Crows –que originalmente se dio a conocer como Power–, el cual se integró bajo el liderazgo del guitarrista Les Harvey y con ella como única cantante.

El grupo sobrevivió tres años y en este tiempo conocieron la tragedia y el triunfo, e igualmente abrieron la puerta a Inglaterra para los grupos escoceses.
En febrero de1972 Les Harvey trágicamente murió electrocutado en el escenario durante una presentación. Lo reemplazó Jimmy McCulloch (quien también tendría su propia historia y fin trágico años después). Aunque el grupo nunca careció de exposiciones en vivo, la nueva sangre fue la inyección necesaria.
El éxito se reflejó cuando Maggie ganó el premio a La Mejor Cantante de blues en la Gran Bretaña, otorgado por la revista Melody Maker, posición que ocupó durante tres años seguidos.
El mayor triunfo de Stone the Crows coincidió con el verano de 1972, cuando la resolución de Maggie llevó al grupo de éxito en éxito. Desafortunadamente esto no fue capaz de mantener unido al grupo que se separó en 1973.
Sin embargo, dejaron en su haber excelentes discos: Stone the Crows (1971), Teenage Licks (1972), Ontinuous Performance (1972), la presentación que hicieron en la BBC 1 (1971-72) y Coming on Strong (que se editó en 2004, con rarezas y temas sueltos) los cuales los mostraron como uno de los mejores grupos de blues-rock que Inglaterra y el mundo haya conocido.
Para la juventud europea, el blues fue un medio de demarcarse socialmente y a veces incluso de llevar la aventura hasta reafirmar todo lazo de unión con la clase obrera en particular. El origen social de algunos jóvenes europeos, lo mismo que los norteamericanos, facilitó la orientación de ellos hacia el blues.
Con Maggie Bell, por ejemplo, es imposible no tener en cuenta su pasado como obrera en una fábrica de Glasgow, «en donde emborracharse era una victoria», contaría ella.
Maggie, al disolverse el grupo, se volvió solista y desde entonces ha grabado discos admirables desde Touch of Class, Queen of the Night o Crimes of the Heart hasta Coming on Strong, The River Sessions, Live in Glasgow 1993 y Sound & Vision (Best of Maggie Bell), por ejemplo.
Igualmente hizo colaboraciones con grupos como Midnight Flyer, British Blues Quintet y Jon Lord Blues Project. Asimismo, fue y ha sido invitada a sus grabaciones por infinidad de artistas como Rod Stewart, Joe Cocker, Long John Baldry, la Climax Blues Band y los Rolling Stones, entre otros.
VIDEO SUGERIDO: Stone The Crows – Danger Zone (1970), YouTube (Frankie Ruiz)


Por SERGIO MONSALVO C.

(POEMARIO)
CREPÚSCULO
Notas de
crepúsculo
esculpido a
fuego
Seducción de la sangre
de cuyo letargo surge
la criatura hermosa
del pasado
En/sueños
que descienden sin velas
por las corrientes que arrastran
piedras de emoción
Vagar de nuevo por
tus contornos perdidos
en los márgenes del viento
del humo grueso del saber
Con una canción
de boca carnosa
y daga en mano
que penetre tu huella embriagada
Y lo que sientas
pueda ser
y lo sea
el infierno de la memoria
Ámsterdam/junio 2018

BOUQUET
(Poemas Extraviados)
Sergio Monsalvo C.
Editorial Doble A
Colección “Poesía”
The Netherlands, 2021
CONTENIDO
STRANGE MESSENGER
JAZZÍSIMA TRINIDAD
LAND ART
TÓTEM
CREPÚSCULO
MARSALIS x ACEVES

Por SERGIO MONSALVO C.

El relato de Los crímenes de la calle Morgue es un intento por descubrir en el obrar y hablar de la persona indicios sobre sus motivos ocultos. Este método de ocultamiento del enigma y la revelación llegó a ser algo central en el arte de Edgar Allan Poe.
A medida que perfeccionó esta habilidad y maduró su arte, le fue posible encontrar y hacer uso de mascaradas aún más complejas con el fin de acercarse a su tema poético y de proporcionarle mayor relieve.
Tal condición hace posible entender el trabajo de desplazamiento que dio paso a su vida ambivalente. Ésta, característica del dualismo romántico, fue un asunto de profunda importancia para todo el siglo XIX, en tanto la dualidad estuviera entre la mente y la naturaleza, entre el «yo» y la realidad exterior.
La presencia del poeta y del detective, así, está determinada por su capacidad para moverse entre el rigor y el misterio, entre lo impreciso y lo determinado, entre la matemática y el sueño, entre lo engañoso de la apariencia y el logos inmutable.
En la mente de Poe el arte es realidad, es un mundo de pensamiento y de diseño en el acto mismo de su creación teórica, que procede hacia el orden pasando por el caos. En alguna forma, el arte, que existe en el dominio puro de la imaginación creadora, precisa del acto de la investigación.
Así es la vida de Poe, que se refleja en su obra, la vida de un hombre que vivió en la exclusión y en el filo mismo de la existencia y que no obstante cultivó obstinadamente la lucidez en busca de un orden ideal. La suya fue una mente que buscó el medio de expresarse, que trató de descubrir cómo llegó a ser en un momento de análisis y meditación.
*Fragmento del ensayo “Edgar Allan Poe: La Poesía en el Crimen” del libro El Lugar del crimen, de la editorial Times Editores, cuyo contenido ha sido publicado de manera seriada en el blog Con los audífonos puestos.

El lugar del crimen
(Ensayos sobre la novela policiaca)
Sergio Monsalvo C.
Times Editores,
México, 1999
ÍNDICE
Introducción: La novela policiaca, vestida para matar
Edgar Allan Poe: La poesía en el crimen
Arthur Conan Doyle: Creador del cliché intacto
Raymond Chandler: Testimonio de una época
Mickey Spillane: Muerte al enemigo
Friedrich Dürrenmatt: El azar y el crimen cotidiano
Patricia Highsmith: El shock de la normalidad
Elmore Leonard: El discurso callejero
La literatura criminal: Una víctima de las circunstancias

Por SERGIO MONSALVO C.

STOA
PARÁBOLA CATACÚMBICA
Con la destrucción de nuestra ciudad en aquel año se dispersó también la primera congregación, que huyó hacia diversos puntos geográficos llevando consigo el ajuar del siglo urbano que nos signaba. De esta forma llegamos aquí a Urthona, nuestra catacumba final. Galería escarbada con el miedo de varios pisos; con la fe que ha enterrado a los cándidos primigenios. Gruta decorada con frescos y otoños, con inscripciones in memoriam, con señas de giros y cautiverios, con graffiti de polvo, del nunca jamás, del vértigo. Homenaje todo del Nuevo Advenimiento.
Sin ascetismos ni anatemas, el poema de William Blake, “Infant Joy”, fue entonado por todos los reunidos: “Carezco de nombre:/ sólo tengo dos días./ ¿Cómo te llamaré?/ Soy feliz,/ dicha es mi nombre./ ¡Que la dulce dicha sea contigo!/ ¡Hermosa dicha!/ que apenas tienes dos días,/ dulce dicha, te llamo./ Sonríes mientras canto/ ¡Que la dulce dicha sea contigo!” Conny cantó el arreglo de Olaf Parusel. La purificación del corazón por la voz de una fémina germánica. Oración etérea, de atmósfera electrónica, misticismo sintético de revoluciones góticas.
Aquí, sentados en esta roca inquebrantable, recordamos los llamados de una bienaventuranza: “¡Levántate!, ¡Persevera! ¡Manténte fiel! Bendito es el hombre que se compadece y comparte; que actúa con justicia y nunca titubea; que distribuye y da a los desvalidos; que siempre es generoso. Su valor lo cubrirá de gloria” (Stoa).
Ágape de proximidad, de servicio de unos a otros. Manifestación de la divinidad que ensalzaba el sufrimiento padecido. Así oramos con esa expresión de anhelo por un apoyo de sutileza intelectual. Soporte para la preparación del Advenimiento y su escatología (eskhatos, último y logos, ciencia), esa rama de la teología que trata de los fines últimos: muerte, juicio, fin del mundo, juicio universal: cielo e infierno.
Sabemos de la necesidad de una vestidura sagrada, de un espíritu que nos habite y haga que experimentemos el éxtasis y las visiones de lo que nos espera. Este culto a tales misterios es atractivo para la comprensión del temor a la vida y a la muerte. Decimos que existen ciertas sustancias espirituales. Su nombre no es extraño. Filósofos y poetas saben acerca de ellos y esperan su voz. Su sutileza y fina complexión les dan acceso a ambas partes del hombre. Tienen gran poder y, al ser imperceptibles a la vista y a los demás sentidos, se ponen de manifiesto más bien en sus efectos que en sus acciones.
De esta forma sabemos que cada parábola es un poema trazado con su tizón invisible: aliento de ángeles y demonios que estoy obligado a contar cada noche. Reunidos los oyentes digo mis visiones: …al llegar sobre el abismo de los cinco sentidos, donde una escarpa de lado plano desaprueba al mundo, vi a un poderoso demonio envuelto en negras nubes, el cual con fuego corrosivo escribió la siguiente frase: “¿Cómo sabes que algo es verdad?”
El rugido y el aullido, el oleaje furioso y la espada destructora son porciones de eternidad demasiado grandes para ser apreciadas por estos cinco sentidos. Entonces, un ángel vino y me dijo: ¡Contempla tu suerte!, y gradualmente vi en el abismo el humo de una ciudad ardiendo, un sol negro y refulgente, encendidos senderos con arañas tras sus presas, mismas que asumían diversas y espantosas formas brotadas de la podredumbre. El aire estaba lleno de ellas y parecía componerse de ellas. Pregunté entonces a mis acompañantes, demonio y ángel, cuál sería mi destino eterno. “El que está entre las arañas blancas y las negras –ambos repusieron–. Hacia allá irás si persistes en lo tuyo”.
No tardamos en distinguir la cabeza de Leviatán. Su frente estaba cruzada por rayas verdes y púrpuras. De pronto vimos su boca y sus branquias rojas colgar sobre una ensortijada espuma. Teñía la negra profundidad con rayos de sangre y avanzaba hacia nosotros con toda la furia de su existencia. Al terminar ahí la visión les digo a los oyentes que los hombres olvidaron que todas las deidades residen en el pecho humano. Por eso el canto oscuro, por eso la permanencia en este refugio plagado de las señales del tiempo. Fantasía memorable de un cautiverio vertiginoso.
Urthona, la ciudad del hombre que existe en una antítesis permanente y aguda, que jura y perjura que ese grano de luz que nos fue enviado es inalcanzable, subterráneo. Su profundidad y altura se apartan de nosotros, y que en mente y sangre nos convertiremos en piedra. Catacumba del siglo urbano que nos signa.
VIDEO: Stoa – Dust, YouTube (psychoma13)


Por SERGIO MONSALVO C.

EN BUSCA DEL TEMPLO PERDIDO
Dirigí mis pasos —como creyente del rock— hacia uno de esos santuarios que siempre están presentes en el recuerdo o la imaginación. Salí de Ámsterdam con rumbo a Londres.
En el aeropuerto de Schiphol, por cierto, me encontré con otro peregrinaje (éste más cotidiano, programado, tumultuoso y variopinto) con destino a Liverpool y la beatlemanía como estandarte. No. Yo tenía otra meta: el Marquee Club.
Este sitio de la capital inglesa es el más importante en la historia del rock europeo, aunque quizá lo sea también de la historia del género en pleno. Se podría discutir la supremacía frente a Sun Records, en Memphis, o el CBGB’s de Nueva York, por ejemplo, pero esa es otra cuestión. El caso es que el Marquee es un lugar sagrado, que ha sufrido los avatares del cambio de domicilio en diversas ocasiones, aunque sin mudar de ciudad.
Fue abierto el 19 de abril de 1958, en el número 65 de la Oxford Street y pronto cobró vida como escaparate para las escenas del jazz y el r&b locales que habían crecido durante la segunda mitad de la década. Unos cuantos años después los Rolling Stones tocarían ahí por primera vez, en julio de 1962. La mitología y sus piedras fundamentales. Los seguirían los Yardbirds, cuyas actuaciones harían creer a muchos que tenían a Dios entre sus integrantes, y los Animals (como grupo regular).
Un par de años después el sitio se trasladó al que tal vez haya sido su más trascendente domicilio: en el número 90 de Wardour Street, en el barrio de Soho. Ahí las leyendas del rock británico en pleno se manifestaron con el nacimiento y esplendor artístico de personajes o grupos como la Jimi Hendrix Experience, David Bowie, T. Rex, Cream, Pink Floyd, The Who, Nice, Yes, Led Zeppelin, Jethro Tull, King Crimson y Genesis, entre otros.
En los setenta resultó el acabose con bandas como Queen, Clash, Ultravox, Police, Cure, Joy Division, Generation X, Siouxie and the Banshees, los Sex Pistols.
Al comienzo de los ochenta fue cuando asistí por primera vez al lugar y me tocó ver la actuación de los Pretenders originales, cuando varios de sus miembros aún estaban vivos y Chrissie Hynde exudaba energía, brillaba por su inteligencia lírica (periodística y musical) y era novia de Ray Davies. Impresionante.
Y más aún, porque el lugar no tenía más de cien metros cuadrados de longitud y parecía más un garage que otra cosa. Con un par de sillones desvencijados al fondo, una barra de pub (la pinta de la cerveza Guinness de barril costaba una libra y aromatizaba la atmósfera) y un escenario de madera cruda a dos metros de altura.
Mucho humo, rock y olores fuertes y la sensación de estar en el sitio correcto en el momento correcto. La experiencia del auténtico club. La comunicación directa con el artista que motivaba y recibía el feedback puro y carnal (nada que ver con la asepsia controlada de los Hard Rock, Bull Dog o Planet Hollywood del futuro).
A mediados de los ochenta el local fue demolido junto con el resto del edificio ante el pasmo y reclamo de varias generaciones de rockeros, que vieron en el hecho un atentado irremediable contra un bien cultural e histórico (nacional e internacional), al que se sustituyó por un restaurante (el Mezzo).

El Marquee tuvo que emigrar hacia el 105 de Charing Cross para convertirse en punto de encuentro, pero ahora de la escena new wave y synth, con New Order, Depeche Mode, Simple Minds, Jam, U2, REM, Dire Straits…Hubo otra muda en la misma calle para luego ser clausurado por un par de años. En septiembre del 2002 fue reinaugurado en Islington por Dave Stewart de los Eurythmics, pero tuvo que cerrar de nuevo sus puertas.
No obstante, como el Ave Fénix, volvió a la vida y fue abierto en septiembre del 2004 en el número 1 de Leicester Square (encima de las oficinas de MTV). Con una capacidad para mil personas, entre músicos y equipos, de atención al público y auditorio: 550 en el primer piso y 320 en el área de balcón. Con olor a confort, a organización, a diseño consciente, a industria.
Entré al nuevo templo a mediados de noviembre. Me tocó la actuación de Ikara Colt, Pink Grease, Gin Palace, DJ Stuart Plimsoles, Rock and Roll Idiots, Tom y Paul Artrocker, así como la posibilidad de pasearme a través de la Jimi Hendrix Exhibition. La mayor colección de memorabilia sobre el personaje, oriundo de Seattle, que existe en el mundo: fotos, material raro, grabaciones oficiales y piratas, videos, posters de sus conciertos, prendas de vestir y demás parafernalia, incluyendo la famosa Stratocaster del zurdo.
Sin embargo, el inmueble tuvo problemas administrativos con el municipio de Westminster, que le revocó la licencia en el año 2008. Ahora, como los tiempos que corren, el Marquee es un pop up club, que vive a salto de mata en St Mrtins Lane, mientras el último administrador del nombre, Nathan Lowry, sigue peleando por los derechos de exclusividad.
De cualquier manera, en el momento en que vuelva a asentarse en él surgirán otra vez las leyendas, se crearán dogmas de fe musicales, se fortalecerá el mito de “la audición irrepetible”, la magia seductora de la interpretación elevada al rango de lo divino. Se desprenderá el gesto, el solo, la melodía, como otro milagro de cualquier concierto en vivo.
Al mismo tiempo, dentro y fuera de sus puertas, aparecerán los graffiti que den cuenta del hecho. Como allende los sesenta cuando en una pared se afirmó: “Clapton es Dios”. Por todo ello, una nueva encarnación aguarda por el Marquee a mediados de la tercera década del siglo XXI.
VIDEO SUGERIDO: The Story Of London’s Marquee Club, YouTube (Steve Graham)

