ROCK Y LITERATURA: EL VAMPIRO SE EXPRESA (DOS VERSIONES)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

Con el surgimiento del expresionismo alemán se motivó a futuro la aventura artística en la frecuentación de ambiciosos campos para lo inteligible. Hubo a partir de dicha corriente cinematográfica muchas manifestaciones insospechadas e interrelacionadas con diversas disciplinas (se construyeron con sus fundamentos lenguajes plásticos, fílmicos, arquitecturas sonoras, filosofías varias y poeticidad múltiple) que obligaron a los diversos públicos a descubrir informaciones, sabidurías e interconexiones culturales llenas de reminiscencias y promesas.

En esta cinematografía, en blanco y negro y silente, primaba la expresión subjetiva sobre la representación de la objetividad, con trazo fuerte e hiriente. Comenzó su historia con la cinta dirigida por Robert Wiene: El gabinete del doctor Caligari (de 1920), película simbolista inspirada en una serie de crímenes que tuvieron lugar en Hamburgo.

Así lo asentaron los historiadores: “Las principales características de este filme, que inicio el movimiento, residen en su anormal escenografía, con objetos oblicuos y cubistas, que tenían una función dramática y psicológica, no decorativa; a ello contribuyó la escasa iluminación en el estudio y los decorados pintados con luces y sombras. Cabe destacar también el exagerado maquillaje e interpretación de los actores. Fundamentos todos del éxito de la nueva estética.

“Sin embargo, el expresionismo alemán evolucionó sustituyendo las telas pintadas por los decorados, dando paso a una iluminación más compleja como medio expresivo. Esto dio origen a una nueva corriente que se conocería como Kammerspielfilm, cuyo origen data de las experiencias realistas del teatro de cámara de Max Reinhardt, famoso director de la época.

“Tal evolución respetará, aunque no totalmente, las unidades de tiempo, lugar y acción, con su linealidad y simplicidad argumental, lo cual ahorró la inserción de rótulos explicativos, además de la sobriedad interpretativa. La simplicidad dramática y el respeto a tales unidades permitieron crear las atmósferas cerradas y opresivas, en las que se movían los protagonistas”.

En la trayectoria primigenia de esta corriente apareció la figura dominante de uno de sus realizadores: Friedrich Wilhelm Murnau. Este director fundó su propia productora en 1919, y realizó películas en las que expresó la subjetividad con el máximo respeto por las formas reales del mundo.

Nosferatu (de 1922) fue su ejemplo sublime donde contó el mito del vampiro. Para rodarla, recurrió a escenarios naturales, frente a la preferencia expresionista de filmar las escenas en estudio. Con la introducción de elementos reales en una historia fantástica logró potenciar su veracidad. Además, hizo uso del movimiento acelerado, del ralentí y del empleo de película en negativo para marcar el paso del mundo real al ultrarreal.

Para la proyección del personaje, primero fueron los literatos, los poetas, quienes hicieron salir a Nosferatu (y Drácula a la postre) de su ataúd. Luego vinieron los cineastas y los actores como Bela Lugosi, Max Schreck, Klaus Kinski. En tiempos cercanos les tocó a los músicos evocar al vampiro. Subgéneros recientes como el dark, el illbient o el gótico lo convocaron, incluso, para crear sus particulares atmósferas.

Sin embargo, en el rock fusionado con las llamadas Nuevas Músicas, este personaje (re)surgió por primera vez a cargo primero de Popol Vuh (Nosferatu The Vampire,1978, en versión del cineasta Werner Herzog) y le siguió Art Zoyd (como Nosferatu en 1989).

¿Qué tanto arte, qué tanto soundtrack cinematográfico, qué tanta poesía sonora, desplegó el grupo alemán Popol Vuh para poder estar a la altura de los paisajes descritos por su música en la interpretación de tal cinta de culto, al mismo tiempo arrebatadora y desolada? ¿Qué música hicieron tan digna del rumor cambiante del viento, o del puro silencio en el que no suena más que el temblor de las almas y, en algún momento, las respiraciones agitadas del ascender esforzado del escucha que, durante los largos trechos de las piezas, no siente que haya ninguna necesidad de palabras?

Hizo falta un conglomerado de artistas, como los integrantes de este grupo, para dibujar con brochazos sublimes y trazos sutiles de tinta las siluetas de lo que nos rodea al conocer el mal, encarnado por el vampiro. Hizo falta un sentido profundo de la contemplación para expresar esos paisajes de montañas extrañas y castillos siniestros, de vuelos y escondrijos, en unos cuantos tonos sintetizados.

Toda ella poesía sonora memorable, que valdría para su panorámica general: el deseo por la sangre, la insospechada lejanía, la emoción exuberante, los colores muertos de la vida y de la tierra, los episodios de locura, de sueño y de posesión. Popol Vuh le proporcionó a Werner Herzog, el contenido de su caja musical, el de los sonidos del miedo y el terror.

Los músicos del rock vanguardista no cesan en su tarea de acomodar la práctica musical a una búsqueda imparable de adecuaciones culturales interconectadas. La experimentación sonora adquiere, en este contexto, un nuevo significado: no es mera indagación expresiva, sino persecución de horizontes distintos, exigentes y resolutivos.

Como en el caso de Art Zoyd. un grupo con una discografía de casi una veintena de títulos y una misión musical. Ésta aparece como el determinante fundamental de una figura artística contemporánea, que lejos de sensiblerías cibernéticas es consciente de las múltiples posibilidades que ofrece la época, donde los discursos artísticos y la tecnología se cruzan continuamente, pero donde también la dimensión musical asciende de manera portentosa hacia constelaciones artísticas y humanas, con pretensiones tan renovadas como habitables de actualidad. De esta manera el grupo hizo suya la interpretación de Nosferatu.

Involucrados sus miembros en el movimiento Rock in Opposition, enfocaron su existencia definitivamente dentro de la música electrónica fusionada y con el objetivo de crear obras para el cine, el ballet y en alianza con otras artes alternativas como la opereta cibernética, el oratorio electrónico, los performances y el videoarte.

De tal forma, el grupo francés remontó sus propios conceptos musicales y superó su mundo de sonido abstracto para combinar la música con la imagen expresionista. Su primera experiencia en este sentido llevó al grupo, en voz de su director Gérard Hourbette, a considerar que «lo más importante para Art Zoyd, en este momento, es que la música proporcione un marco o contexto emocional a las historias teatrales, dancísticas o cinematográficas. Musicalizar el Nosferatu de Murnau es un paso hacia adelante en nuestro reconocimiento con la imagen».

El resultado de esta reunión concreta en la imaginación fue la subjetividad poética de la imagen, sonorizada por uno de los epítomes del rock electrónico, progresivo y experimental de más avanzada. Una función de “film/rock cámarístico”, en la que se congracian en una obra única lo que representaba un novedoso concepto plástico, de enorme simbolismo estético de principios del siglo XX (el expresionismo), con la música contemporánea finisecular.

El grupo manejó genialmente los movimientos en cada una de sus composiciones, permitiendo ver los matices de los claroscuros que generó aquel director alemán con sus imágenes fijadas en la memoria colectiva. Art rock de alta escuela y de naturaleza perturbadora, como el personaje mismo en la obra de Murnau, que cumplió ya su centenario.

VIDEO: art zoyd – libre des vampires – rumeurs III – (nosferatu), YouTube (mesarchives)

PRIMERA Y REVERSA: PROSTITUTE (ALPHAVILLE)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

En su cuarto álbum, las características distintivas del sonido de este trío siguieron siendo arreglos orquestales en los teclados, una interpretación vocal aterciopelada y bellas melodías de pop nostálgico agradable. Las muestras de sus piezas confirmaron que esta gente poseía un extraordinario talento para enganchar los oídos.

Si bien se consagraron enteramente al pop, sus ideas también contenían un segundo nivel: crear una nueva calidad con los medios triviales de tal música. Quien no se fije sólo en la agradable melodía sino también en los textos entenderá a lo que se referían: en este caso, dos personas del ambiente de la prostitución que llegan al final de su amor: la caza de drogas los ha vencido.

¿Canciones cínicas disfrazadas de pop? No, el cinismo no les quedaba.  Eran más bien piezas románticas. Los poetas del romanticismo se sentirían muy bien en el mundo de Alphaville.

Marian Gold, Bernhard Lloyd y compañía afortunadamente no brillaron sólo por sus buenos textos, sino también por sus finas cualidades para la musicalización.  La maravillosa pomposidad melosa de las canciones del álbum proporcionaba las posibilidades para experimentos con collages electroacústicos.

Arquitectos de la música ligera, ampliaron su espectro musical. Un álbum conceptual, sin perder su tino para crear un pop sin sospecha de buscar sólo los hits.

VIDEO: Alphaville – Parade, YouTube (Alphavile Musik)

JAZZ: ROBBEN FORD AND THE BLUE LINE

Por SERGIO MONSALVO C.

 

En vivo, Robben Ford & The Blue Line suenan muy sólidos. Sin restricciones, el trío se deja arrastrar por su propia música. El guitarrista y cantante Ford, el bajista Roscoe Beck y el baterista Tom Brechtlein han acumulado tal reserva musical a lo largo de sus extensas carreras que su interpretación del blues, rhythm and blues y jazz es completamente única.

Al público no le interesa que este estilo les caiga mal a muchos críticos. Si algo prueban Ford y sus compañeros es el hecho de que el blues no tiene que cumplir con clichés como sencillo y tradicional o bien, peor aún, negro y pobre, para que se pueda disfrutar.

Robben Ford lleva más de 50 años en los podios, al principio en un conjunto de blues con sus hermanos Mark y Patrick, y posteriormente en los grupos de la leyenda de la armónica Charlie Musselwhite y del cantante Jimmy Witherspoon. Hizo sus primeras grabaciones con estos artistas.

Su nombre no tardó en adquirir una sólida reputación en la costa occidental de los Estados Unidos y diversos artistas (desde Joni Mitchell hasta Miles Davis) recurrieron a él. El debut de Ford como solista, The Inside Story (1981), fue una consecuencia directa de dos años de trabajo intenso en la escena regional de jazzrock.

Aunque con el disco nació el trascendente grupo Yellowjackets, enseguida de la edición del acetato, Ford dio un paso hacia atrás, hacia sus raíces. «Mientras Yellowjackets se perfilaba como formación independiente, yo me puse a cantar y tocar otra vez blues. Sin embargo, estaba buscando de manera consciente una dirección clara, a fin de poder distanciarme de nueva cuenta de todo el movimiento de la fusión. Lógicamente no me gané los aplausos de la disquera que acababa de sacar mi primer disco. Por lo tanto, mi trabajo con los Yellowjackets se conservó como mi principal medio de comunicación».

En 1988, cuando Ford ya había dejado a los Yellowjackets atrás desde hacía varios años, apareció su segundo álbum como solista, Talk to Your Daughter.  Los puristas del blues destrozaron la obra, pero el público que conoce a Ford por The Inside Story y los Yellowjackets no lo había olvidado.

Con Robben Ford & The Blue Line continúa esa –digamos– línea. «No es posible discutir con alguien aferrado a cierta idea –afirma–.  Si un purista del blues decide que el género debe sonar de cierta manera y uno lo toca en otra forma, entonces no es blues, desde su punto de vista. Por supuesto que son maravillosas las grabaciones antiguas hechas por Muddy Waters en Chess.  Pero eso no significa que nosotros tres no nos estemos esforzando por tocar de la manera más sincera posible, con el corazón.

«Durante todos los años que colaboré con bluseros negros no noté nada de purismo. También los músicos de blues son ante todo músicos, no historiadores. Luther Tucker, el guitarrista de blues de Chicago que tocó por mucho tiempo con James Cotton, fue el primer gran nombre con el que compartí un podio. Y le parecía excelente lo que yo hacía. Mis hermanos y yo fuimos teloneros de muchos grupos en el Keystone Corner de San Francisco, donde abrimos para gente como Freddie King, Junior Wells y Muddy Waters.  Y la gente gustaba de oírnos, aunque no tocáramos el blues de la misma manera que éstos”.

VIDEO: Robben Ford and The Blue Line – I Ain’t Got Nothing But the…, YouTube (Robben Ford)

LA AGENDA DE DIÓGENES: LA POESÍA DE GIOCONDA BELLI

Por SERGIO MONSALVO C.

Con la llegada de la revolución sandinista, a fines de los años setenta, la poesía nicaragüense, lo mismo que su país, recobró la vitalidad. No obstante, la génesis de este espíritu se conformó desde algunos años antes y fue desarrollándose hasta explotar de lleno en la lucha y el movimiento revolucionario, cuya labor en pos de la liberación aún no termina, tras la traición de Daniel Ortega, ex dirigente del mismo, a todos los ideales libertarios y hoy convertido en dictadorzuelo.

Parte muy activa de todo ello ha sido la poesía, encarnada por poetas de todas las corrientes y dentro de éstas, la aportación de la mujer, importante y vasta.

Gioconda Belli (1948) ha participado desde entonces con una visión poética sensible y franca. Su temprana producción comenzó a recopilarse en 1970.  Y a partir de ahí su posición no ha cejado en la tarea de recobrar y proyectar el concepto femenino, que no feminista, de la mujer, tanto en el aspecto íntimo como en el cívico de compromiso histórico.

En su poesía la mujer no lidia con el hombre, sino que lo ama y acompaña recuperando sus valores al impulso del amor: generosa y abierta en el acto amoroso, así como en el impulso libertario.

Sus textos nacen de motivos locales y personales. Sin embargo, trascienden al todo por la sensibilidad poética que les da mayor valor. En ellos la pasión y el sentimiento femenino se conjugan con cierto aspecto de ritual consumado.

Gioconda tiene muchas cosas qué decir de hondo sentido y lo hace cabalmente y sin artificios. Su palabra tiene la sencillez del cotidiano coloquialismo, exaltado a su mayor temperatura expresiva. Cada línea es el justo vehículo, dócil y apropiado a su contenido, donde el lenguaje parece plasmarse sin esfuerzos y con todos sus elementos intocables e insustituibles.

En su poesía Gioconda se atreve a hablar como mujer, sin velos ni alegorías, es directa y clara como la libertad de su pensamiento, que reconoce sin ambages que la imaginación y el deseo no son suficientes para satisfacer sus necesidades.

Expresa directamente su intimidad sin restringirse a lo abstracto. Traza perfiles o concreta rasgos del hombre con que habla, del que está a su lado o de aquel con quien soñó. La energía natural que emana de su creatividad descifra los nexos inmediatos que atan y desatan su carne y su espíritu revelados en el convivio cotidiano.

Como siente con profundidad y pasión, su obra parece recorrida por hondos, apasionados y tiernos latidos. De tal forma que quien lee su poesía no puede menos que convencerse de que la ha inspirado el verdadero amor.

Gioconda expresa este tópico amoroso eterno, tanto el físico como el emotivo, con una sinceridad tal que sus metáforas son pedazos palpitantes de vida. Los poemas recorren las notas más intensas de su vida emocional.  Sus cantos fluyen, espontáneos, como agua impregnada del gusto por hacerlo.

No obstante, Gioconda no sólo trasmite ese gusto por todo lo que fluye, sino que además maneja sus recursos con tino, haciendo música de las pasiones y acertando a decir nítidamente cuanto pasa por su ser en esos momentos supremos de concentración y casi inexpresable arrebato.

La poesía de Belli lleva en sí la facultad de lo espontáneo y lo renovador en lo amoroso, que es la que mejor cultiva. En sus escritos se distingue el tono nuevo, el acento convincente, la interpretación verbal de un latido verdadero. En cada línea poética, léase como se lea, encontraremos siempre y antes que nada a una mujer, a la Mujer. Descubrimiento muy poco frecuente en nuestro acontecer contemporáneo plagado de encubrimientos, disimulos o renegados feministas.

Gioconda Belli se descubre y describe como mujer en toda la expresión del término y tan de su tiempo como el medio y la problemática en que se desenvuelve. Y sabemos, de alguna manera, que quien acierta a involucrarse plenamente consigo y con su hoy abre la posibilidad de inscribirse en el mañana.

Gioconda Belli

DISCOS EN VIVO: ´84 LIVE AT MAXIM´S (SUPERCHARGE)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

Con el reconocimiento obtenido como grupo animador de primer nivel, gran experiencia en escena, con el curriculum de varios trabajos musicales editados y por pertenecer activamente al circuito del jet set, la banda Supercharge le fue recomendada al organizador del enlace del momento, el de Christina, la hija del fallecido magnate griego Aristóteles Onassis, conocida como “la princesa triste”.

La que quizás era la mujer más rica del mundo iba a contraer nupcias. Ahora, a los 34 años de edad, se casaría por cuarta vez con Thierry Roussel, joven francés e hijo del fundador de los laboratorios farmacéuticos del mismo nombre.

Lo haría en París y festejaría la boda en el Restaurante Maxim’s. Para ello la pareja se había embarcado en el Christina O en la Isla de Skorpios, propiedad de ella y viajaban rumbo a la Costa Azul francesa para trasladarse luego en avión a la capital gala.

En París, mientras tanto, el Maxim’s se preparaba. Por aquellas fechas el célebre bistrot celebraba el 90 aniversario de su fundación. En 1981 había sido adquirido por el diseñador Pierre Cardin que lo expandió por todos sus pisos a museo, sala de espectáculos y salones de fiesta privados. Uno de los cuales albergaría a los invitados de la boda de la rica heredera, en1984.

La fiesta comenzaría con una novia extrañamente radiante. “Está enamorada de verdad”, chismorrean los comensales entre la joyería y el menú nupcial.

La inusual sonrisa de Christina será la destinataria del mejor set de la banda, contratada para este lugar y ocasión especiales.

Músico experimentado, Albie Donnelly, el líder de la banda, iría in crescendo, soltando al grupo poco a poco a la pulsión de su sobrecargado ritmo. Y la sonrisa se convertirá en risa abierta, mientras la protagonista baila, canta, corta el pastel, y los invitados harán lo mismo como respuesta al pasmo de lo que ven y escuchan, se convierten en participantes y el conjunto en general en una auténtica fiesta.

“Ustedes han creado la música del día más feliz de mi vida. Gracias para siempre: Christina”. Fue la tarjeta que el grupo recibió tras bambalinas, acompañada de una botella de champán para cada uno de los músicos.

De tal experiencia Supercharge conseguiría el permiso para reproducir en disco lo que han grabado, bajo el título de Supercharge’84 Live at Maxim’s at Christina Onassis Wedding, así como algunas fotos del evento, que aparecerían en la portada.

El álbum de Supercharge se convertiría en una rareza y en una referencia a un momento único en el devenir microhistórico del siglo XX.

VIDEO: Supercharge – I’ll go Crazy, Gangster of Love, Caledonia, YouTube (Phantom1)

BABEL XXI-766: NAVIDAD XV (DISCOS CLÁSICOS)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

El rock se involucró con la Navidad desde los años cincuenta, para celebrar su aparición en tal década y sumarse asimismo a la celebración de tal festividad a nivel mundial. Desde entonces han sido muchos los artistas participantes en esta cadena cultural y festiva, y sus interpretaciones ya forman parte de los listados de millones de personas, en ese sentido.

 

Así que cuando Eric Clapton anunció que iba a sacar su primer álbum navideño de estudio, los fans se congratularon de que alguien como él (un hito musical histórico) continuara la tradición iniciada en el rock con Elvis Presley. Aparecería en varios formatos y llevaría el nombre de Happy Xmas, bajo su propio sello, Bushbranch Records, y distribuido a través de Surfdog Records.

 

Happy Xmas fue el álbum de estudio número 24 del guitarrista y el primero de estudio desde “I Still Do” del 2016. En él y mezclan temas clásicos navideños con títulos únicos menos conocidos, así como una nueva canción original “For Love on Christmas Day”.

 

Como dato adicional habrá que mencionar que el álbum también incluye una versión de “Jingle Bells” dedicada al fallecido artista y DJ Avicii, recién fallecido en Omán, del que Clapton era admirador.

Con referencia al disco, el músico británico explicó que «tenía en mente que estas canciones navideñas se podían hacer con un ligero tinte de blues, y comencé a descubrir cómo tocar las líneas del género entre las voces que llenarían el álbum. Lo aprendí y una de las piezas más identificables del mismo, la que se convirtió en el estilo fundamental, fue ‘Have Yourself a Merry Little Christmas'».

 

Desde que Bob Dylan lanzó el sorprendentemente tradicional Christmas In The Heart en 2009, la idea de que las grandes estrellas del rock lanzaran álbumes navideños parecía el camino a seguir. “Bob lo hizo y muy bien, así que yo quería participar en ello”, dijo Clapton.

 

Sin embargo, Eric –que no es ajeno a los caprichos sentimentales– ya había entrado en el mundo de la música navideña años antes que Dylan. “Slowhand”, como se le conoce también, contribuyó cantando y tocando en el concierto A Very Special Christmas Live de 1999, pero no fue hasta la temporada navideña del 2018, y a los 55 años después de carrera, que se decidió a lanzar un disco completo, el cual incluye como portada e ilustraciones interiores los dibujos del propio Clapton.

 

Musicalmente, Happy Xmas por lo general sigue el modelo post-Unplugged del artista, específicamente con el sonido de sus últimos dos álbumes, entre los que destaca el magnífico I Still Do del 2016, su reunión con el legendario productor Glyn Jones.

 

 Por su parte, Happy Xmas fue producido por el propio Clapton junto a Simon Climie, como coproductor, quien desde hace mucho tiempo (mediados de los 90) se ha dedicado a hacerlo con una mezcla de géneros. Desde el blues puro, el rhythm & blues, con un toque de country, reggae, y probadas de EDM.

 

 

Dos canciones que fueron grabadas para A Very Special Christmas Live – el blues de Freddy King, “Christmas Tears” y el clásico frecuentemente versionado de Charles Brown, “Merry Christmas, Baby” – aparecen en Happy Xmas en versiones fieles recién grabadas. Esos dos temas, junto con “Lonesome Christmas” de Lowell Fulson, representan el lado blues puro de Clapton y suenan como si pudieran haber sido grabados durante sus sesiones para el disco From the Cradle.

 

El guitarrista desempolva un clásico del country, “Christmas in My Hometown”, un éxito de Sonny James y ofrece, además, dos temas de rhythm & blues de Anthony Hamilton; el suave y dulcemente seductor “Home for the Holidays” y el ritmo del rock de “It’s Christmas”.

 

Los cortes más tradicionales de Happy Xmas se secuencian en torno a las canciones menos conocidas y más contemporáneas, lo que hace que todo el proyecto tenga un sonido fresco. “Silent Night” avanza sobre una suave ola de reggae, mientras que “White Christmas” recibe el característico tratamiento de blues de Slowhand.

 

Un conmovedor “Away in a Manger” se combina de buena manera con el coro de “Christmas in My Hometown”. También en el departamento del soul, el blues se amplifica con un standard de la compañía Stax de William Bell, «Everyday Will Be Like a Holiday».


El único track original, “For Love on Christmas Day”, recuerda la era de Clapton en que grabó Pilgrim. Profundamente melancólico y trágicamente hermoso, merece convertirse en un clásico.

 

El caso atípico es el tema navideño por excelencia, “Jingle Bells”, que aquí se vuelve casi irreconocible ya que se le da el tratamiento EDM como tributo al productor y DJ sueco Avicii, quien falleció en abril de 2018.

 

Clapton había sido fanático durante mucho tiempo de su música electrónica, admiración que se remonta al menos a 1997, cuando aquél y Climie lanzaron el experimento EDM, TDF. En el disco de Clapton su estilo aparece lo suficientemente accesible como para no desentonar con el resto del material.

 

Uno de los mejores momentos llega al final, cuando el maestro del piano, oriundo de Tulsa (y ex miembro de los héroes del country-rock de Oklahoma, The Tractors), Walt Richmond, guía a Clapton a través de una versión verdaderamente pegadiza de “Have Yourself a Merry Little Christmas”. Momento para tomarse otro rompope.

 

Happy Xmas es un muy buen álbum navideño, definitivamente lo es, y hay que darle la bienvenida como adición a la incomparable obra de Eric Clapton, así como un eslabón sólido en la cadena del álbum navideño rockero. Una tradición aunada a otra tradición da la que todo rockero se siente parte y agradecido de que exista.

 

BABEL XXI-766

Por SERGIO MONSALVO C.

 

NAVIDAD XV

(DISCOS CLÁSICOS)

 

 

 

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

https://e-radio.edu.mx/Babel-XXI/766-Navidad-XV-Discos-clasicos

BLUES: HARD AGAIN (MUDDY WATERS/JOHNNY WINTER)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

Las artes y humanidades deben gran parte de su desarrollo a la trasmisión de los conocimientos de los maestros a sus discípulos. En 1977, se dio uno de estos momentos mágicos en la música. Corrían esos tiempos para el rock. En gran parte esto podía atribuirse al redescubrimiento del lenguaje bluesero por parte  del público rockero.

Los patriarcas del blues de Chicago, como Muddy Waters, adquirían un renovado merecimiento como maestros del género, puesto que una generación de discípulos más jóvenes, como Johnny Winter, se habían forjado carreras respetables con dichas raíces por derecho propio, y ahora le devolvían algo de aquella herencia. Le produjo un disco a Muddy Waters para reactivar su carrera.

El concepto fue sencillo y nació durante las charlas nocturnas entre ambos. Winter sería el productor y juntos tratarían de organizar ese casamiento discográfico “entre leyendas del blues y estrellas más jóvenes del rock, empapadas en el blues”, como dijeron los medios por aquel entonces.

La propuesta era promover ejecuciones magistrales no constreñidas por la mentalidad de los «sencillos» ni por la tecnología relativamente simple que caracterizó las grabaciones señeras de Waters por el sello Chess en los años cincuenta.

No. La idea era como la hechura de un disco en vivo pero, en este caso, sería un álbum de estudio bien hecho, como mandaban los cánones del blues (crudo, tiempo breve y con todos los músicos tocando al unísono. Y tal vez la presencia de un Johnny serviría para vender unos cuantos discos más en el pujante mercado blanco para el blues.

Como un mago de las cuerdas, el albino John Dawson Winter III, nacido el 23 de febrero de 1944 en Beaumont, Texas, dio con el blues y el rock and roll en su juventud. Desde el momento en que en 1967 formó un trío con su hermano Edgar, para luego seguir como solista. Desde entonces sus discos se movieron principalmente entre un country blues casi puro y un ardiente blues-rock.

En 1971, Winter formó su grupo con Rick Derringer en la guitarra y dos ex McCoys, Randy Hobbs en el bajo y Randy Zehringer en la batería. Después de sacar los discos And y And Live, los problemas de Winter con sus adicciones lo obligaron a retirarse hasta 1973, cuando regresó a la escena. Desde mediados de los setenta se desvió hacia la dureza guitarrística apoyada por el hard, para luego producir un par de excelentes discos para su héroe Muddy Waters: Hard Again y Nothin’ But The Blues.

Winter fue un intérprete contemporáneo del blues texano, tenía un estilo personal y reconocible al instante: con su sensación de intensidad, urgencia, seriedad, sinceridad y convicción. Siempre dio la impresión de que era uno con su música y no simplemente el instrumentista que interpretaba una canción. Dependió menos de las letras tradicionales y fue poseedor un ritmo fuerte, poderoso y energético.

Por el otro lado, en los años treinta del siglo XX Muddy Waters comenzó a tocar en fiestas campiranas, muy influenciado por el sonido de Son House. Al principio de la década de los cuarenta emigró del Delta del Mississippi hacia Chicago y poco después se le pudo ver acompañando nada menos que a Sonny Boy Williamson. Lentamente fue haciéndose un hueco en una escena local muy competida.

En 1944, fue uno de los primeros músicos en pasar del instrumento acústico a la guitarra eléctrica. Seguía tocando blues tradicional del Delta del Mississippi (de hecho, nunca dejó de hacerlo), pero consiguió un sonido más compacto, potente y señero. Su nombre se convirtió entonces en sinónimo de evolución y en gran ejemplo musical.

Aparte de sus innegables, enormes y excepcionales cualidades como compositor, cantante y guitarrista, Waters se caracterizó además por su talento como líder de banda, cualidades que lo elevaron a la categoría de maestro y muy buen vendedor de discos, tanto de rhythm and blues como de blues, hasta la llegada del rock and roll que eclipsó su figura por un tiempo.

La de los sesenta fue una década en la que se dio el renacimiento, resurgimiento o redescubrimiento del blues, o como se quiera designar. Para la música y para su público fue una década de expansión y exploración, un fenómeno de múltiples dimensiones y direcciones. El álbum Fathers and Sons fue el epítome de ello.

Sin embargo, una década después los vaivenes comerciales lo habían dejado a la deriva, hacía presentaciones en vivo, pero ya no grababa, no tenía contrato discográfico. Fue en ese momento que Johnny Winter se acercó a él para hacerle la propuesta de producirle un álbum nuevo.

Hard Again resultó no solo uno de los mejores álbumes de blues de todos los tiempos, y es igualmente uno de los mejores álbumes de todos los tiempos. En él colaboraron los miembros regulares de la banda de Waters y unos músicos allegados en algún momento al veterano bluesman: el guitarrista Bob Margolin, el pianista Pinetop Perkins, el baterista Willie Smith, el armoniquista James Cotton y el bajista Charles Calmese.

La música de Waters que produjo Winter fue todo fuego, lo que uno busca escuchar en una conexión semejante. Ambos músicos dejaron el alma en cada canción, y desde luego, como en los discos de cada uno de ellos, no dieron un tema por bueno si no transmitía un entusiasmo puro y vibrante.

En los álbumes de su buena época cuesta encontrar un instante en el que Winter no sonara como un jovencito que acaba de descubrir que puede tocar y cantar. Una de las primeras cosas que sorprenden de Hard Again es la capacidad de Johnny para embarcarse en largos solos que nunca descendían de intensidad, al igual que los gritos de impulso hacia su admirado maestro.

El álbum se erigió como si fuera una factoría de blues, como aquellas donde los grandes maestros de la pintura trabajaban al unísono con sus discípulos, o, metafóricamente, como una de esas gigantescas llamas que permanecen encendidas día y noche en lo alto de las montañas mitológicas. Algo muy ilustrativo, muy de la tierra donde se dan los momentos mágicos y los encuentros entre gigantes.

Hard Again ganó premios tras su publicación y sin lugar a dudas su mejor pieza se convirtió en la síntesis de una legendaria historia musical: «The Blues Had a Baby and They Named It Rock and Roll» (“El blues tuvo un bebé y ellos lo nombraron Rock and Roll”.

 

VIDEO: Muddy Waters: The Blues Had A Baby (And They Named Rock and Roll), YouTube (mercydee)

LA AGENDA DE DIÓGENES: NIGEL KENNEDY

Por SERGIO MONSALVO C.

 

                                                                                                                   

VIOLÍN ENERGÉTICO

Nigel Kennedy no sabe de miedos musicales. Toca las Cuatro estaciones de Vivaldi con el mismo virtuosismo que un movido jazz o un duro rock. Ha colaborado con diversos artistas en varios géneros:  Kate Bush, Talk Talk, Chick Corea y la Orquesta Filarmónica de Londres. Es el primer violinista inglés que ha obtenido éxito tanto en la Gran Bretaña como fuera de ella. Es un artista que no acepta fronteras entre ninguna de las corrientes musicales.

Su presencia es una provocación cultural en sí misma: él es un aclamado violinista clásico al que muy bien se puede encontrar saliendo de una sesión de garage con un grupo neopsicodélico del underground británico. Su fuerte acento cockney y dicción algo defectuosa –propios de los bajos fondos londinenses– van perfectamente con su regular barba de tres días y el peinado punk vertical.  Una chamarra gris, pantalones de mezclilla gastados y un paliacate de colores completan la imagen consuetudinaria.

Resulta imposible tratar de imaginar a este respetado músico con smoking negro en el escenario de la Royal Albert Hall de Londres o la Filarmónica de Berlín, simplemente no hay forma. De vista, parece haber pasado meses junto a las escaleras eléctricas de la estación del metro en Piccadilly Square, entreteniendo a los transeúntes con agradables piececitas musicales, a cambio de unas monedas.

Las apariencias engañan.  Este violinista de casi 70 años, que aparenta diez menos y se porta como un enfant terrible de 16, figura entre los intérpretes ingleses de música clásica más aclamados del momento. Su renombrada grabación de las sempiternas Cuatro estaciones de Antonio Vivaldi (EMI, 1989), con la English Chamber Orchestra, incluso logró colocarse entre los primeros 50 lugares de la lista de hits pop en Inglaterra.

Además, editó un sencillo con el concierto para violín «Verano», tomado de la misma obra de Vivaldi, y como atracción especial agregó a este acetato la pieza «Summertime» de George Gershwin. «Ese hit como sencillo sí que fue excéntrico –afirmó luego en una entrevista–.  Halagó mi ego escuchar la obra maestra de ‘Viv’ en los programas pop de la Radio One de Londres, metida entre Kylie Minogue y Jason Donovan.  Eso sí que fue monstruoso».

«Monstruoso» es una de sus palabras favoritas. Expresa su emoción. También le parece «monstruoso», por ejemplo, su colaboración con Kate Bush en el álbum The Sensual World.  «Kate es increíble y me encantó su disco. Nuestro trabajo conjunto fue muy intenso y nos interesamos intensamente en los proyectos mutuos».

Nigel no obstante tiene una amplia gama de sugerencias musicales. Le gusta sobremanera escuchar al grupo Adult Net, el cual se especializa en el pop con ingredientes góticos. Del grupo lo que más lo atrae es la sirena rubia Brix E. Smith, fundadora de Adult Net y que actualmente es su compañera. Ella antes perteneció, junto con Mark Smith, a The Fall.

Brix conoció a Nigel después de un concierto, cuando éste –siempre dispuesto a hacer alguna excentricidad– literalmente se bajó los pantalones. Quiso demostrar a sus admiradores que de veras usa truzas con el logo del club de futbol de su corazón, el Aston Villa. Obvio resulta decir que Kennedy es un apasionado fanático del futbol soccer.

No es su única afición.  Por un tiempo también practicó el box, pero las eternas ampollas en sus delicados dedos no se adecuaban bien con las cuerdas del violín.  A fin de cuentas, ésa es su mejor gracia.

Y con mucho. Es dueño de un valioso Stradivarious, conseguido por una mecenas rica, a la cual todos los años paga un porcentaje del precio para que dentro de 98 años sea completamente suyo. A Kennedy le gusta describir su actividad musical como «doing some damage», «causando unos cuantos perjuicios».

También le gusta causar unos cuantos perjuicios con su propio grupo, London Wasp Factory.  Con esta «fábrica de avispas» grabó el álbum Let Loose. En él se clava alegremente en el jazz-rock y la fusión. Estima en mucho a gente como Jean-Luc Ponty o Sugarcane Harris, y siempre quiso grabar un disco con Chick Corea.

Una estrecha relación lo une también al veterano maestro del swing Stephane Grappelli. A los 14 años Nigel, hijo de un cellista, se subió atrevidamente al escenario en el que se presentaba Grappelli (conocido en el medio como «Old Steph») e hizo tan buen papel con el violín que el otro lo volvió a invitar varias veces a sus conciertos durante su estancia en Londres.

Kennedy no conoce las restricciones musicales. Su violín se da abasto con todo.  Además de Kate Bush y Brix Smith, ha colaborado con Paul McCartney y Talk Talk. El pop y el rock, según opina Nigel, «ocupan la misma posición actualmente como antaño la música clásica».

El público conservador de la música clásica sin duda lo ve como un punk por su cabello y sus actitudes informales. Es seguro que ha provocado a muchas personas por todo ello (las reseñas sociales así lo comprueban), pero hasta ahora nadie se ha quejado una vez que lo escuchan tocar.

Al contrario:  Bernard Haitink, un director de orquesta serio y ya de edad regaló a su joven colega una botella del más caro champán después de un concierto conjunto, como muestra de especial reconocimiento. La botella está expuesta con otras 50 o 60 en la cocina de Nigel, en una colección muy particular. Desde hace años colecciona este tipo de objetos como trofeos tras cada concierto exitoso.

Nigel Kennedy incuestionablemente ha venido a darle a la llamada música clásica o sinfónica el cambio de actitud adecuado para quitarle el corset a una expresión musical que, de no ser por el patrocinio de los gobiernos, ya hubiera muerto a causa de su propia anquilosada complacencia escénica.

Realizó, hace tiempo también, un proyecto que le sirvió para rendir tributo a uno de los músicos que más ha admirado en la vida: Jimi Hendrix. Para llevar a cabo la obra invitó a un grupo de cámara que incluyó violines, cellos, flautas, bajos, oboes y guitarras. El resultado: una música magnífica.

VIDEO: Nigel Kennedy – Purple Haze, YouTube (May JR)