LIBROS: ARTE-FACTO (XII)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

ARTE-FACTO (XII) PORTADA

 

EL RIZOMA DEL ROCK*

Una de las aportaciones del rock a la cultura ha sido la de conectar a quienes trabajan en toda actividad estética y con ello creado sonidos, canciones o álbumes afines y alianzas artísticas en todo el mundo. Y lo ha hecho ya sea en un disco, en un track en particular o en la escenografía de un concierto. Ha conectado con aquellos que se han pasado la vida resolviendo sus misterios o belleza en alguna de sus formas, dentro de sus disciplinas individuales o conjuntas (humanistas o científicas), ya sea influyéndolos o siendo influido por ellos.

El resultado de tal encuentro ha producido sonoridades capaces de sacar al escucha de sí mismo y conducirlo a diversas dimensiones mentales, reflexiones existenciales o sensaciones en movimiento. Las obras creadas en este sentido son Arte-Factos culturales, aventuras en el microtiempo, las cuales requieren de la entrega a un flujo musical que enlaza una nueva expansión del quehacer humano con la experiencia auditiva en las diferentes décadas, desde mediados del siglo XX hasta el actual fin de la segunda decena del XXI.

El arte es la utopía de la vida. Los músicos rockeros de nuestro tiempo no han cesado en su tarea de acomodar la práctica musical a una búsqueda imparable de tales adecuaciones. La indagación sonora adquiere, en este contexto, un nuevo significado: no es mera búsqueda expresiva, sino persecución de horizontes culturales nuevos para un público en mutación, que exige de lo musical apreciaciones vitales, rizomáticas, en relación con sus exigencias estéticas y vivenciales.

Acompañando tales conceptos he creado las fotografías para que fungieran como ilustraciones en las portadas de los diferentes volúmenes. A éstas las he publicado de manera seriada e independiente bajo el rubro “Arte-Facto” de la categoría “Imago” del blog Con los audífonos puestos.

 

 

 

*Introducción al volumen Arte-Facto (XII), de la Editorial Doble A, cuyo contenido ha sido publicado de manera seriada en el blog Con los audífonos Puestos bajo esa categoría.

 

Arte-Facto (XII)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Textos”

The Netherlands, 2022

 

CONTENIDO

Alejandro Escovedo: El Rock como Patria

Best Coast: La Sencillez del Corazón

Bill Haley: Spanish Twist

Bruce Springsteen: The Boss

Calexico: En Busca del Jinete Errante

Charlie Parker: Bird y el ADN Primigenio

Dayna Kurtz: El Exilio Interior

Dick Dale: Rey de la Guitarra Surf

Eli “Paperboy” Reed: Misionero del Soul

Jim Jones: Una Píldora Antidrepresiva

Exlibris 3 - kopie

LIBROS: ARTE-FACTO (XI)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

ARTE-FACTO (XI) PORTADA

 

EL RIZOMA DEL ROCK*

Una de las aportaciones del rock a la cultura ha sido la de conectar a quienes trabajan en toda actividad estética y con ello creado sonidos, canciones o álbumes afines y alianzas artísticas en todo el mundo. Y lo ha hecho ya sea en un disco, en un track en particular o en la escenografía de un concierto. Ha conectado con aquellos que se han pasado la vida resolviendo sus misterios o belleza en alguna de sus formas, dentro de sus disciplinas individuales o conjuntas (humanistas o científicas), ya sea influyéndolos o siendo influido por ellos.

El resultado de tal encuentro ha producido sonoridades capaces de sacar al escucha de sí mismo y conducirlo a diversas dimensiones mentales, reflexiones existenciales o sensaciones en movimiento. Las obras creadas en este sentido son Arte-Factos culturales, aventuras en el microtiempo, las cuales requieren de la entrega a un flujo musical que enlaza una nueva expansión del quehacer humano con la experiencia auditiva en las diferentes décadas, desde mediados del siglo XX hasta el actual fin de la segunda decena del XXI.

El arte es la utopía de la vida. Los músicos rockeros de nuestro tiempo no han cesado en su tarea de acomodar la práctica musical a una búsqueda imparable de tales adecuaciones. La indagación sonora adquiere, en este contexto, un nuevo significado: no es mera búsqueda expresiva, sino persecución de horizontes culturales nuevos para un público en mutación, que exige de lo musical apreciaciones vitales, rizomáticas, en relación con sus exigencias estéticas y vivenciales.

Acompañando tales conceptos he creado las fotografías para que fungieran como ilustraciones en las portadas de los diferentes volúmenes. A éstas las he publicado de manera seriada e independiente bajo el rubro “Arte-Facto” de la categoría “Imago” del blog Con los audífonos puestos.

 

 

*Introducción al volumen Arte-Facto (XI), de la Editorial Doble A, cuyo contenido ha sido publicado de manera seriada en el blog Con los audífonos Puestos bajo esa categoría.

 

 

Arte-Facto (XI)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Textos”

The Netherlands, 2022

 

CONTENIDO

 

Illumenium: La Vigencia de lo Oculto

Janelle Monae: El Compromiso

Jimi Hendrix: Both Sides of the Sky

Justin Townes-Earl: Ausencias y Presencias

Lo Contempor{aneo: ¿Hay Alguien Ahí?

Muso: Kraut-Rap de Altura

Niels Peter Molvaer: El Pulso Dub

The Raconteurs: El Yunque Narrador

Rammstein: Fuego con Fuego

Samaris: El Arte Como Solución

 

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ARTE-FACTO: BEIRUT

Por SERGIO MONSALVO C.

BEIRUT (FOTO 1)

VIENTOS DE MELANCOLÍA

 

Zach Condon era, en ese momento, un veinteañero multiinstrumentista (nacido en Nuevo México en 1986) que había terminado sus estudios de bachillerato en un instituto de su estado natal y, ante la perspectiva de unas largas vacaciones por delante antes de entrar a la universidad, decidió lanzarse con rumbo a Europa para ampliarse el horizonte, tanto culturalmente como para reflexionar sobre sus expectativas a futuro.

Condon estaba involucrado hasta las cachas con la rítmica de su época. Como quinceañero había realizado ya grabaciones caseras de música electrónica lo-fi con el nombre de Real People (las que en el futuro se conocerían como The Joys of Losing Weights). Sin embargo, dichas cintas no habían visto aún la luz, lo mismo que otras con aires de doo-wop que retomaban su admiración por el malogrado cantante Frankie Lymon y su grupo The Teenagers.

En semejante situación estaba también el EP Small Time American Bats con el misterioso apelativo de “1971”, que permanecería oculto a la espera de su momento.

Zach era un adolescente inquieto y con gustos intelectuales, así que eligió París para permanecer el mayor tiempo de aquellas vacaciones.

En sus andanzas callejeras descubrió a las bandas musicales de inmigrantes balcánicos que tocan durante el verano en las plazas de aquella capital (y del resto del continente). Los sonidos de los oboes, las mandolinas, los acordeones y los instrumentos de viento (trompas, tubas, trombones, etc.) lo impactaron.

Al regresar a la Unión Americana quiso plasmar musicalmente –disciplina artística por la que optó– lo que ya le daba vueltas en la cabeza y pugnaba por salir: todas aquellas influencias de la Boban Markovic Orchestra o de Goran Bregovic, entre otras.

Quería fundir el folklore del sudeste europeo (de los valses a las marchas balcánicas festivas o funerarias), matizado con sonidos agitanados y la pianola, y combinarlo con la canción contemporánea y melancólicas baladas del occidente norteamericano.

Era otro beat de la globalización el que buscaba plasmar. Argumentar con sonidos distintos y palabras familiares las emociones, melodías y ritmos que rebosaban sentimiento en su particular sensibilidad.

El resultado de su trabajo con tal combinación se llamó Gulag Orkestar, un disco del 2006 que marcó el debut de Zach Condon con el nombre de  Beirut.

BEIRUT (FOTO 2)

 

La infame leyenda de los “gulags” soviéticos y sus “campos correctivos de trabajo” le sirvió de leitmotiv, al igual que las fotografías de Sergey Chilikov. Esta obra lo dio a conocer a nivel mundial por su originalidad conceptual y sencillez compositiva.

Para la realización del álbum Condon tocó diversos instrumentos en un estudio de Albuquerque, acompañado de músicos de distintas agrupaciones como Neutral Milk Hotel o A Hawk and a Hacksaw (representantes del indie rock y psych folk), a los que convocó para apoyarlo en su proyecto.

A la postre se embarcó en una larguísima gira con otros músicos (los que participaron en el disco ya tenían compromisos con sus respectivas bandas), durante la cual tuvo que ser hospitalizado por fatiga extrema debida a su hiperactividad.

VIDEO SUGERIDO: Beirut – Gulag Orkestar (Live), YouTube (orchardmusic)

En el ínterin la compañía discográfica 4AD reeditó el álbum agregándole las piezas de un anterior EP de Condon titulado Lon Gisland (que ya había publicado en Europa) y que coincidían con el techno pop del tema “Scenic World” del álbum.

En el 2007, Condon regresó curado de sus males. ¿Y de qué manera lo hizo?: con trabajo, ¿qué más? Publicó The Flying Club Cup, su segunda obra, con arreglos de cuerdas a cargo del canadiense Owen Pallett (el compositor, violinista, tecladista, vocalista y miembro único de Final Fantasy, un proyecto individual de pop barroco y música experimental).

En él, Zach trató de evocar el ambiente de diferentes ciudades francesas en una especie de colección de tarjetas postales musicalizadas. A su new folk le agregó el toque de Jacques Brel y de la chanson francesa.

Entraron también en escena los violines, los saxofones y las percusiones, “para lograr la sensación de esperanzadora grandiosidad que su música evoca”, según la crítica. Asimismo, los videos publicados en su página Web reafirmaron la calidez, la sutileza y el cuidado que este conglomerado musical circulante emana.

En esta etapa fue cuando el cineasta estadounidense Cary Fukunaga lo contactó para que le hiciera el soundtrack de la película titulada Sin Nombre, con la cual haría su debut.

El director cinematográfico quería una musicalización semejante a la de Gulag Orkester para su drama migratorio (de personas de Centroamérica rumbo a la Unión Americana vía México), pero Condon ya andaba en otra sintonía y rechazó el trabajo.

A cambio se metió en el proyecto de un nuevo álbum con Beirut, el cual sería grabado bajo su propio sello Pompeii Records, y que finalmente representaría la amalgama de dos EP’s. Uno, la exposición de su aventura sonora por el Istmo mexicano; y, el otro, la de la propuesta del lejano adolescente que busca su identidad musical. Una arriesgada amalgama de la ubicuidad.

Esta última se llamó Holland y fue grabada bajo el nombre de Realpeople, un trabajo del joven precoz producido totalmente en casa. A los 15 años y como fan del pop de sintetizadores, Condon construyó dicha grabación con más de una veintena de tracks (aglutinados en un secretísimo disco llamado The Joys of Losing Weights, el inédito como tal), de los cuales tomó cinco para integrarlos al nuevo lanzamiento.

Con este EP el músico reveló un aspecto más de su personalidad musical (el del doo-wop había sido otro): la huella de los años ochenta en el apogeo de una house party con beats de computadora a la usanza de la vieja escuela. Material al que no tenía acostumbrado a su público.

Como sí lo estaba con el del otro EP titulado March of the Zapotec. Para ello había viajado a México, a Oaxaca para ser preciso, y nutrido su concepto con los instrumentos de viento empleados por la Banda Jiménez de Teotitlán del Valle, de aquel estado mexicano.

Los metales macizos de este grupo folclórico, integrado por artesanos tejedores del lugar, se embarcaron en una excursión con el joven estadounidense y sus colaboradores (entre los que se incluye a Chris Taylor de la afamada agrupación indie Grizzly Bear) hacia un territorio musical más conocido (el beat de los instrumentos de viento). Sin embargo, la novedad estuvo en los detalles.

El disco comienza con una marcha fúnebre y la banda mexicana le agregó el significativo toque de Pathos a la orquesta Beirut, para luego dejar participar en su celebración al ukulele, las trompetas, el acordeón, las cuerdas, las percusiones y la elegante melodía vocal.

Una propuesta sonora amerindia, plena de vientos centenarios, para acompañar el reconocido sentimiento melancólico de Zach Condon, alias Beirut, quien ha seguido publicando álbumes como The Rip Tide (2011), No No No (2015) y Gallipoli (2019).

VIDEO SUGERIDO: Beirut – Nantes (live in the streets of Paris), YouTube (luderpinguin)

BEIRUT (FOTO 3)

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LIBROS: ARTE-FACTO (X)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

ARTE-FACTO (X) PORTADA

 

EL RIZOMA DEL ROCK*

Una de las aportaciones del rock a la cultura ha sido la de conectar a quienes trabajan en toda actividad estética y con ello creado sonidos, canciones o álbumes afines y alianzas artísticas en todo el mundo. Y lo ha hecho ya sea en un disco, en un track en particular o en la escenografía de un concierto. Ha conectado con aquellos que se han pasado la vida resolviendo sus misterios o belleza en alguna de sus formas, dentro de sus disciplinas individuales o conjuntas (humanistas o científicas), ya sea influyéndolos o siendo influido por ellos.

El resultado de tal encuentro ha producido sonoridades capaces de sacar al escucha de sí mismo y conducirlo a diversas dimensiones mentales, reflexiones existenciales o sensaciones en movimiento. Las obras creadas en este sentido son Arte-Factos culturales, aventuras en el microtiempo, las cuales requieren de la entrega a un flujo musical que enlaza una nueva expansión del quehacer humano con la experiencia auditiva en las diferentes décadas, desde mediados del siglo XX hasta el actual fin de la segunda decena del XXI.

El arte es la utopía de la vida. Los músicos rockeros de nuestro tiempo no han cesado en su tarea de acomodar la práctica musical a una búsqueda imparable de tales adecuaciones. La indagación sonora adquiere, en este contexto, un nuevo significado: no es mera búsqueda expresiva, sino persecución de horizontes culturales nuevos para un público en mutación, que exige de lo musical apreciaciones vitales, rizomáticas, en relación con sus exigencias estéticas y vivenciales.

Acompañando tales conceptos he creado las fotografías para que fungieran como ilustraciones en las portadas de los diferentes volúmenes. A éstas las he publicado de manera seriada e independiente bajo el rubro “Arte-Facto” de la categoría “Imago” del blog Con los audífonos puestos.

 

 

*Introducción al volumen Arte-Facto (X), de la Editorial Doble A, cuyo contenido ha sido publicado de manera seriada en el blog Con los audífonos Puestos bajo esa categoría.

 

 

Arte-Facto (X)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Textos”

The Netherlands, 2022

 

CONTENIDO

 

Emiliana Torrini: Seducción Por El Misterio

Sharon Van Etten: En el Espejo de la Intensidad

Superorganism: La Brújula de Juguete

The Black Keys: Let’s Rock

The Vaccines: Combat Sports

Ty Segall: El Rock y La Guitarra

Uzeda: Quocumque Jeceris Stabit

Vampire Weekend: The Father of The Bright

Vintage Trouble: El Ayer como Herramienta

Young Fathers: La Mira Escocesa

 

Exlibris 3 - kopie

LIBROS: ARTE-FACTO (IX)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

ARTE-FACTO (IX) PORTADA

 

EL RIZOMA DEL ROCK*

Una de las aportaciones del rock a la cultura ha sido la de conectar a quienes trabajan en toda actividad estética y con ello creado sonidos, canciones o álbumes afines y alianzas artísticas en todo el mundo. Y lo ha hecho ya sea en un disco, en un track en particular o en la escenografía de un concierto. Ha conectado con aquellos que se han pasado la vida resolviendo sus misterios o belleza en alguna de sus formas, dentro de sus disciplinas individuales o conjuntas (humanistas o científicas), ya sea influyéndolos o siendo influido por ellos.

El resultado de tal encuentro ha producido sonoridades capaces de sacar al escucha de sí mismo y conducirlo a diversas dimensiones mentales, reflexiones existenciales o sensaciones en movimiento. Las obras creadas en este sentido son Arte-Factos culturales, aventuras en el microtiempo, las cuales requieren de la entrega a un flujo musical que enlaza una nueva expansión del quehacer humano con la experiencia auditiva en las diferentes décadas, desde mediados del siglo XX hasta el actual fin de la segunda decena del XXI.

El arte es la utopía de la vida. Los músicos rockeros de nuestro tiempo no han cesado en su tarea de acomodar la práctica musical a una búsqueda imparable de tales adecuaciones. La indagación sonora adquiere, en este contexto, un nuevo significado: no es mera búsqueda expresiva, sino persecución de horizontes culturales nuevos para un público en mutación, que exige de lo musical apreciaciones vitales, rizomáticas, en relación con sus exigencias estéticas y vivenciales.

Acompañando tales conceptos he creado las fotografías para que fungieran como ilustraciones en las portadas de los diferentes volúmenes. A éstas las he publicado de manera seriada e independiente bajo el rubro “Arte-Facto” de la categoría “Imago” del blog Con los audífonos puestos.

 

 

*Introducción al volumen Arte-Facto (IX), de la Editorial Doble A, cuyo contenido ha sido publicado de manera seriada en el blog Con los audífonos Puestos bajo esa categoría.

 

 

Arte-Facto (IX)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Textos”

The Netherlands, 2022

 

CONTENIDO

 

Agnes Obel: Myopia

Alabama Shakes: Exitosa Ubicuidad

Chk! Chk! Chk!: Distintas Voces

Courtney Barnett: Consentir la Esencia

D’Angelo: Cuentas Claras y el Beat Espeso

Eels: The Deconstruction

E Finito Il Sessantotto?: Evocación de la Revuelta

Frightened Rabbit: Destino Fatal

Horace X: Electrizar lo Cosmopolita

Iggy Pop: Free

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ARTE-FACTO: EL BEAT OTOMANO

Por SERGIO MONSALVO C.

ESTAMBUL (FOTO 1)

 

 La hipermodernidad se caracteriza por el desprendimiento de bultos pesados (y pasados) y por su ligero vuelo hacia ningún lugar y hacia todos, gracias a la comunicación contemporánea: veloz y cambiante, amplia e incluyente. De tal viaje por su espacio se infieren, por lo tanto, dos cosas: el vértigo producido por la ignorancia o la curiosidad por los nuevos enfoques.

Del vértigo se deriva el mareo, el miedo y la exclusión; de la curiosidad, el conocimiento que puede iluminar futuros inciertos. Cada individuo y cada sociedad opta hoy por cual experiencia escoger. El tiempo, eso sí, no espera por nadie.

El mundo de la música conectado a la tecnología es un boleto de primera clase hacia cualquier lugar. Hoy, gracias a esta combinación, los DJ’s, mezcladores, músicos y productores nos acercan de un modo muy diverso a cualquier parte del planeta: a Turquía, por ejemplo.

Un país deseado por el globo terráqueo desde siempre debido a su ubicación como bisagra entre dos hemisferios. Así comenzó su andanza la metrópoli llamada Bizancio con el dominio de los griegos (667 a C.)

Luego los romanos la tomaron bajo su control y la denominaron Constantinopla (330 d C.)

En 1453, los turcos nómadas procedentes de Asia Central se adueñaron con la velocidad del relámpago de esta Capital del Imperio Romano de Oriente.

Estas huestes otomanas, con el sultán Mehmet II al frente, conquistaron el corazón del imperio: Constantinopla. Fue tal el efecto y la conmoción que esto causó que con ello la historia en general cambió de era. Fue el fin de la Edad Media.

Tal ciudad —tan cruel como tolerante, tan pugnaz en la batalla como voluptuosa en el café, el baño y la cama— fue vista por medio mundo desde entonces con temor y fascinación.

Por sus páginas legendarias caminaron Solimán el Magnífico y los demás sultanes, y con ellos, los otros habitantes de tan fabuloso territorio: princesas y odaliscas, mercaderes y cocineros, los guardias de los baños y los cónsules, los contadores de cuentos y los verdugos. Pero también esa sexualidad otomana que tanto atraía y repelía a la Europa cristiana durante el medioevo.

Regida por la dinastía turca de los otomanos, Constantinopla fue durante más de cuatro siglos la capital cosmopolita de un gran imperio. Ahí trabajaban, oraban y amaban gente de religión judía, cristiana y musulmana, y todos encontraban su acomodo.

Fue una capital de civilizaciones plurales y complejas. En Constantinopla, Oriente y Occidente pudieron vivir juntos. Esa fue la clave de su historia, y asimismo la razón de ser de su porvenir como Estambul (como se llamó a la postre, en 1922, y como hoy se le conoce debido a los otomanos).

Musulmana y secular, asiática y europea, tradicional y moderna, Estambul –que no es la capital de Turquía, aunque juega un papel más protagónico que la que sí es: Ankara–, es actualmente, como lo fue durante su pasado, la encrucijada del mundo.

VIDEO SUGERIDO: Fairuz Derin Bulut – Aci Gerçekler (Video Klip), YouTube (terbet)

Hoy, esa urbe, demanda junto al país su adhesión a la Unión Europea, en su histórico andar hacia el Occidente. Esa petición ha sido un gran paso hacia ello (pero el otorgamiento incluye la democratización completa del país, el laicismo gubernamental, la libertad religiosa, así como la política, los derechos civiles y respeto a las minorías. Condiciones que su actual dirigente, un dictadorzuelo capaz hasta de un fingir un golpe de Estado, aliarse con las fuerzas más retrógradas del país y otros desbarres  flagrantes, no lo ha permitido. En ese estira y afloje incluso entró en conflicto con la Unión Europea y con la Otan, después, y las consecuencias serán de pronóstico reservado). El futuro aún es incierto.

ESTAMBUL (FOTO 2)

Sin embargo, la música sí ha hecho lo suyo en tal sentido (modernizar al territorio) y la tecnología ha tenido mucho que ver. El World beat, el dance, el techno, el e-jazz, el downtempo, la World music, el easy-listening, el pop, el avant-garde, la música global, entre otros estilos e instrumentos entremezclados, se dan cita en un momento histórico de cambios radicales.

La construcción de sus antologías musicales en este sentido, para que el mundo los conozca, ha creado álbumes que hablan de mezclas, acercamientos y fusiones más que definitivas.

Dichas antologías han sido un indicador necesario para aventurarse a través de los emocionantes sonidos del underground turco.

Han sido realizadas por compañías disqueras como Trikon, Putumayo, A Guide Rough o Nascente, entre otras, asentadas lo mismo en Estambul que en Münich, Londres o Tokio. Todas se hicieron de fama en los últimos años debido a las múltiples y sobresalientes compilaciones en torno a los temas más diversos.

Bajo la competente directriz en la diáspora de diversos DJ’s, mezcladores, etnomusicólogos o productores como Jane Ipek Ipekcioglu (descendiente de emigrantes allende el Bósforo y la cual es la tornamesista de casa del club Geayhane de Berlín) o DJ Kambo (estrella de los clubes londinenses), han salido estos atingentes e ilustrativos compilados del subterráneo beat turco, terreno casi desconocido en muchas latitudes occidentales.

La variedad sonora que lleva implícita toda esa obra deshace por completo cualquier cliché al respecto. No es posible asignarle a los múltiples tracks que componen la selección un marco común, pues para ello son demasiado diferentes las atmósferas, los tonos y los ritmos. Lo que nos habla finalmente de un espacio cultural que ha contenido al mundo y que ahora quiere que el mundo lo contenga a él.

El entretejido y entretenido viaje por tal geografía y deseos puede comenzar con el encuentro de productores franceses, ingleses, alemanes o italianos que graban y mezclan a su manera las sonoridades locales (que evocan fábulas y cuentos). Lo cual señala determinantemente que el mundo ya es global de manera irreversible. Una combinación que en este caso se puede mover muy acertadamente entre el dub y el canto arábigo, por ejemplo.

Rumbo distinto lo emprende “Heybénin” de Silvan Perwer, que se fundamenta en una danza tradicional del sureste de Anatolia; así como “Ciftelli” de Cay Taylan, en la cual se aprovechan a la perfección las posibilidades de modulación electrónica de los sonidos tradicionales.

Y así, de esta manera, se suceden los experimentos musicales uno tras otro, desde los sonidos inspirados en el reggae de Ayhan Sicimoglu, hasta las excursiones rockeras de los Replikas con “Ömur Sayaci”, uno de los tantos velos de esta música á la turque.

Los mil caminos, la inestabilidad, la fugacidad o la pérdida de un centro único, el extravío de identidades que nunca lo fueron y nunca lo serán, porque no lo han sido salvo como pasto de demagogias e intereses nacionalistas (ese concepto maldito), se enfrentan a la velocidad de los cambios, a la fragmentación del espacio y el tiempo, a las muchas eras conviviendo en una sola. Cualquiera de estas condicionantes o todas ellas a la vez pueblan el planeta de hoy y sus contenidos como la economía, la política, la religión y sus falsedades, la ciencia o el arte.

Es lo que se llama La cultura global. Porque ésta, ha dejado de ser un reflejo del mundo y es hoy el ambiente mismo que lo constituye y lo hace evolucionar.

La cultura global es como arena que vuela y se filtra por mil resquicios y genera un producto difícil de perfilar. Turquía y su ciudad Estambul son un gran ejemplo de ello. La nueva personalidad del orbe ante la reacción obtusa de lo regresivo y tradicional. La mesa está servida.

VIDEO SUGERIDO: DAYAN (Replikas), YouTube (muyap)

ESTAMBUL (FOTO 3)

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ARTE-FACTO: MADRUGADA

Por SERGIO MONSALVO C.

 

MADRUGADA (FOTO 1)

 

Es de madrugada cuando vaga el espíritu en la vigilia del sueño. El término viene de lejos en el tiempo, de las épocas primigenias del género humano, en que tras el bullicio diurno o vespertino se dedicaba al hecho de pensarse, por el acto mismo del entendimiento. Relajados o inquietos los sentidos. Rodeados de naturaleza se afanaban los hombres en la construcción de la conciencia.

 

Así nacieron los cuentos, las fábulas, las narraciones orales, las mitologías, la forma de relacionarse con todo aquello que los rodeaba. Fue un tiempo de magia y encantamiento, de dioses y héroes, de criaturas extrañas y creencia animistas. Así lo fue en cada región de la Tierra. Y de alguna manera la explicación del mundo y de estar en él continúa dándose de madrugada.

 

En el norte de Noruega, ya dentro del Círculo Polar, la madrugada es de una oscuridad silenciosa y azul, el frío es como un cristal y ni los Trolls –sus habitantes míticos más antiguos– se atreven a moverse para no romper el momento.

 

El agua está en calma y parece como si en el mundo no existiera más que la naturaleza y toda la ansiedad que ésta pudiera desatar en los estados anímicos de los que velan por la aparición de alguien en aquellos fiordos sin tiempo.

 

En la orilla de tal espectáculo nocturno existe un pueblo al que han dado en llamar Stokmarknes, ubicado en una de las tantas islas de ese archipiélago nórdico. Tiene una población de tres mil habitantes y la consigna de vigilar la entrada a los fiordos más bellos de la de por sí bella Noruega.

 

Todo es férrico en este lugar, incluyendo el espíritu anochecido de sus habitantes. En un territorio plagado de leyendas y de combates sordos por su supremacía.

 

La poesía es una costumbre añeja en esta zona del mundo. Primero los bardos vikingos se encargaron de hablar de sus gestas, montañas y ríos; de sus descubrimientos y de las deidades y demonios que lo poblaban todo.

 

Durante el periodo romántico, de mediados del siglo XIX, la literatura inflamó el sentimiento por recuperar todo aquello, de unir los periodos culturales del país. Intentaron la creación de un idioma propio (hasta ese momento su lengua había correspondido a su dependencia de Islandia, Dinamarca y Suecia, en diversos momentos de su historia).

 

Expresión típica de esta época son las primeras colecciones de cuentos populares noruegos (Norsk folkeeventyr), realizadas por los escritores Peter Christen Asbjornsen y Jørgen E. Moe, así como las antologías de poesía y música folklóricas de Magnus B. Landstad.

 

MADRUGADA (FOTO 2)

 

A partir de entonces, la poesía la han practicado los ancianos poseedores de los cánones y los niños, con su recitación de los cuentos fantásticos. Sin embargo, hoy la voz cantante la tienen los jóvenes. Éstos tienen ante sí la dura consigna de hacerse un lugar no sólo entre los extremos de la música que aflora por territorio noruego (el tenebroso black metal y el pop rock de A-ha) sino en un mundo globalizado.

 

Además de dicho handicap, los jóvenes integrantes de Madrugada, oriundos de Stokmarknes, quisieron hacer épica, como la hicieron sus célebres coterráneos Ibsen, Munch, Grieg o Hamsun, en sus respectivas disciplinas. Así que fueron varios poetas (Sirvert Hoyem y Øystein Wingard Wolf) quienes los surtieron de material para que salieran a contar sus historias.

 

Y como Madrugada, con ese concepto del tiempo, el espacio fantasioso y la imaginería, recorrieron los continentes con un habla común que todos pudieran entender (el inglés).

 

VIDEO SUGERIDO: Madrugada – Beauty Proof, YouTube (gabilaro)

 

Propagaron su poesía intimista plagada de dudas existenciales y la convivencia con seres tan cercanos como ficticios, tan fascinantes como terribles y diabólicos, un mundo de luces singulares y sombras ontológicas. Como si el ser humano actual, en soledad, se enfrentara por primera vez a la naturaleza, el cosmos y a quienes los gobiernan.

 

El grupo se formó en aquel pueblo en la década de los noventa con amigos de la infancia como Sirvert Hoyem (en la voz y composición), Frode Jacobsen (bajo) y Robert Buras (guitarra, voz y arreglos). A ellos se agregaron varios bateristas, que fueron cambiando con el paso de los años, y el guitarrista de acompañamiento Cato Thomassen.

 

Con letras muy trabajadas, plenas de imágenes oníricas, metáforas existenciales, nostalgias amorosas, una atemorizante zoología y un rock atmosférico que se movía entre el dark progresivo y lo alterno lanzaron su primer álbum en 1999.

 

Para estar cerca de la acción y de los modernos estudios de grabación se trasladaron a Oslo, donde rápidamente se rodearon de la bohemia literaria y teatral. Afinaron su sonido y sus miras artísticas.

 

Su música se caracterizó desde entonces por un tono de desolación y oscura melancolía. Tal como los paisajes de su tierra lejana. El romanticismo de su estilo tuvo buena recepción y el siglo XXI los recibió con los brazos abiertos.

 

El sonido de Madrugada evitó los recursos habituales del dark wave, tales como la música fantasmagórica con muchos efectos y distorsiones digitales. El suyo se fundamentó en lo musical con una importante base de guitarras tanto eléctricas como acústicas o el piano, en sus álbumes más sofisticados. Sus letras, como ya mencioné, cuidadas en extremo y por ello se les suele comparar con Nick Cave o los Tindersticks.

 

MADRUGADA (FOTO 3)

 

Consolidada su carrera como grupo varios miembros del mismo concretaron, a su vez, algunos proyectos como solistas o con formaciones paralelas, para dar salida a materiales con expresiones particulares diferentes a las manejadas en Madrugada

 

El cantante Sivert Hoyem hizo un disco con otra parte de sus poemas, titulado Exiles, mientras que el guitarrista Robert Buras creó la banda My Midnight Creeps, de rock duro. No obstante, este último se encontraba al final de una gira con dicha banda cuando uno de los deportes más populares del país le pasó la factura: el suicidio. Esto ocurrió el 12 de julio del 2007, en Oslo.

 

Al morir Buras estaba por producirse el siguiente álbum de Madrugada. Tenían los materiales grabados por éste, pero la banda se cuestionó seriamente continuar como tal dada la cercanía familiar entre sus miembros.

 

El golpe había sido brutal e inesperado. A pesar de ello su productor logró convencerlos y entraron al estudio para grabar en su honor el siguiente disco de nombre homónimo: Madrugada, el sexto. Hicieron una atormentada gira con dicho contenido y luego, tras un par de años lanzaron The Best of Madrugada (2010), pero aún continuaba la incógnita sobre un próximo retorno, el cual finalmente se realizó en el 2022 con Chimes at Midnight.

 

De cualquier manera sus palabras aún reverberan: “Que no te engañe la mirada ni el corazón se exceda/ al robarte la memoria de la sangre./ Frente a ti yace el mar./ Sólido y rotundo como antaño fuera sobre el fuego de la tierra./ Pero este mar llora en la ladera del tiempo/ y su frialdad no cede ante nuestras voces/ huellas de asfalto y carretera./ Que no te engañen tus ojos rociados por sales de plata./ Esta quietud soberbia/ imita la negrura de las olas y a ellas acuden/ fugitivos de la noche eterna,/ su hielo y su misterio.

 

VIDEO SUGERIDO: Madrugada – Blood Shot Adult Commitment, YouTube (MoreTen)

 

 

MADRUGADA (FOTO 4)

 

 

 

 

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ARTE-FACTO: EMMANUEL JAL

Por SERGIO MONSALVO C.

 

RAP-SODA DEL KUSH

 

En un mundo ya de por sí conflictivo, hay países que se caracterizan por serlo aún más. El Sudán es uno de ellos. Este territorio norafricano, rodeado de fronteras y el más grande de dicho continente, se ha distinguido desde su independencia de Inglaterra a mediados del siglo XX por un perenne estado bélico.

Las confrontaciones políticas y religiosas lo han enfrentado consigo mismo por varias generaciones. Si en la antigüedad fueron los egipcios y esclavistas su principal azote, luego lo serían los ingleses y finalmente el comunismo, el anticomunismo, los golpes de Estado, las dictaduras y una contienda civil interminable y brutal entre el Norte (islamista) y el Sur (cristiano y animista).

Es una nación dividida cuyos fundamentos parecen ser las masacres, las crisis económicas, las sequías y el éxodo de su famélica gente debido a la miseria y la implantación de la sharia o ley musulmana que prohibe un sinnúmero de cosas, entre ellas la música.

Es decir, nada que evoque aquel pasado mágico y faraónico construido por el imperio kush que permeó los primeros tiempos de esta tierra otrora próspera cuyos afluentes eran (y son) los legendarios ríos Rojo y Nilo, con una rica mitología, una lengua y escritura propias y la omnipresencia del Sahara.

Como pueblo comerciante importó formas de cultura tanto de los romanos y griegos como de los egipcios. A través de su extenso territorio viajaban los griots llevando las noticias y comentarios sobre todo lo que acontecía. Eran los hombres encargados de trasmitir las tradiciones, los cambios y las experiencias mediante la oralidad y la música.

Para las civilizaciones de la costa atlántica y del norte africano, la responsabilidad del griot consistía en recrear y renovar los recuerdos y las emociones de las generaciones pasadas con respecto de las presentes. Se reconocían como los mejores a aquellos que tenían el don de escuchar con atención y reproducir hábilmente el sentir popular.

En la actualidad, en el Sudán, uno de los más noveles y cercanos es Emmanuel Jal, cuya historia resulta ejemplar de lo acontecido por esos lares. Nació en el villorio Tong alrededor de 1980. Su madre murió mientras era niño y su padre también, en las filas del ejército rebelde.

Solo y abandonado intentó huir de la violencia que azotaba al país hacia Etiopía, como muchos otros infantes (los llamados Lost Boys). No obstante, en el viaje fue atrapado por la milicia sureña y reclutado para engrosar al Ejército Popular de Liberación del Sudán (SPLA en sus siglas en inglés, el cual se levantó contra el gobierno nacional que, entre otras medidas, quería imponer la ley islámica en todo el país).

Lo que en un principio parecía ser un viaje hacia algún instituto educativo –como habían dicho los oficiales ante los medios de comunicación– acabó siendo el camino que lo llevó a la trinchera. A partir de los 7 años se convirtió en uno más de los 10.000 niños soldados que sirvieron en ambos frentes a lo largo de dos décadas de guerra civil. Por casi cinco años fue un niño guerrero, cargando un fusil AK-47 que era más alto que él.

Fue entrenado en campos escondidos lejos de las miradas de las organizaciones internacionales de derechos humanos y participó en combates antes de los ocho años. Fue un niño soldado durante un lustro, en el que recorrió cientos de peligrosos kilómetros a lo largo del Nilo.

Fueron años sangrientos en los que vivió y padeció todo tipo de situaciones. Desde crueles castigos por desobedecer órdenes de sus superiores, pasando por la matanza y carnicería del enemigo: «Vimos la guerra. Vimos asesinatos. Vimos la muerte todos los días”, dijo a la postre.

En dicho ejército la deserción se pagaba (y se paga) con la muerte. Y así como su condición de niño no había sido excusa para eludir el frente de batalla, tampoco serviría de atenuante en ningún otro caso.

Sin embargo, a Emmanuel Jal ni siquiera el temor a esa amenaza de muerte logró hacerlo desistir de la travesía para buscar refugio, y ayuda para su situación, en el campamento humanitario de Waat, al este de Sudán, junto con otros niños, adolescentes y jóvenes.

Ellos calculaban que les llevaría unos treinta días llegar hasta allí y partieron de noche, con las provisiones necesarias para ese tiempo de viaje. Pero tardaron tres meses. Partieron trescientos. Llegaron apenas doce. Emmanuel estaba entre ellos. Vivió para contarlo. Y hoy vive para cantarlo.

Entre otras luchas tuvo la de no sucumbir a la tentación del canibalismo durante su viaje hacia el campo de refugiados. «Esa fue la parte más oscura de mi vida. Estaba hambriento y estuve a punto de comerme a mi propio amigo, que estaba herido. Recuerdo que yo le sostenía la mano mientras pensaba: ‘te voy a comer en cuanto mueras’. Pero entonces recordé que mi madre siempre decía que había que ser paciente y tener esperanza. A la mañana siguiente pudimos cazar un ave y comerla».

 

La participación de niños en conflictos armados es una realidad que muchas veces pasa desapercibida para la opinión pública internacional. Lo cierto es que miles de niños son reclutados por ejércitos regulares y por grupos paramilitares, guerrilleros o narcotraficantes para la lucha armada.

En el caso del continente africano, escenario de conflictos bélicos internos, los niños son utilizados como soldados. En su mayoría son menores de 15 años y existen datos que indican que también son reclutados de hasta 7 y 8 años, como el caso que nos ocupa, violando de esta manera lo establecido por los organismos internacionales que intervienen en cuestiones de derechos humanos.

Las tareas a los que son sometidos son muy variadas: como soldados adoctrinados, carga de armamento, municiones y víveres, guardaespaldas de los superiores, entre otras cosas, y lo que es peor aún de «avanzada» para detectar campos minados y así evitar la mutilación o muerte de un soldado más «útil».

VIDEO SUGERIDO: Emmanuel Jal – Warchild, YouTube (giantstepnyc)

No sólo los varones son obligados a integrarse a estos grupos, las niñas generalmente son utilizadas como «esclavas sexuales» y sometidas a abusos y vejaciones de todo tipo. Para Amnistía Internacional, la razón por la cual se recluta a niños es por considerarlos «baratos y
prescindibles», además de ofrecer una obediencia incondicional.

La mecánica que siguen estos grupos armados habitualmente es la del secuestro. Éste se lleva a cabo en escuelas, orfanatos, centros de refugiados y barrios marginales, en forma abierta y deliberada. Luego, son enviados a campos de instrucción en donde los entrenan en tácticas de guerra, y después de un corto tiempo ya son puestos en el frente de combate.

Las consecuencias psíquicas de esta actividad son graves y entre ellas pueden contarse: el miedo permanente, el insomnio, la violencia desmesurada, el sentimiento de culpa y el temor al rechazo. Además, su nivel de comprensión se ve disminuido, no tienen pautas de conducta y la jerarquía militar se encuentra muy interiorizada en ellos: cuando se les desmoviliza suelen llevar ya mucho tiempo luchando y la guerra ha pasado a ser su forma de vida. El grupo armado es su referencia y les proporciona seguridad, según las investigaciones al respecto.

¿Y cómo es que ese lost boy llamado Emmanuel Jal logró convertirse en artista? Para eso fue fundamental la entrada en su vida de Emma McCune, la trabajadora humanitaria que conoció en el campamento de Waat –una ONG inglesa–, en una zona de la parte alta del río Nilo. McCune, casada con el líder guerrillero sudanés Riek Machar y a quien había convencido de no enrolar niños soldados, adoptó a Emmanuel lo sacó del país clandestinamente y lo llevó a Kenia con ella.

Lo mandó a un buen internado y pagó todos sus gastos. Aquel muchacho nunca había recibido ese tipo de atención ni trato afectivo. Sin embargo, el destino volvió a actuar en su contra cuando seis meses después de la llegada a Kenia, McCune murió en un accidente automovilístico. Quedó huérfano de nueva cuenta.

A pesar de todo, el poco tiempo transcurrido en su nueva situación fue suficiente para cambiar el rumbo en su vida y para que Emma le dejara una huella profunda en su accionar. Lo aprovechó y también desarrolló sus dotes musicales en el gospel y el rap. Jal descubrió el poder de la música para calmar a sus demonios.

En 1998 se inició en el canto, integró varios grupos vocales en los coros de las iglesias. A los 18 años, aunque de manera muy precaria, pudo grabar su primer single, “Gua” –el comienzo de su carrera profesional y nombre también de su primer disco– y se convirtió igualmente en organizador de conciertos en favor de los refugiados y los huérfanos.

Con la comunicación de boca en boca y la difusión radial de ese tema le llegaría la fama: dos meses en la cima del top ten keniata y hoy, más de diez años después, cientos de miles de copias de sus discos son vendidos por todo el mundo.

En el año 2005 Abdel Gadir Salim, el popular hiphopero de Sudán del Norte, colaboró con él en su segundo álbum, Ceasefire. Un hecho trascendente, ya que en el álbum se unieron dos víctimas de sus respectivos regímenes: Jal como ex niño combatiente y Salim como músico perseguido por los fundamentalistas islámicos.

El CD fue producido por Paul Borg entre Nairobi y Londres y aglutinó a otros raperos (MC Solar, Naughty By Nature) y representantes de la world music (Cheb Bilal, Mory Kante). Jal interpretó sus temas en suahili, nuer, inglés y árabe al frente de su grupo Reborn Warriors y del Merdoum All Stars de Salim. Una obra antibelicista nominada para varios premios.

Hoy, a sus 42 años, Emmanuel Jal es un cantante de hip hop sudanés que no sólo es aclamado en su propio continente, sino que ha logrado hacer acto de presencia en países como Inglaterra o Estados Unidos en forma muy exitosa (ahí se ha presentado en universidades para hablar de sus vivencias). Incluso algunos de sus temas integraron la banda sonora de la película Blood Diamond (protagonizada por Leonardo Di Caprio) y musicalizaron varios capítulos de la serie estadounidense ER.

En sus cuatro discos, grabados en lengua nuer (una lengua tribal que se habla en su tierra natal), árabe e inglés, el artista repasa fragmentos de su singular vida, una historia con entidad más que suficiente para erigirse, por sí sola, en denuncia sobre el drama que padecen cientos de miles de niños en el mundo: los niños soldados.

Pero también, consciente de que su pasado es el presente de los infantes africanos, Emmanuel creó una fundación llamada popularmente Gua, que significa «paz» en lengua nuer –de hecho, el proyecto educativo de la fundación creada por Jal lleva el nombre de McCune, en agradecimiento a su protectora–.

Con ella trabaja para que diferentes comunidades africanas logren superar los efectos devastadores de la guerra y la pobreza, aunque hace especial hincapié en brindar educación y oportunidades a niños y jóvenes. En la actualidad trabaja, principalmente, en zonas de Kenia y Sudán, pero se propone expandirse a toda el área del Africa subsahariana.

Tras ello, Jal ha sido nombrado portavoz de la Coalition To Stop The Use Of Children Soldiers y con tal misión viaja por todo el continente negro y el resto del mundo.

Su más reciente disco se titula Emmanuel Jal’s 4th Studio Album (2010), y en él confluyen el rap, las armonías vocales yuxtapuestas con beats tribales, la rítmica del hip hop, el estruendo de las percusiones y el canto coral. Habla, como siempre, de los males del continente de una manera cruda y realista, pero ausente de cinismo.

Con todos estos ingredientes, su historia inspiró el documental War child, dirigido por C. Karim Chrobog. El filme ganó numerosos premios en festivales internacionales como el de Bolonia y Tribeca. También la vida de Emma McCune fue llevada al cine con la película Emma´s war, protagonizado por Nicole Kidman.

Suele decirse que la fama de todo artista tiene sus costos y el caso de Emmanuel Jal no es la excepción. Para él, la fama es un constante viaje hacia aquellos terribles años. Algo que, de todas formas, él ha sabido convertir en una oportunidad.

Sólo con el nombre de sus cuatro discos – Gua (“paz”) , Ceasefire («Alto el fuego») War Child («Niño guerrero») y Emmanuel Jal’s 4th Studio Album – puede tenerse una idea sobre la dimensión cuasi terapéutica que ha significado grabarlos. Una especie de exorcismo de viejos fantasmas que también se recreó cuando escribió su autobiografía, War Child, a child soldier´s story, publicada en todo el mundo en diferentes idiomas.

Sabedor de su influencia sobre las generaciones más jóvenes, critica, incluso, a otros artistas del hip hop que, con su propuesta, incitan a la violencia en cualquiera de sus formas (entre las bandas urbanas del planeta, el AK-47 causa furor. Algunos cantantes del “gagnsta rap” le han dedicado fragmentos de sus canciones. Incluido el famoso Eminem).

“¿Cómo es posible que alguien pueda pensar que es divertido lastimar o matar?”, se pregunta. Él sabe por experiencia que no lo es. Y que el hip hop es el nuevo instrumento para cumplir con su misión de griot contemporáneo, el que lleva hoy las noticias de tolerancia y comprensión no sólo a su localidad si no al mundo entero.

VIDEO SUGERIDO: Emmanuel Jal, Emma live at Mandala’s birthday in Hyde Park, London, 2008, YouTube (Gatwitch)

ARTE-FACTO: LONDON CALLING (LA PORTADA)

Por SERGIO MONSALVO C.

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LA PORTADA

El carácter incidental de la mayoría de las fotografías, sobre todo de las tomadas en serie durante los conciertos musicales, es evidente. No obstante, el medio guarda muchas sorpresas y variaciones. Es cierto que la mayoría de las fotos de este tipo son superficiales, serviles ante la imagen del artista, de la manía, la moda del momento o para satisfacer sólo las expectativas.

Sin embargo, también hay otras imágenes, las que con base en impresiones efímeras invitan a un viaje a través del tiempo. La fotografía, así, y su consecuencia devuelven el gesto a la memoria humana para registrar experiencias, tanto de carácter físico como del psíquico, individual o colectivo.

Para seleccionarlas hay que atender por lo manos a una de tres consideraciones: la calidad de la foto, la importancia del artista retratado y la representatividad de la obra con respecto a su época. Es raro encontrar retratos reveladores con más de dos de dichos elementos, pero existen las excepciones. Y eso le proporciona a la imagen su carácter inmortal.

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Las fotos que trascienden arrojan luz sobre un momento importante o sobre un aleteo casi imperceptible del alma humana, en este caso a través de su expresión musical. El fotógrafo que busque eso debe mantener la realidad a distancia, evitando enredarse en sus accidentes para a la larga zambullirse en brazos de lo real. En eso consiste su tarea y cuando lo consigue se consagra.

Como en el caso de la portada del disco London Calling del grupo británico The Clash, cuya imagen fue tomada por la fotógrafa Pennie Smith para luego ser diseñada por Ray Lowry. Tal fotografía muestra a Paul Simonon (el bajista del grupo) golpeando su instrumento contra el escenario, en el teatro Palladium de Nueva York el 21 de septiembre de 1979 (durante la gira Clash Take the Fifth por la Unión Americana). Ha sido reconocida como la imagen emblema del punk y se considera, hasta estos momentos, como la mejor foto de la historia del rock.

Fue elegida como la mejor imagen del Rock & Roll de todos los tiempos mediante un sondeo realizado por la revista británica Q en la que participaron los 100 mejores cronistas de la especialidad y fotógrafos de todo el mundo. En un principio, ni Simonon ni la fotógrafa quisieron incluir la foto como portada, esta última argumentando que no era una imagen técnicamente buena. A pesar de ello, Joe Strummer –el sensible vocalista y compositor de la banda– los convenció a ambos para incluirla.

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Hoy, el editor de la mencionada revista, Paul Du Noyer, pone en la mesa los porqués estéticos de la elección: «Esa foto trasmite gran emoción, es una imagen clásica y captura el momento cúspide del Rock & Roll: la pérdida total del control».

Paul Simonon, a su vez, ha recordado aquel instante: «Nuestra presentación había estado bastante bien. Todo el trabajo que habíamos realizado y todas las ideas que habíamos tenido se manifestaron clara y contundentemente en cada canción. Lo que emitíamos y la atmósfera que se creó con ello eran una sola cosa. Fue ahí cuando me invadió un sentimiento indescriptible que no me pude explicar. Así que ante lo inexplicable reaccioné de esa manera (destrozando el bajo). Mucho tiempo después –con más edad y conocimientos– caí en la cuenta de que aquello había rozado lo sublime y sin quererlo fui consciente de eso mientras participaba del fenómeno. Fue la única vez que rompí un instrumento en el escenario”.

La guitarra destrozada (una Fender Precision) fue recuperada y ahora se encuentra en la exposición permanente del Museo del Salón de la Fama del Rock and Roll, en Cleveland, Ohio. La imagen de dicho instante, captada por Pennie Smith, quedó para siempre fijada en la portada del tercer álbum de estudio del grupo: London Calling.

Smith era una conocida fotógrafa londinense que se especializaba en la fotografía musical en blanco y negro. Había estudiado artes plásticas y gráficas en la Twickenham Art School al final de los sesenta. En 1969 comenzó a colaborar en la revista Friends junto al crítico y periodista Nick Kent. Realizó sesiones fotográficas con decenas de rockeros (Rolling Stones, The Who, Iggy Pop, entre ellos). Se mantuvo en dicha publicación hasta 1972 y su trabajo mayor fue la cobertura del tour del año 70 del Led Zeppelin.

A la postre montó su propio estudio y sus fotos han aparecido regularmente en el prestigioso periódico New Musical Express (hoy sólo online). Gran parte de su portafolio ha sido exhibido en el Museo de Brooklin, en los Estados Unidos y la famosa foto de la portada de Clash fue elegida por el correo británico en el 2010 para conmemorarla como estampilla.

En lo que corresponde a la portada misma, el diseño corrió a cargo de Ray Lowry, un emérito ilustrador y cartonista satírico (nacido en 1944 en Salford, en el Reino Unido), cuyo bagaje se remite a sus periódicas colaboraciones con publicaciones underground como Oz e International Times durante los sesenta, y en las siguientes décadas en The Guardian, Private Eye, Punch y el mencionado New Musical Express, entre otras (tarea que llevó a cabo hasta su muerte en el 2008). Su obra gráfica desde entonces puede verse en la See Gallery de la localidad de Rossendale.

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Su apego al rockabilly de los años cincuenta y la publicación de biografías como la de Gene Vincent y Eddie Cochran, a través de la técnica del comic, lo conectaron directamente con la emergente escena punk de la que se hizo seguidor y amigo de sus más destacados representantes. Relación que llevó a Joe Strummer, de The Clash, a pedirle que diseñara la portada de su disco London Calling.

Para comenzar, Lowry tomó la misma tipografía del álbum debut de Elvis Presley como homenaje a aquél y para conectar su espíritu con el de Clash. Convenció, junto con Strummer, a la fotógrafa y al bajista de los méritos de la imagen y al amalgamar ambas cosas consiguió una obra imperecedera.

Asimismo, la crítica musical a nivel internacional suele considerar a London Calling como uno de los mejores álbumes de la historia del rock. De hecho la revista Rolling Stone lo calificó en su famoso canon como el mejor de los discos aparecidos en 1980 en los Estados unidos, y como el octavo mejor de la historia del género. Y como ya hemos visto, los ingleses por su parte le han otorgado también muchos méritos a su diseño artístico.

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El año 1979 fue definitivo para conocer los avances de Clash en el aspecto musical, tras tres años muy movidos y un par de álbumes exitosos desde su fundación. Lo cual se dio con el lanzamiento del disco London Calling, con Guy Stevens en la producción. Éste tuvo lugar el 14 de diciembre de aquel año.

La primera canción se grabó, sin que Clash lo supiera (pensaban estar calentando motores apenas), fue “Brand New Cadillac”. Con ella mostraron que tenían el derecho a vestirse como verdaderos rockeros. Quizá porque lo eran.

También aparecieron para reforzar el impacto tracks como el que dio nombre al disco, más “Spanish Bombs” y “Lost in the Supermarket”. Se trató de una obra que se puede escuchar siempre con la misma emoción. Fue un álbum doble en una funda sencilla: Clash se negó a hacerle pagar más caro al público, aunque les resultara contraproducente y la compañía les chillara por ello.

Y luego vinieron las giras por los Estados Unidos: “Pear Harbor 79” y “The Clash in America”. En medio, la publicación del EP The Cost of Living, que lanzó como sencillo un cover de “I  Fought the Law”, de The Bobby Fuller Four. Durante tales tours invitaron a los hombres a quienes les admiraban algo musicalmente: Bo Diddley, Sam and Dave, Lee Dorsey, Screamin’ Jay Hawkins, Vince Taylor… todos se subieron al escenario con (o antes de) ellos. Y así el año se les fue rápido.

Con London Calling, el grupo se instaló en forma definitiva en la historia de la música. Su adquirida sofisticación en los estudios de grabación no embotó su fuerza en absoluto. Todas las canciones compartieron madurez de visión y consistencia de carácter.

El grupo había partido al rock por la mitad y lo había vuelto sobre sí mismo, expuso sus respuestas fáciles a preguntas tendenciosas y creó la necesidad de enfrentar con atención toda la cultura popular. Las ideas acerca de cómo llegar de un sitio a otro dentro del rock fueron suspendidas y reacuñadas, a petición del London Calling (un título referencial de la historia británica).

VIDEO SUGERIDO: The Clash – London Calling, YouTube (theclashVEVO)

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