“THROW IT AWAY” (II)

Por SERGIO MONSALVO C.

THROW IT AWAY (II) (FOTO 1)

 POEMA

THROW IT A WAY (II)

 (para Greetje Bijma)

Una mujer se excluye de los cánones

y filtra con sus cuerdas desnudas

los murmullos poseedores del misterio/

          en sonidos inesperados escancia

          sentimientos equivalentes para todos

 

Es como soñar tu silencio y el mío

hasta dejar exhaustas sus cisternas

con rituales sagrados/

          evocación de gestos

          en canciones cotidianas

Ahí donde el ornamento cobre

dimensiones trascendentes

de potencial simbólico/

          en los tonos de una voz

          en realidades a contra luz

Hace instrumento a compartir

su capacidad de exégesis

y materia de creatividad/

          un modo de conocimiento

          en la explosión de ambos

 

 

*Este texto es parte del libro Amsterdamas, de la Editorial Doble A.

 

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TATUAJE

Por SERGIO MONSALVO C.

TATUAJE (FOTO 1)

 LA VOLUPTUOSA INVESTIDURA

 La poesía cotidiana es un asunto del cuerpo. Es decir, para ser real tiene que afectar al cuerpo. Uno es el sonido que escucha, las sensaciones que percibe, las ideas que penetran por los sentidos. Se trata de una actividad libre del espíritu, acompañada por el sentimiento de la presencia mística de la realidad. Ésta se traduce en imagen para que acceda al plano de la inteligencia, y se llama simbolismo. En él hay la intención personal de recuperar de la poesía ese sello actual de la imagen que corresponde e identifica.

Debido a ello las imágenes son multivalentes. Si el espíritu se vale de ellas para capturar la realidad última de las cosas, es precisamente porque esta realidad se manifiesta de un modo contradictorio y, por consiguiente, no puede expresarse en conceptos. Traducir a la inversa una imagen con una terminología concreta, reduciéndola a uno sólo de sus niveles de referencia, es peor que mutilarla, anularla en cuanto a forma de conocimiento.

La existencia más mediocre está plagada de símbolos. El hombre más realista vive de imágenes. El temor de la inteligencia ante lo desconocido creó no únicamente a los primeros dioses, sino también las primeras formas de hacer arte. Jamás desaparecen los símbolos de la actualidad psíquica, pueden cambiar de aspecto, pero su función es la misma: descubrir nuevas máscaras.

El cuerpo –receptáculo de la poesía en todo ello– se transforma de acuerdo a las voluptuosidades de la fantasía simbólica y un adorno cualquiera le puede agregar elementos sensuales, modificar su atmósfera y resultar sugerente. Nuestros días recitan a Paul Válery: “Olvida ya tus inquietudes;/ cede al placer que te propones;/ que tu sed de transformaciones/ ciña guirnaldas de actitudes/ en torna al Árbol de la Muerte./ No pienses más. Ven sin moverte;/ entremezcla pasos y pausas/ como danza de graves rosas./ Aquí las delicias son causas/ suficientes para las cosas”.

En el tiempo que nos ha tocado vivir, la poesía y su sonido cotidiano se han investido de cuero negro, pantalones de mezclilla rotos con firma de modisto, botas Doc Martens, tenis de diseñador, apariencias transgresivas, hiperrealismo, electrificación del estilo, moda prostibularia, tacones, parafernalia sadomasoquista, refuerzos metálicos y estoperoles, psicodelia retro, colores del arco iris, playeras con emblemas de toda índole, alhajas de fantasía, unisexualismo, toques de punk, grunge, prendas medievales, anarquía y éxtasis.

TATUAJE (FOTO 2)

Pero igualmente lo ha hecho de ocultismo, mística y mitología. Elementos que mitigan los temores, el caos personal, y racionalizan los impulsos. La muerte como entretenimiento, los temores apocalípticos. Incorporación de imaginería religiosa (celta, nórdica, egipcia, cristiana) en profusos ornamentos, maquillaje grueso y negro omnipresente, fetichismo capilar en hombres y mujeres, androginia descaradamente artificial, y sobre todo la marca fugaz o perdurable de la experiencia vital: el tatuaje.

Aunque ahora se le considere un adorno, antiguamente se fijaba por miedo a los desastres, para alejar el mal, alargar la vida, prevenir enfermedades y ayudar a los portadores de estas marcas en el día del Juicio Final. Mitología y religiosidad en sus propósitos.

Los griegos los usaron en honor a sus dioses; tiempo después un número tal de monjes y peregrinos irlandeses a la Tierra Santa regresó con dibujos sagrados en la piel que un concejo eclesiástico prohibió esta práctica en el 787 d.C.; los judíos consideraban a dichos símbolos como la “marca de Caín”. Las mujeres ricas de la alta sociedad europea iniciaron la moda de los tatuajes hacia el fin del siglo XVII, una especie de atrevimiento exótico que duró hasta 1920. En el crepúsculo del siglo XX se volvió a su práctica en diversas clases y hoy su vulgarización es extrema, no existe futbolista que no los porte, por ejemplo.

En general los tatuajes a través de la historia humana han señalado a los marginados de la sociedad. No obstante esta animadversión, su ubicuidad entre el aventurero, la cortesana, el santo y la canalla, el tatuaje en todo momento ha evocado sus asociaciones místicas, mágicas o de religión. Senos, nucas, espaldas, nalgas, bíceps, torsos, tobillos, manos, brazos, son testigos de una manifestación creativa en la rememoranza constante de un conocimiento indeleble del espíritu.

TATUAJE (FOTO 3)

 

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GARAGE/46

Por SERGIO MONSALVO C.

GARAGE 46 (FOTO 1)

 EJEMPLOS EN LA FUGACIDAD

Suecia, uno de los países escandinavos, vuelve a ser importante en el año 2004 para el rock de garage con las aportaciones de dos grupos que se han destacado a lo largo de la década: Mando Diao y The Hives. El quinteto Mando Diao, nombre surgido de una sugerencia onírica tras el poco exitoso Butler, es una banda con gusto por el garage de los sesenta al que le añaden la confitería del pop y el indie actual de aquellos lares.

El ríspido frío procedente de los aires del norte europeo se desvanecen entre las cuerdas de este grupo, considerado en el 2004 como una de las mejores bandas del año. Su primer disco y los subsecuentes aparecen desde entonces en cuatro ediciones distintas: para el continente europeo, otra para el Reino Unido, los Estados Unidos y una especial para el gran número de fans japoneses. Garage melódico sin escatimar fuerza alguna.

The Hives es el otro gran grupo procedente de Suecia. Su lugar de origen es la ciudad de Fagersta e interpretan un garage enriquecido con punk-rock, indie y elementos del alternativo. Desde su formación en la década de los noventa, este quinteto ha destacado por sus enérgicas actuaciones en vivo y por su estética del blanco y negro. Desde el comienzo del siglo aparecen en las listas de todo el mundo.

Al comienzo de su historia The Hives firmaron con un sello tendente al Skate punk, sin embargo pronto mostraron su real orientación e influencias de grupos como The Fleshtones, Rolling Stones, Stooges, Devo, Cramps, Ramones y Sex Pistols, entre otros. Su dinámica, velocidad, energía y cuidada lírica los han mantenido en el gusto popular por más de una década y hay Hives para rato.

GARAGE 46 (FOTO 2)

El 2004 es el tiempo de separación de una de las bandas de garage británicas más influyentes, no sólo en el Reino Unido sino en el rock en general y en los estilos de muchos grupos en el mundo. El núcleo creativo del grupo estuvo formado por Carl Barat (voz y guitarra) y por Pete Doherty (voz y guitarra rítmica). Ambos egresados de escuelas de arte inglesas. Uno con estudios de arte dramático, el otro de literatura inglesa.

El cuarteto de Barat y Doherty se bautizó como The Libertines, nombre tomado de una obra del Marqués de Sade. Lanzaron su primer disco en 2002 y el segundo y último en 2004 con la producción del ex Clash, Mick Jones. Lírica potente y aguda, producto de dos mentes con talento y estudiosas, plena de referencias, lo mismo que la música evocadora de los Kinks, Tha Jam, Oasis, Sex Pistols, Clash, Smiths y The Cure. Egos y los problemas de drogas y legales de Doherty acabaron con el grupo.

A pesar de la fugacidad de Libertines el hipermodernismo del garage mostró del lado británico los fundamentos seminales del futuro.

VIDEO SUGERIDO: The Libertines – Up The Bracket, YouTube (Rough Trade Records)

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GARAGE 46 (REMATE)

“MOANIN’ AT MIDNIGHT”

Por SERGIO MONSALVO C.

MOANIN' AT MIDNIGHT (FOTO 1)

 (HOWLIN’ WOLF)

Ser mordido por una bestia salida de la tumba del cementerio al que su abuelo lo llevó para quitarle el miedo, es sólo una de las tantas experiencias semejantes que Chester Burnette vivió durante su infancia, allá en el Delta del Mississippi, pero también es la historia de cómo adquirió el sobrenombre que lo identificaría ante el mundo: Howlin’ Wolf, así como el talento para la música.

Chester se salvó, gracias a ella, de una muerte prematura y brutal e hizo de la misma (de su compañerismo, de su crudeza o calidez, de su lenguaje para explicar la existencia) una causa humana enfundada en el blues. Como Howlin’ Wolf, su propio vocero, se transformó así poco a poco en el bluesman más electrizante, poderoso, enérgico y profundo que haya vivido.

Dotado, además, de tremendas cualidades físicas (1.90 m de estatura, 120 kilos de peso, amén de ese tipo de voz que le había valido el apodo) siempre puso a éstas de manifiesto en sus extravagantes actuaciones plagadas de piezas que contaban de algún modo las peripecias y tormentos de ser licantrópico (los padecimientos y experiencias de un hombre reconvertido, que le aullaba a la luna para paliar su condición bipolar).

Su historia y narraciones se volvieron modélicas e ilustrativas para las siguientes generaciones de músicos y escuchas, que interpretaron sus canciones, desde entonces, como una forma de brindarse refugio a sí mismos (contra el dolor de la vida y sus vericuetos), por misterioso que ello resultara.

Ejemplo de tal situación es el tema “Moanin’ at Midnight”, contenida en el álbum del mismo título, que quizá sea su mayor decálogo.

Al respecto de esta pieza, grabada en 1951, uno de los más destacados investigadores sobre el blues, Ted Gioia, escribió lo siguiente: “En una época de empalagosas baladas y canciones para bailar, este vibrante himno al trastorno mental difícilmente podría convertirse en un éxito”. Y, tal como lo pronosticó, eso no sucedió.

Sin embargo, con el devenir de las épocas y los estudios sobre el interior de las personas, el tiempo le dio su real medida al músico: por su manera de expresar el sentimiento de la angustia de una manera tan contundente, tal como lo haría también una pintura como “El Grito”, de  Edvard Munch.

MOANIN' AT MIDNIGHT (FOTO 2)

 

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MADELEINE PEYROUX

Por SERGIO MONSALVO C.

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 AROMAS DEL ARTE CALLEJERO

En la actualidad, los trovadores modernos se han vuelto profesionales del canto. Sus estilos van del alt country al folk rock, de la dark americana a la world music, entre otros estilos. En ellos se deposita la poesía que intenta explicar lo cotidiano, mientras que los juglares contemporáneos son los músicos callejeros que repiten los versos de aquellos en toda instrumentación y folklor populares.

El Quartier Latin o Barrio Latino del quinto distrito de París es en la actualidad un lugar privilegiado para saturarse de las interpretaciones de los músicos callejeros procedentes del mundo entero. Su tradición, como se ha visto, tiene imán y data de la Edad Media, de cuando la zona estaba inundada de estudiantes de La Sorbona y por lo tanto tenían una gran influencia en la vida cotidiana de la capital francesa. El canto y otras extravagancias amateurs han sido un espectáculo regular en aquel barrio desde entonces.

Ahí es donde llegó Madeleine Peyroux a los quince años de edad, fugada con su madre de un reciente divorcio y de todo el patetismo que lo rodearon. Era el año de 1989 y había abandonado Nueva York, el sur de California y su natal Athens, en los Estados Unidos, para cambiar de aires y ver el mundo por primera vez.

Y aunque su ciudad también contaba con una larga tradición estudiantil debida a la Universidad de Georgia ubicada en su demarcación, la información oral que había recibido de quienes habían ido a Europa la había interesado en el viaje y ante las circunstancias familiares se decidió a realizarlo.

Ahí descubrió el Barrio Latino y a sus cantantes callejeros. Decidió que eso era lo que quería hacer siempre. Recordó que cuando vivió en Nueva York había conocido a Moondog, un personaje que la había impactado cuando niña, mientras paseaba por sus calles.

(Moondog fue un músico callejero que voluntariamente decidió ser un homeless. Deambuló por las calles de la Urbe de Hierro durante veinte de los treinta años que pasó en la ciudad. Vestía exclusivamente ropa que confeccionaba él mismo basándose en su propia interpretación del dios nórdico Thor, por lo que fue conocido durante años como “el vikingo de la Sexta Avenida”. Se convirtió en uno de los más célebres músicos callejeros de dicha metrópoli, cuya música y el talento no fueron apreciados hasta los últimos años de su vida.)

Una vez cumplida la mayoría de edad, convenció a su madre que partió de regreso a la Unión Americana. Se quedó a vivir en París y eso le cambió la vida.  Y así mientras tomaba clases de francés en el Centro Georges Pompidou, en cuya plaza se reunía una gran variedad de artistas urbanos, se pasaba el resto de las horas viendo sus espectáculos.

El jazz y el blues habían sido las músicas favoritas de Madeleine y sentía a las grandes divas de tales géneros como sus influencias primordiales en el canto (Billie Holiday, Bessie Smith, Ella Fitzgerald…), así que sin meditarlo más se unió, con lo intermitentes que podrían ser, a distintos grupos compuestos de diversas nacionalidades que ahí se juntaban.

En general eran agrupaciones formadas con músicos que practicaban la música callejera para alcanzar mayor perfección en su área frente al público y también con la intención de ganarse la vida de manera temporal con dicho oficio.

MADELEINE (FOTO 2)

 

 

Y con ellas se forjó Madeleine bajo la filosofía de hacerle llegar al público su música, ganarse unas monedas y al mismo tiempo proporcionarle a la gente un momento agradable durante el día, en su ir y venir por la ciudad. Así lo hizo frente al Palacio de Luxemburgo, el Teatro Odeón, el Boulevard St. Michel o La Place St. André des Arts.

Compartió la actividad con gente que lo hacía por hobby, con profesionales que así ensayaban, con viajeros fugaces, con los inmigrantes exiliados por las persecuciones, las guerras y la intolerancia, con los homeless (sin techo) desechados por el sistema.

Pero también con activistas sociales que de esta manera hacían propaganda a sus ideas, con desempleados o lúmpenes o mendigos poseedores de algún instrumento para hacerse de algún dinero para comer. En medio de esto ella cantaba sobre el amor y su búsqueda.

Siempre prefirió realizar dicha actividad en el exterior y no en el Metro. Prefería los espacios abiertos, donde las personas se tomaban el tiempo de escuchar con atención, sin tener que correr para alcanzar un vagón o con el estrés de la aglomeración en horas pico.

Todo el aprendizaje se reflejó en la música y en sus interpretaciones. A la postre quiso ampliar sus horizontes y se unió a la Lost Wandering Blues & Jazz Band con la que realizó viajes por Europa durante varios años.

En ese inter se convirtió en una cantante de excepción, compositora y muy buena ejecutante de la guitarra. Y lo mejor de todo es que se creó un estilo a su medida. Mismo que descubrió la compañía Atlantic Records, por medio de uno de sus rastreadores de talento, la cual la contrató para grabar Dreamland, un debut sorpresivo y venturoso que en 1996 puso en ascuas al mundo sobre ella.

Su estilo está fundamentado en una técnica depurada y seductora en el canto, en un timbre satinado y bello (que se parece al de Billie Holiday, pero hasta ahí la comparación) y una sencillez interpretativa plena de sutilezas y sensualidades.

Con tales elementos no necesitó desgarrarse la voz, ni gritar con histrionismo pretencioso, no. Lo suyo está en la creación del escenario para el sentimiento, para la emoción; en la seguridad para alcanzar ambas cosas con la colaboración del oído atento del escucha.

Éste debe poner todo de su parte en el invite erótico que su canto representa, y un instante antes de caer en la explosión del encuentro consumado darse cuenta del disfrute del que goza y saborear lo que sucederá un segundo después en plena conciencia dentro de la pasión.

Eso es lo que caracteriza la personalidad de Madeleine Peyroux y eso es lo que se brinda en cada uno de sus nueve discos de estudio hasta el momento. Ella ha pasado por el éxito inusitado, con la promoción de la gigante discográfica. Pero también por la limitación de sus libertades (al ser estrella de un sello grande que buscó controlar todos sus quehaceres), lo cual la llevó a la reflexión y a la renuncia de dicha compañía.

Dejó pasar el tiempo para recuperar la libertad creativa (ocho años), pagar su deuda con las independientes (Waking Up Music, con la que publicó Got You On My Mind en el 2004), y con plena madurez aceptar incorporarse al sello Rounder con el productor Larry Klein, quien supo  entender justo lo que necesitaba la Peyroux (con discos como Careless Love, Half Perfect World o Bare Bones, con acompañamientos, orquestación y conjunta elección de los materiales) y luego con el sello Verve en sus siguientes grabaciones, para deplegar su arte en pleno, cual romance de juglar callejero.

VIDEO SUGERIDO: Madeleine Peyroux – I’m All Right, YouTube (nshields)

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THE VACCINES

Por SERGIO MONSALVO C.

VACCINES FOTO 1

 RETORNOS Y SALIDAS

Algunas veces está bien simplemente regresar la banda al garage”, dijo Dave Grohl cuando declaró que los Foo Fighters, al finalizar el 2012, se tomarían un receso tras casi dos décadas de existencia. Lo que el músico hizo no fue más que utilizar una metáfora totalmente rocanrolera que apela a su ontología fundamental: el retorno a la búsqueda de sus principios.

Ciertamente, el objetivo de este espacio no es dicho grupo sino el surgimiento de uno nuevo: The Vaccines. Pero la declaración de aquel músico es sintomática y pertinente con los tiempos que corren: los del tejido interpretativo, más que creativo, y que tienen su hogar en el garage.

El rock de garage al que en esencia pertenece la flamante banda Vaccines, que lanzó su esperado y determinante cuarto álbum (Combat Sports, 2018), se distingue de cualquier otra música a causa de una ideología compartida que atraviesa todas sus divisiones internas y evoluciones cronológicas, la misma que conocen los aventureros desde las épocas mitológicas: la del Ulises viajero cuyo destino siempre será volver a sus orígenes.

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Lo que existe ahora o vaya a existir en el futuro en esta música es inherente a lo ya sucedido desde tiempos consecutivos en aquella mítica cochera, el lugar de la creación (de ideas musicales, movimientos, corrientes y géneros) y del desfogue (para reproducir lo oído, hacer cóvers, piezas originales o demos).

Este género lleva en el candelero más de medio siglo de existencia, con ciclos constantes donde se renueva la plantilla, se mezclan los aprendizajes recientes (técnicos, sonoros y de actitud) y se vuelve a prestar juramento al espíritu del rock and roll a través de manifestaciones como el garage puro sesentero y el post-punk revival de la segunda década del siglo XXI, pasando por el proto-punk, el psycho, el garage underground y demás derivados.

Por lo mismo está más vivo que nunca, con felices descubrimientos arqueológico-musicales (revivals)  o grupos olvidados de un solo hit o de fugaz existencia a los que se les reconocen sus aportaciones, así como con grandes representantes en cada una de sus épocas.

En el rock de garage que interpretan The Vaccines está el germen de la cadena biológica del rock, el que señala su ADN (con alma incluida).

En la actualidad, el género, está en una de sus crestas pinaculares con nombres como Jet, D4, The Retard, The Horrors, Two Door Cinema Club, The Drums, Mona o Surfer Blood (por mencionar unos cuantos), los cuales deconstruyendo sus sonoridades son modelos del hipermodernismo (por sus variados aderezos sonoros de lo más indie, urbanos, eclécticos, con tendencia folk).

Es importante conocer su cosmogonía, su devenir y sus claves, dada la fuerte influencia que ejercen los hacedores de dicha corriente en la música popular en general.

VIDEO SUGERIDO: The Vaccines – Teenage Icon, YouTube (VEVO)

The Vaccines se enfrentaron al difícil reto del segundo álbum con Come of Age y consiguieron, tras su primer trabajo, What Did You Expect from the Vaccines? (2011), y el tercero (English Graffiti, 2015) una atención mayor de la que muchas otras bandas podrían aspirar a recibir en toda su carrera.

Ellos tienen fuertes lazos de sangre con el género. Comenzaron su escucha oyendo a los Strokes y la continuaron con la influencia directa de The Horrors, uno de cuyos miembros, Tom, es hermano mayor de Freddie Cowan, guitarrista de la banda. También participan en ella Justin Young, como compositor, cantante y líder; Pete Robertson en la batería y el islandés Árni Hjörvar en bajo.

Con The Horrors mantienen un feroz antagonismo (como todos los buenos hermanos ingleses), mientras que de los primeros, los Strokes, que al inicio del siglo redefinieron el sonido de la década siguiente, Albert Hammond Jr. (su guitarrista) ya les produjo algún material.

The Vaccines inició su andar (en el 2010) con una gran carga: la BBC los predijo como triunfadores en el comienzo mismo de la segunda década. Y los nombró como la gran esperanza musical británica.

Es un cuarteto londinense que suena a todo lo mejor y reconocible, desde Phil Spector a The Clash y Vampire Weekend (y sus referencias literarias).

Sus temas son cortos, sencillos, directos y pegajosos. Con una clara evolución en el sonido y un salto de los acordes mínimos a otra fase melódica; con infinidad de ganchos vociferables en cualquier lugar y circunstancia; con la debida lírica épica para entablar alianzas tanto en los estadios como en el bar.

Con ellos se tiene la sensación de que han conseguido canciones redondas, tracks eternos, que revitalizan con su vacuna (post-punk revival) la sangre del género, con su buffete de afinidades selectivas: del canto dylanesco a la fuerza mod y brit; de la energía de Blondie a la actitud y el humor ramonescos, la ira stroke…

En fin, mientras otros entran al garage a regenerarse, ellos salen del mismo con la frescura de lo aprendido y el omnipresente espíritu salvaje y primitivo, con todas las ganas de divertir(se) portando el emblema de su nombre.

VIDEO SUGERIDO: The Vaccines – Post Break-Up Sex/ Wreckin’Bar (Glastonbury 2011), YouTube (XDFH12)

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